MORIR DE AMOR
Se llamaba Marga Gil Röesset y tenía
veinticuatro años cuando decidió suicidarse al no poder conseguir a su amado.
Él se llamaba Juan Ramón Jiménez, tenía 51 años y estaba casado con la
escritora y traductora Zenobia Camprubí, muy admirada por Marga. Ella era una
joven promesa del arte, guapa, moderna y culta. Él era un gran poeta y
escritor, grande entre los grandes, ganador del Nobel de Literatura. Ella era
una de las musas madrileñas de las vanguardias (se le ha comparado con Camille
Claudel). Él, un crónico enamoradizo, neurótico y depresivo andaluz, autor de
ese maravilloso libro titulado Platero y yo. Marga, niña prodigio,
escribió e ilustró para su madre un cuento con sólo 7 años. Los tres eran artistas, escritores, poetas. Entre
genios andaba el juego.
La
autora de la biografía de Marga, Nuria Capdevilla-Argüelles[1],
escribía que sin ella y otras vanguardistas (las conocidas como «Las sin
sombrero») como Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel o Josefina de la
Torre «no se puede entender la pintura española en el siglo XX ni la cultura
juvenil durante la dictadura». Marga Gil Roësset era, además, miembro de una
estirpe de mujeres singulares, cosmopolitas y políglotas: cuatro mujeres
destacadas en el mundo de la cultura: Pintoras, escultoras, editoras, escritoras…
Consuelo Gil Roësset, hermana de Marga, fue coeditora de la primera revista
femenina española: Aquí, que también ilustraba Marga[2].
Su tía María Roësset Mosquera, la primera de la saga, fue una pintora muy
relacionada con la intelectualidad de aquellos años: Mariano Fortuny, Madrazo o
Galdós. Casada con el también pintor Benito Soriano Murillo, embellecía sus
cuadros con cuentas a sus creaciones de estilo bizantino (al estilo de Klimt). Murió
también joven, con 38 años. Siguiendo el ejemplo de María, Marisa Roësset
Velasco, prima de Marga, también pintora, alumna de Vázquez Díaz, fue una
estupenda retratista, aunque su biografía apenas se conoce, ocultada «por
miedo», escribe Capdevilla, por el estigma de vivir con otra mujer: la soprano
Lola Rodríguez Aragón, fundadora en 1970 de la Escuela Superior de Canto de
Madrid y el Coro Nacional de España. El resto de su vida se dedicaría a la
pintura sacra y a los retratos y autorretratos. Marisa fue krausista y a la vez
muy católica; moderna y conservadora: «Sus vidas [las Roësset] son testimonios
claves de la historia de la emancipación femenina», dice Capdevilla-Argüelles.
El suicido de Marga, en
1932, fue el golpe fatal para la familia Gil Roësset del que no pudieron
reponerse. Consuelo, su hermana de aventuras quedó desolada tras la
desaparición, siempre introvertida, trabajó como catedrática de inglés en un
instituto, compaginándolo con trabajos como traductora y editora de
publicaciones juveniles como Chicos y Mis Chicas, y descubridora
de talentos como Gloria Fuertes y Borita Casas, creadora de Antoñita la
fantástica. Los padres sobrevivieron A Marga apenas un año y el silencio
sobre la familia cayó como una losa. «No se hablaba de Marga. Había un ambiente
misterioso en la familia. Era como un secreto», afirmaba una de las sobrinas,
opinión recogida en el libro ya citado de Capdevilla.
Lo
cierto es que las mujeres Roësset fueron un claro ejemplo
de vidas excepcionales y contradictorias, que combinaron tradición e
innovación, como hijas del tiempo que les tocó vivir. Algunas vivieron
experiencias dramáticas: María protagonizó una fuga escandalosa; Marga se
suicidó por amor y Marisa vivió un amor prohibido. Pero, como afirma su
biógrafa: Tienen el honor de tener «un lugar en la historia de la emancipación
de la mujer».
«No lo leas ahora».
Fueron las últimas palabras que Marga Gil Roësset dijo a Juan Ramón Jiménez, en
una carta. Tenía 24 años. Eran las seis de la tarde cuando se pegó un tiro en
la sien en la residencia familiar. Antes de matarse destruyó casi toda su obra.
Se marchó para siempre la artista excepcional, precoz, autodidacta, a la que el
escultor Victorio Macho se negó a ser su maestro para no «estropear» su
creatividad. En 1929, tres años antes de la muerte, el crítico de arte José
Francés escribió un artículo en La Esfera defendiendo su obra.
Se sabe que el poeta quedó
impresionado por el hecho, al que dedicó varios poemas, y consagró a la autora
una de las semblanzas literarias contenidas en sus Españoles de tres mundos.
Su tumba fue destruida por una de las bombas caídas en Madrid durante la Guerra
Civil. Se desconoce dónde están sus restos.
Rosa
M Ballesteros García
Vicepresidenta del
Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.logspot.com”
[1] De la autora citada: Artistas
y precursoras. Un siglo de autoras Roësset (2013). Librería Mujeres/Horas y
Horas; (2008): Autoras inciertas. Voces olvidadas de nuestro feminismo.
Clark, Marga (2020): Amarga luz, Editorial Funambulista.
[2]
Las ilustraciones de Marga
inspiraron al escritor e ilustrador Antoine de Saint-Exupéry, conocedor de su
obra, para El principito.