Los Dioses
son hombres
inmortales,
mientras que
los hombres
son dioses
mortales.
Heráclito
Mientras no
cambien los
dioses, nada
ha cambiado.
Rafael
Sánchez Ferlosio
Al
hilo de los terribles acontecimientos que estamos obligados a presenciar a
nuestro pesar, ya sea a través de la radio, la televisión o las redes sociales,
es imprescindible remitirnos, como es nuestra costumbre, a los mitos que
siempre están presentes en el imaginario colectivo, reproducidos durante
siglos, milenios. Dicho de otra forma: desde tiempos inmemoriales. De este
modo, los mitos se reafirman, se transforman, se «reinstalan» de forma adecuada
al contexto de cada sociedad, adquiriendo y funcionando, como alguien ha
escrito, como «mente» social colectiva que desarrolla arquetipos o temas
universales: la juventud, el héroe, el tiempo, las desgracias y las CATÁSTROFES
(con sus secuelas), como es el caso y el fondo principal del artículo.
Con relación al contexto actual, global
e internacional, es de obligada referencia volver la mirada al mito
greco-romano de Tiresias, uno de los más poliédricos, que personaliza, a mi
parecer, los lazos que mantienen unida a una sociedad, a un tiempo, en este
caso, el que nos está tocando vivir: rápido en avances tecnológicos y lento,
por el contrario, en encontrar soluciones para las violencias que alguna mente
ocurrente le obligó a escribir: «Que pare el mundo, que me bajo».
El personaje de Tiresias está muy
ligado a la recreación de algunos mitos del ciclo tebano (Edipo, Antígona,
Creonte, Yocasta). En la mitología griega, Tiresias fue uno de los adivinos más
célebres de la ciudad de Tebas. Era ciego y, según alguna de sus versiones, su
desgracia fue causada por la diosa Atenea que, muy pudorosa ella, lo castigó
por haberla sorprendido desnuda mientras se bañaba. Por el mismo motivo lo hizo
la diosa Hera (en ambos casos por «mirón») si bien, en definitiva, y por
compensación, le fue concedido el don de ver el futuro en ambas versiones. Este
es uno de los atributos que queremos resaltar (la capacidad de anticiparse a
los acontecimientos), junto al ser arquetipo y antecedente del travestismo (hombre-
mujer), de forma que el personaje ha sido utilísimo para «desarrollar las ideas
de muchos creadores». Ovidio se ocuparía de devolverles su propio sexo en su
obra Las metamorfosis.
Sin embargo, junto a estos
arquetipos (anticipación y capacidad de transformismo), nos interesaba poner el
énfasis en el significado esencial que ha trascendido de su figura: su papel de
MEDIADOR, por sus dotes proféticas, negociadoras entre los dioses y los hombres-
Por su condición andrógina, lo hace entre hombres y mujeres, y por la
excepcional duración de su vida (del mito), entre los vivos y los muertos.
El mito de Tiresias es uno de los
más recreados. En las artes visuales o escénicas, como el teatro, lo hace a
través de dramaturgos como Jean Cocteau, Jean Anouilh o Athol Fugard; en el
cine, en películas como Poderosa Afrodita, dirigida por Woody Allen o Tiresia
del francés Bertrand Bonello, estrenada en 2002. En la literatura con Frank
Herbert, autor de ciencia ficción, en su novela El mesías de Dune, publicada
en 1969, la novela Middlesex (Premio Pulitzer de 2002) de Jeffrey
Eugenides, el poema de Carol Ann Duffy: «De la señora Tiresias» o la novela de
Haruki Murakami Kafka en la orilla (2002), en el que aparece un
personaje llamado Oshima que es un adivino andrógino, como Tiresias.
En otras disciplinas como la música,
el personaje de Tiresias ha sido constantemente utilizado como protagonista de
sus obras, incluso en la música popular, con temas como «The cinema show» del
grupo Génesis (1973), o «Castle Walls» de Denns DeYoung (1977). Ígor
Stravinski, Carl Orff, Harry Partch, Hans Werner Henze, Mikis Theodorakis o Frederic
Rzewski, con texto de Bertolt Brecht. son algunos de los músicos que han
trabajado sobre el personaje.
Por otro lado, y para concluir,
destacamos el drama surrealista de Guillaume Apollinaire titulado Las tetas
de Tiresias (Les Mamelles de Tirésias), escrito en 1903 y
representado por primera vez en 1917, en plena Guerra Mundial. Inspirado en
este drama se estrenó en 1947 la Opéra-Comique «Tiresias», en la misma
línea surrealista, donde la protagonista femenina, la joven Teresa: feminista y
casada, se niega a tener hijos y por ello se convertirá en un hombre, tras liberarse
de sus pechos, adoptando el nombre de Tiresias. La transformación del marido le
lleva a convertirse en mujer y parir miles de hijos (en la mitología todo es
posible) para repoblar la ciudad donde reside. El alegato final con el que se
cierra la obra es definitivo: Ecoutez, ô Français, les leçons de la guerre. Et
faites des enfants, vous qui n'en faisiez guère. Cher public: faites des
enfants! Que viene a decir, en síntesis: Escuchad las lecciones de la
guerra… Querido público; haced niños!
Como detalle curioso, las dos
primeras sopranos que tenían que interpretar el papel de la protagonista:
Denise Duval, en 1954 y Bárbara Boney en 1998, tuvieron que suspender su
actuación, entes del estreno, debido a un inoportuno embarazo.
Rosa M. Ballesteros
García
Vicepresidenta del Ateneo Libre de
Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
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