miércoles, 1 de diciembre de 2021
TERTULIA DEL 1 DE DICIEMBRE DE 2021
lunes, 29 de noviembre de 2021
domingo, 28 de noviembre de 2021
Alejandro Magno
ELOGIO DE
ALEJANDRO MAGNO
Muchos de los grandes personajes
que se han hecho notar por sus logros, juzgados a veces como imperecederos,
encierran en su devenir acontecimientos muchos menos honrosos que solo son
visibles en las observaciones pormenorizadas, o no, que tratan de poner de
manifiesto los orígenes o las consecuencias de sus actos. Es el caso de
Alejandro Magno, posiblemente uno de los personajes más fascinantes de la
historia, un auténtico ídolo que suscita una admiración acrecentada por verdaderas hagiografías que han ido
rebajando paulatinamente los aspectos humanos de las flaquezas habidas en su
privilegiada capacidad para hacer historia.
Alejandro nace en Macedonia, en
el año 356 antes de nuestra era, hijo de Filipo II rey de Macedonia, un reino que
no tenía nada de bárbaro según el concepto en que lo tenían los griegos.
Recibió una educación exquisita en lo militar y en lo político de la mano de su
padre, y en lo intelectual del sabio griego Aristóteles. Desarrolló aficiones a
la música y a la caza. Físicamente era de tez y ojos claros, llevaba la cara
rasurada y una melena abundante y suelta con una raya en el centro, es decir un
joven atractivo al que solo le faltaba una adecuada estatura puesto que Alejandro
III de Macedonia, el deshacedor del nudo gordiano medía tres codos, es decir, no
alcanzaba el metro y medio de altura.
Obtiene una rápida maduración a
partir de sus veinte años en la lucha
terrible por el control del poder a la muerte violenta de su progenitor. Alejandro
elimina sin dudarlo a varios de los descendientes de los siete matrimonios
habidos por su padre, incluido su propio y recién nacido hermanastro y algunos
personajes influyentes y militares para aliarse con el resto del ejército al
que asegura y mejora sus condiciones económicas y se obliga a mantener las
promesas de expansión previstas.
Su demostrada capacidad militar y
estratega son heredadas, así mismo, de su progenitor y fue condición necesaria
para ser aceptado como jefe por las tropas ya acampadas previamente en espera
de la liberación de las ciudades griegas de Asia. Las batallas del río Gránico,
Isos y la toma de Tiro son tres hitos de
esta primera fase de su campaña liberadora que empezó con 22 años, después de
haber dejado sometidas a las ciudades griegas, algo que ya había llevado a cabo
ayudando a su predecesor.
La superioridad militar y técnica
de su ejército, basada en las unidades básicas de caballería y de infantería
dotadas de las famosas “sarisas” (lanzas de hasta 5 metros de largas),
extraordinarias en el ataque pero inútiles en el cuerpo a cuerpo, también
habían sido organizadas previamente.
Los éxitos obtenidos (y quizás el
mensaje que recibiera en el templo de Amón en el oasis egipcio de Siwa) liberan
en él unos deseos irrefrenables de poder que lo impulsan a una guerra de venganza contra los persas en
los que alternan los triunfos militares como el de la batalla de Gaugamela con
actos censurables como el saqueo del Palacio Real de Persépolis. Pero su afán
de poder no conoce límites y una vez eliminado Darío decide conquistar todo el
imperio persa lo que empieza a despertar recelos y oposición entre sus generales
que se conforman con el cuantioso botín ya obtenido y no desean una campaña tan
larga. Las rebeliones internas son
neutralizadas con dureza y se cobraron la cabeza de Filotas uno de sus más
próximos colaboradores y comandante de su caballería y lo que es peor la de su
padre el general Parmenion cuyo prestigio venía de sus servicios al rey Filipo.
Alejandro Magno se fue
orientalizando conforme avanzaba en su campaña y sus conquistas. Comenzó a vestir ropajes
persas, a adoptar sus costumbres y a admitir en la organización del ejército y
en el gobierno de las satrapías a los súbditos de este imperio conquistado, en
desdoro de sus compañeros macedonios. La gota que colmó el vaso ocurrió en una
cena en Samarcanda, uno de los últimos puntos de conquista, en la que se
suscitó una fuerte discusión entre los merecimientos de unos y otros con tanta tenacidad
que en un momento determinado con los ardores del vino Alejandro mató a Clito, “el
negro”, de una lanzada, uno de sus
principales amigos que, incluso, le había salvado la vida en la batalla de
Gránico.
Los complots contra su vida
aumentan pero mantiene la campaña alcanzando una gran victoria en la batalla
del rio Hidaspes, en la que murió como un presagio su caballo Bucéfalo, pero al
llegar al rio Beas la tropa macedonia con el veterano Ceno de portavoz, se
niega a seguir y le conminan a que continúe sin ellos. Alejandro pese a su
enfurecimiento se da por vencido. Dejaba atrás dieciocho mil kilómetros
recorridos en los últimos ocho años y unos setecientos cincuenta mil asiáticos
eliminados según las cifras oficiales, y la fundación de 70 nuevas ciudades,
cincuenta de ellas con su nombre.
Alejandro Magno ejercía una
atracción y un liderazgo indiscutible sobre sus soldados, a los que exigió
obediencia ciega y sometimiento absolutos, que imitaban su forma de cabalgar,
sus maneras de expresión y sus gestos. Todo en sus formas de administración fue
grande, grandes sus empresas, sus fiestas y su generosidad con una tropa a la
que enriqueció y permitió toda clase de desenfrenos, haciéndose famosos sus
excesos con la bebida.
La vuelta forzada por sus
generales marca uno de los mayores fracasos militares como lo fue la travesía
del desierto de Makran en la que perecieron las tres cuartas partes de la tropa
y que todavía hoy dudan sus estudiosos
si fue un error o un castigo por su comportamiento. Pero al llegar a
Susa Alejandro organizó una orgía monstruosa con juegos, música y un concurso
de beber vino puro que acabó con la vida de treinta y cinco de sus participantes,
fiesta que fue superada poco después con la organización de las bodas estivales, el festival más excepcional de
todos los que organizaría, en la que cerca de un centenar de sus oficiales
desposarían a otras tantas iranias de alta alcurnia en un intento notable por
darle cohesión y consistencia a su magna empresa.
El propio Alejandro tomó en esta
boda dos nuevas esposas, las persas Estatira y Parisátide por conveniencia
política para asegurar su reinado sobre los aqueménidas, al margen de la bactriana
Roxana considerada su verdadera esposa pero que carecía de estirpe real. Pese a
la existencia de amantes como Barsine, la reina amazona Talestris o la soberana
india Cleofis, su amor fue homosexual y perteneció a Hefestion, un
lugarteniente de su guardia que le acompañó durante toda su campaña hasta su
muerte en el motín de Opis, otra rebelión de sus tropas, ocurrida después de
las bodas, que Alejandro acalló con promesas y fiestas.
A partir de este momento
Alejandro ya totalmente orientalizado, se divinizó, un dios indiscutible e
inapelable que pasó rápidamente a la inmortalidad tras ser envenenado a sus 32
años de vida en el 323. Los cuatro
millones de kilómetros cuadrados conquistados fueron imposibles de mantener
unidos. Una vez eliminada su propia descendencia se declara la guerra de los
diácodos (generales) que se reparten sus conquistas destacando como
triunfadores, “los antigónidas” que fundaron esta dinastía y reinaron en
Macedonia, los “lágidas” que fundaron la dinastía ptolemaica gobernando Egipto
y los “seléucidas” que fundaron este imperio. Dos siglos más tarde todos ellos
serán provincias romanas.
Alejandro III de Macedonia,
Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto, Gran Rey de Media y Persia, más conocido
como Alejandro Magno ha pasado a la historia como un gran civilizador que
extendió la cultura griega, además de la destrucción y la muerte, por todo el mundo conocido en su época, pero
sus acciones no pueden considerarse ejemplares ni lo hacen un digno
representante de ningún tipo de edificación moral. De sus seguidores e
imitadores solo puede decirse que son pobres copias de un original plagado de
fantasías en cuyas supuestas virtudes no conviene recrearse.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
Bibliografía: Robin Lane Fox:“Alejandro
Magno Conquistador del mundo”.
Acantilado 2008.
jueves, 25 de noviembre de 2021
TERTULIA DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 2021
domingo, 21 de noviembre de 2021
LUISA CASATI
Luisa Casati:
la mayor
futurista del mundo
Rosa Mª Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
Del mismo modo que otras musas, como
Simonetta Vespucci, inspiró a Boticelli, o la cordobesa María Teresa López, la
musa más retratada por Julio Romero de Torres, la milanesa Luisa Casati,
marquesa por matrimonio, nacida en 1888, fue también musa e inspiración para
escritores como Colette, poetas como D´Annunzio, su amante, que la llamaba
«Coré» (como la diosa del inframundo griego) y «Divine Marquise» (en alusión al
Marqués de Sade); fotógrafos como Adolf de Meyer, Cecil Beaton o Man Ray, así
como diseñadores varios (posó con uno de los famosos vestidos Delphos de
Fortuny) como Elsa Schiaparelli o Coco Chanel, quienes diseñaron también para
su admirada Luisa. Ella misma afirmó: «Quiero ser una obra de arte viviente».
No era una belleza al
uso; era exageradamente alta, muy delgada y tenía unos ojos enormes, verdes,
pero saltones. En definitiva, nada hacía predecir que sería el modelo que
epataría a todos los que la frecuentaban. Ella misma se reinventó
convirtiéndose en la diva que llegó a fascinar a personalidades (nada
sospechosas de sorprenderse) como Pablo Picasso, y para ello creó su propio
look: se tiñó el pelo de un rojo rabioso, inmortalizado en las pinturas,
blanqueó su piel con polvos (recordemos el retrato de Isabel I de Inglaterra).
Sus ojos siempre aparecían sombreados de kohl negro, con pestañas postizas, e
incluso se colocaba sobre sus cejas otras de terciopelo negro. Para rematar el
maquillaje acostumbraba a utilizar belladona para mantener sus pupilas oscuras.
Además, acostumbraba a vestir con atuendos ad hoc: turbantes, plumas,
serpientes vivas a modo de collares (que inspirarán a Cartier) o trajes futuristas
(visualizar a Victoria Abril o Rosy de Palma desfilando con Gaultier).
Finalmente, acostumbraba a pasear por la calle, desnuda, bajo un abrigo de piel
y acompañada de dos guepardos amarrados con sendas correas enjoyadas. Arruinada
por sus excesos: sus caprichos pasaban por ser atendida por sirvientes desnudos
y sentaba a su mesa a maniquíes de cera como convidados de piedra. Algunas
fuentes apuntan que algunas de esas figuras servían de columbarios para las
cenizas de antiguos amantes.
Ella misma, como ya
adelantamos, fue «una obra de arte viviente». Murió en Londres pobre y con
pocos amigos en 1957, ciudad donde se había refugiado en los años 30 huyendo de
sus acreedores. Tampoco fue bien acogida en su Italia, la Italia fascista a la
que escandalizó. Desapareció, pues, «la mayor futurista del mundo», como la
definió Filippo Tommaso Marinetti, fundador del movimiento futurista. Murió
arruinada, como se ha dicho, pero, «antes muerta que sencilla», fue enterrada,
por voluntad propia, con sus pestañas postizas y, además, en compañía de su
perro pekinés disecado.
Su personalidad y sus
extrañas estéticas siguen inspirando a firmas como Dior, Chanel, Yves Saint
Laurent, Norman Norell, Alexander McQueen o Galliano y a diseñadoras como
Georgina Chapman o Carolina Herrera. Incluso la actriz, productora directora y
escritora británica Tilda Swinton, fotografiada por Paolo Roversi, se metió en
la piel de Luisa Casati para la revista Acne
Paper Sweden (2009). También encantó a pintores como Giovanni Boldini, Zuloaga,
Kees van Dondgen, Depero, Poiret o Fortuny.
Basadas en su figura,
actrices tan famosas como Vivien Leigth (la Escarlata O´Hara de Lo que el viento se llevó) en La Contessa (1965) y la no menos famosa
Ingrid Bergman (Casablanca, 1945),
protagonizaron películas inspiradas en la vida de la condesa. También ha
inspirado a cineastas como John Hanrahan, director del corto London and the Musse, estrenada en 2015,
protagonizado por la Keniana Victoria Savage.
En esta primera «Lady
Gaga» se dice que Gabriel d'Annunzio se inspiró para el personaje de Isabella
Inghirami[1] en
su obra Forse che si novelas de Michel Georges-Michel: Dans la fete de Venise (1922) y Nouvelle Riviera (1924).
En 2013, la editorial
italiana Rizzoli Libri publicó la novela La
Casati: La musa egoísta; y en 2020 se estrenó la ópera de Willwm Jeths
“Ritratto” sobre la vida de Luisa. La leyenda, pues, sigue
viva. El dandismo (en femenino) surgió con Casati con toda la capacidad de
estupor, excentricidad y el rechazo de toda forma de vulgaridad. Como diría un
francés: «Épatant».
EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA
“benaltertulias.blogspot.com”
“ateneolibredebenalmadena.com”
jueves, 18 de noviembre de 2021
TERTULIA DEL 17 DE NVIEMBRE DE 2021
SANDRA MARTINEZ CESPEDES expuso su obra y explicó sus modalidades de trabajo ante un aforo de 22 asistentes.
domingo, 14 de noviembre de 2021
LA "PAPISA" JUANA
LA “PAPISA” JUANA
Las acendradas costumbres y los
prejuicios arraigados en nuestra cultura popular hace que nos suene a oxímoron
el encabezamiento de este artículo porque no es posible de ninguna de las
maneras imaginables que una mujer pueda desempeñar las funciones de jefa
suprema de la Iglesia Católica, de la misma manera que sería difícil, aunque no
imposible, que lo fuera algún cardenal que no reuniera las más elementales
condiciones a que nos tienen acostumbrados a respetar.
Sin embargo, allá por el año
1255, en pleno siglo XIII, el dominico Jean de Mailly, compilador, hagiógrafo y
cronista católico, refiere el hecho de una mujer que había llegado a ejercer el
papado, en su “Crónica Universalis Mettensis”, e incluso previamente es posible
que otro dominico e inquisidor, Esteban de Borbón, lo mencionara entre los
muchos relatos de su obra “Tractatus de diversis materiis predicabilibus”
redactado hacia 1250. Sin embargo la narración que trascendió y que le dió
popularidad es la que publicó Martin de Opava (Martin el Polaco), otro
dominico, que en 1580 dio a conocer su “Crhonicon Pontificum et Imperatorum”.
Según refieren estas crónicas, la
que llegaría a “papisa”, fue una joven que se llamaba Juana, que había nacido
en 822 cerca de Maguncia, hija de un monje en cuyo hogar pleno de religiosidad
se formó estudiando a escondidas porque ello estaba prohibido a las mujeres,
siendo capaz de aprender griego para poder leer la biblia apenas traducida. Con
objeto de mejorar sus estudios ingresó como monje copista, ocultando su sexo,
con el nombre de Johannes Anglicus (Juan el inglés), bajo cuya condición viajó
por numerosos monasterios acrecentando su formación, hasta que recaló en Roma
donde su fama de erudito la llevó a convertirse en la secretaria particular del
papa León IV, a cuya muerte en 855 le sucedió a título de papa con el nombre de
Benedicto III o Juan VIII.
Dos años después en medio de una
procesión desde la Basílica de San Pedro a San Juan de Letrán, a la altura del
Coloseo, la “papisa” se puso de parto como consecuencia de sus secretas
relaciones carnales con el embajador Lamberto de Sajonia. Descubierto el engaño
de su sexo, el público enfurecido y poseído de una misoginia notable, la lapidó
en la calle, o bien, en otras versiones, se concede que murió a consecuencia
del parto.
Tras este escándalo manifiesto,
el Vaticano se obligó a tomar precauciones para que semejante hecho no volviera
a ocurrir a fin de evitar por todos los medios que una mujer pudiese controlar
la marcha de la Iglesia, aún sin especificar por qué motivo, dado que la
competencia demostrada por Juana superaba sus peculiaridades sexuales, y para
ello, y con el riesgo de anteponer las cualidades sexuales a las intelectuales,
puso en marcha una grosera y humillante verificación ritual de la virilidad de
los papas electos, consistente en sentar al futuro papa en una silla con el
asiento perforado (sedia gestatoria o stercoraria) por debajo de la cual el eclesiástico
más joven metía una mano para examinar manualmente los genitales del aspirante,
y asegurarse así de que era varón, y una vez comprobado que eran correctos,
exclamaba “duos habet et bene pendentes” (“tiene dos y cuelgan bien”).
Parece que este increíble control
detestable se mantuvo por varios cientos de años hasta cesar en el siglo XVI en
el que al parecer dejó de considerarse necesario, pese a que no se ha abjurado
de su más que cuestionable fundamento. Algunas guías turísticas afirman que la
silla, en mármol rojo, existe en los museos vaticanos aun cuando no recuerdo a nadie que afirme
haberla visto. De cualquier forma sería curioso que tras negar y borrar
concienzudamente todo rastro de la evidencia de la “papisa”, la silla
permanezca aún en nuestros días.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
“ateneolibredebenalmadena.com”








