domingo, 9 de agosto de 2026

Pinceladas

 

 

 

 

 

 

PINCELADAS

 

Cuando yo era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces: ¨hijo, nunca te vanaglories de tu suerte¨. Por entonces yo tenía dieciséis años, buena figura, ojos verdes. Mi vida era cómoda, pues mi padre, Alberto, era un empresario que había hecho fortuna como tratante de arte. Era alto, ancho de hombros, ojos castaños, mirada penetrante y nariz aguileña. Mi madre, Sofía, por otro lado, era una mujer de una belleza que no dejaba indiferente: melena color castaño, que reposaba a mitad de la espalda, piel atezada, figura estilizada y lo mejor, esos ojos verdes que me hipnotizaban. Conoció a mi padre en una exposición de pintura donde ella presentaba sus cuadros. Cuando mi padre la vio, quedó sujeto para siempre al destino de ella.

 

Nuestra vida discurría plácida, salpicada de viajes. Yo iba creciendo y madurando. Me llenaba de imágenes de otros lugares. Recuerdo un viaje en especial: fue conocer Venecia, sobre todo de noche, cuando sus calles se tornan solitarias, apenas iluminadas por luces mortecinas y donde resuena el eco de los pasos. Desembocar por esas calles estrechas en la plaza de San Marcos, hacía que se me humedecieran los ojos al ver aquel lugar tan silencioso y bello.

 

Comencé a estudiar Bellas Artes en Granada, que era la ciudad donde vivíamos por entonces. Vivíamos en un Carmen en el barrio del Albaicín, también con calles estrechas como Venecia. No tenía canales, pero la visión nocturna de la Alhambra, tan imponente y quieta, desde nuestro patio, era todo un lujo. Mi madre me ayudaba con los cuadros que empecé a pintar. Entraba en mi cuarto, se ponía detrás de mí y me hablaba de colores, de sensaciones, de sentimientos. Me gustaba escucharla, sobre todo su risa, que llenaba la habitación de calidez. Yo quería trasladar al cuadro todo lo que tenía en mi mente y al principio me sentí muy decepcionado, ya que resultaba realmente difícil.

 

En esto, conocí a María, una compañera de mi curso. Me llamó la atención su pelo rojizo, largo y sus grandes ojos castaños. En las prácticas siempre estábamos cerca el uno del otro, por lo que pronto entablamos conversación. Nos ayudábamos en las clases y discutíamos de trazos, colores, perspectivas, que a veces rozaban lo abstracto, lo que hacía que acabáramos riéndonos del sinsentido de algunas cosas. Poco a poco, empezamos una relación, llena de entusiasmo y pasión. Mis padres estaban encantados con María. Venía con frecuencia a nuestra casa y con mis padres hablábamos del fluir de los colores mientras el vino corría por nuestros vasos, con la Alhambra al fondo, sin quitarnos ojo.

 

Pasaron algunos años, y cuando acabamos los estudios decidimos irnos a vivir juntos. Es verdad que mis padres nos ayudaron mucho. Ya ganábamos algo con nuestros cuadros, ya que mi madre, sobre todo, medió para que fuéramos conocidos en el mundillo del arte, lo cual era y es harto difícil. Consiguió que María y yo pudiéramos tener una exposición de nuestras pinturas por lo que nos pusimos a trabajar sin demora para rematar algunos cuadros y crear algunos nuevos.

 

El tiempo iba pasando con la ilusión de ver el trabajo concluido. Un día, me acerqué a la Facultad de Bellas Artes a consultarle algo a un antiguo profesor. Ya me había despedido de él, bajaba las escaleras cuando un conocido me llamó. Giré la cabeza, sin percatarme del siguiente escalón, de tal modo que me vi rodando, escalera abajo, escalera que, por cierto, era bastante larga. Acabé tumbado al final de la misma, medio mareado y con las muñecas deformes, sintiendo un gran dolor. En el hospital me diagnosticaron de fractura de ambas muñecas. Hubo que intervenirlas con placas metálicas. Mi ánimo se ensombreció. Quedaban tres semanas para la exposición. Aún quedaban algunos de mis cuadros por rematar, cuadros que no podría acabar estando de esa guisa. Me dijeron que había de quedarme varios días en el hospital, antes del alta. Al fin regresé a casa, sin ver cómo podía concluir mis cuadros.

 

Me decía María que estaba irritable. No tenía apetito. En mi mente vislumbraba el fracaso de la exposición. Contemplaba mis manos enyesadas y me sentía impotente. Me daban ánimos, pero seguía maldiciendo mi suerte. Ya solo quedaban dos semanas para el evento. Empecé a sentirme mal del estómago, con frecuentes visitas al excusado. En esto, María me dijo que como ella conocía mi estilo al pintar, podría acabar mis cuadros. Sabía que eso era hacer trampas, pero para mí era muy importante exponer. Le dije que adelante, que lo hiciera. Se puso a la tarea, adelantando mucho el trabajo, aunque quedaban retoques finales. Yo, aunque impedido para pintar, le iba indicando cómo concluirlos.

 

Una tarde salimos a despejarnos un poco, hablábamos animadamente sobre los colores de algunos cuadros. Mientras recorríamos una calle del barrio del Realejo, absortos en nuestra conversación, no vimos el obstáculo, esa maciza farola fernandina, que se interpuso en su camino y contra la que María se estampanó, quedando totalmente inconsciente. Un corro de curiosos se empezó a agolpar a nuestro alrededor. Uno de ellos llamó al 112, pues yo, con los yesos, no tenía mucho manejo. La ambulancia llegó al cuarto de hora. Se me hizo interminable el tiempo de espera. Al fin, llegó, quedándose ella ingresada en el hospital, pues no recuperaba el conocimiento. Quedaban solo cinco días.

 

No podía estar el panorama más negro. ¡Faltaba muy poco! ¡El trabajo aún estaba inconcluso! La exposición estaba ya tan cerca, las invitaciones ya cursadas, la galería de arte reservada, que era un gran desbarajuste cancelarla. Mi madre pensaba como solucionar el asunto, pues los cuadros solo necesitaban un toque final. Nos pasábamos muchas horas en el hospital, esperando que despertara María. Mis molestias estomacales volvieron a aparecer. María no acababa de despertar, aunque los médicos nos decían que no había nada grave. Al final, mi madre llegó a la conclusión que lo mejor era que ella misma diera los últimos toques, a lo que accedí, diciéndome a mí mismo que la obra iba a ser un asunto familiar, redimiéndome así de la trampa.

 

Se puso a la tarea, concluyendo los cuadros. Todo empezaba a estar listo, pero María no despertaba. La preocupación iba en aumento, a pesar de que los médicos nos daban esperanzas. No podía conciliar bien el sueño. Las horas pasaban sin ningún cambio. Era exasperante. Pero, como habían dicho los médicos, y cuando solo faltaban dos días para la exposición, despertó totalmente. Yo estaba en mi casa en ese momento cuando me avisaron por teléfono. Salí corriendo, cogí un taxi. Mientras iba hacia el hospital, pensaba en las últimas semanas, en la mala suerte que arrastrábamos. Llegué al hospital en poco tiempo. No tuve paciencia para esperar el ascensor. Subí las escaleras hasta la tercera planta, entré apresuradamente en la habitación, un tanto sofocado, sin percatarme que el suelo estaba húmedo, pues estaba recién fregado. Me resbalé, no pude frenar a tiempo con mis brazos enyesados y fui directo hacia la cama donde estaba María, mirándome fijamente con ojos atónitos. Acabé propinándole un sonoro cabezazo, que la sumió de nuevo en la inconsciencia. ¡No puede ser! ¡No puede ser!, grité. ¡Seguro que alguien nos estaba mirando mal! No podía haber otra explicación, barrunté en mi cabeza. Ahí, estaban mis padres en la habitación, perplejos y asustados. Llamaron corriendo a las enfermeras y médicos. Vinieron al momento, la llevaron a hacerle un TAC urgente, que no mostró ninguna alteración, afortunadamente. Eso sí, un ojo lo tenía a la funerala. La trajeron de vuelta a la habitación. Me senté al lado de la cama y mientras yo estaba mirándola fijamente, abrió los ojos por fin. Me miró y me dijo: what´s the craic? No pude por menos que sonreír. Le gustaba mucho esa expresión irlandesa. Le respondí que todo iba bien y más, ahora que estaba despierta. Cuando solo quedaba un día, le dieron el alta.

 

El día de la exposición amaneció claro, con un cielo celeste y un sol que lo dominaba todo. Aún en el estado en que estábamos, no queríamos perdérnosla. Habíamos soñado mucho con ello. Pensábamos, o queríamos pensar, que ya no nos podía pasar nada más. Y allí fuimos. Contemplarnos delante de todos, explicando nuestras pinturas, creo que debió rozar lo cómico: María con unas grandes gafas de sol y yo con mis dos muñecas enyesadas. La imagen, que dábamos, era verdaderamente todo un cuadro. No obstante, la exposición fue un éxito. Vendimos muchos cuadros y la crítica alabó nuestra pintura, sin saber nadie que era algo así como un compendio familiar. Ese día, por fin, la fortuna nos respetó.

 

Desde aquellos días, nos pasaron muchas cosas, buenas y malas, como a todos, pero al recordar esos días, en concreto, pienso en el consejo de mi padre, en lo cambiante que es la buena suerte, como para darla por merecida.

 

                                                               Francisco Marín Urrutia

                                                Médico, especializado en Rehabilitación

                                                       El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                          “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 2 de agosto de 2026

Odisea

ODISEA

                                                                     

                                                          A Mary, único amor de mi vida, por su labor como excelente

                                                                                        Cuidadora, enfermera y aprendiz de fisioterapia. 

 

En septiembre de 2017 estuvimos invitados mi mujer y yo a la boda de nuestro sobrino. Se casaba en un país muy lejano, a unos siete mil kilómetros de distancia desde Málaga y allá que volamos.

Cuatro días antes de la boda ocurrió lo siguiente…Yo tengo por costumbre correr una hora todas las mañanas ya que soy una persona diabética. Aprovechando que nuestra familia reside a cuatro minutos andando de un maravilloso parque, una mañana muy soleada, me dispuse a correr. En esa época las hojas de muchos árboles que inundaban la ciudad mutaban del color amarillo al naranja. Para acceder a dicho parque, sólo concurrido por las ardillas, tenía que cruzar la avenida del norte con seis carriles, tres en cada sentido. Eran las siete y media de la mañana y no había mucho tráfico.

 Cruzando el paso de peatones, una vez superado los tres primeros carriles, me detuve en la mediana central para cruzar los siguientes. En los dos primeros los automóviles pararon, haciéndome señales de que podía pasar; en el tercer carril y a una velocidad supersónica fui atropellado por un monovolumen que me volteó por los aires. El conductor paró y bajó de su coche sin decir una sola palabra. Caí al asfalto cual saco de cemento que tiran desde un camión y con suerte de no haber perdido el conocimiento. Estaba tendido en la calzada, como una alcayata, retorcido de dolor, cuando una señora que acudió se ofreció a llamar por teléfono a mi familia; acudieron todos ipso facto. También acudieron la ambulancia y un coche de la policía. Me rodearon como ocho testigos oculares del accidente y mi cuñado tomó nota de sus teléfonos.

 Una vez que la policía terminó el atestado, por cierto, comprobé  que en la copia que nos entregaron no figuraba ningún control de velocidad y tampoco de drogas al conductor: “presuntamente por ser yo extranjero” Incluso anotaron el teléfono de un solo testigo. La ambulancia me llevó al hospital acompañado por mi mujer y a la llegada a urgencias, le pidieron a ella la tarjeta de crédito o un seguro privado para ser atendido. Ella contestó que tarjeta bancaria no tenía pero sí teníamos un seguro de viaje. En este país en el caso de no tener tarjeta de crédito o seguro privado, me hubieran remitido a cualquier ONG para ser atendido por la beneficencia. Eso sí exigieron que era imprescindible para ingresar contratar a un abogado, lo que mi mujer solicitó inmediatamente a la familia. Tras múltiples resonancias magnéticas, el diagnóstico fue: hombro izquierdo destrozado imposible de recomponer con el agravante de que varios trozos de la cabeza del húmero se desplazaron hacia el corazón; fractura de tibia y peroné de la pierna derecha y fractura de radio a la altura de la muñeca izquierda. La intervención iba ser de alto riesgo por lo que tuvieron que llamar a un cirujano ortopédico de renombre, externo al hospital. La operación tuvo lugar dos días después del ingreso y fui intervenido, mediante la colocación de una prótesis de titanio, desde el codo hasta el hombro. El mismo día que fui intervenido un administrador del mismo hospital vino a la habitación en dos ocasiones para solicitarnos que pidiéramos un préstamo para afrontar futuros gastos, idea que declinamos pues a nuestro juicio aquello era un hospital y no un centro comercial. Desde el primer día, con tantos chutes de morfina, me sentía eufórico, con alucinaciones, pensando incluso que podría ser el aprendiz de Terminator.

 Una vez operado me trasladaron a una habitación donde mi mujer podía permanecer conmigo día y noche. Desde el primer día del ingreso cualquier sanitario que entraba en la habitación ya fuesen médicos, enfermeros o auxiliares, todos preguntaban siempre lo mismo: “¿El conductor del coche paró?” ante las mismas preguntas, al tercer día pedí a un médico una explicación y su respuesta fue esta: “ Mire en esta ciudad de más de diez millones de habitantes, recibimos todos los días personas atropelladas y el noventa por ciento de los conductores se dan a la fuga, esto es muy común en esta ciudad”. Transcurrida una semana, un buen día recibimos una llamada en la habitación, era el abogado contratado y nos comunica lo siguiente: “Mire hemos tenido muy mala suerte, el conductor del coche que lo ha atropellado, no es un político, ni es famoso, ni empresario o alto ejecutivo y tampoco es millonario”. Mi mujer y yo nos quedamos tan perplejos por esta noticia tan surrealista que no supimos ni qué preguntar. Como datos dignos de mención, en aquel Hospital Privado, por supuesto de cierta fama en aquel país, aunque disfrutaba de buenas comidas y todas las atenciones médicas, tengo que admitir que nunca alguien vino a asearme. Menos mal que estaba mi mujer para ayudarme. Otra pesadilla era que transcurridos tres días de la intervención, cada tres días entraba en la habitación una señorita alta, muy bien vestida, con unos documentos en las manos y nos preguntaba:

 — ¿Tienen ustedes algún otro seguro de accidente o de enfermedad, ya que el seguro de viaje suyo no se hace responsable del importe final?— Cada tres o cuatro días ella entraba en la habitación y soltaba estas palabras mágicas. Tanto para mi mujer como para mí su actuación fue un acoso psicológico en toda regla, ya que carecíamos de la debida información. Por ejemplo, no sabíamos cuál iba ser la factura final del hospital y cuáles eran las respuestas de nuestro seguro de viaje. La finalidad de esta empleada de la administración del hospital era tener la garantía cómo y quién iba a pagar al final (Sanidad Privada).       

            A los quince días me dieron el alta hospitalaria y gracias a tener una familia pensé: ¡regreso a mi vida anterior! Qué iluso no sabía lo que me esperaba… Tuve que permanecer en cama, sin moverme, durante cuarenta días. A los pocos días recibimos por correo el informe final del hospital, constaba de ciento setenta y dos páginas, (aún lo conservo y las facturas pendientes de abonar). El importe de la cirugía y hospitalización, incluido las ambulancias, ascendían a un total de 359.000 euros, al cambio español. Esta noticia fue el detonante para que mi estado de estrés postraumático fuera agravándose conforme pasaban los días.

             Al cabo de cinco semanas  pude sentarme en una silla de ruedas e iba a necesitar sesiones de fisioterapia para poder aprender a caminar de nuevo, había perdido catorce kilos, serían cuatro sesiones semanales durante tres semanas. La compañía de seguros iba a hacerse cargo de las sesiones en una clínica privada, pero se negaron a cubrir los gastos de transporte desde nuestra casa  hasta la clínica y viceversa. El vehículo adaptado para discapacitados tenía  que venir con uno o dos ayudantes que me pudieran bajar y subir los siete escalones que tenía la entrada de nuestra casa para salir a la calle. Fue imposible encontrar compañías de taxis que pudieran prestar dicho servicio, hasta que con la ayuda de la familia pudimos encontrar una empresa cuyo dueño y empleados eran palestinos. Ellos cubrirían este servicio con una furgoneta adaptada a mis necesidades. El coste de cada viaje ida y vuelta sería de doscientos sesenta euros al cambio.

            El primer juicio por el accidente fue el 01 de noviembre de 2017, y  varios días después nos visitó el abogado en casa para informarnos del resultado. Quedamos perplejos cuando nos comunicó que los abogados de la compañía de seguros del coche, para evadir todo tipo de indemnización se defendieron admitiendo que fue un intento de suicidio y pedían la inocencia del conductor. Fue cuando nosotros incrédulos de lo que estaba diciendo, insistimos en nuestra defensa puesto que hubo varios testigos y cámaras de seguridad cercanas al lugar. Nos prometió que iba a recurrir el primer juicio tras pedir las grabaciones de las cámaras ya que los testigos en verdad declinaban presentarse. Muy indignados con sus noticias le hicimos las siguientes preguntas: ¿qué pasaría si yo tuviera una discapacidad futura según pronosticaron los médicos?  Nos contestó que yo no tendría derecho a ninguna indemnización puesto que el conductor es insolvente y la cobertura del seguro del coche sólo abonaría un máximo de veinte mil euros. Nos dijo: “Vuestro seguro de viaje aportaría unos quince mil euros y estas cantidades serían para pagar el hospital, les queda una deuda por saldar de 324.000 euros, en este país no existe como en Europa un consorcio de seguros que pueda responder subsidiariamente”. La siguiente pregunta fue: “¿por qué razón en su primera llamada al hospital nos dijo que no fue alguien importante de poder económico o social el que conducía?” y entonces nos explicó que si el conductor hubiera sido persona con un elevado poder económico social o muy conocido públicamente hubiera resultado muy fácil obtener una buena indemnización, casi sin juicio. Por último le preguntamos: “¿por qué muchos conductores todos los días se dan a la fuga?” y su respuesta fue alucinante: “miren, en este país es solamente obligatorio llevar seguro del vehículo el primer año, después cada individuo es libre de tener seguro o no tenerlo, es su responsabilidad y su libertad de hacerlo, por eso diariamente hay tantas fugas”.

 

            Finalizada las sesiones de fisioterapia los médicos descubren que tengo una neuropatía severa en el brazo izquierdo y tengo que regresar a mi país en silla de ruedas y con un brazo izquierdo totalmente paralizado, por fin, mi llegada a Málaga fue a final de  noviembre de 2017.    

            En el siglo VIII a.C, Homero escribió la Odisea, unas aventuras épicas, veintinueve siglos después yo les dejo mi Odisea personal, una aventura traumática y sobre todo una historia real. Si piensan que esto sucedió en África, en Asia o en cualquier país del continente suramericano, se equivocan, esto ocurrió en la Ciudad de Chicago, estado de Illinois, en el país más rico y supuestamente más adelantado como son los Estados Unidos de Norte América. 

                                                            Juan Gil Bautista

                                               El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 26 de julio de 2026

Microorganismos

               Los microorganismos

                     Enemigos / amigos, compañeros inseparables

Los microorganismos son los primeros seres vivos (organismos biológicos) que aparecieron sobre la tierra. De ellos descendemos todos los demás seres orgánicos que han estado y que ahora mismo seguimos estando en ella. Sin ellos la vida tal y como la conocemos ahora no habría tenido lugar.

Esenciales para la vida. Fundamentales en los diferentes procesos ecológicos, biológicos y biotecnológicos.  Habitan en todos los ecosistemas, vegetales, animales, incluido el ser humano... de ahí su gran importancia.

Son seres microscópicos, unicelulares o pluricelulares, carentes de diferenciación en tejidos (es decir con un solo tipo de células). Extremadamente pequeños, de tamaño tan reducido que no pudieron ser identificados u observados hasta la invención del microscopio. El comerciante holandés Leeuwenhoek, conocido como el “padre de la microbiología”, fue uno de los pioneros en realizar observaciones de este mundo microscópico en el siglo XVII.

Son los primeros organismos que, a partir de elementos inorgánicos crearon vida. Entendemos por ser vivo aquel que reúne un mínimo de tres características: membrana (que le permita estar aislado del medio y comunicarse con él), metabolismo (un sistema de supervivencia), y material genético (con el que replicarse y reproducirse para perpetuarse). Los microorganismos son los primeros seres vivos.

Cómo y cuando aparecieron

Hace más de 4.500 millones de años que existe la tierra en nuestro sistema solar, y unos 4.300 millones de años de la aparición del agua como compuesto sobre ella, elemento esencial para que se pudiera generar la vida y sin la cual no existiría.

Probablemente la vida comenzó a tener lugar hace unos 3.500-4.200 millones de años, en las aguas hidrotermales de los océanos.  Por consenso, el antepasado común más reciente de toda la vida en la tierra se ha denominado LUCA (Last Universal Common Ancestor). Sería un microorganismo anaerobio (sobrevivía sin oxígeno) y termófilo (a una alta temperatura), que desarrolló el código genético (ARN, ADN) y procesos metabólicos (ATP), que hoy en día compartimos todos los seres vivos.

LUCA no se refiere a un ejemplar específico, sino a una entidad hipotética que ha permitido comprender el origen y evolución de la vida. Es considerado el organismo que dio origen a toda la vida celular moderna, desde bacterias unicelulares hasta organismos complejos.

El cómo pudieron aparecer compuestos orgánicos de la materia inorgánica no se puede saber con exactitud, ha sido una historia de acierto y error que ha ido complicándose y perpetuándose. El experimento de Miller (1953), demostró que biomoléculas, como los aminoácidos, etc., pueden formarse a partir de materia inorgánica bajo las condiciones de la tierra primitiva, al simular en un aparato de vidrio cerrado la atmósfera primitiva (metano, amoniaco, hidrógeno y vapor de agua) el océano (agua caliente) junto con descargas eléctricas (chispas para representar los relámpagos), se obtuvieron compuestos orgánicos como los primeros que aparecieron. Aunque hoy se debate si la atmósfera primitiva era exactamente como Miller la recreó, el experimento sigue siendo un hito fundamental en la química prebiótica, como la primera comprobación científica de que en condiciones ambientales adecuadas es posible la formación de moléculas orgánicas a partir de sustancias inorgánicas.

Según el tipo de organización de las células, los organismos se pueden clasificar en:

·         PROCARIOTAS (palabra de origen griego que significa “núcleo primitivo”). Con el material genético en el citoplasma: Bacterias y Arqueas (bacterias primitivas)

·         EUCARIOTAS (palabra de origen griego, significa “núcleo verdadero”). Tienen el material genético rodeado de membrana y organelos citoplasmáticos: Hongos, Algas y Protozoos

·         Y SIN ORGANIZACIÓN CELULAR. En este grupo estarían los: Virus.

Entre los primeros procesos que se empezaron a realizar por bacterias está la fotosíntesis  anaerobia (sin oxígeno), convirtiendo la energía lumínica en química sin necesidad de O2. Entre ellas se encuentran las cianobacterias, organismos procariotas que surgieron hace unos 3.500 millones de años, capaces de realizar este tipo de fotosíntesis en las condiciones de la atmósfera primitiva, con producción de oxígeno (de importancia biológica vital para que pudieran surgir los organismos aerobios). Con el oxígeno se formó el ozono O3, que actúa como filtro solar protector en la estratosfera contra la radiación ultravioleta, también importante. Finalmente hace  unos 2.000 millones de años surgieron las células eucariotas (y de esta forma organismos más complejos). Significó un gran salto, de los más importantes después del origen de la vida, ya que sin la complejidad que adquirieron estas células no habrían sido posibles fenómenos posteriores como la aparición de organismos pluricelulares.

MICROORGANISMOS PATÓGENOS

La teoría de la evolución nos permite comprender el gran éxito de los microorganismos. Han ido evolucionando para sobrevivir y su evolución ha ido aparejada al curso de la nuestra. Los microorganismos, aparte de los numerosos beneficios, pueden también causar enfermedades, invadiendo el cuerpo y multiplicándose en él.  En 1847 Robert Koch y Louis Pasteur descubren que los microorganismos patógenos son el origen de las enfermedades infecciosas siendo éstas la expresión clínica del proceso infeccioso, traduciendo en signos y síntomas tanto el daño causado como el resultado de la inflamación resultante. Los historiadores reconocen que las enfermedades de origen microbiano y su lucha han tenido una enorme influencia en la Historia de la Humanidad.

Entre las enfermedades más antiguas  de las que tenemos datos están: el antrax o carbunco (causado por la bacteria Bacillus anthracis), descrita desde la época romana y la primera bacteria en demostrarse como causa de enfermedad (1876); la lepra (siendo responsable de ella el Micobacterium leprae identificado en 1879); la tuberculosis (Micobacerium tuberculosis identificado en 1882); el cólera (Vibrio colerae 1883); la peste (Yersinia pestis 1894); el tétanos (enfermedad causada por la toxina del Clostridium tetani 1889); la sífilis (infección de transmisión sexual provocada por el Treponema pallidum identificado en 1905), y así podíamos seguir...

 

MÉTODOS DE LUCHA

Todas las sociedades han tenido que enfrentarse al problema de la enfermedad y a la tarea de luchar contra ellas para favorecer la salud y su permanencia. Desde enfermedades zoonóticas en cazadores  recolectores a grandes epidemias con el sedentarismo y la urbanización. A lo largo de la historia se han ensayado soluciones muy distintas, unas dependientes de las diferentes creencias mágicas y religiosas, otras nacidas de la práctica ciega o experimental, otras basadas en el desarrollo de la ciencia. Enumeraremos varios métodos con un fundamento científico:

Cuarentena

El origen histórico de la palabra cuarentena proviene del italiano medieval quarenta giorni, que significa cuarenta días. Este término se consolida en el s. XIV durante la pandemia de Peste Negra de 1348 para describir el periodo preventivo impuesto a las personas o los barcos antes de ingresar en una ciudad. Se consideraba que ese era el tiempo suficiente para la resolución de una enfermedad.

La peste tiene un origen prehistórico.  Los primeros datos en humanos se remontan a 5.500 años  a.  de C. como infecciones locales. Se volvió realmente peligrosa cuando evolucionó biológicamente coincidiendo con sociedades humanas más densas y conectadas. La primera gran pandemia es la plaga de Justiniano (541 d. de C.) en el Imperio Bizantino, y causa millones de muertes; entre 1347-1351 la peste negra arrasa con el 50% de la población de Europa... Se expande desde Asia. En 1346 los mongoles la utilizaron como arma de contaminación lanzando cadáveres en la península de Crimea.

La peste negra marca el inicio la Salud Pública en Europa con medidas como ésta que sigue usándose hoy.  En la actualidad se dan casos aislados de peste.

Aislamiento

Se empezó a utilizar el aislamiento 3.400 años a. de C. con la enfermedad de la lepra, mencionada tanto en el Antiguo como el Nuevo testamento (es la primera enfermedad documentada para la cual se impuso el aislamiento). Se describía en el Levítico (capítulos 13-14), como una enfermedad contagiosa e incurable, impureza severa llamada “tzaraat”, la enfermedad más temida. Si alguien presentaba manchas, hinchazones o sarpullidos sospechosos, el sacerdote le examinaba la piel. Si se confirmaba, la persona era declarada “inmunda” y debía vivir aislada.

Hipócrates (430-360 a. C.), el padre de la medicina, aconsejaba lo que traducido al latín sería Cito, longe, tarde (queriendo decir “vete rápido, vete lejos y tarda en regresar”).

Cuarentena y aislamiento se siguen utilizando en la actualidad (por ejemplo, ante el temor a una contaminación al regresar de la luna tanto personas como material son aislados y todos recordamos el confinamiento). Las dos anteriores medidas, aunque parecidas, se diferencian en que en el caso de la cuarentena las medidas se toma en individuos sanos que se mantienen fuera de contacto durante el tiempo de incubación de la enfermedad de la que se ocupa. El aislamiento se lleva a cabo en individuos enfermos que pueden contagiar la enfermedad. 

Vacunación

Es quizás la forma más eficaz de prevención, ya que ayuda al sistema inmunológico a desarrollar protección contra una enfermedad. La primera enfermedad que se intentó prevenir mediante la vacunación fue probablemente la viruela, enfermedad que ha existido desde siempre: en la momia de Ramsés V (1143 años a. de C.) se encuentran síntomas de viruela. 

El primer uso registrado de formas de vacunación de la viruela data del s. XVI en China. La invención de una vacuna específica de la viruela se le atribuye al médico inglés Edward Jenner (1796).  Posteriormente Louis Pasteur avanzó el concepto científico, puso fin al debate de la generación espontánea y se ocupó de los procesos de fermentación.

Ya en el s. XIX (1803-1806) tuvo lugar la Expedición Filantrópica Balmis con la enfermera Isabel Zendal, en época de Carlos IV, con la idea de realizar una vacunación de la viruela en América y Filipinas. Fue la primera misión sanitaria internacional.

El último contagio se declaró en 1977 (Somalia). La OMS la declaró erradicada en 1980. Pero el virus no ha desaparecido y la misma OMS no descarta que pudiera usarse como arma biológica.

Quimioterapia

Tratamiento farmacológico con sustancias químicas de características antibacterianas y toxicidad selectiva (que matan a las bacterias pero no a nosotros).

Empezó a utilizarse contra la sífilis un compuesto de arsénico desarrollado por Paul Ehrich (premio nobel en 1908) y conocido como la bala mágica.  Su forma comercial Salvarsán (o compuesto 606) para “enfermedades secretas”, fue el primer agente quimioterapeútico diseñado para curar una enfermedad. El arsénico salvaba pero tenía muchos efectos secundarios (necrosis de piel, fiebre, ceguera, sordera, parálisis con una mortalidad 1/ 200). Como dijo el mismo Ehlich: “no hay quimioterapia sin efectos secundarios”. En el siglo XVI el mercurio también se utilizaba: “Un día con Venus... un año con mercurio...”

Antibióticos (1929)

Más específicos que la quimioterapia. Debutan con el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming (1928). Se trata de compuestos químicos de bajo peso molecular producidos por determinados microorganismos (bacterias, hongos). 

En 1967 el ministro de sanidad de EEUU William H Stewart dijo: «Es tiempo de cerrar los libros sobre enfermedades infecciosas, declarar ganada la batalla contra las pestilencias (infecciones), y redirigir los recursos nacionales a problemas crónicos como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer». Pero tanto ha sido su uso y su abuso que hoy en día tan pronto como se descubre y comercializa un antibiótico, las bacterias desarrollan mecanismos de resistencia a dichos antibióticos. Hay que buscar nuevas estrategias.

Las bacterias resistentes a los antibióticos hoy en día causan 1,2 millones de muertes al año. Entre las más mortíferas y resistentes se encuentran las de la lista publicada por la OMS con el acrónimo ESKAPE (Escherichia coli, Stafilococo aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumannill, Pseudomona aeuriginosa y enteroccus Faeclum).

Los antibióticos no sirven para todo. Si no lo remediamos se calcula que las superbacterias causarán la muerte de 10 millones de personas al año en el mundo en la década de 2050, una muerte cada 3 segundos.

 

¿Qué hacemos ahora? Nuevas Terapias

Fagoterapia (1917)

Un sistema muy específico en el que se utilizan virus (fagovirus) que infectan bacterias de forma específica, inyectando el material genético que se replica y produce unas proteínas para lisar la membrana de la bacteria.

Se viene utilizando para infecciones hospitalarias y en infecciones del grupo ESKAPE.

Hay una red en España que trabaja sobre el tema: la Red FAGOMA (Red Española de Bacteriófagos y Elementos Transductores).

 

Trasplante fecal (o de heces)

Hay datos de que se utilizaba en China s. IV a. de C. en diarreas recurrentes.

Hoy día se lleva a cabo mediante concentraciones de las bacterias  que se biofilizan y se convierten en un polvo que se puede suministrar en cápsulas por vía oral.

Actualmente se utiliza de forma específica para la infección por el Clostridium difficile. También en obesidad y diabetes.

 

MICROORGANISMOS BENEFICIOSOS que forman parte de nosotros

Hay microorganismos que además de estar en el medio ambiente y diferentes ecosistemas para los que son beneficiosos, están también en nosotros. Con ellos mantenemos una relación simbiótica, nos beneficiamos al mismo tiempo que ellos se benefician de nosotros. En un 90% son bacterias aunque también hay virus, hongos... y nuestra salud, tanto física y como mental, depende en gran parte de ellos. Son la llamada MICROBIOTA, conjunto de microorganismos vivos que habitan en nosotros y que es cambiante y específico en cada persona. Tanto a estos microorganismos como a sus genes y metabolitos se les denomina MICROBIOMA.

Hay tantas microbiotas como hábitats (condiciones de pH, nutrientes, etc.), encontrándose repartidos por piel y mucosas, oral, respiratoria, gástrica, vaginal…

Tenemos unos 90 billones de células y hasta 38 billones de bacterias (hay más bacterias que células) y hasta unos 1000 millones de virus..., constituyendo una masa total de unos 2 Kg de peso. Hay unos 23.000 genes de nosotros y hasta 3.000.000 de genes de bacterias. Antes del nacimiento el feto es estéril y al nacer se produce una colonización proveniente de la madre y el ambiente (colonización-trasmisión). La leche materna y la alimentación también contribuyen a ello. Con la edad las diferentes especies que conforman nuestra microbiota va cambiando según las diferentes condiciones y con el envejecimiento, de forma que nuestro microbioma cambia y es específico para cada persona, cambia también según diferentes condiciones y es responsable entre otras cosas de:

1.      Degradación de sustancias: azúcares complejos (peptinas), gran variedad de compuestos tóxicos

2.      Fermentación (anaerobia) con formación de energía y ácidos grasos

3.      Producción con aporte de aminoácidos y vitaminas que no podemos sintetizar ni tomamos

4.      Absorción de minerales (Ca, Fe, Mg)

5.      Entrena y modula el sistema inmune

6.      Sintetiza sustancias químicas y neurotransmisores (conexión intestino-cerebro)

7.      Regula diversas funciones fisiológicas

En definitiva, los microorganismos son esenciales y sin ellos no habría vida. Si no hubiera microorganismos podríamos creer que desaparecerían las enfermedades infecciosas con disminución de la mortalidad y aumento de la población, con un aumento también de la producción agrícola y ganadera, pero es un enorme error:

·         La tierra estaría llena de cadáveres y restos de plantas (no habría descomposición ni reciclaje orgánico)

·         No funcionarían los ciclos geoquímicos (fotosíntesis, ciclo del nitrógeno, alimentación de las plantas...)

·         No podríamos respirar (los microorganismos produjeron el oxígeno)

·         Las aguas estarían contaminadas (los microorganismos depuran el agua)

·         No habría quesos, yogures, embutidos, bebidas alcohólicas, vinagre, etc.

Como decía Louis Pasteur: «Los microorganismos tendrán la última palabra».

 

                                                   María Piedad Sánchez Casado

                                                       Licenciada en Medicina

                                                El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com” 


domingo, 19 de julio de 2026

Miguel Campins Aura

                                                 MIGUEL CAMPINS AURA (1880-1936)

                            UN GENERAL DE ÉLITE, VÍCTIMA DE SU PROPIO PUNDONOR

Se trata, sin lugar a dudas, de un auténtico profesional de la milicia que hizo gala de una  integridad moral y una lealtad que lo erigen como un ejemplo indiscutible en la historia del ejército español en el primer tercio del siglo XX.

Nació en Alcoy (Alicante) en 1880 hijo de Miguel Campins Cort, un teniente llegado al ejército como soldado voluntario y que tras servir largos años en Cuba  alcanzó la oficialidad. Viviendo retornado en Valencia, en la epidemia de cólera de 1885, fallecieron tanto su mujer, Juana Aura Calvo como un segundo hijo, César, circunstancia que le hace volver a pedir destino en Cuba en donde el pequeño Miguel comienza sus estudios primarios.

En 1898 vuelve definitivamente de Cuba, con el grado de Teniente Coronel, y una nueva esposa, estableciendo su residencia en Barcelona, pero no ha descuidado la atención de su hijo que al cuidado de unos familiares había ingresado en el Colegio Preparatorio Militar de Trujillo en 1896, accediendo al año siguiente a la Academia de Infantería de Toledo a los diecisiete años (1897) en donde obtiene su graduación como segundo teniente en un curso abreviado de un año por la necesidad de oficiales que impuso la guerra de Cuba, siendo  destinado a Cataluña en donde permanecerá ocho años ascendiendo a primer teniente y destinado en 1906 a Fuerteventura en donde permanece los dos años siguientes.

En 1908 supera las pruebas de acceso a la Escuela Superior de Guerra en Madrid, en donde,  ascendido a Capitán de Estado Mayor, es destinado a Melilla para realizar las prácticas correspondientes en la guerra contra los rifeños. Su comportamiento le valen la obtención de dos Cruces de Primera Clase al Mérito Militar con distintivo rojo y otras dos Cruces de Primera Clase de María Cristina. En 1913, para completar estas prácticas es destinado al Depósito de Guerra hasta final de año en que se le concede el Diploma de Estado Mayor con el nº 1 de la XIII promoción de la Escuela Superior de Guerra, para ser destinado de nuevo a África, al Batallón de Cazadores “Las Navas” de guarnición en Arcilla, ciudad portuaria al noroeste de Marruecos, a mitad de camino entre Tánger y Larache, y en cuyo desempeño es ascendido a Comandante en 1915 obteniendo una nueva Medalla al Mérito Militar de Primera Clase con distintivo rojo.

Vuelve a Alcoy donde establece relaciones con la que sería su esposa, María Dolores Roda Rovira, con la que se casa a finales de 1916 estableciendo su residencia en Madrid donde nacería su primer hijo, Miguel. Dos años después es destinado como Comandante Mayor al Regimiento del Príncipe en Oviedo, en donde nace su segundo hijo Antonio. Conoce allí al Comandante Francisco Franco.

En 1919 Campins está destinado en Madrid y en Febrero de 1921 ascendido a Teniente Coronel y una vez pasado el “desastre de Annual” es destinado de nuevo a Marruecos, a Melilla, para integrarse en los planes de recuperación del terreno perdido, en los que sus actuaciones son nuevamente reconocidas. Realiza ahora un breve curso que le capacita para ser jefe de bases aéreas con cuyos conocimientos participa en la contienda africana, aunque no llegó a obtener el título de piloto.

La presentación del expediente del General Picasso precipita la política peninsular propiciando el golpe militar de Primo de Rivera que dispone de acuerdo con Francia el desembarco de Alhucemas, tras el que es destinado a Ronda en 1924, y ascendido a Coronel dos años después con nuevo destino en África hasta 1927 en que es reclamado para formar parte de la Comisión organizadora de la Academia General Militar de Zaragoza.

Esta Academia fue instituida por Primo de Rivera en 1928 para conseguir la unidad o reunificación militar, terminando con las discusiones entre las distintas armas y las profesionalidades inherentes a cada una de ellas, entre los partidarios de los ascensos por escalafón y los partidarios de los méritos de guerra como era el caso de los africanistas.  Para director de la Academia se eligió a Franco, ejemplo de africanista ascendido por méritos de guerra, que ya era general, pero cuya cultura dejaba mucho que desear más allá de lo obtenido en la guerra irregular de Marruecos al frente de tropas mercenarias regulares y legionarios, es decir, era considerado un militar absolutista y propio del despotismo ilustrado, poco dado ya en aquello tiempos a las ideas liberales.

Para subdirector se eligió a Campins, que aunque era también africanista, constituía un perfil opuesto por su formación académica e  idóneo para la jefatura de estudios por su mayor nivel cultural, había hecho el curso de Estado Mayor, y conocía bien tanto el francés como el inglés, y su presencia enaltecía al centro sin menoscabo de su lealtad y disciplina probadas. Sus objetivos declarados fueron la educación en primer lugar y la instrucción en segundo, es decir lo importante era formar hombres que luego serían soldados, puntos que coincidían con los de la Institución Libre de Enseñanza que fundara Giner de los Ríos y que sin duda conocía, lo que significaba un claro avance progresista dentro de la rigidez militar del momento.  Campins dejó una obra inédita sobre la organización y funcionamiento de la Academia, en la que demuestra su altura intelectual. En 1929 solicitó y llevó a cabo el curso de ascenso a general.

Instaurada la II República, la Academia fue clausurada en el verano de 1931, en un acto que se interpretó como una animadversión del jefe del Gobierno, Manuel Azaña, hacia los militares que reprobaban su actuación con la excepción curiosa del General Queipo de Llano, consuegro del Presidente la República, Alcalá Zamora. Los movimientos antirrepublicanos y promonárquicos comienzan a moverse en el ejército pero no parece que Campins, destinado, ahora,  a Gerona en donde contribuye a evitar problemas en la revolución de Octubre a las órdenes del general Batet, se implicara en ellos.  Más tarde, a finales de 1934, es destinado a Zaragoza.

Pasadas las elecciones de Febrero del 1936, Campins es elevado, por fin, a la categoría de general, paso que lleva años esperando y que debió estar frenado en el ministerio, por posibles desconfianzas políticas y quizás también por la falta de interés del propio Franco, a la sazón segundo del ministro  Gil Robles, y dos meses más tarde destinado a Granada, a donde llega el 10 de Julio, a una plaza en la que todos los mandos militares están en la conspiración para la rebelión de la que no tiene conocimiento porque nadie le ha contactado, ni le ha puesto sobre aviso en Madrid, en un claro ejemplo de deslealtad y desconfianza, que incluye una probable entrevista con el propio Franco que había partido el día anterior a su nuevo destino en Canarias.

Queipo de Llano, pretextado un viaje rutinario llega a Sevilla el día 17 de Julio, conociendo que los oficiales estaban comprometidos con el alzamiento pero no los jefes, por lo que detiene al general comandante y comienza a hacerse con el control de la ciudad para lo que contó con la guarnición de la ciudad, 2.600 soldados, más 1.500 de los regimientos de infantería, caballería y artillería, más las fuerzas de la Guardia Civil, y ,no obstante, para reducir la resistencia de los barrios obreros necesitó la ayuda de efectivos llegados directamente de África y que hasta el día 24 no consiguieron tener controlada la ciudad.

En Granada no se produjo ninguna alteración del orden público por lo que Campins, que necesitaba una excusa, no publicó el bando de guerra hasta el día 20 por la tarde por lo que Queipo, que había hablado con él exigiendo la declaración del estado de guerra, sin darse a conocer, lo destituyó por radio el día 21 y Campins fiel cumplidor de las ordenanzas entrega el mando al Coronel más antiguo y se recluye en su pabellón oficial. Al día siguiente, 22 de julio, recibe la comunicación oficial de que está detenido, día en que estaba ya procesado y condenado a muerte sin que él lo supiera.

El día 26 de Julio llega el general Orgaz a Granada pero no va a visitar a Campins y se marcha a Sevilla donde se reúne con Franco y Queipo el día 28, reunión en la que, con toda probabilidad, se hablaría del general arrestado, que el día 4 de Agosto fue trasladado en avión a Sevilla en donde se pusieron en marcha las formalidades necesarias del procesamiento sumarísimo que concluiría con la confirmación de la pena de muerte que no se llevará a cabo hasta recibir el conforme de la Junta de Burgos solicitado por Queipo. El día 16 de Agosto a las seis de la mañana Campins fue fusilado en las murallas de la Macarena en Sevilla y su cuerpo enviado al cementerio sevillano.

Parece evidente que Campins fue fusilado con el consentimiento de Franco y demás generales de la Junta, no solo por su falta de presteza, también porque era un estorbo, conocida su modernidad, lealtad y escrupulosidad y un posible competidor por su pertenecía a la élite del ejército que atestiguaba su curriculum y que lo situaba muy por encima de la calaña de los golpistas. Nada más fusilarlo comenzó la campaña de desprestigio en su contra, con la publicación del libro “Rojo y Azul” de los periodistas de “El Ideal de Granada”, Guillonet Mejías y González López que fue retirado a instancias de presiones familiares en Noviembre de 1938.     

                                                            Jesús Lobillo Ríos

                                     Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía

Touran Yebra M.-“El General Miguel Campíns y su época”. Tesis Doctoral. UCM. 2002

Preston P.-“Los arquitectos del terror”. Debate 2021

Thomas H.-“La guerra civil española”. Grijalbo 1976.


domingo, 12 de julio de 2026

Elena fortun

               ELENA FORTÚN (1886-1952)

 

Fue una madrileña que educó en la Residencia de Señoritas, institución relacionada con la Institución Libre de Enseñanza. Escritora española, conocida tradicionalmente por sus obras de literatura infantil y juvenil y por ser la creadora del famoso personaje de Celia, la protagonista de la colección infantil más famosa que se editaba en España. Pero, además, fue otras muchas cosas. Publicó como «Elena Fortún», seudónimo de Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo. Nacida en Madrid en noviembre de 1886 era hija de Leocadio Aragoneses y de Manuela de Urquijo. Encarna, como la conocían en familia, fue hija única, una niña solitaria y enfermiza, sobreprotegida por su madre que no la dejaba jugar con los compañeros del colegio porque los consideraba inferiores en categoría social.

En 1904 muere su padre, al que estaba muy unida, dejando a la familia en una precaria situación económica. Es entonces cuando Encarna puede comprobar en primera persona el cruel realismo que subyacía en lo que tantas veces le había repetido su madre, que, para una joven de dieciocho años, sin padre, sin dinero, que hubo de abandonar el colegio siendo todavía una niña, no quedaba más salida que el matrimonio. En 1904, cuando Encarna tenía dieciocho años recién cumplidos, apareció en su vida Eusebio de Gorbea Lemmi, un primo segundo, teniente de Infantería y aficionado a la escritura. Dos años más tarde se casaron. Tuvieron dos hijos: Luis, que vino al mundo en 1908, y Manuel, que nació en 1909, y al que familiarmente llamaban «Bolín».

Encarna, como tantas madres, llevaba a los niños a tomar el sol al parque de El Retiro. Allí, era una ávida espectadora de las ocurrencias de los pequeñuelos, de sus juegos, de sus charlas, de sus risas, detalles ingenuos que ella iba anotando en unos cuadernos escolares. Es aquí donde germina su vocación de escritora, en estos cuadernillos escolares. Muy pronto verterá esas historietas en la revista semanal Blanco y Negro. En su sección «Gente menuda» publica, ya con el nombre de Elena Fortún, la primera historia de Celia, su personaje más famoso. El éxito no se hizo esperar y cada domingo podían leerse las aventuras de Celia en el suplemento de ABC. En 1929 apareció Celia, lo que dice y antes de la Guerra Civil publica otros cuatro libros de esta colección, muchos de los cuales fueron escritos durante su exilio.

Por estos años, Encarna conocerá a tres de sus grandes amigas, María Rodrigo, primera mujer reconocida como compositora, así como la primera mujer en estrenar una ópera en España, María Lejárraga y Pura Maurtua, con las que fundó la Asociación Femenina de Educación Cívica. María fue quien animaría a Encarna a publicar el contenido de todos aquellos cuadernillos escritos en El Retiro.  Todas ellas se exiliaron al finalizar la Guerra Civil.

En 1926 es una de las fundadoras del Lyceum Club Femenino, que ofrecía actividades de todo tipo a mujeres de las clases media y alta, un lugar de encuentro de las intelectuales en Madrid. En sus artículos publicados en la prensa, propuso temas en los que ahondaba en la nueva condición femenina. Por esos años entró a formar parte de la Sociedad Teosófica[1] de Madrid.​ También publicó la revista Asociación Libros, colaborando con Carmen Conde, Ernestina de Champourcín y la ilustradora Viera Esparza. En estos años escribía encerrada en el baño para que no la viera su marido, que se lo tenía prohibidísimo. Escribe colaboraciones para la prensa bajo varios seudónimos en publicaciones como CosmópolisCrónicaEstampaSemanaMacacoEl PerroEl Ratón y el Gato. No es una buena época para el matrimonio y Encarna llega a abandonar el domicilio conyugal dando una campanada en la buena sociedad madrileña.

El inicio de la guerra interrumpe la publicación de sus libros, pero no su actividad literaria. Eusebio, que ya si estaba retirado, pide la vuelta al servicio activo y es destinado a la Escuela de automovilismo de aviación de Barcelona. Luis, el hijo, recientemente casado estaba destinado en Albacete como inspector de ferrocarriles así que Elena se encuentra sola en Madrid y dedica sus esfuerzos a las familias de los combatientes. Publica el artículo «Un albergue de niños en la escuela plurilingüe» y más adelante «Mujeres y niños», en los que retrata la vida y necesidades de las víctimas más inocentes de cualquier contienda. Durante la guerra, con su marido en el frente, trabaja como corresponsal para Crónica. Finalizada la guerra, su familia sale de España. Su marido por los Pirineos, a pie con sus hombres, y su hijo y su nuera hasta Suiza pasando por Perpiñán. En marzo de 1939 Elena Fortún consigue seguir a su familia y embarca en el puerto de Valencia en un destartalado barco rumbo a Francia, aunque sus peripecias no acaban aquí. Una tormenta en alta mar desmantela el barco que no naufraga, pero queda al garete. Tras varios días zarandeada en un barco sin control, al final es rescatada junto al resto del pasaje y llega a Italia desde donde consigue trasladarse a París y reencontrarse con su marido.

Debido a las convicciones de Eusebio, que permaneció fiel a la República, los Gorbea-Aragoneses no podían volver a España y, aunque los suegros de su hijo, una familia «bien» suiza, les ofrecen asilo, ellos deciden marchar a las américas. Su hijo y su mujer a Nueva York y Elena y su marido a Buenos Aires, donde llegan en noviembre. El primer trabajo remunerado que tiene Elena Fortún consiste en unas colaboraciones semanales en el diario Crítica. Posteriormente, trabaja en el Registro Civil y el 10 de agosto de 1945 renuncia para trabajar en la Biblioteca Municipal, labor que compagina con la de contar cuentos a los niños de las otras bibliotecas. Tenía un sueldo digno, pero su marido no correría la misma suerte, mal pagado como traductor de francés.

En 1948, convencidos de que el régimen franquista no podía achacarles nada, dejó a Eusebio en Argentina y volvió a Madrid para preparar el regreso definitivo del matrimonio; no le pusieron ninguna pega para ello. Cuando parecía que todo volvía a encarrilarse, su marido se suicidó en Buenos Aires. A partir de este momento se le pierde un poco la pista y aunque se sabe donde residió se desconoce lo que hacía. Tras su regreso vivió en Barcelona y en Madrid, pero el país no era lo que recordaba y en noviembre de 1949 viaja a Nueva York para instalarse con su hijo. Pero la estancia duraría tan solo seis meses. Desde las primeras semanas pudo comprobar fehacientemente que su presencia molestaba a su nuera, e incluso a su propio hijo, que estaba lleno de rencor y prejuicios hacia todo lo que le recordara a España; además, aquel abigarrado ambiente cosmopolita neoyorkino no estaba en consonancia con su estado de ánimo. Elena planea la vuelta a España como una liberación, pero esta vez no quiere regresar a Madrid, su ciudad. Madrid guarda para ella demasiados recuerdos, demasiado dolor. Se instalará en Barcelona. El 28 de mayo de 1950, después de un viaje agotador desde Estados Unidos, desembarca en Barcelona y de nuevo retoma a su querida Celia. 

Pero su salud, afectada de hace un tiempo por una afección pulmonar, se resiente. Ingresa en el sanatorio Puig D’Olena, en la provincia de Barcelona, donde tan solo logra alargar su aliento durante muy poco tiempo. Ya, en la última fase de su enfermedad, se traslada a Madrid, a su Madrid, a la Clínica de Santa Justa, donde fallece el 8 de mayo de 1952. Tenía 66 años. Su hijo no estuvo presente en el entierro.

La última obra inédita, publicada en 2016, es Oculto sendero en edición de Nuria Capdevila-Argüelles y María Jesús Fraga. En ella, de carácter autobiográfico, María Luisa Arroyo, la protagonista recrea la búsqueda de la comprensión de su sentirse diferente desde niña.​ Esta novela estaba entre los papeles que le dio la nuera de Fortún a Marisol Dorao. Es una de las dos novelas escritas a máquina con tinta morada y encuadernadas. Entre esos papeles estaba también en borrador y a lápiz Celia en la revolución, bajo el seudónimo de Rosa María Castaño.

 

                                            Rosa M. Ballesteros García

                          Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                           “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Conjunto de doctrinas místicas y filosóficas que buscan el conocimiento directo de la divinidad y las verdades universales a través de la iluminación interior, la meditación y el estudio comparado de religiones. Fundada en 1875 por Helena Petrovna Blavatsky y H.S. Olcott, la Sociedad Teosófica promueve la fraternidad, la reencarnación, el karma y la sabiduría eterna.


domingo, 5 de julio de 2026

El mal de ojo

                                                                EL MAL DE OJO

La lucha contra la enfermedad se inicia desde el primer instante de la vida del hombre en donde su falta de conocimientos propicia las creencias en todo tipo de signos sobrenaturales como causa de las enfermedades o posesiones demoníacas que venía a ser lo mismo. El hechicero es médico, sacerdote y mago, y su labor consistía, con ayuda de la magia y la superstición, en expulsar a los demonios o enfermedades del cuerpo humano, lo que determina que lo primero que hay que hacer es identificar al demonio en cuestión, es decir, practicar el arte de la adivinación para lo que existía una amplia gama de métodos.

Las posesiones o enfermedades se apropiaban del individuo en razón de las faltas cometidas, bien como un castigo por acción directa de su dios protector, o por abandono de esta protección que permitía la acción demoníaca, o bien por la magia negra que podía ser utilizada por otras personas capacitadas para ello, como sería el caso del “mal de ojo”.

El mal de ojo se define como “aojar” o efecto que produce una mirada sobre otra persona con ojos llenos de envidia o malas intenciones, que de alguna manera, imposible de demostrar, se anclan en el interior de la víctima produciéndole todo tipo de enfermedades reales. Los poseedores de esta capacidad eran personajes considerados como “gafes” o “cenizos” pero normalmente desconocidos, lo que le daba todo el valor a la prevención que consistía, a priori, en hurtar el cuerpo a las miradas de los demás y, por si acaso, a todo lo exterior.

En el evangelio de Mateo se compara al ojo humano con la “lámpara del cuerpo”, de forma que si éste, está sano, claro o puro, el cuerpo estará lleno de luz, y en caso contrario estará lleno de oscuridad porque, como afirma el propio Jesús en el evangelio de Marcos, lo que contamina o mancha al hombre es lo que sale de dentro de sí mismo en forma de malas intenciones, porque no hay nada exterior que pueda contaminar al hombre, algo ya mencionado en “El libro de los Proverbios”, atribuido al rey Salomón, escrito casi mil años antes de la era cristiana.

Con arreglo a estas ideas, las primeras medidas defensivas contra este mal, se manifestaron en las pinturas observadas en todas las cuevas estudiadas, donde se representa una mano abierta que clama detención, que pasó a la mitología cananea como “la mano de Baal”, un dios absoluto que luego reencontramos como “la mano de Fátima” en la cultura musulmana. Estas medidas representativas no eran suficientes por lo que aún muchos pueblos envuelven completamente al recién nacido para aislarlo de la influencia exterior. Más práctico y más funcional aún, fue llevar incorporada o puesta la protección, lo que dio lugar a la proliferación de todo tipo de amuletos, colgantes, dijes, escapularios, anillos, pulseras, cruces y adornos en general. Otros signos defensivos fueron “la higa” (cerrar el puño sacando el pulgar entre los dedos índice y medio), cruzar los dedos, etc.

Desde antes de la época cristiana Aristóteles sienta las bases de la ciencia moderna que empieza a considerar que somos forma y conciencia, dándole a ésta última una gran preeminencia. Su influencia sobre la filosofía árabe  es grande. Avicena, nombre latinizado de Ibn Siná, (Abu Ali al Husayn Abd Alla ibn Siná), médico, filósofo, astrónomo y científico persa (980-1037), fue la principal autoridad que, durante el medievo, sostenía que el alma humana podía afectar a otros cuerpos por medio de la mirada y la imaginación sin el concurso hasta ahora imprescindible de la astrología. Y no fue el único porque Ibn Jaldún (Abu Sayd Abdur Rhaman bin Muhammad bin Khaldun Al Hadrami) famoso historiador, geógrafo, sociólogo, economista, de origen andalusí (1332-1406), no solamente escribió el tratado de filosofía de la historia más estimado de su tiempo, también mantuvo que “los efectos producidos por el mal de ojo proceden del alma de individuos dotados para esta facultad, que al ver un objeto o calidad que le gusta desarrolla una admiración incontrolada que le origina sentimientos de envidia y deseo tan fuertes que son independientes de su voluntad y capaces de producir este mal”.

En España, los diversos tratamientos para atajar “el mal de ojo” recurrieron a la cábala y a la astrología que cultivaba en Toledo, desde el siglo XIII, el rabino Aser ben Yehiel (1250-1327) a donde había llegado huyendo de la persecución alemana, y en donde desarrolló las principales disciplinas esotéricas de la Mishná (conjunto de tradiciones judías), seguido por su discípulo Isaac ben Joseph ben Israel.

En el reino de Aragón, otros cabalistas gozaron así mismo de la protección del rey Martin el Humano que gobernó de 1384 a 1438 tolerando y alentando la existencia en Barcelona de un círculo de cabalistas bizantinos dirigidos por el maestro Husday Crescas (1340-1411) y su discípulo Zaraya Halevi que trataban este mal mediante salmos específicos escritos sobre pergamino que introducían en filacterias o tefilín, pequeños recipientes de cuero negro que  colgaban como amuletos alrededor del cuello del afectado.

El primer autor español que escribió con seriedad sobre el “aojamiento” fue Enrique de Villena (1384-1438) que vivió, así mismo, en Aragón bajo el reinado de Martin el Humano, los primeros 28 años de su vida, en los que  mantuvo contacto con estos cabalistas catalanes de cuyas enseñanzas empezó a componer su experiencia que tituló “Tratado de la Fascinación” que iba a constar de 90 capítulos que quedaron interrumpidos a la entrada en el reino de Aragón de los Trastamara castellanos por el Compromiso de Caspe (1412), quedando reducido a una carta de once páginas dirigida a su criado y amigo Juan Fernández Válera.

En su carta, Villena afirma que los médicos cristianos no curan el aojamiento porque desechan la enfermedad como cosas de mujeres, y que quienes conocen bien el tema son los médicos judíos que dominan la cábala por la antigüedad de su lengua y que se lo transmitieron a él.  Estas prácticas estaban prohibidas a los cristianos.  

Entre 1413 y 1414 tuvo lugar la “Disputa de Tortosa” un debate interreligioso promovido por el antipapa Benedicto XIII o Papa Luna, en el que se defendió que la práctica de la cábala era necesaria para curar a estos enfermos, pero desligándola del valor de las palabras y los salmos utilizados, con lo que, unido a la legislación que penaba sus prácticas, terminó por alejar la cábala y los salmos de este menester terapéutico.

Evolutivamente la tradicional  vinculación sagrada del quehacer médico fue absorbiendo el oscurantismo que iba quedando en el tratamiento habitual de estos pacientes, y así como de la brujería se fue pasando a la farmacopea, la fitoterapia o herbalismo, la naturopatía, homeopatía, acupuntura, hipnotismo, fisioterapia y la Ciencia Cristiana, fueron asimilados por la Ciencia Médica como ramas o elementos terapéuticos auxiliares pero valiosos.

No obstante la tradicional carga religiosa de culpabilización que posee todo aquello que sale mal en el ejercicio médico, pese a nuestros esfuerzos, nos hace volver siempre la mirada a las ancestrales protecciones añoradas contra males desconocidos. Es el caso de los colores, pues el color azul y verde protege tradicionalmente del mal de ojo, y el rojo estimula el ritmo cardiaco, la presión arterial y la actividad neuronal, razón por la que, en pleno siglo XXI, aquellos desesperados intensivistas neoyorquinos pintaron de color rojo todas las paredes de la Unidad de Cuidados Intensivos en la que trabajaban, en un desesperado intento de evitar el exceso estacional de defunciones.

                                                                  Jesús Lobillo Ríos

                                           Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benaltertulias.blogspot.com”    

 Bibliografía

Nácar E. y Colunga F. “Sagrada Biblia” B. de A. C. Madrid 1969

Guerra F. “Las medicinas marginales” Alianza Editorial 1976

Martí Ibáñez F. “La epopeya de la Medicina”. Nueva York 1962

Shem S. “Monte Miseria”. Anagrama 2000.

Villalba M. “Cábala y aojamiento”. 2025.

Sinoué G. “La ruta de Isfahán”. Ediciones B. 1994