domingo, 13 de septiembre de 2026

Buñuel

Buñuel y el «Banquete de los genios»

 

El aragonés Luis Buñuel es, indudablemente, uno de los grandes directores de cine a nivel internacional. Nació en Teruel en 1900 y murió en México en 1983, arrastrado por el exilio, tras la Guerra Civil, después de haber vivido en Francia y en los Estados Unidos entre 1940 y 1946; primero en Nueva York, donde trabajó un par de años para la Oficina de Asuntos Interamericanos, dirigiendo doblajes en la Filmoteca del Museo de Arte Moderno, restaurando y editando películas de propaganda.

Su siguiente destino fue la ciudad de Los Ángeles, Hollywood, meca de la industria del cine, con la esperanza de ser contratado como director, si bien su trabajo se limitó como encargado de los doblajes al español para la Warner hasta 1945, año en que los estudios cerraron las secciones de doblaje. Buñuel había llegado avalado por sus trabajos de los años 30 con un par de joyas del surrealismo: La edad de oro y Un perro andaluz, además del controvertido documental Las Hurdes, tierra sin pan, producido en 1933 y vetado por el gobierno de la Segunda República, que decidió prohibirla por la mala imagen que presentó de España[1]. En 1937 se presentó en Francia, con el mismo resultado que en nuestro país. Es interesante señalar, como afirmación de su personalidad, que otro tanto le ocurriría en 1950, ya en México, con su película Los olvidados, exhibida apenas unos días. Sólo le salvó su expulsión del país el gran éxito obtenido como mejor director de la película en Cannes, y la defensa de algunos intelectuales, como el Nobel mexicano Octavio Paz.

Volviendo de nuevo a su salida de Nueva York, y en opinión general, este fue un traslado forzado, o más bien «reforzado» por su perfil político. A este respecto, el escritor Carlos Fuentes en su libro Personas, publicado en 2012, recoge el hecho de que, en una entrevista hecha a su compadre Salvador Dalí a su llegada por entonces a Nueva York, este lo describiera como anarquista, comunista, ateo y maniaco sexual. A raíz de esta entrevista Buñuel se vio obligado (o le obligaron) a renunciar a su trabajo, no sin antes, siguiendo el libro de Fuentes, Buñuel citase en el bar de un hotel a Dalí para decirle: «Vine decidido a romperte la cara [de hecho, se la hubiera roto, dado que Buñuel practicaba el boxeo], pero al verte me venció el recuerdo de nuestra vieja amistad. Sólo te diré que eres un hijo de puta». Como se sabe, ambos eran amigos desde la época en la Residencia de Estudiantes. Lo cierto, y de ello se hacen eco algunos de sus biógrafos, como Fernando G. Martín en su libro El ermitaño errante: Buñuel en Estados Unidos, que fue interrogado varias veces por las autoridades de aquel país e, incluso, vigilado a partir de una denuncia anónima en 1945. No tuvo tanta suerte su mejor amigo y compañero en la Warner José Rubia Barcia, profesor entonces en la Universidad de Los Ángeles. Víctima de la famosa «Lista negra», tuvo que trasladarse a Portugal huyendo de la deportación.

La estancia de Buñuel en los Estados Unidos significaría, como se ha escrito, una gran paradoja, pues si bien no logró dirigir ninguna película durante los años que permaneció allí, a pesar de que lo intentó con varios proyectos, finalmente los grandes «patrones» de la industria del cine se le rindieron a su genio, más de dos décadas después, dedicándole uno de los homenajes más legendarios de su historia. El acontecimiento, extraordinario, lo narra Manuel Hidalgo en su ensayo: El banquete de los genios, publicado en 2019. El hecho sucedió en 1972, en la cima de su éxito, tras haber obtenido el Óscar a la Mejor Película extranjera con El discreto encanto de la burguesía, protagonizada por el gran actor Fernando Rey, republicano, como Buñuel[2]. El homenaje fue organizado por el director George Cukor (My Fair Lady, Historias de Philadelphia) con una cena de gala en la que se dieron cita nueve de los más grandes realizadores estadounidenses, entre ellos: Alfred Hitchcock, gran admirador del aragonés, Billy Wilder, Robert Mulligan, Robert Wise, John Ford, William Wyler, Rouben Mamoulian y George Stevens.

Entre 1931, la primera vez que visitó los Estudios de Hollywood y 1947, cuando dirige en México Gran Casino, protagonizada por dos estrellas del cine mexicano, Jorge Negrete y Libertad Lamarque, habían pasado casi dos décadas de sequía como director (por cierto, en la citada película figuran actores exiliados españoles como Julio Villarreal, José Baviera o Francisco Jambrina). Durante los primeros años de 1930 trabajó en París dirigiendo doblajes para la Paramount y también para la Warner en Madrid. En 1935 pasó a dirigir los estudios Filmófono, con gran éxito, pero en 1936 estalló la Guerra Civil y tuvo que exiliarse a Francia. De esta época (1935 y 1936), produjo con cuatro películas para Filmófono, entre ellas La hija de Juan Simón, dirigida por Buñuel, José Luis Sáenz de Heredia y Nemesio Sobrevila, cinta protagonizada por el famoso Angelillo y Carmen Amaya.

Podemos resumir que nuestro personaje, sin dudar, ha sido uno de los grandes directores del cine mundial, como ya apuntamos, aunque su carrera profesional y su vida particular fueron muy complicadas debido, no cabe duda, a su particular carácter. En el prólogo a las memorias del genio, Mi último suspiro, el también cineasta David Trueba escribe: «Buñuel fue un hombre libre, condicionado por sus cabezonerías y su personalidad…», pero nos ha legado películas como Un perro andaluz, Los Olvidados, El ángel exterminador, Viridiana o Belle de Jour, rodadas en España, México y Francia: joyas de la historia del cine.

                             Rosa M Ballesteros García

                Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmadena

                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Se convirtió en referencia en el cine documental a partir de que el prestigioso Festival de Cine de Mannheim (Alemania) en 1964 la incluyera entre los doce mejores documentales de la historia. El documental fue financiado por un amigo de Buñuel, el anarcosindicalista Ramón Acín.

[2] Hijo de un coronel republicano, encarcelado varios años tras finalizar la guerra, Fernando estuvo retenido, hasta que se fugó, en un campo de prisioneros en Valencia.


domingo, 6 de septiembre de 2026

José Castillejo Duarte

                                                           JOSÉ CASTILLEJO DUARTE

          JURISTA, PEDAGOGO, SECRETARIO DE LA JUNTA DE AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS

 

Alumno primero y profesor después de la Institución Libre de Enseñanza, fue secretario y responsable de la Junta de Ampliación de Estudios, pedagogo y hombre de acción tan ilustre como olvidado, fue, como reza su lápida en el cementerio de Hendon Park de Londres, “un gran español que murió en el exilio”.

Hijo del abogado Daniel Castillejo Masas, nació en Ciudad Real en 1877, en cuyo Instituto realizó su bachillerato, y comenzó a estudiar Derecho en el Real Colegio de Estudios Superiores María Cristina de El Escorial, continuándolos en las Universidades de Valladolid, Zaragoza y Madrid, licenciándose en 1898 y doctorándose en 1902, y simultaneando los estudios con los de Filosofía y Letras que terminó en 1900. Conoció a Francisco Giner de los Ríos que lo atrajo al grupo de los institucionistas. Consiguió becas para ampliar estudios en Alemania e Inglaterra.

En 1905 obtiene la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla que ocupa hasta 1908 por trasladarse a Valladolid hasta que en 1920 obtiene la de Madrid. En 1906 había sido  nombrado agregado al Servicio de Información Técnica y de Relaciones con el Extranjero en el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que fue la antesala de la creación al año siguiente, en 1907, de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, de la que Castillejo fue su secretario y principal valedor desde su fundación, y que tenía como fin fundamental la concesión de pensiones dentro y fuera de España para ampliar estudios. La Junta tuvo un papel decisivo en la reforma y  modernización de la ciencia, la educación y la cultura en España que funcionó perfectamente hasta 1936.

En 1922 se casó con la escritora inglesa Irene Claremont autora de un libro autobiográfico, traducido y publicado posteriormente en 1995 por su hija Jacinta titulado “Respaldada por el viento”.

En 1928 promovió la creación de La Asociación para la Enseñanza Plurilingue, presidida por Pedro Salinas. En 1931 fue nombrado miembro del Comité de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones, y vocal de la Junta que dirigió la construcción y organización de la Ciudad Universitaria de Madrid, y de la Junta de Relaciones Culturales del Ministerio de Estado. Y también en este mismo año ideó La Fundación Nacional para Investigaciones Científicas, que le designó director administrativo, de cuyas iniciativas cabe destacar El Instituto de Estudios Internacionales y Económicos de Madrid y el Laboratorio de Histología y Cultivo de Tejidos de la Universidad de Valladolid.

Fue un hombre de una actividad cultural e intelectual incansable, refractario a todo lo que significara rutina que nunca quiso acumular cargos en los distintos organismos por los que pasó.

Al comenzar la guerra civil  amenazado por elementos incontrolados abandonó Madrid exiliándose y dedicándose a actividades educativas como dirigir la International Student´s Union y en el Institute of Education de Londres y dio clase en varias universidades como Columbia y Liverpool, y preparó así mismo una serie de conferencias dedicadas a España que fueron radiadas en “La voz de Londres”, un programa especial de la BBC.

Dejó escrito un libro publicado en 1935 “Historia del Derecho Romano” que se ha reeditado posteriormente. En 1919 escribió “La educación en Inglaterra” procedente de su tesis doctoral en la Facultad de Filosofía. Y en 1937 apareció “Wars of Ideas in Spain” en el que expone su punto de vista sobre el panorama cultural español de aquel momento con sus protagonistas que no se pudo conocer  hasta la muerte del general Franco en 1976.

En 2008 se publicó “Democracias destronadas. Un estudio a la luz de la revolución española 1923-1939”, reunión de una serie de conferencias a  lo largo de su vida, que aporta una visión independiente y crítica de la dictadura de Primo de Rivera, la República y la Guerra cuestionando el papel de la violencia, la Constitución del 31, el papel de la Iglesia Católica y el nacionalismo catalán.

En Febrero de 1939 había sido separado de su cátedra por orden ministerial. Falleció en Londres en 1945 a los sesenta y ocho años de edad.

 

                                                                   Jesús Lobillo Ríos

                                         Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

 

Bibliografía

Isabel Pérez-Villanueva Tovar. Real Academia de la Historia.  


domingo, 30 de agosto de 2026

Sicalípticos

EROTISMO Y TRANSGRESION:

ESCRITORES DE PRINCIOS DEL SIGLO XX

Es de todos conocido que la censura de libros, como el de otros medios de difusión de ideas, ha sido un mecanismo muy eficaz ejercido por los estados para controlar e intervenir en la conformación de su ciudadanía. En el caso de España, a comienzos del siglo XX, algunos escritores, aprovechando ingeniosamente el relativo liberalismo de la censura alfonsina (en especial en lo que concierne al tema del sexo), publicaron lo que se dio en llamar la «novela verde», un género que se hizo tremendamente popular. El mismo Alfonso XIII financió, a través del Conde de Romanones, una serie de películas porno durante los años 20. Se dice que él mismo intervenía en los guiones y seleccionaba a las actrices. Según leemos en la prensa granadina, por poner un ejemplo, funcionó el Café del León de la calle Mesones con funciones eróticas-prostitución (en su «salón verde»), según solía denunciar la prensa conservadora. Por otra parte, si bien aquellas damas «demi- mondaines», por decirlo suavemente, desaparecieron, según algunos autores, como Gabriel Pozo Felguera[1], volvieron a aparecer, con permiso gubernativo o autorización tácita, en los años cincuenta, en el periodo más duro de la dictadura. Según este autor, «el régimen franquista fue bastante permisivo con el erotismo comedido y la prostitución como método de contribuir a la ´paz social´. Siempre que no llamaran mucho la atención».

El contexto, la coyuntura histórica de los «Felices años 20», tras el fin de la Gran Guerra, había puesto en entredicho los viejos valores, a la vez que las fuerzas conservadoras reaccionaban ante esos cambios que no estaban dispuestos a aceptar. En esta coyuntura el mundo editorial vivió una de sus épocas doradas: revistas, semanarios ilustrados y colecciones que abundaban en lo sicalíptico, se convertirán por ello en reflejo de este choque de ideas.

Durante las décadas de los años veinte y treinta, hasta la derrota de la República, emergen y destacan escritores, en cierta medida herederos del naturalismo de Jacinto Octavio Picón (Dulce y sabrosa, 1891); José Ortega Munilla (Cleopatra Pérez, 1884) o, ya entrado en el siglo XX, las publicaciones del médico extremeño Felipe Trigo, con títulos aparecidos en colecciones como «El Cuento Semanal». Entre sus novelas destacamos Las ingenuas (1901), La bruta (1908) o Jarrapellejos (1914), novela editada varias veces, llevada al cine en 1988 por Antonio Giménez-Rico, en la que se denuncian los males del caciquismo en la sociedad española de la Restauración. Intervienen en sus principales papeles: Antonio Ferrándiz, Juan Diego y Aitana Sánchez-Gijón.

Son muchos los escritores que continúan la saga de los arriba nombrados, aunque solo citaremos algunos de los más destacados como José (Pepito) Zamora (Princesas de aquelarre, 1915); Antonio de Hoyos y Vinent, con título de marqués, amigo de Emilia Pardo Bazán y de la famosa bailarina Tórtola Valencia; homosexual y encarcelado por el franquismo (Bestezuela de amor, Doña Prudencia, mujer ligera, 1923); Rafael Cansinos Asens, emparentado con la famosa actriz Rita Hayworth y depurado por la dictadura (Ética y estética de los sexos,1921) o, finalmente, el vanguardista Ramón Gómez de la Serna, compañero de la también escritora y feminista Carmen de Burgos (Colombine), exiliado también en Argentina con novelas como La viuda blanca y negra, 1921 o La Quinta de Palmyra, publicada en 1923, con tema lésbico o La Nardo, 1930, cuya protagonista es definida por el escritor y crítico Andrés Neuman, como una «anarquista del amor».

Entre escogido grupo de escritores destacamos al cartagenero Joaquín Belda Carreras (1883-1935). Belda fue un novelista y periodista, muy popular en su tiempo. La fama la alcanzó, veinteañero, con su novela La suegra de Tarquino. Novela de malas costumbres romanas[2], publicada en la colección «El Cuento Semanal». Creador también de pequeñas piezas teatrales: De Pinto viene el amor, o, los dados mal tomados: Ordubre en dos bandejas, inspirado en cien comedias de nuestro siglo de Oro, y escrito en verso, o cosa así (1924) y asiduo colaborador de revistas satíricas como Ja, ja, Flirt, Muchas Gracias o Bromas y Veras, así como en diarios como Los Lunes de El Imparcial y semanarios y revistas literarias de la época como Blanco y Negro. Fue escritor exclusivo de «La novela de Hoy», que dirigía otro de los escritores de lo erótico popular: Artemio Precioso, muerto en prisión al finalizar la Guerra. Como los anteriormente citados, Belda cultivó la novela erótica con títulos como El sultán de Recoletos, novela corta publicada en 1923, El pícaro oficio, 1912 o Aquellos polvos, 1916; si bien su novela más celebrada fue La Coquito, publicada en 1915 y llevada al cine por Pedro Masó en 1977 con la actriz argentina Iliana Ross.

Sin embargo, como dice el refrán, «en el pecado llevó la penitencia», pues si su triunfo fue muy popular y generoso en lo material, sería injustamente calificado como autor de segunda o tercera fila y encasillado como autor festivo, por su dedicación al cuento y a la novela erótica popular, lo cual le perjudicó literariamente, si bien no faltan críticos, como Manuel Cejador, que lo defienden, por el buen manejo y vehículo que fue para conocer los usos y manejos de la lengua en el primer tercio del siglo XX. En muchos de sus relatos no falta su buena ración de cultismos, latinismos, vulgarismos o localismos como, por ejemplo, la palabra «Tupi», que encontramos en la novela La Coquito, cuya trama se localiza en el viejo Madrid, aludiendo a un establecimiento popular situado entre los barrios de Embajadores y Mesón de Paredes: «con sus veintisiete tupis que son otros tantos altarcillos de Baco».

La protagonista de la novela, trasunto de la famosa cantante del cuplé picaresco Consuelo Portela, más conocida como «la Chelito», la pinta Belda como «reina de la rumba y emperatriz del cuplé» que trae locos a los parroquianos de este antro sobre todo cuando ´en los espasmos de la rumba´ enseñaba sus pechos que eran ´como dos meloncillos´ a medio criar; iguales, prietos, y con un ligero vaivén al andar, que hacía temblar los botoncillos del vértice, rosados como la calva de un senador limpio».

En resumen, en el caso de Joaquín Belda, tomado como ejemplo entre otros escritores de su época y estilo, hace desfilar en sus novelas toda una serie de tipos singulares y escenas eróticas en las que subyace la denuncia social, denuncia que llega en algunos casos a poner en boca de alguno de sus personajes: «el público que parece una tripulación sublevada», en alusión a la guerra europea entonces en curso.

 

                                   Rosa M Ballesteros García

                     Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                “benaltertulias.blogspot.com”



[1] El Independiente de Granada (12/5/2024).

[2] El nombre alude a Tarquinio, primer rey de Roma.


domingo, 23 de agosto de 2026

Ni más ni menos

NI MAS NI MENOS

 

Ahora que comenzamos el verano, si no es que lo tenemos totalmente encima, nos podemos liberar de tantos aires enfermizos que nos dejaban más que fríos por tantas tormentas que nos obligaban a ponernos a buen recaudo de tantos bulos que siempre nos atormentaban y atormentan a diario.

Ahora nos parece mentira poder disfrutar de una aparente estabilidad sin que funcionen los ventiladores políticos de la marca “Y tú más”, porque ya contamos con un aire acondicionado que nos ofrece mejor clima familiar y político.

Podemos descansar de tantos malos vientos y de tantos ventoleras, que nos asedian con bulos que nos rodean a diestra y siniestra, como también de silencios cómplices de escándalos que flotan intensamente o bucean para no ser vistos.

Podemos considerar que es hasta ventajoso que las noticias y tertulias se hayan abierto con un esfuerzo titánico para poner en la palestra tantos fantasmas ocultos y tantas meigas que, desde Galicia, no dan la cara, pero sí prestan su voz y sus misteriosas andanzas marítimas que han trocado el saberlo todo en no saber nada y hasta decir que no se acuerdan de nada y que desde el resentido dictador hasta sus paisanos de hoy siguen teniendo alergia a una saludable memoria democrática.

Podemos constatar, sin embargo, que buena parte de la libertad está administrada desde instancias que se pueden definir como estancias privilegiadas del poder, no omnímodo, si queremos, pero sí ciertamente interesado para que la aparente democracia no sea total, no vaya a ser que tengamos que lamentarnos de movidas futuras, porque no aprendimos de aquellas tres penosas elecciones generales pasadas, que consiguieron meternos a VOX en el Parlamento.

Podemos, mientras tengamos tiempo, ver cómo corregimos los entuertos del pasado y que, aunque sea a regañadientes, se corrijan aquellas actitudes de desconfianza a quienes no engañan ni roban ni abandonan por más que hayan sido acusados de tantas cosas que, sabemos   quedaron orilladas, casi silenciosamente, por el peso de las punitivas miradas de gente de bien.

Podemos, a pesar de los dudosos avances, fijarnos en que no hay tanta claridad ni justicia aperturista, cuando en los informativos oficiales, por sus horarios de posibles mayores audiencias, se nos impide que podamos escuchar todas las palabras de todas las opciones políticas, aunque se nos conceda el pastel informativo en un horario poco accesible al común, cuando la mayoría de la posible audiencia está trabajando y no tiene un democrático acceso a todas las opiniones, aclaraciones y propuestas alternativas que nos hablan claro de que la “Prioridad Nacional” es la vivienda de los españoles y no la de los fondos buitres totalmente extranjeros y demás colaboradores nacionalistas que hasta desahucian  a españoles (muy españoles y más españoles). Tampoco nos enteramos bien de que sean unas “prioridades nacionales” una Educación y una Sanidad Púbicas y sean ninguneadas cada vez más, como estamos viendo con los últimos pactos políticos, sin líneas rojas y sin ponerse, siquiera, colorados. Es que el personal es capaz de coger el “colorín” (sarampión) y ponerse verde, como el color de algunos billetes de curso normal.

Ya no basta con el abandono progresivo de la Sanidad Pública ni con las reformas de criterios para cambiar el Sistema Educativo. Ahora, sin quitar los conciertos con Centros Educativos que segregan por sexos y por “posibles” de las familias, se quiere, también, concertar el Bachillerato, que no es obligatorio y ahondar en los cimientos de los viveros de votos a través de una educación elitista y   adoctrinadora, que, para colmo, suele acusar de adoctrinamiento a la Educación Pública. Sabemos, además, por experiencia, que en la Educación Pública hemos “convivido” con compañeros  y compañeras de otras ideologías y creencias religiosas.

Es más, se están suprimiendo unidades educativas públicas, pero no concertadas, para mayor desconcierto, por supuesto, de la Pública.

No tenemos más remedios que aclarar que en todo este “cotarro” del que algunos quieren apropiarse, nos falta un verdadero sentir de no dejarnos llevar por el “ni más ni menos” corrupción y hacer votos, dar los firmes pasos y optar, de una vez por todas, por el “nada” de corrupción y engaño.

                                                         José María Barrionuevo Gil

                                                     El Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 16 de agosto de 2026

Los premios Oscar

LOS PREMIOS ÓSCARA Y SUS ECOS EN LOS GOYA: 1929-1987

 

Corría el mes de mayo de 1929 y la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, en reconocimiento a la excelencia y en honor de los profesionales de la industria cinematográfica de los Estados Unidos, presentaba en el hotel Roosevelt de la ciudad californiana de Los Ángeles la ceremonia inaugural de los Óscar para premiar los trabajos de 1927 y 1928 (todos de películas mudas), hasta la siguiente emisión, en 1930, donde ya se dieron a filmes hablados.

El primer premio a la Mejor película fue para Alas, un drama bélico dirigido por William A. Wellman. Los actores galardonados fueron Janet Gaynor, protagonista principal del melodrama El séptimo cielo de Frank Borzage y el actor Emil Jannins por The last command, dirigida por Josef Von Sternberg. Detrás de toda esta operación estaba el todopoderoso y controvertido Luis B. Mayer, un judío ucraniano emigrado en los Estados Unidos, productor y presidente de Metro-Goldwyn-Mayer, de quien Budd Schulberg publicó, en 2006, una magnífica biografía titulada Memorias de un príncipe de Hollywood. Hasta la fecha, 2026, se han producido 98 ediciones del evento, el más antiguo de su género.

Como era lógico, a imitación de los Óscar, surgieron los premios más importantes en Europa tras finalizar la Segunda Guerra Mundial: Premio Genie (Canadá, 1946); Bafta (Reino Unido,1947); Premio Bodil (Dinamarca, 1948); Deutscher Filmpreis (Alemania, 1951); David de Donatello (Italia, 1956); Guldbagge (Suecia 1964) o César (Francia, 1975). Junto a estos países: Argentina (Cóndor de Plata, 1943) y México (Ariel, 1946) o el intermitente festival de Cannes, el más veterano de Europa (1932).

Como no podía ser menos, España se incorporaría algo después a estos galardones. Tras la larga dictadura, el posfranquismo y, especialmente desde los años 60, emerge una cinematografía que hizo «encaje de bolillos» (si se nos permite la expresión) para burlar la censura con películas como el ya clásico tríptico de La caza (1965), La prima Angélica (1974) o Cría cuervos (1975), de Carlos Saura; El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice o Furtivos de José Luís Borau (1973), por citar las más relevantes, entre otras, anteriores de los años 50, como: Surcos, Esa pareja feliz, Bienvenido Míster Marshall, Cómicos o Muerte de un ciclista, dirigidas por un par de «chicos malos» como Juan Antonio Bardem y Luís García Berlanga.

Todos los citados, títulos y directores comprometidos con un cine más social, son el ejemplo más concreto del panorama cinematográfico del que disfrutábamos los españoles.  Lo expresa muy certeramente el profesor Roman Gubern en su Historia del cine: «El cine español está muerto. ¡Viva el cine español!». Varios de estos directores fueron protagonistas de las llamadas «Conversaciones de Salamanca», unas jornadas dedicadas a la reflexión y al estudio de las distintas corrientes cinematográficas, a partir de la Guerra Civil, organizadas por el director salmantino Basilio Martín Patino[1] en mayo de 1955.

Como ya adelantamos, España no podía ser ajena a estos reconocimientos, y en su primera convocatoria de 1986 los Premios Goya de la Academia Española galardonaron  como mejor película a El viaje a ninguna parte, un guiño a los antiguos cómicos de la legua, dirigida y protagonizada por Fernando Fernán Gómez y guion basado en su novela homónima, una comedia-drama que agrupa un buen número de actores y actrices, entre otros: José Sacristán, Laura del Sol, Juan Diego, María Luisa Ponte, Gabino Diego, Emma Cohen o Helena Fernán-Gómez. El Goya a mejor interpretación femenina fue para Amparo Rivelles por su papel en Hay que deshacer la casa, una comedia-drama de José Luis García Sánchez. El premio a mejor actor protagonista fue para Fernando Fernán-Gómez por Mambrú se fue a la guerra, de nuevo una comedia-drama, que también dirigió. Durante su carrera ha recibido numerosos premios. Referente a los Premios Goya, ha sido cinco veces premiado (2 como mejor actor protagonista, 1 como actor de reparto, 1 como mejor director y 2 como mejor guionista). Como dato adicional, la primera estatuilla fue obra del escultor malagueño (Villanueva de Algaidas) Miguel Ortiz Berrocal y el actor más nominado (14) es el malagueño Antonio de la Torre, que también ha conseguido sus dos estatuillas en 2006 y 2011.

Por otra parte, no podemos dejar de citar algunos de nuestros profesionales del cine que intervinieron en el ámbito de Hollywood desde su etapa muda hasta la actualidad. Entre otros: Juan de la Cierva, un ingeniero ganador del primer Óscar en 1969 a la mejor invención técnica: el Dynalens[2]; el director de arte Gil Parrondo (19970, 1971); el fotógrafo Néstor Almendros (1978); David Martí, Montse Ribé (mejor maquillaje) y  Eugenio Caballero y Pilar Revuelta (mejor dirección artística) por El Laberinto del fauno (2005); directores como Luis Buñuel (1972); José Luis Garci (1983); Fernando Trueba (1993); Alejandro Amenábar (2004) y Pedro Almodóvar (1999, 2003) o la pareja de actores Javier Bardem (2008)[3] y Penélope Cuz (2009), que han sido nominados en varias ocasiones (como actor y actriz secundarios), el primero en 2008 en la película No es país para viejos de los hermanos Coen; su compañera lo consiguió al año siguiente por Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen.

Un dato importante: España consta como tercera en el ranking de países con más películas a competición en la categoría de Mejor película de habla no inglesa (solo por detrás de Francia e Italia). En total 21 películas: La venganza (1958) de Juan A. Bardem (uno de los «chicos malos») y la última, La sociedad de la nieve de Juan A. Bayona (2023). 15 de ellas obtenidas a partir de la Transición.

                               Rosa M. Ballesteros García

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                           “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Director de películas como Nueve cartas a Berta (1965) o documentales como Canciones para después de una guerra (1971), Queridísimos verdugos (1973) y Caudillo (1974).

[2] Se utilizó por primera vez en la película de 1970: ¡Tora! ¡Tora!¡Tora!

[3] El actor, con cuatro años, intervino en la serie El Pícaro, de Fernán Gómez. Él contaba en una entrevista que en una de las escenas tenía que reírse, pero se asustó y se pudo a llorar. Para consolarle y que pasara el mal rato, un compañero de escena exclamó: «No pasa nada, dejadle, es un actor dramático». Tuvo un buen ojo, aunque también ha interpretado comedias: Airbag, El buen patrón o Vicky Cristina Barcelona.


domingo, 9 de agosto de 2026

Pinceladas

 

 

 

 

 

 

PINCELADAS

 

Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces: ¨hijo, nunca te vanaglories de tu suerte¨. Por entonces yo tenía dieciséis años, buena figura, ojos verdes. Mi vida era cómoda, pues mi padre, Alberto, era un empresario que había hecho fortuna como tratante de arte. Era alto, ancho de hombros, ojos castaños, mirada penetrante y nariz aguileña. Mi madre, Sofía, por otro lado, era una mujer de una belleza que no dejaba indiferente: melena color castaño, que reposaba a mitad de la espalda, piel atezada, figura estilizada y lo mejor, esos ojos verdes que me hipnotizaban. Conoció a mi padre en una exposición de pintura donde ella presentaba sus cuadros. Cuando mi padre la vio, quedó sujeto para siempre al destino de ella.

 

Nuestra vida discurría plácida, salpicada de viajes. Yo iba creciendo y madurando. Me llenaba de imágenes de otros lugares. Recuerdo un viaje en especial: fue conocer Venecia, sobre todo de noche, cuando sus calles se tornan solitarias, apenas iluminadas por luces mortecinas y donde resuena el eco de los pasos. Desembocar por esas calles estrechas en la plaza de San Marcos, hacía que se me humedecieran los ojos al ver aquel lugar tan silencioso y bello.

 

Comencé a estudiar Bellas Artes en Granada, que era la ciudad donde vivíamos por entonces. Vivíamos en un Carmen en el barrio del Albaicín, también con calles estrechas como Venecia. No tenía canales, pero la visión nocturna de la Alhambra, tan imponente y quieta, desde nuestro patio, era todo un lujo. Mi madre me ayudaba con los cuadros que empecé a pintar. Entraba en mi cuarto, se ponía detrás de mí y me hablaba de colores, de sensaciones, de sentimientos. Me gustaba escucharla, sobre todo su risa, que llenaba la habitación de calidez. Yo quería trasladar al cuadro todo lo que tenía en mi mente y al principio me sentí muy decepcionado, ya que resultaba realmente difícil.

 

En esto, conocí a María, una compañera de mi curso. Me llamó la atención su pelo rojizo, largo y sus grandes ojos castaños. En las prácticas siempre estábamos cerca el uno del otro, por lo que pronto entablamos conversación. Nos ayudábamos en las clases y discutíamos de trazos, colores, perspectivas, que a veces rozaban lo abstracto, lo que hacía que acabáramos riéndonos del sinsentido de algunas cosas. Poco a poco, empezamos una relación, llena de entusiasmo y pasión. Mis padres estaban encantados con María. Venía con frecuencia a nuestra casa y con mis padres hablábamos del fluir de los colores mientras el vino corría por nuestros vasos, con la Alhambra al fondo, sin quitarnos ojo.

 

Pasaron algunos años, y cuando acabamos los estudios decidimos irnos a vivir juntos. Es verdad que mis padres nos ayudaron mucho. Ya ganábamos algo con nuestros cuadros, ya que mi madre, sobre todo, medió para que fuéramos conocidos en el mundillo del arte, lo cual era y es harto difícil. Consiguió que María y yo pudiéramos tener una exposición de nuestras pinturas por lo que nos pusimos a trabajar sin demora para rematar algunos cuadros y crear algunos nuevos.

 

El tiempo iba pasando con la ilusión de ver el trabajo concluido. Un día, me acerqué a la Facultad de Bellas Artes a consultarle algo a un antiguo profesor. Ya me había despedido de él, bajaba las escaleras cuando un conocido me llamó. Giré la cabeza, sin percatarme del siguiente escalón, de tal modo que me vi rodando, escalera abajo, escalera que, por cierto, era bastante larga. Acabé tumbado al final de la misma, medio mareado y con las muñecas deformes, sintiendo un gran dolor. En el hospital me diagnosticaron de fractura de ambas muñecas. Hubo que intervenirlas con placas metálicas. Mi ánimo se ensombreció. Quedaban tres semanas para la exposición. Aún quedaban algunos de mis cuadros por rematar, cuadros que no podría acabar estando de esa guisa. Me dijeron que había de quedarme varios días en el hospital, antes del alta. Al fin regresé a casa, sin ver cómo podía concluir mis cuadros.

 

Me decía María que estaba irritable. No tenía apetito. En mi mente vislumbraba el fracaso de la exposición. Contemplaba mis manos enyesadas y me sentía impotente. Me daban ánimos, pero seguía maldiciendo mi suerte. Ya solo quedaban dos semanas para el evento. Empecé a sentirme mal del estómago, con frecuentes visitas al excusado. En esto, María me dijo que como ella conocía mi estilo al pintar, podría acabar mis cuadros. Sabía que eso era hacer trampas, pero para mí era muy importante exponer. Le dije que adelante, que lo hiciera. Se puso a la tarea, adelantando mucho el trabajo, aunque quedaban retoques finales. Yo, aunque impedido para pintar, le iba indicando cómo concluirlos.

 

Una tarde salimos a despejarnos un poco, hablábamos animadamente sobre los colores de algunos cuadros. Mientras recorríamos una calle del barrio del Realejo, absortos en nuestra conversación, no vimos el obstáculo, esa maciza farola fernandina, que se interpuso en su camino y contra la que María se estampanó, quedando totalmente inconsciente. Un corro de curiosos se empezó a agolpar a nuestro alrededor. Uno de ellos llamó al 112, pues yo, con los yesos, no tenía mucho manejo. La ambulancia llegó al cuarto de hora. Se me hizo interminable el tiempo de espera. Al fin, llegó, quedándose ella ingresada en el hospital, pues no recuperaba el conocimiento. Quedaban solo cinco días.

 

No podía estar el panorama más negro. ¡Faltaba muy poco! ¡El trabajo aún estaba inconcluso! La exposición estaba ya tan cerca, las invitaciones ya cursadas, la galería de arte reservada, que era un gran desbarajuste cancelarla. Mi madre pensaba como solucionar el asunto, pues los cuadros solo necesitaban un toque final. Nos pasábamos muchas horas en el hospital, esperando que despertara María. Mis molestias estomacales volvieron a aparecer. María no acababa de despertar, aunque los médicos nos decían que no había nada grave. Al final, mi madre llegó a la conclusión que lo mejor era que ella misma diera los últimos toques, a lo que accedí, diciéndome a mí mismo que la obra iba a ser un asunto familiar, redimiéndome así de la trampa.

 

Se puso a la tarea, concluyendo los cuadros. Todo empezaba a estar listo, pero María no despertaba. La preocupación iba en aumento, a pesar de que los médicos nos daban esperanzas. No podía conciliar bien el sueño. Las horas pasaban sin ningún cambio. Era exasperante. Pero, como habían dicho los médicos, y cuando solo faltaban dos días para la exposición, despertó totalmente. Yo estaba en mi casa en ese momento cuando me avisaron por teléfono. Salí corriendo, cogí un taxi. Mientras iba hacia el hospital, pensaba en las últimas semanas, en la mala suerte que arrastrábamos. Llegué al hospital en poco tiempo. No tuve paciencia para esperar el ascensor. Subí las escaleras hasta la tercera planta, entré apresuradamente en la habitación, un tanto sofocado, sin percatarme que el suelo estaba húmedo, pues estaba recién fregado. Me resbalé, no pude frenar a tiempo con mis brazos enyesados y fui directo hacia la cama donde estaba María, mirándome fijamente con ojos atónitos. Acabé propinándole un sonoro cabezazo, que la sumió de nuevo en la inconsciencia. ¡No puede ser! ¡No puede ser!, grité. ¡Seguro que alguien nos estaba mirando mal! No podía haber otra explicación, barrunté en mi cabeza. Ahí, estaban mis padres en la habitación, perplejos y asustados. Llamaron corriendo a las enfermeras y médicos. Vinieron al momento, la llevaron a hacerle un TAC urgente, que no mostró ninguna alteración, afortunadamente. Eso sí, un ojo lo tenía a la funerala. La trajeron de vuelta a la habitación. Me senté al lado de la cama y mientras yo estaba mirándola fijamente, abrió los ojos por fin. Me miró y me dijo: what´s the craic? No pude por menos que sonreír. Le gustaba mucho esa expresión irlandesa. Le respondí que todo iba bien y más, ahora que estaba despierta. Cuando solo quedaba un día, le dieron el alta.

 

El día de la exposición amaneció claro, con un cielo celeste y un sol que lo dominaba todo. Aún en el estado en que estábamos, no queríamos perdérnosla. Habíamos soñado mucho con ello. Pensábamos, o queríamos pensar, que ya no nos podía pasar nada más. Y allí fuimos. Contemplarnos delante de todos, explicando nuestras pinturas, creo que debió rozar lo cómico: María con unas grandes gafas de sol y yo con mis dos muñecas enyesadas. La imagen, que dábamos, era verdaderamente todo un cuadro. No obstante, la exposición fue un éxito. Vendimos muchos cuadros y la crítica alabó nuestra pintura, sin saber nadie que era algo así como un compendio familiar. Ese día, por fin, la fortuna nos respetó.

 

Desde aquellos días, nos pasaron muchas cosas, buenas y malas, como a todos, pero al recordar esos días, en concreto, pienso en el consejo de mi padre, en lo cambiante que es la buena suerte, como para darla por merecida.

 

                                                               Francisco Marín Urrutia

                                                Médico, especializado en Rehabilitación

                                                       El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                          “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 2 de agosto de 2026

Odisea

ODISEA

                                                                     

                                                          A Mary, único amor de mi vida, por su labor como excelente

                                                                                        Cuidadora, enfermera y aprendiz de fisioterapia. 

 

En septiembre de 2017 estuvimos invitados mi mujer y yo a la boda de nuestro sobrino. Se casaba en un país muy lejano, a unos siete mil kilómetros de distancia desde Málaga y allá que volamos.

Cuatro días antes de la boda ocurrió lo siguiente…Yo tengo por costumbre correr una hora todas las mañanas ya que soy una persona diabética. Aprovechando que nuestra familia reside a cuatro minutos andando de un maravilloso parque, una mañana muy soleada, me dispuse a correr. En esa época las hojas de muchos árboles que inundaban la ciudad mutaban del color amarillo al naranja. Para acceder a dicho parque, sólo concurrido por las ardillas, tenía que cruzar la avenida del norte con seis carriles, tres en cada sentido. Eran las siete y media de la mañana y no había mucho tráfico.

 Cruzando el paso de peatones, una vez superado los tres primeros carriles, me detuve en la mediana central para cruzar los siguientes. En los dos primeros los automóviles pararon, haciéndome señales de que podía pasar; en el tercer carril y a una velocidad supersónica fui atropellado por un monovolumen que me volteó por los aires. El conductor paró y bajó de su coche sin decir una sola palabra. Caí al asfalto cual saco de cemento que tiran desde un camión y con suerte de no haber perdido el conocimiento. Estaba tendido en la calzada, como una alcayata, retorcido de dolor, cuando una señora que acudió se ofreció a llamar por teléfono a mi familia; acudieron todos ipso facto. También acudieron la ambulancia y un coche de la policía. Me rodearon como ocho testigos oculares del accidente y mi cuñado tomó nota de sus teléfonos.

 Una vez que la policía terminó el atestado, por cierto, comprobé  que en la copia que nos entregaron no figuraba ningún control de velocidad y tampoco de drogas al conductor: “presuntamente por ser yo extranjero” Incluso anotaron el teléfono de un solo testigo. La ambulancia me llevó al hospital acompañado por mi mujer y a la llegada a urgencias, le pidieron a ella la tarjeta de crédito o un seguro privado para ser atendido. Ella contestó que tarjeta bancaria no tenía pero sí teníamos un seguro de viaje. En este país en el caso de no tener tarjeta de crédito o seguro privado, me hubieran remitido a cualquier ONG para ser atendido por la beneficencia. Eso sí exigieron que era imprescindible para ingresar contratar a un abogado, lo que mi mujer solicitó inmediatamente a la familia. Tras múltiples resonancias magnéticas, el diagnóstico fue: hombro izquierdo destrozado imposible de recomponer con el agravante de que varios trozos de la cabeza del húmero se desplazaron hacia el corazón; fractura de tibia y peroné de la pierna derecha y fractura de radio a la altura de la muñeca izquierda. La intervención iba ser de alto riesgo por lo que tuvieron que llamar a un cirujano ortopédico de renombre, externo al hospital. La operación tuvo lugar dos días después del ingreso y fui intervenido, mediante la colocación de una prótesis de titanio, desde el codo hasta el hombro. El mismo día que fui intervenido un administrador del mismo hospital vino a la habitación en dos ocasiones para solicitarnos que pidiéramos un préstamo para afrontar futuros gastos, idea que declinamos pues a nuestro juicio aquello era un hospital y no un centro comercial. Desde el primer día, con tantos chutes de morfina, me sentía eufórico, con alucinaciones, pensando incluso que podría ser el aprendiz de Terminator.

 Una vez operado me trasladaron a una habitación donde mi mujer podía permanecer conmigo día y noche. Desde el primer día del ingreso cualquier sanitario que entraba en la habitación ya fuesen médicos, enfermeros o auxiliares, todos preguntaban siempre lo mismo: “¿El conductor del coche paró?” ante las mismas preguntas, al tercer día pedí a un médico una explicación y su respuesta fue esta: “ Mire en esta ciudad de más de diez millones de habitantes, recibimos todos los días personas atropelladas y el noventa por ciento de los conductores se dan a la fuga, esto es muy común en esta ciudad”. Transcurrida una semana, un buen día recibimos una llamada en la habitación, era el abogado contratado y nos comunica lo siguiente: “Mire hemos tenido muy mala suerte, el conductor del coche que lo ha atropellado, no es un político, ni es famoso, ni empresario o alto ejecutivo y tampoco es millonario”. Mi mujer y yo nos quedamos tan perplejos por esta noticia tan surrealista que no supimos ni qué preguntar. Como datos dignos de mención, en aquel Hospital Privado, por supuesto de cierta fama en aquel país, aunque disfrutaba de buenas comidas y todas las atenciones médicas, tengo que admitir que nunca alguien vino a asearme. Menos mal que estaba mi mujer para ayudarme. Otra pesadilla era que transcurridos tres días de la intervención, cada tres días entraba en la habitación una señorita alta, muy bien vestida, con unos documentos en las manos y nos preguntaba:

 — ¿Tienen ustedes algún otro seguro de accidente o de enfermedad, ya que el seguro de viaje suyo no se hace responsable del importe final?— Cada tres o cuatro días ella entraba en la habitación y soltaba estas palabras mágicas. Tanto para mi mujer como para mí su actuación fue un acoso psicológico en toda regla, ya que carecíamos de la debida información. Por ejemplo, no sabíamos cuál iba ser la factura final del hospital y cuáles eran las respuestas de nuestro seguro de viaje. La finalidad de esta empleada de la administración del hospital era tener la garantía cómo y quién iba a pagar al final (Sanidad Privada).       

            A los quince días me dieron el alta hospitalaria y gracias a tener una familia pensé: ¡regreso a mi vida anterior! Qué iluso no sabía lo que me esperaba… Tuve que permanecer en cama, sin moverme, durante cuarenta días. A los pocos días recibimos por correo el informe final del hospital, constaba de ciento setenta y dos páginas, (aún lo conservo y las facturas pendientes de abonar). El importe de la cirugía y hospitalización, incluido las ambulancias, ascendían a un total de 359.000 euros, al cambio español. Esta noticia fue el detonante para que mi estado de estrés postraumático fuera agravándose conforme pasaban los días.

             Al cabo de cinco semanas  pude sentarme en una silla de ruedas e iba a necesitar sesiones de fisioterapia para poder aprender a caminar de nuevo, había perdido catorce kilos, serían cuatro sesiones semanales durante tres semanas. La compañía de seguros iba a hacerse cargo de las sesiones en una clínica privada, pero se negaron a cubrir los gastos de transporte desde nuestra casa  hasta la clínica y viceversa. El vehículo adaptado para discapacitados tenía  que venir con uno o dos ayudantes que me pudieran bajar y subir los siete escalones que tenía la entrada de nuestra casa para salir a la calle. Fue imposible encontrar compañías de taxis que pudieran prestar dicho servicio, hasta que con la ayuda de la familia pudimos encontrar una empresa cuyo dueño y empleados eran palestinos. Ellos cubrirían este servicio con una furgoneta adaptada a mis necesidades. El coste de cada viaje ida y vuelta sería de doscientos sesenta euros al cambio.

            El primer juicio por el accidente fue el 01 de noviembre de 2017, y  varios días después nos visitó el abogado en casa para informarnos del resultado. Quedamos perplejos cuando nos comunicó que los abogados de la compañía de seguros del coche, para evadir todo tipo de indemnización se defendieron admitiendo que fue un intento de suicidio y pedían la inocencia del conductor. Fue cuando nosotros incrédulos de lo que estaba diciendo, insistimos en nuestra defensa puesto que hubo varios testigos y cámaras de seguridad cercanas al lugar. Nos prometió que iba a recurrir el primer juicio tras pedir las grabaciones de las cámaras ya que los testigos en verdad declinaban presentarse. Muy indignados con sus noticias le hicimos las siguientes preguntas: ¿qué pasaría si yo tuviera una discapacidad futura según pronosticaron los médicos?  Nos contestó que yo no tendría derecho a ninguna indemnización puesto que el conductor es insolvente y la cobertura del seguro del coche sólo abonaría un máximo de veinte mil euros. Nos dijo: “Vuestro seguro de viaje aportaría unos quince mil euros y estas cantidades serían para pagar el hospital, les queda una deuda por saldar de 324.000 euros, en este país no existe como en Europa un consorcio de seguros que pueda responder subsidiariamente”. La siguiente pregunta fue: “¿por qué razón en su primera llamada al hospital nos dijo que no fue alguien importante de poder económico o social el que conducía?” y entonces nos explicó que si el conductor hubiera sido persona con un elevado poder económico social o muy conocido públicamente hubiera resultado muy fácil obtener una buena indemnización, casi sin juicio. Por último le preguntamos: “¿por qué muchos conductores todos los días se dan a la fuga?” y su respuesta fue alucinante: “miren, en este país es solamente obligatorio llevar seguro del vehículo el primer año, después cada individuo es libre de tener seguro o no tenerlo, es su responsabilidad y su libertad de hacerlo, por eso diariamente hay tantas fugas”.

 

            Finalizada las sesiones de fisioterapia los médicos descubren que tengo una neuropatía severa en el brazo izquierdo y tengo que regresar a mi país en silla de ruedas y con un brazo izquierdo totalmente paralizado, por fin, mi llegada a Málaga fue a final de  noviembre de 2017.    

            En el siglo VIII a.C, Homero escribió la Odisea, unas aventuras épicas, veintinueve siglos después yo les dejo mi Odisea personal, una aventura traumática y sobre todo una historia real. Si piensan que esto sucedió en África, en Asia o en cualquier país del continente suramericano, se equivocan, esto ocurrió en la Ciudad de Chicago, estado de Illinois, en el país más rico y supuestamente más adelantado como son los Estados Unidos de Norte América. 

                                                            Juan Gil Bautista

                                               El Ateneo Libre de Benalmádena

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