ENCARNACIÓN
CABRÉ (1911-2005)
La
arqueología con mirada femenina
En
opinión de la política feminista, y también arqueóloga, Alicia Torija, Encarnación
no ha recibido la suficiente atención, como a menudo suele pasar con las
mujeres que destacan en ciertas profesiones secularmente ejercidas por los
hombres. En su opinión: «No estamos hablando de una pionera en España, sino una
pionera a nivel mundial». Efectivamente, Cabré fue la primera mujer en España
que se dedicó a la Arqueología de campo y, siguiendo los pasos de su padre, el
profesor Juan Cabré[1],
llegó a convertirse en una eminencia internacional, si bien el merecido reconocimiento
a nivel social en la actualidad está aún por llegar. Generalmente, Encarna ha
quedado a la sombra de su padre, hecho que, objetivamente, ha ninguneado su
labor, la mayoría de veces, disuelta o englobada en un «masculino genérico» de
la arqueología española.
Encarna no solo fue pionera en la
profesión por ser la primera mujer en ejercer la arqueología de campo, sino por
la introducción de sus métodos, utilizando la fotografía en las excavaciones
como medio para documentar las piezas, hasta entonces apenas utilizada, y no
como forma de documentar que Encarna sistematizó como método, método que a
partir de entonces se impuso en la disciplina ampliando, además, la fotografía
en sus trabajos de campo: una especie de ventana que nos permite asomarnos a la
vida cotidiana de una excavación en su época; una mirada distinta, femenina,
como en su momento la fotorreportera Gerda Taro enfocando su mirada en el
impacto humano ejercido por los horrores de nuestra guerra, documentando,
especialmente, el sufrimiento de la población civil en la retaguardia, o como
lo hizo también otra periodista: «Colombine», durante la guerra de Marruecos,
poniendo en evidencia los desastres en la retaguardia civil. Encarna fue, a su
vez, como se ha apuntado, una excelente dibujante. De nuevo también se ha
obviado este dato atribuyendo muchas de sus obras al padre.
En esta misma línea, la también arqueóloga,
Isabel Baquedado, su principal biógrafa, afirma que su precocidad le hizo
llegar a ser ayudante de su padre, incluso antes de terminar el instituto. De
nuevo ella resalta su aportación con la fotografía para los trabajos de campo:
«No solo llegó a ser una de las mayores expertas en arqueología, sino que fue
pionera en el uso de la fotografía para documentar los trabajos, y era una
especialista también en el dibujo y en restauración de materiales arqueológicos».
No solo «ayudó» a su padre, afirma Baquedano, sino que colaboró hasta el punto
de dirigir las excavaciones en su ausencia, y muchos de los dibujos y
publicaciones que se han atribuido a él son conjuntos o de ella. Sin embargo, algunos
de los artículos que se referían a Encarna lo hacían de forma «infantilizadora»,
señalándola como «una jovencísima niña, con largos bucles rubios, tan sutil y
tan delicada que parecía una muñeca», apelativo que se repetiría para referirse
a ella en la época y, también, en épocas más recientes, al estudiar su figura.
Por entonces aquella muñeca ya hablaba alemán, francés e inglés, publicaba
internacionalmente y excavaba.
Por otro lado, y no menos importante
para su formación, si bien esta cuestión no suele aparecer en su biografía, y
en relación a su temprana vocación, es la influencia y el ejemplo de su madre,
Antonia Herreros, que acompañaba a su esposo a las excavaciones y ejercía de
secretaria, gestora y restauradora de las piezas. De nuevo el ocultamiento de la
labor de su madre, tradicionalmente en la sombra.
Encarna, nacida en Madrid en 1911, estudió
Filosofía y Letras, sección Historia en la Universidad Complutense de Madrid
entre los años 1928-1932. Complementó dicha formación académica con otros
estudios en Europa, principalmente en Alemania. Durante estos años Encarna
entró en contacto con figuras destacadas en la arqueología como el alemán,
nacionalizado español Hugo Obermaier, el abate francés Henri Breuil o el
profesor Elías Tormo. Sus primeros trabajos se iniciaron en el
castro de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila), primero de manera esporádica y más
tarde, en 1930, ya de forma permanente, en la campaña de la necrópolis de
Trasguija, ubicada en el mismo castro. En 1929 asistió al IV Congreso
Internacional de Arqueología Clásica celebrado en Barcelona, coincidiendo con
la Exposición Internacional, donde presentó una comunicación[2].
Al año siguiente participó en el XV Congreso Internacional de Arqueología y
Antropología Prehistórica, celebrado en Portugal. Lo insólito de sus
incursiones, en un mundo tan virilizado como el de la arqueología, llamó la
atención de la prensa internacional y lusa que la bautizó con el apodo de «Miss
Congress».
Hasta final de la guerra siguió
participando junto a su padre, como en el Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel)
en otoño de 1931, donde estuvo a cargo del diario de excavaciones. Al poco
tiempo su padre tuvo que abandonar la excavación por enfermedad y Encarnación
Cabré permaneció concluyendo los trabajos y levantando sus planos. En 1932
comenzó el doctorado en la Universidad Complutense, en cuyo contexto obtuvo una
beca de la Junta Superior de Ampliación de Estudios de Madrid para realizar
cursos de Prehistoria y Etnografía en las Universidades de Berlín y Hamburgo
(1934-1935). También consiguió una beca para realizar el Crucero Universitario
por el Mediterráneo, organizado por la Universidad Complutense de Madrid y participó
en las campañas de excavación llevadas a cabo en la Necrópolis de La Osera
(Chamartín de la Sierra, Ávila) encargada de los diarios de excavación.
El curso 1933-1934 inició su actividad
docente, como profesora de Historia y Geografía en el Instituto-Escuela de
Madrid y también como profesora-ayudante en el departamento de arte dirigido
por Elías Tormo en la Universidad Complutense de Madrid. Entre los años
1934-1936 se incorporó al grupo Misiones de Arte, dirigido por el arquitecto
Manuel Gómez Moreno y realizó varias conferencias en el Círculo de Bellas
Artes, el teatro de La Latina de Madrid y en el Ateneo de Bilbao, además de
otras varias actividades relacionadas con la arqueología. Durante la Guerra
Civil, haciendo un paréntesis en sus excavaciones, participó en la salvación de
los tesoros del Museo Cerralbo, amenazados durante el conflicto. Durante la década
de los 40 retomó su actividad investigadora con la publicación de varios
trabajos (firmados por el padre) y tras un nuevo paréntesis, en 1974 retomó su
labor científica con la publicación de 25 trabajos sobre la Edad del Hierro en
la Meseta.
Sin embargo, como venimos diciendo, su
labor pionera como científica ha tardado en manifestarse públicamente. En 2019,
en el Congreso de los Diputados, se aprobó por unanimidad una propuesta para
colocar una placa recordatoria en el jardín del Museo Arqueológico Nacional. En
2020, fue incluida dentro del proyecto «Mujeres Investigadoras en los Archivos
Estatales (1900-1970)». En la provincia de Málaga, en Antequera, se abrió un
aula con su nombre, en 2022, en el Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera.
En 2024 la Asociación Española de Amigos de la Arqueología aprobó la creación y
dotación del «Premio Encarnación Cabré a la divulgación del patrimonio
arqueológico».
Durante la Guerra Civil, la familia
rechazó la evacuación que se les ofreció y siguieron trabajando para proteger
los fondos del Museo Arqueológico Nacional y del Museo Cerralbo. Inventariaron,
envolvieron y protegieron los fondos, así como otros objetos artísticos que
entregaban los ciudadanos para protegerlos. Por todo ello, la tesis de
Encarnación Cabré quedó aparcada. En la posguerra tanto el padre como
Encarnación sufrieron procesos de depuración que los apartaron de los museos,
la docencia y la investigación. En 1939 contrajo matrimonio con Francisco Morán
y durante unos años (el paréntesis que señalamos), se consagró exclusivamente a
su numerosa familia (ocho hijos).
No sería hasta 1975 cuando volvería
realmente al trabajo activo. En ese periodo colaboraría también con su hijo y
con Isabel Baquedano. Por cierto, cuando su hijo Juan Morán Cabré se disponía,
con gran alegría por su parte, a seguir los pasos de madre y abuelo, el
influyente y falangista Martín Almagro Basch vetaría su acceso a la Complutense
(UCM), donde ejercía su cátedra, con este razonamiento: «En la Complutense no
habrá nunca un Cabré que estudie Arqueología», por lo que el joven Juan tuvo
que matricularse en la Autónoma (UAM)[3].
La
última aparición pública de Encarna fue en 1988, en su participación en el II Simposio
sobre Celtíberos. Murió en Madrid en 2005 a los 93 años.
Rosa M. Ballesteros García
Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
[1]
Primer director de la Fundación Museo Cerralbo (1934). En 1939 fue destituido
de su cargo al finalizar la Guerra Civil. A diferencia de la mayoría de
arqueólogos del momento, Juan Cabré Agiló no pertenecía a la alta burguesía o
la nobleza.
[2] Fue
la única presentación realizada en el congreso por una española.
[3] Fue la
primera promoción de esta Universidad, fundada en 1968.
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