domingo, 22 de febrero de 2026

Hilda Kruger

HILDA KRÜGER 1912-1991

 

Nacida en 1912 en la ciudad alemana de Colonia, según unas fuentes, y en Berlín, afirman otras, Hilda forma parte del imaginario colectivo de la espía como años antes lo fue la holandesa Mata-Hari—, imaginario definido, en palabras de Claudia Domingo como[1]: «una mujer semidesnuda que consigue mediante su habilidad erótica y su astucia—, situarse en un punto privilegiado de injerencia política y, en ocasiones, histórica». De nuevo, un cuerpo, una actriz como herramienta del espionaje, aunque, en este caso, Hilda Krüger no sobresalía por sus dotes interpretativas, en opinión del historiador Juan Alberto Cedillo, autor del libro Vida y obra de una espía en México que afirma: «era mediocre en actuación, pero sí muy hábil para conquistar a la clase alta de esa época». No son palabras huecas, porque entre sus amantes se cuentan los millonarios Paul Getty, norteamericano, y durante algún tiempo, el hombre más rico del mundo, o el alemán Gert von Gontard, a los que conoció durante su estancia en los Estados Unidos.

Pero, como ya hemos adelantado, no solo fue actriz, también fue una espía que colaboró con los nazis durante su estancia en México, país al que había llegado, durante los primeros años 40, «empujada», literalmente, por la mujer del todo poderoso Joseph Goebbels, el ministro de Adolf Hitler para la Ilustración Pública y Propaganda, celosa de la relación que mantenía con su esposo, tan intensa, que el propio Hitler tuvo que imponer su expulsión ante el problema que le planteaba el enamorado Goebbels, dispuesto a abandonar familia y trabajo para poder salir del país con su rubia.

Nuestra futura espía había hecho sus primeros pinitos como actriz actuando en obras de teatro escolares. Posteriormente cambió su verdadero nombre: Matilde, por el de Hilde Krüger, cuando decidió su destino como actriz. Más tarde trabajaría para el estudio cinematográfico UFA, fuertemente ligado al ministerio de propaganda nazi, y a su máximo responsable, Joseph Goebbels, quien cayó rendido ante aquella espectacular rubia que lo había seducido, convirtiéndola en su amante, y facilitándole aparecer en las películas que producía la UFA. Sus primeros papeles, como actriz secundaria, en cortos como Halb und halb o Die abschieds synphonie, ambas de 1934, le llevarían a su primer papel más relevante en el largometraje Sie und die Drei, en 1935, una comedia, con el espionaje como argumento principal, que fue vista en Estados Unidos y en otros países europeos con el título adaptado al inglés: She and the Three, lo que nos puede llevar a especular si fue una premonición de lo que Hilde protagonizaría pocos años después. 

Después de intervenir en unas cuantas películas, en 1939 se casó con un alemán (al parecer con antepasados judíos) y salió de Alemania para establecerse en Londres, donde residió hasta al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se trasladó a Estados Unidos donde intentó proseguir, infructuosamente, su carrera de actriz en Hollywood, a pesar de los romances que sostuvo con pesos pesados de la industria. Poco después, en 1941, se trasladó a México, a instancias de las autoridades nazis, que conocían su ardor nacionalista, con el objetivo de ayudar a que Alemania tuviera acceso al abundante petróleo mexicano (además de otros recursos) para su plan de invadir la Unión Soviética. Su excusa era adquirir asilo y así poder divorciarse de su marido judío. De nuevo daría rienda a sus dotes de femme fatale conquistando a prohombres poderosos como Ramón Beteta, subsecretario de hacienda y miembro del Consejo del Banco Nacional de México, o el entonces secretario de Gobernación Miguel Alemán, quien más tarde sería presidente de México entre 1946 a 1952. Se casó con Nacho de la Torre, yerno del presidente Porfirio Díaz, del que se divorciaría para casarse con el venezolano, y magnate azucarero, Julio Lobo Olavarría, quien le regalaría un lujoso apartamento frente a Central Park en la ciudad de Nueva York, donde viviría hasta el final de su vida, si bien falleció en 1991 durante una visita en Alemania. El matrimonio había durado apenas un año.

Su faceta de actriz la siguió cultivando en el cine mexicano, interviniendo en varias películas en las que conoció a un buen número de profesionales españoles, exiliados en aquel país durante la guerra civil española. Entre ellas destacamos Casa de Mujeres (1942), donde coincide con actores españoles exiliados como José Baviera, Anita Blanch, Consuelo Guerrero de Luna o Amparo Morillo, actriz de la que se hizo muy amiga y que le ayudó su la redacción de una biografía de Malinche, la amante de Hernán Cortés: Malinche o El adiós a los mitos, publicada en1944. La revisión de otros dos libros, un estudio dedicado a sor Juana Inés de la Cruz: Su imagen en mi espejo, y Lynch o la tragedia como destino, publicadas ambas en 1947, la realizaría otra exiliada valenciana, Concepción Tarazaga Colomer, catedrática de la Escuela Normal durante la Segunda República, afiliada a la UGT, que llegó en el «Mexique» en 1939. Otras películas en las que intervino: Aventura, que dirigió el toledano de José Díaz Morales, con varios actores y actrices españolas como Julio Villarreal, Prudencia y Maruja Grifell y María Gentil Arcos; Adulterio, de nuevo bajo la dirección de Díaz Morales, y varios actores y actrices de la anterior; Bartolo toca la flauta, con el actor español Daniel Arroyo o El que murió de amor, dirigida por otro toledano, Miguel Morayta, con la actriz española, ya citada, Amparo Morillo. Todas ellas realizadas en 1945.

Con relación a sus actividades como espía nazi, si bien trató de pasar desapercibida, oculta en su faceta de actriz, y muy acomodada en sociedad de aquel país (donde había llegado a matricularse en la universidad para estudiar su historia), finalmente, fue descubierta por el contraespionaje estadounidense, que ya estaba sobre aviso y sospechaba de sus actividades, avisados de su romance con Goebbels en Alemania y por ser inmigrante alemana en México. A todo ello se podía unir a ese perfil «adecuado» al que nos referimos al principio del artículo. No obstante, esa red de gente poderosa e influyente, de la que se había encargado de encantar durante esos años, fue fundamental para salir librada de los delitos que se le imputaban. Según sus biógrafos, abandonó el espionaje y poco después regresó a Alemania donde intervino en la comedia Zum goldenen Ochsen, dirigida por Hans Tommer en 1958, bajo el nombre de Hilde Krüger.

De nuevo regresaría a México en busca de una oportunidad como actriz. Fue un esfuerzo infructuoso, y no tuvo suerte, por lo que se despidió para siempre del mundo artístico y, como ya sabemos, acabó su vida en el lujoso apartamento que le había regalado su último marido. Falleció el 8 de mayo de 1991 durante una visita en Lichtenfels, Alemania.

 

                              Rosa M Ballesteros García

                 Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                            “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Revista de la Universidad Central de México, junio 2024.


domingo, 15 de febrero de 2026

La justicia de Peralbillo

                                         LA JUSTICIA DE PERALBILLO

 

Como cualquier otra organización lentamente trabajada y experimentada en el tiempo, nuestras instituciones legales, dedicadas exprofeso a protegernos de los delitos cometidos por  aquellos facinerosos y gentes de mala fe, que habitualmente pululaban y pululan en nuestro medio, tienen sus precedentes en las organizaciones que a tal efecto  se fundaron en nuestro país a partir del siglo XI.

En un principio se constituyeron las cofradías como producto de las necesidades de cada pueblo, que organizaron las partidas valedoras del bien común, pero dada la dispersión existente, durante el mandato de los Reyes Católicos, se reunieron todas para formar “La Santa Hermandad”, una institución fundada en 1476, a la que se dotó de facultades extraordinarias como la capacidad de legislar y ejecutar sentencias en beneficio de la rapidez y ejemplaridad, ahorrando todos los preámbulos posibles.

Es cierto que desde su inicio, “La Santa Hermandad” fue utilizada por los Reyes Católicos, como cuerpo coercitivo destinada a perseguir a los disidentes en rebelión puesto que  Castilla se encontraba en aquellos momentos en plena guerra civil contra los partidarios de “Juana la Beltraneja” que discutía el  poder a Isabel I. E incluso tomaron parte en la toma de Granada y en otros conflictos como un cuerpo militar más al servicio de la  monarquía.

De cualquier forma todos los estudiosos del tema coinciden al estar de acuerdo en que esta Hermandad alberga los precedentes de lo que hoy es la Guardia Civil e incluso de  la red de Tribunales de Justicia, y aunque hay que admitir que la evolución sobrevenida ha transformado en profundidad lo que podemos llamar “la forma de hacer justicia”, no cabe duda de que una institución que se ha prolongado en el tiempo hasta 1834 en que fue definitivamente disuelta, guarda las raíces y los cimientos de su carácter acumulados durante casi esos cuatrocientos años.

Su financiación corrió a cargo de un impuesto especial llamado “sisa” que se recolectaba en los municipios y su uniforme era característico por disponer de una especie de coleto o chaleco sin mangas a través del cual se apreciaban las mangas verdes de la camisa por lo que pasaron rápidamente a denominarse “los mangas verdes” que se hicieron famosos por su escasa presteza en acudir a solucionar los conflictos para los que eran solicitados.

No obstante su amplio margen de actuación y su prolongación en el tiempo dieron lugar a algunos excesos notables en su práctica habitual. En Peralvillo, o Peralbillo, que de ambas formas se ve escrito, que es un anejo al municipio de Miguelturra en la provincia de Ciudad Real, tuvo lugar una de las actuaciones más desproporcionadas achacable a la forma de aplicar justicia rápida que llegaron a desarrollar estos esforzados defensores de la ley que no se caracterizaba por su meticulosidad. Los detenidos por presuntos hechos delictivos eran atados a unos postes clavados en tierra al aire libre, no sabemos si por falta de recintos carcelarios u otros métodos de confinación, y antes de confirmar su culpabilidad, eran ajusticiados a saetazos por el pueblo en una especie de fiesta o competición, organizada a tal efecto, que incluía premios en orden a la puntería de los participantes, sin que ello conllevara el ahorro de las garantías procesales del supuesto culpable, porque éstas, una vez llevadas a cabo y confirmadas, se las leían al cadáver allí expuesto, en lo que constituye una forma audaz e invertida de la aplicación de la justicia con onerosas e irreparables consecuencias.

Es evidente que en los momentos actuales no ocurren estas cosas, aunque sí es cierto que la presteza  en la resolución de los conflictos judiciales lleva en numerosas ocasiones a esperas exasperantes, y en otras a excesos de velocidad en su resolución, aunque pudieran conllevar la omisión de algún paso, a veces relevante en su fase probatoria, lo que solo pondría de manifiesto la persistencia de reminiscencias del pasado con la que en algunas ocasiones, algunos jueces tienden a sorprendernos en su añoranza por otros tiempos más felices en el desempeño de sus funciones.

 

                                                                 Jesús Lobillo Ríos

                                        Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                        “benaltertulias.blogspot.com”    


martes, 10 de febrero de 2026

Diego Rodriguez Vargas

                                        ELOGIO  DE  DIEGO  RODRIGUEZ  VARGAS

                         UN MAESTRO EN LA ESCUELA, EN EL ATENEO Y EN LA VIDA

El día en el que Diego apareció por nuestro Ateneo, nos quedamos más que sorprendidos, atónitos, como si se nos hubiera aparecido el mismísimo Sócrates en persona, porque para nosotros, que empezábamos a brujulear en el mundo ateneístico, Diego era el mítico presidente del Ateneo de Málaga, al que éste, debía, en gran parte,  su solidez y su prestigio. Era sencillamente un icono al que imitábamos y en el que buscábamos conscientemente nuestra identidad y con el que mediamos nuestros parámetros culturales.

Diego era de Bedmar, provincia de Jaén, aunque desarrolló toda su actividad docente en Málaga, en donde aterrizó en 1973. Y ya en 1999 obtuvo el  Premio Internacional Santillana por su trabajo “¿Dónde está el bosque?”. Y tras varias experiencias escolares,  en 2007 recibió el “Reconocimiento al mérito educativo” por parte de la Junta de Andalucía. Formó parte de la Comisión de la UE para la cooperación cultural con Marruecos, impartiendo conferencias en Tetuán y Nador.

Pero lo más importante, posiblemente, que desarrolló en su vida fue su segunda parte, la presidencia del Ateneo de Málaga que ejerció de 2009 a 2017, impulsando sus proyectos culturales, fomentando la cultura en libertad como una forma de liberación intelectual para todos sus conciudadanos. Su labor en el Ateneo malagueño trascendió como faro y guía del ateneísmo, y nos proporcionó  ánimos a muchos que quisimos seguir sus pasos, que creíamos en la cultura y en sus posibilidades de mejorar nuestras vidas y nuestro entorno.

Diego se integró en nuestro Ateneo como uno más participando en las reuniones que teníamos para planificar nuestros actos, y en los programas que pretendíamos desarrollar, disertó en nuestras tertulias y escribió en nuestras colaboraciones, su camaradería y compañerismo era total, nos insuflaba ánimo y fuerza, haciéndome sonrojar cuando me llamaba presidente y me dejó una impagable y alentadora dedicatoria en uno de sus libros.

Diego nos ha dejado, se nos ha ido y estoy seguro que aunque lo haya aceptado, ha sido a disgusto porque le gustaba la vida y disfrutar de ella. Todos lo echaremos de menos porque su figura y su impronta no van a desparecer. En Benalmádena, el pequeño grupo de aficionados al ateneismo no dejaremos de tenerlo en mente, y recordaremos que,  entre todos, la que más lo va a sentir es Reme, su fiel compañera a la que tanto quisiéramos consolar.

Fue vicepresidente de la Federación de Ateneos de Andalucía y en 2018 recibió la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga.

 

                                                             Jesús Lobillo Ríos

                                      Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 8 de febrero de 2026

Operacion Martas

EL AVION DE LAS NOVIAS

 

 

Mucho se ha escrito sobre la emigración española durante los años de la autarquía. Se cuentan por millones (entre 1960 y 1973, más de dos millones) los españoles que salieron de nuestro país para buscarse la vida en varios países europeos. En este contexto, apenas ha trascendido un hecho singular: la historia de 800 jóvenes españolas (menores de 35 años, católicas y solteras) que marcharon a la otra parte del mundo, a nuestras antípodas, Australia, gracias a un convenio entre la dictadura, el gobierno australiano y la Comisión Episcopal de Migraciones (siempre la Iglesia por medio)[1]. El acuerdo fue promovido por monseñor George Crennan, director nacional del Comité Federal Católico de Inmigración, quien quería aumentar la población católica australiana, que estaba en minoría en relación a la protestante.

La operación recibió el título de «Operación Marta», que no es un nombré baladí, porque estaba inspirado en la bíblica Marta de Betania, hermana de Lázaro y María. Marta era la que lavaba, recogía y hacía las tareas del hogar, y Marta (esta vez como Martha) son las sirvientas de la novela y de la serie televisiva de la escritora Margaret Atwood: El cuento de la criada. La «Operación Marta» había sido precedida por otras operaciones con títulos menos religiosos, aunque más locales: «Operación Canguro», mayoritariamente  formado por vascos, en 1958; la «Operación Eucalipto» en 1959 y la «Operación Emú» en 1960. De estas fechas son también las Operaciones «Bisonte» y «Alce» con destino Canadá.

Como quiera que, entre los trabajadores, reclutados en las campañas de finales de los años anteriores a 1960 se habían dado muchos casos de suicidio (que algunos autores han relacionado con la soledad por no haber encontrado pareja, y la imposibilidad material de regresar), la dictadura decidió enviar una remesa de «hembras» para neutralizar el problema. De esta forma, el «modus operandi» para reclutar a las futuras «Martas» se vertebró a través de las parroquias, mediante propaganda directa, vía púlpito, o a través de publicaciones religiosas. A las posibles candidatas se las concentraba en Madrid en un convento del pueblo de Alcobendas, donde eran instruidas para ser excelentes amas de casa, especialmente cocineras, y a manejar electrodomésticos (que la mayoría no conocían) y, muy especialmente, en la formación de comportamiento y «valores cristianos», bajo la supervisión de las mujeres de Acción Católica y la inestimable ayuda del Manual de la servidora doméstica.

Las mujeres firmaban un contrato de trabajo por dos años, en principio para hacer tareas domésticas para familias en Australia, aunque el verdadero motivo, ya lo indicamos al principio, era poderlas casar con miembros de las colonias de católicos (españoles e italianos, principalmente). A las chicas les dijeron que podían regresar al cabo de dos años, pero la oferta tenía truco: el billete de ida era gratuito, pero si renunciaban antes de los dos años firmados tendrían que devolver el dinero, y el billete de vuelta iría a costa de la renunciante, misión imposible para sus bolsillos, dado el alto coste del mismo.

Cuando llegaron a Australia, fueron separadas, unas a Sídney y otras a Melbourne. Primero en unos barracones, oscuros y sin ventanas, relatan algunas, y después las llevaron a una iglesia, «puestas en círculo», como en un escaparate, para que los que iban entrando pudieran verlas con toda comodidad y elegir a voluntad. Alguna confesaría, años después, que se había sentido como «ganado». De este modo, separadas lejos unas de otras, con muchas dificultades, no tardaron en organizarse para resistir, creando espacios de ocio y refugio como el Spanish Club en Sidney y Melbourne y el Gure Txoko Basque Club, fundado en 1966 por un grupo de familias vascas en Sydney.

Entre 1960 y 1963 ochocientas jóvenes salieron de España en trece vuelos. La mayoría de ellas no regresó y formó su familia en aquel país, contribuyendo con ello a la tan apetecida repoblación propuesta por monseñor George Crennan. Otras, regresaron y pudieron relatar su historia y la de sus compañeras. Las chicas del plan Marta y los chicos del plan Canguro se reunían en los sermones dados en castellano en la iglesia y en los bailes que la propia iglesia les organizaba y las bodas se organizaron de forma sencilla, generalmente sólo la pareja. Muchas de sus historias han sido recogidas en el documental «El avión de las novias», de Natalia Ortiz Ceberio, profesora e investigadora de la Universidad de Nueva Gales del Sur, basado en su libro El plan Marta (1960-1963). Otras autoras, como Celia Santos, publicó en 2024 la novela El país del atardecer dorado y la investigadora Gloria Totoricagüena, hija de exiliados, ya había hecho lo propio en 2008 con su libro Australia Vasconia and the lucky country, sobre la diáspora vasca en Australia.

 

El presente artículo está dedicado (In Memoriam) a Emilia García «La mujer del pelo azul», que nos dejó recientemente: una de las «Martas» que llegaron a Australia. Aprendió inglés, pero no secundó, siempre rebelde, los propósitos de la dictadura franquista.

 

                                Rosa M Ballesteros García

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                              “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Realmente era un acuerdo "informal" debido a que en aquel momento no existían relaciones diplomáticas formales entre España y Australia.


domingo, 1 de febrero de 2026

Luis Martin Santos

                              LUIS MARTIN SANTOS Y EL “TIEMPO DE SILENCIO”

                   UNA OBRA EMBLEMÁTICA DE LA NARRATIVA DE POSTGUERRA

Se trata de un escritor clave en la evolución de la novelística española de postguerra que no ha sido valorado en su justa valía acusado de revolucionario, antifranquista, liberal e incluso disoluto, a lo que contribuyó su temprana desaparición y la escasez de su producción literaria.

Nació en Larache (Marruecos) en 1924, en donde su padre, cirujano militar, se encontraba destinado, y que, a su vuelta, pese a que la familia era oriunda de un pueblo de Salamanca, prefiere establecerse en San Sebastián, lugar en el que  transcurre la práctica totalidad de su vida personal y profesional, que se encuentra fuertemente influida por la personalidad avasalladora de su progenitor y por la enfermedad mental de su madre.

Su padre, el general Leandro Martin Santos, autoritario, franquista de los de primera hora, modificó los apellidos de sus hijos de Martin Ribera a Martin Santos como él, y trató de hacerlos cirujanos lo que solo consiguió con su hermano Leandro, porque Luis quizás influenciado por el trastorno mental de su madre, enferma de esquizofrenia,  a la que mantenían recluida, se decantó por la Psiquiatría.

Estudió Medicina en Salamanca y se doctoró en Madrid, en 1947, con el Doctor López Ibor, en donde conoció a sus amigos de toda la vida, Juan Benet un ingeniero, y Carlos Castilla otro psiquiatra como él, además de a Ignacio Aldecoa, Sánchez Ferlosio y otros. Obtuvo, en principio, la dirección del Dispensario Psiquiátrico de Ciudad Real, en el que apenas estuvo tres meses, marchándose a Alemania a completar estudios a Heidelberg, donde  conoció a Carlos Barral que editaría su obra. En 1951 obtuvo la dirección del Hospital Psiquiátrico de San Sebastián.

En 1953 se casó con una enfermera, Rocío Laffont Bayo, con la que tuvo cuatro hijos y que murió, tempranamente, a causa de un accidente doméstico (por padecer una anosmia no pudo apercibirse de un escape de gas). Desarrolló una importante actividad social formando parte de una asociación que llamaron “Academia Errante” que se reunía esporádicamente para discutir temas de actualidad, y se apuntó al PSOE en el que desempeñó cargos de responsabilidad, que dieron lugar a que fuera detenido en dos ocasiones por la policía franquista, en una de las cuales fue trasladado como preso para defender una oposición a cátedra de Psiquiatría en Salamanca en 1959, y que, evidentemente, no ganó.

Su obra puede clasificarse en tres tipos de escritos, los médicos (más de cincuenta artículos y dos libros), los de ensayo sobre literatura política y antropológica que retratan a un escritor interesado por la función de la literatura, a un psiquiatra con ambición filosófica y a un socialista reformista, un vasco no nacionalista o un castellano no centralista. Y La estrictamente literaria

En 1961 publicó “Tiempo de silencio” que fue un enorme éxito. Ya la había presentado previamente a la primera edición del premio “Pio Baroja” de relatos con el nombre de “Tiempo  Frustrado” y el pseudónimo de Luis Sepúlveda pero antes de concederle el premio, fue declarado desierto.

La novela se sitúa en la España de la posguerra caracterizada por la represión y por el control social y cultural que ejercía el franquismo, criticándolo a través de un tema de fácil desarrollo que puede resumirse como la historia de un investigador fracasado en su intento de investigar por falta de medios, su propia miseria viviendo en una pensión en la que las mujeres que la habitan tratan de casar al médico para superar sus propias miserias, dejan la muestra de unos arquetipos característicos de nuestra postguerra y de nuestro país, que se amplifican en la búsqueda de los ratones necesarias para la investigación en un poblado marginal con seres marginales donde todas las abyecciones tienen su asiento y donde termina mostrándonos la inoperancia burocrática típica de la dictadura.

Pero la novela no se caracteriza por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta, por su estructura narrativa compleja y el uso del monólogo interior y las disgresiones filosóficas, comparaciones y metáforas con un lenguaje rico y lleno de simbolismos, barroco, cultista, latinizante, todo para explorar la psicología interior de sus personajes y su situación en el medio social represivo y oscurantista,

Si  bien es evidente la influencia de Pio Baroja en personajes como el de “El árbol de la ciencia” (1911), también lo es el pesimismo existencialista de Jean Paul Sartre (1905-1980) y Heidegger (1889-1976), y sobre todo la plasmación en España por primera vez del lenguaje modernista de Joyce (Ulises, 1922), o de Proust (En busca del tiempo perdido, 1913-1927) e incluso de Faulkner (1897-1962)

La novela rompe con el realismo literario plano de Carmen Laforet (“Nada”) (1945), Sánchez Ferlosio (“El Jarama” 1956), Cela (“La colmena” 1951), etc., para pasar a una narrativa mucho más moderna e imaginativa, llena de una gran riqueza léxica, de una belleza expresiva aunque compleja,  que nos permite disfrutar con la lectura del texto y  que al propio Martin Santos volvió a repetir en su siguiente obra, publicada después de su muerte que aunque inacabada tituló “Tiempo de destrucción”, que era la segunda parte de una trilogía que pensaba terminar con el “Tiempo de libertad” que ni llegó a planificar.

Luis Martin Santos murió en un accidente de tráfico en 1964, a los 39 años de edad.

                                                                     Jesús Lobillo Ríos

                                             Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                        “benaltertulias.blogdpot.com”

 Bibliografía

Martin Santos L, “Tiempo de Silencio”. Ed. El País 2003

Martin Santos L, “Tiempo de destrucción”. Galaxia Gutenberg 2022

Martin Santos L, “Condenada belleza del mundo”. Seix Barral  2004.

Moran G. “El cura y los mandarines”. Akal 2014

Castilla del Pino C. “Casa del Olivo”. Tusquet  2004


domingo, 25 de enero de 2026

BIENVENIDO 2026

BIENVENIDO, 2026

Bienvenido, 2026, a nuestro mundo, porque hemos puesto muchas esperanzas en tu llegada. Estamos contentos, porque nos podrás permitir ser más sabios y mejores.

Ya sabrás por las noticias que te han ofrecido los medios, que  2025 se ha marchado, se nos ha ido para no volver, pero podemos decir que se nos fue de las manos también y, a pesar de haber hecho todo lo posible por él para que nos permitiera  a los humanos más sensatez, no nos hizo caso por un mal entendimiento de la tan traída y llevada libertad, que algunos interpretan y contaminan con aviesas intenciones.

El 2025 se fue, pero optó por hacerse valer entre malas compañías, con gentes que no tenían reparo alguno en hacer la guerra y, es más, en convertirla en un tremendo genocidio, como nunca nos había contado la vieja historia.

Vistas las tremendas dimensiones de la trágica muerte de tantos inocentes que no eran soldados, de la destrucción de viviendas, escuelas, hospitales... que nunca fueron de los cainitas, que no semitas, de la persecución de los que huían de los bombardeos, así como de los que se acercaban en filas inmensas a por algo de comida, de la destrucción total para que no pudieran ni volver... todo esto y más nos ha hecho pensar más de una vez y a más de uno que el ataque al concierto de los otros, también inocentes, aunque fueran también de su propia raza y de su propio dios, y dada la terrible y desproporcionada respuesta, nos ha hecho pensar, decimos, que el concierto había sido, estratégica y militarmente, decidido de antemano por los medios superpoderosos, dadas las circunstancias de situación y vulnerabilidad del sitio en el que se celebró. No se nos quita de la cabeza, aunque los enviados de los más que antiguos dioses se hagan los nuevos, que el salvaje ataque al concierto israelita habría sido instigado, en último término, por los bien pensantes del más que exagerado cainismo, para resolver de una vez por todas, todas las dudas que se pudieran alzar, sobre el acoso constante durante tantas décadas, sabiendo como sabemos, que tampoco iba a ser tan mal visto por los representantes de multitud de países, burocratizados, que no de ciudadanos, para perdonar o, al menos, no condenar este imparable genocidio, entendiéndolo sólo como una guerra defensiva. Dados los poderosos medios de información de que goza el poder judío, no nos extraña. Podemos recordar que Israel estuvo en la base de la creación de Hamás para ir contra la OLP. Netanyahu parece haber dejado a Yahvé como un impresentable, igual que aparece en muchos pasajes bíblicos.

La guerra de Ucrania tampoco nos puede servir de modelo del bien pensar y hacer. Detrás de las propuestas de Putin, nos embarga la idea de que más vale un mal acuerdo que una buena guerra, pero hay que dar tiempo al tiempo sin prisas que aprisionan.

El Tío Sam, que no ha dejado en estas últimas décadas de ir cerrando el cerco de su OTAN hacia el Oriente de Europa, con el beneplácito  inocente de los países, que fueron liberados tras el final del Pacto de Varsovia, ha llegado a tocarle las narices a la mismísima Rusia. La nunca defenestrada beligerancia yanqui, ha visto claro, ahora más que nunca, el negocio de las armas, tras el abandono de Afganistán en manos de los tan anatematizados talibanes, porque aquella guerra, en verdad, no le resultaba rentable. Ahora le toca a Ucrania poner sobre la mesa a los muertos y expatriados, además de costear el incesante turismo de ir y venir de su Presidente, cuando la tecnología del teléfono es muy precisa y segura por moderna y avanzada. A pesar de todo, les queda, sin embargo, el servicio hipócrita y fácil de los cada día más dudosos media que jalean las dotes políticas del Tío Sam.

No queremos molestarte con los muchos conflictos que son “amparados” por el Tío Sam y donde mete sus manos, que nos tienen al planeta hecho unos zorros.

Querido 2026, queremos que desde estos primeros días veas y nos hagas ver, con más claridad y luz, como es lo propio de este hemisferio Norte ya a partir de ahora, que la paz y los acuerdos son más necesarios que nunca, aunque tengamos que empezar desde el principio por la educación ética y científica, crítica y respetuosa, como nos lo recordaremos, dentro de unos días, el mismísimo día treinta de este mes  Día Escolar de la No Violencia y la Paz.

                                                        

                                                        José María Barrionuevo Gil

                                                    El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                   benaltertuñias.blogspot.com                                                                                                             


domingo, 18 de enero de 2026

Jose Gonzalez y fernandez de Labandera

                        JOSÉ  GONZÁLEZ  Y  FERNANDEZ  DE  LABANDERA

                           MÉDICO, POLÍTICO REPÙBLICANO, ALCALDE DE HONOR Y DIPUTADO

Uno de los hombres con más experiencia en la administración municipal, pues había sido concejal liberal borbollista (en las filas del Partido Liberal de Pedro Rodríguez de la Borbolla) entre 1916 a  1920 y como representante del Colegio de Médicos había ocupado concejalías en la dictadura de Primo de Rivera y en la dictablanda del General Berenguer.

Había nacido en Puebla de la Calzada (Badajoz) en 1879. Hijo de Vicente González Quiñones que fue secretario del Ayuntamiento de Puebla. Estudió Medicina en la Universidad de Sevilla, licenciándose en Madrid en 1900. Era el menor de tres hermanos todos médicos de profesión. Pasó sus primeros años en un ambiente de pobreza en el pueblo en el que muchas familias pasaban hambre. Dotado de una gran sensibilidad social se inició en política en el Parido Liberal, pasando luego al Partido Republicano liberal de Francisco Lerroux, e ingresando en la masonería.

Se presentó a las elecciones municipales del doce de abril de 1931, en Sevilla dentro de la conjunción Republicano-Socialista, saliendo elegido concejal, y, tras ser durante un par de meses Gobernador Civil de Cádiz, fue elegido alcalde de Sevilla desde el mes de junio de 1931 a diciembre de 1933, encontrando una situación desastrosa heredada de los alcaldes de la Dictadura de Primo de Rivera durante la Exposición Iberoamericana de 1929. Defendió la Ley de Coordinación Sanitaria de 1934 que pretendía mejorar las condiciones sanitarias y prevenir las enfermedades infecciosas

El diez de agosto de 1932 se opuso enérgicamente a los golpistas del General Sanjurjo declarando la huelga general, siendo detenido y encarcelado en el Cuartel del Carmen. Fracasado el golpe fue homenajeado junto a otras autoridades civiles y militares en un acto celebrado en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. Ante el Presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, y el Presidente del Gobierno, Manuel Azaña, el General  Queipo de Llano, jefe de la Casa Militar del Presidente de la República, saltándose el protocolo le hizo subir al estrado entre ovaciones, otorgándosele el título de “Alcalde de Honor de la República”. En las elecciones de Noviembre de 1933 fue elegido Diputado a Cortes y en las elecciones de Febrero de 1936 volvió a ser elegido.

El golpe militar del 18 de julio le sorprendió en Sevilla y en principio optó por esconderse en casa de unos amigos tras comprobar que su domicilio en el barrio de Heliópolis había sido asaltado, pero luego pensando en no comprometerlos se entregó a las nuevas autoridades, que lo pusieron en manos de Queipo de Llano, que tras un procedimiento sumarísimo por rebelión militar, le fusiló en Carmona a las afueras de Sevilla, en compañía del Dr. Puelles, presidente de la Diputación Provincial, Emilio Barbero Núñez teniente de alcalde, Fermín de Zayas Madera funcionario municipal y el notario Blas Infante, líder del incipiente movimiento andalucista.

En julio de 1937 su causa fue sobreseída. Pero en 1942 fue condenado de nuevo por el “Tribunal para la represión de la masonería y el comunismo” por su pasada pertenencia a esta organización.

                                                                        Jesús Lobillo Ríos

                                              Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                           “benaltertulias.blogspot.com”

Bibliografía

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Generaciones de plata. Ayto. de Sevilla. “todos los nombres org.”

Macarro Vera. “La Sevilla Republicana”. Ed. Silex 2003.

Preston P. “El holocausto español”. Debate 2011.