DIA ESCOLAR DE LA NO
VIOLENCIA Y LA PAZ
Ya va para más de cuarenta años,
en los que en las escuelas, para celebrar, y proponer, la paz desde los
primeros años de educación y aprendizaje, los escolares cantaban canciones como
esta: “Soñé en un mundo nuevo / de pueblos y naciones, / donde todos los hombres / vivían como amigos.
/ La gente sólo hablaba de paz y de esperanza, / de comprensión gozosa, / de
amor y de amistad. ¡Que viva la Paz, / que … (y se repetía hasta cuatro veces
este cansino estribillo y se volvía a empezar la canción). Si bien “El Día
Escolar de la No violencia y la Paz” data de 1964, creado por Llorenç Vidal
Vidal, Maestro, poeta... de Santañi (Baleares)
También estaban a mano las
músicas de danzas internacionales, que no entendían mucho de nacionalidades ni
de credos y que llenaban el espíritu de alegría y conocimientos.
Por aquellos tiempos, cuando las
dictaduras parecían ir caducando, pero nunca educando todavía, a nuestra
manera, aprovechábamos las rendijas de
los sistemas autoritarios de gobierno y educación.
Incluso, años antes del final de
las dictaduras (con minúscula, pues no merecían
nuestro respeto por más tiempo aquellas formas de mandar y educar),
algunos maestros tenían el atrevimiento de colgar en las paredes de sus aulas trozos
de papel continuo que constituían murales, hechos a mano con fotos de
periódicos y revistas y con pies de fotos con textos que completaban las
informaciones o corregían las deformaciones de aquellas enciclopedias y libros
de texto. Tras la lectura de ciertos periódicos, los alumnos podían resumir y
plasmar algunos pensamientos más actualizados, que constituían los pies de
foto. Así se iban ensanchando los conocimientos con préstamos de actualidad
a los que todos teníamos acceso.
Con la democracia se fue
avanzando tímidamente, porque pasaban cosas que no eran muy respetuosas. Así,
como que chicos mayores, quizás adictos al antiguo sistema, rompieran la puerta
de un aula de niños (ya que no se trataba de un colegio, sino de aulas de
chicos o chicas, que daban directamente a la calle) y destrozaran trabajos
manuales, incluso algunos de Navidad, de los alumnos, porque su maestro no
estaba bien visto.
Contra viento y marea se pudieron
pasar aquellos tiempos y se pudieron ir llenando los aires con canciones, como
en el caso de “Libertad sin ira” y otras que nos dejaron respirar y cantar con
mayor tranquilidad y sin el imperio de las formaciones paramilitares, que
sufrimos antes de entrar al cole.
El tiempo iba renovando poco a
poco los aires y en las fiestas de final de curso se podían mostrar por el
alumnado mixto de cada aula unas danzas internacionales, que nos abrían los
pulmones y, a la vez, nos ensanchaban los horizontes, “porque el mundo no se
acababa en el olivar”. Así, ya no resultó extraño que un nivel escolar
interpretara en la misma muestra una danza de Palestina con una danza de Israel.
“Cuando la gente está
desorganizada y es perezosa para pensar se siente más segura siguiendo la
verdad única de los gobiernos autoritarios, o de la ultraderecha” nos dice
Cyrulnik. Así se libera de la angustia de la elección y se crea una servidumbre
confortable. Este reduccionismo escandalizaría a los pensadores de hace más de
dos mil años.
Esta moción por la paz entre los
humanos no está ayuna de dificultades, aunque sabemos que, si nos lo
proponemos, con una educación abierta y pacífica, no será piedra de escándalo,
porque no se trata de política, sino de un fluido de respeto y empatía.
Pensándolo bien, estamos llamados a vivir en paz, incluso por nuestro propio egoísmo.
Tenemos que arrimar el hombro y
la mente para que esta celebración puntual nos ayude a vivir como buenos humanos, recordándonoslo a diario
por nuestros pensamientos y obras.
Es interés de todos que la paz y
la concordia no se nos vayan de las manos y con ellas las de todo el mundo.
Estamos sitiados por unos niveles de violencia cada día más altos y además
estamos rodeados por los medios que nos precipitan, como modelos, a ser cada
día más simples, porque la violencia es
de lo más fácil de reproducir por su simplicidad y su respaldo tan
ingenuo que en infinidad de creaciones se la justifica constantemente.
La creación de la Paz y, sobre
todo, la convivencia en Paz parece que se nos va de las manos. La Educación
necesita enormes resortes y refuerzos de los que no se puede prescindir. Las
constantes experiencias de una vida en paz y concordia tienen que ser el eje
dinamizador de la convivencia.
José María Barrionuevo Gil
El Ateneo
Libre de Benalmádena
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