domingo, 1 de noviembre de 2026

Niceto Alcalá-Zamora

                          NICETO ALCALÁ-ZAMORA Y TORRES

                              LA OCULTADA LEGITIMIDAD DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA

Fue un jurista de excepción, Letrado del Consejo de Estado, Académico, ministro de una monarquía envilecida, y puente y principal valedor de la Segunda República Española, de la que fue Jefe del Estado, injustamente minusvalorado y ocultado, representa, no obstante, la legitimidad civil de la República, a la que llegó sin privilegios familiares y con las únicas armas de ser un demócrata, leal y honesto ciudadano.

Nació en Priego de Córdoba en 1877, en el seno de una familia local, acomodada y tradicional, en la que su padre, Manuel, fue secretario del Ayuntamiento y el que lo orientó en sus primeros pasos, pues quedó huérfano de madre, Francisca Torres, con tres años. Hizo el bachillerato por libre en el Instituto de Cabra y se licenció en Derecho, también por libre, en la Universidad de Granada, con notas brillantes, en 1894, es decir, con diecisiete años, para doctorarse tres años después en la Universidad Central de Madrid, ganando en 1899, con el número uno, las oposiciones a letrado del Consejo de Estado. Ese mismo año contrae matrimonio con Purificación del Castillo Bidaburu, andaluza y natural de Priego como él.

En 1903 se unió al círculo liberal del Conde de Romanones, preboste del Partido Liberal durante el reinado de Alfonso XIII, obteniendo su primer acta de Diputado en 1905 por el distrito de la Carolina (el que sería su distrito) y figurando como secretario de Instrucción Pública en el gobierno de Canalejas, tras cuyo asesinato se sumó a la fracción democrática de Manuel García Prieto, en cuyo primer gobierno, 1917, figuró como Ministro de Fomento y posteriormente como Ministro de la Guerra en 1922, cargo del que dimitió por discrepancia con la política seguida con Marruecos. El golpe de estado de Primo de Rivera en 1923, amparado por el Rey, lo apartó de la Monarquía con la que rompió para fundar el Partido de Derecha Liberal Republicana junto con Miguel Maura en 1930, prometiendo en un resonante discurso en Valencia una República conservadora y respetuosa con la Iglesia.

En este mismo año formó parte del Pacto de San Sebastián, reunión de todos los partidos republicanos de España que acordaron diseñar una estrategia para acabar con la Monarquía, en donde fue nombrado jefe de su Comité Revolucionario, desde el que, triunfante en las elecciones, conminó a Romanones obligando a la salida del Rey de España. Caída la Monarquía, este comité, pasó a ser Gobierno Provisional y él su presidente.

Instaurada la República fue elegido Presidente Constitucional en 1931. Dotado en el cargo de amplias facultades institucionales,  discrepó con las políticas de Azaña, Presidente del Gobierno, por su legislación religiosa, la aprobación del estatuto catalán y la reforma del ejército, que configuraban una República que no era la suya. La caída de Azaña dio paso a un gobierno de derechas, que se apresuró a deshacer la legislación azañista provocando una fuerte protesta de los partidos progresistas, plasmada en la revolución de 1934. Alcalá Zamora no compartió nunca, las políticas de la derecha católica de Gil Robles al que se resistió a entregarle el poder, y que se vieron inmersas en la corrupción y los obligó a salir del Gobierno. Tras las nuevas elecciones de Febrero de 1936 en las que triunfó el izquierdista Frente Popular, la tensión entre la cámara y su presidente provocó la destitución de éste y la elección de Azaña.

Alcalá Zamora, aunque con visible disgusto, aceptó la resolución, pues su comportamiento con la República fue siempre escrupuloso y leal dado su carácter profundamente democrático. Nunca hizo un uso abusivo de sus atribuciones como presidente, pero sí personalista. Su personalidad era incompatible con la de Azaña al que no apreciaba, así como desconfiaba profundamente de Lerroux, y rechazaba a Gil Robles que nunca se identificó con el régimen republicano.

Alcalá-Zamora era extremadamente culto, destacó como un gran orador y un conversador ameno, aunque su estilo resultaba ya sobrepasado y recargado en sus años políticos. Además de abogado y jurista, perteneció a las Reales Academias de Ciencias Morales y Políticas, de Jurisprudencia y Legislación, y a la Real Academia Española. Dejó escritas algunas obras importantes como “Tres años de experiencia constitucional”, “Los defectos de la Constitución de 1931” e “Inventario objetivo de cinco años de República”, “El pensamiento del Quijote visto por un abogado”, así como sus “Memorias”, manuscrito perdido, robado y encontrado en 1977 objeto de variadas interpretaciones.

Depuesto como presidente se embarcó con su familia en un crucero por los países del norte de Europa en donde le sorprendió la guerra civil. Volvió a Francia, residiendo primero en Paris y luego en Pau, donde su mujer falleció por causa de un cáncer de laringe. Desde allí inició un viaje complicadísimo a su exilio en Argentina a donde tardó en llegar cuatrocientos cuarenta y un días.

Tuvo seis hijos de su matrimonio, el mayor de los cuales casó con una hija del General Queipo de Llano, a la sazón jefe de su cuarto militar como presidente de la República y figura destacada entre los golpistas que protagonizaron la caída de la República y la guerra civil. Dos de sus hijos combatieron en esta guerra a favor de la República, muriendo uno de ellos en un sanatorio en Valencia, y otro regresó a Francia para acompañar a su padre en el exilio argentino. Y tres hijas Pura, Isabel (que le acompañaron en su exilio) y Teresa que casó con un militar de la guardia civil.

En Buenos Aires vivió modestamente de sus colaboraciones periodísticas y de sus obras. No quiso volver a España en la que en 1941, el régimen de Franco, le impuso una multa de cincuenta millones de pesetas, incautándole todos sus bienes y privándole de su nacionalidad española.

Falleció, pobremente, en 1949, a los 71 años de edad, en un apartamento de la avenida Las Heras en Buenos Aires y sus restos se trasladaron a Madrid al panteón familiar, en el Cementerio de la Almudena, treinta años más tarde, en 1979 en la más absoluta reserva y con todo tipo de restricciones, que alcanzó hasta la negativa de autorizar a un sacerdote católico a realizar un responso conociendo su acendrada catolicidad. Y por supuesto sin recibir ninguno de los honores de estado que le correspondían como Jefe de Estado legítimo y constitucional. Su recuerdo también es reservado, apenas una discreta placa que evoca su paso por la Universidad de Granada, y una casa-museo en su pueblo natal de Priego de Córdoba, donada por sus hijas.

En 2013 el pueblo de Priego sufragó un busto suyo que se instaló en algún lugar del Congreso de los Diputados, y en 2021 el secretario de estado de Memoria Democrática entregó a sus nietas un documento que reconocía “su labor como presidente de la Segunda República y su contribución al desarrollo de los valores democráticos en España”, aunque no se concedió el homenaje público que merecía este Jefe de Estado, andaluz y de  pueblo, solicitado formalmente por sus seis nietos.

                                                                       Jesús Lobillo Ríos

                                               Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                               “benaltertulias.blogspot.com”

Bibliografía

Jiménez M. “El contraste en los entierros de la Transición” Cordópolis agosto 2026

Alcalá-Zamora N. “Asalto a la República”. La esfera de los libros 2011

Viñas A. “El gran error de la República”. Crítica 2021

Preston P. “Franco, Caudillo de España”. Grijalbo 1994


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