domingo, 28 de septiembre de 2025

Los probióticos

                                                               LOS PROBIÓTICOS

Deben de considerarse alimentos, es decir, residuos alimentarios en los que se conservan solo las bacterias vivas que habitualmente penetran en nuestro organismo, a través de la piel y de las mucosas, fundamentalmente las del sistema digestivo, para incorporarse a nuestra microbiota y colaborar en las funciones que benefician a nuestro organismo.

Hay que diferenciarlos de los prebióticos que son las fibras que sirven de alimento a estas bacterias y que se identifican con los carbohidratos no digeribles, razón por la que pasan rápidamente del intestino delgado al grueso en donde alimentan a estas bacterias mediante su fermentación.

Las funciones de nuestra microbiota, muy importantes para nuestra economía, pueden clasificarse en dos apartados. El primero defensivo, es decir, como defensa de nuestra integridad impidiendo el paso de forma selectiva a todos aquellos elementos vivos o inertes que pudieran dañar a nuestra biología e incluso combatiendo contra ellos mediante el acrecentamiento del sistema inmunitario. El segundo es potenciador de nuestro desarrollo, pues en su seno se fabrican la práctica totalidad de los elementos hormonales, enzimáticos y fermentos biocatalizadores que, imbuidos por nuestros genes, dirigen el incremento diverso y multidireccional de nuestro organismo, y la posterior conservación vital de sus funciones.

Se calcula que el número de estas bacterias necesarias multiplica fácilmente por cien al número total de células calculadas tan solo en nuestro sistema conjuntivo o de unión, que viene a ocupar la totalidad de nuestro organismo uniendo unos sistemas con otros de manera que nuestra economía forme en su conjunto un todo compacto.

Nuestras células conjuntivas por lo tanto están colonizadas por una multitud de bacterias con cuya colaboración, como ya hemos adelantado, se fabrican los enzimas y fermentos que permiten y contribuyen a nuestro desarrollo. Esta colaboración se denomina “simbiosis” y es la forma en que dos organismos vivos se relacionan entre sí. A esta simbiosis concreta y específica, nosotros la denominamos “microbiota”, en la que nuestro organismo es el huésped y las bacterias, las acogidas, los simbiontes. Esta simbiosis es de tipo mutualista, es decir, produce un beneficio mutuo.

El beneficio que nosotros obtenemos de la colaboración de estas bacterias aumenta conforme aumenta el conocimiento que la investigación de nuestra microbiota nos proporciona.

En primer lugar mejora el buen funcionamiento de nuestro sistema intestinal, es decir, de nuestra propia mibrobiota, evitando descomposiciones y pérdidas inopinadas de nutrientes que necesitamos, y evitando las enfermedades inflamatorias como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn

Es aquí en la microbiota donde se fabrican las hormonas y enzimas que facilitan un correcto funcionamiento cerebral, y ello es cierto hasta el punto de que los neurólogos consideran como enfermedades intestinales a la demencia senil, al alzheimer, al parkinson, la esclerosis múltiple y los déficit de atención o hiperactividad.

De la misma forma la falta de fermentos idóneos elaborados en nuestra microbiota, debilitan la adecuada solidez de la calidad ósea dando lugar a la aparición de la osteoporosis y enfermedades afines.

Igualmente el déficit de los elementos precisos, dificultan la formación de los vasos sanguíneos (angiogénesis) mostrando un papel estelar en la patología vascular. Y lo mismo podemos decir de los trastornos pulmonares y de la distribución de la grasa, es decir, en la obesidad. Y posiblemente más cosas que iremos descubriendo en un próximo futuro, que avalan la importancia de la mantener equilibrada a nuestra flora intestinal, cuyos desarreglos se denominan disbiosis.   

Como bacterias que son, los probióticos se encuentran en todas partes y los asumimos e incorporamos a nuestro organismo de forma continua. La leche fermentada o yogurt es una buena fuente de estos microorganismos, así como el kéfir, chucrut, los quesos fermentados, el kinchi, etc.

La industria se ha aplicado a la fabricación de estos productos que mejoran nuestra salud a dosis adecuadas. Pero hay que tener en cuenta que muchas de estas bacterias no son cultivables, y por tanto inasequibles. Las más utilizadas por conocidas son las bifidobacterias y lactobacillus, así como las levaduras del género sacharomyces.  Para que un producto pueda ser considerado probiótico debe de reunir una serie de características como que se mantengan vivos, y que sean capaces de colonizar nuestro intestino inhibiendo la actividad de las bacterias patógenas mediante la inducción de un pH inferior a 4, la producción de ácido láctico, el aumento de actividad de la lactasa y disminución de la permeabilidad intestinal.

El mercado de probióticos asequibles es francamente extenso y enormemente variable por lo que es aconsejable dejarse guiar por unas mínimas normas elementales para acceder a su elección. Según las cepas de probióticos utilizadas y su dosis, la acción clínica puede variar. Por ello es exigible que en los envases de venta se especifique el tipo de cepas utilizadas y sus cantidades e indicaciones. En general, como índice de acción se utilizan las UFC, es decir, “unidades formadoras de colonias”, de las que en cada cápsula deben ir no menos de diez mil millones de estas colonias para que pueda hablarse de utilidad.

Las modernas investigaciones avalan su capacidad antimicrobiana, su poder de restauración de la flora intestinal mejorando su balance y la mejoría de la respuesta autoinmune. Podemos concluir que los probióticos son un complemento eficaz en nuestra alimentación.

 

                                                                       Jesús Lobillo Ríos

                                                 Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                              “benaltertulia.blogspot.com”


domingo, 21 de septiembre de 2025

Pitouto

                                     «PITOUTO»: EL PEQUEÑO GIGANTE DE LA COMEDIA

(Partner de «Cantinflas» en el cine mexicano)

 

Se llamaba Pedro Elviro Rodríguez y había nacido en el pueblo extremeño de Valencia de Alcántara el 7 de marzo de 1896. Murió muy lejos de su tierra, en Ciudad de México, donde se había exiliado al finalizar la Guerra Civil, el 24 de agosto de 1971. Fue uno de varios miles de españoles que tuvieron que abandonar el país tras la caída de la República.[1]

En una entrevista realizada por el periodista José Montero Alonso para el periódico La Esfera (26 de enero de 1926) nuestro protagonista le confiesa que su inquietud para conocer mundo se inició, con apenas diez años, escapando de su casa. Entre sus múltiples actividades afirmaba que fue agente comercial de máquinas de escribir, vendió seguros, trabajó en publicidad y fue corrector de pruebas en publicaciones como La Opinión, El Parlamentario o en el semanario «Novela Roja». Sin embargo, su verdadera vocación fue la interpretación: «Me pareció aquello tan natural, tan sencillo, tan dentro de mi temperamento y de mi carácter, que comprendí que estaba allí mi ruta de siempre; me convertí en lo que nunca soñé que pude acabar: en un artista de film». Con estas palabras describe Pedro Elviro su entusiasmo por esta vocación que le había llegado, por casualidad, a través de una recomendación. Su aspiración, le sigue confiando al redactor era «llegar ante los públicos extranjeros». Y lo hizo tan bien, y con tanta personalidad, que se dice que muy pocos directores le hicieron repetir una escena. También confesaba que le gustaba el teatro, y en teatro anduvo sus primeros pasos, decantándose por la comedia, Su físico se imponía para ello: era muy pequeño de estatura, más bien diminuto, y tenía una innata facilidad para los gestos faciales, en los que sobresalían dos enormes y expresivos ojos

Hacia la mitad de los años veinte debuta en el entonces cine mudo con películas como: Los granujas, La chavala, Don Quintín el amargao (con la actriz, después exiliada Ana María Custodio), Ruta gloriosa o Los chicos de la escuela, entre otros títulos, donde demostraría que no hay papel pequeño cuando se tiene un gran talento. Sin embargo, el papel que lo consolidó y lo haría famoso en nuestro país, durante la época del cine mudo, fue La casa de la Troya, estrenada en 1925. En este film mudo interpretó al personaje de «Pitouto», un estudiante de leyes campechano y bufo que lo lanzó a la fama y le acuñó su apodo artístico, con el que fue conocido popularmente en todos los países en los que trabajó, especialmente en Francia y México. En total, intervino en más de diez películas en nuestro país.

Como le confesaba al periodista que le había hecho la interviú en La Esfera, sus expectativas de trabajar en otros países, para «públicos extranjeros», como decía, llegaron gracias a las películas que la empresa norteamericana Paramount rodaba en los Estudios que había montado en Joinville, cerca de París. Allí trabajaron muchos profesionales españoles en películas para el público y el mercado hispanohablante, entre ellas: Un caballero de frac (1931) de Roger Capellani, con Antoñita Colomé y Rosita Díaz Gimeno, la protagonista principal, apodada por el profesor Román Gubern como «La sonrisa de la República», una estrella que también tuvo que exiliarse y que tiene una vida apasionante. Aunque esta es materia para otra historia.

Instalado en Francia desde final de los años 20, llegó a participar en varias decenas de películas, entre las que destacamos: À bas les hommes, 1931 (con Carmelita Aubert); De haute en bas, 1933; Monsieur le vagabondo y Dernier houre, 1934; Quadrille d´Mour, 1935; Le chanteur de minuit,1937; Un scandale aux galeries, 1937; Vacances payées, Le puritain, ambas de 1938, o la comedia Les compagnons de Saint-Hubert, 1939, última película francesa en la que intervino Pitouto antes de exiliarse.

Según datos proporcionados por la Fundación Pablo Iglesias, Pitouto se habría afiliado allí, en París, al Grupo Socialista Español del PSOE. Durante la guerra civil prestó servicio en la Delegación de Propaganda del gobierno de la República en París. Al finalizar la guerra en España solicitó ayuda a la Junta de Cultura Española en la capital francesa para salir del país. En el mes de junio de ese año (1939) embarcaría en el «Ipanema» en el puerto de Pauillac (Gironde) rumbo a México. Llegó a Veracruz el 7 de julio de ese año. Otro público más que lo llegó a admirar y querer como suyo.

Como le sucedió a otro de nuestros paisanos, el director de cine toledano José Díaz Morales, Pitouto llegó al país azteca en plena «época dorada» (1936-1956); un terreno fértil en el que arraigó y que le proporcionó, además de la nacionalización, el participar en más de cien películas. Algunos expertos contabilizan su intervención en 127 títulos. Por otro lado, es necesario decir que este experto en la pantomima en el cine mudo no tuvo dificultad para la transición del mudo al sonoro, como les ocurriría a tantos actores consagrados. Su debut en el cine azteca fue en la comedia Los últimos días de Pompeyo, 1940. De ese número ingente de películas en las que intervino destacamos, entre otras: Las aventuras de cucuruchito y pinocho, 1943, película que dirigió el español Carlos Vejar, con guion de los también españoles Salvador Bartolozzi y Magda Donato[2]. Hay que señalar también las 20 películas que trabajó con Mario Moreno «Cantinflas», entre ellas: Los tres mosqueteros, 1942; El circo 1943; Subida al cielo, dirigida por Luis Buñuel, 1951 (lisiado); El señor fotógrafo, 1953 (recién casado); El bolero de Raquel (tendero) 1957; El portero, 1959 (don Fortino), Sube y baja, 1959 o El analfabeto, 1961 (alguacil). Entre otras estrellas mexicanas trabajó con, Pedro Infante o Germán Valdés (el famoso Tin-Tan) en Hotel de verano, 1944, donde coincide con profesionales españoles como Consuelo Guerrero de Luna, Carlos Villarías o Manuel Fontanals. El papel más largo de su carrera en aquel país fue en el film Cuando la tierra tembló, dirigida por Antonio Helú en 1942 en el rol de un gracioso propietario de un restaurante donde quedan atrapados los comensales hasta que son rescatados. Su última participación en el cine mexicano fue La criada bien criada, dirigida por Fernando Cortés en 1970, un año antes de su muerte. En resumen, desde 1924 hasta su muerte en 1971 filmó más de 170 películas, una buena parte de ellas, como ya hemos adelantado, en Francia y México.

En la página de Wikipedia de su pueblo, Valencia de Alcántara, hay una referencia a este pequeño, pero gran actor que, como tantos profesionales españoles, tuvieron que abandonar nuestro país huyendo de la guerra civil.

                                        Rosa M. Ballesteros García

                        Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                        “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Se estima que entre 25.000 a 30.000 españoles se refugiaron en aquel país, la mayoría para no volver.

[2] Sinónimo de la escritora Carmen Eva Nelken, hermana de la que fue diputada socialista Margarita Nelken. Todo los profesionales citados en el artículo estuvieron exiliados en aquel país.


domingo, 14 de septiembre de 2025

José Puche Álvarez

                                                       JOSE PUCHE ALVAREZ

            MÉDICO, PROFESOR, INVESTIGADOR, POLÍTICO, Y REPUBLICANO COMPROMETIDO.

Fue una figura clave en la fisiología española puente entre los trabajos de la escuela catalana de Pi y Suñer, en la que se formó, y la de Negrín López en Madrid donde hizo su tesis doctoral, trabajos que luego desarrollaría en Valencia, en cuya universidad, fue catedrático y rector. Comprometido con la República fue así mismo el principal organizador de la acogida de los exiliados españoles en la república mexicana.

Nació en Lorca en 1896 en el seno de una familia media acomodada que, con tres años, se traslada a Madrid temporalmente y luego a Barcelona al enviudar su madre y contraer segundas nupcias con el primogénito de una familia catalana distinguida. Aquí en Barcelona realiza sus primeras letras en colegios religiosos (escolapios y jesuitas). Tras pasar cinco años en Argentina por un nuevo traslado familiar vuelve a Barcelona y comienza los estudios de Medicina. Obtiene una plaza de alumno interno en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo y se incorpora también como alumno interno al departamento de fisiología dirigido por Pi y Suñer en 1918, y hasta 1928 desarrolla los puestos de ayudante de prácticas, profesor asistente, profesor auxiliar y jefe de trabajos experimentales. Recibe una enorme influencia de Emilio Mira y López otro prócer de la medicina catalana en el campo de la Psicología y la Psiquiatría

En 1922 obtiene su Licenciatura en Medicina y comienza a trabajar en su tesis doctoral que obtendría en Madrid según normas de la época, lo que le pondría en contacto con el otro gran fisiólogo español Juan Negrín con el que trabaría una gran amistad. Su tesis versó sobre “la influencia del sistema nervioso autónomo en la regulación de la glucemia”. De vuelta en Barcelona consigue una beca de la Mancomunidad Catalana y durante dos años (1928-29) asiste al Instituto de Fisiología de la Universidad Libre de Bruselas (Profesor Demoor), Instituto de Farmacología de la Universidad de Gante (Profesor Heymans), Instituto de Fisiologóa de la Universidad de Utrech (Profesor Noyens), Departamento de Fisiologia de la Universidad de Lund (Profesor Thumberg) y el Instituto de Bioquímica de Yvar Bang (Profesor Vidmark).

Se integra definitivamente en la vida universitaria catalana y en sus sociedades científicas y sobre todo a nivel social contrayendo matrimonio con Carmen Planás con la que tuvo tres hijos (un varón y dos mujeres). Opositó con éxito a la Cátedra de Fisiología de Salamanca (1929) y un año después a la de Valencia “porque estaba más cerca de Barcelona” y en donde permaneció hasta 1939 en que con fecha 29 de junio fue separado definitivamente del servicio y dado de baja en el escalafón de catedráticos de universidad por el Boletín Oficial de Estado como efecto de las depuraciones llevadas a cabo por los fascistas vencedores de la guerra civil.

Prosiguió sus trabajos sobre el metabolismo de los hidratos de carbono, la histofisiología del riñón, y los mecanismos de regulación nerviosa y de sensibilidad trófica. Mantuvo sus enlaces con las escuelas de fisiología de  Barcelona y Madrid e introdujo a Valencia como una importante referencia de la fisiología basada en la experimentación. Al instaurarse la II República fue nombrado brevemente como Gobernador Civil de Palencia y poco después rector de la Universidad valenciana en la que reorganizó los puestos de confianza tras el desencadenamiento de la guerra civil, al comienzo de ésta tuvo a su cargo el Instituto Nacional de Higiene de la Alimentación siendo responsable de la nutrición de la población civil. Poco más tarde fue requerido por Negrin para que se hiciera cargo de la Dirección General de la Sanidad tanto civil como militar a lo que se entregó con el grado de Coronel médico, cargo que mantuvo hasta que abandonó España en 7 de Marzo de 1939.

Por encargo de Juan Negrin se traslada a México para dirigir los trabajos del SERE (Servicio  de Evacuación de los Republicanos Españoles) fundado por el Gobierno de la República en el Exilio instalado en Paris, creando un Comité Técnico de Ayuda a los Republicanos Españoles que creó una serie de iniciativas empresariales e industriales como la Financiera industrial Agrícola S.A., la Cooperativa Pablo Iglesias, la Industria Vulcano, laboratorios químicos y farmacéuticos, industrias pesqueras, etc. Se calcula que unos 15000 refugiados llegaron en una primera instancia.

En 1943 José Puche se incorpora de nuevo a la docencia en el Instituto Politécnico Nacional donde impartió una cátedra de fisiología hasta 1946. En 1947 fue nombrado profesor de fisiología de la Escuela de Medicina de la UNAM (Universidad Autónoma de Mexico), en donde permaneció hasta 1965 año en que se jubiló, y posteriormente hasta su  muerte mantuvo un contrato como investigador.

Sus trabajos en esta época versaron sobre la “influencia de la compresión de las vísceras pelvianas y abdominales en la secreción renal”, sobre la “uremia”, sobre “el funcionamiento de sistema nervioso autónomo”, sobre “el metabolismo de los hidratos de carbono”, sobre “el hambre en Europa”, sobre “el valor de las pruebas funcionales en Medicina” y sobre “el concepto de sensibilidad trófica”. A todo ello se une su participación en la fundación de Ateneos científicos y culturales.

Pese a su temprana nacionalización como mexicano, Puche mantuvo una relación con su país constante, con sus amigos y familiares. A la muerte del dictador fue tentado con la idea de volver a Valencia, pero él lo rechazó porque pensaba acertadamente que tras cuarenta años de dictadura España había cambiado mucho y tardaría mucho en recuperarse, y que lo máximo que podría hacer sería volver a dar alguna conferencia a la Universidad de la que había sido rector y para ingreso en la Academia de Medicina de Valencia. Pero no pudo llevar a cabo estos deseos porque falleció en 3 de noviembre de 1979.

En 1987 el Departamento de Fisiología de la UNAM rindió un homenaje a los que consideró sus maestros entre los que se encontraba Puche, cuya labor quedó recordada en una placa que asignaba su nombre a uno de los laboratorios del centro.

                                                                    Jesús Lobillo Ríos

                                                   Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                               “benaltertulias.blogspot.com”

Bibliografía.

Borona Vilar, Mancebo M. F-“José Puche Álvarez (1896-1979) Historia de un compromiso”

Guerra F.-“La medicina en el exilio republicano” Universidad de Alcalá. 2003.


domingo, 7 de septiembre de 2025

Carlos Villarias

El cordobés Carlos Villarías:  

El primer Drácula del cine hablado

 

Carlos Villarías Liano fue un andaluz de Córdoba (julio, 1892-abril, 1976). Como tantos otros españoles no fue profeta en su tierra. Se le conoció también en el mundo del cine como Carlos Villar y Carolo Villarías. Sus principales personajes los realizó para la industria de Hollywood, aunque también interpretó papeles en películas españolas, mexicanas o británicas.

                     Provenía de una familia de militares (su padre era un general del ejército español) y durante su infancia y primera juventud residió en varias ciudades debido a los traslados del padre. Sus primeros estudios los hizo en San Sebastián y la carrera de Derecho la completó en la Universidad de Valladolid. Al finalizar la carrera abrió su propio bufete, aunque su verdadera vocación era la interpretación, así que fue un abogado de trayectoria efímera que muy pronto cambiaría «el estrado por las tablas del teatro» y «la toga por el disfraz de actor» o cantante en algunas compañías de opereta y zarzuela, e incluso llegó a actuar en París, con cierto éxito, en el teatro de La Gaîté Lyrique (Teatro de La Alegría desde 1792). En España intervino como «Pepe el tranquilo» en la película El pobre Valbuena (1917), dirigida por Manuel Noriega[1]. Actuó también en Italia, en varias ciudades, debutando en Turín en el Teatro Víctor Manuel.  La Primera Guerra Mundial en Europa estaba a la vuelta de la esquina y el inquieto Carlos, ante el panorama que se presentaba, decide emigrar a los Estados Unidos.

                     En 1915 ya está nuestro cordobés al otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos de América. Muy pronto, gracias a su dominio del inglés, se incorpora a la compañía dramática del director de origen holandés Lou Tellegen en Nueva York, ciudad donde fue cofundador de la compañía del Teatro Español de Nueva York, en cuya inauguración representó el drama del autor catalán Ángel Guimerá Tierra baja. No es esta la única obra escrita por un autor español en la que intervino como actor. En 1945, para el cine mexicano, lo encontramos formando parte del elenco de la obra de Vicente Blasco Ibáñez La barraca, dirigida por el mexicano Roberto Gavaldón y guion de la hija de Blasco, Libertad Blasco. Entre los actores encontramos varios españoles (exiliados) como José Baviera, Anita Blanch o la toledana Luana Alcañíz, con quien coincidió en otras películas. Carlos da vida al tabernero. Dos años después, es la novela del sevillano Manuel Fernández y González Los siete niños de Écija, otro ejemplo con argumento de sabor patrio. En esta ocasión es el castellano-manchego Miguel Morayta, allí exiliado tras finalizar la guerra civil, quien dirige la película, también con algunos actores españoles como Florencio Castelló, Francisco Jambrina o Pepita Meliá. Carlos da vida al Mayoral. Son algunos ejemplos de las películas basadas en obras de escritores españoles en las que intervino nuestro actor.

                     Sin embargo, el inquieto cordobés, tras pasar unos años en la Gran Manzana, decide lanzarse a la aventura de la incipiente industria hollywoodiense y buscarse su hueco. Hacia 1923 llega a Los Ángeles (California) e interviene en pequeños papeles en películas mudas, alguna con Rodolfo Valentino y otras, como El cuerpo del delito, con el actor español Antonio Moreno; El hombre malo, de nuevo con Moreno y Rosita Ballesteros; El valiente, con Julio Villarreal, María Calvo y Carlos en el papel de «alcalde»; Estrellados, Friend y la versión española de Free and easy, ambas con Buster Keaton (todas ellas de 1930). Sin embargo, su primer gran éxito le llegaría con el papel de protagonista, contratado por la Universal, en la versión rodada en castellano del primer Drácula (1931) sonoro producido por la Universal.

                     Por otro lado, aunque los principales personajes de su carrera los realizó en la industria de Hollywood, un buen número de ellas las realizó en los estudios norteamericanos instalados en Joinville (París), durante la década de 1930, como Asegure a su mujer, con Rosita Díaz Gimeno; Granaderos del amor y Asegure a su mujer, con Conchita Montenegro o Señora casada necesita marido, con Catalina Bárcena. También intervino en varias decenas de películas en el cine azteca, entre las que destacamos dos títulos de contenido religioso: María Magdalena, pecadora de Magdala (1946) y Reina de reinas: La Virgen María (1948), ambas dirigidas por Miguel Contreras Torres y Luana Alcañiz, ya citada, como María, Luis Alcoriza como Jesús y Carlos en el papel de San Pedro. En este contexto, es interesante destacar que fue también un español, el toledano José Díaz Morales, exiliado en aquel país, el primer cineasta que llevó a sus pantallas la vida de Jesús de Nazaret. Estrenada en 1942 tiene un amplio repertorio de profesionales españoles, como el escenógrafo Manuel Fontanals y un elenco de actores, presididos por el protagonista, José Cibrián, en el papel de Jesucristo. En La vida secreta de Marco Antonio y Cleopatra (1947), dirigida por Gavaldón, interpretó al emperador Septimio. Entre su extensa producción en el cine mexicano intervino en películas con famosos actores locales como «Cantinflas» (Gran hotel, 1944), Jorge Negrete, Pedro Infante o Lupita Tovar, entre otros, además de trabajar con un buen número de actores y actrices que, tras la guerra civil, se habían exiliado en aquel país.

                     Como ya más arriba apuntamos, su confirmación como protagonista la obtendría dando vida al «gran vampiro» en la filmación de su versión norteamericana en español (destinada al gran mercado sudamericano, especialmente México y Argentina). Los rodajes de estas versiones se hacían de noche, cuando los decorados quedaban libres, y utilizando parte del metraje diurno. La versión inglesa estaba dirigida por Tod Browning y el famoso actor húngaro Bela Lugosi como Drácula. Por su parte, con un presupuesto mucho menor, la versión protagonizada por Carlos la dirigió George Melford. Las protagonistas femeninas eran Helen Chandler y Lupita Tovar, en las versiones inglesa y española, respectivamente. Sin embargo, a pesar de los hándicaps, esta versión es considerada superior en muchos aspectos técnicos. A priori, la versión inglesa tenía todos los triunfos; el húngaro se podía decir que tenía «el traje hecho a su medida» y el andaluz, a diferencia de aquel, se había criado «en la tierra del sol y la alegría», como alguien ha escrito. No obstante, el hecho de que se rodara por la noche, lo que propiciaba una atmósfera tétrica ad hoc, sumado al excelente trabajo de Vallarías, muy bien caracterizado, y con gran capacidad de expresar con la mirada todas las emociones que requería el personaje y la situación, daría como resultado que la actuación de nuestro protagonista saliera triunfante para la crítica y los espectadores. Como curiosidad adicional, no deja de resultar cuanto menos curioso el hecho de que el director de la versión española no supiera una sola palabra de español y, por ello, no le extrañase esa especie Torre de Babel hispanoamericana en la que se entendían los actores, con muy distintos acentos. Varios años después, Villarías daría vida a otro personaje oscuro, Nostradamus (1937), película dirigida por Juan Bustillo Oro. Como resultado final, fue este actor español el primero en protagonizar el personaje del famoso conde en una película hablada, si bien hay una versión alemana anterior, muda, basada en el mismo personaje creado por Bram Stocker, dirigida por F. W. Murnau bajo el título de Nosferatu (1922)[2], con el actor alemán Max Schreck como protagonista. Drácula, junto con Frakenstein, es uno de los dos mitos literarios más potentes y visionarios del siglo XIX, donde se funden «lo ancestral, el pasado, lo oculto, el ansia de eternidad y el progreso y los miedos al futuro y la ciencia».

Después de aquel hito, Carlos Villarías seguiría actuando durante muchos años. Su filmografía incluye casi un centenar de películas en las que aparece acreditado. Falleció en Los Ángeles en 1976, con 83 años.

                                            Rosa M. Ballesteros García

                              Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] En ella actuaba como protagonista femenina la valenciana María Conesa (conocida como «La gatita blanca») quien desarrolló su carrera en México y se convirtió en un mito.

[2] Más de 200 filmes se han rodado alrededor de este mito literario a cuyos pies han caído directores como Francis Ford Coppola. Nosferatu fue prohibida, algunas cintas se salvaron y se convirtió en obra de culto.


domingo, 31 de agosto de 2025

Ignacio Bolivar

                                                   IGNACIO BOLIVAR Y URRUTIA

        INVESTIGADOR, TAXÓNOMO, ENTOMÓLOGO Y POLÍTICO REPUBLICANO

 

Fue un biólogo de fama internacional como entomólogo y un decidido y eficaz impulsor de la investigación científica y la renovación pedagógica en España, gestor capaz y resolutivo que alcanzó  un prestigio similar al de Ramón y Cajal con el que colaboró en el funcionamiento de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), el más poderoso instrumento con el que contó España para su modernización el pasado siglo, y que al ser derogado por la barbarie franquista, le obligó a exiliarse, a pesar de su avanzada edad, en México en donde falleció olvidado de sus compatriotas.

Nació en Madrid en 1850, en donde realizó sus estudios universitarios licenciándose en Derecho por iniciativa familiar pero dedicándose a las Ciencias Naturales por inclinación personal al entrar en contacto con el Museo de Ciencias Naturales y con el Jardín Botánico en donde se impartían la mayoría de las asignaturas. En 1871 en pleno sexenio democrático fue uno de los catorce fundadores de la Sociedad Española de Historia Natural. En este mismo año participa en la fundación del Ateneo Propagador de Ciencias Naturales y dos años después en 1873 publica su trabajo: “Ortópteros de España, nuevos o poco conocidos”, culminando su licenciatura en ciencias. Sus excursiones pedagógicas por la sierra de Guadarrama y Gredos le permiten profundizar y aumentar sus conocimientos alcanzando en 1874 su doctorado en Ciencias, publicando en 1876 la “Sinopsis de los ortópteros de España y Portugal”, un trabajo de trescientas treinta y tres páginas que hacen avanzar las especies conocidas de poco más de cincuenta a ciento ochenta y una, pertenecientes a setenta y seis géneros.

En 1875 gana por oposición una plaza de ayudante de Zoología en el Museo de Ciencias Naturales y en 1877, a los veintisiete años, consigue la cátedra de Articulados de la Universidad Central. Está inmerso en los años más productivos de su labor investigadora. En 1901 es nombrado director del Museo que tras una serie de adversidades es trasladado en 1910 a un espacio adecuado en el paseo de la Castellana de Madrid en donde se siguen organizando y publicando sus colecciones.

Se mantuvo siempre muy unido a la Institución Libre de Enseñanza y en 1907, a la creación de la Junta de Ampliación de Estudios, es nombrado vocal de la misma. Fue así mismo Decano de la Facultad de Ciencias y miembro del Consejo de Instrucción Pública desde el que pudo reordenar los estudios de las carreras de ciencias, e impulsor de la Comisión de Estudios del Noroeste de África consiguiendo la publicación de las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural.

En 1921, recién jubilado, fue nombrado director del Jardín Botánico, cargo que mantuvo hasta 1930 y en donde llevó a cabo una modernización similar a la que había hecho en el Museo de Ciencias Naturales. En 1905 había fundado la revista “Eos” y en 1928 recibió la Medalla Echegaray que se otorgaba cada tres años, y la Sociedad Española de Historia Natural le preparó un homenaje con un tomo especial de sus Memorias.

Su prestigio nacional e internacional subió aún más en la década de los años treinta al ser nombrado académico de número de la Real Academia Española, y poco después, presidente de la JAE a la muerte de Cajal en 1934, y en 1935   presidió en Madrid el VI Congreso Internacional de Entomología.

Con el inicio de la guerra civil comienza la evacuación de las actividades docentes hacia Valencia primero y Barcelona después. Fue desposeído de su título de académico y se exilió con su hijo, también un reconocido entomólogo, a México, a los casi noventa años de edad, y, con el convencimiento de que no podría volver, manifestó: “voy a morir con dignidad”.

En México dirigió la sección de la Unión de Profesores Universitarios Españoles (UPUEE) y la publicación de “Ciencia. Revista Hispanoamericana de ciencias puras aplicadas” que se convirtió en la referencia simbólica del exilio científico republicano. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de México.

Falleció en 1944 recibiendo amplias demostraciones de reconocimiento y afecto por parte de sus colegas internacionales y apenas ninguna mención en España donde había sido convertido en un desconocido.

En Enero de 2019 el Gobierno Español reconoció la ilegitimidad de la actuación franquista, devolviéndole el diploma de académico numerario.

 

                                                                  Jesús Lobillo Ríos

                                        Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Gomíz Blanco A. Real Academia de la Historia.

Martínez C.-MNCM.csic.es


domingo, 24 de agosto de 2025

Lo que podría pasar

                                LO QUE PODRIA PASAR

 

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” nos decía nuestro maestro y poeta Antonio Machado.

Ahora que todo está lleno de gente alborotada y alborotadora, de gente que quizás le falle la memoria, si es que le queda o es que la tiene, y se tira a la calle a liarla, como en muchas ocasiones, porque piensan que es lícito saltarse a la torera una convivencia a la que no podemos desatender.

Podemos pensar que, a pesar de todo, pendemos de hilos endebles y que la memoria es quebradiza.

Podemos recordar que el Congreso puede encontrarse con sorpresas de última hora.

Podemos tener en cuenta que, hace muy poquitos años, cuando el PSOE obligaba a los suyos a abstenerse para favorecer el mandato de Rajoy, que sabía más de fútbol que de política, algunos socialistas no siguieron la votación abstencionista mandada desde Ferraz al Congreso.

Es saludable que podamos rememorar la gran gesta de Pedro Sánchez de renunciar a su escaño, para no seguir la disciplina de partido.

Así, podemos tener presente, para que no se nos vaya la olla, que lo hizo para no ser castigado por no abstenerse ante la candidatura del candidato del PP.

Podemos evocar de pasada, que Pedro necesitaba aquella ocasión para reconvertir las miradas de las bases socialistas para que le fueran más propicias las sedes básicas del Partido.

Podemos aludir que la jugada, tan básica, lo encumbró de manera “clara y distinta” como luego pudimos ver.

Podemos desmemoriarizarnos, si cabe, de la promesa de Sánchez, la misma noche de las elecciones de aquel diciembre, con que “los votantes de la izquierda no serían defraudados”.

Podemos suponer que el gran jefe socialista había apoyado a Sánchez para que sacara mayoría absoluta, pero que al no realizarse sus sueños, se metió el palo de Ciudadanos entre la ruedas y Podemos con sus votantes quedaron orillados y por tanto estos compañeros de viaje dijeron que nanay.

Podemos mencionar que Sánchez no podía dormir tras las siguientes elecciones y que sabemos que no era por el calor del verano aquel.

Podemos recapitular que “a la tercera va la vencida”, porque no le salió “redonda” a Sánchez la tan empeñada asesoría, con la que no “iba” a ninguna parte, y la esperada “victoria” había hecho mutis por el foro de la ciudadanía.

Podemos idear que, tras el desgaste de Podemos por la infamia de los medios de desinformación, por el ninguneo político, por el cambio de “pareceres” de muchos y por los vetos de algunos, a Podemos no les queda más que, por aquello del “que avisa no es traidor”, votar negativamente, en su justa medida; en la primera vuelta y abstenerse, igualmente, en la segunda.

Podemos recapitular que la dejadez pueda ser el campo abierto para que quiebre la atención a lo público, con tantas privatizaciones, que ya no solo dan que pensar, sino que hay que evitar.

Podemos añadir también que los flecos, dejados atrás por la anterior legislatura, no pueden impedirnos poder respirar con más limpieza y tranquilidad.

                                                                                                            

                                                         José María Barrionuevo Gil

                                                     El Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 17 de agosto de 2025

Cinéfilos versus cinéfobos

                     EL CINE: CINÉFILOS VS CINÉFOBOS

 

 

Como ocurre con todo lo nuevo, este nuevo invento, el cine, elevado a la categoría de «Séptimo Arte» por el crítico italiano Ricciotto Canudo en su Manifiesto de las Siete Artes, en el que interpreta el cine como la suma final de la ciencia y el arte, y lo trata como la unión entre máquina y sentimiento. Este nuevo invento suscitó entre los críticos contemporáneos un apasionado debate de filias y fobias. Escribe Rafael Utrera que este nuevo hecho científico, desde un «simple objeto curioso, pasa a ser espectáculo de público ingenio y posteriormente fenómeno artístico». Los ‹‹cinéfobos››, como Miguel de Unamuno, ningunearon aquellas «fotografías en movimiento», desdeñándolo abiertamente, hasta tal punto de predecirle una corta vida. La reacción lo acusó de pervertir a la juventud y de producir efectos nocivos entre la infancia, como así lo expresaba en alguno de sus artículos la escritora Concha Espina (aunque sin embargo accedió a que varias de sus propias obras se llevaran al cine). Entre otras se llevaron al cine: Vidas rotas, Altar Mayor, La esfinge maragata o Dulce nombre.

La aparición del cine, en ello coinciden unánimemente los críticos, significó un choque estético y cultural sobre todo con el mundo del teatro, una lucha entre el viejo y el nuevo arte. Sin embargo, personajes como León Tolstói o Blasco Ibáñez fueron notables ‹‹cinéfilos››. Tolstói escribía: ‹‹Ya verán cómo este pequeño y ruidoso artefacto provisto de un manubrio revolucionará nuestra vida, la vida de los escritores››. Por su parte Blasco declaraba abiertamente: ‹‹Yo admiro el arte cinematográfico, llamado con razón el séptimo arte, por ser producto legítimo y noble de nuestra época››. De ambos se han llevado algunas de sus obras al cine, entre ellas destacamos: Guerra y Paz, Ana Karenina, Los Cosacos (Tolstoi); Entre Naranjos, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Sangre y arena (Blasco).

Los cinéfilos vanguardistas dedicarían poemas a este nuevo arte, entre otros Vicente Aleixandre en su poema «Cinemática»: «Venías cerrada, hermética, a ramalazos de viento crudo, por calles tajadas»; otros más, como J. Rivas Panedas y su «Poema cinemático»; Pedro Salinas y su «Cinematógrafo» o Pedro Garfias y Guillermo de Torre que coinciden con su poema «Fotogenia». Por su parte, Manuel Machado en su poema «Vagamente» afirma: «En el cinematógrafo de mi memoria tengo cintas medio borrosas... ¿Son escenas de verdad o de sueño?» y José María Morón dedica el suyo a la «Divina» Greta Garbo: «La va inventando en pérfido relieve, sola presencia iterativa y muda, el lento luto amanecido en nieve que su inviolada intimidad desnuda».

Finalmente, García Lorca (1898-1936) dedica su poema a un inolvidable cómico; «El paseo de Buster Keaton», actor al que la gracia popular rebautizó como «Cara de palo». Por su parte, Francisco Ayala dedica tres capítulos a Janet Gaynor, Josephine Baker y Greta Garbo, célebres divas de finales de la época muda y el maestro Azorín, a través de sus artículos publicados en la prensa madrileña o bonaerense, expresó su opinión sobre este nuevo arte. Ya septuagenario, Francisco Ayala escribirá dos libros que apoyan definitivamente su cinefilia: El cine y el momento (1953) y El efímero cine (1955).

No nos resistimos a un último ejemplo: Carmen de Burgos, más conocida por su nom de plume: «Colombine», además de ser maestra, escritora, periodista y activista feminista fue también una moderna cinéfila. A pesar de que no había nacido «con el cine», como presumía Alberti, sino unos años antes de su aparición, la «Colombine» se puso de su parte, desde los primeros momentos, escribiendo numerosos artículos de crítica cinematográfica en la prensa; novelas como La (sic) mejor film (1918), publicada en la colección La Novela Corta, y dando a la luz, a su vez, otras como Confesiones de artistas (en dos tomos) que se publicaron en Madrid hacia 1916. Tras la Guerra Civil y la victoria del régimen franquista, su nombre fue incluido en la lista de autores prohibidos y sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías. Por cierto, su hija María fue actriz de teatro y cine durante la época del cine mudo en películas como Mefisto y El protegido de Satán (1917) o Codicia (1918).

También en las filas de los adeptos militaron escritores como Gerardo Diego, Luis Buñuel, columnista de noticias de Hollywood en La Gaceta Literaria, y autor y guionista de un buen número de títulos, por citar algunos nombres. Otro ejemplo, de la escritora vallisoletana Rosa Chacel quien, en su novela Desde el amanecer escribe al respecto: «El cine, antes de inaugurarse ya era esperado por nosotros con ansiedad. Ya me habían explicado en qué consistía, cómo había surgido en Francia y se había extendido a otros países, y todo lo que se podía esperar de él cuando adquiriese mayor perfección››.

Ciertamente, sobre la utilidad del cine como catalizador de masas no se deja de escribir. Javier Cercas en un artículo, escribe que «la utilidad del cine y la literatura consiste en parte en que nos muestran la complejidad inabarcable de lo que somos y nos enseñan a manejarla». En palabras del escritor almeriense Federico Utrera ‹‹los posicionamientos de modernistas y noventayochistas se hicieron evidentes desde los comienzos››, ejemplo de ello es el ya citado Miguel de Unamuno, firme ‹‹cinéfobo››, que escribió sobre este arte en numerosos artículos de prensa, adjetivándolo de «hórrido, molesto, antiartístico, parlamentario, trágico, fatídico o revolucionario» y lo enjuicia como «teatro sin literatura sólo capaz de dar el movimiento de una figura por cuanto su objeto estético era representar las cosas que ocurrían sin palabras»

 

                                Rosa María Ballesteros García

                   Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

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