HILDA KRÜGER 1912-1991
Nacida en 1912 en la ciudad alemana de
Colonia, según unas fuentes, y en Berlín, afirman otras, Hilda forma parte del
imaginario colectivo de la espía —como años antes
lo fue la holandesa Mata-Hari—, imaginario definido, en palabras de Claudia
Domingo como[1]:
«una
mujer semidesnuda que consigue —mediante su
habilidad erótica y su astucia—, situarse en un punto privilegiado de
injerencia política y, en ocasiones, histórica». De nuevo, un cuerpo, una
actriz como herramienta del espionaje, aunque, en este caso, Hilda Krüger no
sobresalía por sus dotes interpretativas, en opinión del historiador Juan
Alberto Cedillo, autor del libro Vida y obra de una espía en México que
afirma: «era mediocre en actuación, pero sí muy hábil para conquistar a la
clase alta de esa época». No son palabras huecas, porque entre sus amantes se
cuentan los millonarios Paul Getty, norteamericano, y durante algún tiempo, el
hombre más rico del mundo, o el alemán Gert von Gontard, a los que conoció
durante su estancia en los Estados Unidos.
Pero, como ya hemos
adelantado, no solo fue actriz, también fue una espía que colaboró con los
nazis durante su estancia en México, país al que había llegado, durante los
primeros años 40, «empujada», literalmente, por la mujer del todo poderoso Joseph
Goebbels, el ministro de Adolf Hitler para la Ilustración Pública y Propaganda,
celosa de la relación que mantenía con su esposo, tan intensa, que el propio
Hitler tuvo que imponer su expulsión ante el problema que le planteaba el
enamorado Goebbels, dispuesto a abandonar familia y trabajo para poder salir
del país con su rubia.
Nuestra futura espía
había hecho sus primeros pinitos como actriz actuando en obras de teatro
escolares. Posteriormente cambió su verdadero nombre: Matilde, por el de Hilde
Krüger, cuando decidió su destino como actriz. Más tarde trabajaría para el
estudio cinematográfico UFA, fuertemente ligado al ministerio de propaganda
nazi, y a su máximo responsable, Joseph Goebbels, quien cayó rendido ante aquella
espectacular rubia que lo había seducido, convirtiéndola en su amante, y
facilitándole aparecer en las películas que producía la UFA. Sus primeros
papeles, como actriz secundaria, en cortos como Halb und halb o Die
abschieds synphonie, ambas de 1934, le llevarían a su primer papel más
relevante en el largometraje Sie und die Drei, en 1935, una comedia, con
el espionaje como argumento principal, que fue vista en Estados Unidos y en
otros países europeos con el título adaptado al inglés: She and the Three,
lo que nos puede llevar a especular si fue una premonición de lo que Hilde
protagonizaría pocos años después.
Después de intervenir
en unas cuantas películas, en 1939 se casó con un alemán (al parecer con
antepasados judíos) y salió de Alemania para establecerse en Londres, donde
residió hasta al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se trasladó
a Estados Unidos donde intentó proseguir, infructuosamente, su carrera de
actriz en Hollywood, a pesar de los romances que sostuvo con pesos pesados de
la industria. Poco después, en 1941, se trasladó a México, a instancias de las
autoridades nazis, que conocían su ardor nacionalista, con el objetivo de ayudar
a que Alemania tuviera acceso al abundante petróleo mexicano (además de otros
recursos) para su plan de invadir la Unión Soviética. Su excusa era adquirir
asilo y así poder divorciarse de su marido judío. De nuevo daría rienda a sus
dotes de femme fatale conquistando a prohombres poderosos como Ramón
Beteta, subsecretario de hacienda y miembro del Consejo del Banco Nacional de
México, o el entonces secretario de Gobernación Miguel Alemán, quien más tarde
sería presidente de México entre 1946 a 1952. Se casó con Nacho de la Torre,
yerno del presidente Porfirio Díaz, del que se divorciaría para casarse con el
venezolano, y magnate azucarero, Julio Lobo Olavarría, quien le regalaría un
lujoso apartamento frente a Central Park en la ciudad de Nueva York, donde
viviría hasta el final de su vida, si bien falleció en 1991 durante una visita
en Alemania. El matrimonio había durado apenas un año.
Su faceta de actriz la
siguió cultivando en el cine mexicano, interviniendo en varias películas en las
que conoció a un buen número de profesionales españoles, exiliados en aquel
país durante la guerra civil española. Entre ellas destacamos Casa de
Mujeres (1942), donde coincide con actores españoles exiliados como José
Baviera, Anita Blanch, Consuelo Guerrero de Luna o Amparo Morillo, actriz de la
que se hizo muy amiga y que le ayudó su la redacción de una biografía de
Malinche, la amante de Hernán Cortés: Malinche o El adiós a los mitos,
publicada en1944. La revisión de otros dos libros, un estudio dedicado a sor
Juana Inés de la Cruz: Su imagen en mi espejo, y Lynch o la tragedia
como destino, publicadas ambas en 1947, la realizaría otra exiliada
valenciana, Concepción Tarazaga Colomer, catedrática de la Escuela Normal
durante la Segunda República, afiliada a la UGT, que llegó en el «Mexique» en
1939. Otras películas en las que intervino: Aventura, que dirigió el
toledano de José Díaz Morales, con varios actores y actrices españolas como Julio
Villarreal, Prudencia y Maruja Grifell y María Gentil Arcos; Adulterio,
de nuevo bajo la dirección de Díaz Morales, y varios actores y actrices de la
anterior; Bartolo toca la flauta, con el actor español Daniel Arroyo o El
que murió de amor, dirigida por otro toledano, Miguel Morayta, con la
actriz española, ya citada, Amparo Morillo. Todas ellas realizadas en 1945.
Con relación a sus
actividades como espía nazi, si bien trató de pasar desapercibida, oculta en su
faceta de actriz, y muy acomodada en sociedad de aquel país (donde había
llegado a matricularse en la universidad para estudiar su historia), finalmente,
fue descubierta por el contraespionaje estadounidense, que ya estaba sobre
aviso y sospechaba de sus actividades, avisados de su romance con Goebbels en
Alemania y por ser inmigrante alemana en México. A todo ello se podía unir a
ese perfil «adecuado» al que nos referimos al principio del artículo. No
obstante, esa red de gente poderosa e influyente, de la que se había encargado
de encantar durante esos años, fue fundamental para salir librada de los
delitos que se le imputaban. Según sus biógrafos, abandonó el espionaje y poco
después regresó a Alemania donde intervino en la comedia Zum goldenen Ochsen,
dirigida por Hans Tommer en 1958, bajo el nombre de Hilde Krüger.
De nuevo regresaría a
México en busca de una oportunidad como actriz. Fue un esfuerzo infructuoso, y
no tuvo suerte, por lo que se despidió para siempre del mundo artístico y, como
ya sabemos, acabó su vida en el lujoso apartamento que le había regalado su
último marido. Falleció el 8 de mayo de 1991 durante una visita en Lichtenfels,
Alemania.
Rosa M
Ballesteros García
Vicepresidenta del Ateneo
Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”