NICETO ALCALÁ-ZAMORA Y TORRES
LA OCULTADA LEGITIMIDAD DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA
Fue un jurista de excepción, Letrado
del Consejo de Estado, Académico, ministro de una monarquía envilecida, y
puente y principal valedor de la Segunda República Española, de la que fue Jefe
del Estado, injustamente minusvalorado y ocultado, representa, no obstante, la
legitimidad civil de la República, a la que llegó sin privilegios familiares y
con las únicas armas de ser un demócrata, leal y honesto ciudadano.
Nació en Priego de Córdoba en
1877, en el seno de una familia local, acomodada y tradicional, en la que su
padre, Manuel, fue secretario del Ayuntamiento y el que lo orientó en sus
primeros pasos, pues quedó huérfano de madre, Francisca Torres, con tres años.
Hizo el bachillerato por libre en el Instituto de Cabra y se licenció en
Derecho, también por libre, en la Universidad de Granada, con notas brillantes,
en 1894, es decir, con diecisiete años, para doctorarse tres años después en la
Universidad Central de Madrid, ganando en 1899, con el número uno, las
oposiciones a letrado del Consejo de Estado. Ese mismo año contrae matrimonio
con Purificación del Castillo Bidaburu, andaluza y natural de Priego como él.
En 1903 se unió al círculo
liberal del Conde de Romanones, preboste del Partido Liberal durante el reinado
de Alfonso XIII, obteniendo su primer acta de Diputado en 1905 por el distrito
de la Carolina (el que sería su distrito) y figurando como secretario de
Instrucción Pública en el gobierno de Canalejas, tras cuyo asesinato se sumó a
la fracción democrática de Manuel García Prieto, en cuyo primer gobierno, 1917,
figuró como Ministro de Fomento y posteriormente como Ministro de la Guerra en
1922, cargo del que dimitió por discrepancia con la política seguida con
Marruecos. El golpe de estado de Primo de Rivera en 1923, amparado por el Rey, lo
apartó de la Monarquía con la que rompió para fundar el Partido de Derecha
Liberal Republicana junto con Miguel Maura en 1930, prometiendo en un resonante
discurso en Valencia una República conservadora y respetuosa con la Iglesia.
En este mismo año formó parte del
Pacto de San Sebastián, reunión de todos los partidos republicanos de España
que acordaron diseñar una estrategia para acabar con la Monarquía, en donde fue
nombrado jefe de su Comité Revolucionario, desde el que, triunfante en las
elecciones, conminó a Romanones obligando a la salida del Rey de España. Caída
la Monarquía, este comité, pasó a ser Gobierno Provisional y él su presidente.
Instaurada la República fue elegido
Presidente Constitucional en 1931. Dotado en el cargo de amplias facultades
institucionales, discrepó con las
políticas de Azaña, Presidente del Gobierno, por su legislación religiosa, la
aprobación del estatuto catalán y la reforma del ejército, que configuraban una
República que no era la suya. La caída de Azaña dio paso a un gobierno de
derechas, que se apresuró a deshacer la legislación azañista provocando una
fuerte protesta de los partidos progresistas, plasmada en la revolución de 1934.
Alcalá Zamora no compartió nunca, las políticas de la derecha católica de Gil
Robles al que se resistió a entregarle el poder, y que se vieron inmersas en la
corrupción y los obligó a salir del Gobierno. Tras las nuevas elecciones de
Febrero de 1936 en las que triunfó el izquierdista Frente Popular, la tensión
entre la cámara y su presidente provocó la destitución de éste y la elección de
Azaña.
Alcalá Zamora, aunque con visible
disgusto, aceptó la resolución, pues su comportamiento con la República fue
siempre escrupuloso y leal dado su carácter profundamente democrático. Nunca
hizo un uso abusivo de sus atribuciones como presidente, pero sí personalista.
Su personalidad era incompatible con la de Azaña al que no apreciaba, así como
desconfiaba profundamente de Lerroux, y rechazaba a Gil Robles que nunca se
identificó con el régimen republicano.
Alcalá-Zamora era extremadamente
culto, destacó como un gran orador y un conversador ameno, aunque su estilo
resultaba ya sobrepasado y recargado en sus años políticos. Además de abogado y
jurista, perteneció a las Reales Academias de Ciencias Morales y Políticas, de
Jurisprudencia y Legislación, y a la Real Academia Española. Dejó escritas
algunas obras importantes como “Tres años de experiencia constitucional”, “Los
defectos de la Constitución de 1931” e “Inventario objetivo de cinco años de
República”, “El pensamiento del Quijote visto por un abogado”, así como sus “Memorias”,
manuscrito perdido, robado y encontrado en 1977 objeto de variadas
interpretaciones.
Depuesto como presidente se
embarcó con su familia en un crucero por los países del norte de Europa en
donde le sorprendió la guerra civil. Volvió a Francia, residiendo primero en
Paris y luego en Pau, donde su mujer falleció por causa de un cáncer de
laringe. Desde allí inició un viaje complicadísimo a su exilio en Argentina a
donde tardó en llegar cuatrocientos cuarenta y un días.
Tuvo seis hijos de su matrimonio,
el mayor de los cuales casó con una hija del General Queipo de Llano, a la
sazón jefe de su cuarto militar como presidente de la República y figura
destacada entre los golpistas que protagonizaron la caída de la República y la
guerra civil. Dos de sus hijos combatieron en esta guerra a favor de la
República, muriendo uno de ellos en un sanatorio en Valencia, y otro regresó a
Francia para acompañar a su padre en el exilio argentino. Y tres hijas Pura,
Isabel (que le acompañaron en su exilio) y Teresa que casó con un militar de la
guardia civil.
En Buenos Aires vivió
modestamente de sus colaboraciones periodísticas y de sus obras. No quiso
volver a España en la que en 1941, el régimen de Franco, le impuso una multa de
cincuenta millones de pesetas, incautándole todos sus bienes y privándole de su
nacionalidad española.
Falleció, pobremente, en 1949, a
los 71 años de edad, en un apartamento de la avenida Las Heras en Buenos Aires
y sus restos se trasladaron a Madrid al panteón familiar, en el Cementerio de
la Almudena, treinta años más tarde, en 1979 en la más absoluta reserva y con
todo tipo de restricciones, que alcanzó hasta la negativa de autorizar a un
sacerdote católico a realizar un responso conociendo su acendrada catolicidad. Y
por supuesto sin recibir ninguno de los honores de estado que le correspondían como
Jefe de Estado legítimo y constitucional. Su recuerdo también es reservado,
apenas una discreta placa que evoca su paso por la Universidad de Granada, y
una casa-museo en su pueblo natal de Priego de Córdoba, donada por sus hijas.
En 2013 el pueblo de Priego
sufragó un busto suyo que se instaló en algún lugar del Congreso de los
Diputados, y en 2021 el secretario de estado de Memoria Democrática entregó a
sus nietas un documento que reconocía “su labor como presidente de la Segunda
República y su contribución al desarrollo de los valores democráticos en
España”, aunque no se concedió el homenaje público que merecía este Jefe de
Estado, andaluz y de pueblo, solicitado
formalmente por sus seis nietos.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
Bibliografía
Jiménez M. “El contraste en los
entierros de la Transición” Cordópolis agosto 2026
Alcalá-Zamora N. “Asalto a la
República”. La esfera de los libros 2011
Viñas A. “El gran error de la
República”. Crítica 2021
Preston P. “Franco, Caudillo de
España”. Grijalbo 1994
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