domingo, 12 de enero de 2025

José Moreno Villa

                                                        JOSÉ MORENO VILLA

MALAGUEÑO POLIFACÉTICO, PINTOR, ESCRITOR, ARCHIVERO, BIBLIOTECARIO Y EXILIADO.

 

Se trata de un malagueño injustamente olvidado e ignorado, enmarcado en la generación del 27 y en la Residencia de Estudiantes, que desempeñó funciones de archivero, bibliotecario, articulista, historiador del arte, crítico, documentalista, aparte de su capacidad como poeta notorio, dibujante y magnífico pintor, incluso podemos decir de él que fue un científico frustrado que tras estudiar cuatro años de Química en Alemania decidió que su vocación vital eran las letras, lo que demostró estudiando Arte en la Universidad de Madrid y ganando las oposiciones a Archivos, Bibliotecas y Museos.

Había nacido en Málaga en 1887 en el seno de una familia de comerciantes en vino con abolengo local, estudiando sus primeras letras en el Colegio de San Rafael y en el de San Agustín, y los primeros cursos de bachillerato en el Colegio de los jesuitas en el Palo de donde fue expulsado por dibujar caricaturas de los profesores, terminando el último curso por libre.

Con el objeto de que se dedicara a analizar los vinos de la industria familiar fue enviado en 1904 a estudiar química a la Universidad de Friburgo en Alemania, visitando Francia, Italia e Inglaterra, lo que le dio la oportunidad de descubrir a los grandes autores alemanes (Zweig, Rilke, Goethe, Heine, Schiller, etc.) y universales (Baudelaire, Verlaine, Poe, Leopardi, etc.). Al volver a Málaga en 1909 se integró con un grupo de amigos de la “bohemia” artística local en la que estaban Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, José María Hinojosa, José María Souvirón y Alberto Jiménez Fraud, con el que hizo una gran amistad, editando las revistas “Gibralfaro”, “Ambos”, “Vida gráfica” y sobre todo la famosísima  “Litoral”.

Ya en Madrid, se puso en contacto con Giner de los Ríos que le abrió las puertas del Centro de Estudios Históricos dedicándose a la paleografía y estudiando arte en la Universidad de Madrid y acoplándose a la Residencia de Estudiantes que dirigía su amigo Alberto Jiménez Fraud. En 1921 aprobó las oposiciones a Archivos, Bibliotecas y Museos, comenzando a trabajar en el Real Instituto Jovellanos de Gijón y posteriormente fue trasladado a la Biblioteca de la Facultad de Farmacia de Madrid. Había publicado ya tres libros de poesía (“Garba”, “El pasajero”, prologado por Ortega y Gasset,  y “Evoluciones” en la que se aprecia una tendencia al simbolismo que presagia a Lorca) y trabajaba en la editorial Calleja publicando una monografía sobre “Velázquez”, “El diálogo de la lengua de Juan de Valdés” y la poesía de Espronceda y el teatro de Lope de Rueda.

En 1925, como pintor, junto con Benjamín Palencia y Alberto Sánchez Pérez participa en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos que se celebró  en el Parque del Retiro de Madrid. Su primera exposición individual fue en 1927 (en el salón Chrysler), y la segunda en 1928. Dictó conferencias, escribió en periódicos e incluso publicó una obra de teatro en 1924. Fue el primer crítico y analista de arquitectura formando parte de la Revista de Arquitectura de la Escuela de Arquitectura de Madrid desde 1927. Nombrado director del Archivo General de Palacio en 1931 llevando a cabo trabajos de investigación sobre los bufones que pintara Velázquez y que publicaría en México en 1939 (“Locos, enanos, negros y niños palaciegos”).

En 1917 había muerto de tuberculosis su novia Felisa con la que convivía en Madrid y cuyos amores relató en “Patrañas” que publicó en 1921. En 1926 conocería a la joven judía norteamericana Florence, musa de su obra “Jacinta la pelirroja”, publicada en 1929, con la que las diferencias de religión, edad y estatus le impidieron casarse pese a ir a Nueva York a pedir su mano. Más tarde ya en México se casaría con Consuelo Antúnez viuda de su amigo Gerardo Estrada, diplomático que lo invitó a que se trasladara a su país al que llegó en 1937, y con la que tuvo a su hijo José Moreno Nieto, fuente de inspiración de su poesía posterior.

En México expuso en la Galería de Arte Mexicano en 1940 y 1943, y en la Exposición Internacional de Surrealismo en 1943. Contactó con los intelectuales españoles exiliados publicando la tercera época de la revista “Litoral” con Altolaguirre, Prados, Rejano y Giner de los Ríos. Realizó varios estudios sobre el arte mexicano que publicó en “Cornucopia de México” en 1940, también publicó obras nostálgicas sobre su exilio como “Puerta Severa” 1941, y  “La noche del verbo” de 1942, y en 1944, tras sufrir una grave enfermedad, publicó su biografía “Vida en claro” que dedicó a su hijo.      

Falleció en México en 1955 a 68 los años de edad.

 

                                                                  Jesús Lobillo Ríos

                                        Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                        “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía

Alonso F. “José Moreno Villa, un malagueño olvidado”. Diario Sur, Noviembre de 2020

Montolí Bernadas V. Real Academia de la Historia.

Fernández T, Tamaro E. “Biografia de José Moreno Villa. Biografias y Vida 2004


domingo, 5 de enero de 2025

La duquesa roja

Katharine Stewart-Murray: «La Duquesa Roja››

El grandísimo José Saramago, escritor y Premio Nobel luso, dejó escrito que «Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia››. Suscribo ese deseo, y en homenaje a esa memoria recupero a un personaje carismático, y poco conocido en nuestro país como es la británica Katharine Stewart-Murray (1874-1960) futura duquesa de Atholl.

 Katharine fue una aristócrata escocesa nacida en Edimburgo cuya actividad política se inició cuando era muy joven en su país natal, Escocia. En 1923 fue la primera mujer en ocupar un escaño en el Parlamento británico y fue, ante todo, una feroz luchadora demócrata contra el fascismo que comenzaba a despuntar en Europa, oponiéndose firmemente, por ejemplo, a la invasión italiana de Etiopía (octubre, 1935-mayo, 1936). Fue uno de sus caballos de batalla contra los que luchó incansablemente y, en especial, durante los últimos años de la década de 1920, cuando nuestra protagonista inicia un viraje político que le supuso la caída en desgracia dentro del Partido Conservador, concentrando sus impulsos en hacer campaña contra la opresión soviética. Sobre este asunto publicó en 1930 el libro The Conscription of a People. Como se sabe, Gran Bretaña había roto sus relaciones diplomáticas con la URSS en 1927 y durante la siguiente década, hasta 1941 que ambos países se unieron en la coalición anti-Hitler, la relación fue muy inestable.

Detractora de los radicalismos (de izquierdas y derechas) y anticomunista convencida, arremetió contra la Unión Soviética al considerar que sus prácticas ponían en entredicho, como escribió en el libro ya citado, los derechos humanos; derechos por los que Katharine sí lucho valientemente y sin tregua, especialmente por las terribles prácticas ejercidas (ablaciones genitales) sobre las mujeres africanas. En esta lucha no estuvo sola, otra renombrada parlamentaria Eleanor Rathbone (1872-1946), miembro independiente del parlamento británico y activista en defensa de la retribución familiar y los derechos de las mujeres, se unió a sus demandas. Sobre este asunto Katharine no se había destacado hasta estos momentos como feminista, manifestándose, por citar un ejemplo, contraria a conceder el voto a las mujeres --como, por otra parte, sería el caso de una de nuestras primeras diputadas: Victoria Kent, quien, como la escocesa, entendía que las mujeres no estaban preparadas para tal responsabilidad--. No obstante, durante estos años, Katharine también va a dar un significativo viraje asociándose con Sylvia Pankhurst (1882-1960), quien lideraba el movimiento sufragista inglés, hacía campaña contra la pobreza y advertía, como Katharine, del peligro fascista en toda Europa.

En 1936, momento álgido en que el nazi-fascismo se alía para intervenir en nuestra guerra (Incivil), Katharine se opuso radicalmente, en contra de la opinión de las potencias europeas, con el Reino Unido a la cabeza, al pacto de no intervención aprobado por su Gobierno. Si bien, como decíamos al principio, no compartía las ideas izquierdistas de la República, no por ello dejaba de valorar la voluntad democrática de los que defendían sus legítimos derechos. Intentó, infructuosamente, que Gran Bretaña enviara ayuda militar al muy necesitado bando republicano, así, que, a título particular y de forma voluntaria decidió tomar parte activa a favor de la España republicana. La diputada escocesa comenzó a ser conocida desde entonces como «la Duquesa Roja», codirigiendo, junto a la ya citada diputada Rathbone, el llamado National Joint Committee for Spanish Relief, que englobaba a más de cien organizaciones benéficas, tratando de aliviar los problemas más apremiantes en la zona republicana, especialmente la falta de alimentos y medicinas. Entre algunos de sus miembros destacamos a Geoffrey Theodore Garratt, Felicity Ashbee, Leah Manning, Harry Pursey, Nancy Mitford, Peter Rodd, Frida Stewart o Donald Darling

En 1937 Catharine formó parte de la primera delegación de parlamentarias británicas que visitaban España, como la citada Rathbone o Ellen Wilkinson (1891-1947), una política y escritora británica laborista, que llegaría a ser ministra de Educación entre 1945 y 1947. Sin embargo, a pesar de todo su empeño no convencieron a los miembros del Parlamento británico sobre la necesidad de intervenir en el conflicto que aquí se libraba y así frenar el avance del nazi-fascismo por Europa. Durante su visita, la delegación británica, con el escritor extremeño Arturo Barea (1897-1957) como intérprete (murió exiliado en Londres), fueron testigos presenciales de los destrozos producidos por las bombas alemanas en ciudades como Valencia, Barcelona y Madrid.

De vuelta en Gran Bretaña, tras haber comprobado “in situ” los horrores de la contienda, se reafirmaría en seguir batallando por ayudar, especialmente, a los niños españoles, lo que le supuso por parte de la clase dirigente, no solo el rechazo, sino la antipatía. Esta situación, llevada al límite por sus oponentes, la llevaron a escribir varios artículos en la prensa británica. En 1938, en la revista británica The War in Spain publicaría un artículo en el que adelantaba su intención de dimitir y renunciar a su escaño en el Parlamento. Era su respuesta a la reiterada decisión de Londres de no intervenir militarmente a favor de los republicanos españoles y volvía a reiterar, nuevamente, que la inhibición de su Gobierno ponía en bandeja al nazi-fascismo el porvenir de la República.

Escribió sobre su experiencia en suelo español el libro Searchlight on Spain (1938). Además de reflexionar sobre las consecuencias de la contienda para la población civil, el libro constituye uno de los primeros análisis históricos y políticos sobre los antecedentes de la Guerra Civil, un libro que se convirtió inmediatamente en un éxito de ventas. Durante el conflicto consiguió que cuatro mil niños obtuvieran refugio en el Reino Unido. ​

Tras su dimisión no volvió a presentarse más al Parlamento e inició una campaña contra Hitler.

En 1958 publicó su autobiografía Working Partnership.

 

                                                     Rosa M. Ballesteros García

                                    Vicepresidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 29 de diciembre de 2024

El Toisón de oro

                                                       EL TOISON DE  ORO

Se trata de la Orden de Caballería más prestigiosa y antigua de Europa, íntimamente ligada a la Casa de Austria y a la Corona Española en cuyo poder de decisión se encuentra la admisión de nuevos socios que no sean los propios reyes o miembros de estirpe real.

La palabra toisón viene del latín tardío, del verbo “tonedere” que significa esquilar (tonsio) y hace alusión a la acción de cortar el pelo a los animales, sobre todo a las ovejas. El añadido de oro se debe a que originariamente era conocido  como Crisómallo o Vellocino de Oro, porque su lana era de oro, es decir, se utilizaba para extraer las pepitas de oro de los ríos auríferos en la región de Georgia (Mar Negro), y se correspondía en la  mitología griega a un carnero alado, hijo de Poseidón y la ninfa Teófana, que llevó en vuelo a los hijos del rey Atamante,  Frixo y a su hermana Hela, obligados a huir ante las acusaciones de su madrastra Ino, llevándolos a la Cólquide (actual Georgia). En pleno vuelo perecería Hela al caer en el Helesponto (mar de Hela, actual estrecho de los Dardanelos). Frixo sacrificó el carnero a Zeus y lo entregó al rey Eetes que lo guardó en un bosque sagrado a donde irían posteriormente Jasón y sus argonautas a rescatarlo para poder ser rey de Yolcos. Hasta aquí las leyendas mitológicas en que se basa la creación de la orden.

El carnero, crisomallo o vellocino de oro era el símbolo de Brujas que destacaba la prestancia y exitosa evolución económica de su ganadería bovina que encumbró al Ducado de  Borgoña a un poder político notable. Felipe III, “el bueno”, Duque de Borgoña, creó un nuevo estado y nuevos signos y símbolos para fidelizar a sus aliados, siendo uno de ellos, quizás el más importante y duradero, la  orden de caballería, “El Toisón de Oro”, fundada en 1429,  siguiendo el modelo inglés de la “Orden de la Jarretera” que fundara Eduardo III en 1348 como cima del sistema de honores británico que por su parte se inspiraba en la leyenda de los caballeros de la Mesa Redonda.

Por elección del Duque de Borgoña, el vellocino de oro pasará a significar a  partir del siglo XV el símbolo de representación de la Orden del Toisón, catolizada añadiéndole a San Andrés como patrón, que señalaría a lo más exquisito de la nobleza porque el collar solo lo imponían los reyes, y habitualmente a otros reyes, hasta el VII Capítulo (1447), en que fue admitido el primer extranjero en la persona de Alfonso el Magnánimo rey de Aragón.

De su fundador Felipe III, el Toisón, pasa a Carlos el Temerario, su sucesor, y a la muerte de éste en 1477, el gran maestrazgo pasaría a su hija María de Borgoña, en cuyo lugar, lo ejercería su marido el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Maximiliano I de Austria, padre de Felipe I el Hermoso y abuelo de Carlos I de España y V de Alemania. Con las bulas de los Pontífices Gregorio XIII (1574) y Clemente VIII (1600) el Gran Maestrazgo quedaría vinculado a la Corona de España.

En 1700, a la muerte sin descendencia de Carlos II, los dos pretendientes a la corona española, Felipe V de Borbón y Carlos VI de Habsburgo ejercieron el maestrazgo que fue aceptado por ambas partes mediante un tratado que se firmó en 1725 dando origen a la rama borbónica del Toisón.

Hasta llegar al siglo XIX, en la rama española solo hay dos novedades, los toisones concedidos por José I, entre ellos a Napoleón que fueron revocados por Fernando VII, y el concedido por éste al Duque de Wellintong que fue el primer protestante en ingresar en la orden. En el siglo XX existen otros titulares no pertenecientes a la realeza, todos ellos concedidos por Juan Carlos I.

Pero hay aún otros dos personajes reales que ostentaron y nombraron a nuevos integrantes de la orden del toisón en España que no suelen figurar habitualmente en ningún registro histórico, se trata de los descendientes de Alfonso XIII.

Alfonso de Borbón y Battenberg (1907-1938), hijo primogénito de Alfonso XIII, recibió el Toison poco después de su nacimiento. Padecía hemofilia y, fue Príncipe de Asturias, es decir, heredero de la corona hasta 1933 en que renunció a sus derechos como posible  Alfonso XIV, para realizar un matrimonio morganático en 1934, es decir, se casó con una persona que no era de la realeza, una cubana llamada Edelmira Sampedro y Robato (1906-1994) de la que se divorció en Mayo de 1937 para volverse a casar con Marta Esther Rocafort y Altuzarra (1913-1993). Falleció en Miami en 1938 en un accidente de automóvil. En 1985 sus restos fueron repatriados a El Escorial.

Jaime de Borbón y Battenberg (1908-1975), segundo hijo de Alfonso XIII, recibió de su padre el Toisón en 1921, a los 13 años de edad, y a los 35 años, tras ser heredero o Príncipe de Asturias solo durante 10 días fue obligado a renunciar a sus derechos sucesorios por ser sordo a causa de una mastoiditis que le debieron operar a los cuatro años. Al año siguiente, 1934, se casaría morganáticamente con Emanuela Dampierre, noble francesa con la que tuvo dos hijos, Alfonso (1936-1989) y Gonzalo (1937-2000) que moriría de leucemia. El matrimonio se separaría en 1947 en Bucarest para volverse a casar, el infante, dos años después en 1949 con una cantante de ópera Charlotte Luise Auguste Tiedemann viviendo con ella en Lausane de forma poco avenida entre escándalos hasta que murió en el Hospital de San Gal en 1975 de un traumatismo craneoencefálico de origen poco aclarado. Sus restos fueron repatriados en 1984

Alfonso de Borbón Dampierre, a los 18 años en 1954 con  el permiso del dictador vino a vivir a España en donde estudió Derecho en la Universidad de Deusto, hizo su servicio militar y en 1969, al nombrar Franco a su primo Juan Carlos como sucesor a título de Rey, lo nombró embajador en Suecia cargo que desempeñó hasta 1973, y durante el que conoció a la que sería su esposa Carmen Martínez Bordiú y Franco (1951), o sea la nieta del dictador con la que se casó en 1972 desatando una oleada de especulaciones sobre una posible alteración en la sucesión a la dictadura dada la aversión que sentía Franco hacia el padre de Juan Carlos. El matrimonio duró hasta 1982 y tuvo dos hijos, Francisco de Asís que moriría a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de tráfico en 1984 a los once años de edad, y Luis Alfonso licenciado en Ciencias Empresariales en la Universidad de Madrid, casado con una rica venezolana con la que ha tenido cuatro hijos que ha decidido educar en España, por lo que reside actualmente en Madrid.

Juan de Borbón y Battenberg (1913-1993), tercer hijo de Alfonso XIII, aspirante al trono que no llegó a reinar, recibió el Toison en 1927, a los 24 años y fue jefe de la Casa Real entre 1941 y 1977 y a su vez concedió varios toisones, en primer lugar a Franco en carta fechada en 1961 y rechazado por éste, igualmente por carta, al mes siguiente.

Curiosamente también Jaime de Borbón entregó el galardón a Franco en 1972 con ocasión de la pedida en matrimonio de su hijo Alfonso con la nieta del dictador pero Franco jamás hizo exhibición del collar ni torció por ello su criterio con respecto a la sucesión.

Juan Carlos I de Borbón y Borbón (1938) hijo de Juan de Borbón reinó en España por designación del Dictador Francisco Franco desde 1975 a 2014. Había recibido el Toisón de oro en 1941 con tres años de edad. Tuvo un hermano menor Alfonso de Borbón y Borbón (1941-1956) que falleció a consecuencia de un disparo que le atravesó la cabeza y del que fue autor su propio hermano Juan Carlos, hecho que careció de cualquier tipo de investigación por orden expresa del propio dictador. Enterrado en Estoril sus restos fueron repatriados por su hermano en 1992 a petición de su padre.

Es conocida la generosidad del Rey Juan Carlos I en la concesión de los toisones, en total 24 durante su reinado. Más reacio a ello ha sido su hijo Felipe VI que lo recibió en 1981 a los 13 años y solo lo ha concedido a su hija Leonor en Octubre de 2015 cuando ésta tenía  diez años.

El Toison de Oro, o potence,  es la máxima distinción que otorga la corona española, y hasta 1985 solo había hombres y a partir de aquí cuatro mujeres todas reinas excepto Leonor. Se trata de un collar compuesto por 52 eslabones de oro con forma de B en alusión al ducado de Borgoña, que ostentan en cada placa el escudo de armas de cada uno de los beneficiarios. Mide 143 centímetros por 98 de radio. De las dos placas centrales cuelga el  vellocino en oro macizo. Cada uno de ellos está valorado en 50.000 € y actualmente hay 60 collares o “potences” repartidos en manos de distintas personalidades que deberán ser devueltos a la muerte de sus poseedores. Su coste es a cargo del erario público español.

 

                                                                            Jesús Lobillo Ríos

                                                  Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                                 “benaltertulias.blogspot.com”

Bibliografía.-

J. Tusell, G. Queipo. “Alfonso XIII”. Taurus 2001

L. M. Ansón. “Don Juan”. Plaza y Janés 1994

P. Preston. “Franco”. Grijalbo 1994

J. Tusell. “Dictadura franquista y democracia” Crítica 2005

N. Concostrina. “Podcast divulgativos”. Junio 2024.

Wikipedia.org/wiki/Orden_del_toison_de_oro


domingo, 22 de diciembre de 2024

Hércules

Hércules: El primer Don Juan

(Desmesuras de la Mitología)

 

Es muy probable que Hércules (el Heracles griego), un semidiós hijo del dios Zeus (el Júpiter romano) y de la mortal Alcmena sea uno de los personajes más conocidos y populares de la Mitología clásica greco-romana. Su figura y sus hazañas han sido llevados al cine en incontables ocasiones, encarnado por actores-culturistas como Steve Reeves, Mark Forest, Dwayne Johnson, entre otros. Fue la personificación de la fuerza, demostrada durante toda su vida en infinidad de hazañas. También hay que subrayar que, desde sus primeros años, comenzó a dar pruebas inequívocas de su rebeldía y mal carácter, que le llevarían hasta el extremo de la violencia más extrema. Como prueba de ello, siendo aún adolescente, y en un ataque de ira, mató a su maestro de música, Lino.

Hércules, apenas nacido, dio muestra de su fuerza descomunal al enfrentarse a su primera hazaña: matar con sus manos de bebé a dos serpientes que la celosa y vengativa Hera, esposa de Zeus, había introducido en su cuna como respuesta a los “cuernos” que su veleidoso esposo le había puesto con la bellísima y mortal Alcmena. No sería esta acción la última maldad de Hera contra Hércules, pues años después, casado éste con la princesa tebana Megara (su primera esposa), la poderosa diosa le volvió temporalmente loco. Como resultado de esta enajenación Hércules asesinó a Megara, a sus hijos y a dos de sus sobrinos. Desmesuras abundantes de la Mitología.

Como castigo a tan terrible acción (ahora sería considerada como violencia de género y vicaria), el rey de la ciudad de Tirinto, Euristeo, inspirado por la sibila délfica, le impuso una descomunal tarea, quizás la más célebre del héroe, conocida como «Los doce trabajos››. Según algunos autores, las tres últimas hazañas: el robo del ganado de Gerión, el de las manzanas del jardín de las Hespérides y la captura de Cerbero para sacarlo del inframundo, tuvieron como escenario nuestra legendaria y andaluza Tartessos.

Relacionado, con el «donjuanismo››, como enuncia el título del artículo, Ernesto Giménez Caballero, escritor vanguardista, definía a este forzudo héroe, paradigma de la virilidad, como «el primer don Juan›› o «el garañón de estirpes reales››. Razones tuvo. Ya hemos anticipado que su primera mujer fue una princesa: Megara. Su segunda esposa fue otra princesa lidia (y luego reina) llamada Onfale, a quien fue vendido como esclavo en castigo de haber matado a otro hombre llamado Ífito. Con ella tuvo un hijo llamado Agelao. Su tercer matrimonio fue con Deyanira, otra princesa, por cierto, muy belicosa y nada pasiva que «conducía un carro y practicaba el arte de la guerra». Con ella tuvo Hércules cuatro o cinco hijos, pero la paz conyugal se rompió cuando (de nuevo) nuestro héroe le fue infiel con otra princesa (¡Cómo no!) de nombre Yole. De nuevo los celos, esta vez de Deyanira quien, utilizando una pócima que le había proporcionado el centauro Neso (elaborada con la sangre de éste cuando Hércules lo mató de un flechazo), mató sin querer a su amado. Había sido engañada por el tal centauro (que le había prometido que, si untaba una túnica de Hércules con él, nunca le sería infiel), Deyanira siguió en consejo al pie de la letra. Como resultado, cuando el marido vistió la tela, esta se le pegó al cuerpo y comenzó a arder. El héroe murió entre las llamas convertido en una tea humana. Tras su reducción a cenizas su padre, el dios Júpiter, le hizo ascender a los cielos en forma de nube, divinizándolo.

Sin embargo, la hazaña más famosa en su faceta de garañón está asociada a una de sus increíbles hazañas: cazar al león de Citerón que devastaba el ganado de Tespio, rey de Tespis, en Beocia. Este tal Tespio, otro gran marañón, como casi todos los personajes olímpicos, estaba casado con Megamede y con ella, y la colaboración de algunas concubinas formó una familia de cincuenta (50) hijas. Deslumbrado con la hazaña de Hércules, quien acabó con la bestia tras cincuenta días de persecución Tespis, prendado del forzudo Hércules, y deseoso de convertirse en abuelo de una prole engendrada por tan magnífico ejemplar de semental, fue ofreciéndole una a una sus hijas, cada noche, tras la jornada de caza, durante los cincuenta días que se alojó allí. Ellas son conocidas colectivamente como Tespiades (Pánope, Euribia, Lisidice…).  Existen varias versiones del hecho, reduciendo a una semana y aún a un solo día esta hazaña sexual.  Según las diferentes versiones, Hércules tuvo cincuenta o cincuenta y un hijos con las tespíades. De los cincuenta, siete se quedaron con su abuelo Tespio; a tres los enviaron a Tebas y los cuarenta restantes a la isla de Cerdeña, para colonizarla.

Haciendo una aproximación entre ambos conquistadores (Hércules y Don Juan), no sabríamos quien ganaría el título de «gran marañón››. Se sabe que nuestro paisano confesó a su rival (Don Luis Mejía) que había seducido a 72 mujeres. De Hércules se ignora el número exacto, pero lo que no cabe duda es que su hazaña con las hijas de Tespis sobrepasa a cualquier marca humana.

 

                             Rosa M. Ballesteros García

             Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                           “benaltertulias.blogspot.com”

 

Lecturas de interés:

Giménez Caballero, Ernesto: Hércules jugando a los dados, 1928.

Graves, Robert: «Las hijas de Tespio», Los mitos griegos, 1989, Madrid: Alianza. pp. 118-120.


domingo, 15 de diciembre de 2024

Ciencia y creencia

                                                          “CIENCIA Y CREENCIA”

 

Mantenía Unamuno que el cristianismo tiene tres creencias: la fe, que es creer en lo que no vemos, la razón que es creer en lo que vemos, y la esperanza que es creer en lo que veremos. Si lo que veremos puede ser discutible entre quien lo predica y quien espera vivirlo, lo que vemos puede y debe ser interpretado a la luz de la razón por todos los personajes concernidos. Lo más complejo es la fe, es decir, creer en lo que no vemos, en lo que no conocemos ni entendemos, con el convencimiento de que, quien trata de persuadirnos tampoco lo sabe porque si lo supiera previamente carecería de fe.

Esta falta de conocimiento previo no justificado, ha llevado al mantenimiento de graves errores que la inteligencia y la razón han ido desgajando poco a poco del árbol de los conocimientos numinosos. Las grandes plagas que azotaron a la humanidad fueron consideradas enfermedades bíblicas, castigos divinos, a veces intencionadamente selectivos pues respetaban al pueblo escogido.

Sin embargo la enfermedad bíblica por excelencia ha sido la lepra, mal del cuerpo y del alma que afecta a la piel y a los nervios periféricos, cuya fisiopatología y tratamiento es hoy perfectamente conocida sobre todo a partir del descubrimiento de la bacteria, mycobacterium leprae, por el médico noruego que le dio su nombre “bacilo de Hansen”, de manera que ninguna forma de lepra puede hoy día identificarse con ninguna falta o pecado que pudiera cometerse.

Hacia 1859 Charles Darwin publicó “El origen de las especies”, un estudio personal tras la recopilación de datos y especímenes llevada a cabo en los cinco años de navegación a bordo del “Beagle”, del que deducía que toda la existencia que nos rodea es el producto de la evolución, siempre cambiante, llevada a cabo desde el origen de la vida hasta nuestro tiempo presente a fin de adaptarnos a él. No pudo especificar cómo fue el origen de la vida, pero cien años más tarde el desarrollo de la biología molecular demostró que la unión de cuatro bases nitrogenadas junto con compuestos de fósforo, carbono y azúcar, o nucleótidos, se conformaban como las primitivas hebras, tiras finísimas, que enseguida formarían nuestros genes portadores de nuestra identidad y características.

El seguimiento y estudio pormenorizado del desarrollo que tiene lugar en esta evolución explica muchas de las anomalías que se observan en los seres vivos que hoy en día englobamos bajo las siglas LGTBIQ, es decir, Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transgénero y otras diversidades sexuales, o lo que es igual, reconoce que estas anomalías existen de forma discrecional en la naturaleza y no son producto de ningún pecado ni falta cometida por sus progenitores. Reconoce sencillamente que son seres vivos con peculiaridades que no hemos respetado, por desconocerlas, hasta ahora.

Nadie puede achacar hoy día, en su sano juicio, que un enfermo con síndrome de Down o con parálisis cerebral, tenga su origen en alguna imaginaria transgresión moral del comportamiento de sus padres, como tampoco es justo pensar que la degradación cerebral o Alzheimer de la última década de nuestra vida pueda deberse a deshonestos comportamientos en décadas previas.

La intransigencia detectada en numerosos colectivos conservadores a aceptar los avances bioquímicos o explicaciones genéticas de este tipo de trastornos, demuestra una ignorancia culpable de conocimientos y una ausencia de empatía, caridad o amor, abundantemente preconizados en nuestras relaciones sociales, cuyo escalón previo deja ver una fobia a todos los marginados y diferentes sean biológicos, físicos o culturales.

El desenlace entre este falso enfrentamiento entre fe y razón siempre estará dirimido por la verdad que proporciona el conocimiento debidamente contrastado y demostrado, y nunca podrá quedar al albur de teorías ciegas desprovistas de evidencias y propaladas, so pena de castigos inauditos, desde cualquier podio de dudosa cualificación.

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                                                                       Jesús Lobillo Ríos

                                               Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                           “benaltertulias.blogspot.com”

 

  

Bibliografía.-

Miguel de Unamuno. “La agonía del cristianismo”. Espasa Calpe 1984.

Eloíno Nácar y Alberto Colunga. “Sagrada Biblia”. Biblioteca de Autores Cristianos.1969.

Charles Darwin. “El origen de las especies”. Sarpe 1983.


domingo, 8 de diciembre de 2024

El reloj

EL RELOJ

 

 

La manecilla del reloj seguía su camino sin mirar atrás, resuelta a llegar lo más adelante que pudiera, sin descanso. Su paso sonaba en el silencio de la estancia.

Habían quedado con unos amigos, por lo que estaban preparándose para salir de la casa. Ella había pensado en el tiempo que tenía antes de la cita, se había dado minutos para cada cosa que tenía que hacer: asearse, ver que ropa se ponía, poner agua a los perros. Todo le cuadraba, miraba el reloj y pensaba que incluso podría sentarse, relajada, un momento antes de salir.

Él miró el reloj de soslayo, como no queriéndolo ver. También tenía que asearse, vestirse, pero para él, el tiempo era difuso, se concentraba en lo que estaba haciendo. Para él, la manecilla no existía, oía las voces de su pareja achuchándole para que se diera prisa, contestaba que ya le quedaba poco, no entendía los nervios de su pareja y claro, los minutos seguían pasando.

Ella notaba su ansiedad brotar, cosa que le fastidiaba. Siempre quería llegar a tiempo, incluso algo antes, sin prisas, pero él no paraba en eso, no le incomodaba llegar tarde: lo veía normal. Y así salían de la casa una vez más, como tantas otras, algo enfurruñados, no sabiendo si llegarían a tiempo o no, repitiendo una escena habitual.

Mientras tanto, ajena a lo sucedido, la manecilla proseguía inalterable su camino.

 

                                        Francisco Marín Urrutia

                          Médico. Especializado en Rehabilitación

                                    “benaltertulias.blogspot.com”


domingo, 1 de diciembre de 2024

Restaurantes

                       CURIOSIDADES SOBRE LA HISTORIA

                          Y ORIGEN DE LOS RESTAURANTES                                                  

 

"Cuando no se tiene nada qué comer es bueno, al menos, leer libros de cocina".

 Honoré de Balzac.

 

"Cuando no se tiene nada qué comer es bueno, al menos, ver películas de cocina".

 Cecil Bary.

 

Se sabe que los mesones o las posadas tienen un origen milenario y en Europa se tienen datos de la existencia de estos establecimientos desde el siglo VIII. Sin embargo, estos locales no tenían las connotaciones que se les adjudicarían posteriormente a los que aparecen ya en el siglo XVIII con la Revolución Francesa (1789-1799), que no sólo fue una guerra civil al uso, sino un vuelco total al orden social establecido. Como curiosidad, en Francia, las casas de comida modestas eran conocidas como “Gargotes” (cantina, restaurante barato).

 Desde finales del siglo XVIII comienzan a aparecer locales que no sólo daban de comer a sus clientes, sino que ofrecían la oportunidad de disfrutar, sin prisas, de una buena comida en mesas individuales, con manteles, vajilla y cartas o menús ofrecidos por el “Chef” de la casa, un término, éste, por otra parte (esta sí es una curiosidad) que debemos a un tal Antonin Carême (1784-1833), un cocinero francés al que sus coetáneos consideraban como “el que estaba a la cabeza” (de los fogones); es decir “El Jefe”[1].

Otra curiosidad es la denominación que reciben: “Restaurantes”, que también se debe a otro cocinero francés de nombre Dossier Boulanger, dueño de un establecimiento de comidas que tenía en su entrada el siguiente reclamo: “Venid a mí, hombre de estómago cansado, y yo os restauraré”. Corría el año de 1765 y ese “restauraré” lograría convertirse en la singularidad que ha llegado hasta nuestros días y que define a tales establecimientos.

En el libro Comer es una historia de Óscar Caballero, publicado en 2018, el autor afirma que “al cortar la cabeza del noble o mandarlo al exilio (…) la Revolución Francesa dejó sin trabajo a una pléyade de cocineros”, de forma que estos profesionales (en paro obligado, en lenguaje actual) tuvieron que fabricarse un nuevo puesto de trabajo, instalado en un local en el que se reunirían los tres elementos que desde entonces definirán al restaurante: bodega, sala y cocina, convirtiéndose en los lugares ideales para  la nueva burguesía liberal que acudía a ellos para sus reuniones, pues representaban la distinción y el refinamiento. Podríamos concluir, pues, que este nuevo arte fue una consecuencia “colateral” que toda revolución lleva implícita y que, inmediatamente, se extendería por toda Europa. Otro libro que nos puede resultar muy interesante sobre este tema se publicó en 2004 y es del profesor Fernández-Armesto: Historia de la comida: alimentos, cocina y civilización.

Ya en nuestro país, el caso más singular es el famosísimo “Casa Botín”, una hostería fundada en 1715 por el francés Jean Botín, que el libro Récord de los Guinness considera como el primer restaurante de la historia ya que, desde su fundación, no ha cesado en esta actividad, conservando activo, desde hace más de tres siglos, su horno de leña. La historia de este restaurante está muy vinculada a la historia de España, pues el edificio en que se encuentra data de 1590 (treinta años después que Felipe II instalase la corte en Madrid). Célebre para muchos de los personajes que pasaron por sus comedores, como Hemingway, quien escribe en su novela Fiesta, publicada en 1926: “Es uno de los mejores restaurantes del mundo”. Otros escritores como Galdós (Misericordia, 1897), Gómez de la Serna (Total de greguerías, 1962), Graham Green (Monseñor Quijote, 1982), abundan en citarlo como centro insustituible del buen comer.

Y como no podía ser de otro modo, también este arte se ha llevado a la gran pantalla en películas como Delicious (Delicioso), un drama histórico de 2021 dirigida por Eric Besnard y ambientado en el preludio de la Revolución Francesa, inspirada en la fundación del primer restaurante del mundo; Vatel de Roland Jaffé, estrenada en 2000 sobre la vida de François Vatel, un cocinero del siglo XVII al servicio del príncipe de Condé o El festín de Babette de Gabriel Axel de 1987, inspirada en una renombrada cocinera parisina de la década de 1870 que, huyendo de la guerra civil se instala en una aldea de Dinamarca. Estos tres títulos citados son sólo un ejemplo de las decenas de producciones relacionadas con los fogones.

Como afirma el autor de Comer es una historia, actualmente “todos somos servidos en algún momento del día, incluidos los servidores. Y es una novedad revolucionaria. Y hasta una casa de comidas sin pretensiones, pero con mantel y cubiertos y copas, reproduce una parte de aquel progreso”. Señala también las diferencias entre este nuevo concepto de restauración surgido tras la Revolución Francesa y las posadas, casas de comidas o tabernas que ya existían previamente, como las de aquel Madrid del siglo XVII que, según unos versos populares, “es ciudad bravía que, entre antiguas y modernas, tiene 300 tabernas y una sola librería”. Muchos de estos establecimientos populares eran conocidos como “tabernas de puntapié”, pues eran desmontadas (a modo del “top manta actual”) ante la irrupción de la autoridad.

Hasta ahora hemos hablado de “Cheff” (en masculino); sin embargo, también aparecen maestras de la cocina como fueron las francesas Marie Bourgeois (1870-1937) o Eugénie Brazier (1895-1977) quien tiene el honor de haber sido en la primera persona de cualquier sexo en tener seis estrellas Michelin. En nuestro país tenemos el ejemplo de la vasca Nicolasa Pradera (1870-1959) con su restaurante “Casa Nicolasa”. En 1933 escribió el libro La cocina de Nicolasa, que prologó Gregorio Marañón, gran admirador de la cocina vasca. En 1930, le vendió el restaurante a su ayudante María de Urrestarasu, que lo regentó hasta 1952. Afortunadamente, ese “techo de cristal”, teóricamente infranqueable, ha sido roto por grandes cocineras, entre otras, y ciñéndonos a nuestro país: Elena Arzak, Carme Ruscadella, Fina Puigdevall, Pilar Idoate, Cristina Figueira, Yolanda León, Macarena de Castro, Begoña Rodrigo, Lucía Freitas, Vicky Sevilla, Elena Lucas o la alicantina Susi Díaz, autodidacta, que no ha pasado por ninguna escuela de hostelería, y que aprendió el oficio de sus abuelas, lo que no le impidió recibir una estrella Michelin y dos soles de la Guía Repsol.

Un par de datos curiosos: la primera compilación de recetas data de da Edad Media, en los tiempos del rey Felipe VI de Francia, se tituló Viandier y fue escrito por un cocinero real llamado Guillaume Tirel (1314-1395).  Hasta ese momento, lo único parecido a un manual eran malas copias del tratado De re coquinaria, una colección de recetas romanas escrita entre los siglos IV y V. Otra obra fundamental, algo posterior, para el estudio de este arte es el del italiano Bartolomeo Scappi (c. 1500-1577) titulado Opera dell’arte del cucinare (1570), donde además de contener cerca de mil recetas, contiene la primera representación conocida de un tenedor.

Y, como última curiosidad, citamos a Julia Child (1912-2004), una californiana que pasó de su oficio de espía: (trabajó para el OSS, el servicio de inteligencia norteamericano) a convertirse en la cocinera televisiva que enseñó a cocinar a los norteamericanos. Para ello se había formado en la reputada escuela francesa “Cordón Bleu”. En 1961, su libro El arte de la cocina francesa la convirtió en una figura clave en la introducción de esa cocina en los EE. UU.

 

                                                Rosa M. Ballesteros García

                                 Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Conocido por haber sido el primer estudioso europeo de las salsas en la cocina francesa en su obra L'art de la cuisine française, publicada en 1833.