domingo, 13 de septiembre de 2026

Buñuel

Buñuel y el «Banquete de los genios»

 

El aragonés Luis Buñuel es, indudablemente, uno de los grandes directores de cine a nivel internacional. Nació en Teruel en 1900 y murió en México en 1983, arrastrado por el exilio, tras la Guerra Civil, después de haber vivido en Francia y en los Estados Unidos entre 1940 y 1946; primero en Nueva York, donde trabajó un par de años para la Oficina de Asuntos Interamericanos, dirigiendo doblajes en la Filmoteca del Museo de Arte Moderno, restaurando y editando películas de propaganda.

Su siguiente destino fue la ciudad de Los Ángeles, Hollywood, meca de la industria del cine, con la esperanza de ser contratado como director, si bien su trabajo se limitó como encargado de los doblajes al español para la Warner hasta 1945, año en que los estudios cerraron las secciones de doblaje. Buñuel había llegado avalado por sus trabajos de los años 30 con un par de joyas del surrealismo: La edad de oro y Un perro andaluz, además del controvertido documental Las Hurdes, tierra sin pan, producido en 1933 y vetado por el gobierno de la Segunda República, que decidió prohibirla por la mala imagen que presentó de España[1]. En 1937 se presentó en Francia, con el mismo resultado que en nuestro país. Es interesante señalar, como afirmación de su personalidad, que otro tanto le ocurriría en 1950, ya en México, con su película Los olvidados, exhibida apenas unos días. Sólo le salvó su expulsión del país el gran éxito obtenido como mejor director de la película en Cannes, y la defensa de algunos intelectuales, como el Nobel mexicano Octavio Paz.

Volviendo de nuevo a su salida de Nueva York, y en opinión general, este fue un traslado forzado, o más bien «reforzado» por su perfil político. A este respecto, el escritor Carlos Fuentes en su libro Personas, publicado en 2012, recoge el hecho de que, en una entrevista hecha a su compadre Salvador Dalí a su llegada por entonces a Nueva York, este lo describiera como anarquista, comunista, ateo y maniaco sexual. A raíz de esta entrevista Buñuel se vio obligado (o le obligaron) a renunciar a su trabajo, no sin antes, siguiendo el libro de Fuentes, Buñuel citase en el bar de un hotel a Dalí para decirle: «Vine decidido a romperte la cara [de hecho, se la hubiera roto, dado que Buñuel practicaba el boxeo], pero al verte me venció el recuerdo de nuestra vieja amistad. Sólo te diré que eres un hijo de puta». Como se sabe, ambos eran amigos desde la época en la Residencia de Estudiantes. Lo cierto, y de ello se hacen eco algunos de sus biógrafos, como Fernando G. Martín en su libro El ermitaño errante: Buñuel en Estados Unidos, que fue interrogado varias veces por las autoridades de aquel país e, incluso, vigilado a partir de una denuncia anónima en 1945. No tuvo tanta suerte su mejor amigo y compañero en la Warner José Rubia Barcia, profesor entonces en la Universidad de Los Ángeles. Víctima de la famosa «Lista negra», tuvo que trasladarse a Portugal huyendo de la deportación.

La estancia de Buñuel en los Estados Unidos significaría, como se ha escrito, una gran paradoja, pues si bien no logró dirigir ninguna película durante los años que permaneció allí, a pesar de que lo intentó con varios proyectos, finalmente los grandes «patrones» de la industria del cine se le rindieron a su genio, más de dos décadas después, dedicándole uno de los homenajes más legendarios de su historia. El acontecimiento, extraordinario, lo narra Manuel Hidalgo en su ensayo: El banquete de los genios, publicado en 2019. El hecho sucedió en 1972, en la cima de su éxito, tras haber obtenido el Óscar a la Mejor Película extranjera con El discreto encanto de la burguesía, protagonizada por el gran actor Fernando Rey, republicano, como Buñuel[2]. El homenaje fue organizado por el director George Cukor (My Fair Lady, Historias de Philadelphia) con una cena de gala en la que se dieron cita nueve de los más grandes realizadores estadounidenses, entre ellos: Alfred Hitchcock, gran admirador del aragonés, Billy Wilder, Robert Mulligan, Robert Wise, John Ford, William Wyler, Rouben Mamoulian y George Stevens.

Entre 1931, la primera vez que visitó los Estudios de Hollywood y 1947, cuando dirige en México Gran Casino, protagonizada por dos estrellas del cine mexicano, Jorge Negrete y Libertad Lamarque, habían pasado casi dos décadas de sequía como director (por cierto, en la citada película figuran actores exiliados españoles como Julio Villarreal, José Baviera o Francisco Jambrina). Durante los primeros años de 1930 trabajó en París dirigiendo doblajes para la Paramount y también para la Warner en Madrid. En 1935 pasó a dirigir los estudios Filmófono, con gran éxito, pero en 1936 estalló la Guerra Civil y tuvo que exiliarse a Francia. De esta época (1935 y 1936), produjo con cuatro películas para Filmófono, entre ellas La hija de Juan Simón, dirigida por Buñuel, José Luis Sáenz de Heredia y Nemesio Sobrevila, cinta protagonizada por el famoso Angelillo y Carmen Amaya.

Podemos resumir que nuestro personaje, sin dudar, ha sido uno de los grandes directores del cine mundial, como ya apuntamos, aunque su carrera profesional y su vida particular fueron muy complicadas debido, no cabe duda, a su particular carácter. En el prólogo a las memorias del genio, Mi último suspiro, el también cineasta David Trueba escribe: «Buñuel fue un hombre libre, condicionado por sus cabezonerías y su personalidad…», pero nos ha legado películas como Un perro andaluz, Los Olvidados, El ángel exterminador, Viridiana o Belle de Jour, rodadas en España, México y Francia: joyas de la historia del cine.

                             Rosa M Ballesteros García

                Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmadena

                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Se convirtió en referencia en el cine documental a partir de que el prestigioso Festival de Cine de Mannheim (Alemania) en 1964 la incluyera entre los doce mejores documentales de la historia. El documental fue financiado por un amigo de Buñuel, el anarcosindicalista Ramón Acín.

[2] Hijo de un coronel republicano, encarcelado varios años tras finalizar la guerra, Fernando estuvo retenido, hasta que se fugó, en un campo de prisioneros en Valencia.


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