SOLEDADES
Estar solo es el primer riesgo de ser
libres…
Y el riesgo de no ser libres es
también estar solos.
(Antonio Gala.
El cementerio de los pájaros, 1982).
Aparece
por estos lares la soledad como virus pandémico, como tsunami que arrasa la
existencia de los contemporáneos humanos de una porción del globo terráqueo.
Epidemia de soledad convertida en titular de medios de comunicación y asunto de
salud mental. Soledades “no deseadas” engrosan los problemas de salud y lapidan
la vida digna. Componentes sociales y políticos son determinantes, entre otros
motivos, de la escasa salud de los solitarios sintientes. Negativa soledad,
mala soledad que enferma, angustia, deprime, aísla. Como que las soledades se dispararon
en la pandemia del COVID/19, unas creativas y productoras, otras depresivas y
suicidas, otras jubilosas y alegres, otras aburridas y cansinas…Los Ministerios
de la Soledad pueden incrementarse en los próximos años en una parte del mundo. El “botón rojo” de teleasistencia de la
Administración opera para los dependientes, las personas mayores y las soledades.
Soledumbre;
gente sola; lacra de la soledad; soledad elegida; soledad que mata; echo de
menos la soledad; soledad creativa; la soledad del que se siente solo; soledad
del líder; me pesa la soledad; soledad del poder; Cien
años de soledad: “las estirpes condenadas a cien años de soledad no
tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”; soledad del discapacitado;
soledad del reo; dificultad de vivir en sociedad; sola se quedó y murió; las soledades sonoras de dos juanes: San Juan de la
Cruz (1542-1591) y Juan Ramón Jiménez (1881-1957); doscientos cincuenta
amigos/contactos en las redes X o TikTok o Facebook…, solos; soledad
contemplativa; Soledad, nombre de mujer; soledad necesaria; de la noche a la
mañana se quedó sola; soledad por abandono; soledad buscada; te ganaste la
soledad en la que ahora te encuentras, premio o castigo; Ortega y Gasset
(1883-1955) y “la soledad fundamental del yo frente a sus circunstancias”;
soledad de hospital; lobo solitario; soledad como condena; soledad edificante;
solos que reciben visitas de voluntarios para conversar un ratico; nueva
profesión: oyente; el “amor…dos soledades que se protegen”,
que en versos puso Rainer Maria Rilke (1875-1926); soledad monacal; soledad
gustosa; soledad abominable; personas mayores solas; más vale solo que mal
acompañado; aplicación del teléfono móvil para mitigar la soledad, IA te
acompaña y consuela; incapacidad de estar solos; famosa frase mil veces citada
de Blas Pascal (1623-1662): “todos los problemas que tiene el hombre es de no
saber estar solo y en silencio en una habitación”…(sigan ustedes).
Algunas
personas palian la soledad con voluntad, como pueden y entienden. Así, el desencanto
del mundo, las experiencias y los desengaños, llevan a Fray Luis de León
(1527-1591) a escribir: “Vivir quiero conmigo,/gozar quiero del bien que debo
al cielo,/a solas, sin testigo,/libre de amor, de celo,/de odio, de esperanza,
de recelo”. Hay al que sus pensamientos les son suficientes y tan pancho. Lope
de Vega, Fénix de los Ingenios: “A mis soledades voy,/de mis soledades
vengo,/porque para andar conmigo/me bastan mis pensamientos”. Otros, con un
hatillo de libros se conforman. A don Francisco de Quevedo (1580-1645),
admirador de Lope al principio, su rival y crítico más tarde, los libros le
acompañaban y le enriquecían en su soledad: “Retirado entre la paz de estos
desiertos,/con pocos pero con doctos libros juntos,/vivo en conversación con los
difuntos y escucho con mis ojos a los muertos”. A veces asoman el abandono y la
soledad por una pérdida, cuando las expectativas miran y miman a un ideal o
persona o proyecto. Antonio Machado, desgarrado ante la pérdida de su esposa
Leonor, escribe: “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería./Oye otra vez,
Dios mío, mi corazón clamar./Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía,/Señor,
ya estamos solos mi corazón y el mar”. La pérdida, la desesperación y la
soledad se expresan dramáticamente en el aria que canta la protagonista de la
ópera “Manon Lescaut” del compositor Giacomo Puccini (1585-1924): “Sola,
perdida, abandonada…/en un país desolado./¡Horror! A mi alrededor/se oscurece
el cielo…/¡Ay de mí…estoy sola!/¿Desfallezco en el/profundo desierto,/cruel
angustia,/ah, sola y abandonada…”. Pueden ver y escuchar esta pieza
interpretada por la soprano italiana Daniela
Dessi (1957-2016) en el liceo de Barcelona, aquí: https://youtu.be/LndFMZ-sYWM?si=VtvGMx5hsqKrL6kt
En
un atrevido, valiente y destacado empeño, el escritor santanderino Juan Gómez
Bárcenas, publicó en 2024 el ensayo narrativo Mapa de
soledades. Partiendo de la
afirmación de que “la soledad es buena hasta que te sientes solo”, este autor
aborda en trece capítulos las diferentes formas de experimentar la soledad para
bien y para mal, así como los motivos que llevan a muchos hombres y mujeres a
vivir en este estado. Historias y vidas de personajes literarios e históricos
de diferentes épocas y lugares: kikimoris
japoneses jóvenes ajenos a toda interacción social; las soledades de los
migrantes mexicanos en la frontera con EEUU; la soledad del ama de casa; la
soledad de los que intentan salir del armario; la historia del náufrago español
Pedro Serrano (s. XVI), inspirador de Robinson Crusoe;
la peripecia del escritor Horacio Quiroga, obsesionado con vivir en la selva,
lejos de la urbe; la soledad de “Hitler, que se convirtió en Führer de muchos
millones de solitarios como él. Así es como el totalitarismo quiere a sus
súbditos”…Y un sinfín de personajes reales y ficticios con sus aventuras y
desventuras, con las soledades queridas o soportadas. Nos dice este ensayista
que “el problema no es la soledad, sino lo que uno hace con ella”. Nos dice
Juan que “la soledad comienza por una piel que necesita el contacto con otra
piel”. Nos dice Gómez que “nuestro tiempo olvida la dimensión positiva de la
experiencia de estar solos”. Nos dice Bárcenas que “existen dimensiones del
mundo que solo llegamos a conocer en y a través de la soledad”.
Si
hay un personaje fascinante en la búsqueda de soledad y libertad, esa es
Marcela, la pastora que aparece en el capítulo XIV, primera parte, del Quijote. La hacendada Marcela, pues tenía “riquezas
propias y no codiciaba las ajenas”, transmutada por voluntad propia en pastora,
ruega a los humanos todos y a los enamorados de su belleza y donosura, que la
dejen en paz y tranquila en los montes. Esta chica es que lo tenía muy claro.
Cómo estaría Marcela de harta, que hasta un contundente discurso tuvo que dar
para que la dejaran vivir sola: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí
la soledad de los campos; las claras destos arroyos, mis espejos; con los
árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura”.
Demos
un giro a este maxiartículo de Guerrero y abordemos otra cara del negocio.
Pasemos de un personaje cervantino de ficción a un hombre actual, llamado
Sylvian Tesson por más señas. Este señor, nacido en París en 1972, quiso
experimentar la soledad en propia carne antes de cumplir cuarenta años. Así que
se consiguió una cabaña y se fue a vivir durante seis meses a orillas del lago
Baikal, en la Rusia siberiana. Plasmó en un diario todas sus sensaciones,
observaciones, reflexiones sobre el tiempo, el espacio, la libertad interior,
el ritmo de la naturaleza…Allí encontró la felicidad, confiesa el afortunado.
Allí ganó la batalla contra el exceso de objetos, consiguió adelgazar la vida,
liberarse de lo pesado del existir. Allí consoló la ausencia de su familia y
conocidos con sus recuerdos. Allí, reino de la simplificación, todo lo ocupó
los pequeños placeres, convertidos en liturgias: cortar leña, escribir, sacar
agua, pescar, leer -se llevó sesenta y tres libros-, tomar té. Allí la soledad
fue una conquista que le permitió el goce de las cosas. Allí, en la taiga,
sufrió una metamorfosis, domesticó el tiempo, conoció la felicidad, la
desesperación y la paz, sobre todo la paz de quedarse inmóvil. No le fue mal
por lo que vemos al aventurero galo. Se cuenta esta experiencia en el libro Dans les forêts de Sibérie, 2016, traducido al
español con el título La vida simple, a todas
luces extraño, a todas luces comercial.
Un
adalid de la soledad, que consideraba el “ser para uno mismo” lo más importante
del mundo y un deber el “repliegue interior”, fue Michel de Montaigne
(1533-1592), autor de Los ensayos. Llegaba a
tal su salvífico concepto de la soledad, que consideró que los seres humanos
debemos “reservarnos una trastienda del todo nuestra, del todo libre, donde
fijar nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad. En ella
debemos mantener nuestra habitual conversación con nosotros mismos, y tan
privada que no tenga cabida ninguna relación o comunicación con cosa ajena”. En
definitiva, tenerte a ti mismo, retirada interior, gobierno de ti, libre de
ataduras que te alejen de ti, acogiendo la soledad para gozarla.
Signifiquemos
y reconozcamos que en la contemporaneidad se producen resistencias ante la
continua presión por estar siempre disponibles, conectados, consumiendo tiempo
y productos. Resistencia para conquistar soledad como derecho que nos haga,
rehaga y nos proporcione mejor vida. El escritor Fernando Aramburu, en su obra Autorretrato sin mí (2018), expresa
que no se concibe sin su “concha de caracol”, a la que él llama soledad: “Yo
apenas me alejo de mi soledad…Me preguntan: ¿De dónde eres? Les respondo: Soy
de mi soledad, el país que jamás abandono vaya donde vaya”. Y es que gracias a
la concha de caracol puede replegarse y dirigirse la palabra y clasificar
cuanto pasa por su lado y por su vida. Es la soledad el país que le alienta y
da calor y le proporciona la combinación precisa para crear la sinfonía de las
palabras que leemos en sus extraordinarias obras.
Hay
la tentación de huída del mundo, de alejarse de la presión que este ejerce. Hay
desligamiento, desapego, retiro, provocados por mediación tecnológica,
cansancio existencial, hostilidad social o vaya usted a saber. Hay la búsqueda
de refugio interior, encierro, escapismo. Mas la existencia conlleva lazos,
convivencia, responsabilidad, riesgos, deseos, contingencias, fatigas, roces… Y
es que, como escribe el profesor Joan Carles Mèlich, “Nadie puede estar solo,
nadie sobrevive solo, siempre están presentes espectros, siempre regresan
viejos fantasmas” (El escenario de la existencia, 2025).
Y también acontece que en tu hogar las cosas, los objetos, se mantienen siempre
quietos si tú y solo tú los mueves de un lado a otro de vez en cuando. Si no
hay otro que coja, recoja, mueva y remueva los objetos, las cosas, la soledad
rampante deambula a sus anchas, sin danza alguna de las cosas que te interpele
y avise de que no estás solo, de que con/vives. Solos, sin relación
intersubjetiva, ¿qué somos? La malagueña María Zambrano (1904-1991) definió al
ser humano como “soledades en convivencia”.
Percibimos
en consecuencia que la soledad, como tantas cosas y situaciones, tiene una
miríada de formas de sentirla, considerarla, vivirla, según caracteres,
historias vitales y circunstancias. Y es que hay tanta variedad de soledades
como yogures en Mercadona. Ahora bien, sea la soledad que sea la que nos toque
llevar/sobrellevar, por favor, que no sea la fea, es decir, la de la no
convivencia, la del abandono, la de la indiferencia, la del olvido, la de la
pérdida, la de la ausencia de amor. Que la fea soledad no nos lacere ni zahiera
ni doblegue, que se deje torear y nos brinde una faena antológica. Y que
después, contando con tejido comunitario bien trabado en cuidados y apoyos para
todos, pero especialmente para los vulnerables por causas naturales o sociales
o derivadas de desaciertos o enfados de fortuna, nos permita dar algunos lances
de capa y varios pases de muleta (ahora se dice “disponer de herramientas”),
culminando airosos en la suerte suprema con el toro de la mala soledad, presto
para la puntilla. Pues eso.
José
García Guerrero.
Maestro
El Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com