domingo, 8 de febrero de 2026

Operacion Martas

EL AVION DE LAS NOVIAS

 

 

Mucho se ha escrito sobre la emigración española durante los años de la autarquía. Se cuentan por millones (entre 1960 y 1973, más de dos millones) los españoles que salieron de nuestro país para buscarse la vida en varios países europeos. En este contexto, apenas ha trascendido un hecho singular: la historia de 800 jóvenes españolas (menores de 35 años, católicas y solteras) que marcharon a la otra parte del mundo, a nuestras antípodas, Australia, gracias a un convenio entre la dictadura, el gobierno australiano y la Comisión Episcopal de Migraciones (siempre la Iglesia por medio)[1]. El acuerdo fue promovido por monseñor George Crennan, director nacional del Comité Federal Católico de Inmigración, quien quería aumentar la población católica australiana, que estaba en minoría en relación a la protestante.

La operación recibió el título de «Operación Marta», que no es un nombré baladí, porque estaba inspirado en la bíblica Marta de Betania, hermana de Lázaro y María. Marta era la que lavaba, recogía y hacía las tareas del hogar, y Marta (esta vez como Martha) son las sirvientas de la novela y de la serie televisiva de la escritora Margaret Atwood: El cuento de la criada. La «Operación Marta» había sido precedida por otras operaciones con títulos menos religiosos, aunque más locales: «Operación Canguro», mayoritariamente  formado por vascos, en 1958; la «Operación Eucalipto» en 1959 y la «Operación Emú» en 1960. De estas fechas son también las Operaciones «Bisonte» y «Alce» con destino Canadá.

Como quiera que, entre los trabajadores, reclutados en las campañas de finales de los años anteriores a 1960 se habían dado muchos casos de suicidio (que algunos autores han relacionado con la soledad por no haber encontrado pareja, y la imposibilidad material de regresar), la dictadura decidió enviar una remesa de «hembras» para neutralizar el problema. De esta forma, el «modus operandi» para reclutar a las futuras «Martas» se vertebró a través de las parroquias, mediante propaganda directa, vía púlpito, o a través de publicaciones religiosas. A las posibles candidatas se las concentraba en Madrid en un convento del pueblo de Alcobendas, donde eran instruidas para ser excelentes amas de casa, especialmente cocineras, y a manejar electrodomésticos (que la mayoría no conocían) y, muy especialmente, en la formación de comportamiento y «valores cristianos», bajo la supervisión de las mujeres de Acción Católica y la inestimable ayuda del Manual de la servidora doméstica.

Las mujeres firmaban un contrato de trabajo por dos años, en principio para hacer tareas domésticas para familias en Australia, aunque el verdadero motivo, ya lo indicamos al principio, era poderlas casar con miembros de las colonias de católicos (españoles e italianos, principalmente). A las chicas les dijeron que podían regresar al cabo de dos años, pero la oferta tenía truco: el billete de ida era gratuito, pero si renunciaban antes de los dos años firmados tendrían que devolver el dinero, y el billete de vuelta iría a costa de la renunciante, misión imposible para sus bolsillos, dado el alto coste del mismo.

Cuando llegaron a Australia, fueron separadas, unas a Sídney y otras a Melbourne. Primero en unos barracones, oscuros y sin ventanas, relatan algunas, y después las llevaron a una iglesia, «puestas en círculo», como en un escaparate, para que los que iban entrando pudieran verlas con toda comodidad y elegir a voluntad. Alguna confesaría, años después, que se había sentido como «ganado». De este modo, separadas lejos unas de otras, con muchas dificultades, no tardaron en organizarse para resistir, creando espacios de ocio y refugio como el Spanish Club en Sidney y Melbourne y el Gure Txoko Basque Club, fundado en 1966 por un grupo de familias vascas en Sydney.

Entre 1960 y 1963 ochocientas jóvenes salieron de España en trece vuelos. La mayoría de ellas no regresó y formó su familia en aquel país, contribuyendo con ello a la tan apetecida repoblación propuesta por monseñor George Crennan. Otras, regresaron y pudieron relatar su historia y la de sus compañeras. Las chicas del plan Marta y los chicos del plan Canguro se reunían en los sermones dados en castellano en la iglesia y en los bailes que la propia iglesia les organizaba y las bodas se organizaron de forma sencilla, generalmente sólo la pareja. Muchas de sus historias han sido recogidas en el documental «El avión de las novias», de Natalia Ortiz Ceberio, profesora e investigadora de la Universidad de Nueva Gales del Sur, basado en su libro El plan Marta (1960-1963). Otras autoras, como Celia Santos, publicó en 2024 la novela El país del atardecer dorado y la investigadora Gloria Totoricagüena, hija de exiliados, ya había hecho lo propio en 2008 con su libro Australia Vasconia and the lucky country, sobre la diáspora vasca en Australia.

 

El presente artículo está dedicado (In Memoriam) a Emilia García «La mujer del pelo azul», que nos dejó recientemente: una de las «Martas» que llegaron a Australia. Aprendió inglés, pero no secundó, siempre rebelde, los propósitos de la dictadura franquista.

 

                                Rosa M Ballesteros García

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                              “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Realmente era un acuerdo "informal" debido a que en aquel momento no existían relaciones diplomáticas formales entre España y Australia.


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