domingo, 12 de abril de 2026

Morir de amor

MORIR DE AMOR

 

Se llamaba Marga Gil Röesset y tenía veinticuatro años cuando decidió suicidarse al no poder conseguir a su amado. Él se llamaba Juan Ramón Jiménez, tenía 51 años y estaba casado con la escritora y traductora Zenobia Camprubí, muy admirada por Marga. Ella era una joven promesa del arte, guapa, moderna y culta. Él era un gran poeta y escritor, grande entre los grandes, ganador del Nobel de Literatura. Ella era una de las musas madrileñas de las vanguardias (se le ha comparado con Camille Claudel). Él, un crónico enamoradizo, neurótico y depresivo andaluz, autor de ese maravilloso libro titulado Platero y yo. Marga, niña prodigio, escribió e ilustró para su madre un cuento con sólo 7 años.  Los tres eran artistas, escritores, poetas. Entre genios andaba el juego.

            La autora de la biografía de Marga, Nuria Capdevilla-Argüelles[1], escribía que sin ella y otras vanguardistas (las conocidas como «Las sin sombrero») como Maruja Mallo, María Zambrano, Rosa Chacel o Josefina de la Torre «no se puede entender la pintura española en el siglo XX ni la cultura juvenil durante la dictadura». Marga Gil Roësset era, además, miembro de una estirpe de mujeres singulares, cosmopolitas y políglotas: cuatro mujeres destacadas en el mundo de la cultura: Pintoras, escultoras, editoras, escritoras… Consuelo Gil Roësset, hermana de Marga, fue coeditora de la primera revista femenina española: Aquí, que también ilustraba Marga[2]. Su tía María Roësset Mosquera, la primera de la saga, fue una pintora muy relacionada con la intelectualidad de aquellos años: Mariano Fortuny, Madrazo o Galdós. Casada con el también pintor Benito Soriano Murillo, embellecía sus cuadros con cuentas a sus creaciones de estilo bizantino (al estilo de Klimt). Murió también joven, con 38 años. Siguiendo el ejemplo de María, Marisa Roësset Velasco, prima de Marga, también pintora, alumna de Vázquez Díaz, fue una estupenda retratista, aunque su biografía apenas se conoce, ocultada «por miedo», escribe Capdevilla, por el estigma de vivir con otra mujer: la soprano Lola Rodríguez Aragón, fundadora en 1970 de la Escuela Superior de Canto de Madrid y el Coro Nacional de España. El resto de su vida se dedicaría a la pintura sacra y a los retratos y autorretratos. Marisa fue krausista y a la vez muy católica; moderna y conservadora: «Sus vidas [las Roësset] son testimonios claves de la historia de la emancipación femenina», dice Capdevilla-Argüelles.

El suicido de Marga, en 1932, fue el golpe fatal para la familia Gil Roësset del que no pudieron reponerse. Consuelo, su hermana de aventuras quedó desolada tras la desaparición, siempre introvertida, trabajó como catedrática de inglés en un instituto, compaginándolo con trabajos como traductora y editora de publicaciones juveniles como Chicos y Mis Chicas, y descubridora de talentos como Gloria Fuertes y Borita Casas, creadora de Antoñita la fantástica. Los padres sobrevivieron A Marga apenas un año y el silencio sobre la familia cayó como una losa. «No se hablaba de Marga. Había un ambiente misterioso en la familia. Era como un secreto», afirmaba una de las sobrinas, opinión recogida en el libro ya citado de Capdevilla.

Lo cierto es que las mujeres Roësset fueron un claro ejemplo de vidas excepcionales y contradictorias, que combinaron tradición e innovación, como hijas del tiempo que les tocó vivir. Algunas vivieron experiencias dramáticas: María protagonizó una fuga escandalosa; Marga se suicidó por amor y Marisa vivió un amor prohibido. Pero, como afirma su biógrafa: Tienen el honor de tener «un lugar en la historia de la emancipación de la mujer».

«No lo leas ahora». Fueron las últimas palabras que Marga Gil Roësset dijo a Juan Ramón Jiménez, en una carta. Tenía 24 años. Eran las seis de la tarde cuando se pegó un tiro en la sien en la residencia familiar. Antes de matarse destruyó casi toda su obra. Se marchó para siempre la artista excepcional, precoz, autodidacta, a la que el escultor Victorio Macho se negó a ser su maestro para no «estropear» su creatividad. En 1929, tres años antes de la muerte, el crítico de arte José Francés escribió un artículo en La Esfera defendiendo su obra.

Se sabe que el poeta quedó impresionado por el hecho, al que dedicó varios poemas, y consagró a la autora una de las semblanzas literarias contenidas en sus Españoles de tres mundos. Su tumba fue destruida por una de las bombas caídas en Madrid durante la Guerra Civil. Se desconoce dónde están sus restos.

 

                                           Rosa M Ballesteros García

                            Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                          “benaltertulias.logspot.com”



[1] De la autora citada: Artistas y precursoras. Un siglo de autoras Roësset (2013). Librería Mujeres/Horas y Horas; (2008): Autoras inciertas. Voces olvidadas de nuestro feminismo. Clark, Marga (2020): Amarga luz, Editorial Funambulista.

[2] Las ilustraciones de Marga inspiraron al escritor e ilustrador Antoine de Saint-Exupéry, conocedor de su obra, para El principito.


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