Cosme Pérez: «Juan Rana»: El actor favorito
de Felipe IV
Fiestas de Carnestolendas / todas
paran en disfraces.
Deséome entretener deste modo;
No te asombre / que apetezca el
traje de hombre, /
ya que no lo puedo ser.
El
vergonzoso en palacio (Tirso de Molina. s. XVII)
En
la Real Academia Española se puede contemplar un óleo, de autor anónimo, datado
a finales del siglo XVII, que representa un hombre de aspecto grotesco: baja
estatura, grueso y barrigón, contrahecho, piernas y brazos cortos, tocado con
un sombrero de plumas. El hombrecillo mantiene la vista baja, al parecer
mirando una rana que mantiene de una pata con la mano izquierda, mientras que con
la derecha sostiene sobre el hombro una especie de arcabuz o mosquete. Los
estudiosos vinculan tan curioso personaje a la tradición del bobo o necio que
muestra, ufano, el ridículo trofeo conseguido, una rana, en alusión directa a la
condición de homosexual o bujarrón, pues a ese animal siempre se le ha tenido por
no ser ni por carne ni pescado. El personaje en cuestión tiene nombre propio,
se llamaba Cosme Pérez, aunque era popularmente conocido por su nombre
artístico: «Juan Rana». En palabras de un escritor contemporáneo era «el
gracioso más vivo que hubo en España».
Nuestro
actor había iniciado su carrera, según algunos autores, hacia1616, con la comedia
de Lope de Vega Quien más no puede. Su primer papel protagonista sería
en El casamentero, de Calderón de la Barca, quien también fue el autor
de su último trabajo sobre las tablas: El desafío de Juan Rana, un entremés
representado en 1672, poco antes de su muerte. Entre las muchas compañías en
las que trabajó se encontraban la del empresario castellonense Juan Bautista Almella,
Hernán Sánchez de Vargas, el sevillano Pedro de la Rosa, Antonio de Prado o
Tomás Fernández Cabredo, que también fue un actor especializado, como nuestro
Juan Rana, en papeles de gracioso. Como todos los cómicos de su tiempo, formó
parte de la cofradía de la Virgen de la Novena, fundada en 1615 como humilladero[1] dedicado a la Virgen del Silencio.
El cambio de nombre se debió, como en tantos otros casos, al hecho de que esta
Virgen obró el milagro de curar a una madre inválida por un mal parto. Agradecida,
esta le ofreció una novena. En 1631, el Gremio de Representantes eligió a esta
Virgen como patrona, creándose una cofradía encargada de ayudar y cuidar de sus
miembros (pensiones, entierros…) además de organizar actos religiosos. En esta
cofradía ingresó Juan Rana en 1631 junto a su mujer María Acosta y su hija
Francisca María Pérez. Entre 1593, año de su nacimiento en el pueblo
vallisoletano de Tudela de Duero, de donde salió para vivir en Madrid, Valladolid,
hasta su muerte en esta capital en 1672, nuestro actor dio vida sobre el
escenario a muchos de los personajes creados por autores como Luis Quiñones de
Benavente[2], Jerónimo de Cáncer y Velasco,
Antonio de Solís, Calderón de la Barca o Lope de Vega, por citar algunos.
Su
talento y su comicidad le llevarían a representar papeles como el tradicional
«bobo», el alcalde villano, el soldado cobarde, el médico ridículo o el marido
cornudo. Sin duda, su propio físico fue determinante para provocar la carcajada
en el público, junto a una voz atiplada. Parafraseando a uno de sus coetáneos, como
el filósofo y erudito cisterciense Juan Caramuel, su figura contrahecha era tan
peculiar que sólo con salir a las tablas y aun sin haber abierto la boca
provocaba la risa y el aplauso. El único anticipo de este fenómeno, registrado
por los eruditos, habría sido otro gran actor cómico toledano: Alonso de
Cisneros (1540-1597), que había tenido la habilidad de hacer reír al adusto
Felipe II.
Por
otro lado, la fama de Juan Rana llegó a tales cotas que muchos de los
entremeses que protagonizó fueron escritos expresamente para él, como su título
indica: «Juan Rana poeta», «Juan Rana toreador», «El doctor Juan Rana» o de sus
personajes afeminados: «Juan Rana mujer», «La boda de Juan Rana»» o «El parto
de Juan Rana». Relacionado con esta cuestión fue sometido a un proceso por
sodomía del que saldría absuelto en 1636 (se dice que por intervención de sus
admiradores más poderosos ante la Inquisición). Como en el caso del toledano
Cisneros, fue el actor fetiche de Felipe IV, quien le concedió el privilegio,
por mediación de una de sus amantes, la actriz María Calderón («La Calderona»)
de «una ración en su mesa». Se sabe también que estos privilegios los
utilizaría el bueno de Juan Rana para mediar en los conflictos del mundo de la
farándula, como por ejemplo cuando los corrales de comedias fueron cerrados, o
por terciar con una sobrina, también actriz, de nombre Bárbara Coronel, acusada
de asesinar a su marido, y especializada en papeles de hombre, como así lo
recogen los siguientes versos anónimos: La Bárbara Coronel / domina de igual talante / al
hombre más arrogante / y al más fogoso corcel. Una mujer notable, por otra
parte, pues llegó a ser empresaria de su propia compañía teatral.
En
total, Cosme/Juan Rana protagonizaría casi medio centenar de obras escritas
específicamente para él, especialmente por el ya citado Calderón de la Barca,
durante sus últimos años como actor. Efectivamente, como ya se ha comentado, el
último entremés que el cómico representó unos meses antes de su muerte fue El
triunfo de Juan Rana, presentado en el Coliseo del Buen Retiro el 29 de
enero de 1672 dando vida al marido cornudo.
Por
otro lado, nos parece interesante subrayar que el recurso dramático del
travestismo escénico no fue inusual durante el contexto de los siglos XVI y
XVII (Siglo de Oro). Muy al contrario, fue recurrente y fundamental, como
afirman los expertos, especialmente en la llamada «Comedia Nueva», una nueva
fórmula, revolucionaria, que llegó para cambiar el paradigma clásico teatral de
la mano (mejor dicho, de la pluma) del genial de Lope de Vega. Tanto el
travestismo masculino, como el femenino tuvo que sufrir innumerables ataques,
tanto por los puritanos (desde la imprenta), como desde el púlpito de las
iglesias. Tan indecorosos e indecentes eran los actores travestidos como
mujeres, como las actrices travestidas en hombres. Con ciertos matices, no
simétricos: el travestismo de las actrices, más frecuente, estaba inspirado en
el afán de libertad e independencia y para ello se revestían de traje y capa
masculina, lo que significaba un ascenso en el estatus social, como es el caso
de Serafina, el personaje de los versos que iniciamos al comienzo del artículo,
la famosa «Serrana de la Vera», de Lope de Vega o «Doña Juana» en Don Gil de
las calzas verdes, de Tirso de Molina. Los actores, por el contrario, al
travestirse de mujer, con sayas y toca, se les ridiculizaba y descendían un
escalón en la misma escala social, si bien, resumiendo, y en frase de la época,
ambos ejemplos se convertían en «tentadores anzuelos del infierno». Como último
ejemplo de travestismo femenino, con autoría femenina, la obra de la dramaturga
Ana de Caro (s. XVII) titulada: Valor, agravio y mujer.
Como
era habitual entre la gente de su gremio, Cosme Pérez se casó con una actriz: María
de Acosta, de la que enviudaría. Posteriormente formó pareja cómica muchos años
con Bernarda Ramírez, esposa del actor Sebastián de Prado, actuando en
entremeses de riñas conyugales, ella como mujer casquivana y brava y él como
marido cornudo. Cosme Pérez/Juan Rana fue el primer actor en merecer de la
reina Margarita de Austria una pensión vitalicia en reconocimiento a sus
méritos. Se sabe que dejó pagadas 3.400 misas para la salvación de su alma,
junto a la petición de enterrado, junto a su hija Francisca María.
Rosa M.
Ballesteros García
Vicepresidenta del Ateneo
Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
[1] Los humilladeros eran lugares de
devoción al aire libre.
[2] Autor con el que se asoció y al
parecer le inspiró para convertirse en «Juan Rana».
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