domingo, 24 de mayo de 2026

Mentiras

                                             MENTIRAS

 

                                                Miedo, mentira y culpa son las tres fuerzas principales que gestionan

el mundo y organizan la vida de la gente. Siempre ha sido así.

 

Jesús G. Maestro,

Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI, 2025.

 

Ápate, hija de la Noche, impera, domina, manda. Ápate feliz en los tiempos globales, navega por ríos de tinta de periódicos y revistas, vuela por ondas electromagnéticas, se escabulle por fibras ópticas bajo inmensos océanos, doblega a los ceros y unos de un mundo dataísta. Ápate, expulsada de la caja de Pandora, dichosa con su cohorte mayor de posverdad, new fakes, difamaciones, engaños, infamias, bulos; contenta con sus acólitos menores de chisme, cotilleo, chismorreo, embuste, mentirijilla, que mira por donde, estos segundones, hasta saludables se tornan en determinadas dosis y contextos. Aunque si hemos de recordar a María Trinidad Cotilla, la tía Cotilla, supera con creces a sus compañeros de segunda fila. Esta mujer chismosa e indiscreta, entre otras viles actividades, delataba a los liberales opositores del absolutista rey Fernando VII (1784-1833). Su mala lengua y sus peores acciones hicieron estragos allá por el siglo XIX. La prensa y la literatura lograron que el apellido Cotilla se transmutara en el adjetivo cotilla, vocablo aparentemente dicharachero y puñetero, no sólo en tiempos del rey felón y finales del XIX, sino ahora, cortesano de los mentideros analógicos y digitales.

 

No te creas nada; yo nunca miento; no levantarás falsos testimonios ni mentirás; mentira piadosa; ¿por qué no te callas?; mentidero; nada es verdad ni mentira, todo es según el cristal con que se mira; mientes como un bellaco; la mentira no es lo contrario de la verdad; noticias falsas; bulos; los vivos todos los días mienten; “la verdad de las mentiras”; ¡vaya trola!; sin la mentira la supervivencia es imposible; falta de credibilidad; mentir sale rentable; yo siempre digo la verdad; si miento a todos, dimito (mentira, no dimite nadie); yo a ti jamás te mentiría; “sin mentir, no decir todas las verdades”, aconsejaba Baltasar Gracián (1601-1658); posverdad…(Sigan ustedes…).

 

Al igual que se elige Miss Universo, se asigna un día mundial a la obesidad, la fraternidad humana o las legumbres, algunas instituciones eligen la palabra del año. Para la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE) los términos elegidos del periodo 2020/2025 fueron: confinamiento, vacuna, Inteligencia Artificial, polarización, dana, arancel. Todas dibujan un mundo inquietante. Para el diccionario Oxford la palabra del año en 2017 fue posverdad. Y es que se ha instalado la posverdad, vocablo de moda y verdad verdadera, en todos lados. Campea por doquier, como Pedro por su casa. Enseñorea su pos y su verdad en múltiples artículos, ensayos, noticieros y titulares. Se caracteriza la posverdad por no considerar los hechos objetivos a la hora de tomar postura o entender. Prevalecen las creencias personales o las propias emociones, sobre la objetividad y evidencia demostradas. Cuando se defiende  una  creencia determinada pese a que la realidad demuestra lo contrario, mal vamos, pues todo vale. Si nada es cierto ni nada es falso, si la ciencia no nos vale, el delirio colectivo es lo que nos queda.

 

Mentir constituía una acción de supervivencia para el pícaro Lázaro de Tormes. El problema surgía si se percataban del engaño, como le sucedió con el amo ciego. Pues en sus fortunas y adversidades no se trataba de ser o no ser, mentir o no mentir. Se trataba de un básico dilema: comer o no comer. Si miento, apaciguo el hambre. Miento, luego vivo. Ocurrió cuando el ciego notó que Lázaro bebía su vino por el agujero que el rapaz había hecho en la base del jarrillo usado para tal menester y que tapaba con cera. Al calor de la lumbre, sentado Lázaro entre las piernas del amo, la cera se derretía y el líquido deseado iba directo a la boca del pícaro. Cuando el ciego reparó en el engaño, levantó el jarro y con todas sus fuerzas lo estampó en la cara del lazarillo: “Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos dél se me metieron por la cara, rompiéndomelas por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé”. Y esto puede acontecer cuando te pillan en la mentira a pequeña escala.

 

Otras mentiras, sin embargo, se construyen a gran escala. Porque hay mentiras que se diseñan y venden, cual urbanización de lujo con vistas al mar, o se ocultan en una profunda gruta por tiempo indefinido. Sólo hay que reparar en la lucha de dominio y poder de organizaciones o Estados, arbitrando el procedimiento de bandera falsa: desde la piratería, que usaba banderas de otros países, pasando por la masacre de Katin, en la Polonia de 1940, donde miles de ciudadanos polacos fueron fusilados por la policía secreta soviética, pero cuya ejecución fue atribuida al régimen nazi, hasta los terribles ataques terroristas perpetrados por servicios secretos e implicación de la CIA para evitar el desarrollo de las izquierdas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, atentados contra miles de inocentes por la denominada Operación Gladio.

 

Personajes de la “Historia de todos los humanos no escrita ni grabada ni registrada”, que no vas a encontrar ni en comunitaria Wikipedia, ni en sabelotoda IA, ni en ensayo histórico o novela, que yo sepa, son los barberos Francisco Palacios y Cristóbal de igual apellido, padre e hijo, apodados “Pirulo”, tanto uno como el otro, pues el segundo heredó oficio y mote. Francisco ejerció también de dentista y gustó de la música, especializándose en el toque de bandurria. En la barbería de Pirulo, sita en su última sede en calle Chozuela de la Villa Condal de Teba, chismorrear y cotillear constituían un arte, un aliciente para la lengua y una garantía de salud de los lugareños. O sea, al contrario de las prácticas de doña Trinidad Cotilla, el cotilleo piruliano, mientras esperabas en la barbería o mientras te cortaban el cabello, sólo delataba beneficios sociales.

 

Los instrumentos propios del oficio de barbero en aquella época, segunda mitad del siglo XX, consistía en un quinteto de tijeras, un cuarteto de peines, un dúo de navajas barberas, ¡cuánto poder sobre la vida y la muerte del cliente!, un lápiz cortasangre de gran efecto coagulador, el suavizador de cuero para las navajas, dos máquinas de “pelar” –así las denomina Cristóbal-, una manual de ritmos diversos y tonos graves, otra electrónica, monótona y con un ritmo regular exasperante, una bandeja repleta de recortes de periódicos, “toallitas informativas”, una barra de jabón de afeitar, el termo con el agua destinada a la tacilla jabonera, un espejo de mano y artilugios de este arte como los pulverizadores de agua, colonia y de polvos de talco, rematadores y teloneros de la faena.

 

Para los infantes acudir al establecimiento de Pirulo era sinónimo de visita a la Inquisición. Cristóbal y su padre se convertían en crueles y despiadados Torquemadas, con grandes manos transformadas en instrumentos cantarines de tortura. Un cajón de madera sobre el asiento hacía de patíbulo. El babero celeste te identificaba y señalaba tu delicada situación personal de condenado. Ni modas pasajeras, ni cortes sofisticados de la modernidad invadieron una forma de hacer casi centenaria. Había una constante: los estilos se reducían  al “pelao de rayas a lo Manolito”, al “pelao a lo Jaime”, es decir, al cepillo y, por último, al “pelao a cero o a rape”. Por otro lado, el “pelao” podía hacerse a tijera o a máquina, siendo de gran efectividad el “pelao a tijera y peine”, que no a navaja. Al salir de la barbería, un gélido airecito te recorría el cogote y un nuevo temor te embargaba: las previsibles risas, burlas y mofas de tus conocidos cuando descubriesen la operación barberil a la que te habías sometido en contra de tu voluntad. Era inevitable. La crueldad siempre acechando a la vuelta de la esquina.

 

Y tras la intrahistoria de estos caballeros del adecentamiento de cabelleras, pasemos a otro barbero, archiconocido por la IA, la Wikipedia y por miles de documentos analógicos y digitales: Fígaro, factótum de la ciudad de Sevilla, polifacético, embaucador, astuto, alcahuete, conseguidor, aparte de maestro de las tijeras. En la ópera “El barbero de Sevilla”, de Gioachino Rossini (1792-1868) encontramos una de las arias más logradas en torno a la difamación y a las malas artes para destruir la reputación de una persona. El profesor de música don Basilio, al servicio de don Bartolo, médico y tutor de Rosina, canta el aria “La calunnia e un venticello” para desprestigiar al conde de Almaviva, enamorado de Rosina. Bartolo pretende, a pesar de la diferencia de edad, convertir en su esposa a Rosina. Finalmente, por los ardides de Fígaro, el conde y la propia Rosina, su deseo no se cumple. No obstante, intentó desacreditar al conde con la hermosa aria de marras cantada por don Basilio: “La calumnia es un vientecillo,/es un aura muy gentil,/que insensible, sutil,/con ligereza, suavemente,/empieza,/empieza a murmurar./Poco a poco, a ras de suelo,/en voz baja, sibilando/va corriendo, va zumbando,/va corriendo, va zumbando;/y en el oído de la gente/se introduce/se introduce hábilmente/y a las cabezas y cerebros,/y a las cabezas y cerebros/ aturde, aturde e hincha…”. Robert Lloyd, bajo inglés, la canta aquí: https://youtu.be/3Vj0okVPRh4?si=NqBeQA1S-ZaSBpxU . No sigas leyendo sin detenerte a ver y escuchar, a ser posible reclinado en chaise longe, los sublimes cuatro minutos del vídeo, pues no es recomendable ni saludable ni estimable ni provechoso eludir esta amable advertencia.

 

El tratado anterior en versos sobre la calumnia y el panorama descrito en párrafos precedentes, nos pueden llevar a la confusión, la incertidumbre y el delirio, hasta tal punto que confundimos todo, empezando por la ficción. Realidad y ficción se confunden, se solapan. Ponemos también en el mismo saco la ficción y la mentira. Y aquí no hay quien se entienda. La ficción es alimento del animal narrativo que somos. Ficción, que deriva de fingere, en la lengua latina, no significa engañar ni fingir. El término era usado por los artesanos en su acepción de tallar o modelar para dar forma a una figura de mármol o a un botijo de barro. En consecuencia, damos forma y volumen a la realidad con la racionalidad de la imaginación, gracias a la ficción. Constituye la ficción otra forma de conocer, no tan conceptual posiblemente, pero sí desde una dimensión más humana y ética, que nos exige cuestionar cuanto nos rodea y acontece. Cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa (1936-2025) plantea “la verdad de las mentiras” está avisando de que las ficciones de las novelas completan la experiencia y el conocimiento de la vida real.

 

“La mentira se caracteriza por la intención de engañar y manipular por medio de una afirmación de cuya falsedad está convencido el transmisor del mensaje; el engaño puede ir dirigido a otros o a uno mismo…”. Esto dice Alicja Cescinska en su pequeño ensaño Hijos de Ápate. Breve filosofía de la verdad, la posverdad y la mentira, 2023. Esta autora clarifica y da relevancia a la “veracidad”. No basta con querer la verdad, sino que es más importante la veracidad, por cuanto es la cualidad que define la intención del que habla. Para ello se necesita la sinceridad con los demás y con nosotros mismos, así como la confianza mutua. Y todo ha de verse reforzado por una actitud personal de autenticidad, es decir, de cultivo de nuestro autoconocimiento y autorrealización, con honestidad hacia los demás y hacia nosotros. La autorreflexión crítica, la duda, el no engañarnos a nosotros mismos, la postura y calidad ética de la persona, el aspirar a encontrar la verdad, contribuirán a que la mentira no se adueñe de la conversación pública y privada, ni del debate político y social.

 

Visto lo visto, ante decir y usar una mentira o una verdad siempre está la intención. Si es para dañar, zaherir, embaucar y joder al otro al expresarlas, deleznables son ambas. Nobles intenciones y dosis adecuadas de unas y otras salvaguardan el orden amistoso y comunitario. La confianza se resquebraja por procesos de atomización, que llevan aparejados un exacerbado individualismo del animal humano, residente en su mayoría en megaciudades y abrazado al imperio de la mediación tecnológica para casi todo. Pero somos animales políticos. La confianza es la clave del arco relacional, político y social. Y esto, tamizado de nobleza, cultura y ética, debiera equilibrar y mantener una vida vivible dignamente en comunidad.

 

                                                 José García Guerrero.

                                                         Maestro

                                        El Ateneo Libre de Benalmádena

                                           “benaltertulias.blogsppot.com”