Buñuel y el «Banquete de los genios»
El
aragonés Luis Buñuel es, indudablemente, uno de los grandes directores de cine
a nivel internacional. Nació en Teruel en 1900 y murió en México en 1983, arrastrado
por el exilio, tras la Guerra Civil, después de haber vivido en Francia y en los
Estados Unidos entre 1940 y 1946; primero en Nueva York, donde trabajó un par
de años para la Oficina de Asuntos Interamericanos, dirigiendo doblajes en la
Filmoteca del Museo de Arte Moderno, restaurando y editando películas de
propaganda.
Su
siguiente destino fue la ciudad de Los Ángeles, Hollywood, meca de la industria
del cine, con la esperanza de ser contratado como director, si bien su trabajo se
limitó como encargado de los doblajes al español para la Warner hasta 1945, año
en que los estudios cerraron las secciones de doblaje. Buñuel había llegado
avalado por sus trabajos de los años 30 con un par de joyas del surrealismo: La
edad de oro y Un perro andaluz, además del controvertido documental Las
Hurdes, tierra sin pan, producido en 1933 y vetado por el gobierno de la Segunda República, que
decidió prohibirla por la mala imagen que presentó de España[1]. En 1937 se presentó en Francia,
con el mismo resultado que en nuestro país. Es interesante señalar, como
afirmación de su personalidad, que otro tanto le ocurriría en 1950, ya en
México, con su película Los olvidados, exhibida apenas unos días. Sólo
le salvó su expulsión del país el gran éxito obtenido como mejor director de la
película en Cannes, y la defensa de algunos intelectuales, como el Nobel
mexicano Octavio Paz.
Volviendo
de nuevo a su salida de Nueva York, y en opinión general, este fue un traslado
forzado, o más bien «reforzado» por su perfil político. A este respecto, el
escritor Carlos Fuentes en su libro Personas, publicado en 2012, recoge
el hecho de que, en una entrevista hecha a su compadre Salvador Dalí a su
llegada por entonces a Nueva York, este lo describiera como anarquista,
comunista, ateo y maniaco sexual. A raíz de esta entrevista Buñuel se vio
obligado (o le obligaron) a renunciar a su trabajo, no sin antes, siguiendo el
libro de Fuentes, Buñuel citase en el bar de un hotel a Dalí para decirle: «Vine
decidido a romperte la cara [de hecho, se la hubiera roto, dado que Buñuel
practicaba el boxeo], pero al verte me venció el recuerdo de nuestra vieja
amistad. Sólo te diré que eres un hijo de puta». Como se sabe, ambos eran
amigos desde la época en la Residencia de Estudiantes. Lo cierto, y de ello se
hacen eco algunos de sus biógrafos, como Fernando G. Martín en su libro El
ermitaño errante: Buñuel en Estados Unidos, que fue interrogado varias
veces por las autoridades de aquel país e, incluso, vigilado a partir de una
denuncia anónima en 1945. No tuvo tanta suerte su mejor amigo y compañero en la
Warner José Rubia Barcia, profesor entonces en la Universidad de Los Ángeles.
Víctima de la famosa «Lista negra», tuvo que trasladarse a Portugal huyendo de
la deportación.
La
estancia de Buñuel en los Estados Unidos significaría, como se ha escrito, una
gran paradoja, pues si bien no logró dirigir ninguna película durante los años
que permaneció allí, a pesar de que lo intentó con varios proyectos, finalmente
los grandes «patrones» de la industria del cine se le rindieron a su genio, más
de dos décadas después, dedicándole uno de los homenajes más legendarios de su
historia. El acontecimiento, extraordinario, lo narra Manuel Hidalgo en su
ensayo: El banquete de los genios, publicado en 2019. El hecho sucedió
en 1972, en la cima de su éxito, tras haber obtenido el Óscar a la Mejor
Película extranjera con El discreto encanto de la burguesía, protagonizada
por el gran actor Fernando Rey, republicano, como Buñuel[2]. El homenaje fue organizado por el
director George Cukor (My Fair Lady, Historias de Philadelphia) con
una cena de gala en la que se dieron cita nueve de los más grandes realizadores
estadounidenses, entre ellos: Alfred Hitchcock, gran admirador del aragonés, Billy
Wilder, Robert Mulligan, Robert Wise, John Ford, William Wyler, Rouben
Mamoulian y George Stevens.
Entre
1931, la primera vez que visitó los Estudios de Hollywood y 1947, cuando dirige
en México Gran Casino, protagonizada por dos estrellas del cine
mexicano, Jorge Negrete y Libertad Lamarque, habían pasado casi dos décadas de
sequía como director (por cierto, en la citada película figuran actores
exiliados españoles como Julio Villarreal, José Baviera o Francisco Jambrina). Durante
los primeros años de 1930 trabajó en París dirigiendo doblajes para la
Paramount y también para la Warner en Madrid. En 1935 pasó a dirigir los
estudios Filmófono, con gran éxito, pero en 1936 estalló la Guerra Civil y tuvo
que exiliarse a Francia. De esta época (1935 y 1936), produjo con cuatro películas
para Filmófono, entre ellas La hija de Juan Simón, dirigida por Buñuel, José
Luis Sáenz de Heredia y Nemesio Sobrevila, cinta protagonizada por el famoso
Angelillo y Carmen Amaya.
Podemos resumir que
nuestro personaje, sin dudar, ha sido uno de los grandes directores del cine
mundial, como ya apuntamos, aunque su carrera profesional y su vida particular fueron
muy complicadas debido, no cabe duda, a su particular carácter. En el prólogo a
las memorias del genio, Mi último suspiro, el también cineasta David
Trueba escribe: «Buñuel fue un hombre libre, condicionado por sus cabezonerías
y su personalidad…», pero nos ha legado películas como Un perro andaluz,
Los Olvidados, El ángel exterminador, Viridiana o Belle
de Jour, rodadas en España, México y Francia: joyas de la historia del
cine.
Rosa M Ballesteros
García
Vicepresidenta del Ateneo Libre
de Benalmadena
“benaltertulias.blogspot.com”
[1]
Se convirtió en referencia
en el cine documental a partir de que el prestigioso Festival de Cine de
Mannheim (Alemania) en 1964 la incluyera entre los doce mejores documentales de
la historia. El documental fue financiado por un amigo de Buñuel, el anarcosindicalista
Ramón Acín.
[2] Hijo de un coronel republicano,
encarcelado varios años tras finalizar la guerra, Fernando estuvo retenido,
hasta que se fugó, en un campo de prisioneros en Valencia.