Dos Passos, Hemingway y Robles: Un triángulo roto
‹‹Los problemas que surgen entre un hombre y sus
amigos
no son con frecuencia más que el resultado de
hacerse viejo››.
Dos Passos: Años inolvidables, 1966
Esta es la historia de uno de tantos
asesinatos no resueltos. Es también la historia de tres intelectuales (dos
norteamericanos y un español), amigos y espectadores de nuestra Guerra Civil.
Se llamaban John Dos Passos, Ernest Hemingway y José Robles Pazos. Los dos
primeros habían nacido en Illinois en 1896 y 1899, respectivamente; José Robles
lo había hecho en la gallega Santiago de Compostela en 1897. De los tres, fue
el primero en morir en Valencia, en extrañas circunstancias, como veremos, en
1937 (se ignora la fecha exacta). Hemingway se suicidó en 1961, arrastrando y
contribuyendo a lo que parece una larga saga familiar de muertes violentas por
suicidio: su propio padre, uno de sus exsuegros, sus hermanos Úrsula y
Leicester, su hija (trans) Gloria y su nieta, la actriz Margaux Hemingway son
ejemplo de lo dicho. De los tres, sólo Dos Passos lo hizo de forma no
voluntaria en 1970 en la ciudad de Baltimore.
A nuestros tres
protagonistas los unía su rechazo al fascismo, aunque ninguno de ellos militó en
ningún partido político. Sus biógrafos y quienes escribieron sobre ellos suelen
coincidir en una ideología cercana al socialismo. El propio Hemingway, en carta
a su mejor biógrafo, Carlos Baker (Hemingway: The writer as Artist) lo
explica: ‹‹Había por lo menos cinco partidos en la Guerra Civil española en el
lado de la República (…) no pertenecí a
ninguno (...) No tenía más partido que un profundo interés y amor por la
República››. Tanto Hemingway como Dos Passos forman parte de la llamada ‹‹generación
perdida›› de escritores estadounidenses que vivieron en Europa (especialmente
París) durante el período de entreguerras: Scott Fitzgerald, Thomas Wolfe, Jhon
Steinbeck, William Faulkner, Gertrude Stein o Sylvia Beach, entre otros. Dos de
los autores citados, Faulkner y Hemingway, fueron galardonados con el Nobel.
Hemingway se enfrentó
el fascismo, cara a cara, cuando entrevistó a Mussolini en los años 20,
describiéndole como ‹‹el mayor farol de Europa››, anticipando con ello al
dictador que llegaría a ser. Cuando, en 1924, los Fascios asesinaron al
diputado socialista Giacomo Matteotti, su muerte rubricó su antifascismo. Es
notoria la admiración que sentía por España, donde llegó por primera vez en
1923. Fruto del tiempo que residió aquí es una de sus obras más celebradas: Fiesta,
publicada en 1926. Cuando estalló la guerra civil en 1936 Hemingway regresó a
España como corresponsal de la North American Newspaper (colaborando con
el fotógrafo Robert Capa y coincidiendo con la periodista Martha Gellhorn, que
se convertiría en su tercera esposa). Y en nuestro país se
encontraba cuando en 1937 el documentalista holandés Joris Ivens invitó a
Hemingay y Dos Passos para trabajar en el guion de una de sus películas más
célebres, Tierra de España.
Dos Passos,
descendiente de portugueses y buen conocedor de nuestro país, donde estuvo
instalado una larga temporada en 1916. Como su colega y amigo, inspirado por
España, escribirá su novela Rocinante vuelve al
camino. En Madrid tuvo la oportunidad de conocer a Juan Ramón Jiménez,
Valle Inclán y deleitarse con el arte de Pastora Imperio. Recordando aquella
época escribió: ‹‹Aunque me gustaba mucho Italia, España seguía siendo mi
favorita››. Para acercarnos a su posición ideológica un ejemplo: cuando en 1927
se produjo en los EE.UU. la ejecución de los anarquistas Sacco y Vanzetti, escribió
varios artículos censurando la violencia, lo que le situaría en adelante en la
lista negra.
De nuevo en 1932,
recién estrenada la Segunda República, Dos Passos regresa a España y describe,
y así lo hace constar en sus memorias, el posicionamiento de lo que se ha dado
en llamar ‹‹dos Españas›‹. A su paso por Santander alude al «odio en los
rostros de las gentes elegantemente vestidas, sentadas en las mesas de los
cafés (…) mientras contemplaban a los sudorosos socialistas volviendo de la
plaza de toros con sus hijos y sus cestas y sus banderolas›› Y termina: ‹‹Si
los ojos fueran ametralladoras, ni uno solo hubiera sobrevivido aquel día».
De nuevo en 1937 vuelve a España, esta
vez a instancias del cineasta holandés Joris Yvens para colaborar, junto a su
todavía amigo Ernest Hemingway, en el guion del documental La tierra
española, pero al conocer la desaparición de su amigo y traductor, el
gallego José Robles Pazos (las fuentes coinciden en que fue a manos de los
servicios secretos soviéticos), rompió de forma definitiva con Hemingway. Dos
Passos dolido por la escasa sensibilidad del otro ante el sufrimiento humano (así
lo recuerda en su obra Años inolvidables). Se trataba de un dilema moral
que ya asoma en el planteamiento del guion en el que iban a colaborar: Dos
Passos quería darle protagonismo a la población y Hemingway lo planteaba desde
una visión más pragmática y política. Haciendo marcha atrás en el tiempo, nos
podemos imaginar a los dos amigos sentados, alrededor de una mesa del madrileño
hotel Florida, centro neurálgico de todo lo que se cocía en la capital,
discutiendo sobre el tema y sobre la ‹‹desaparición›› de su viejo amigo José, a
quien Dos Passos había conocido, hacía tantos años, en un destartalado tren
camino de Toledo. No podía aceptar que su amigo fuera un ‹‹espía fascista›› La
amistad duraba ya un par de décadas; después José, por mediación de Dos Passos
atravesó el charco para ir a dar clases a Baltimore, en la progresista
Universidad Jhons Hopkins, la universidad privada más antigua, fundada en1876, que
fue la primera universidad dedicada a la investigación en los Estados Unidos.
Su curiosidad intelectual lo había llevado, en los años 20, a aprender ruso (también
dominaba el francés y el inglés) para poder leer a Puskin. El estallido de la
guerra le sorprendió durante sus vacaciones en España, pero no quiso regresar a
su trabajo. Comprometido con el gobierno republicano, se presentó voluntario
como traductor para los rusos, siendo asignado como intérprete y colaborador
del general soviético Vladimir Gorev, enviado por el gobierno de la URSS como
asesor militar para apoyar al Ejército Popular de la República.
A partir de aquí nace
la incógnita no aclarada, pero con varias hipótesis con relación a su
desaparición, si bien es cierto que en un ambiente que era de paranoia aguda,
cualquier aproximación puede ser plausible. No obstante, hay una especie de
consenso que apunta a que el motivo pudo ser que era un hombre que ‹‹sabía
demasiado››ó, que el todopoderoso Alexander Orlov tuvo que mediar en el hecho y
que después de ser interrogado en las checas de la NKVD (germen del KGB), desapareció
sin dejar rastro, si bien el inquieto y comprometido Dos Passos, autor de la
imprescindible Manhattan Transfer intentó seguir el rastro de su
traductor, sus pesquisas molestan a Hemingway que defiende por encima de todo
la causa republicana. Jamás volverán a hablarse, si bien en la novela de
Hemingway París era una fiesta, publicada en 1964, su autor, de forma malévola,
carga contra Dos Passos: ‹‹cada dólar que gana le desplaza un poco más a la
derecha››.
Tras licenciarse en
1918 en Filosofía y Letras, José Robles Pazos filólogo, traductor,
profesor de literatura española y pintor comenzó a trabajar como profesor de
Literatura española. En 1919 se casó con Márgara Villegas, hermana de Amparo
Villegas, célebre actriz de la época. El matrimonio tuvo dos hijos: Francisco,
nacido en Madrid y una hija, Margarita, que nació en Estados Unidos. Entre
abril de 1927 y enero de 1928 colaboró en La Gaceta Literaria, en la
sección titulada «Libros yankis», donde comentaba aspectos y novedades
literarias de aquel país, acompañándolo algunas veces con ilustraciones
propias. Fue el traductor de dos obras de Dos Passos: Rocinante vuelve al camino y Manhatan
Transfer. Compaginó su labor docente con sus trabajos de
erudición, especializándose en el teatro clásico español. De
aquellos años en España se publicó un poemario titulado Invierno en Castilla
y otros poemas, publicado por la editorial sevillana Renacimiento.
La
película de Yvens se rodó, aunque Dos Passos no figura en los títulos de
crédito. La película la llegó a ver Roosevelt.
Dos Passos, tras la
desaparición del amigo, se hizo cargo de su familia. Junto a Carrington
Lancaster, el antiguo jefe del español en la Johns Hopkins, consiguieron
documentos para que la viuda pudiera cobrar el seguro de vida americano de su
marido. El bueno de John había estado pagando las cuotas de la póliza durante
todo ese tiempo. El hijo mayor de José se enrolaría en las filas del ejército
del Frente Popular, fue preso y condenado a muerte que le conmutará en 1944. Finalmente,
la familia se establecerá en México.
Al
parecer, cuando vinieron a buscar a José Robles, estaba leyendo a Poe.
Rosa M.
Ballesteros García
Vicepresidenta del
Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”