MIGUEL CAMPINS AURA (1880-1936)
UN GENERAL DE ÉLITE, VÍCTIMA
DE SU PROPIO PUNDONOR
Se trata, sin lugar a dudas, de
un auténtico profesional de la milicia que hizo gala de una integridad moral y una lealtad que lo erigen
como un ejemplo indiscutible en la historia del ejército español en el primer
tercio del siglo XX.
Nació en Alcoy (Alicante) en 1880
hijo de Miguel Campins Cort, un teniente llegado al ejército como soldado
voluntario y que tras servir largos años en Cuba alcanzó la oficialidad. Viviendo retornado en
Valencia, en la epidemia de cólera de 1885, fallecieron tanto su mujer, Juana
Aura Calvo como un segundo hijo, César, circunstancia que le hace volver a
pedir destino en Cuba en donde el pequeño Miguel comienza sus estudios
primarios.
En 1898 vuelve definitivamente de
Cuba, con el grado de Teniente Coronel, y una nueva esposa, estableciendo su
residencia en Barcelona, pero no ha descuidado la atención de su hijo que al
cuidado de unos familiares había ingresado en el Colegio Preparatorio Militar
de Trujillo en 1896, accediendo al año siguiente a la Academia de Infantería de
Toledo a los diecisiete años (1897) en donde obtiene su graduación como segundo
teniente en un curso abreviado de un año por la necesidad de oficiales que
impuso la guerra de Cuba, siendo destinado a Cataluña en donde permanecerá ocho
años ascendiendo a primer teniente y destinado en 1906 a Fuerteventura en donde
permanece los dos años siguientes.
En 1908 supera las pruebas de
acceso a la Escuela Superior de Guerra en Madrid, en donde, ascendido a Capitán de Estado Mayor, es destinado
a Melilla para realizar las prácticas correspondientes en la guerra contra los
rifeños. Su comportamiento le valen la obtención de dos Cruces de Primera Clase
al Mérito Militar con distintivo rojo y otras dos Cruces de Primera Clase de
María Cristina. En 1913, para completar estas prácticas es destinado al
Depósito de Guerra hasta final de año en que se le concede el Diploma de Estado
Mayor con el nº 1 de la XIII promoción de la Escuela Superior de Guerra, para
ser destinado de nuevo a África, al Batallón de Cazadores “Las Navas” de
guarnición en Arcilla, ciudad portuaria al noroeste de Marruecos, a mitad de
camino entre Tánger y Larache, y en cuyo desempeño es ascendido a Comandante en
1915 obteniendo una nueva Medalla al Mérito Militar de Primera Clase con
distintivo rojo.
Vuelve a Alcoy donde establece
relaciones con la que sería su esposa, María Dolores Roda Rovira, con la que se
casa a finales de 1916 estableciendo su residencia en Madrid donde nacería su
primer hijo, Miguel. Dos años después es destinado como Comandante Mayor al
Regimiento del Príncipe en Oviedo, en donde nace su segundo hijo Antonio.
Conoce allí al Comandante Francisco Franco.
En 1919 Campins está destinado en
Madrid y en Febrero de 1921 ascendido a Teniente Coronel y una vez pasado el
“desastre de Annual” es destinado de nuevo a Marruecos, a Melilla, para
integrarse en los planes de recuperación del terreno perdido, en los que sus
actuaciones son nuevamente reconocidas. Realiza ahora un breve curso que le
capacita para ser jefe de bases aéreas con cuyos conocimientos participa en la
contienda africana, aunque no llegó a obtener el título de piloto.
La presentación del expediente
del General Picasso precipita la política peninsular propiciando el golpe
militar de Primo de Rivera que dispone de acuerdo con Francia el desembarco de
Alhucemas, tras el que es destinado a Ronda en 1924, y ascendido a Coronel dos
años después con nuevo destino en África hasta 1927 en que es reclamado para
formar parte de la Comisión organizadora de la Academia General Militar de
Zaragoza.
Esta Academia fue instituida por
Primo de Rivera en 1928 para conseguir la unidad o reunificación militar,
terminando con las discusiones entre las distintas armas y las
profesionalidades inherentes a cada una de ellas, entre los partidarios de los
ascensos por escalafón y los partidarios de los méritos de guerra como era el
caso de los africanistas. Para director
de la Academia se eligió a Franco, ejemplo de africanista ascendido por méritos
de guerra, que ya era general, pero cuya cultura dejaba mucho que desear más
allá de lo obtenido en la guerra irregular de Marruecos al frente de tropas
mercenarias regulares y legionarios, es decir, era considerado un militar
absolutista y propio del despotismo ilustrado, poco dado ya en aquello tiempos
a las ideas liberales.
Para subdirector se eligió a Campins,
que aunque era también africanista, constituía un perfil opuesto por su
formación académica e idóneo para la
jefatura de estudios por su mayor nivel cultural, había hecho el curso de
Estado Mayor, y conocía bien tanto el francés como el inglés, y su presencia
enaltecía al centro sin menoscabo de su lealtad y disciplina probadas. Sus
objetivos declarados fueron la educación en primer lugar y la instrucción en
segundo, es decir lo importante era formar hombres que luego serían soldados, puntos
que coincidían con los de la Institución Libre de Enseñanza que fundara Giner
de los Ríos y que sin duda conocía, lo que significaba un claro avance
progresista dentro de la rigidez militar del momento. Campins dejó una obra inédita sobre la
organización y funcionamiento de la Academia, en la que demuestra su altura
intelectual. En 1929 solicitó y llevó a cabo el curso de ascenso a general.
Instaurada la II República, la
Academia fue clausurada en el verano de 1931, en un acto que se interpretó como
una animadversión del jefe del Gobierno, Manuel Azaña, hacia los militares que
reprobaban su actuación con la excepción curiosa del General Queipo de Llano,
consuegro del Presidente la República, Alcalá Zamora. Los movimientos
antirrepublicanos y promonárquicos comienzan a moverse en el ejército pero no
parece que Campins, destinado, ahora, a
Gerona en donde contribuye a evitar problemas en la revolución de Octubre a las
órdenes del general Batet, se implicara en ellos. Más tarde, a finales de 1934, es destinado a
Zaragoza.
Pasadas las elecciones de Febrero
del 1936, Campins es elevado, por fin, a la categoría de general, paso que
lleva años esperando y que debió estar frenado en el ministerio, por posibles
desconfianzas políticas y quizás también por la falta de interés del propio
Franco, a la sazón segundo del ministro Gil Robles, y dos meses más tarde destinado a
Granada, a donde llega el 10 de Julio, a una plaza en la que todos los mandos
militares están en la conspiración para la rebelión de la que no tiene
conocimiento porque nadie le ha contactado, ni le ha puesto sobre aviso en
Madrid, en un claro ejemplo de deslealtad y desconfianza, que incluye una
probable entrevista con el propio Franco que había partido el día anterior a su
nuevo destino en Canarias.
Queipo de Llano, pretextado un
viaje rutinario llega a Sevilla el día 17 de Julio, conociendo que los
oficiales estaban comprometidos con el alzamiento pero no los jefes, por lo que
detiene al general comandante y comienza a hacerse con el control de la ciudad
para lo que contó con la guarnición de la ciudad, 2.600 soldados, más 1.500 de
los regimientos de infantería, caballería y artillería, más las fuerzas de la
Guardia Civil, y ,no obstante, para reducir la resistencia de los barrios
obreros necesitó la ayuda de efectivos llegados directamente de África y que
hasta el día 24 no consiguieron tener controlada la ciudad.
En Granada no se produjo ninguna
alteración del orden público por lo que Campins, que necesitaba una excusa, no
publicó el bando de guerra hasta el día 20 por la tarde por lo que Queipo, que
había hablado con él exigiendo la declaración del estado de guerra, sin darse a
conocer, lo destituyó por radio el día 21 y Campins fiel cumplidor de las
ordenanzas entrega el mando al Coronel más antiguo y se recluye en su pabellón
oficial. Al día siguiente, 22 de julio, recibe la comunicación oficial de que
está detenido, día en que estaba ya procesado y condenado a muerte sin que él
lo supiera.
El día 26 de Julio llega el
general Orgaz a Granada pero no va a visitar a Campins y se marcha a Sevilla
donde se reúne con Franco y Queipo el día 28, reunión en la que, con toda
probabilidad, se hablaría del general arrestado, que el día 4 de Agosto fue
trasladado en avión a Sevilla en donde se pusieron en marcha las formalidades
necesarias del procesamiento sumarísimo que concluiría con la confirmación de
la pena de muerte que no se llevará a cabo hasta recibir el conforme de la
Junta de Burgos solicitado por Queipo. El día 16 de Agosto a las seis de la
mañana Campins fue fusilado en las murallas de la Macarena en Sevilla y su
cuerpo enviado al cementerio sevillano.
Parece evidente que Campins fue
fusilado con el consentimiento de Franco y demás generales de la Junta, no solo
por su falta de presteza, también porque era un estorbo, conocida su modernidad,
lealtad y escrupulosidad y un posible competidor por su pertenecía a la élite
del ejército que atestiguaba su curriculum y que lo situaba muy por encima de
la calaña de los golpistas. Nada más fusilarlo comenzó la campaña de
desprestigio en su contra, con la publicación del libro “Rojo y Azul” de los
periodistas de “El Ideal de Granada”, Guillonet Mejías y González López que fue
retirado a instancias de presiones familiares en Noviembre de 1938.
Jesús
Lobillo Ríos
Presidente
del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
Bibliografía
Touran Yebra M.-“El General
Miguel Campíns y su época”. Tesis Doctoral. UCM. 2002
Preston P.-“Los arquitectos del
terror”. Debate 2021
Thomas H.-“La guerra civil
española”. Grijalbo 1976.