miércoles, 13 de marzo de 2019

PABLO GARCIA BAENA

Tertulia del 13 de Marzo de 2019

                                                                  "PABLO GARCÍA BAENA"

Mariló Berdún. Lda en Filología Hispánica. Aforo: 20 asistentes.




PABLO GARCÍA BAENA

Pablo García Baena nace en Córdoba el 29 de junio de 1923.  De su abuelo heredó la afición a la lectura, aunque sería su hermano Antonio quien le guiaría en las primeras (Dumas, Verne, Salgari). La muerte de Antonio lo marcó definitivamente, quizás incluso, se cuestionaba el propio Pablo, fuese el detonante de su fuerte vocación poética. Solo tenía 17 años.
Sus primeros años de vida transcurren en esta ciudad, a orillas del Guadalquivir, donde realizará estudios de pintura e historia del arte en la Escuela de Artes y Oficios. No obstante, será la poesía, desde muy pronto, el arte que invadirá su ser, como una pasión a la que se entrega de manera absoluta hasta el final de sus días. Tal es así, que la inspiración literaria nunca abandonaría a Pablo García Baena, que fue poeta, gran poeta, hasta su último suspiro, hasta el 14 de enero de 2018, día frío y desapacible, en que se apagó el corazón del poeta más importante que brindó Córdoba a las letras desde Luis de Góngora. A pesar de sus 94 años de edad, Pablo García Baena preparaba un nuevo libro, “Claroscuro”, su obra póstuma, que reúne 12 poemas. Ni siquiera las duras condiciones personales de los últimos años y sus limitaciones físicas, que iban en aumento, apartaron al autor de su labor creadora.
A los 14 años ya leía a San Juan de la Cruz, de quien toma cuatro de sus poemas para versionarlos en una obra teatral. Sus primeros poemas y dibujos fueron publicados en prensa local, bajo el seudónimo de Luis de Cárdenas. En ocasiones, firmaba simplemente con una E mayúscula. Es en estos años cuando entabla amistad con Juan Bernier. Fue la Biblioteca Provincial de Córdoba el primer escenario poético de García Baena. Allí, recordaba Juan Bernier, un adolescente Pablo pedía para préstamo “libros poéticos”. Bernier le presenta a Ricardo Molina y este a Julio Aumente, a quien Pablo ya conocía del instituto. Con Ginés Liébana empezó su amistad en la Escuela de Artes y Oficios.
Su primer libro, nacido bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez, fue Rumor oculto,  publicado en Madrid en la revista Fantasía, en 1946. Al año siguiente, se presentó al premio Adonais con Junio, sin ningún éxito. Como él mismo recuerda en una conversación con el también poeta Luis Antonio de Villena en 1982: “Nos presentamos todos los poetas de Cántico y no nos dieron premio alguno ni nada”.  Este hecho fue un acicate para que saliera la revista: “no como un acto de rebeldía, sino de afirmación de que queríamos llegar a algo, que se conociera la obra que hacíamos”. En octubre de 1947 aparece en Córdoba el primer número de Cantico. En su primera página, el poema “Ágatha”.

Era esta misma luz…
Este mismo laurel triunfaba sobre el frío alabastro del vaso…
En las piernas desnudas de los ángeles se enredaban los velos del otoño.
Yo, desde la ventana, los veía lejanos encendiendo de oro el verdor del jardín
y cantaban, cantaban.
En la astillada poesía de la posguerra española destaca la vigorosa y apartada rama intacta de los poetas cordobeses de la revista Cántico, una de las publicaciones más importantes e influyentes del panorama literario español, a pesar de la escasez de medios, la falta de apoyo oficial y la censura, que sirvió de enlace entre la Generación o Grupo del 27 y los Novísimos de los 50. Dos referencias capitales auspician este nombre: el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, y el Cántico, más reciente, de Jorge Guillén. El grupo Cántico reivindicaba una mayor exigencia estética en poesía. Cántico se construyó sobre la trama de una amistad de tertulias y lecturas, de escritura de primeros versos, poco a poco, a fuego lento. Como él mismo afirmaba: “no fue una eclosión de pronto como un surtidor, porque todo se había ido elaborando mucho antes”. Como un “himno a la dicha de vivir”. La ilusión de los poetas de Cántico era vivir; la poesía vendría después por añadidura. Sin vida, no hay poesía. La poesía es siempre el reflejo de la vida, es el diario del poeta.
Los poetas de Cántico ya colaboraban en una revista anterior, Ardor, cofundada por el antes mencionado Juan Bernier.  El grupo de Ardor se reunía para leer sus poemas en torno a una copa de vino, unos discos de música (la escuchaban en casa del profesor don Carlos López de Rozas, en unas reuniones llamadas la Academia de la Gramola).
En la revista Cántico se publican los grandes nombres del 27. Tenía una universalidad de la que carecían las estrechas publicaciones poéticas de la época, atendiendo especialmente a las traducciones. Se traduce a Gide, a Passolini, a Eliott, a W. H. Auden, a Czeslaw Milosz, a Louis Aragon. “Sí, sí, el comunista. La censura no sabía ni una palabra de nada”, se jactaba divertido. Se traducía a los poetas chinos o se daba voz a las lenguas peninsulares, a poemas en catalán o gallego. Fue famoso en especial el número de homenaje a Luis Cernuda, primero que se le otorga al entonces casi ignorado poeta sevillano, exiliado en Reino Unido y México; a partir de entonces es innegable su vigencia en la poesía española. Cántico también estuvo abierto incluso a la poesía social de Gabriel Celaya o Victoriano Crémer, lo que desmiente el supuesto aislamiento y la falta de contacto del grupo con las otras corrientes de poesía española, pues Cántico no fue una torre de marfil.
La revista Cántico tuvo dos épocas; la primera transcurrió entre 1947 y 1949, y la segunda entre 1954 y 1957. Entre las claves de la misma estaban, según García Baena, «el ahondamiento en la búsqueda de la palabra justa, a veces desusada pero siempre precisa, el intimismo llevado como experiencia hacia un paganismo carnal que puede retroceder ante el acompasado gregoriano de la penitencia, la recuperación de la imagen y la metáfora, tan desdeñadas por los secos poetas escurialenses de la época. Nada de esto era nuevo pero sí ponía sobre el humilde mantel de hule de los racionamientos el poder deslumbrante de Góngora, el erotismo decadente de los modernistas, el ritmo sugestivo y caudaloso de la Generación del 27». Desoyendo a Ortega, los poetas de Cántico hicieron una poesía expresamente impura e intensamente humana, visual, una plenitud armónica de intelecto y sentidos. En palabras de Vicente Aleixandre, la irrupción de Cántico fue un hecho de gran importancia literaria: "En esta nuestra vida literaria, si es que existe, la aparición de una joven revista andaluza llena de coherencia, que se abre revelando a un definido grupo de poetas, con sazón, en su ámbito peculiar, es un suceso no del todo usual que a mí me parece justo registrar, subrayar de algún modo. Los más granados acusan su relieve propio, dentro de lo que habría que llamar afinidad de escuelas; los más jóvenes apuntan con variedad sus tempranas voces, en la común armonía. Casi todos se inclinan, por el momento, hacia la expresión del versículo. El verso libre, con su secreto musical, con su difícil cláusula, con muy frecuente acierto es usado. Hasta en algunos de los más reciente alcanza a desplegarse obediente a una ley, que raramente al juvenil poeta se entrega. Esta o aquella ley existe. Una libertad interior reina en las almas de los creadores".

A Rumor oculto le siguieron Mientras cantan los pájaros (1948), Antiguo muchacho (1950), Junio (1957) y Antología poética (1959). Luego llegaron los largos años de silencio, sus viajes (la Costa Azul francesa, la Riviera italiana, Milán, Florencia, Venecia, Roma, Nápoles, Capri, Atenas, Delfos, Athos, El Cairo y Alejandría, y algunos viajes ocasionales a Florida y Nueva York), su traslado a Málaga y el olvido, hasta que en 1976 Guillermo Carnero publica El grupo “Cántico” de Córdoba: un episodio clave de la historia de la poesía española de posguerra. El reconocimiento empieza a ser un hecho. Vuelve a escribir, compaginando su actividad literaria con su trabajo como anticuario aquí, en Benalmádena, donde residió entre 1965 y 2004, año en el que se traslada definitivamente a su ciudad natal. La finalidad última de su tienda de antigüedades no difería demasiado de su propia poética: mantener viva la belleza.  Pablo García Baena recuerda con cariño sus años malagueños, la tierra que ya de niño el médico le recomendaba para veranear dado su carácter enfermizo y endeble; aquel homenaje que en aquellos 70 los jóvenes poetas de Málaga le dedicaron en un bar de la calle Ollerías: “Pepe Infante, Rafael Merlo, Rafael Pérez Estrada, Rafael Ballesteros..., en fin, una serie de amigos que luego he conservado”.

            En 1978 ve la luz Antes que el tiempo acabe, le siguen Tres voces del veranoFieles guirnaldas fugitivas, entre otros, y las dos ediciones de sus obras completas en los 80 y en los 90, preparadas por Luis Antonio de Villena y Fernando Ortiz respectivamente. Los Campos Elíseos, en 2006. Selva varia, 2007. Y su obra póstuma, Claroscuro, que mencionamos anteriormente, formado por una serie de piezas poéticas ideadas a partir de 2014, año en que el autor comenzó a perder la vista y se limitó su capacidad de escribir a mano. En estas circunstancias, se decantó por ir pensando y memorizando versos, que luego grababa igual que hiciese Torrente Ballester. Una vez guardados, se los pasaba a su sobrino-nieto Antonio, quien se encargaba de transcribirlos al ordenador. De sus páginas, extraemos “Araucaria”, fiel a la música que siempre tuvieron sus versos y a su refinada imaginería verbal, poema que destila todo su pesimismo sobre la condición humana en contraste con una visión pura y vigorosa de la naturaleza.
Descripción: Resultado de imagen de araucaria pablo garcia baena

El mundo poético de Pablo García Baena es uno de los más densos y fascinantes de todo el siglo XX. Heredero de Juan Ramón y de Cernuda, de Góngora (a quien homenajea en su poema “Infame turba”) y de la poesía popular, su verso desvela siempre una pasmosa y natural maestría que no se reduce a lo meramente formal. Poeta sensorial y sensitivo, atraído por los “alimentos terrestres” pero tocado también por el temblor de lo sagrado, es, ante todo, un poeta verdadero. Es decir, un poeta que no le teme al silencio, sino a la palabra muerta y al lugar común. Su poesía aúna sensualidad y profundidad en un lenguaje de complicada y precisa perfección técnica que, en parte, viene de los grandes maestros del Siglo de Oro. En el poema “Viernes Santo “, un juego de imágenes eróticas se fusiona y superponen en una escena de fuerte sensualidad:
Hace frío en los atrios esta noche,
ascuas de cobre sobre los braseros aviva la criada
y la helada ginebra enfría el labio.
Roberto Carlos baja tu voz desde el Brasil, oh cuerpo tuyo,
oh alma mía asómate al gallo, no,
no le conozco, a la mirada, no, no quiero ver,
sólo tu pecho entreabriendo rosa oscura
a la táctil araña de las manos.
Y está el Pretorio frío con el alba,
jaspes yertos, columna,
y desnudo, desnudo hasta la sangre,
nos desnudamos, rito, sobre el lecho, cordeles lacerantes
de los besos, caricias aprietan,
tiran, tinta la res del sacrificio,
soldados, carcajadas, extinguidas antorchas humeantes…

O los versos cálidos y artesanos de Amantes:
El que todo lo ama con las manos
despierta la caricia de las cítaras,
siente el silencio y su pesada carne
fluyendo como ungüento entre los dedos,
lame la lenta lengua de sus manos
el hueso de la tarde y sus sortijas
se enredan en el ave adormecida
del viento. Labra en mármoles de humo
el cuerpo palpitante del abrazo
extenuado cual cervato agónico,
y con el pico frío de sus uñas
monda la oliva efímera del beso.
El que se ama solo, el que se sueña
bajo el deseo blanco de las sábanas,
el que llora por sí, el que se pierde
tras espejos de lluvia y el que busca
su boca cuando bebe el don del vino,
el que sorbe en la axila de la rosa
la pereza oferente de sus hombros,
el que encuentra los muslos del aljibe
contra sus muslos, como un saurio verde
sobre el mármol desnudo e inviolado,
ese que pisa, sombra, desdeñoso
el pavimento de las madrugadas…


 En palabras de Juan José Téllez, era capaz de convertir lo cotidiano en un metal precioso, inmune al paso de las horas o de los años. Era su estética, en realidad, el respeto por otros cánones diferentes al propio. A fin de cuentas, buena parte de la poesía andaluza de la segunda mitad del siglo XX es hija suya. “Los poetas del sur somos más poetas”, dijo en una entrevista. Nunca quiso hacer carrera literaria en Madrid, “no, por Dios”. De Despeñaperros para abajo estaba la culpa y la alegría, la angustia y la belleza. Todo amontonado. “Nos aíslan. Los poetas del sur somos distintos, entre otras cosas, porque los poetas del norte nos aprisionan debajo del país.”
Bobby
No era el amor y se llamaba Antonio.
Hablaba como un indio del Far- West:
«hombre alto», «boca larga». Era de Fuengirola.
y siempre había un teléfono donde llamarlo cuando
-y reía-a noche era más larga, más amarga, más lenta.

El teléfono al que llamar a Pablo García Baena era el poema. El poema como auricular de emergencia, el poema como cabina en extinción.

Forman parte de sus coordenadas poéticas una singular religiosidad, el gusto por la imaginería y la metáfora o el hedonismo patente en sus versos. “Yo creo que Adán y Eva hicieron muy bien en probar la manzana”, decía. La emoción estaba en lo prohibido, siempre arrastraba el poeta la nostalgia de cuando el sexo era flor rara e inédita. “La carne era tan nueva y tú sabías tanto”, apuntaló en Agatha 2. Y en Como el árbol dorado sueña la hoja verde, leemos:
Sabíamos que era un soplo…
Y que no volvería
aquel vino jamás a mojar nuestros labios.
Confusamente turbia tiendo la mano ahora
hacia la puerta, arcano, tarot, encantamiento
allí encuentro tu mano entreabriendo el recuerdo.

Ha recibido numerosos premios y reconocimientos, siendo sin duda el más importante el premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 1984. Junto a este, el Premio Andalucía de las Letras (1992), la Medalla de Oro de la Provincia de Málaga (2004), Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2008) o el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2012). Fue director del Centro Andaluz de las Letras y miembro de su Comisión Asesora.

miércoles, 6 de marzo de 2019

"LEONOR DE AQUITANIA. FEMINISMO EN EL SIGLO XII"

Tertulia del 6 de marzo de 2019

                         "LEONOR DE AQUITANIA. FEMINISMO EN EL SIGLO XII"

Ara Antón. Escritora. Aforo: 50 asistentes


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miércoles, 27 de febrero de 2019

"STPHEN HAWKING"

Terulia del 27 de Febrero de 2019

                                                                "STEPHEN HAWKING"

Francisco Quintana López. Ing. Ind. Aforo: 30 asistentes


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miércoles, 20 de febrero de 2019

"LOS NIÑOS ESPAÑOLES DE LA GUERRA EN LA URSS

Tertulia del 20 de Febrero de 2019

"LOS NIÑOS ESPAÑOLES DE LA GUERRA EN LA URSS"

Vladimir Merino Barrera. Escritor. Aforo: 55 asistentes


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miércoles, 13 de febrero de 2019

"LA TRANSICIÓN POLÍTICA"

Tertulia del 13 de Febrero de 2019

                                                    "LA TRANSICIÓN POLÍTICA"


José Luis Centella Gómez. Presidente del Partido Comunista Español. Aforo: 45 asistentes


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miércoles, 6 de febrero de 2019

JUAN DEL CASTILLO, ARQUITECTO

Tertulia del 6/2/2019

                                         "JUAN DEL CASTILLO ARQUITECTO"


Alberto Luna Samperio (Ldo. CC.EE), José Antonio Jimenez (Ldo. Derecho). Aforo:30 asistentes


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miércoles, 30 de enero de 2019

"CARMEN DE BURGOS, COLOMBINE"

Tertulia del 30 de Enero de 2019

                                             "CARMEN DE BURGOS, COLOMBINE"

Rosa Ballesteros García. Doctora en Historia. Aforo: 38 asistentes




Carmen de Burgos Seguí “Colombine” (La primera periodista)

Declaración de principios
Antonio Tabucchi en su magnífica novela: Sostiene Pereira, pone en boca de uno de los protagonistas, el joven Monteiro Rossi, la siguiente frase: “Escribo siguiendo las razones del corazón”. Con ello quiero resaltar que para hablar de un tema concreto hay que estar implicado con él. En pocas palabras: opino que es imprescindible la empatía y el creer en lo que intentas trasladar al auditorio. Mi implicación (académica) se remonta a 1988, en la Universidad de Málaga, al especializarme en una línea de investigación que entonces se estaba creando: los estudios de género y la historia de las mujeres. Porque la Historia, con mayúscula, es tan importante para conservar hechos y personajes que a los bardos de la mitología celta, considerados como auténticos almacenes de la historia comunitaria, transmisores de noticias, se les consideraban casi sagrados e inviolables, estando exentos de contribuciones y del servicio de las armas.
Colombine:
Nuestro personaje hace dos años habría cumplido 150 años. Carmen de Burgos, más conocida por su alias literario más utilizado: “Colombine”, escribía desde lo que hoy se llamaría “perspectiva de género” mucho antes de que existiera ese concepto. Era consciente del poder que le daba el llegar a los lectores. Uno de sus primeros reportajes trataba sobre la situación de los niños en las cárceles, una de las principales reivindicaciones del feminismo (un movimiento social, seguramente el más importante de la historia porque engloba a toda la humanidad, conformando eso que la sociología ha denominado “Humanismo integral”). Sólo fue el principio de una prolija carrera: más de cien novelas cortas, una docena de largas, ensayos, traducciones y cerca de 10.000 artículos en prensa.
Carmen, la futura “Colombine”, nació en Almería en 1867 y murió en Madrid en 1932. Era hija de doña Nicasia Seguí (Níjar, 1852) y de don José de Burgos Cañizares (Almería, 1841), que era 11 años más que su futura mujer. Se casaron en 1867, cuando ella tenía 14 años de edad y tuvo a su hija Carmen apenas cumplidos los 15 años. Este dato tiene su importancia porque Carmen de Burgos iba a repetir la actitud de su progenitora casándose a los 16 años con un hombre 14 años mayor que ella. Los padres de Carmen tuvieron 10 hijos y cuando murió don José de Burgos en 1922 con 81 años, sólo vivían seis. Sin duda las dolorosas pérdidas de los cuatro hijos no fueron recibidas como un hecho especial, sino como un fenómeno natural y constante en el entorno social de la época. También “Colombine” sufrió la pérdida de 3 hijos.  

Carmen, durante su infancia y adolescencia tuvo la suerte de que José de Burgos, su padre, le dio la mejor educación que se podía ofrecer en ese momento. Le abrió su biblioteca y le cedió sus periódicos, de igual forma que el padre de la también escritora, Emilia Pardo Bazán (1851-1921), otra de las pioneras, algo mayor que nuestra escritora, al que la hija no duda en referirse a él como un «feminista” que decía a su niña: «Mira, hija mía, los hombres somos muy egoístas, y si te dicen alguna vez que hay cosas que pueden hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para los dos sexos».  Carmen, una  adelantada a su tiempo en todos los aspectos, llegó a ser tildaba despectivamente como “La dama roja” o “La divorciadora” y su descrédito llegó al punto de ponerle su nombre a un prostíbulo de Almería (durante la dictadura).
Sin embargo, Carmen, fue algo más. Se casó en 1883, con dieciséis años, y en contra del consejo paterno, con Arturo Álvarez Bustos, un bohemio pintor y periodista, doce años mayor que ella. Era periodista como su padre, pero no heredó sus nobles cualidades con la pluma. Siguió un modelo de señorito calavera y ocioso, de moral poco escrupulosa; pero, a pesar de ello, Carmen se sintió fascinada por su atractivo personal y por el prestigio de su oficio de escritor, como confesaría “Colombine” a su amigo el escritor Rafael Cansinos-Assens: “Un señorito juerguista, un tenorio que me fascinó (…) Era escritor (…) me dedicaba versos (…), se pasaba la vida en tabernas y garitos (…) yo lo soportaba todo porque lo quería… lo creía un genio”.
El matrimonio, desigual en edad, fue mal desde el principio. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales solo sobrevivió su hija María, que la acompañó siempre, y que nació en 1895. En este aspecto nos recuerda a la escritora británica Mary Shelley (autora del famoso personaje Fankenstein) a la que también se le murieron los tres primeros hijos. Mary sólo tenía 19 años y la obra se publicó, sin su firma, con un prólogo firmado por su marido. Mary fue hija del escritor William Godwin y de la también filósofa y activista feminista Mary Wollstonecraft, autora de una de las obras más importantes del feminismo: Vindicación de los derechos de la mujer (1792).
Carmen, en agosto de 1901, decide abandonar a su marido para comenzar una nueva vida sin él en Madrid, llevándose consigo a su única hija superviviente. Ramón Gómez de la Serna escribe en su bigrafía: "Esas largas noches de madre admirable y rebelde que ha salvado de la muerte varias veces a esa hija única, desahuciada al nacer. Su hija se lo debe todo sólo a su madre”. Llegó pues a Madrid con su hija y un título de maestra que había sacado, estudiando por las noches, a escondidas de su esposo. Tenía 33 años y una plaza en un colegio de Guadalajara, pero lo que de verdad quería era vivir en Madrid, porque su ambición ya no era formar una familia numerosa. Ansiaba trabajar en periódicos y entrar en los círculos intelectuales y de escritores de la época. Probablemente, igual que la protagonista de su novela La que se casó muy niña (1923): «experimentaba repugnancia por el marido» y decidió: —«Yo no quiero tener más hijos». En 1909 falleció su esposo, quedó viuda e inició una larga relación amorosa y literaria con Ramón Gómez de la Serna y na tertulia que se mantuvo varios años y estuvo en el origen de la Revista Crítica (1908-1909), donde se defendía al sefardismo (los judíos españoles condenados al exilio).
Carmen escribió bajo los pseudónimos de: «Colombine», «Perico el de los palotes», «Gabriel Luna», «Honorine», «Raquel», «Marianela» o «Condesa Laureana» en muchas de sus variopintas publicaciones que van desde manuales de belleza hasta los temas más controvertidos (y comprometidos) como el feminismo, el adulterio, el divorcio, el espiritismo, la defensa del sefardismo, la malversación, la corrupción política y la malversación de obras de arte.
A partir de 1902 colaboró con el periódico El Globo en el que escribía una columna titulada “Notas femeninas” que analizaba asuntos como ‘La mujer y el sufragio’ o ‘La inspección de las fábricas obreras’. En 1903, Augusto Suárez de Figueroa fundó el Diario Universal y la contrató para llevar una columna diaria titulada “Lecturas para la mujer”, bajo el seudónimo de "Colombine", sugerido por el propio editor. Era la primera vez en España que una mujer fuera reconocida como periodista profesional.
Hizo campaña para que se legalizara el divorcio, lo que le valió la admiración de Giner de los Ríos y Blasco Ibáñez, pero ataques por parte de la Iglesia y de los sectores conservadores que buscaron desacreditarla.
A su regreso de Francia, uno de los países que había visitado, gracias a una beca, para estudiar los sistemas educativos más modernos, creó una reunión semanal denominada ‘La tertulia modernista’, a la que acudían escritores, periodistas, músicos, artistas plásticos, poetas y artistas extranjeros de paso por Madrid. Allí conoció a Ramón Gómez de la Serna, entonces un desconocido estudiante de diecinueve años, veinte años menor que ella, que se convierte en su admirador. Se relacionó con Galdós, Blasco Ibáñez, Cansinos Assens, Juan Ramón Jiménez, Tomás Morales, Alonso Quesada, Julio Antonio, Julio Romero de Torres, Sorolla, etc. Desarrolló además una estrecha amistad con la escritora portuguesa Ana de Castro Osório. En 1905 fue admitida como socia del Ateneo de Madrid, y en 1907 en la Asociación de la Prensa de Madrid, junto con la también escritora Consuelo Álvarez Pool, “Violeta”. Trabajó entre otras, en publicaciones como El Universal, El Globo, La Correspondencia de España, El Heraldo de Madrid o ABC. Además de su intensa obra periodística son destacables sus conferencias en el ámbito del movimiento feminista; por ejemplo: “La misión social de la mujer” (1911) y “La mujer en España”.
Entre sus publicaciones:
Muchas de ellas autobiográficas como: La malcasada (1923, 2016); Quiero vivir mi vida (con un prólogo del Dr. Marañón sobre el sentido de los celos), Los anticuarios, 1926; 1931, El último contrabandista, 1918. En otras, toca temas como el espiritismo: El retorno (basada en hechos reales), 1922; Los espirituados, 1923 o temas varios como: Alucinación, 1905, Los inadaptados, 1909, El balcón. Valencia, 1909; La rampa, 1917; Ellas y ellos ó ellos y ellas, 1917 (sobre la homosexualidad); La hora del amor, 1922; La mujer fantástica, 1924; El tío de todos, 1925 o Puñal de claveles, 1931, basada en el mismo argumento de García Lorca utilizó para su novela Bodas de sangre, publicada algo después.
Hizo también numerosas traducciones de autores extranjeros, entre otros: Helen Keller, León Tolstoi, Paul Julius Moebius (La inferioridad mental de la mujer, 1904); Ernesto Renan, León Deutsch; Roberto Bracco (En el mundo de las mujeres: Conversaciones feministas), Georges de Bouhelier, Longo, Emilio Salgari, Pablo Mantegazza, Fisiología del placer, John Ruskin, Max Nordau, Marcel Tynaire, J. H. Rosni o Anatole France.
Otra de sus intervenciones, esta vez como corresponsal de su periódico, se produce tras el desastre del Barranco del Lobo en el Rif en 1909. Carmen de Burgos decide acercarse a las tropas españolas que luchaban alrededor de Melilla. Allí ejerció de corresponsal de guerra del diario El Heraldo de Málaga. Una vez de vuelta a Madrid, publicó el artículo “¡Guerra a la guerra!” en el que defendía a los pioneros de la objeción de conciencia. No hay en todo este relato de Carmen de Burgos la más leve crítica a la intervención armada en Marruecos, si no es lamentar el dolor de las madres y esposas ante el peligro que corren sus hijos y maridos. Es muy cierto que la entonces vigente Ley de Jurisdicciones, promulgada el 23 de marzo de 1906, castigaba duramente todo lo que pudiera considerarse como “injurias u ofensas claras y encubiertas al Ejército”, lo que, en tiempos de guerra, podría aplicarse a cualquier crítica a la actuación de los mandos militares en aquella contienda. Además de la Ley de Jurisdicciones, otras leyes ya existentes en el ámbito de la jurisdicción civil ordinaria limitaban la libertad de expresión cuando se trataba de determinados temas. La “señá Anastasia”, como le llamaban jocosamente a la censura, no se andaba con bromas cuando sacaba las tijeras.
En 1929, tras el fracaso de su matrimonio, su hija regresa con ella a Madrid, donde Carmen consigue para su hija, una actriz sin éxito y con problemas de adicción, un papel menor en la obra de Gómez de la Serna Los medios seres, que fracasaría en taquilla. El autor y su hija iniciaron un romance durante los ensayos, que duró menos de un mes y que terminó con una escapada a París de Gómez de la Serna. La longeva relación de Carmen y Gómez de la Serna se rompió irremediablemente, y si bien se distanciaron, esta no dejó de considerarle un amigo.
Con la proclamación de la Segunda República en 1931, la nueva constitución reconoció el matrimonio civil, el divorcio y el voto femenino, colmando así las aspiraciones de Carmen de Burgos. Se afilió al Partido Republicano Radical Socialista y fue nombrada "presidente" de la “Cruzada de Mujeres Españolas” y de la “Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas”. Fue también elegida ‘vicepresidente primero’ de Izquierda Republicana Anticlerical, y en noviembre de 1931 fundó la logia “Amor” de la que era Gran Maestre.
El 8 de octubre de 1932, mientras participaba en una mesa redonda sobre educación sexual en el Círculo Radical Socialista, Carmen de Burgos empezó a sentirse mal y fue trasladada a su domicilio donde le atendieron tres médicos, entre los cuales estaba su amigo Gregorio Marañón, pero sin éxito. Falleció a los sesenta y cuatro años de edad, a las dos de la madrugada del día 9, y fue enterrada en el cementerio civil de Madrid en presencia de los principales políticos e intelectuales de la época. Clara Campoamor, junto con varios intelectuales, pidió que se diera su nombre a una calle de Madrid. Su hija falleció en 1939, con cuarenta y un años.
Tras la Guerra Civil y la victoria del régimen franquista, su nombre fue incluido en la lista de autores prohibidos y sus libros desaparecieron de las bibliotecas y las librerías. Curiosamente, sólo se publicaría a final de los años 40 uno de sus tratados de cocina: ¿Quiere usted comer bien?

Comenzaba la presentación con una declaración de principios y la finalizo con una de intenciones (didáctica) con la que intento reflexionar sobre el papel de las mujeres a lo largo de la historia y su posición ante la ley, y para ello remito al Código legal más antiguo que conocemos que es del babilonio Hammurabi (unos 2.000 años a.C.) en el que se afirma que el orden social se basaba en principios universales y eternos de justicia dictados por los dioses. Según él las personas se dividen en dos géneros y tres clases sociales: personas superiores, plebeyos y esclavos.
Atendiendo al tema que nos ocupa destacamos las sentencias (209-214):
Si un hombre superior golpea y hace abortar a una mujer de su clase pagará por el feto 10 siclos de plata. Si la mujer muere, se matará a la hija del homicida.
Si es entre plebeyos, los castigos serán de 5 siclos y 30 siclos si la mujer muere.
Si es entre esclavos, los castigos serán de 2 siclos y 20 si la mujer muere.
Para quienes quieran saber más sobre “Colombine”
Publicaciones propias sobre Carmen de Burgos “Colombine”.
Capítulos de libros:
“Cartas a una amiga portuguesa (Carmen de Burgos a Ana de Castro Osório)” en La Mujer (II). Actas III Congreso de Andalucía, Córdoba, Publicaciones Obra Social Cultural Cajasur, 2002, pp. 21-39.
“Carmen de Burgos Seguí” en SÁNCHEZ SANCHEZ, Isidro (coord.), Educación, Ciencia y Cultura en España: Auge y colapso (1907-1940), Almud, Ediciones de Castilla-La Mancha, 2012.                                                     
”El feminismo “ben comportado” de Ana de Castro Osório” en Mujeres Iberoamerianas y Derechos Humanos, 2017.
Artículos en revistas especializadas:
“El krausismo y la educación femenina en España: Carmen de Burgos y Dolores Cebrián, maestras de la Normal de Toledo” en Docencia e Investigación. Revista de la Escuela Universitaria de Magisterio de Toledo, año XXVII (enero-diciembre), 2ª época, nº 13, 2003, pp. 7-38.
“Las “distracciones misteriosas”: Colombine y la masonería portuguesa” en          Aposta digital. Revista de Ciencias Sociales, nº 15, febrero 2005, pp.1-21.
Artículos en prensa:
“Carmen de Burgos, una mujer fuera de “orden”: Una maestra llamada Colombine (I)” en La Tribuna de Toledo (4-5-2004), pp. 14-15.                             
“Carmen de Burgos, una mujer fuera de “orden”: Un viaje pedagógico (II)” en La Tribuna de Toledo (18-5-2004), pp. 14-15.                       
“Carmen de Burgos, una mujer fuera de “orden”: La ciudad de los Cristos (III)” en La Tribuna de Toledo (1-6-2004), pp. 20-21.                             
“Las heroínas noveladas de Colombine (XI)” en La Tribuna de Cuenca (12-10-2004), pp. 12-13.                       
“Colombine y las “distracciones misteriosas” como masona” en La Tribuna de Cuenca (12-11-2004), pp. 12-13.           
CARMEN DE BURGOS en la Biblioteca Virtual de Andalucía.
Publicaciones de otras autorías sobre “Colombine”
STARCEVIC, Elizabeth (1976): Carmen de Burgos. Defensora de la mujer.
NÚÑEZ REY, Concepción (1992): Carmen de Burgos, Colombine (1867-1932).
ESTABLIER PÉREZ, Helena (1997): Mujer y Feminismo en la narrativa de “Colombine”.
UTRERA, Federico (1998): Memorias de Colombine, la primera periodista.
RAMÍREZ GÓMEZ, Carmen (2000):  Mujeres escritoras en la prensa andaluza del siglo XX (1900-1950).
BRAVO CELA, Blanca (2003): Carmen de Burgos
SEVILLANO, A.; SEGURA, A. (2009): Carmen de Burgos “Colombine” (Almería, 1867-Madrid, 1932).