miércoles, 7 de marzo de 2018

EL SENTIDO ESOTÉRICO DE LOS CUENTOS CLÁSICOS

7 de marzo de 2018


                    EL SENTIDO ESOTÉRICO DE LOS CUENTOS CLÁSICOS


Jesús Moreno Álvarez. Licenciado en Ciencias de la Información. Aforo: 33 asistentes.






                       VISION ESOTERICA DE LOS CUENTOS DE HADAS



       El mundo de los cuentos clásicos está de moda. Recientemente hemos tenido a “Maléfica” en los cines de mano de Angelina Jolie.  Y es que, los hermanos Grimm supieron sacar partido como nadie de las viejas leyendas, de esas historias que se tejen en ciudades y poblados donde la imaginación, y la magia de los autores acaban cincelando los cuentos que hoy en día conocemos.
Todos estos cuentos contienen conceptos, mensajes y enseñanzas esotéricas que, desde esta visión, se exponen a través de unos mensajes que solo son develados a los verdaderos iniciados quienes anteriormente han recibo las claves para descifrar y entender el verdadero sentido del cuento. Es un hecho que el tema despierta mucha curiosidad en el momento actual. Y ese interés tiene dos vertientes:
Uno lo podemos encontrar en las sociedades y grupos de la floreciente  “Nueva Espiritualidad” que utilizan los cuentos como un lenguaje ritual, simbólico y metafórico.
            Y por otro lado, también está la psicología que en estos tiempos está poniendo mucho énfasis en el significado de los cuentos tradicionales como parte de inconsciente colectivo.
El adjetivo esotérico se utiliza para calificar aquello que esta velado, que es confidencial, que está oculto a los profanos.
            Y a este aspecto mágico y misterioso vamos a referirnos al hablar de los cuentos clásicos.
Las antiguas escuelas de misterios se encargaron de encerrar en el lenguaje simbólico de los cuentos todas sus enseñanzas secretas, convirtiéndolas en relatos populares, con el propósito principal de mantenerlas ocultas a los ojos y al conocimiento de los profanos.
Es curioso que el sentido de las verdaderas historias apenas se vea por ningún sitio, pero eso las hace más interesantes aun cuando resultan tristes y dolorosas. Siempre es divertido ver hasta qué punto se han modificado los originales.
Eminentes psicólogos y tratadistas del comportamiento humano han escrito y siguen escribiendo, libros, artículos y ensayos sobre el significado oculto de los cuentos clásicos.
Contrastando las distintas interpretaciones que las escuelas de misterios le dan a las versiones esotéricas de los cuentos clásicos, pude deducir que para un mismo cuento cada una de ellas tiene una versión diferente. Es decir, los personajes y la enseñanza difieren en su significado esotérico aunque no se contradigan.)
Por tanto, deduzco que para estas escuelas esotéricas, los cuentos son meramente un instrumento, yo diría que un lenguaje en clave, pero distinto para cada una de estas escuelas.  La pregunta que nos podemos hacer es ¿porqué utilizan los cuentos como un lenguaje en clave oculta?
Podría ser que en tiempos pasados algunas sociedades secretas al verse perseguidas por sus creencias y rituales, se vieran obligadas a ello.
Pero en los últimos cincuenta o setenta años, la opinión de la mayoría de los interesados en estos temas, el motivo del secretismo se debe solamente a que ellos quieren que sea así y desean mantener sus creencias, su filosofía y sus rituales de forma muy discreta. Creencias, que por otro lado, no tienen nada de censurables y que más bien se orientan hacia el bien, la verdad y la fraternidad humana.
En algunos casos hemos encontrado que aún a sabiendas que uno o algunos de los personajes de un determinado cuento habían sido añadidos con mucha posterioridad a la versión original, los esoteristas los utilizan y le encuentran un significado ancestral y oculto.
En conclusión, para las escuelas misterios los cuentos son un mero instrumentos para explicar en clave oculta lo que quieren transmitir a sus discípulos.
Para ellos estos relatos y sus personajes siempre hacen referencia a realidades esotéricas, ya sea de forma explícita o de forma velada.
Tomemos como ejemplo el cuento de Blanca Nieves:
En sus orígenes, en este cuento de la tradición oral  los enanos no eran siete. Se hablaba de un gran número de amiguitos de Blanca Nieves que además no eran enanos. No obstante, los ocultistas dan una gran relevancia a la versión posterior escrita por los hermanos Grimm en la que son siete enanitos, y es que es el número mágico por excelencia, tanto en el concepto de la filosofía pitagórica como en la cábala, en todas las tradiciones esotéricas y la superstición popular.

También en una de las versiones esotérica de Blanca Nieves se explica que cada uno de los nombres de los siete enanitos: FELIZ, TONTIN, DORMILON, TIMIDO, GRUÑON, MUDITO, SABIO, simbolizan los siete pecados capitales y se expone la forma esotérica para vencerlos. Pero resulta que en el cuento de los hermanos Grimm los enanitos no tenían nombres propiamente asignados ya que estos nombres fueron idea de los guionistas de Walt Disney en 1937.
Más adelante conoceremos la verdadera historia de Blanca Nieves ya que existen evidencias bibliográficas, históricas y localizaciones geográficas de que ella realmente existió.
Explicando conceptos, diremos que el adjetivo esoterico se utiliza para calificar aquello que esta velado, que es confidencial, que está oculto a los ojos del profano. Lo esotérico se refiere a algo difícil de comprender con patrones racionales. Lo esotérico alude a conocimientos que se trasmiten a seguidores o a iniciados siempre que sean adeptos en la materia en cuestión.
Las llamadas ciencias ocultas o esotéricas no se basan en el método científico. En la racionalidad. El ocultismo es el mundo de la subjetividad.
Y es desde este aspecto mágico y misterioso a lo que me estoy refiriendo al hablar de los cuentos clásicos y su versión esotérica, desde donde hemos de entender que los llamados cuentos clásicos no se refieren exclusivamente a las hadas, aunque las hadas suelen aparecer en ellos, lo mismo que aparecen los duendes, los gnomos, las ondinas, y otros tantos personajes, tales como animales míticos o de fauna natural e incluso objetos y cosas que toman vida.
Según los esoteristas las antiguas escuelas de misterios se encargaron de encerrar en los cuentos todas sus enseñanzas secretas mediante una interpretación simbólica. Para posteriormente convertirlos en relatos populares, con el propósito principal de mantener los misterios ocultos a los ojos y al conocimiento de los profanos. De tal forma que el mensaje del cuento de cara al lector común resulta ser distinto al lenguaje oculto para los iniciados.
Para ellos todas estas obras contienen conceptos, mensajes y enseñanzas esotéricas, que se exponen a través de mensajes que solo son interpretados por los verdaderos iniciados, quienes anteriormente ya han recibo las claves y los códigos, para descifrar y entender el verdadero sentido oculto del relato.
Para poder entender el pretendido simbolismo iniciático que estos encierran, la única forma, o al menos la más sencilla, será analizar uno ellos desde su visión esotérica. Para este nuevo ejemplo he tomado el cuento La Cenicienta. Ahora veremos una muestra de cómo funciona la visión esotérica de un cuento.
SIGNIFICADO ESOTERICO DE LOS PERSONAJES
 

Para las Escuelas de Misterios el cuento de La Cenicienta  es la historia de una aspirante espiritual mostrando las pruebas que ha de superar en el sendero hacia la iniciación.
A través del cuento, el iniciado muestra a los discípulos la forma de realizar un examen interior sobre las características y las vicisitudes del llamado viaje iniciático.
Entendemos que el discípulo es aquel que desea avanzar en la superación espiritual interior para lograr su objetivo de ser un iniciado.
El iniciado no ve las cosas como son, sino como podrían llegar a ser, es decir, ve lo Divino tras la apariencia humana, y es a través de esa visión interna como entiende su vida y su proyección hacia lo Eterno.
Y siguiendo con la explicación del significado esotérico de Cenicienta, decir que ella representa a la discípula espiritual que se convierte en instructora, ya que afecta positivamente a todos aquellos con los que entra en contacto, impulsando en ellos los más elevados sentimientos.

De hecho, someterse al dominio de su madrastra y de sus hermanastras es símbolo de la condición de humildad que sujeta al instructor espiritual con sus discípulos.

Duerme junto al hogar que es representativo del Fuego Divino.

Se mancha de cenizas al limpiar la chimenea, porque como instructora se encarga de limpiar las impurezas de sus discípulos.

Cenicienta es la unión de ceniza y servidumbre, es decir, es una servidora de la Luz con la que purifica las "cenizas" de sus discípulos.

Gracias al principio metafísico del Eterno Retorno la Vida le sigue viniendo pruebas a superar para que ella sigua siendo generosa a pesar de su propio desaliento.
Estas cualidades le valdrán para lograr la asistencia de su Yo superior Interno (Hada Madrina) y cumplir así su Plan Divino.
En cuanto a la Madrastra y las Hermanastras, decir que son discípulas de la Iniciada, de Cenicienta, y simbolizan un estado de conciencia inferior en el que domina el egoísmo y la manipulación, el dolor y a la tristeza de la envidia.
El príncipe Kid representa a su discípulo espiritual. El encuentro con su instructora le impulsa a ser mejor persona pero también mejor príncipe, símbolo de su naturaleza espiritual. El acto de buscar a la dueña del zapato simboliza al discípulo que busca a su maestro.
La Madrina es la otorgadora de elevados deseos. Cenicienta se gana su confianza porque a pesar de su tristeza muestra compasión hacia la anciana mendiga (Hada Madrina disfrazada) que le solicita alimento.

El traje Azul es la Vestidura de Luz otorgada por el Cristo Interno. Los zapatos de cristal son un símbolo Crístico: Cristal significa sin mancha, puro. La Naturaleza Crística responde a la generosidad, al amor y al valor desinteresado. Es por eso que Cenicienta es  a la única que  le va bien el zapato.
En general, las escuelas de misterios encuentran elementos mágicos que son recurrentes en muchos de los cuentos. Paradigmático es el número mágico, el siete, que lo vemos reiterado en los cuentos:
Los siete enanos de Blanca Nieves, los siete cabritos con el lobo, etc. etc. Recordemos que entre los egipcios y los griegos, los pitagóricos y todos los que rinden culto al profundo simbolismo de los números, el siete fue y sigue siendo altamente significativo.
No por casualidad los esoteristas  hablan de siete planetas astrológicos, de siete metales alquímicos, de siete cuerpos de la anatomía oculta del ser humano y de siete cosmos en referencia al macrocosmos.
También hay otros elementos que se reiteran en los cuentos: El viejo rey, una figura que aparece muchos de ellos y que simboliza la Eterna Conciencia; el Anciano de los Días de los cabalistas.
Otro es la presencia del príncipe y la princesa y el hecho de que uno de ellos o ambos hayan sido encantados, pero el amor los libera. El casamiento final alude a la "boda alquímica" de los antiguos alquimistas, y a la unión del alma humana con el espíritu, siempre presente en todas las antiguas enseñanzas.
Los cuentos comienzan en general con la expresión "Erase una vez…" lo que hace referencia a que se trata de algo que puede volver a suceder una y otra vez, en diferentes casos y en diferentes situaciones, Ello quiere decir que el cuento está vinculado a la ley esotérica de Recurrencia y también a la ley cósmica del Eterno Retorno.
¿Son realmente los cuentos clásicos un vehículo de transmisión de la antigua sabiduría perenne custodiada por estas escuelas iniciáticas? Dejemos la pregunta en el aire.
Veamos por último la verdadera historia de Blanca Nieves:
Se trata de Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal.
La crueldad del cuento de los hermanos Grimm llevó a los investigadores alemanes a preguntarse cuál pudo ser la inspiración histórica o el relato medieval en el que se basa la historia de «Blancanieves»,descubriendo que este famoso cuento está inspirado en una persona real: Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal.
El historiador Dr. Karlheinz Bartels, ha indagado para traernos a la verdadera muchacha que nunca fue especialmente feliz debido al desprecio de su madrastra. Nacida en el año 1729 en el castillo que su padre el principe Philipp Christoph von Erthal tenía en el poblado de Lohr, cerca de Frankfurt, Alemania. Como curiosidad diremos que hoy en día se puede visitar el castillo como museo. En él se conserva un «espejo parlante», es decir, un juguete acústico idéntico a uno que estuvo de moda en el siglo 18 XVIII y que se fabricaba precisamente en el poblado de Lohr, ciudad famosa porque allí disponían de una gran industria manufacturera de cristal muy reconocida en Europa. Según se cree, lo regaló el padre de María a su segunda esposa. Mide 1,60 y es una pieza bellísima.  Este ingenio habría inspirado a los Grimm para el cuento de «Blancanieves».
Philipp Christoph von Erthal, el padre, era condestable del territorio y un gran diplomático que se relacionaba con toda la nobleza de Europa en sus funciones como ministro de exteriores. Una vida muy activa que se paralizó de pronto cuando falleció su esposa. Dos años después, volvió a encontrar la felicidad con una nueva esposa: la bella Claudia Elisabeth Maria von Venningen, Condesa Imperial de Reichenstein. Existen muchos archivos y documentos de la época donde se habla de María, una joven muy querida en Lohr por ser muy caritativa con los pobres y las personas necesitadas. Se la describe como una especie de hada, como una persona muy noble y de gran amabilidad personal.
Para el “imaginario colectivo”, de la época era la imagen ideal de la hija de un Rey, pero recordemos que no lo era, su padre solo era príncipe y cumplía las funciones de ministro del país.
Cabe decir que si el pueblo la apreciaba en especial era porque María era parcialmente ciega, secuelas de una varicela que limitaban un poco su visión. Se hablaba también del trato negativoque su madrastra le propinaba, un desprecio del que el pueblo era siempre muy consciente y que a todos entristecía. Fue precisamente por este sentimiento de compasión por parte de las gentes de Lohr, por lo que los hermanos Grimm se sintieron atraídos por la figura de María. Era muy joven, bella y noble de corazón, una chica que era constantemente maltratada y envidiada por su malévola madrastra.
Pero eso sí, el cuento no empezó a escribirse hasta que la joven María fallece. No se sabe todavía cuál fue la razón de su muerte, pero evidentemente queda claro que no hubo príncipe azul ni final feliz.
Su padre casi nunca estaba en el castillo y la joven pasaba largas temporadas en compañía de esa mujer que siempre favoreció a sus propios hijos antes que a ella. La rechazó por ser bella, por ser caritativa y por poseer ese defecto físico en su visión.
Se sabe que el ataúd en el que fue enterrada María era especialmente distinguido, totalmente de cristal como el del cuento y que poseía algunas piezas talladas por esa industria manufacturera de cristal de la región, que quiso hacerle un homenaje a la joven. Esto también debió servir de inspiración para los hermanos Grimm.
 Pero, ¿y qué hay de los siete enanitos? Ningún dato histórico habla de que los amiguitos de Maria Sophia Margaretha Catharina von Erthal fueran siete.
Se dice que los autores debieron basarse en los niños que trabajaban en las minas de la región. Niños que envejecían prematuramente por la búsqueda de minerales y del trabajo continúo que los hacían parecer auténticos viejecillos de pequeña estatura.
Por razones que se desconocen, María Sophia entró en contacto cotidiano con un grupo de estos niños mineros.
Dado que las minas de Bieber eran muy estrechas y algunos túneles casi inaccesibles, se requería del trabajo de niños pero los datos no hablan de enanos. Estos trabajadores llevaban gorras y capuchas de colores chillones para protegerse de los golpes, al igual que en el cuento. No era magia lo que había en las minas de Bieber, donde el trabajo resultaba brutal y muchos niños morían.
Como podemos ver el origen de “Blancanieves” es casi siniestro, pero como contadores de cuentos para niños, los hermanos Grimm se encargaron de dar vida y color a la tristeza, para endulzarla con amores y príncipes azules.
Y para concluir esta intervención, aclarar que la argumentación y la filosofía que subyacen en todo lo expuesto se basan en la información aportada al autor por distintas escuelas de misterios a las que entrevistó para escribir un reportaje encargado por la revista Mundo Oculto.
Jesús Moreno Álvarez.

miércoles, 21 de febrero de 2018

FRANCISCO AYALA

21/02/18

                                              FRANCISCO   AYALA


Mariló Berdun. Lda. Filología Hispana. Profesora de Enseñanza Media. Aforo:30 asistentes






             Para comprender la figura y la obra de Francisco Ayala es indispensable tener en cuenta dos factores de muy distinto signo. En primer lugar, la floración intelectual que se produjo en la España de entreguerras, las llamadas vanguardias.
Se recogían los frutos tardíos de la Institución Libre de Enseñanza y de la Junta para Ampliación de Estudios creada en 1907, y nacía a la vida pública un grupo de intelectuales que encontraba en Ortega y Gasset y en la “Revista de Occidente” un refugio y un punto de apoyo esencial. El otro factor imprescindible para explicar la trayectoria de Ayala es la catástrofe de la guerra civil y la experiencia del exilio.

Francisco Ayala García-Duarte nació en Granada el 16 de marzo de 1906, en un carmen de la calle San Agustín. Hijo del abogado Francisco Ayala Arroyo y de Luz García-Duarte, tuvo seis hermanos. Su educación sentimental estuvo marcada por las aficiones artísticas de la madre y el prestigio civil de la figura del abuelo materno, al que no conoció, Eduardo García Duarte, médico republicano que desempeñó un papel fundamental en varias epidemias de cólera, y rector de la universidad de Granada. El carmen de los Ayala es ahora un convento. Un tranquilo lugar que mantiene la misma estructura que conoció el Ayala niño. Un lugar donde aún quedan ecos de las canciones populares, los “cuatro muleros” que le cantaban las chicas del servicio. Mucho después, aquellas canciones las armonizó su paisano Federico García Lorca. “Me las hizo escuchar como si fueran una invención suya. No sé si le gustó que dijera: “son las canciones que escuché a las criadas de mi casa”. Un tiempo feliz. El adolescente Francisco se entretiene cuidando un pequeño mono que su tío Pepe, el boticario, le había traído de Guinea. “Al tío Pepe le gustaba gastar el dinero a montones hasta que quebró su farmacia de la plaza de Bib-rambla. Y la trasladó a las colonias, a Guinea. De allí me trajo un mono chiquitín. Lo cuidé y quise mucho, como él a mí.” ese fue el primer macaco de los muchos que se cruzarían por la vida y obra de Ayala.
En Granada vivirá hasta los 15 años, y se traslada a Madrid con su familia en 1921; según cuenta él mismo, “con la esperanza de hallar más despejados horizontes”. Las cosas no iban económicamente bien. El padre tenía que buscar trabajo. Algo poco habitual en esa familia, en la que muchos se enorgullecían de su condición de señoritos, de personas que vivían de sus rentas y no del trabajo.
        Francisco Ayala tuvo la fortuna de haber sido prácticamente adoptado por su padrino, un hombre rico y generoso. Podía continuar sus estudios y dedicar su tiempo a la que ya era su mayor pasión, la escritura. “Yo he escrito desde siempre. El sentido de la vida está en la literatura, esa es la verdad, y creo que la literatura es la verdadera realidad. La realidad real, no es real, no existe.” Allí estudió las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Su afición por la literatura empezó pronto, y desde 1923 inicia sus colaboraciones en prensa. En 1925 publica su primera novela, Tragicomedia de un hombre sin espíritu, que lo introdujo de golpe en la vida literaria madrileña. Justo un año más tarde, publica la segunda, Historia de un amanecer. No se podía estar en el ambiente madrileño, en el periodismo o la literatura, si no se estaba en alguna tertulia. Se pasaba de una tertulia a la otra, la mayoría eran abiertas, en aquellos cafés que llenaban el espacio entre la Puerta del Sol a la Puerta de Alcalá. Fundamental para Ayala fuer ser admitido en la tertulia de la Revista de Occidente, la tertulia de Ortega, a la que se entraba con invitación, un grupo muy heterogéneo en la que se recordaba la llegada de Victoria Ocampo, que impresionaba siempre por su elegancia, su cultura y su refinamiento.
        Con la intención de ampliar estudios, vivirá en Berlín de 1929 a 1930. Cursa estudios con el sociólogo alemán Hermann Heller y envía artículos que se publican en la revista Política. Berlín era el centro del mundo. Durante este tiempo conoce a Etelvina Silva Vargas, una estudiante chilena becada por la Fundación Humboldt, con quien se casa en enero de 1931. Tras la boda se instalan en Madrid, en una España en la que se anunciaban cambios, la República cada vez más cerca. Y sigue el magisterio de Ortega. En estos años publica El boxeador y un ángel y la colección de relatos Cazador en el alba, algunos de los cuales ya habían aparecido en la “Revista de Occidente”. 
Tras haber escrito y publicado mi segunda novela, Historia de un amanecer (…) quedé en un estado de insatisfacción y desconcierto. No sabía qué camino seguir en mis escritos de imaginación. Sentía que la vanguardia, a cuyos movimientos extranjeros y no solo españoles me asomé con ávida curiosidad, era la actitud idónea para dar expresión literaria a la época en que estábamos viviendo. Me apliqué desde luego a probar mi mano en las estilizaciones vanguardistas y ensayando sus técnicas produje una serie de ficciones breves.
De vuelta a España, accede por oposición a la cátedra de Derecho Político en 1933. Ocupa la plaza de “Jefe de Negociado de primera clase, quinto Oficial quinto de la Secretaría del Congreso de los Diputados.
En 1934, muere su madre y nace su hija Nina, única hija de su matrimonio con Etelvina.
Cuando salí de sus funerales en compañía de mi padre y hermanos no imaginaba que la mirada de tristeza con que despedí su jardín de flores, su huerto de ciruelos, el arco de piedra que cierra el recinto, sería mi última mirada a esos parajes; que el abrazo con que despedí a mi padre sería el último que podría darle.
La Guerra Civil lo sorprende en América del Sur, dando unas conferencias. El 4 de agosto su padre, que había sido detenido al inicio de la guerra, ingresa en la Prisión Central de Burgos, donde es asesinado la noche del 8 de octubre. Semanas más tarde, también es ejecutado su hermano Rafael. Sus dos hermanos más pequeños, José Luis y Vicente, consiguen salir de la prisión gracias a la intermediación de una hermana de Etelvina.
Al volver a España, sirve al gobierno de la República como funcionario de Relaciones Exteriores, y es destinado a la Legación de España en Praga, en donde pasa algunos meses.
Sumamente difícil -en verdad, imposible- me resulta concitar y poner en orden mis memorias de aquellos últimos meses de guerra en España. Recuerdo, sí, que en mi ánimo la tragedia, familiar y nacional, que toda era una, hacía mezclarse los sentimientos de dolor con sentimientos de indignación moral y de rabia impotente, y que estos eran tan fuertes como para contrarrestar piadosamente el abatimiento de un dolor excesivo. (…) La noticia del asesinato de mi padre y demás desventuras no me concedió a mí el alivio de las lágrimas, sino que me dejó el corazón helado.

En mayo de 1938 es llamado a filas. Vuelve a España y se incorpora como soldado a la Comisión Topográfica del noreste de España. El 12 de julio es nombrado secretario general del Comité Nacional de Ayuda a España.
Ante la inminencia de la derrota republicana, el 21 de enero de 1939 abandona España con dirección a Francia. Tras la Guerra Civil comienza su exilio. Con la ayuda de la poeta cubana Flora Díaz Parrado, cónsul en París, consigue un visado que le permite viajar a Cuba, de allí a Chile y se instala en Argentina. “Recién llegados a Buenos Aires, todavía en un hotel, apareció un señor que me quería ver. Era Borges. Yo tenía amistad con su hermana Norah. Nos sentamos en el bar, comenzó a hablar de literatura, siguió hablando de otras cosas, nunca hablamos de la guerra, de la derrota, de lo duro del exilio.” En Argentina enseña Sociología en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Traduce a Rainer Maria Rilke, a Thomas Mann, a Alberto Moravia,…, colabora en el diario La Nación y funda su propia revista, Realidad, revista de ideas, que se publicará entre los años 1947 y 1949. Por sus 18 números pasaron colaboradores como Jean-Paul Sartre, Bertrand Russell o Borges. En 1949 año en que decide abandonar Argentina disconforme con su régimen político. En este mismo año aparecen dos de sus obras, Los usurpadores y La cabeza del cordero, con las que inicia su nueva etapa novelesca:

Así, en los años que van desde mi regreso de Alemania hasta el exilio en Buenos Aires, mi actividad literaria como autor de obras de imaginación quedó en suspenso. Mi pluma había estado activa, si acaso, en el campo del ensayo o estudio filosófico-político.

En 1950 se traslada a Puerto Rico, en cuya universidad da clases y donde funda una nueva revista, La Torre. Compagina esta actividad con la impartición de cursos en Cuba y sus primeros viajes a Nueva York, donde es atendido por Federico de Onís y mantiene encuentros con Pedro Salinas y Amado Alonso. Incluso se le ofrece un puesto como supervisor de traducciones en las Naciones Unidas, al que renuncia al año para volver a Puerto Rico. En esta década comienzan a aparecer en España algunas publicaciones de Ayala. Por ejemplo, una edición privada de 50 ejemplares de Historia de macacos, a iniciativa de Ricardo Gullón.
A partir de 1956 vive en Nueva York, donde ya residía su hija Nina, en un apartamento que mantendrá hasta su jubilación en 1976 y posterior traslado definitivo a España,  y comienza su andadura como profesor de varias universidades norteamericanas, entre ellas Princeton, Vermont o Chicago.
En 1960 viene a España de visita en un viaje privado, y desde ese momento lo hará con frecuencia, sin aceptar ningún tipo de relación con el Estado franquista.  La editorial Aguilar decide publicar en 1969 sus Obras narrativas completas, pero tienen que ser impresas en México porque el franquismo seguía censurando La cabeza del cordero.
En el mes de junio de 1970, intelectuales españoles firman un documento de salutación a Ayala, recuperado a partir de entonces (como ellos dicen) para la vida cultural española. Al año siguiente publica en Seix Barral El jardín de las delicias, que obtiene el Premio de la Crítica en 1972, año en que también se autoriza en España La cabeza del cordero, y se publica Los ensayos. Teoría y crítica literaria, compilación de sus escritos teóricos sobre Literatura.
A mediados de los 70 conoce a la profesora Carolyn Richmond, que se convertirá en 1976 en su compañera y, años más tarde, 1999, 22 de junio, en su segunda esposa. Carolyn conversaba animadamente con Ayala y ante alguna broma del profesor, echó la cabeza hacia atrás al reír, y su hermosa cabellera color de miel se prendió en una vela. Entre todos apagaron el incendio, pero no el amor, que ya ardía en el corazón del escritor.
Su regreso definitivo a España será en 1976, pero antes de esta fecha el escritor ya se había convertido en una referencia moral para la nueva sociedad española. Representaba la narrativa del exilio, aunque la literatura española no siempre ha sabido dónde clasificar a los escritores exiliados.  Consciente de ello, fue uno de los temas que abordó en Alcalá de Henares el día que recibió el Premio Cervantes de 1991.
En 1982 comienza la publicación de sus Recuerdos y olvidos, que obtiene en 1983 el Premio Nacional de Literatura. Un año más tarde, el 25 de noviembre, ingresa en la Real Academia Española. Sillón Z. Su discurso de ingreso versó sobre “La retórica del periodismo”.
Suceden los premios y los homenajes. En 1988 se le concede el Premio Nacional de la Letras Españolas y es nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid.
En 1990 publica El escritor en su siglo, obra que recoge ensayos sobre teoría literaria y específicamente sobre la novela. En el prólogo de esta obra, leemos, a modo de resumen:
Ha sido la mía una larga vida de escritor público. (…) Durante ella he dirigido una atención constante hacia el desenvolvimiento de los acontecimientos en torno mío a la vez que procuraba expresar mi visión del mundo en obras de imaginación literaria. Así, mi labor escrita presenta dos grandes vertientes: por un lado, la del comentario encaminado a interpretar el curso de la historia donde me encuentro sumergido, y por el otro, la plasmación artística de mis intuiciones acerca de lo que pueda ser la realidad esencial. Esta última vertiente, específicamente literaria, contiene también un sector de tipo teórico-crítico que responde a mi actividad docente, pues la mayor parte de mi carrera profesional ha estado dedicada, como enseñante, a los estudios literarios. Con todo, no he de ocultar (y más de una vez lo he declarado) que es en la creación imaginaria donde creo hallarme en terreno más propio, y donde espero que mis esfuerzos creativos puedan alcanzar alguna perduración.
Junto con el ya mencionado tema del escritor en el exilio, el Quijote fue otro de los asuntos que trató en su discurso del Premio Cervantes en 1992. Aquella mañana de 23 de abril se definió como “escritor español en América”, es decir, alguien tenido por propio y por ajeno al mismo tiempo.
Y en 1998, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Cumplió 100 años y lo celebró con una cena organizada por el Ministerio de Cultura en la Biblioteca Nacional, a la que asiste abrumado y avergonzado. Reconocimientos y más reconocimientos. Hasta que el 3 de noviembre de 2009 fallece en Madrid.
El crítico Ayala ha sido el mejor “lector” de su creación. Su palabra sirve de guía para una lectura serena de su obra. la conciencia de su quehacer literario y de la presencia del lector le llevan a convertir sus prólogos e introducciones en mucho más que en un elemento de la publicación.
“Uno escribe siempre su propia vida, solo que, por pudor, la escribe en jeroglíficos. Cuánto mejor si lo hiciera sobre piedras funerarias, buscando la descarnada belleza del epitafio (encerrar la vida en una bala, o en un cohete, en un epigrama).  Su trayectoria narrativa ha sido dividida generalmente en dos etapas, antes y después de la Guerra Civil. En la primera, aborda la narrativa tradicional en la novela y la prosa vanguardista en los relatos, donde predomina el estilo metafórico, expresividad y la fascinación por el mundo moderno. Sus primeras obras ofrecen al lector una diversidad de técnicas narrativas y al mismo tiempo la unidad inconfundible de su estilo. Incluyen recreaciones históricas desde la ambición humana por el poder, evocaciones líricas. El desenlace puede ser sorprendente o el escamoteo del asunto central. En su etapa vanguardista, su narrativa se traduce en un juego esencialmente estético e ingenioso. Su instrumento es la imagen, la metáfora, la realidad se transforma gracias a las palabras. Así, la superficie del agua del baño de Susana en uno de sus relatos será espejo, bandeja o mapa, según la realidad que imagine su creador a partir de ella. No obstante, años después el propio Ayala juzgará con dureza esa contribución a la moda vanguardista: “Se había roto con el pasado, en literatura como en todo lo demás. Los jóvenes teníamos la palabra. Se tomaban en serio nuestras bromas, se nos invitaba a la insolencia y al disparate.”
La segunda etapa, iniciada en el exilio con El hechizado, es más heterogénea. Así, en La cabeza del cordero, la Guerra Civil sirve de fondo para analizar las pasiones y los comportamientos de una serie de personajes. La contribución más importante de Ayala a la literatura narrativa está constituida por las dos novelas complementarias Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962), donde la historia del tenebroso dictador Bocanegra está contada con una complejidad de recursos que podría calificarse de cervantina. Muertes de perro presenta la degradación del ser humano en un mundo sin valores donde la dictadura subyace como marco ambiental. Hay en la obra un espesor de voces y perspectivas que se cruzan y complementan, y algo parecido sucederá en la segunda novela. La idea orteguiana de que la realidad es algo inaprensible, porque sólo contamos con perspectivas parciales, adquiere una sólida contextura narrativa en esta historia acerca de la degradación del poder y del envilecimiento a que puede llegar el ser humano. En El fondo del vaso está presente la ironía como recurso esencial. Asimismo, al igual que en Cervantes, Ayala es consciente de su actividad literaria y practica una profunda e irónica crítica de su labor. Y, como Cervantes, o como Borges, los planos de realidad y narración se proyectan muchas veces en sucesivas estructuras especulares. Como ejemplo, ese El hechizado mencionado antes, donde el narrador inicial es un refundidor del Indio González Lobo, autor real o imaginario, de un prolijo y fatigoso texto sobre los motivos de su venida a Europa, a la corte de Carlos II el hechizado.
Las distintas obras que conforman Los usurpadores tienen una idea común y técnica semejante. Son recreaciones de temas históricos con el mismo asunto: el poder ejercido por el hombre sobre su prójimo, entendido como usurpación. Las que integran La cabeza del cordero contemplan la guerra civil española, presentada bajo el aspecto permanente de las pasiones que nutren al hombre. Algo así como la guerra civil en el corazón de los hombres. El Jardín de las delicias, lejos de ser una colección miscelánea, es una bien trabada unidad, con estructura abierta, a partir de la idea central: el famoso cuadro de El Bosco. Su argumento, el viaje de un hombre que mirando con ojos asombrados la fascinante diversidad del mundo, avanza por la vida y se esfuerza en vano en apresar el tiempo fugitivo. Como un Viaje por las etapas de la vida.

Sociólogo, crítico y sobre todo creador. Su prosa lúcida, inteligente, serena, nos lega originales construcciones narrativas, la belleza de páginas impecables, sugerentes, nuevas miradas hechas palabras espléndidas y una apasionante reflexión sobre la condición humana.
Libre, independiente, sin banderas. Un español que creyó en la España republicana, criticó sus errores, se escapó de los vencedores, conoció de cerca la muerte, el asesinato cruel e injusto de alguno de los suyos y que tuvo que partir al exilio sin enquistarse. No quiso ser uno de esos republicanos de café, dando vueltas al pasado, pensando obsesivamente en un regreso que, cuando menos, parecía bastante incierto, sino integrarse en la nueva realidad.
Ayala, partidario de la modernidad, no dudó nunca en adaptarse a las nuevas técnicas, pasando a lo largo de su vida del plumín a la estilográfica y

de la máquina de escribir al ordenador.
Alternó la literatura con las ciencias sociales. Apenas cerrada la herida de la II Guerra Mundial, supo ver que “el proceso de unificación mundial que venía avanzando desde hace tiempo” se había acelerado “prodigiosamente”.


“He escrito demasiado porque he vivido demasiado, y, además, lo he hecho intensamente”.







miércoles, 14 de febrero de 2018

EL AGUA EN BENALMADENA

14 de Febrero de 2018

                                             EL AGUA EN BENALMÁDENA

Maria del Carmen Martin Lara. .Cronista Oficial. Lda. Historia. Aforo: 32 asistentes.






EL AGUA EN BENALMÁDENA

"¡El pozo!...Platero, ¡qué palabra tan honda, tan verdinegra, tan fresca, tan sonora!
Parece que es la palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua
 Fría "

Los primeros pobladores de Benalmádena se sitúan, según los estudios arqueológicos, en el período Solutrense (16.000 a.C.). Esto nos hace suponer que era una tierra grata para ser poblada; una tierra que ofrecía, por su clima, su fauna y flora los suficientes recursos para que los hombres y mujeres del Paleolítico decidieran asentar sus campamentos en ella. Pero es, sin duda, otro el elemento que condiciona al ser humano a la hora de elegir su hábitat: nos referimos al agua.
Con este capítulo sólo nos proponemos un acercamiento al estudio del agua en Benalmádena y de su importancia en la historia del municipio.
Quienes por primera vez poblaron lo que es actualmente nuestro municipio supieron elegir, pues Benalmádena es una tierra de abundantes aguas: decenas de manantiales, arroyos y fuentes nacían y discurrían desde las empinadas lomas y cerros hasta la zona más llana de la vega, ya cercana al mar. Es más, en o pocos lugares de esta costa fluían manantiales de agua dulce a escasos metros de la orilla del mar, como la Fuente de la Salud o la fuente de la Neá. Toda esta riqueza hídrica quedó reducida con el desarrollo urbanístico y económico-turístico del municipio: las aguas encauzaron, se realizaron las acometidas oportunas para facilitar la vida cotidiana de los vecinos y para servir a la industria hotelera y de la construcción, hasta llegar a la situación actual. Sin embargo es menos de medio siglo (algunos afortunadamente lo conocieron y ahora nos lo pueden transmitir) 1 lo que separa a esta Benalmádena moderna de aquella, quizás más rústica, donde el agua fluía por cualquier rincón.

El término municipal de Benalmádena está recorrido por numerosos y profundos arroyos que lo atraviesan desde la sierra de Mijas y Calamorro hacia el mar. Estos abruptos cauces de agua presentan un discurrir paralelo en su camino hacia la desembocadura. En sus márgenes crecen adelfas y cañas comunes, entre otras muchas platas propias de la zona. 2 Incluso en la cima de unos de los picos más conocidos, el Cerro del Moro, nace un manantial que aún hoy regala a los cazadores con sus frescas aguas: es el nacimiento o fuente de la Lagüela.

Algunos de estos arroyos han desaparecido y otros aún luchan por mantenerse frente a la invasión de nuevas construcciones. Si recurrimos a los oriundos del lugar nos hablarán del Arroyo del Saltillo o de los Muertos, que marca el término entre Benalmádena y Torremolinos. Siguiendo de este a oeste, otros arroyos conocidos son los de El “Rosao” (de Rosado), La Neá, de la Miel3, Las Cuevas, Las Viñas, del Granadillo (estos cuatro últimos confluyen y forman el arroyo La Vega). El Catalán, de la Señora María, La Zahudilla, Hondo, La Morera, El Lugar, La Soga, El Piejo – o El Piojo-, Las Amargosas, Las Tres Hermanas y, por último, el arroyo El Jardín, en el límite con el término municipal de Fuengirola.

Esta riqueza de arroyos unida al tipo de materiales del subsuelo, mármoles, que constituyen importantes acuíferos carbonatados y que se asocia a la ubicación de manantiales, convierte las sierras de Benalmádena en algo similar a un inmenso depósito de agua.

No podemos olvidar que el topónimo de uno de los núcleos de población de Benalmádena es “Arroyo de la Miel”, aún cuando su fundador lo llamó “San Carlos”4. Este nombre alude a la cercanía del agua, una realidad que dio origen a muchos otros ejemplos como: Avda. del Chorrillo, calle Los Pozos, calle Agua Clara, Acequia Alta o arroyo de las Pozas – en Benalmádena Pueblo – calle Agua, calle Cauce o Acequia de los Martes en Arroyo de la Miel. Las referencias, por tanto son constantes y confirman que todo el municipio rezumaba el imprescindible elemento y llenaba sus campos de fértiles y verdes cultivos.

El vínculo entre hombre y agua, tenía que ser regulado para una explotación ordenada y productiva: de ahí surge la figura del “Alcalde de Aguas” que, remunerado por los distintos regantes, se encargaba de repartir el agua, acondicionar acequias y limpiar lumbrera y arroyos. Tomando como referencia un documento del siglo XIX5, observamos qué derechos tenían los regantes y qué vigilaba el alcalde aguas: “con derecho en el reparto a medio día de agua de riego del nacimiento del Juncarejo...” o “... una fanega de tierra con derecho a tres horas de agua del nacimiento del Chorrillo...” o “... sujeta para su riego al reparto del nacimiento que llaman de Nadales, con remanente propio que nace en la misma huerta y su alberca...”

Prueba de la importancia que tenía el control de este bien son las palabras de Salvadora Coronado cuando dice en su testamento de 1677: “Declaro que vale más el agua y paso que le dí para tomar agua que los cien ducados que le mando a mi nieto...”6.

Al consumo doméstico y agrícola del agua se sumó el derivado de un gran complejo fabril7 desarrollado a finales del siglo XVIII en Arroyo de la Miel: seis molinos papeleros se movían con la fuerza del agua, así como tenería, varios molinos de aceite y de harina y un trapiche.

En 1935 la primera electricidad para el alumbrado llega a Arroyo de la Miel, producida por el salto de El Nacimiento, que movía una pequeña dinamo, propiedad de Antonio Fernández, en calle Cauce. Por otro lado, en Benalmádena, a partir del salto de agua del molino El Quinto, otra dinamo generaba la electricidad que iluminaba al pueblo.

La desaparición de acequias, albercas, norias, manantiales, arroyos, etc. se ha ido sucediendo en el tiempo sin que los que vivimos apresados en nuestras tareas diarias nos hayamos percatado. Actualmente el uso que se hace el agua en Benalmádena es bien distinto: en los hogares, las piscinas, los campos de golf, las fuentes monumentales...EL agua sobrevive ahora “aprisionada”, lejos ya de aquellos populosos y sonoros lavaderos y fuentes públicas, (el de El Chorrillo o el de la Tajea en Benalmádena o El Cao en Arroyo de la Miel); lejanos también de los abrevaderos para el ganado (el pilón de la Fabriquilla) o de las albercas (la de Huerta Peralte o la de La Comba) o de los pozos (el de La pimienta o el de la Cima) y de los manantiales (el de Fuenteveneno en Arroyo Hondo – que aún no ha sucumbido al progreso – o la alcubilla de los “Praos”- que se secó a finales del años cincuenta).

El agua en la Historia de Benalmádena

La “Cueva del Toro”, santuario Solutrense, es la más antigua manifestación de actividad humana en Benalmádena; que no hay constancia de manantial en su cercanía, se explica teniendo en cuenta que era un lugar dedicado exclusivamente al culto religioso.8

Es en las cuevas de “Los Botijos” y de “La Zorrera”, en la Serrezuela y la “Cueva del Sahara”, cercana a Benalmádena Pueblo, donde encontramos los primeros vestigios de asentamiento humano a finales del Neolítico. Pensemos, por un momento en estos primeros hombres y mujeres que ya utilizaban la cerámica y que, por tanto, la utilizaban para transportar agua junto con vasijas naturales como calabazas o vejigas de animales: ¿Dónde encontraban esta agua para saciar su sed, para su aseo, para cocinar...?

Si bien hay admitir que no tienen por que ser los mismo nacimientos de agua que conocemos ahora los que manaban en el Neolítico, si podemos afirmar que el área de abastecimiento alrededor de las cuevas de La Zorrera y de Los Botijos era una zona rica en manantiales hasta hace unas décadas. Nacimientos como el de Miraflores, la Cima, Puerto Algarrobo, del Piejo, la Madriguera (también llamada la Minilla, en el mismo cortijo de la Zorrera), están cercanos a las cuevas habitadas, además de arroyos como El Piejo o el del Lugar.

Ya en la fase del Cobre Pleno, los yacimientos de Arroyo Casablanca y Cerro del Piejo se ubican cercanos a la zona antes descrita y, por tanto, sus habitantes podían hacer uso de los mismos acuíferos. En concreto, el yacimiento arqueológico Arroyo Casablanca está situado en arroyo del Lugar.

A finales del s. VIII a. de C. llegan a las costas de Benalmádena los primeros colonizadores fenicios y entran en contacto con la población autóctona, produciéndose así un intercambio de elementos culturales. Testigo de esta fusión es el yacimiento del Cerro de la Era, cercano a las alcubillas9 de El Pirulejo, El Jardín, La Fabriquilla, Benalroma, los “Praos”, la Nea y a los arroyos de La Vega, La Nea y “Rosao”.

Entre el s. V al II a.C. se descubrió en la urbanización Capellanía un nuevo nacimiento con restos de cerámica púnica, griega y campanense. Es esta una zona donde numerosos arroyos y manantiales (de la Soga, del Piejo o Piojo, de las Amargosas, de las Tres Hermanas, del Jardín) abastecerían de agua a este poblado.

En época romana, los yacimientos de Benalrroma10, Los Molinillos y Torremuelle aportan nuevos conocimientos sobre la utilización del agua: la fabricación de garum en las factorías de salazón requería la utilización de gran cantidad de agua dulce que en el caso de la factoría de Benalroma, se surtiría del arroyo de la Vega; en Los Molinillos, del arroyo de la Neá, donde se han encontrado varias piletas de opus signinum11; y por último, en Torremuelle, del arroyo del Lugar.
Por otra parte, restos de opus signinum en el yacimiento de Benalroma nos atestiguan la existencia de un acueducto o de un aljibe12, así como de una pileta semicircular 13. Además se ha hallado restos de una estructura abovedada posiblemente con una doble función: abastecer de agua a la villa y a la factoría14. En el yacimiento de Torrequebrada también existía un depósito abovedado. Pero, sin duda, el hallazgo más interesante es una fuente profusamente decorada en la lujosa villa de Benalroma, única en la arquitectura de las villae hispano romanas15.

Si recurrimos a los libros de viajeros, que tan rica en interesante información nos aportan, Joseph Townsend16 nos dice:

“En esta zona de su finca, que linda con el mar y se encuentra cerca del Arroyo de la Miel, me enseñó dos baños romanos que en la actualidad comparten un mismo suelo de mosaico, y que parece que antiguamente estaban cubiertos por el mismo techo. La longitud de uno de ello es de veinte pues; la del otro, de catorce, ay ambos tienen una anchura de doce. El más pequeño constaba de una estufa, y los dos disponían de un buen abastecimiento de agua, que les llegaba del mar y del arroyo. Los escalones que conducen a ellos tienen doce pies de longitud, uno de anchura y nueve pulgadas de profundidad. Más cerca de la playa se ven algunas bóvedas y otros fragmentos de mosaicos.”

De estos restos nada queda en la actualidad, tan sólo las palabras del viajero inglés.
Poco o casi nada conocemos de la época bizantina o de la visigoda, por lo que nos adentramos en la Benalmádena musulmana, de la que heredamos el paisaje agrario que hasta finales de los años sesenta del siglo XX podíamos disfrutar simplemente mirando desde las atalayas: nos referimos a los bancales que jalonaban principalmente la zona sur de Benalmádena Pueblo y que en época nazarí se utilizaban para una agricultura hortifructícola. De Málaga dice el historiador granadito Ibn al-Jatib: “...En donde todo el año hay abundante y excelente fruta”.

El espacio hidráulico de Benalmádena no sería diferente al del resto de al-Andalus; esa extensión agrícola se muestra siempre con unas características comunes a todo el mundo rural andalusí: un espacio creado mediante bancales que modifican las pendientes naturales y que, a la vez, aseguran el transporte del agua, con un castillo o alquería siempre en un nivel más alto que la acequia principal de distribución17.

En ese espacio agrícola fue creación de al-Andalus18 y de ellos lo heredamos. No es difícil imaginar acequias, albercas, fuentes y nacimientos por estas huertas que, como jardines, tan bien supo cuidar y apreciar el poblador musulmán. Imaginemos, por un momento un vergel donde el agua fluía regando hortalizas y árboles frutales y que nos remitirán posiblemente a alcubillas (Las Moriscas, Fuenteveneno, El Pirulejo, La Cortigüela, Los Alamos o Fuente-zuela) y albercas (la del Puerto Algarrobo, la de Hoyo Olivo o la del Relenguillo).

La fuente que abastecería de agua para uso doméstico a la población musulmana bien pudiera ser el Chorrillo, por su cercanía a la fortaleza militar que se encontraba en El Muro, y en la zona de Arroyo de la Miel de El Nacimiento y el arroyo de la Miel.

Es fácil ya distinguir en esta época dos zonas de cultivo: los abarrancamientos de Benalmádena Pueblo y la zona más llana de Arroyo de la Miel. En la primera como ya se ha indicado encontraríamos, huertas y regadío; en la segunda, olivos, vid, cereales y almendros, es decir, una agricultura de secano, pero no por ello menos rica.

Prueba de la importante tradición musulmana en el sector hidráulico es el vocabulario que aún hoy seguimos utilizando al referirnos al agua: alcubilla, acequia, alberca, aljibe, batán. Estos son sólo algunos de los términos árabes que forman parte de nuestro legado cultural. No en balde en al-Andalus los jardines y huertos recibieron especial predilección como lugares de experimentación agrícola, botánica, y farmacopea. En este punto habría que subrayar la vinculación de Benalmádena a la figura de Ibn al-Baytar19, botánico y farmacólogo a caballo entre los siglos XII y XIII, que ¿por qué no? Bien pudiera haber regado sus plantas con el agua de Benalmádena.

La hidráulica musulmana en este municipio estaba estrechamente asociada a la vida campesina y al consumo doméstico; era en definitiva, un elemento comunal sabia y racionalmente explotado que produjo cambios en el paisaje benalmadense.

El sistema árabe de regadío casi sucumbe con la llegada de los cristianos: la mano de obra era menos abundante y éstos desconocían como utilizar y mantener los distintos elementos hallados (acequias, aljibes, norias,...) o simplemente nunca antes habían cultivado tan amplia variedad de hortalizas y árboles frutales. Así se fueron sustituyendo los cultivos de regadío por pastos, olivos y viñedos más asociados a la España cristiana. Benalmádena fue una tierra difícil de repoblar por lo que era frecuente el abandono y huida de la población castellana.

Ya en los repartimientos20 se hacen mención de algunos manantiales, arroyos, molinos...  y se habla de bancales y tierras de riego.


“Pedro Rodríguez Parejo con tres fanegas que le sobra de lo del Val del Cuher faltanle ocho y media, y una y media por la del arroyo de la Miel que falta que son”.

“En la otra ladera del Cerro Pelado fasta el arroyo Hondo que llegan al otro arroyo de Castellano fallose diez fanegas”
“... y por la quebrada abaxo fasta un mojón al arroyo de alamo sobredicho, es de Juan Portillo”.
“Contose la tierra que puso de majuelo fasta do nasce la fuente dos fanegas y media e tomo por falta de los vancales de merced por juramento de dos vesinos...”
“Diosele un higueral pequeño sobre el molino, que junta con el majuelo del alcaide”.
“Diosele un pedaço de tierra para majuelo encima a la fuente en que puede ver dos arraçadas sin medi...”
“Diosele una huerta baxo del molino, que ha linderos de un cabo de huerta...”
… y del otro la que hera de Anton Martín Crespo, y las otras dos en el llano de la isla de riego questa hacia el mar”.
“Diosele en arroyo de la Miel una haça de dos arrançadas de riego que ha lindero del uno cabo haça de Pero Rodrigues...”
Lo anteriormente descrito es sólo parte de aquello que los repobladores recibieron y que tanto trabajo les supuso mantener y explotar. Podemos afirmar que asistimos a una desertización no sólo demográfica, sino también de cultivos y ganado. Los cristianos no supieron beneficiarse de las infraestructuras creadas por los andalusíes y a duras penas produjeron alimentos para mantenerse. Sin embargo, en este panorama desolador se introduce una novedad, el cultivo de la batata, cuya renombrada calidad la convertirá en el motor de la economía benalmadense a lo largo del siglo XX21.
Sabemos de la existencia de molinos heredados de la época musulmana y posteriormente mandados a reconstruir por el Capitán General de la Costa del Reino de Granada, Conde de Tendilla, en 1505.
“yo he sydo ynformado que a cabsa que un molino que está en término de la villa de Benalmádena no está reparado y hecho de manera que puedan moler los vezinso de dicha villa reçiben mucho daño en yr a moler lexos de ally. Por ende mandad al dueño de dicho molino que dentro de un año, dende yo de la fecha desta, adobe tenga el dicho molino corriente y moliente...”22
En plena Edad Moderna encontramos en documentos notariales23 alusión al agua. El primer nombre que aparece relacionado es Sebastián de Cazalla, alcalde de Benalmádena en 1551, por quien se daría nombre a una fuente dentro del pueblo, Fuente de la Cazalla, que actualmente aún podemos visitar, aunque ya sin agua. (En documento de 1861, se reoge “... y parte de regadío con aguas del nacimiento de la Cazalla...”)

También se sabe de un molino24 “ de pan moler” en los extramuros y ruedos de Benalmádena, propiedad de Juan Salas López, y de otro llamado “de abajo”, propiedad de Ana Delgado y María Martín, supuestamente movidos por la fuerza del agua. Asimismo encontramos referencia a “la nueva acequia” en la calle de la Lomilla y a huertas que se regaban con aguas de repartimiento.

Ya inmersos en pleno siglo XVIII, José Baquero Luque recoge un documento de 1721 que nos habla de la Fuente del Quinto, propiedad de Don Carlos Rubira Osorio, prebendado de la catedral de Málaga.

En el catastro de Ensenada (1751) se habla de “en el término de esta villa hay tierra de regadío y secano”. Y que “...tan sólo hay en el término de esta villa dos molinos harineros de pan moler... Y, así mismo hay en el término de esta villa un molino de aceite...”, pero en este último la molienda se hace con caballos, por lo que podemos suponer que los de harina se movería con agua.

De Benalmádena Pueblo tenemos noticias de la autorización concedida a Cristóbal Zaragoza y Salvador González en 1753, para edificar un batán o fábrica de papel25. En 1758 Miguel Balbuena vende un batán de papel de estraza situado en el partido del Llanete (Castillo de las Aguilas) a Juan Salas que, a su vez, lo vende en 1783 a Juan José Saenz de Tejada. En 1780 Esteban de Ayora pide permiso para construir otro batán en el partido de los Quintos del que tenemos noticia hasta 1861.

El catastro de Floridablanca, de 1787, nos informa de dos fabricantes de papel. Por escritura de 1803 sabemos de la existencia de otro batán o batana que estaba situada, también en el partido de los Quintos, con una fuente y alberca propia, cuya existencia documentada se prolonga hasta 1852.

De Arroyo de la Miel no tenemos noticias de molinos hasta la llegada de Félix Solesio en 178426, lo que supuso una revolución en el uso del agua. Solesio encauzó las aguas de El Nacimiento, construyó una presa, seis molinos de papel, una tenería, acequias, acueductos, cauz27 y toda una infraestructura para abastecer de energía hidráulica a ñas ruedas de los molinos, de agua a la tenería, para regar los nuevos cultivos y para abastecer el consumo de su familia y de los obreros de las fábricas, jornaleros del campo, pastores y ganado.

Debemos admitir que en esta época la importancia del agua en la elaboración del papel trasciende su mero uso como fuerza hidráulica y pasa a ser por sus cualidades parte material del proceso mismo en distintas fases como la del remojo de los trapos viejos o la del pudridero (sin olvidarse de los necesaria que resulta circulando continuamente por las pilas para formar la pasta base)28.
Volviendo a Townsend, sin duda la descripción más interesante es la siguiente:

“En medio de la finca ha abierto una gran cantera con el doble propósito de abastecer de piedra y de dar salida a los manantiales. Estos son allí tan copiosos que de la boca de la cantera sale un río bastante grande que fluye con gran rapidez y riega, a su paso, más de mil acres de la tierra más fértil”.

De documentos relacionados con Félix Solesio se recogen el topónimo: Fuentes de las Doncellas y arroyo del Aneal, también documentado como arroyo de la Neá. Del primero desconocemos su ubicación.

Ya en el siglo XIX las referencias al agua son múltiples y variadas como aparecen, a continuación, en las citas; así tenemos alusiones a albercas, molinos de harina, de papel, trapiches o nacimientos de agua. En definitiva, el agua formaba parte fundamental de la vida económica del municipio en su doble función: como elemento indispensable para huertas y demás tierras de regadío y como fuerza energética para mover los molinos, especialmente de la industria papelera, que en este siglo inicia una rápida decadencia. Sin duda la descripción más afortunada sobre la Benalmádena del siglo XIX es la que hace el viajero inglés William Jacob29 cuando divisa por primera vez las tierras de Benalmádena:

“El campo, entonces, nos resultó encantador, y estaba bastante cultivado, por esto, la riqueza y la belleza son las características predominantes de la comarca de Benalmádena. Un arroyo de agua clara hacía girar a una serie de molinos dispuestos uno tras otro, apropiados para moler trigo o hacer papel. Y por la altura de la que desciende el arroyo, la fuerza de estos molinos es grandísima y proporciona un beneficio incalculable”.

En el Diccionario de Madoz30 se recoge que “... en dos extremos de la villa se encuentran dos nacimientos de aguas muy escasos, pero su calidad es bastante buena y sirve para los usos domésticos... la industria consiste en 2 fábricas de papel blanco ordinario, 3 de estraza y 2 molinos harineros”. Sin duda, los nacimientos aludidos son El Chorrillo y La Cazalla.

De Arroyo de la Miel describe una situación más calamitosa “... conteniendo algunas fábricas de papel blanco y de estraza, casi inservibles por falta de aguas... tiene un manantial de buenas aguas que nace junto al camino que dirige de Málaga a Benalmádena y Gibraltar por la Costa”. El manantial al que se refiere es El Nacimiento.

Las palabras de Jacob y de Madoz están corroboradas por algunos documentos de Archivo de Protocolos de Málaga que hacen alusión a molinos, batanes, nacimientos de agua y arroyos.

De 1861 encontramos que “Juan Ramos de Aguilar vende a renta por 8.000 reales a Manuel Navarrete Toledo, ambos vecimos de Benalmádena una fábrica de batán de papel de estraza...”

En 1862 “Felipe Castillo Ríos obliga por 4.000 reales a Antonio Urbeta Díaz, vecino de Benalmádena, una cuarta parte de un molino harinero, de nombre el de En medio, situado en el partido de Cantarranas del camino de Marbella”.

En un documento de 1862 se hace referencia a “... una fanega de riego con derecho esta a tres días de riego de agua en cada turno del nacimiento del Juncarejo...”

En una hipoteca de 1860 queda recogido “...y el resto del manchón con una casa choza, linde con otras de José Nieto, José Martínez y el Arroyo de la Víbora.

Así pues, la entrada de Benalmádena en la edad contemporánea está estrechamente vinculada al agua, motor de la economía agrícola y de la pequeña industria papelera del momento.

Casi la misma situación encontramos a principios del siglo XX: molinos y batanes movidos por la fuerza del agua. La industria papelera decae definitivamente y tan sólo permanece un molino de papel de estraza en Arroyo de la Miel, en calle cauce, y dos en Benalmádena siguiendo el curso de agua de El Chorrillo. Un molino de aceite ocupará una de las antiguas fábricas de papel, “el molino del Cubano”, que utiliza el salto de agua de “la Tajea” y que podemos ver actualmente en calle Ciudad de Melilla.

Dos fuentes abastecía a Arroyo de la Miel de agua potable; en la parte alta se tomaba del “Cao”, en la actual calle del Nacimiento, mientras que los vecinos del Bahondillo utilizaban la fuente Los Alamos, que quedaba a la altura de la urbanización Plaza Mayor en Calle Ciudad de Melilla. En Benalmádena, las fuentes siguen siendo las mismas: El Chorrillo y La Cazalla.

Además de los ya citados son muchos otros los nacimientos o alcubillas de agua que jalonan los campos del municpio: El Quejigal, El Olmedo, de la Curva, del Granadillo, Fuentezuela, El Juncarejo, El Canal, La Cortigüela, La Comenilla, Lo Marmejo, (todos en Benalmádena Pueblo) El Nacimiento, que da origen al arroyo de la Miel, La Fuente de la Salud, Alcubilla del Cortijo Mena, Cerros Gordos... (en Arroyo de la Miel).

Se aprovecharon los pozos existentes o se construyeron nuevos; el del Llano Ancho, de la Calerilla, de la Huerta Peralta, del Cortijo Mena, de El Catalán, Los Llanos. En algunos de ellos el agua era sacada por la fuerza de un burro que movía una noria como es el caso de los pozos de La Comba, Huerta Martín y de la Cazalla, esta última situada en lo que es actualmente la Clínica Montebello. En otro pozo de Huerta Martín también se llegó a utilizar para la extracción un molino de viento a principio de los años treinta del pasado siglo.

Estamos, por entonces, en una época en que Benalmádena aún vive principalmente de la agricultura y por tanto el agua es un recursos muy preciado, son decenas las albercas que los regantes utilizan para guardar el buen reparto que de ellas hacen los llamados “Alcaldes de agua”. Destacan las albercas de la Huerta Cazalla, Casablanca, La Zorrera, La Perla, El Viñazo, Santa Ana, Lo Lucas (en Benalmádena Pueblo) Huerta Martín, Huerta de Diego Hidalgo, Los Llanos, El Gamonal, Huerta Linares, El Jardín, La Fabriquilla, Cortijo Mena, Huerta Polvorilla, lo de Pepe Domínguez, Cerro Gordo, lo de José Contrera, lo de Don Vicente y la “patera”31 de la finca de Don Manuel Reing ubicada en una esquina de lo que actualmente es el lago del Parque de la Paloma en Arroyo de la Miel.

El pasado más reciente

A finales de los años sesenta se construye el lavadero público de Arroyo de la Miel en calle Cauce, hasta ese momento las mujeres del pueblo habían lavado en “el Cao”, que era la salida natural de las aguas de El Nacimiento y el inicio del arroyo de la Miel. Por la misma fecha se engalana la Plaza de España, también conocida por El Corralón, con una fuente monumental que, a su vez, daba agua potable a la población de la parte sur. (Con la remodelación posterior de la plaza en el 2003 esta fuente ha sido sustituida por un pilón). En la misma fecha se construye una fuente de agua potable en la confluencia de las calles Picasso y Sorolla, para los vecinos de Carranque.

Pero, sin duda, lo más destacable de la década de los sesenta y principio de los setenta es la canalización del agua de los manantiales de El Nacimiento en Arroyo de la Miel y del Quejigal y Las Moriscas en Benalmádena pueblo; y la construcción de la red pública de distribución de agua así como la posterior acometida a las viviendas de ambos núcleos, realizadas bajo el gobierno del alcalde Enrique Bolín Pérez-Argemí.

Con los inicios de la expansión urbanística en esta época se construyen los pozo de Solimar y Maritersa, para abastecer de agua potable a estas nuevas urbanizaciones: se va a iniciar, a partir de entonces, la competencia entre agricultura y turismo32.

El crecimiento urbanístico (principalmente hotelero) de inicios de los años setenta del siglo XX, ocasiona una demanda de agua cada vez mayor por parte de la industria turística, en detrimento de la agricultura. Con la canalización del agua y la desaparición de los cauces naturales o al aire libre, también se pierde la figura del Alcalde de aguas. (Algunos de estos últimos alcaldes fueron en Arroyo de la Miel: Francisco Márquez, José Márquez, Alonso Gambero; y Manuel Gambero, y en Benalmádena Pueblo: Rafael Soto, Tomás Balbuena, Lázaro Lara, Tomás Soto, Manuel Jiménez y José Jaime).

Se construyen, además, nuevas fuentes ornamentales para embellecer la localidad. En 1968, uniéndose a la ya existente de la La Plazoleta o Plaza de Andalucía, se inaugura una nueva fuente ornamental en la Plaza de España de Benalmádena Pueblo, la fuente “Niña de Benalmádena”, con una estructura de Pimentel, que desde ese momento, se convertirá en símbolo y referente del municipio.

A lo largo de la década de los ochenta y noventa del siglo XX, a instancias del ayuntamiento, nuevas fuentes ornamentales van surgiendo en distintas plazas y calles, como la del centro de Arroyo de la Miel, ya desaparecida, en la confluencia de las calles Blas Infante, Vicente Aleixandre y Avda. De la Constitución; la también desaparecida de la Plaza de Solimar; la fuente de C/Real en Benalmádena Pueblo; la más reciente en la Avda. Antonio Machado, llamada “Módulos en tiempo líquido” del escultor Antonio Yesa. Otras fuentes son la del Rincón del Sol, la de la plaza de la Iglesia de Arroyo de la Miel y la de la Plaza Olé.

También el agua es compañera y entorno de edificios municipales como las fuentes que reciben a los visitantes en el centro cultural Castillo del Bil-Bil, o la que podemos ver en los aledaños de la Casa de la Cultura. Incluso urbanizaciones privadas adornan sus plazas con el discurrir del agua (el caso de la Fuente de Benalmádena Norte, por ejemplo).

En la actualidad se hacen otros usos del agua. Además de innumerables piscinas, el agua forma parte de parques, jardines, calles y plazas para que los ciudadanos puedan disfrutar en los momentos de ocio, como el lago del Parque de la Paloma, el lago de la Biblioteca Municipal de Arroyo de la Miel, los lagos de la Avda Mare Nostrum o los de El Muro; y fuentes como la del recinto ferial33 o las ya citadas. No podemos olvidar algunas de las fuentes de agua potable, tan agradables a los transeúntes sedientos, como la fuentecilla de Avda. Juan Luis Peralta y las dos de El Muro o las tres de Avda. De la Constitución, situadas en el Parque de los Niños. También podemos beber agua en la Plaza de la Mezquita, en los nuevos aparcamientos de Carola III, o en la Plaza de España.

Se construyen nuevos depósitos de agua, ya tan diferentes a las verdes albercas, pues diferente es su cometido: se trata de almacenar agua para el consumo doméstico. Así, algunas urbanizaciones tienen su propio recipiente, como el depósito de la Calerilla, de la loma de lo Marmejo, de la Perla, del Cerro del Aguila, de la Serrezuela, de Torremuelle, de Maritersa o de Veracruz. Otros, construidos por el Ayuntamiento, son para el consumo general del municpio como el de la explanada del Tívoli, de la Avda. Pinoso, del Cerro del Viento, del Cerro de la Cruz, Carola III y Torrequebrada.

Proyectos para el futuro
En 1994 se crea la Empresa Municpal de Aguas de de Benalmádena, EMABESA, que desde ese momento gestionará el consumo, la distribución, provisión y reserva del agua pública. Algunos depósitos se ampliarán, (el del cerro de la Cruz) y otros se proyectan para una próxima construcción: Casablanca, Retamar y Santangelo.

En el 2003 se presentó el proyecto Fénix34, que contempla un conjunto de actuaciones cuyos objetivos son el aumento (en cantidad y calidad) del agua en todo el municipio, la garantía de su disponibilidad a medio y largo plazo y la mejora de toda una unidad hidrogeológica (Sierra Blanca), objetivos todos que afectan a varios municipios. El hilo conductor del proyecto es el agua, protagonista en cada una de las actuaciones que se llevarán a cabo.

Podemos concluir que en la actualidad el agua, además de ser un elemento de consumo doméstico, es para los benalmadenses un elemento decorativo, que puede relacionarse con la desaparición de las acequias y arroyos que regaban los campos de cultivo y con la construcción de hoteles, urbanizaciones y viales. En este cambio hacia la modernidad, apreciamos el agua en jardines, fuentes ornamentales, y lagos que recrean los momentos de ocio y sosiegan el espíritu de los hombre y mujeres de Benalmádena en su ajetrear diario.