jueves, 4 de noviembre de 2021
domingo, 31 de octubre de 2021
UNA HISTORIA DE FIEBRES
UNA HISTORIA DE FIEBRES
RECURRENTES
La malaria o paludismo es una
enfermedad que llegó a España hace unos dos mil quinientos años, lo que quiere
decir que, de hecho, constituye un mal endémico entre nosotros responsable de
diversas epidemias de variable mortalidad. Está producida por un parásito del
género plasmodium que transmite el mosquito anópheles a través de su picadura,
y que se desarrolla preferentemente en aguas pantanosas insalubres,
manifestándose clínicamente por la aparición de fiebres intermitentes, dolores
de cabeza y musculares, diarrea y decaimiento. Particularmente infortunada es
su localización cerebral.
En 1880 el médico militar francés
Charles Louis Alphonse Laveran (Paris 1845-1922), estableció el origen
protozoario de la enfermedad lo que le valió la obtención del Premio Nobel de
Medicina en 1907. En España los primeros trabajos sobre anofelismo se deben al
médico escocés Iam Macdonald en las minas de RioTinto, en Huelva, en el año
1900 y a los médicos españoles Francisco Huertas y Barrero (Cáceres 1847-Madrid
1933) y Antonio Mendoza (fallecido en 1918) que hicieron un estudio
pormenorizado de la enfermedad en Extremadura, en 1901.
En 1902 llega a Madrid a hablar
de paludismo en el XIV Congreso Internacional de Medicina el Dr. Gustavo
Pittaluga Fattorini (Florencia 1876-La Habana1956) discípulo del Prof. Giovanni
Battista Grassi (1854-1925 que había demostrado la transmisión de la malaria
por el mosquito anófeles), cuyos conocimientos despiertan el interés de
Santiago Ramón y Cajal, a la sazón director del Instituto Nacional de Higiene
Alfonso XIII. Pittaluga se nacionalizaría español en 1904 y en 1905 fue
nombrado jefe del Servicio de Desinfección de dicho Instituto, y en 1911
Catedrático de Parasitología y Patología Tropical de la Universidad de Madrid.
En 1920 se hizo cargo de la organización de la lucha contra el paludismo en
España, ejerciendo como representante español en los organismos internacionales
de esta lucha.
Uno de sus más destacados
discípulos fué el Dr. Sadi de Buen Lozano (1893-1936) miembro de una ilustre
familia de científicos: su padre fue el fundador del Instituto Español de
Oceanografía y su tío Luis Lozano Rey, Catedrático de Vertebrados de la
Universidad de Madrid, sus hermanos, Demófilo Catedrático de Derecho, Fernando
y Rafael oceanógrafos, Víctor ingeniero industrial y Eliseo también médico que
se doctoró con una tesis sobre el paludismo, y que colaboraron con él.
El Dr. Sadi de Buen se dedicó a
combatir la malaria a través de la investigación y de la práctica. Desde 1920
dirigió la fundación de 32 dispensarios antipalúdicos y en 1924 fundó y dirigió
el Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata. Con ayuda de su hermano
Fernando introdujo en España la “gambussia affinis” un pez carnívoro americano
que se alimenta de las larvas de los mosquitos, y que consiguió aclimatar en
las quebradas de Cáceres como agente preventivo. También hizo estudios sobre la
lepra y la leishmaniosis, otra enfermedad protozoaria propia de la península
ibérica. En 1931 fue nombrado Director General de Instituciones Sanitarias,
segundo cargo en la Dirección General de Sanidad que en aquel momento ostentaba
el Dr. Marcelino Pascua (Valladolid 1897-Ginebra 1977) que fue profesor de
Higiene en la Facultad de Medicina de Madrid y
diplomático del gobierno de la República.
También fue profesor en el
Instituto Nacional de Higiene el Dr.
Juan Gil Collado (Jaén 1901-1986) un experto en mosquitos que estudió la
distribución en toda España y en el norte de África, del mosquito anófeles,
procurando una cobertura inestimable a la campaña contra el paludismo desarrollada por el Dr. de Buen.
Con todas estas medidas, la gran
expansión del paludismo fue controlado en nuestro país después de las epidemias sufridas que
afectaron sobre todo a Extremadura, Cataluña y
los arrozales valencianos, siendo vehiculizados especialmente a través de
las obras del ferrocarril. Pero la Guerra Civil y sus intereses ideológicos frustraron
los avances conseguidos. El Dr. Pittaluga fue depurado y separado de la
Docencia en la famosa orden ministerial de febrero de 1939 y se exilió en Cuba
donde siguió trabajando. Igual suerte sufrieron los demás integrantes de la
familia de Buen, y lo mismo le ocurrió al Dr. Gil Collado que fue apartado de
la docencia e inhabilitado de forma perpetua para cualquier actividad oficial. Lo
peor fue lo del Dr. Sadi de Buen que encontrándose en Córdoba en viaje por sus
funciones de inspección, fue detenido el día 22 de Julio de 1936 y fusilado el
2 de septiembre sin que conste en ningún sitio las razones que pudieran, en su
caso, justificar esta acción.
Como consecuencia del abandono de
las medidas de control, la malaria, alcanzó un espectacular recrudecimiento
después de la guerra civil con un pico estremecedor en el año 1943 en el que
enfermaron 400.000 personas y murieron 1307 según estimaciones del Ministerio
de la Gobernación, lo que obligó a un gobierno de militares desbordados, a devolver
la lucha antipalúdica a un médico, en este caso, al Dr. Gerardo Clavero del
Campo (Soria 1895-Madrid 1972) Catedrático de Higiene y Sanidad, y Decano de la
Facultad de Medicina de Cádiz y Director de la Escuela Nacional de Sanidad, que
reinició la metodología de la lucha antipalúdica, y que, pasados otros 20 años
más, daría sus frutos al conseguir que la OMS declarara a España, en 1964, como
el último país de Europa libre de paludismo.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
sábado, 30 de octubre de 2021
NOTICIAS DEL ATENEO
jueves, 28 de octubre de 2021
domingo, 24 de octubre de 2021
DIRIGIR CON UN SOLO OJO
DIRIGIR
CON UN SOLO OJO
Rosa M. Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
La
tecnología 3D es utilizada en medios audiovisuales, como el cine. Depende de
dos imágenes, una para cada ojo, y ambas se combinan en el cerebro de quien las
ve, produciéndose entonces una capa extra de profundidad. Es decir que si sólo
se tiene un ojo, teóricamente es muy difícil dedicarse al oficio de director de
cine[1]. Sin
embargo, tenemos pruebas de que varios profesionales de la industria
cinematográfica hicieron magníficas películas a pesar de este hándicap. Todos
ellos eran tuertos. Todos trabajaron en producciones de Hollywood, si bien dos
de ellos: Fritz Lang (1890-1976) y André de Thot (1912-1979) se iniciaron en sus
países de origen antes de exiliarse a los Estados Unidos ―el primero en
Alemania; el segundo en Hungría― empujados por el auge del nazismo. Los
restantes: Raoul Walsh (1887-1980), John Ford (1894-1973), Nicholas Ray
(1911-1979) y Sam Fuller (1912-1997) nacieron en USA (como primera generación).
En total son seis los profesionales que presentamos, todos ellos elementos
clave para la historia del cine en general, y para el norteamericano en
particular.
Iniciamos la serie con el más veterano, Raoul Walsh, quien perdió su ojo (concretamente
el derecho) en un “accidente laboral”, es decir, durante uno de sus rodajes
mientras localizaba exteriores. En su
currículo encontramos unas ciento cincuenta películas como director,
destacándose en géneros como el western[2] y
el cine de aventuras; varias decenas como actor y otras tantas como productor y
escritor[3]. Hijo
de emigrantes irlandeses, con antepasados españoles ―su padre y tres hermanos
se habían fugado previamente de la cárcel, presos por sus actividades
subversivas contra el gobierno inglés― el futuro director, cuyo verdadero
nombre era Edward Walsh, nació en Nueva York. Desde su más tierna infancia fue
amigo de aventuras y, sin esperar a finalizar la escuela se embarcó para Cuba y
desde allí viajó a México, donde trabajó como domador de caballos. Sin embargo,
sus inicios en el cine fueron a través de uno de sus hermanos, ya iniciado en
este negocio, y su primer papel fue el de un mafioso en The Detective's Stratagem, producción muda de 1913. Tras varios
papeles secundarios el legendario David W. Griffith le contrató como ayudante
de dirección para la épica El nacimiento
de una nación (1915) dándole la ocasión de repetir, de nuevo al margen de
la Ley, como asesino del presidente Abraham Lincoln. Se casó tres veces, la
primera con una famosa actriz del mudo, Miriam Cooper (1891-1976). Su primera
película sonora como director fue El
mundo al revés (1929) y uno de sus mayores éxitos: Murieron con las botas puestas (1941). Durante la II Guerra
Mundial, rodó películas de guerra muy populares. Dirigió a grandes actores y
actrices como Gregory Peck, Gary Cooper, Clark Gable, John Wayne (quien le debe
su nombre artístico), entre otros. Su amor por la profesión la mantuvo hasta el
final. Contaba el famoso escritor Norman Mailer que para dirigir la película basada
en su novela Los desnudos y los muertos
(1958) sacaron a Walsh de la cama enfermo, prácticamente desahuciado. Fue
también uno de los 36 profesionales de la pantalla que en 1927 fundaron la
Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Su último trabajo, ya
septuagenario fue, cómo no, un Western: Una
trompeta lejana (1964). Dejó una biografía: Cada hombre en su tiempo y dirigió a la mítica actriz Theda Bara en
una primera versión de Carmen (1915).
Otro clásico es John Ford (¿hay alguien que no haya
visto La diligencia?). Irlandés de
origen como Walsh, introducido, como Wals en la industria del cine por uno de
sus hermanos había nacido en el Estado de Maine, su nombre era Jonh Martin
Feeney y utilizó varios nombres artísticos[4].
Comenzó trabajando en oficios varios: regidor, doble de acción, asistente,
entre otros, hasta debutar como actor extra coincidiendo con Walsh y Miriam
Cooper en El nacimiento de una nación.
No sería esta la única coincidencia con Walsh. Su primera película como
director fue The Tornado (1917), un
Western mudo en la que también figura como guionista, con su hermano Francis como
protagonista. Ford, como su colega Walsh, formó parte de los servicios
cinematográficos de la Armada realizando documentales. Incluso fue herido en
batalla. Firme antinazi[5], en
1937 se alistó en el Comité cinematográfico de Ayuda a la República Española
para ayudar a los republicanos combatientes en la Guerra Civil Española
(1936-1939). Se encargó personalmente de enviar una ambulancia con las Brigadas
Internacionales. Coincide también con su colega en haber mantenido amistad con
indios americanos. Dos no-coincidencias con su colega Walsh: su discapacidad
visual fue el resultado de una operación de cataratas mal curada y que siendo
el director que más Oscar acumula, ninguno de ellos es un Western[6].
Siguiendo el criterio
cronológico continuamos con el actor y director Fritz Lang. Nacido en la antigua Austro-Hungría y nacionalidad
alemana, como Friedrich Christian Anton Lang, las películas de su primera época
en el cine alemán mudo contribuyeron al expresionismo cinematográfico. Dirigió
películas mudas, hoy ya clásicas como Metrópolis
(1927) o M. el vampiro de Düsseldorf
(1931). A mediados de los años 30 se exilió en Hollywood, donde desarrolló una
intensa carrera, especialmente con títulos del llamado género negro. Como sus
anteriores colegas ya citados sirvió en el ejército durante la llamada Gran
Guerra de 1914, donde fue herido en 1916, año en el que durante su
convalecencia comenzó a escribir guiones de cine. Al contrario de los dos anteriores,
fue a la universidad y estudió arquitectura y bellas artes. Convertido en una
estrella en Alemania, en 1932 recibió la propuesta de Joseph Goebbels de
hacerse cargo de la dirección de los estudios de cine más importantes de
Alemania (UFA), una oferta como la recibida por el también director alemán
Kaspar Granhofer. En ambos casos fue rechazada por el mismo motivo: ambos eran
judíos y antinazis[7].
En ambos casos, la respuesta del poderoso Goebbels fue la misma: “Nosotros
decidimos quién es ario y quién no”. En ambos casos pusieron tierra por medio,
Lang huyó a Francia, donde hizo algunas películas, dejando a su segunda esposa en
Alemania, la también actriz y escritora Thea con Harbou, declarada pro-nazi.
Poco después dio el salto a Hollywood, donde dirigió varias decenas de
películas hasta que la mano negra del Comité sobre Actividades Antiamericanas
le empujó a viajar de nuevo a Europa, donde dirigió películas como El tigre de Esnapur (1958), La tumba india (1959) o Los crímenes del Dr. Mabuse (1960), su
última película. Como su colega Walsh, perdió su ojo derecho en un accidente
laboral mientras rodaba en 1922 El doctor
Mabuse.
Nicholas
Ray,
otro gran cineasta, nació en Wisconsin y fue el menor de cuatro hermanos. Se
llamaba Raymond N. Kienzie y su madre trabajaba en el mundo del espectáculo.
También estudió arquitectura, como Lang, en la Universidad de Chicago hasta
1932 que se trasladó a Nueva York y cambió su nombre por el de Nicholas Ray. Durante
la Gran Depresión de 1929 Ray estuvo trabajando en el Federal Theatre Project
(que formaba parte de la Works Progress Administration puesta en marcha por
Roosevelt). Se unió al folclorista Alan Lomax, viajando con él a través de la
América rural, recogiendo música del folklore tradicional y conociendo a
prestigiosos intérpretes como Pete Seeger[8]. Esta
música estaría presente en muchas de sus películas. Se unió después a un grupo
de teatro donde conoce al famoso director Elia Kazan, quien le contrata como
ayudante para la primera película de aquel en Hollywood: Lazos humanos (1945). La primera película como director de Ray fue Los amantes de la noche (1948) y al año
siguiente dirigió a quien sería su mujer: Gloria Grahame en El secreto de una mujer. A lo largo de
su carrera dirigió actores de la talla de Bogart, Wayne, Heson, Niven, O´Toole
o Anthony Quinn y actrices como Ava Gardner o Joan Crawford, por citar algunos
nombres. Sin embargo, ninguna de estas celebridades hizo huella en él como el
malogrado James Dean, a quien dirigió en Rebelde
sin causa, y con quien le unían varios lazos; por ejemplo: ambos habían tenido una infancia desgraciada
y eran dos adultos introvertidos. La prematura muerte en accidente de Dean, una
semana antes del estreno, marcó para siempre a su director. Dirigiendo en 1963
en España 55 días en Pekín sufrió un
infarto y ello fue el fin de su carrera, y un camino sin retorno entre el
alcoholismo y la ludopatía. Se casó en cuatro ocasiones. Dos de sus esposas
fueron actrices; Gloria Grahame y Betty Utey. Su última mujer, Susan Ray
escribió un ensayo con el título de La
autobiografía de Nicholas Ray y el escritor de cine Diego Galán publicó un
jugoso artículo en la revista Triunfo
en 1979 titulado: “Muere Nicholas Ray, el tuerto rebelde”, donde lo califica de
“extraño contradictorio y sugestivo (…) a quien la censura franquista había
vetado en varias ocasiones”[9]. Por
citar un par de títulos: Bigger than life
(Más poderoso que la vida), estrenada en 1956 y nominada al león de oro y We cant´go home again (Nunca volveremos
a casa) en 1973. Lo cierto es que Nicholas no era tuerto, pero fingía serlo y
se colocaba un parche en el ojo derecho si bien a veces, tras una de sus
resacas, se lo colocaba en el izquierdo.
Se le conoce por su nombre artístico André de Toth, pero su nombre real era
Sasvári Farkasfalvi Tóthfalusi Antal Mihály Tóth Endre. Nació en Hungría y
estudió Derecho en su país. André de Toth, a quien debemos piezas tan
significativas de su buen saber hacer como Los
crímenes del museo de cera (1953), El
rifle Springfield o Pacto de honor.
Sin embargo, como alguno de los colegas ya citados, se inició como escritor de
teatro, y de ahí al mundo del cine, trabajando como
escritor, asistente de dirección, actor y finalmente director: Toprini Nász, Öt ora, ambas de 1939. En Europa dirigió algunas películas, pero la
Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera. Huyendo del conflicto huyó a
Inglaterra, donde trabajó como asistente de su compatriota Alexander Korda. En
1942 se trasladó a Estados Unidos. Trabajó en películas de género, como el
western (Carson City, 1952), cine de acción
(Mercenarios sin gloria, 1968),
espionaje (Pendiente de un hilo,
1960), policiaco (Hidden Fear, 1957)
o terror, como Los crímenes del museo de
cera. Otros títulos de algunas de sus películas americanas: Aguas turbias, Semilla de odio (1944), Furia
del trópico (1949). Toth se casó en siete ocasiones (y tuvo 19 hijos). Su esposa
más famosa fue la estrella de los años cuarenta Verónica Lake.
Comprometido antinazi dirigió None Shall
Scape en 1944. Toth dirigió en 1947 un western: La mujer de fuego, a propuesta de John Ford, cuya protagonista
femenina era Veronica Lake, quien sería su mujer. Una de sus últimas películas
es Mercenarios sin gloria (1968), un
canto pacifista que puede resumirse en una de sus frases: “La guerra es un
negocio delictivo. La peleo con delincuentes”.
Finalizamos esta nómina de 6 con el director Sam Fuller, nacido en Massachusetts, e
hijo de inmigrantes judíos; sus padres fueron Benjamin Rabinovitch (ruso) y
Rebecca Baum (polaca). Su carrera profesional la inició como reportero para el New
York Graphic y después como escritor de novelas y guiones. Como varios de sus
compañeros participó en la Segunda Guerra Mundial, participando en varios
países: África, Sicilia, Normandía, Bélgica y Checoslovaquia, siendo varias
veces condecorado. Su experiencia militar le sirvió para algunos de sus
películas, especialmente en Uno Rojo,
división de choque (1980) o Casco de
acero (1951). Su debut como director fueron dos westerns: I Shot Jesse James seguido por Baron of Arizona (1950). En 1982 dirigió una película
antirracista: White Dog que no pudo
ser vista hasta 1991. En 1983 Fuller se mudó a Francia, donde rodó Les voleurs de la nuit (1984) y Street of No Return (1989). Su último
trabajo fue, La madonne et le dragon
(1990). También trabajo en varias producciones como actor. Su última aparición
fue en1997: The End of Violence, del
mencionado Wim Wenders. Estuvo casado en dos ocasiones, una de ellas la actriz
y escritora Christa Lang. Su hija, Samantha Fuller, es también actriz,
escritora y directora de cine, como también la hija de esta y nieta, Samira
Fuller. En 1957 fue guionista y director de la película Yuma, protagonizada por Sara Montiel.
EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA
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[1] Eso parecía, aunque según nuevas
investigaciones se podría ver simplemente a través de un agujero pequeño.
[2] Rodando en 1928 uno de ellos
titulado En el viejo Arizona perdió
el ojo,
[3] Rodadas durante la época muda y
posteriormente en el cine hablado.
[4]
Pappy, Coach, Uncle Jack, The Admiral, The Liberal Democrat at Republic Jack.
[5] En 1938 defendió el bloqueo a la
Alemania nazi y es nombrado miembro de la Liga Hollywoodiense Antinazi. Cuando
EE.UU. entró en la guerra capitaneó un grupo de cineastas que pidieron a
Franklin Roosevelt el boicot a la Alemania nazi y fundó un grupo de gente de
Hollywood al servicio de la Armada Americana, llamado Naval Field Photographic
Unit.
[6] Sus títulos: El delator (1935), Las uvas de la ira (1940),
¡Qué verde era mi valle! (1941) y El
hombre tranquilo (1952).
[7] En el caso de Lang, aunque el
padre era católico, la madre era judía (aunque convertida), lo que le convertía
a él en judío, porque el judaísmo se hereda por vía materna.
[8]Toda su obra se basa en
compromiso social y de defensa de los derechos humanos, lo que le valió una
persecución política (estuvo en prisión 1 año) por parte del Comité de Asuntos
Antiamericanos en 1951.
[9] Residió dos años en España.
Llegó a final de 1959 y se marchó en 1962. Aquí rodó Rey de reyes y 55 días en
Pekín.
jueves, 21 de octubre de 2021
domingo, 17 de octubre de 2021
EMILIA PARDO BAZAN
ELOGIO DE EMILIA PARDO BAZAN
Pese a que sus circunstancias
familiares excedieron a lo común, es de considerar que beneficiaron y
potenciaron de forma afortunada a una mente con una capacidad excepcional. Su
lucha denodada en pro de la libertad de las mujeres y de sus derechos
igualitarios con los hombres, la fundamentó en la calidad de su trabajo que
aventajó de forma manifiesta a muchos de sus antagonistas masculinos que no supieron
competir, superar ni perdonar su mayor competencia.
El condado pontificio de Pardo
Bazán fue un título que la Santa Sede concedió en 1871 a José Pardo Bazán y
Mosquera, diputado a Cortes y alcalde de La Coruña, por su defensa de la
Iglesia en la elaboración de la
Constitución de 1868, una vez puesto fin al reinado de Isabel II. En 1908,
Alfonso XIII concedió este mismo título a su hija Emilia Pardo Bazán y de la Rúa
Figueroa, nacida en 1851 en La Coruña y fallecida en Madrid el 1921.
Emilia recibió la mejor educación
posible por parte de su padre, un convencido de los derechos de la mujer, en un
tiempo en el que la mujer no tenía acceso a los medios educativos, disfrutando
de la atención de instructores privados cuando la familia radicaba en Galicia,
y de la influencia de los krausistas de la Institución Libre de Enseñanza los
inviernos que pasaba en Madrid, a través de los que llegó a los místicos y a
los clásicos.
Su temprano matrimonio en 1868 (a
los dieciséis años) no detuvo su formación intelectual, viajando por Europa y
viviendo en Francia con su familia. Con el nacimiento de su primer hijo en 1881
(tendría tres en su matrimonio), comienza a ser conocida como escritora
entrando de lleno en la problemática social de su época con la publicación de
“La tribuna” (1882) donde narra los altibajos de una líder obrera.
Simultáneamente estudia e introduce en España el naturismo como reacción al
romanticismo (“La cuestión palpitante” 1883) que, junto con “La revolución y la
novela en Rusia” (1887), en la que da a conocer a los autores rusos, la
convierten en una adelantada de la europeización del país.
Su presencia y repercusión social
hacen inviable la relación matrimonial que acaba disuelta de mutuo acuerdo, al no ceder ella a dejar su actividad intelectual
en 1888, prefiriendo continuar con su abundantísima producción literaria que,
al cabo de su vida comportarían veinte novelas, más de seiscientos cuentos, más
de mil quinientos artículos en un centenar de publicaciones (en España e
Hispanoamérica), crónicas de viaje, biografías, traducciones y algunas obras de
teatro, sobresaliendo especialmente en el ensayo literario y en la polémica.
Entre esta ingente labor cabe
destacar su novela “Los pazos de Ulloa”, publicada en 1888, y en la que describe la irresistible
degeneración de la rancia nobleza rural gallega, publicación que causó amplio
revuelo en su momento y cuyas tesis volvió a reafirmar un año despues en su
siguiente novela “La madre naturaleza”.
A la muerte de su padre en 1890
financió y dirigió el proyecto editorial “Biblioteca de la mujer” que publicó
once libros tratando de difundir ideas progresistas entre las mujeres, y así
mismo fundó una revista de pensamiento político social: “Nuevo teatro crítico”
con el mismo fin, y de la que fue única colaboradora. Criticó duramente la
educación que recibía la mujer española calificándola como una doma que
transmitía los valores de pasividad, obediencia y sumisión a sus maridos.
Aceptó el liberalismo del que hizo bandera con su comportamiento sin abandonar
por completo la discreción conservadora en un ejercicio de sincretismo personal
que le permitió sortear las insidias sociales.
Su defensa incansable en pro de la
presencia de las mujeres en las instituciones culturales la llevó a ser la
primera mujer responsable de la sección de literatura en el Ateneo de Madrid
donde fue admitida en 1905. Pero fue rechazada hasta en tres ocasiones por la
Real Academia Española y pese a toda la oposición misógina consiguió el
nombramiento de Catedrática de Lenguas Neolatinas en la Universidad de Madrid y
la designación como Concejera de Instrucción Pública por Alfonso XIII.
Jesús Lobillo
Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
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