Historias
de nuestra Guerra Civil: Pan negro VS Pan blanco
A estas alturas de nuestra Historia es
posible que estas palabras: “cartilla de racionamiento” suenen como algo
anecdótico. Es más, los más jóvenes, que han tenido la suerte de crecer (en
general) en una sociedad libre y con recursos, creerán que forma parte del
argumento de una buena película del llamado “Cine Negro”. Siento defraudarles,
porque la historia que aquí se cuenta --ya se sabe: los historiadores, en
bastantes ocasiones, resultamos muy incómodos-- es tan verdad como que el día
tiene veinticuatro horas o que sesenta minutos cuentan lo mismo que una hora.
Todo comienza con
nuestra desgraciada Guerra Civil, tres horribles años que se iniciaban con un
golpe militar que sorprendía a la ciudadanía. Comenzó un caluroso verano (18 de
julio de1936) que se alargaría hasta la primavera de 1939 (1 de abril), último
parte de guerra firmado por el general Franco. Punto y final a un régimen
democrático de poco más de ocho años (1931-1939) sustituido por una dictadura
de cuatro décadas, la segunda más duradera de Europa, después de la portuguesa.
Todos estos datos los recogen los libros de Historia de nuestros estudiantes,
pero esta historia, mejor dicho, lo que llamamos “intrahistoria” apenas se conoce.
Podemos afirmar, pues, que dichas “cartillas” forman parte de esas historias
(dentro de la Historia) y también que surgieron como “efectos colaterales” del
conflicto.
Hay que comenzar
diciendo que dicha “cartilla” no era una herramienta privativa de nuestra
guerra. Desafortunadamente, una buena parte de los países que se vieron
implicados en la Segunda Guerra Mundial (septiembre, 1939 ̶ agosto, 1945)
también tuvieron que utilizarla como medio de controlar y repartir los escasos
recursos disponibles y evitar, lógicamente, que la población sufriera una
hambruna generalizada[1],
de forma que, el citado racionamiento, no fue una excepción española, sino una
consecuencia generalizada del conflicto Mundial. Alemania, por ejemplo, impuso
el racionamiento el mismo mes de septiembre de 1939, a los pocos días de
estallar la guerra, racionamiento que se alargó hasta 1950, en zona occidental
(RFA) y hasta 1958 en la oriental (RDA). En el mismo caso se sitúan países como
Holanda (1939- 1952), Finlandia (1939-1955), Gran Bretaña (1940-1954), Francia
(1940-1949) o Italia (1940--1949). Incluso los EEUU (poco después del ataque
japonés a Pearl Harbor) y algunos países neutrales como Irlanda, Suecia,
Portugal o Suiza, también recurrieron a las citadas cartillas.
En el caso de España,
tuvieron una duración de al menos 15 años, desde marzo 1937 que el gobierno de
la República las puso en circulación, hasta 1952, si bien existen ejemplares conservados
que indican por el sello que estuvieron vigentes hasta 1955. Y eso ocurrió por varios
motivos, pues las provincias bajo el Frente Popular sufrieron el deterioro de
la agricultura y la ganadería, cuestión esta que está íntimamente relacionada
con las luchas campesinas y la resistencia de las derechas, en general, para
acatar las nuevas leyes promulgadas por la República, relacionadas con el
reparto y mejor control y gestión de las tierras, especialmente los latifundios.
Investigaciones posteriores señalan que la sublevación triunfó sin grandes
dificultades en las zonas productoras de alimentos, de forma que, el Gobierno
que surge del 18 de Julio, extendió el racionamiento a su zona una vez
finalizada la guerra. Durante el conflicto, las limitaciones oficiales a la
alimentación en zonas bajo el mando franquista, habían sido el “Día sin Postre”
o el “Plato Único”, estrategias que sirvieron para subsidiar a los combatientes
de la zona “Nacional” y sus familias.
Por otro lado, este
tipo de restricciones, comparándolo con otros países en guerra, significa que
fue el más prolongado temporalmente, y ello evidencia el atraso y la
incapacidad de nuestro país respecto a Europa. Fueron, como arriba se indica,
tres lustros de carencias alimenticias, los tristemente famosos “años del
hambre”, que no sólo se reflejan en otras “intrahistorias”, como fue el llamado
“estraperlo”, cuestión esta que no se puede desarrollar en tan poco espacio,
sino también en las pérdidas humanas. Se calcula que en los primeros años (entre
1939 y 1942) se produjeron entre 200.000 y 600.000 muertes como consecuencia de
la mala alimentación o de las enfermedades que derivaban de ella.
Estas cartillas estaban
formadas por unas hojas con cupones. En principio fueron familiares y en 1943 se
convirtieron en individuales para mejor controlarlas. Por ejemplo, a cada
persona se le asignaba una tienda concreta para comprar los artículos que
solían variar de cantidad (según la semana o el mes) y, según los miembros de
la familia, se recibía una cantidad por ticket. Estas hojas se enviaban al
gobierno, para que éste abonase el importe a las tiendas convenidas. Una
familia de 6 personas recibía mensualmente: kilo y medio de azúcar, lo mismo de
arroz y litro y medio de aceite, más algo de chocolate (de algarrobas, si había
suerte), doscientos cincuenta gramos de pan al día (por persona), si bien en el
año más crudo (1940) se redujo a días alternos. Por otro lado, no había
suficiente información para usarlas, ni dinero para adquirir los alimentos más
elementales. Se comía cualquier cosa, así que nuestras madres o abuelas, se
convirtieron en verdaderas magas (sin varita mágica), para cocinar pucheros sin
huesos, lentejas agusanadas lastradas con piedras, mondas de patatas que se
freían en tocino derretido o peladuras de naranjas, por las que se peleaban los
críos cuando las encontraban en la calle. Personalmente, puedo dar fe de ello.
Todo ello sin olvidar que muchas mujeres tenían enormes dificultades para
obtener los alimentos más básicos, ya que muchas tenían a sus maridos en las
cárceles y otras tantas eran ya viudas. De hecho, la limitación era tan
detallada que incluso había desigualdad en la escasez: había cartillas de
primera, segunda y tercera categoría, según el nivel social del consumidor, su
estado de salud o su posición familiar. Los hombres adultos podían acceder al
100% de los alimentos -variando según el trabajo-, mientras que las mujeres
adultas y los mayores de 60 años recibían el 80% de la ración anterior. Los
menores de 14 años, un 60%. Pese a todas estas miserias, existió también mucha
solidaridad a través del canje, del trueque entre vecinas, siendo el estraperlo
(tema este que daría varios artículos) el último recurso de muchas mujeres a
las que la guerra las había convertido en cabeza de familia.
Como curiosidad, y como
llamada de atención para quienes dan como verdad incuestionable los datos que
facilita la Wikipedia. Por ejemplo, en
lo que se refiere a la época del racionamiento en España, esta medida
comenzaría a aplicarse, según la citada fuente, en 1939. Sin embargo, cuando se
lee con atención el texto de la citada orden, se puede leer: “Las provincias en
que ya esté implantado, la conservarán”. De lo que se deduce que las citadas
cartillas ya estaban implantadas con anterioridad en ciertos municipios de la
“España leal”, detalle no tenido en cuenta por los redactores de la “infalible”
Wiki.
La abundancia de comida en la zona nacional se
aprovechó sagazmente como propaganda. La aviación de Franco realizó en el otoño
de 1938 varios bombardeos de pan blanco sobre Madrid, Barcelona y Alicante, las
ciudades republicanas más populosas, asestando con ello un duro golpe
psicológico a la ya tambaleante moral de los republicanos que llevaban muchos
meses comiendo pan negro.
Finalmente, el cine
español nos puede ilustrar al respecto del tema expuesto, en su deseo de
impulsar la imperiosa necesidad de equilibrar, corregir y reescribir el relato
del cine propagandístico fascista que prosiguió desde la posguerra hasta la
muerte del dictador. Ejemplo de ello son algunas de las películas en las que se
muestra más fielmente, y de forma más cruda, el hambre y el racionamiento de la
población civil con escenas impactante en películas como: Pa negre, Pájaros
de papel, Las bicicletas son para el verano o El espíritu de la
colmena, entre otras.
Rosa M.
Ballesteros García
Vicepresidenta del
Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
[1] Recordemos que la SGM se inicia
en septiembre de 1939, es decir, el mismo año en que finaliza la Guerra Civil
en España. España tardaría 18 años en recuperar el nivel de renta que tenía en
1936.