viernes, 17 de enero de 2020

ATENEO LIBRE DE BENALMADENA





                   

  
                     


                    ESTÁ USTED EN EL BLOG DE


    EL  ATENEO LIBRE DE BENALMADENA


            ASOCIACIÓN SIN ÁNIMO DE LUCRO,  QUE SE CONSTITUYE COMO 

             UN ESPACIO LIBRE DE DEBATE ABIERTO A TODOS LOS TEMAS Y 

                       SUGERENCIAS DE SUS AMIGOS Y SIMPATIZANTES



.






EN ESTE BLOG SE PUEDEN CONSULTAR LAS ACTIVIDADES CULTURALES 

PROGRAMADAS Y SU DESARROLLO. TODOS AQUELLOS AMIGOS O 

SIMPATIZANTES QUE DESEEN RECIBIR DIRECTAMENTE LA INFORMACIÓN LES 

ROGAMOS NOS ENVÍEN SU DIRECCIÓN ELECTRÓNICA A NUESTRO CORREO: 

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Las sesiones de debate se celebran todos los miércoles a las 19 

 horas en el aula polivalente de la planta baja del 

EDIFICIO OVOIDE (C.M.F.P.)  en calle Generalife 6, 

Arrollo de la Miel, Benalmádena. 

La entrada es libre.




Teléfonos de contacto: 629722427 y 952446715

Dirección electrónica: "tertuliasateneo@hotmail.com"

Blog de información: "benaltertulias.blogspot.com"

Página web: "El Ateneo Libre de Benalmádena"










EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA, SE FUNDÓ EN OCTUBRE 2016

REGISTRADO CON EL Nº 12583 (DELEGACIÓN DEL GOBIERNO,MÁLAGA) (13/12/16)

INSCRITO CON EL Nº 160 (A. VECINALES AYTO. BENALMÁDENA). (26/1/17)

ES MIEMBRO DE LA FEDERACIÓN ANDALUZA DE ATENEOS (20/1/18)


SU NÚMERO DE IDENTIFICACIÓN FISCAL ES: G93523249 


JUNTA DIRECTIVA:

PRESIDENTE: JESÚS LOBILLO RÍOS.

VICEPRESIDENTE: FRANCISCO QUINTANA LÓPEZ.

SECETARIA-TESORERA: ISABEL SÁNCHEZ DIEZ.

SOCIOS FUNDADORES: 

LOLA RECIO BARBA, ARCHIBALDO SOLNIE BERRIOTTI, JUAN VAZQUEZ MATEOS, 

ROSA  BALLESTEROS GARCIA, PALOMA BALLESTEROS GARCIA Y PIEDAD 

SANCHEZ CASADO.



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Benalmádena

Jesús Lobillo Ríos y Carmen Méndez Salas serán nombrados "Benalmadenses del año 2020"

28/11/2019
Durante el pleno ordinario de noviembre, celebrado esta mañana, se ha aprobado por unanimidad considerar ‘Benalmadenses del Año 2020’ a Jesús Lobillo Ríos y Carmen Méndez Salas.

"Tanto Jesús Lobillo Ríos como Carmen Méndez Salas son personas muy queridas en Benalmádena, y con este reconocimiento queremos ensalzar la importante labor que cumplen dentro de nuestro municipio", ha valorado el alcalde de Benalmádena, Víctor Navas, que ha anunciado que la distinción se entregará durante la celebración del acto institucional del Día de Andalucía en 2020.

A través de los ‘Benalmadenses del Año’, el Pleno Corporativo Municipal de la ciudad de Benalmádena distingue anualmente a aquellas personas que han destacado por su actividad, su ejemplo cívico o su aportación a la colectividad.

"Jesús Lobillo Ríos y Carmen Méndez Salas merecen el reconocimiento general de la ciudadanía y la consideración de benalmadenses del año por su labor en el campo del tejido social e intelectual el uno, y por su magnífica labor solidaria entre los más pobres en el caso de Méndez", ha valorado el alcalde.

Jesús Lobillo Ríos nació en Córdoba en octubre del año 1943, llegando a colegiarse como médico a la edad de 21 años en la misma ciudad de Córdoba, trasladándose posteriormente a Madrid, donde llegó a desempeñar de jefe de Sección del departamento de rehabilitación del hospital Ramón y Cajal.

Empedernido lector, melómano y viajero, destaca por su carácter amable, paciente y reflexivo. Casado y con tres hijos, se instala en Arroyo de la Miel, donde se introduce rápidamente en la vida cultural de la ciudad. En 2016 funda junto a otras personas el Ateneo Libre de Benalmádena, y desde entonces éste viene funcionando con regularidad y ha incorporado a Benalmádena al movimiento de ateneos.






jueves, 16 de enero de 2020

"TENGO EL CORAZÓN PARTÍO ¿QUÉ ME DICE MI CARDIÓLOGO?"




TENGO EL CORAZÓN PARTÍO ¿QUÉ ESPERO DE MI CARDIÓLOGO?

Más bien habría que razonar “¿qué esperamos los cardiólogos de los pacientes?”. La principal causa de muertes en España de forma global son las enfermedades cardiovasculares, y los principales determinantes de la salud cardiovascular no están basados en el desarrollo de nuevas técnicas diagnóstico/terapéuticas ni muchísimo menos en el desarrollo de nuevas moléculas farmacológicas. A pesar de esto la grandísima parte del presupuesto sanitario se gasta en esto, dejando de lado la educación en los hábitos cardiosaludables y la creación de medio ambiente.

A través de una charla dirigida a la población general se expondrá un poco como se mueve nuestro sistema sanitario en el ámbito cardiovascular y cómo precisamente los cardiólogos estamos para ayudar al paciente en mejorar su salud, pero los principales determinantes de que esto suceda son los mismos pacientes.










Antonio Esteban Luque es Jefe de Servicio de Cardiología de Hospital Quironsalud Malaga.

miércoles, 15 de enero de 2020

MANUEL ALCANTARA

                                             MIÉRCOLES 15 DE ENERO DE 2020


MANUEL  ALCÁNTARA

  Aunque se dejase más de media vida en los periódicos (“en algún sitio hay que dejársela”, decía), aunque su resplandeciente montaña de artículos de prensa ensombreciera su obra poética, Alcántara fue, sobre todo, poeta.
  En su columnismo y su personalidad estaba la ironía, el no jugar a lo absoluto, saber que las cosas son relativas y relativamente importantes. Creó un estilo personalísimo basado en juegos de palabras socarrones que hacían digerible la actualidad.
  Alcántara aparece libre de impostura en sus poemas, nostálgico e irónico pero nunca moralista.
    “Le gustaban pocas cosas: el alcohol y las ventanas, el mar desde una colina, el mar dentro de la playa, el olor de los jazmines, los libros de madrugada, el sol, el pan de los pueblos, Quevedo, recordar África, las noches y los amigos, el verano y tus pestañas”.
    Manuel Alcántara, poeta entre periódicos.



Concepción Torres Leiva es Maestra


MANUEL   ALCÁNTARA

   Manuel Alcántara vivía frente al mar y nació en calle Aguas, en el barrio de la Victoria. A menudo ha contado, apoyado en su tremenda memoria y su saber contar, culto y ameno, medidos los tiempos, la chispa salpicando entre frases como versos, la mano cerca del dry Martini, que frente a su casa, en Lagunillas, se entrenaban unos boxeadores, y de niño, su madre lo mandaba allí donde colgaban sacos de arena, para que no anduviese trasteando en la casa. “Yo siempre digo que de boxeo y de croché de izquierda entiendo más que de Góngora y Villamediana”. Contaba .
   Se dejó la vida en los periódicos, y se dejó la vida en la vida. Mirando y contándonos lo que veía. Asalto tras asalto, fue contando puntos. Más de veinte mil artículos son muchos asaltos. El hígado –el órgano más vulnerable para los boxeadores- le “salió bueno”, presumía Alcàntara.  En la redacción del diario SUR queda un fax absurdo y vacío, el último de una especie que estaba a punto de extinguirse y que ahora ya lo ha hecho. Cada tarde, tras mecanografiar su columna a máquina, enviaba un fax al periódico. El mar continúa, la vida, las palabras, incluso las risas, pero Manuel Alcántara, el maestro, no nos descifrará la extrañeza del mundo a golpe de verso y de sonrisa.
   Manuel Alcántara comenzó a escribir en “Marca”, casi siempre de boxeo. Sus crónicas pugilísticas  son las de alguien que entiende de boxeo, pero también son las de alguien que sabe sintetizar lo sórdido y la grandeza, en imágenes grandiosas, adjetivos como los croché de izquierda de los que reconoce entender más que de Góngora y Quevedo, aunque Góngora y sobre todo Quevedo hayan estado siempre presentes en sus columnas. Cuatro años antes de empezar en Marca, ganó el Premio Nacional de Literatura, en 1963, con su libro de poemas “Ciudad del entonces”.
   Manuel Alcántara ha tenido el privilegio de poder dedicarse a algo que le gusta, hacerlo bien, ganarse la vida con ello y, además ser profeta en su tierra. Decía que sentía cariño por “esa cadena esclava de la columna diaria”, y que no sabía hacer otra cosa. Él ha sido el regulador de su convenio y de su horario. Nunca ha tenido jefes, “y eso me ha dado la vida”-decía- “eso y levantarme tarde; he estado muy pocas mañanas andando por el mundo”.  El hígado y el corazón le salieron bueno, pero él ha colaborado con sus órganos asomándose al mar, pero por la tarde.
   Se fue joven a Madrid, porque allí destinaron a su padre, pero en cuanto pudo, volvió a su tierra, al Rincón de la Victoria.  En Madrid conoció a Jose Luis Garci y allí obtuvo sus primeros reconocimientos. En Rincón de la Victoria está su patria chica y el mar al que asomarse cada tarde, la línea perfecta del horizonte recortando el cielo azul.
  
   En su primera crónica sobre Legrá, cuando este peleaba por el título de campeón de Europa (que consiguió), se harían amigos.  Legrá le regaló a Alcántara el batín azul con el que subió al ring cuando logró el cinturón de campeón del mundo, batín que Alcántara siempre ha guardado, un trofeo.
   Y un trofeo diario ha constituido para los lectores su columna diaria, ese ver el mundo a través de la mirada de Manuel Alcántara, modulada por su ironía y el imperceptible tirón con el que nos lleva a su terreno y nos mece de un tema a otro, cargado de citas y de memoria, de habilidad y de inteligencia, de humor y de arte.
   Su artículo en Arriba se llamó durante los primeros años “Corazón del mundo”. El  corazón también le salió bueno, pero no hay corazón eterno. Era el decano del articulismo en España y, aunque varias veces dijera que tenía “una pésima salud de hierro”, ha sabido marcar el paso del tiempo, acompasado al ritmo idóneo, a base a metáforas y martinis.
   Podría decir, parafraseando a Pablo Neruda, del que contaba anécdotas de primera mano, “confieso que he vivido”, o jugar un poco: confieso que he bebido. El hígado le salió bueno, no se cansaba de repetir . Pero la cabeza qué. Una mente privilegiada. Un filtro inmejorable para traducir lo visto, para convertirlo en la ventana por la que cada mañana nos asomamos al Sur.
   Ha conseguido el reconocimiento unánime de la crítica, ahí están los premios: todos los del periodismo y el Nacional de Literatura, y el de las personas que leen su columna diariamente. En Bilbao, sin ir más cerca, piensan que es de allí, le gustaba contar a Alcántara, “me saludan por la calle”.
   La palabra “alcántara”tiene origen árabe y significa puente.  Las columnas de Manuel Alcántara han sido un puente que hemos recorrido cada día antes de adentrarnos en la vida. El maestro nos regalaba una columna diaria que modulaba nuestra vida y nos forjaba una sonrisa desde por la mañana.
   Columna que tecleaba en su Olivetti todos los días desde que España cantaba “Dos gardenias para ti”. Este poeta que transformaba a diario la melancolía en luz y el drama en ironía, era todo bondad, sencillo, alegre, inteligente, tolerante, un hombre coherente que era capaz de darle la vuelta a cualquier argumento con una coherencia superior, que era la suya. Sin cegueras fraternas.
   Leyendo su prosa –que ya nace atravesada por una flecha de poesía, una prosa que siempre brota al natural, como las faenas de los buenos toreros-, leyendo sus renglones de oro, se advierte que el arte no es un oficio, sino la forma en que se ejerce ese oficio. Alcántara era, es un principio de las palabras.
   De niño, en esa Málaga azul Picasso que le vio nacer, pelotas de trapo entre los escombros, abrigos mordidos en la solapa por la raya negra del luto, estudiando ya segundo de jazmines, se tragó todo el mundo una noche sin pena de vuelta a casa. Se zampó el mundo, decía, y ha ido vomitando desde entonces algo que podríamos llamar el espíritu de su tiempo mezclado con el de otros tiempos, ese dry Martini que se toman a solas los hombres hechos y deshechos.
   Manuel Alcántara es tanto Oriente como Occidente, el Sur y el Sur. Su poesía mitad mar, mitad misterio, es la de un filósofo. La de uno de aquellos tipos que veían ponerse el cielo escarlata desde la Alhambra o, antes aún, en la Acrópolis, y se decían sin el más pequeño asomo de tristeza que el futuro ya no es lo que era; aquellos magos de las mil y una España que daban explicaciones naturales a los conflictos que se les planteaba.
   Uno de esos sabios es Manuel, modelo del 28, chiquillo del 40, que ha versificado como nadie el sentimiento lógico de la vida: la parsimonia, y que ha logrado, con su prosa de guardia cambiada, agrupar en unas cuantas docenas de signos llamados letras, hondura, reflexión, humor y complejidad de la buena. Sentía un respeto reverencial por las palabras, por el lenguaje, por la música del verbo y el adjetivo. Manolo (como le llamaban sus amigos) era periodista, pero Alcántara, poeta. Por ello en sus columnas se deslizaba siempre el gusto de la poesía, y en sus versos, la contundencia del periodista.
   Quedan para el recuerdo miles de artículos y su testamento poético en el que se reconoce bien a un hombre honesto, sensible, inteligente y abrazado al mar, a la playa y a la belleza. Un escritor capaz de ver más allá de lo que todo el mundo ve y de contarlo tan bien con las palabras. Alcántara era un boxeador del lenguaje, con el virtuosismo del juego de pies del mejor Cassius Clay y la contundencia de Foreman. En el ring del columnismo Alcántara fue, simplemente, el mejor de su tiempo.
   Recordando a Rilke nos decía que las victorias no importaban, que lo único que importaba era sobreponerse. La vida es eso. Recibir un directo en la mandíbula, agarrarse a las cuerdas y erguirse de nuevo, levantar la barbilla y mirar sin miedo al horizonte, a ese futuro del que provienen los golpes y la dicha.
   Su género era corto, no le gustaba aburrir al lector. Escribir poco es de buena educación. Salvador de instantes y cantor de lo cotidiano, como en la definición de Gerardo Diego. Nunca un adjetivo inútil, siempre un ingenioso juego de palabras, el olfato para ver un artículo donde otros no.
  “ Los textos de Alcántara son literatura, ni más ni menos; es decir excepcional acuñación de los recursos del sistema que el lenguaje permite por medio de mecanismos que llamamos estilo, una medida del mundo a través de las palabras que lo crean, que son pulso y ritmo de la prosa, humor e ironía, mirada cervantina que es lo mismo que decir humanísima. Alcántara crea la atmósfera que desea por la perfecta capacidad de designación léxica que, siempre contenida, posee un rendimiento textual indiscutible, una gran capacidad de provocar emociones en el lector”.( Antonio Garrido Moraga).
   La mezcla de los niveles coloquial y culto es una de las claves de su prosa. Año tras año, desde la crónica de un combate de boxeo a la sempiterna reiteración de la política, pasando por el temblor de la primera flor de la primavera o la denuncia de las injusticias de este mundo, Alcántara creó un universo de mundos posibles para compartirlos con todos sus lectores. Lo hacía cada día, siguiendo el precepto de Juan de Valdés, algo tan difícil: escribo como hablo. No se ha destacado la importancia de la oralidad en el autor malagueño y universal, y la oralidad es clave para adentrarse en las claves retóricas de su prosa.
   Decía Manuel Alcántara que la inmortalidad tiene que darse en vida, porque lo que sucede tras la muerte ya no afecta al polvo en que todos hemos de convertirnos. Lo había escrito en uno de sus versos: “Un día seremos solo historia”. Era casi el lamento de alguien que, poesía a un lado, contó la Historia, cada día en sus textos. El poeta columnista vivió su propia inmortalidad. Y no solo porque recibiera muchos honores, algo que además llevaba con la elegancia propia de quien sabe poner distancia en todo; de quien es consciente de que un verso hermoso salva una vida y un premio si no se relativiza no es más que un alimento alto en calorías con el que engordar el ego. También obtuvo la inmortalidad en el reconocimiento del público, ese juez supremo con gran olfato para distinguir lo auténtico de la impostura.

   “No se estaba ya en guerra aquel verano,/ mi padre me llevaba de la mano,/ yo estudiaba segundo de jazmines.”  Valgan estos versos para situar a Manuel Alcántara en la llamada Generación del 50 o de “los niños de la guerra”. Generación del 50, cuyos miembros se dan a conocer sobre todo en la primera mitad de esa década, aunque no hay en ella una uniformidad estética, sí se observa una preocupación por el cuidado del lenguaje a la hora de tratar asuntos más cercanos a lo personal que a lo social. Así lo vemos en obras como las de Gil de Biedma, Caballero Bonald, Goytisolo, María Victoria Atencia… entre otros.
   Alcántara se da a conocer como poeta en los años en que se están trazando las líneas de lo que va a ser el desarrollo de la poesía española durante esa década y buena parte de la siguiente, con dos tendencias en litigio: la que considera que la poesía es una forma de conocimiento, y la que defiende que es forma de comunicación. Su primer libro, “Manera de silencio”, es de 1955 y, a pesar de la juventud del autor, puede decirse que era ya un libro de madurez. Allí está, en efecto, sus señas de identidad expresivas y el repertorio de sus inquietudes, que entran de lleno en la deriva existencial de la lírica española de entonces. Así en su poema  “Biografía” encontramos  los temas en los que Alcántara centrará su obra, temas coincidentes con lo que podíamos llamar “espíritu generacional”.
   Esta “Biografía”, escrita desde un yo sin ocultamientos, además de centrarse en la persona y sus circunstancias (“Manuel, junto a la mar, desentendido; yo era un niño jugando a la alegría”), tiene también un carácter de declaración poética (“Enseño a andar palabras de la mano…/Tengo un desconocido por el pecho. /Sí. Miradme a los versos. No os engaño”).
   En ese “Enseño a andar palabras” está la conciencia del “oficio” del poeta y la alta consideración en el uso de la palabra en poesía (“La poesía aspira a que no haya una palabra baldía”).
   Para Alcántara, también la poesía es forma de conocimiento del mundo y de conocimiento personal. Así, el detenerse, de forma reflexiva, en el valor de la poesía como vía de conocimiento y de expresión del yo es otra de las señas de identidad de su escritura.
   También, dentro de la tradición española (sobre todo unamuniana), el conflicto con lo divino, cuya evolución va de la moderada certeza a la abierta duda: desde el “y cuando el alma suena es que a Dios lleva” (“Manera de silencio”), pasando por una soleá de “Este verano en Málaga”: (“Si otros no buscan a Dios, /yo no tengo más remedio: /me debe una explicación”).
   Y el mar (con toda su simbología: misterio, vida y muerte a la vez). “Desemboca en el mar mi mar de dudas…/  ¿Existe el inventor del mar?, ¿no existe?,/ ¿la vida es corta, o demasiado corta?”.

   La poesía fue el gran motor de la obra y la vida de Alcántara que, antes de acomodarse en las columnas de la prensa, encontró en los versos su particular salvoconducto a la memoria, la existencia y la intimidad. Una experiencia personal que no tardó en transformar en colectiva. Y en ser aplaudida.
   El contaba, con esa mirada única para la ironía que en los 50 comenzó a dejarse caer por las tertulias literarias de los cafés madrileños Varela, Lisboa y Liria y que, cuando una noche despertaba la indiferencia del respetable, solo tenía que cruzar la calle y pasarse a otro antro en el que el público y la gloria le fuesen más propicios. Aquel joven autor que llevaba la marca de la calle Agua en la que nació encontró en la bohemia cultural de Madrid, el ambiente propicio en el que cultivar su poesía que no tardaría en alumbrar su primer libro, “Manera de silencio” (1955), mejor poemario del año para la crítica y ganador del Premio Antonio Machado. Una obra en la que sienta las bases de una poesía que trata de descifrar los mecanismos del tiempo y la vida, y en la que autorretrata su propia necesidad literaria.
   Con su poema “Biografía” (1956), se hace con el Premio Juventud, al que siguió la publicación de los poemarios “El embarcadero” (1958) y “Plaza Mayor” (1961), con el que logra el galardón Café Santos. Un reconocimiento que fue el precedente del Premio Nacional de Literatura en 1963 por “Ciudad de entonces”, una obra que ya desde el título anuncia las salpicaduras de la memoria y su Málaga natal en una obra poética vitalista que combina la reflexión meditativa y la descripción contemplativa. En ese regreso a los orígenes hay existencialismo, melancolía, humanismo, alegría y muerte, constantes también en su obra.
   La paradoja es que el reconocimiento literario marcó un cambio. Los versos siguieron pero el protagonismo lo tomaron las galeradas de los periódicos de cada día. Manuel Alcántara llegó tarde al periodismo. Para entonces tenía ya 30 años, pero la fuerza de sus artículos revelaron la mirada de un hombre que contemplaba el mundo con mirada de poeta.  A finales de los 50 comienzan sus colaboraciones en diversas publicaciones que no tardarían en ser solicitadas por las cabeceras más importantes de la prensa española.  Y con ellas los reconocimientos. En 1965 obtiene el Premio de Periodismo Luca de Tena, por su crónica pacífica y pacifista en el diario” YA “ del viaje del Papa a Nueva York, “Pablo VI en Harlem”, al que siguieron los galardones más importantes de la prensa nacional, como el Mariano de Cavia en 1975 (por “Federico Muelas”, publicado en “Arriba”), el Juan Valera y Doctor Thebussem en 1976 (“Amor sin correspondencia”, en “Arriba”), el González Ruano en 1979 (“Tono”, en “Arriba”), el José María Pemán en 1999 (“Aniversario”, en SUR) y el Joaquín Romero Murube en 2009 por  “Cansinos vuelve a Sevilla”, en SUR, además del Mariano José de Larra que le concedió en 1995 la Asociación de la Prensa de Madrid, El Torreón de la Fundación Wellington en 2005, el Micrófono de Oro de la Federación de Asociaciones de Radio y TV en 2009 y el First Amendment Award (Premio a la Primera Enmienda) de la Fundación Eisenhower Fellows en 2017, que le fueron concedidos a su comprometida trayectoria profesional.
   Por su inseparable Olivetti pasaron miles de artículos que se convirtieron en diarios a partir de 1989 con su columna en la contraportada de SUR y el resto de periódicos de Vocento que obligaba a que muchos de los lectores comenzaran la lectura del diario desde la última página. Se ganó por derecho y por  (in)genio el título de decano de los columnistas españoles, a los que unió las distinciones de Hijo Predilecto de Málaga (1983) y de la Provincia (1999), Hijo Adoptivo de Rincón de la Victoria (1987), Doctor Honoris Causa por la Universidad de Málaga (2000), Medalla de Oro de Andalucía (2001), Medalla de Honor de la Asociación de la Prensa de Málaga (2005), Premio de las Letras Andaluzas Elio Antonio de Nebrija (2010), Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2018) y Autor del Año en Andalucía (2019).
   Alcántara logró además otros premios que no se denominaban como tal, pero de los que acusó recibo como si lo fueran. La cantaora Mayte Martín convirtió en música con quejío sus poemas en el disco “ALCÁNTARA MANUEL” (2009) mientras que el cineasta Manuel Jiménez lo puso delante de la cámara para atrapar su carisma más allá de las palabras en el documental “El pésimo actor mexicano (2011). Y el escultor Martín Merino le premió con un busto de bronce que le recuerda ya para siempre  en el Salón de los Espejos del Ayuntamiento de Málaga. Reconocimientos en los que siempre intentaba sacudirse cualquier atisbo de vanidad y que convertía en momento de amistad y alegría compartida. “Tengo cierta conciencia de que todo termina y me voy contento de haberos conocido a todos y de poder daros las gracias”, aseguraba con emoción Alcántara el mismo día que su busto no le quitaba el ojo.
   Casi cuatro décadas después de publicar  “Manera de silencio” (1955), nació el Premio de Poesía Manuel Alcántara que llevó el nombre del poeta y articulista malagueño por petición popular de sus vecinos de Rincón de la Victoria. Un galardón, el de mayor cuantía a un solo poema -6.000 euros- que ha superado el cuarto de siglo y cuyo palmarés está ligado a grandes autores contemporáneos.
   Dos décadas ha cumplido el Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara, que desde un principio ha promocionado el talento de las nuevas firmas de la prensa española, aunque en los últimos años también ha compartido su reconocimiento con veteranos profesionales.
   A ellos, se unió el pasado 2018 el más joven con el nombre del articulista, el Premio Nacional del Periodismo Deportivo, convocado por la Fundación del poeta y Unicaja.


BIBLIOGRAFÍA:   “Málaga Nuestra”.  M. Alcántara
                              “Fondo Perdido”.   M. Alcántara
                              Tesis doctoral de Teodoro León Gross

                              Diario SUR (hemeroteca)


 



Aforo: 51 asistentes

miércoles, 8 de enero de 2020

EL ESTRÉS, LA INFLAMACIÓN Y LA LONGEVIDAD

                                MIÉRCOLES Y JUEVES DÍAS 8 Y 9 DE ENERO DE 2020



EL ESTRÉS, LA INFLAMACIÓN Y LA LONGEVIDAD
Después de muchos años de ensalzar la especialización como lo más avanzado en medicina, se impone una revisión conceptual para dirigir la mirada al funcionamiento en conjunto del organismo humano porque ello nos permite deducir importantes enseñanzas sobre cómo somos y sobre todo, sobre cómo queremos ser y de qué manera podemos nosotros  mismos influir en nuestra propia evolución.
En la primera jornada de la charla se actualizarán los conceptos sobre el inicio, el desarrollo y la diversificación de la vida, el concepto del estrés y la necesidad de combatirlo, la función del sistema nervioso y del eje cortico-hipofiso-suprarrenal, el tejido conjuntivo y la reacción inflamatoria, el estrés interno, el área esplácnica como fuente de recursos y la función de los telómeros como medidores de la función defensiva.
En la segunda jornada hablaremos de los mecanismos de defensa del organismo contra el estrés (químicos, biológicos y genéticos), la función defensiva de la microbiota, y las formas médicas y sociopolíticas de combatir la depresión como principal inductor de nuestro desequilibrio interno.

    




Jesús Lobillo Rios es doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid, Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena y reconocido por el Ayuntamiento de Benalmádena como “benalmadense del año 2020”.




EL ESTRÉS, LA INFLAMACIÓN Y LA LONGEVIDAD


1.- VOLVIENDO DE LA ESPECIALIZACION AL TODO.
Después de muchos años de ensalzar la especialización como “el no va más” en el avance de los logros de la investigación y de la medicina, parece que se impone una revisión de estos conceptos para volver a dirigir la mirada al funcionamiento de conjunto del organismo humano porque de ello podemos deducir enseñanzas importantes que nos ayudan a comprender mejor cómo somos y sobre todo cómo queremos ser y de qué manera podemos nosotros mismos influir en nuestra propia evolución.

2.- EL INICIO, EL DESARROLLO Y LA DIVERSIFICACIÓN.
Es de dominio común que la vida se inició hace unos cuatro mil millones de años de la unión de las cuatro bases nitrogenadas (A, C, G y T) con una molécula de azúcar y otra de fosfato formando  los nucleótidos cuyo agrupamiento y  entrelazamiento, de dos en dos (la A con la T y la C con la G) forman largas tiras finísimas helicoidales que son el origen de nuestros genes que  no solo se unen de dos en dos, también se organizan de tres en tres originando tripletes o codones porque cada uno de ellos codifica la formación de una proteína que es única para cada triplete y que desarrolla de forma imprescindible una función vital.
Estas funciones necesarias para sobrevivir varían según las influencias del medio ambiente, según las acciones que el medio ambiente ejerza sobre el organismo vivo, que a su vez reaccionará para acomodarse mediante la fabricación de las `proteínas necesarias y específicas, a cada situación, y en función de estas influencias van desarrollándose y diversificándose las proteínas necesarias en, una variabilidad genética, un genotipo, que se manifestará en nuestro fenotipo, es decir en nuestro aspecto exterior, de forma que aquellos organismos que se vean obligados a vivir en el agua serán peces, otros tendrán dos o cuatro patas y caminarán por la tierra, otros desarrollarán alas y volarán y otros tallos, raíces y hojas, y serán plantas.
Para conseguir este desarrollo, los genes se empaquetan cuidadosamente en cromosomas  debidamente protegidos y enfundados por  telómeros reuniendo las condiciones necesarias para no dejar en ningún momento de fabricar proteínas,  dentro del núcleo celular porque el cese de esta fabricación supondrá la desaparición o muerte del ser vivo.

3.-EL ESTRÉS
Todas estas acciones que influyen en la fabricación específica de las proteínas  las conocemos como estrés. Es decir, todo aquello que tiende a alterar la inercia, el estado de reposo o movimiento, de un ser vivo  es un estrés. Gracias al estrés, por tanto, los seres vivos van desarrollándose y adaptándose a su medio ambiente adquiriendo las características que necesitan para sobrevivir en ese medio ambiente.
Si el organismo vivo no puede superar o adaptarse al estrés, no podrá seguir viviendo y sucumbe. Pero si la adaptación es positiva mediante una  reacción, o sea, mediante la fabricación de la o las proteínas necesarias para superar el problema, no solo vivirá, sino que saldrá fortalecido y mejorado e incluso predispuesto a superar la siguiente acción.
A este último le denominamos estrés bueno, positivo o eustrés. Y al primero distrés o estrés malo o pernicioso.

4.-EL EJE CORTICO-HIPOFISO-SUPRARRENAL
Para hacer frente de forma organizada a estas situaciones de estrés, el organismo ya formado, se dota de un componente de relación que es el sistema nervioso que tiene dos partes anatómicas.
El SNC (sistema nervioso central: cerebro y médula) y el SNP (sistema nervioso periférico: nervios aferentes y eferentes). Su funcionamiento es de carácter voluntario (somático). Es el sistema nervioso de la vida o de relación,  consciente y responsable por tanto de las acciones voluntarias.
Pero en el organismo hay muchas acciones que no requieren de la consciencia, de la voluntariedad (el latido cardiaco, la respiración o el movimiento intestinal) pero que están reguladas subconscientemente por el SNA (sistema nervioso autónomo, vegetativo o visceral) y que para mantener un perfecto equilibrio vital se dota de dos componentes que son antagónicos: el parasimpático que propicia la relajación y el reposo (activa las secreciones digestivas y urinarias, la broncoconstrición y la miosis y la vasodilatación) y el simpático que comporta la preparación a la huida (aumenta el latido cardiaco, la sudoración, la broncodilatación, la vasoconstricción y la midriasis para ver mejor).
Últimamente se le da cada vez más importancia al SNE (sistema nervioso entérico) que regula casi exclusivamente al aparato digestivo cuyo comportamiento se está estudiando con creciente interés.
La interacción funcional de todos estos mecanismos da lugar a la formación del eje córtico-hipófiso-suprarrenal que constituye un conjunto complejo de influencias directas e interacciones retroalimentadas entre la corteza cerebral, el hipotálamo, la hipófisis y la glándula suprarrenal, relación que controla las reacciones al estrés así como la digestión, el sistema inmune, las emociones, la conducta sexual y el metabolismo energético. Este mecanismo en diversos grados es compartido por muchos organismos de la escala evolutiva, y sus reacciones son responsables del síndrome general de adaptación.
El cerebro se comporta como un visor y las conexiones anatómicas entre las áreas cerebrales facilitan la activación de este eje que se transmite al sistema nervioso vegetativo, lo que explica que cualquier estrés tenga una repercusión sobre nuestras funciones vitales. La activación de cualquiera de estas funciones comporta una mecánica de actuación, una forma de adecuarse para solucionar el problema que estresa, sea bueno o malo, y solicitará un aumento en el número de elementos celulares, en el número de secreciones activadoras y en definitiva en el trabajo de los codones y en la formación de nuevas proteínas que mantengan el ritmo vital. Esta forma de actuación prevista y organizada se conoce con el nombre de reacción inflamatoria.
     
5.-EL TEJIDO CONJUNTIVO Y LA REACCIÓN INFLAMATORIA.
La reacción inflamatoria es la respuesta a la  continua y constante acción estresante, buena o mala, que el organismo soporta dando lugar al desarrollo de acciones predeterminadas mediante las que los seres vivos mejoran continuamente su capacidad de defensa y adaptación.
Para que esta reacción sea eficaz  precisa de un asiento que permita su propagación rápida a lo largo del organismo. Este asiento es el tejido conjuntivo o tejido de unión (tejido vascularizado que rellena todo el organismo), porque la inflamación no es una repuesta aislada o localizada, es una respuesta generalizada, universal, capaz de atender al organismo en cualquier lugar y en todo momento hasta el punto de elucubrar que la única misión del tejido conjuntivo es inflamarse.
La inflamación (del latín inflammare=prender fuego) es una reacción que comporta cuatro fases que están clásicamente descritas desde del siglo I por Aulo Cornelio Celso: calor, rubor, tumor y dolor, a la que hay que añadir una quinta que es la reparación. Traduciéndolo a hechos reales se produce un aumento de vascularización, una extravasación sanguínea y una digestión (o fagocitosis) del elemento agresor que a continuación será expulsado del organismo y reparado el daño causado.
La reacción se lleva a cabo merced a la movilización del tejido inmunológico y de sus células y es una respuesta innata a cualquier tipo de agente agresor. Aunque también existe una respuesta inflamatoria adaptativa que utiliza la memoria guardada de estos agentes externos (antígenos) a los que ataca de forma específica al reconocerlos.
La inflamación es por lo tanto el medio universal de defensa y progresión ante cualquier estrés, reacción que está en la base de toda la patología médica y que adquiere diversos niveles de gravedad según el órgano y la intensidad del ataque (carditis, neumonitis, rinitis, otitis, enteritis, etc.) y de cuyo resultado dependerá la eliminación o el fortalecimiento del individuo, lo que estará en relación con la capacidad de nuestros tripletes o codones para hacer frente a la agresión.

6.-EL ESTRÉS INTERNO.
La evolución avanzada ha provisto al homo sapiens de unos elementos cerebrales que le permiten pensar, es el único ser vivo que es consciente de que es consciente. Esto supone la capacidad de almacenar, junto con los recuerdos, sentimientos de placer o de sufrimiento que se transmiten a través de las estructuras nerviosas idóneas, en forma de estrés, haciendo reaccionar igualmente al eje córtico-hipofiso-suprarrenal con la consiguiente excitación del sistema nervioso vegetativo.
Esta evolución por lo tanto ha determinado que nuestra vida, controlado el estrés físico, soporte casi de forma exclusiva un estrés interno o psíquico que pasa a ser causa y protagonista de la casi totalidad de nuestras reacciones vegetativas. Manifestamos externamente estos estados de estrés psíquico en forma de dolor de cabeza, o cuello, trastornos digestivos (diarrea o estreñimiento), encanecimiento o caída del pelo, insomnio, falta de concentración, ansiedad, depresión, trastornos de la conducta, etc. que aparentemente no tienen una causa visible.
Pero incluso nuestro fenotipo adquiere los caracteres de este estrés interior. Quien está contento ofrece un aspecto distinto del que está enfadado, el satisfecho difiere del preocupado, el sano es diferente del que está enfermo. La demostración definitiva es aquella que nos enfrenta críticamente a la foto de conmemoración de las bodas de plata o de oro de cualquier promoción académica en donde los que aparecen más jóvenes o mejor favorecidos son los triunfadores, lo que han alcanzado mejor posición y mejores puestos de trabajo y mayor capacidad económica en contraposición a los más envejecidos que son los que peor suerte han tenido en el desarrollo de su vida personal y familiar, es decir, los primeros han sufrido un estrés positivo y los segundos un estrés negativo.
Tanto el eustrés como el distrés están provocando continuamente un estado de inflamación, una solicitud de recursos que repare su deterioro o su agotamiento. Si es eustrés los recursos serán suficientes para equilibrar la alteración porque el desequilibrio es positivo y nos ayudará a progresar, pero si es distrés (una auténtica depresión) y no alcanzan los recursos necesarios para establecer un nuevo equilibrio, el deterioro general orgánico se acentuará propiciando el declive y la muerte del individuo.
La depresión es posiblemente el mayor elemento demandante de recursos, es decir demandante de inflamación, y se produce como consecuencia de acciones estresantes vitales (la muerte de un ser querido, un divorcio, la pérdida de un trabajo o el padecimiento de una enfermedad crónica, o de un acoso constante familiar o laboral, o de una impotencia manifiesta para superar una situación adversa) y produce en los afectados un aumento de la sensibilidad emocional (sentirse culpable o inútil, inquieto, irritado, desesperado, con tendencias suicidas) o física (dificultades para dormir, falta de apetito, dolores indeterminados, cansancio etc.).
Por último cualquier estructura orgánica que envejece pide inflamación que repare su deterioro para poder continuar funcionando, lo que quiere decir que la demanda de recursos aumenta conforme envejecemos y que el fracaso en la reposición de elementos nos lleva a la incapacidad y a la muerte.
El organismo necesita, por lo tanto, de una gran fuente de fabricación de recursos propios para atender y neutralizar todo el estrés que le acecha continuamente, de forma que este sea siempre positivo y en su provecho, y no alcance los grados de declive que llevan a la defenestración. Y esta fuente se encuentra en el área esplácnica o tejido intestinal.

7.- EL AREA ESPLACNICA  COMO FUENTE DE RECURSOS.
Para comenzar el tracto intestinal constituye la mayor superficie de comunicación con el exterior de todo el organismo: unos 300 ó 400 metros cuadrados (considerando la superficie total con las vellosidades desplegadas). En segundo lugar las células intestinales no están solas, están acompañadas por multitud de bacterias (si calculamos que hay cien mil millones de células, le acompañan cien billones de bacterias) con las que viven en perfecta simbiosis. Esto es lo que se denomina la microbiota intestinal a cambio de la cual el organismo obtiene importantes beneficios.
Por una parte las actividades metabólicas, o sea, la recuperación de nutrientes y energía, y por otra protección frente a la invasión por bacterias extrañas porque estas bacterias intestinales desempeñan un papel esencial en el desarrollo del sistema inmunitario, en el desarrollo de la inflamación que nos protege.
Ambas funciones: nutrición y defensa, dependen complementariamente tanto de las estructuras propias del tubo digestivo como de la presencia activa de las comunidades microbianas por lo que se piensa que la unión del tubo digestivo y la microflora intestinal constituyen un órgano, la microbiota, un órgano más, perfectamente integrado en nuestra fisiología. Los animales de experimentación criados en asepsia (sin flora) presentan importantes anomalías en su desarrollo (atrofia intestinal, alteraciones de la motilidad, bajo peso en general y un sistema inmune inmaduro).
En el intestino hay dos clases de bacterias: las nativas que viven permanentemente en él, y las de tránsito. Las nativas se adquieren al nacer y en el primer año de la vida y son un tercio del total. Las de tránsito se adquieren diariamente con la comida y la bebida.
El análisis de las bacterias intestinales demuestra que existen entre 500 y 1000 especies distintas cuya densidad aumenta progresivamente según se avanza hacia las regiones distales del colon. Las secreciones ácidas biliares y pancreáticas destruyen la mayor parte de los microorganismos ingeridos y la actividad motora propulsiva impide una colonización estable de la luz del tubo digestivo. Los análisis demuestran que muchas de las especies no crecen en los cultivos por lo que las técnicas de biología molecular nos han hecho conocer cepas no conocidas previamente.
Pero además de las funciones metabólicas y de protección, la microbiota comporta funciones tróficas sobre el epitelio intestinal protegiendo su diferenciación celular y su capacidad de reconocimiento de las bacterias invasoras y por ende beneficiando el desarrollo del sistema inmunológico y protegiendo el aumento de inmunoglobulinas circulantes y aumento en la capacidad de reparación a todos los niveles orgánicos, siendo por ello el órgano más importante en cuanto a capacidad de atender y satisfacer las necesidades de la reacción inflamatoria.
El fracaso de la simbiosis puede llevar al desarrollo de patologías de disregulación inmunitarias frente a la estructura antigénica propia (autoinmunidad) o estructuras antigénicas del medio ambiente (atopia).
Por último hay que mencionar que además de la microbiota intestinal existen la oral, la ocular, la vaginal, etc., y que de su capacidad funcional depende que nuestro organismo domine permanentemente a nuestros invasores manteniéndose en eustrés y sin fracasar ante un distrés que nos llevará inevitablemente a la muerte.

8.-LA EVALUACION DE LA ACTIVIDAD REPARADORA (LOS TELÓMEROS Y SU REVERSIBILIDAD).
Necesitamos por tanto un medidor de nuestra actividad defensiva, de nuestra capacidad de hacer frente a cualquier tipo de estrés, que lo haga sometido siempre como eustrés (fortalecedor) y nunca como distrés (debilitador). Y este elemento es el telómero.
Recordemos que los telómeros son la funda que protege nuestros cromosomas (almacenes de nuestros genes) de su deterioro o pérdida manteniendo su capacidad de trabajo, su capacidad de fabricar las proteínas imprescindibles para combatir, mediante la reacción inflamatoria el estrés que nos asedia de forma constante, pero no solo son protectores, son además inteligentes, si se alargan, la división celular y la fabricación de proteínas aumenta y la vitalidad se fortalece, y si disminuyen su longitud, la capacidad de trabajo disminuye y el envejecimiento y la decrepitud se inician. Este alargamiento o acortamiento se hace merced a la acción de una hormona llamada telomerasa que ha merecido el calificativo de “hormona de la inmortalidad”.
Los telómeros se conocían vagamente pero a partir de 1975 la doctora Elizabeth Blackburn comenzó a estudiarlos detenidamente en la tetrahymena, un organismo unicelular que vive en los charcos (agua dulce) buscando alimento o pareja (tiene siete sexos), aisló su ADN y en 1984 descubrió la telomerasa. También descubrió la manera de medir su longitud mediante un método de laboratorio denominado “flowfish”, una técnica de citometría de flujo y tinción por fluorescencia, y que puede llevarse a cabo mediante una gota de sangre extraída por punción en la yema de un dedo.
También estableció la relación entre la longitud de los telómeros y la calidad de vida a través de una serie de experimentos que llevó a cabo en principio en ratones a los que sometía a tratamientos que alteraban esta longitud observando las reacciones vitales de los animales. Y luego en individuos voluntarios que se sometieron a la analítica y lo demostró en el estudio de personas deprimidas como eran las madres de hijos subnormales.
En todos los casos demostró que el acortamiento de los telómeros coincidía siempre con signos de envejecimiento y con una salud débil, y también demostró que la relación inversa era igualmente válida. Pero lo más importante que demostró es que esta reacción era reversible y que esta reversibilidad se puede conseguir aplicando las medidas necesarias, medidas que son conocidas y que están a nuestro alcance, lo que posibilita que nosotros mismos tengamos la capacidad de mejorar e incluso prolongar nuestra calidad de vida.
    
9.-EL MECANISMO DE ACCIÓN DE LOS ANTIINFLAMATORIOS.
La inflamación representa por sí misma una amenaza muy importante porque según su intensidad puede pasar de ser reparadora a destructora por lo que en muchas ocasiones es necesario controlarla y para ello disponemos de los antiinflamatorios.
El organismo se defiende en primera instancia con sus propios antiinflamatorios que son los derivados de la corteza suprarrenal o antiinflamatorios esteroideos (corticoides) que tienen una acción muy potente y muy importantes efectos secundarios.
Para obviar este inconveniente se desarrollaron los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) que actúan mediante un mecanismo químico inhibiendo la actividad de la enzima ciclooxigenasa-1 (COX-1) y la ciclooxigenasa-2 (COX-2) que son las que permiten la formación de las prostaglandinas, a partir del ácido araquidónico, y que tienen un papel fundamental en la inflamación. Controlan la inflamación, el dolor y la fiebre.
El AINE principal es la aspirina o ácido acetilsalicílico que se comenzó a extraer de la corteza del sauce (salix alba) y del que hoy día se consume en comprimidos, unos mil millones de pastillas (unas cuarenta mil toneladas) anuales.
Pero también son AINEs los derivados del ácido propanoico (ibuprofeno y naproxeno) los derivados del ácido acético (indometacina) y de los ácidos enólicos (piroxican). Todos inhiben la formación de prostaglandinas incluyendo el paracetamol aunque este no se le considera un AINE por su menor poder antiinflamatorio.

10.-MECANISMO DE ACCIÓN DE LOS ANTIBIÓTICOS
El antibiótico se utiliza para combatir a un organismo vivo productor de inflamación  alterando la permeabilidad de la pared bacteriana con lo que las macromoléculas y los iones se escapan y la bacteria no puede reproducirse y muere. Es por lo tanto un mecanismo biológico, una antibiosis.

11.-LA DEFENSA ANTIVIRIÁSICA.
Aquí el mecanismo defensivo es genético y se denomina CRISPR, y está basado en el almacenamiento que hace el  genoma celular de fragmentos precisos de la cadena genética del agresor con el que ha estado previamente en contacto. Este almacenamiento o recuerdo  se organiza como “conjuntos regulares interespaciados  palindrómicos repetidos” que reconocen inmediatamente al virus agresor y a través del concurso de una proteína (Cas-9) se acopla a él y lo corta impidiendo su reproducción y causándole la muerte. La importancia actual que han adquirido es debido a que su manejabilidad en el laboratorio permite la manipulación genética a voluntad. Fueron descubiertos por el Dr. Mojica en la Universidad de Alicante estudiando las arqueas, bacterias de las salinas.

12.-LA MICROBIOTA
Es imprescindible mantener nuestro microecosistema o microbiota en las mejores condiciones posibles para que atienda sus tres misiones básicas: alimentación, defensa y reparación.
La microbiota es la puerta de entrada y reconocimiento de toda noxa externa que penetra en nuestro organismo y que es debidamente reconocida e  identificada, es almacenada para ser reconocida y reducida en una futura invasión.
Conocemos de antiguo que los niños de “la calle”, es decir, aquellos que no cuidan debidamente su higiene, no solían padecer poliomielitis. Pero es que ahora tenemos estudios que nos dicen que en aquellas casas en las que hay lavavajillas existen las rinitis en mayor proporción, e incluso en los domicilios en los que se cambian las sábanas muy a menudo, lo que parece estar en relación con la ausencia excesiva de gérmenes que pasan por nuestro tubo digestivo o por nuestra piel y que no son reconocidos por nuestro sistema inmunológico. 
La defensa o reparación es básica porque atiende a todo nuestro organismo. La fabricación de tejido inmunológico y de sustancias tróficas en cantidad suficiente y necesaria puede y debe de atender las solicitudes de  tejidos dañados por el exceso de inflamación provocada por agresiones externas (envejecimiento) o internas (estrés).
Por lo tanto aquello con lo que alimentamos nuestra microbiota tiene un impacto importante en nuestra salud, mientras mejor lo alimentemos más saludables estaremos. La clave para conseguirlo es nutrir equilibradamente las mil especies diferentes de bacterias que viven con nosotros. Para las que viven de manera permanente con nosotros les daremos lo que les gusta, es decir, los prebióticos. Y para las demás debemos de añadirles bacterias vivas directamente, o sea, probióticos.
Los prebióticos son fibras vegetales que constituyen alimento para estas bacterias que van desde los espárragos al ñame (un tubérculo) y que pueden buscarse en internet.
 Los probióticos contienen organismos vivos que se añaden a nuestra población de microorganismos saludables y se encuentran en el yogurt, el chucrut, actimel o el kéfir.
La correcta administración de estos productos requiere de un estudio pormenorizado y personalizado de la microbiótica cuyo inicio más importante es la leche materna y que se mejora con la ingestión de frutas y vegetales, así como huyendo de la administración de antibióticos y del alcohol.  
No obstante investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Oviedo en el estudio de la progeria que es un trastorno genético que provoca un envejecimiento prematuro en los primeros años de vida, demostraron en ratones, que en estos casos existía una disminución de una bacteria llamada Akkermancia que tenían en gran cantidad los longevos, y su administración, obtenida de intestinos de ratones sanos, y administrada por vía oral en ratones con progeria ha conseguido una espectacular mejoría en sus perspectivas vitales.
Estos transplantes fecales o implantes de caca están relacionados, también, con el tratamiento de enfermedades vasculares y de la demencia senil.
Esto parece abrir una guía para conseguir envasar las bacterias idóneas en relación a mejorar muchos procesos patológicos.
Un estudio presentado en la reunión de la United European Gastroenterology 2019, de la Universidad de Groningen (países Bajos) por la Dra. Laura Bolte, ha demostrado que alimentos específicos podrían proporcionar protección para el intestino, al ayudar a las bacterias con propiedades antiinflamatorias a prosperar.
Los expertos seleccionaron cuatro grupos de estudio: la población general y pacientes con enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa y aquellos con síndrome del intestino irritable (SII). Analizaron una muestra de heces proporcionada por cada participante para reconstruir la microbiota del huésped y la compararon con los resultados de una encuesta de frecuencia de alimentos Así identificaron 61 alimentos individuales asociados con poblaciones microbianas y 49 correlaciones entre patrones alimentarios y grupos microbianos.
De ello dedujeron que los patrones dietéticos ricos en pan, legumbres, pescado y nueces y vino tinto (los de la dieta mediterránea) se asociaron con una disminución de bacterias aerobias potencialmente dañinas y una mayor abundancia de bacterias con funciones antiinflamatorias Y un nivel más bajo de  marcadores inflamatorios en las heces que se sabe que aumentan durante la inflamación intestinal.
Es decir que la proteína vegetal ayuda a la biosíntesis de vitaminas y aminoácidos, así como a la descomposición de los alcoholes de azúcar y la excreción de amonio, mientras la proteína derivada de animales y plantas mostró asociaciones opuestas en la microbiota intestinal.
Una dieta caracterizada por nueces, frutas, mayor ingesta de vegetales y legumbres que la proteína animal, combinada con un consumo moderado de alimentos derivados de animales como pescado, carne magra, aves de corral, se asocian beneficiosamente con el ecosistema intestinal a lo que se pueden añadir los lácteos y el vino tinto y la disminución de la ingestión de carnes rojas.

13.-OTROS FACTORES (LA OXIDACIÓN)
El estrés oxidativo podemos denominarlo como la enfermedad de los “single”, la de los electrones sueltos con capacidad de apareamiento.
Los radicales libres son átomos o grupos de átomos que se encuentran disponibles, y que  se producen en la mayoría de las reacciones orgánicas como son el metabolismo,  la respiración y el ejercicio, y son utilizados habitualmente para luchar contra las bacterias y  son fácilmente controlados o eliminados por el organismo.
Cuando uno de nuestros átomos tiene un electrón suelto está en desequilibrio puede aparearse con el primero que encuentra provocando a su vez el desequilibrio del átomo robado. Es como la estructura de un andamio a la que le hurtamos un puntal o travesaño que le hace perder su cohesión y derrumbarse.
El problema se plantea cuando existe una excesiva acumulación de estos radicales que absorbemos de la contaminación ambiental, del tabaquismo, las dietas ricas en grasa, la exposición excesiva a las radiaciones solares o la ingesta  de aceites vegetales. Y el mayor problema es que, en opinión de la Dra. Blackburn, los radicales libres tienen predilección por las secuencias de ADN que forman la estructura de los telómeros con lo cual tienden a  acortarlos con todas sus consecuencias.

14.- LA DEPRESION
Pero no solo tenemos que mantener nuestro organismo con capacidad suficiente para controlar el estrés inflamatorio habitual, también debemos de prestar  mucha atención a controlar los focos de excesos inflamatorios que pueden hacer fracasar la capacidad del organismo  y entre todos, el mayor demandante de inflamación es el distrés interno, todo aquello que nos preocupa, que nos incomoda y en definitiva que nos deprime, o sea, la depresión.
Consideramos a la depresión como un estado de ánimo que altera nuestras funciones fisiológicas. Existen patrones automáticos que definen nuestra actitud ante el medio ambiente como son: la hostilidad cínica, el pesimismo, la dispersión mental, es decir el “estrés malo” o destructivo.
Para combatirlo lo enfrentaremos a una serie de mecanismos defensivos, como son la monotarea o flujo frente a la multitarea, es decir, a concentrarnos profundamente en una actividad exclusivamente, al distanciamiento del problema que nos ataca, a la rumiación (pensar las cosas muchas veces hasta encontrarles un aspecto positivo), la supresión de pensamientos para hacerlos desaparecer conscientemente, el pensamiento resiliente o aceptamiento para mejorar su tolerancia, el pensamiento consciente (aceptarlo completamente para digerirlo) y el cambio del dolor por la autocompasión.
Para controlar nuestro componente ansioso es muy útil el ejercicio de la meticulosidad. Y por último poner en práctica terapias psicológicas “ad hoc”, como pueden ser los retiros de meditación.
También nos beneficia el ejercicio que es una de las mejores medicinas que podemos autorecetarnos porque incrementa el aporte sanguíneo al corazón y al cerebro, genera musculatura y fortalece los huesos.
También combate la presencia de radicales libres porque al producir más oxígeno proporciona una reacción que aumenta los antioxidantes orgánicos. Disminuyen la producción de cortisol (la hormona del estrés) y por tanto nos tranquiliza y además hace que las células se vuelvan más sensibles a la insulina tendiendo a normalizar nuestra glucemia.
La cantidad de ejercicio que se debe de hacer es aquel que admite nuestro organismo. El ejercicio más completo es andar, como ejercicio de mantenimiento (entre media y una hora diarias).
Complementariamente hay que considerar el sueño como el complemento del ejercicio y debemos cuidarlo en cuanto a su cantidad y sobre todo a su calidad. Con el sueño recordamos y olvidamos pero también requiere una regulación. Lo importante, más que el tiempo, es el ritmo y su calidad.
La luz azul de las pantallas, los teléfonos, tabletas, etc. y los ruidos inhiben la melatonina (hormona del sueño) y perjudican por tanto su calidad.
Para  beneficiar el sueño es bueno: dedicar un rato a la preparación (leer un rato en la cama), escuchar música relajante, disponer un ambiente relajante (luces atenuadas, fragancias), tomar una infusión de hierbas calientes una hora antes de acostarse y hacer estiramientos suaves.

15.-EL BIENESTAR SOCIAL
Pero de todas formas cómo se puede ayudar psicológicamente a alguien que tiene un problema del calibre de un desahucio, de la falta de trabajo, de la imposibilidad de satisfacer una hipoteca, de la incapacidad económica para atender a su familia, de la falta de capacitación para “salir adelante”, de un acoso permanente familiar o laboral, de un estrés favorecido pos las condiciones del contrato matrimonial, de una imposibilidad de divorcio por falta de recursos o capacidad de subsistencia, o de un divorcio con hijos no atendido económicamente, etc., etc..
Todas las personas prefieren, y tienen  derecho, a vivir en un ambiente relajado, rodeado de plantas y verdor, seguros y confiados en no ser asaltados o perseguidos, realizando una actividad y un trabajo adecuadamente remunerado en relación con nuestra competencia, con las comodidades inherentes a nuestro bienestar, con buenas relaciones en general y en particular, con una familia agradable y con amigos (o amantes) que beneficien nuestro psiquismo.
La solución a estos problemas, anteponer el bienestar común a la codicia de la banca y las eléctricas, garantizar que nadie se quede sin techo y sin ayudas por dependencia en lugar de premiar fiscalmente a las grandes fortunas y tratar como líderes de masa a los delincuentes financieros, todo lo que se refiere a la redistribución social de la riqueza y a las supuestas obligaciones del estado de satisfacer las necesidades de alimentación, vivienda, trabajo y salud de todos los ciudadanos, sobrepasan las posibilidades médicas de actuación y competen al terreno político social de los países en que vivimos y no pueden resolverlo las medidas psicofísicas de tratamiento ni la actuación de la telomerasa.

16.-LA TELOMERASA
Para vivir más y mejor lo que hay que hacer es administrar telomerasa que es fundamental para conseguir una buena renovación celular. Pero ello presenta un aspecto oscuro y es la posibilidad de que esta hiperdivisión forzada celular se descontrole dando lugar a la aparición de un cáncer, que al fin y al cabo es precisamente una proliferación celular descontrolada por lo que esta medida es totalmente desaconsejable.
No obstante en el Centro Nacional de Investigación del Cáncer (CNIO) se está llevando a cabo una línea de investigación que trata la fibrosis pulmonar con telomerasa, si bien los sujetos de experimentación son ratones a los que se ha inducido la enfermedad mediante la administración de tóxicos ambientales. La fibrosis pulmonar se produce por la respiración de tóxicos y la producción de acortamiento telomérico cuya respuesta inflamatoria produce una reparación a base de cicatrices y fibrosis pulmonar.
La doctora Maria Blasco ha vehiculizado el gen de la telomerasa en un vector (un virus inocuo para el ser humano) y lo ha introducido una sola vez en los pulmones de los ratones consiguiendo la curación de la enfermedad, lo que supone un resultado alentador si consideramos que en España existen 8.000 enfermos de esta patología. Esta doctora sigue trabajando con la telomerasa y observa en algunos de sus experimentos que pese a su administración prolongada, no se ha desarrollado un cáncer
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BIBLIOGRAFIA:
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FRANCISCO J. AYALA.-“¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy?” Alianza Editorial. Madrid, 2015.

ELIZABETH BLACKBURN. “La solución de los telómeros” Editorial Aguilar, Barcelona 2017.

DICK SWAAB. “Somos nuestro cerebro” Plataforma Editorial. Barcelona 2014

LAURA BOLTE.-Comunicación a la United European Gastroenterology Week (UEG). Barcelona 2019.

FRANCISCO GUARNER AGUILAR, Jefe del Servicio de Gastroenterología del H. Vall de Hebron, Barcelona. “Evolución en el conocimiento de la microbiota intestinal” Conferencia magistral. (YouTube).

YUVAL NOAH HARARI. “Sapiens (De animales a dioses)”. Debate, Barcelona 2016


















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jueves, 19 de diciembre de 2019

FELICITACIÓN DE NAVIDAD

                                             
                                                       FELICITACION DE NAVIDAD