BIENESTARES
Así pues, la felicidad no es algo que se pueda buscar, llega. Si se busca, la esquivará”
J Krishnamurti,
Libro
de la Vida. Meditaciones diarias.
No confundas sociedad de bienestar con felicidad. En un delicioso librito, de título Verbolario (2022), el guionista y escritor Rodrigo Cortés desnuda las palabras y asigna su significado oculto al vocablo felicidad: “Felicidad, f. Estado de plenitud que acaba al despertar.//2. Desmemoria.//3. Eternidad breve”. No te ofusques en buscar a Felicidad, la tirana. Preocúpate de no caer en las mallas de Imbecilidad, acólita de la diosa Estulticia, poderosa en divertir a dioses y hombres. Tan poderosa que el humanista Erasmo de Rotterdam (1467-1536) le dedicó un libro, Elogio de la locura. Dice la Estulticia en el capítulo XLV: “Por tanto, no hay diferencia entre estultos y sabios o, si las hay, es favorable a los primeros, primeramente porque su felicidad les cuesta muy poco, ya que consiste en una modesta persuasioncilla, y luego, porque la comparten con la mayoría de las personas”. Si a la tiranía de la felicidad se le añaden la compañía del éxito y la meritocracia en las existencias de los apesadumbrados humanos, entonces la cosa se pone chunga para estar bien en la sociedad del bienestar que ni estar te deja. Y ya tienes al triunvirato FEM, Felicidad/Éxito/Meritocracia, dispuesto a dificultar, si puede, tu bien estar y tu estar bien, pues su gobernanza procura elevar el individualismo a los cielos y el nosotros a las cloacas. Abunda la mercadería de acreditaciones, títulos y másteres como antaño la compra y venta de bulas. Se sabe de currículums de personas dedicadas a la “cosa pública” adquiridos en mercadillos de acreditaciones y asignados por el dios azar. Correr y obsesionarse con la felicidad o con el éxito no proporcionan estares sosegados en una dinámica social determinada por éxitos y fracasos y ganadores y perdedores y competidores. Queda en tus estares la adopción de una posición de resistencia digna e inteligente, de satisfacción íntima y buen hacer.
Se vive mejor (aquí) que en siglos anteriores: comodidad, seguridad, bienes materiales, derechos, servicios…Aquiescencia hay en que la democracia liberal ha conseguido progreso material, también moral. Las mejores condiciones de vida y su prolongación son evidentes. El bienestar debería, teóricamente, provocar que te sintieses bien o muy bien o mejor que muy bien. Pero no es así, parece. Es un sí, pero no. Pace por doquier la quejumbrosa declaración: sí, pero no. Las expectativas autoimpuestas o por presión externa, se tornan enfermedad en una sociedad del espectáculo competitiva. Como muchas de esas expectativas no se cumplen, llegan las decepciones constantes. Te decepciona el jefe, la película, tu pareja, la novela, el viaje, el concierto… ¡Qué decepción! ¡Me has decepcionado! ¡Uf! Y es que se trata de un bienestar a base de bucles de consumo, logros tecnológicos sin fin, adicción a la producción y a la acumulación de artefactos, abono a la insatisfacción permanente…Tal vez el bienestar es otra cosa y no te has enterado. Porque si estás tan bien ¿por qué te sientes tan mal? Si se ha progresado tanto en muchos órdenes de la vida, ¿por qué hay tanto malestar, parece? ¿Es posible que se te escape la comprensión de la vida humana?
El filósofo Javier Gomá esgrime varias causas que producen el descontento en la sociedad del bienestar. Una de las causas es la conciencia de dignidad alcanzada por el hombre, unida a la cruda realidad de la muerte y, por tanto, a un mundo sin sentido en el que la infelicidad es parte constitutiva de la condición moderna. Otra causa tiene que ver con los logros en igualdad progresiva en cuanto a dignidad y derechos de las mujeres y de minorías antes marginadas, “ley del más débil”. Esto deriva en que cuando se vulneran sus (tus) derechos crece la indignación y el escándalo en la ciudadanía. Por tanto, son síntomas de avances que no se quieren perder. Ya no se toleran pasos atrás. En Universal concreto (2023), Gomá escribe: “pobres, enfermos, discapacitados, parados, jubilados, mujeres, niños, homosexuales, presos, disidentes, extranjeros, excluidos. Si se les interroga a las víctimas de la discriminación qué época de la Historia elegirían para vivir, cabe suponer que todos esos grupos optarían por la actual democracia liberal”.
Se genera riqueza, pero la redistribución de la misma es desigual. La paradoja se manifiesta en democracias donde la igualdad es valor, mas la desigualdad crece. Unos que a apretarse el cinturón; otros que cada palo aguante su vela; otros que el Estado intervenga aquí y allá; otros que el Estado asome la cabeza lo menos posible; otros sin Estado, ¡ay!, si el Estado ya casi no está. El que sí está es el Mercado, dios omnipresente hasta en la sopa. Si el bienestar se esfuma, habrá que ponerse a laborar para cultivar bien el estar y no hacerlo depender del estado de bienestar, que no está o quiere pirarse. Si desapareciera la sociedad del bienestar como la conoces, tendrás que ponerte manos a la obra y empezar por generar mejores vínculos comunitarios, una apelación al “nosotros”. ¿O no?
En las acepciones de la RAE el bienestar tiene que ver con “las cosas necesarias para vivir bien”, ¿se necesitan tantas cosas?; tiene que ver con “vida holgada”, ¿todo ha de ser rentable y útil?, ¿puedes parar un poco?; tiene que ver con “pasarlo bien y con tranquilidad”, ¿puede el silencio ayudar?; tiene que ver con el “buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”, ¿puede conducir a ello la templanza y el equilibrio cuerpo-mente, cultivando vida interior y sopesando cuotas de vida activa y vida contemplativa? Lo ideal es la plenitud y la completud y la satisfacción, pero eso es lo ideal. Está la cara de la incompletud, el vértigo, la herida, la contingencia, la vulnerabilidad. Y en esa tensión se boga en el tramo existencial hasta tu desaparición. “Nada cura el vacío, nada calma nuestra sed, nada colma nuestra hambre. […] Nuestra vida se remedia con la muerte, ese estado permanente de inconsciencia y unidad. La herida consiste en saberlo”, escribe Chantal Maillard (La razón estética, 2021). Reconocerlo es ya síntoma de “estar-siendo”, saberte con posibilidades para autoconstruirte. Y, también juntos, “construir mundo” y estares en responsabilidad.
Como enriquecimiento de tus estares, el epicureísmo, que no el hedonismo, puede proporcionarte enseñanzas que devengan en bienes (interiores). Partían los epicúreos de la idea de que mente y cuerpo son materia, no hay vida después de la muerte y, si hay dios, poco le importa la humanidad. Así que nada de temer a la muerte. A partir de ahí, déjate de reprimir emociones y pasiones. Pero no se trata de una vida consumista, desenfrenada o lujosa. Nada de eso. La búsqueda de experiencias y sensaciones placenteras acaba en derrota. Cumplidas las necesidades de supervivencia, se trata de liberarse de miedos y ansiedades y llevar una existencia con buenas relaciones, sin logros o gastos extraordinarios. La moderación y la tranquilidad por encima de la búsqueda de placeres físicos. A partir de un determinado umbral no producen efecto subjetivo de bienestar la acumulación de bienes, experiencias, cachivaches, autos, etc. Lo mejor de la vida es gratis y estriba en los placeres sencillos: estar con los amigos, la hora del desayuno, momentos para la relajación, vida social tras el trabajo, vida íntima y familiar, frecuentación de una afición…
El filósofo Baruch Spinoza (1632-1677)
consideraba que no había que “buscar otra cosa que aquello que hay”, aquello que hay; que es un error creerse “seres
independientes” (se es cuerpo-mente en unión con la Naturaleza); que se yerra
si se cree que la vida tiene un fin (el prejuicio de la finalidad es fuente de
sufrimiento); que hay que dejar de ser lo que se cree ser y desvelar lo que
verdaderamente se es (titánica tarea). Y todo, para llegar a descubrir Contento, Alegría,
que es la manifestación del impulso vital que caracteriza al humano y lo hace
perseverar en la vida. De ahí que Spinoza invite a meditar y reflexionar sobre
la vida y no sobre la muerte, a la que hay que dejar tranquila. Alegría que el
compositor Ludwig van Beethoven (1770-1827) incluye en el cuarto movimiento de su novena
Alegría. “La pobreza más profunda es la incapacidad de alegría”, dejó dicho el finado Benedicto XVI, de nombre secular Joseph Alois Ratzinger, ducentésimo sexagésimo quinto papa de la Iglesia católica. Así que zámpate un plato de huevos fritos con patatas, chorizo, lomo y pimientos, y percibe el goce estético de la ingesta. Ríete de ti mismo. Degusta en el chiringuito un espeto de sardinas y una cerveza bien fría, chúpate los dedos y lame bien la experiencia estética. Sálvate por la ironía. Potencia y dale vidilla al hemisferio derecho de tu cerebro, competente y atento a las relaciones, las cualidades, lo dinámico, el humor, las metáforas…Así tus estares se enriquecerán gracias a una mente, también, en modo holístico. Usa tu imaginación creadora y monta una oficina portátil en la playa, o cubículo a elegir en paraje cercano a tu morada, sin olvidar hamaca, sombrilla, mesita auxiliar, libro, agua, auriculares, crema protectora, almendras, pues contribuirán, sin duda, a mejorar tu placer estético y tu cuota de vida contemplativa. Sé consciente de tu miseria compartida y actúa con benevolencia. Considera, como afirma Jesús G. Maestro, que “lo contrario de la felicidad no es la desdicha ni la infelicidad: es la inteligencia”. Lee, hazte cargo de lo leído y te ahorrarás visitas al gabinete psicológico. Abrázate a la ficción y a la literatura como fuerzas salvadoras y creadoras y constructoras. Escribe Maestro que “la literatura, como la inteligencia, no sirve para ser feliz. Sirve para no ser un idiota” (El fracaso de la felicidad, 2026). Escucha los sonidos de Bach, Mozart, Boccherini, Rossini o Verdi y te ahorrarás psiquiatras. No intentes persuadir a otro de que llevas razón, sea la razón poética, histórica, narrativa, vital, desvalida, estética, pura o atrevida. Ama. El amor es el gran ideal, el único ideal, el ideal ideal que persiste. Llama a una amiga, invítala a comer y comparte risas estéticas. Apúntate a un grupo de lectura y conversa estéticamente con los tertuliantes. Llama a un amigo, convídalo a un café y comparte confidencias estéticas. Por mor de estas y otras actividades que pergeñes, crees y recrees, presentes y representes, disfrutando y penando en la sociedad del bienestar en la que habitas, avanzarás con estética y armónica elegancia en tus estares y alegrías.
José García Guerrero.
Maestro.
“benaltertulias.blogspot.com”.