domingo, 4 de enero de 2026

Joinville y el cine español

                                          JOINVILLE Y EL CINE ESPAÑOL

 En palabras de los expertos Felipe Cabrerizo y Santiago Aguilar «La Ciudad Luz atrae como polillas a los cineastas hispanos»[1]. La feliz metáfora está dedicada a la capital parisina y el contexto lo situamos durante la corta etapa en que la norteamericana Paramount Pictures mantuvo sus Estudios en esta pequeña localidad de los alrededores de París. Los felices años 20 se habían despedido con el terrible Crack de 1929, también conocido como la Gran Depresión, y sus secuelas habían atravesado el Atlántico y se habían extendido por todo el mundo; el cine hablado había reemplazado al mudo y la industria del cine en España, paradójicamente, se preparaba para entrar en su etapa dorada, que coincide con los años centrales de la Segunda República (1931-1939).

Ya estamos situados cronológicamente. Acababa de arrancar la década de los treinta del pasado siglo y el cine «había echado a hablar». No importa que la recesión dejase sin empleo a cientos de miles de ciudadanos. Las salas de cine se llenaban a diario de un público que intentaba evadirse y escuchar directamente a sus estrellas favoritas y, sin embargo, parece una contradicción, los Estudios y las grandes productoras de Hollywood tenían que reinventarse para llegar a un auditorio de millones de espectadores que no hablaban inglés. Según los expertos, era un problema difícil de solucionar, porque la técnica del lenguaje estaba aún en pañales y la solución adoptada por las películas mudas (los subtítulos) eran de poca, o nula utilidad ante un público masivo que no es capaz de leer los textos con la rapidez necesaria porque, en un gran porcentaje, era analfabeto. Pero el tiempo apremiaba, la exportación de películas se ralentizaba y la respuesta a esta crisis fue hacer copias de las películas rodadas, aprovechando decorados y sustituyendo las escenas dialogadas por otras, que se rodaban en distintos idiomas, con actores y equipos de sus países de origen. Sin embargo, el importar actores, técnicos, directores extranjeros resultaba muy costoso, de forma que decidieron alquilar Estudios en Europa (una sucursal), concretamente en Francia, madre del invento, donde se encontraban unas antiguas instalaciones en desuso.

A finales de 1929 la Paramount ya se encontraba situada en Joinville-Le-Pont, un pequeño paréntesis de unos dos años (1930-1932) donde esta «fábrica de sueños» a la europea se mantuvo activa, produciendo más de una docena de versiones-copias en otros tantos idiomas europeos[2]. Sin embargo, este despliegue de multiproducciones, resultaba excesivamente costoso y no cuadraba (no salía rentable) con las expectativas que esperaban sus inversores, de forma que, para simplificar y hacer apetecibles los resultados, los americanos decidieron apostar fuerte por los doblajes en alemán, francés y español, reduciendo la producción de cara a estos mercados, especialmente al español: España, México, Argentina y los países hispanohablantes.

Para no hacer excesivamente largo el texto vamos a centrarnos en algunas de las producciones, y profesionales varios que fueron a trabajar al Hollywood parisino, como el director Florián Rey, al frente de producciones como Su noche de bodas (1931), codirigida junto a Luís Marcanton y guion de Luís Fernández Ardavín. Entre el elenco: Imperio Argentina, Luís Ligero y Rosita Díaz Gimeno («la Sonrisa de la República»). Un drama en el que una estrella del cine marcha de vacaciones y acaba haciendo amistad con un extraño compositor de canciones. Al año siguiente, Imperio Argentina intervino, como partner de Carlos Gardel en Melodía de arrabal, donde aparece también la gran cómica española Josita Hernán. Gardel trabajó también, en Joinville, con otras actrices españolas, como Lolita Benavente o Goyita Hernán, quien ya había trabajado en La pura verdad, dirigida por Florián Rey. Fue la primera actriz en cantar a dúo con Gardel en la película Espérame, compartiendo escenario con Matilde Artero, otra actriz española ya consagrada. Con Imperio Argentina (su compañera sentimental) Rey dirige Lo mejor es reír (1931).

Benito Perojo fue otro de los directores españoles que probaron suerte, esta vez con la Fox, con la película Mamá, rodada en 1931, con guion de María Lejárraga, José López Rubio y Gregorio Martínez Sierra. Catalina Bárcena, Mari Luz Callejo y Rafael Rivelles son los protagonistas de un drama que tiene como argumento a un matrimonio de la alta burguesía. la malagueña Rosario Pino.

Como detalles curiosos señalar que los rodajes en los distintos idiomas se relevaban «a toda velocidad en el plató durante las veinticuatro horas del día», en plazos de unos doce días de media. La producción hispana dará como balance dos decenas de películas, hoy prácticamente olvidadas, varias desaparecidas, que fueron rodadas en Francia con capital estadounidense y equipo técnico y artístico español. Durante aquellos pocos años, Joinville sería la auténtica escuela del cine sonoro para nuestro país y toda Hispanoamérica. En aquellos estudios, profesionales de nuestro cine, como Antoñita Colomé, Miguel Ligero o Roberto Rey, se codearían con estrellas de la talla de Maurice Chevalier o Marlene Dietrich.

Por cierto, y como si fueran ecos de este intercambio de nacionalidades, el actor español Alfredo Mayo fue apodado en nuestro país «El Chevalier español» y a Conchita Montenegro fue bautizada como «La Janet Gaynor española», ya que había sido la primera actriz española en triunfar en Hollywood, rodando en español y en inglés para la MGM y la FOX. Se dice que cuando la Paramount cerró sus Estudios en Joinville quiso llevarse a Hollywood las latas donde se guardaban todas las películas producidas allí. La intención se vio truncada porque, al parecer, el barco que las transportaba se hundió en medio del mar.

                                         Rosa M. Ballesteros García

                                               Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena
                                                               "benaltertulias.blogspot.com"


[1] Frase que describe a la ciudad de París por el escritor ucraniano Ilya Ehrenburg, en homenaje a la que fue primera ciudad europea en utilizar iluminación de gas en sus calles, por lo que se la conoce, desde entonces como «Ville Lumière».

[2] Se hacía copias en español, francés, sueco, italiano, alemán, portugués, checo, danés, húngaro, rumano, serbocroata, polaco, noruego y hasta ruso.


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