domingo, 16 de marzo de 2025

Cartillas

Historias de nuestra Guerra Civil: Pan negro VS Pan blanco

A estas alturas de nuestra Historia es posible que estas palabras: “cartilla de racionamiento” suenen como algo anecdótico. Es más, los más jóvenes, que han tenido la suerte de crecer (en general) en una sociedad libre y con recursos, creerán que forma parte del argumento de una buena película del llamado “Cine Negro”. Siento defraudarles, porque la historia que aquí se cuenta --ya se sabe: los historiadores, en bastantes ocasiones, resultamos muy incómodos-- es tan verdad como que el día tiene veinticuatro horas o que sesenta minutos cuentan lo mismo que una hora.

Todo comienza con nuestra desgraciada Guerra Civil, tres horribles años que se iniciaban con un golpe militar que sorprendía a la ciudadanía. Comenzó un caluroso verano (18 de julio de1936) que se alargaría hasta la primavera de 1939 (1 de abril), último parte de guerra firmado por el general Franco. Punto y final a un régimen democrático de poco más de ocho años (1931-1939) sustituido por una dictadura de cuatro décadas, la segunda más duradera de Europa, después de la portuguesa. Todos estos datos los recogen los libros de Historia de nuestros estudiantes, pero esta historia, mejor dicho, lo que llamamos “intrahistoria” apenas se conoce. Podemos afirmar, pues, que dichas “cartillas” forman parte de esas historias (dentro de la Historia) y también que surgieron como “efectos colaterales” del conflicto.

Hay que comenzar diciendo que dicha “cartilla” no era una herramienta privativa de nuestra guerra. Desafortunadamente, una buena parte de los países que se vieron implicados en la Segunda Guerra Mundial (septiembre, 1939 ̶ agosto, 1945) también tuvieron que utilizarla como medio de controlar y repartir los escasos recursos disponibles y evitar, lógicamente, que la población sufriera una hambruna generalizada[1], de forma que, el citado racionamiento, no fue una excepción española, sino una consecuencia generalizada del conflicto Mundial. Alemania, por ejemplo, impuso el racionamiento el mismo mes de septiembre de 1939, a los pocos días de estallar la guerra, racionamiento que se alargó hasta 1950, en zona occidental (RFA) y hasta 1958 en la oriental (RDA). En el mismo caso se sitúan países como Holanda (1939- 1952), Finlandia (1939-1955), Gran Bretaña (1940-1954), Francia (1940-1949) o Italia (1940--1949). Incluso los EEUU (poco después del ataque japonés a Pearl Harbor) y algunos países neutrales como Irlanda, Suecia, Portugal o Suiza, también recurrieron a las citadas cartillas.

En el caso de España, tuvieron una duración de al menos 15 años, desde marzo 1937 que el gobierno de la República las puso en circulación, hasta 1952, si bien existen ejemplares conservados que indican por el sello que estuvieron vigentes hasta 1955. Y eso ocurrió por varios motivos, pues las provincias bajo el Frente Popular sufrieron el deterioro de la agricultura y la ganadería, cuestión esta que está íntimamente relacionada con las luchas campesinas y la resistencia de las derechas, en general, para acatar las nuevas leyes promulgadas por la República, relacionadas con el reparto y mejor control y gestión de las tierras, especialmente los latifundios. Investigaciones posteriores señalan que la sublevación triunfó sin grandes dificultades en las zonas productoras de alimentos, de forma que, el Gobierno que surge del 18 de Julio, extendió el racionamiento a su zona una vez finalizada la guerra. Durante el conflicto, las limitaciones oficiales a la alimentación en zonas bajo el mando franquista, habían sido el “Día sin Postre” o el “Plato Único”, estrategias que sirvieron para subsidiar a los combatientes de la zona “Nacional” y sus familias.

Por otro lado, este tipo de restricciones, comparándolo con otros países en guerra, significa que fue el más prolongado temporalmente, y ello evidencia el atraso y la incapacidad de nuestro país respecto a Europa. Fueron, como arriba se indica, tres lustros de carencias alimenticias, los tristemente famosos “años del hambre”, que no sólo se reflejan en otras “intrahistorias”, como fue el llamado “estraperlo”, cuestión esta que no se puede desarrollar en tan poco espacio, sino también en las pérdidas humanas. Se calcula que en los primeros años (entre 1939 y 1942) se produjeron entre 200.000 y 600.000 muertes como consecuencia de la mala alimentación o de las enfermedades que derivaban de ella.

Estas cartillas estaban formadas por unas hojas con cupones. En principio fueron familiares y en 1943 se convirtieron en individuales para mejor controlarlas. Por ejemplo, a cada persona se le asignaba una tienda concreta para comprar los artículos que solían variar de cantidad (según la semana o el mes) y, según los miembros de la familia, se recibía una cantidad por ticket. Estas hojas se enviaban al gobierno, para que éste abonase el importe a las tiendas convenidas. Una familia de 6 personas recibía mensualmente: kilo y medio de azúcar, lo mismo de arroz y litro y medio de aceite, más algo de chocolate (de algarrobas, si había suerte), doscientos cincuenta gramos de pan al día (por persona), si bien en el año más crudo (1940) se redujo a días alternos. Por otro lado, no había suficiente información para usarlas, ni dinero para adquirir los alimentos más elementales. Se comía cualquier cosa, así que nuestras madres o abuelas, se convirtieron en verdaderas magas (sin varita mágica), para cocinar pucheros sin huesos, lentejas agusanadas lastradas con piedras, mondas de patatas que se freían en tocino derretido o peladuras de naranjas, por las que se peleaban los críos cuando las encontraban en la calle. Personalmente, puedo dar fe de ello. Todo ello sin olvidar que muchas mujeres tenían enormes dificultades para obtener los alimentos más básicos, ya que muchas tenían a sus maridos en las cárceles y otras tantas eran ya viudas. De hecho, la limitación era tan detallada que incluso había desigualdad en la escasez: había cartillas de primera, segunda y tercera categoría, según el nivel social del consumidor, su estado de salud o su posición familiar. Los hombres adultos podían acceder al 100% de los alimentos -variando según el trabajo-, mientras que las mujeres adultas y los mayores de 60 años recibían el 80% de la ración anterior. Los menores de 14 años, un 60%. Pese a todas estas miserias, existió también mucha solidaridad a través del canje, del trueque entre vecinas, siendo el estraperlo (tema este que daría varios artículos) el último recurso de muchas mujeres a las que la guerra las había convertido en cabeza de familia.

Como curiosidad, y como llamada de atención para quienes dan como verdad incuestionable los datos que facilita la Wikipedia.  Por ejemplo, en lo que se refiere a la época del racionamiento en España, esta medida comenzaría a aplicarse, según la citada fuente, en 1939. Sin embargo, cuando se lee con atención el texto de la citada orden, se puede leer: “Las provincias en que ya esté implantado, la conservarán”. De lo que se deduce que las citadas cartillas ya estaban implantadas con anterioridad en ciertos municipios de la “España leal”, detalle no tenido en cuenta por los redactores de la “infalible” Wiki.

 La abundancia de comida en la zona nacional se aprovechó sagazmente como propaganda. La aviación de Franco realizó en el otoño de 1938 varios bombardeos de pan blanco sobre Madrid, Barcelona y Alicante, las ciudades republicanas más populosas, asestando con ello un duro golpe psicológico a la ya tambaleante moral de los republicanos que llevaban muchos meses comiendo pan negro.

Finalmente, el cine español nos puede ilustrar al respecto del tema expuesto, en su deseo de impulsar la imperiosa necesidad de equilibrar, corregir y reescribir el relato del cine propagandístico fascista que prosiguió desde la posguerra hasta la muerte del dictador. Ejemplo de ello son algunas de las películas en las que se muestra más fielmente, y de forma más cruda, el hambre y el racionamiento de la población civil con escenas impactante en películas como: Pa negre, Pájaros de papel, Las bicicletas son para el verano o El espíritu de la colmena, entre otras.

 

                                       Rosa M. Ballesteros García

                       Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Recordemos que la SGM se inicia en septiembre de 1939, es decir, el mismo año en que finaliza la Guerra Civil en España. España tardaría 18 años en recuperar el nivel de renta que tenía en 1936.