domingo, 15 de febrero de 2026

La justicia de Peralbillo

                                         LA JUSTICIA DE PERALBILLO

 

Como cualquier otra organización lentamente trabajada y experimentada en el tiempo, nuestras instituciones legales, dedicadas exprofeso a protegernos de los delitos cometidos por  aquellos facinerosos y gentes de mala fe, que habitualmente pululaban y pululan en nuestro medio, tienen sus precedentes en las organizaciones que a tal efecto  se fundaron en nuestro país a partir del siglo XI.

En un principio se constituyeron las cofradías como producto de las necesidades de cada pueblo, que organizaron las partidas valedoras del bien común, pero dada la dispersión existente, durante el mandato de los Reyes Católicos, se reunieron todas para formar “La Santa Hermandad”, una institución fundada en 1476, a la que se dotó de facultades extraordinarias como la capacidad de legislar y ejecutar sentencias en beneficio de la rapidez y ejemplaridad, ahorrando todos los preámbulos posibles.

Es cierto que desde su inicio, “La Santa Hermandad” fue utilizada por los Reyes Católicos, como cuerpo coercitivo destinada a perseguir a los disidentes en rebelión puesto que  Castilla se encontraba en aquellos momentos en plena guerra civil contra los partidarios de “Juana la Beltraneja” que discutía el  poder a Isabel I. E incluso tomaron parte en la toma de Granada y en otros conflictos como un cuerpo militar más al servicio de la  monarquía.

De cualquier forma todos los estudiosos del tema coinciden al estar de acuerdo en que esta Hermandad alberga los precedentes de lo que hoy es la Guardia Civil e incluso de  la red de Tribunales de Justicia, y aunque hay que admitir que la evolución sobrevenida ha transformado en profundidad lo que podemos llamar “la forma de hacer justicia”, no cabe duda de que una institución que se ha prolongado en el tiempo hasta 1834 en que fue definitivamente disuelta, guarda las raíces y los cimientos de su carácter acumulados durante casi esos cuatrocientos años.

Su financiación corrió a cargo de un impuesto especial llamado “sisa” que se recolectaba en los municipios y su uniforme era característico por disponer de una especie de coleto o chaleco sin mangas a través del cual se apreciaban las mangas verdes de la camisa por lo que pasaron rápidamente a denominarse “los mangas verdes” que se hicieron famosos por su escasa presteza en acudir a solucionar los conflictos para los que eran solicitados.

No obstante su amplio margen de actuación y su prolongación en el tiempo dieron lugar a algunos excesos notables en su práctica habitual. En Peralvillo, o Peralbillo, que de ambas formas se ve escrito, que es un anejo al municipio de Miguelturra en la provincia de Ciudad Real, tuvo lugar una de las actuaciones más desproporcionadas achacable a la forma de aplicar justicia rápida que llegaron a desarrollar estos esforzados defensores de la ley que no se caracterizaba por su meticulosidad. Los detenidos por presuntos hechos delictivos eran atados a unos postes clavados en tierra al aire libre, no sabemos si por falta de recintos carcelarios u otros métodos de confinación, y antes de confirmar su culpabilidad, eran ajusticiados a saetazos por el pueblo en una especie de fiesta o competición, organizada a tal efecto, que incluía premios en orden a la puntería de los participantes, sin que ello conllevara el ahorro de las garantías procesales del supuesto culpable, porque éstas, una vez llevadas a cabo y confirmadas, se las leían al cadáver allí expuesto, en lo que constituye una forma audaz e invertida de la aplicación de la justicia con onerosas e irreparables consecuencias.

Es evidente que en los momentos actuales no ocurren estas cosas, aunque sí es cierto que la presteza  en la resolución de los conflictos judiciales lleva en numerosas ocasiones a esperas exasperantes, y en otras a excesos de velocidad en su resolución, aunque pudieran conllevar la omisión de algún paso, a veces relevante en su fase probatoria, lo que solo pondría de manifiesto la persistencia de reminiscencias del pasado con la que en algunas ocasiones, algunos jueces tienden a sorprendernos en su añoranza por otros tiempos más felices en el desempeño de sus funciones.

 

                                                                 Jesús Lobillo Ríos

                                        Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                        “benaltertulias.blogspot.com”