domingo, 22 de noviembre de 2020

Renovarse o morir

                                                     RENOVARSE  O  MORIR

 

La microbiota es el último hallazgo funcional de nuestra fisiología que ha sido elevada a la categoría de auténtico órgano, al que cada vez se le involucra más en las responsabilidades de nuestro desarrollo vital. Consiste en el trabajo aunado de las capacidades conocidas del tejido conjuntivo, y las cada vez más desentrañadas de las bacterias que conviven en nuestro organismo.

El tejido conjuntivo conforma el armazón global de nuestra economía y vigila, a través de nuestra piel, su integridad defendiéndola de todas las agresiones biológicas o tóxicas, e incluso repara los desperfectos causados gracias a su capacidad reconstructora (la cicatrización).

Las bacterias fabrican enzimas, vitaminas y metabolitos, necesarios a nuestra economía que permiten la digestión de los alimentos, mejoran el desarrollo de nuestros mecanismos defensivos y facilitan la regeneración de nuestros elementos envejecidos y obsoletos.

Este acuerdo de colaboración conjuntivo-bacteriana que llamamos microbiota tiene su asiento en el área esplácnica o territorio intestinal, en el que por cada cien mil millones de células conjuntivas presentes existen cien billones de bacterias. Mediante esta colaboración o perfecta simbiosis, los principios activos fabricados por estas bacterias son transmitidos gracias a la ubicuidad del tejido conjuntivo a todos los puntos en que se precisa su actuación. De esta forma, todo aquel elemento orgánico que se altera por una agresión o simplemente por envejecimiento y decrepitud va a solicitar la activación, es decir, la inflamación, del tejido conjuntivo que  acudirá en su auxilio a colaborar en su reparación con todos los elementos necesarios.   

La microbiota se asegura su contacto con el exterior a través del tracto intestinal o tubo digestivo que se constituye como la mayor superficie de comunicación externa de todo el organismo: unos 300 ó 400 metros cuadrados, considerando su superficie total con las vellosidades desplegadas.  Existen otras  microbiotas como la vaginal, la oral, nasal, auditiva e incluso prepucial, y todas ellas tienen un papel  beneficioso en este triple carácter metabólico-defensivo-regenerativo.

En el intestino se ha estudiado la existencia de entre 500 y 1000 especies distintas de bacterias que se pueden resumir en dos clases: las nativas que viven permanentemente en él, y las de tránsito. Las nativas se adquieren al nacer y en el primer año de la vida, y son un tercio del total. Al nacer, el niño, adquiere, de la microbiota vaginal de la madre, sus primeras bacterias. Las de tránsito se adquieren diariamente con la comida y la bebida.

Estas bacterias de tránsito una vez conocidas y reconocidas quedan marcadas por unas huellas desarrolladas específicamente para su reconocimiento. Hay estudios realizados que demuestran estadísticamente que en las casas en las que existe un “exceso de higiene” como resulta de la utilización de lavavajillas o un excesivo cambio de sábanas, las rinitis alérgicas son mucho más frecuentes por la ausencia de estas huellas.

El conocimiento profundo de nuestra microbiota se hace cada vez más necesario si queremos que la fabricación de tejido inmunológico y sustancias tróficas reparadoras se lleven a cabo en cantidad suficiente Tengamos presente que enfermedades como la demencia senil o el Alhzeimer, e incluso las enfermedades vasculares son  beneficiarios de esta actividad.

Para mejorar el estudio pormenorizado de cada microbiota individual se precisan análisis y cultivos de cada individuo a fin de establecer los déficit y excesos de cada paciente. De investigaciones hechas combinando enfermedades intestinales con cultivos de microbiota,  alimentación y cambios observados, se obtuvo la conclusión aproximada de que una dieta caracterizada por nueces, frutas,  vegetales y legumbres, moderación de alimentos derivados de animales como pescado, carne magra, aves de corral, y la disminución de carnes rojas, a lo que se pueden añadir los lácteos y una copa de vino tinto, se asocian beneficiosamente con el ecosistema intestinal.

Mientras no dispongamos en la práctica habitual de estas exploraciones clínicas todo aquello con lo que alimentemos nuestra microbiota tiene un impacto importante en nuestra salud, mientras mejor la alimentemos más saludables estaremos. La clave para conseguirlo es nutrir equilibradamente las mil especies diferentes de bacterias que viven con nosotros.

Para las bacterias que nos acompañan permanentemente  les daremos lo que les gusta, es decir, los prebióticos, que son las fibras vegetales que constituyen su alimento y que van desde los espárragos hasta los puerros.

Y para todas  las demás debemos de añadirles bacterias vivas directamente, o sea, probióticos que contienen organismos vivos que se añaden a nuestra población de microorganismos saludables y que se encuentran en el yogurt, el chucrut, actimel o el kéfir.

La renovación de nuestras estructuras es necesaria e imprescindible en todos los momentos evolutivos de nuestra vida pero muy especialmente en los años postreros y si pese a todo no conseguimos que nuestra microbiota equilibre la excesiva demanda de reparación, antes de llegar al fracaso vital, debemos tratar de acortar la actividad de los grandes hitos demandantes de inflamación, de manera muy concreta  la depresión, cuya influencia aumenta progresivamente con la edad.

No sabemos si esta depresión tiene su origen exclusivamente en la regresión y desgaste del tejido nervioso o de qué parte de él, pero sí sabemos que su intensidad se relaciona con las condiciones socioeconómicas de los individuos, y que su mejora revierte directamente sobre la calidad de vida de todos  y sobre la supervivencia de los mayores.

 

Jesús Lobillo Ríos

Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

domingo, 15 de noviembre de 2020

LEONARDO DA VINCI

LEONARDO DA VINCI: EL HOMBRE Y SU TIEMPO

Rosa M. Ballesteros García. Historiadora

 

1.      El contexto histórico, social y político

Uno de los especialistas sobre da Vinci escribió que Leonardo «siempre defendió mostrar al hombre y no al genio, al aprendiz y no al maestro, al Leonardo de sus errores y sus fracasos». Por ello voy a desarrollar esta charla siguiendo esta prioridad. Por otra parte, como historiadora, siempre planteo que, para abordar la vida de cualquier personaje, o de algún acontecimiento relevante es imprescindible contextualizarlo para entenderlo, cosa que no resulta nada fácil. En el caso que nos ocupa, la figura del italiano Leonardo, nace en un contexto como fue el Renacimiento, que se inicia con la Caída de Constantinopla en 1453.

 

2.      El Renacimiento

Es un fenómeno cultural iniciado con la Edad Moderna que retoma los principios de la antigüedad Clásica, pero actualizándola. Sin renunciar a la tradición cristiana, sustituye la omnipresencia de lo religioso por el aumento y afirmación de los valores del mundo y del ser humano. Este movimiento se produjo en Europa Occidental durante los siglos XV y XVI, teniendo como foco difusor Italia (XIV). Fue un período de transición entre la Edad Media y los inicios de la Edad Moderna y sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias, tanto naturales como humanas. La primera persona que utilizó el término fue el historiador y artista Giorgio Vasari, quien consideraba a la cultura medieval como un arte de «bárbaros».

La característica que define este movimiento es el humanismo, que entiende que las ideas tienen como centro y foco de atención principal al hombre. En otras palabras, es el paso del teocentrismo medieval al antropocentrismo renacentista. En esta nueva etapa se planteó una nueva forma de ver el mundo y al ser humano, con nuevos enfoques en los campos de las artes, la política, la filosofía y las ciencias, situando al hombre como centro universal. No fue un fenómeno unitario, tanto desde el punto de vista geográfico como cronológico, si bien se hizo efectivo en la cultura europea con el centro difusor en Italia, como ya he adelantado, para expandirse progresivamente a los países de la América recién descubierta, hito que inaugura lo que conocemos como Edad Moderna.

Características del Renacimiento:

·         la consolidación de los estados europeos,

·         los viajes transoceánicos que pusieron en contacto a Europa y América,

·         la descomposición del feudalismo

·         el ascenso de la burguesía

·         la afirmación del capitalismo

Tras esta pequeña introducción pasamos a presentar a nuestro personaje.

3.      Datos biográficos

Leonardo da Vinci (Leonardo di ser Piero da Vinci), nació en Vinci, el 15 de abril de 1452 y murió en la ciudad francesa de Amboise el 2 de mayo de 1519. Leonardo fue un polímata (del griego μανθάνω (aprender) y πολύ (mucho) ―es la sabiduría que abarca conocimientos sobre campos diversos de la ciencia, el arte o las humanidades―. Fue a la vez anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta, urbanista y pintor… y aunque parezca inverosímil fue un autodidacta, porque no pasó por la Universidad y quizás esta circunstancia sirviera como acicate para su gran curiosidad por descubrir cosas y de esta forma, en mi opinión, se distanció del narcisismo de tantas criaturas que se consideraban (y se consideran) genios. En opinión de la psiquiatra y psicoanalista Marie-France Hirigoyen: «se creen genios por encima de la línea de flotación».

Leonado se opuso al concepto de «belleza ideal», de canon, defendiendo la imitación de la naturaleza con fidelidad, sin tratar de mejorarla[1]. Contempla la fealdad y lo grotesco, como en sus dibujos de personajes deformes y cómicos, considerados las primeras caricaturas de la historia del arte. Al parecer, tuvo dificultades intentando aprender latín y griego, los idiomas cultos, y la llave de acceso a la cultura filosófica neoplatónica que dominaba Italia y parte de Europa. Leonardo escribió la mayor parte de sus escritos en toscano, un dialecto florentino, pero escribía al revés, como visto por un espejo (escritura especular). Quizás, en mi opinión, todas estas particularidades, tan diferentes a otros grandes artistas, han hecho de él un mito, el par inter pares; dicho de otra forma, un genio que sobresale por encima de otros genios, a pesar de que el mismo se definía como «un discípulo del experimento». Entre sus maestros Leon Battista Alberti, también hijo natural, elegante y deportista; o también el matemático, médico, astrónomo y geógrafo Paolo Toscanelli.

Su vida personal es en gran parte un misterio; apenas han llegado indicaciones acerca de sus costumbres, gustos o defectos. Se sabe que era estrictamente vegetariano, por sus cartas y escritos sobre anatomía, en los que llama a los omnívoros «devoradores de cadáveres». Fue inconformista, pues nunca estaba contento con lo que pintaba. Buena parte de sus biógrafos apuntan que fue homosexual, señalando entre sus amantes al también pintor Gian Giacomo Caprotti (Salai), uno de sus discípulos, que sirvió como modelo para su San Juan Bautista, o Jacopo Saltarelli, un aprendiz de orfebre. Elizabeth Abbott, en su Historia del celibato sostiene que, aunque Leonardo era probablemente homosexual, el trauma del caso de la sodomía lo convirtió al celibato para el resto de su vida. El tema fue ampliamente estudiado por Freud. Otros intentos más recientes para psicoanalizar a Leonardo se discuten al final del libro de Bradley Collins Leonardo, el psicoanálisis y la historia del arte. Lo cierto es que Leonardo permaneció soltero y sin hijos.

Tras pasar su infancia en su ciudad natal, Vinci, localidad de la provincia de Florencia, en la Toscana, Leonardo estudió con el pintor florentino Andrea de Verrocchio, aunque sus primeros trabajos de importancia fueron creados en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza. Esta fue, en opinión de uno de sus biógrafos, Charles Nichols, el fin de su infancia para adentrarse en un «mundo competitivo, urbano y adulto de su padre, un mundo de gremios, contratos y fechas de entrega en el que nunca llegará a encajar». Trabajó a continuación en Roma, Bolonia y Venecia, y pasó los últimos años de su vida en Francia, por invitación del rey Francisco I. Murió acompañado de Francesco Melzi a quien legó sus proyectos, diseños y pinturas.

Prototipo de hombre del Renacimiento, Leonardo fue el hijo ilegítimo de Piero Fruosino di Antonio, noble y embajador de la República de Florencia, y de una joven campesina llamada Caterina di Meo Lippi. Su madre se casó con un hombre de la localidad y tuvo cinco hijos. Su padre, por su parte, se casó hasta cuatro veces y tuvo doce hijos reconocidos. Leonardo vivió en la casa paterna en Vinci. Sin embargo, nunca fue reconocido como hijo legítimo por su padre y según varias fuentes el hecho le hizo sentirse excluido de por vida. La educación de Leonardo da Vinci fue, precisamente, en el municipio florentino de Vinci. Allí aprendió los conocimientos básicos de lectura, escritura y aritmética porque al ser un bastardo no se le permitió estudiar en la Universidad, así que podemos decir que fue un autodidacta. En lenguaje actual, no estuvo lastrado de esa «titulitis» que a veces nos hace caer en ciertos prejuicios. Su mayor virtud fue la curiosidad. Por el contrario, su punto débil fue la bipolaridad que le impidió, por el déficit de atención que ello comporta, finalizar muchas de sus obras o inventos. Siempre se consideró más científico que artista. El oficio de pintor lo consideraba el más insignificante de sus talentos, por debajo incluso del musical. En general, muchos de sus biógrafos coinciden en que la suya era una inteligencia expansiva (todo es una continuidad de causa y efecto). Una gran parte de tener una mentalidad expansiva es creer que la inteligencia y talentos naturales no determinan el éxito o el fracaso. Es el paradigma que nos dice que «todos podemos ser líderes», en lugar del paradigma común que afirma que el «liderazgo es para unos pocos elegidos». Un ejemplo contrario, por ejemplo, fue Miguel Ángel, que tenía una inteligencia concentrada (en un solo punto). Cristián Gálvez, en su biografía utiliza la siguiente metáfora para retratar al genio: «su cabeza era una creativa olla a presión».

Da Vinci pronto manifestó inquietud por la naturaleza. Su curiosidad le llevó a pintar seres mitológicos inventados por él mismo, inspirados en sus observaciones. Su voluntad de representar la realidad se puede contrastar en su técnica del óleo, que le permitía transmitir auténtica sensación de vida en sus obras. Da Vinci definió al color como algo propio de la materia y confeccionó la siguiente escala de colores básicos: primero el blanco como el principal, ya que permite recibir a todos los demás colores; después el amarillo para la tierra, verde agua, azul cielo y rojo fuego. Por último, el negro para la oscuridad, ya que es el color que nos priva de verlos a todos. Con la mezcla de estos colores obtenía todos los demás. Por primera vez en la historia se habla de los colores primarios y secundarios.

Su primer biógrafo, Giorgio Vasari, afirmó que el padre de Leonardo quedó aterrado a la vez que fascinado por uno de los dibujos que pintó el joven Leonardo. Conocedor del enorme talento del joven, su padre preguntó al artista Andrea del Verrocchio si su hijo podría dedicarse a la pintura. Ante la afirmación de este, Leonardo ingresó en su taller como aprendiz en 1469. Orfebre, herrero, escultor y pintor, Verrocchio trabajó para la familia Medici. En su taller, Leonardo aprendió desde las técnicas de dibujo y pintura hasta la base de la química, pasando por técnicas de grabado y de escultura. Se piensa que, durante estos años, Leonardo también aprendió música y las primeras nociones sobre anatomía en el taller de Antonio Pallaiuolo, que se encontraba cerca de Verrocchio. Después de los seis años que pasó como aprendiz, Leonardo montó su propio taller en Florencia.

La acusación (al parecer falsa) de sodomía en que se vi involucrado le impulsó en 1482 abandonar Florencia para asentarse en Milán. Allí, se presentó ante Ludovico Sforza, duque de Milán, que pasó a ser su mecenas. Permaneció en su corte durante 17 años como ingeniero. Cuando este cayó, fue a Venecia y en 1500 volvió a Florencia para trabajar al servicio de César Borgia y unos años más tarde, en 1506, se trasladó de nuevo a Milán. Durante este periodo desarrolló un especial interés en la ciencia, aunque continuó con su faceta de pintor, y en 1513 se mudó a Roma, al servicio del papa León X. Finalmente, El rey de Francia, Francisco I, instaló a da Vinci en el castillo de Clos-Lucé, cercano a la localidad de Amboise, donde pasó los últimos años de su vida. El 2 de mayo de 1519 Leonardo murió a los 67 años. Sus restos descansan en la capilla de Saint Hubert, en el castillo de Amboise. Esta es, a grandes rasgos, su biografía.

 

4.      Autorretratos de Leonardo

 

Leonardo de Vinci era atractivo, bien proporcionado, elegante y agraciado. Vestía una túnica rosa hasta la rodilla en un momento en que la mayoría llevaba túnicas largas. Tenía un hermoso cabello rizado, cuidadosamente peinado, que le llegaba la mitad del pecho (descripción del Manuscrito de la familia Gaddi, recopilado en 1540). Nadie puede asegurar, hasta el momento, cuál es su retrato a pesar de las distintas representaciones que se conservan. El imaginario colectivo lo identifica con la figura del anciano de larga barba porque estamos acostumbrados a ver a través de los ojos del arte (el mito visual). Para el mitólogo Roland Barthes la producción del mito es el mecanismo fundamental por el cual el ser humano ha llegado hoy a considerar lo históricamente construido como algo naturalmente dado. La pintura al temple sobre madera de álamo, ​muestra el busto de un hombre en primer plano, vestido con una prenda oscura y un gorro con una pequeña ala hacia arriba. La piel del hombre es pálida, sus ojos azules y su cabello y barba canosos. Es claramente, un hombre europeo, de aspecto mediterráneo, probablemente italiano. La figura está colocada sobre un fondo oscuro, siendo iluminada desde la parte izquierda. La mirada de la figura se vuelve hacia el espectador. La identificación de este retrato como uno de Leonardo da Vinci se basa en la comparación con otras tantas representaciones del artista, incluido un retrato muy similar en los Uffizi,​ el retrato de tiza roja en Turín, el otro retrato de tiza roja de Francesco Melzi en Windsor y otros de similar factura, como el que pintó Rafael Sanzio en su célebre fresco La escuela de Atenas. Esto llevó a los expertos a desestimar la idea inicial de los dueños originales de que se trataba de un retrato de Galileo Galilei, confirmando que era un retrato de Leonardo da Vinci.

5.      Luces y sombras de Leonardo

Muy repetida es la frase de Bernardo de Chartres, filósofo neoplatónico del siglo XII, recogida por Juan de Salisbury, que «somos como enanos a hombros de gigantes», aunque la cita suele atribuirse a Isaac Newton. Sobre esta cuestión, es decir, sobre los «hombros» en los que se apoyó Leonardo, vamos a recordar a unos cuantos maestros antecesores del genio florentino. Su legado se estudia a partir de las 6.ooo notas con un alfabeto secreto que sólo se puede leer aplicando un espejo (conservadas en 10 cuadernos o códices).

Antes de abordar este legado y a propósito de la presencia de códices de Leonardo en España durante los siglos XVI XVII, estos datos se conocen gracias al escultor italiano Pompeo Leoni, que fueron traídos por él desde Milán, a instancias de Felipe II, para incorporar a su biblioteca de El Escorial. Las historiadoras del arte Victoria Soto Caba (UCM) y Palma Martínez-Burgos García (UCLM) han puesto al día el nombre de los ingenieros que estaban a su servicio. De hecho, Leoni estaba muy bien relacionado con los ingenieros españoles. Consideran estas profesoras que muchos de los códices de Leonardo que estuvieron en España fueron conocidos por personajes de la corte española y al estar en la Biblioteca Real pudieron ser consultados por los artífices que trabajaron para los monarcas Felipe II, Felipe III y Felipe IV, como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora, Teodoro Ardemans y Domingo García, para quienes la lectura de esos códices serviría en sus proyectos y en su interés por la hidráulica.

6.      Los genios antecesores

Mariano di Jacopo detto il Taccola (1382 - 1453) («Cuervo»). Fue un administrador, artista e ingeniero italiano de principios del Renacimiento. Taccola es conocido por sus tratados tecnológicos llamado De ingeneis y De machinis, que contaba con dibujos anotados de una amplia gama de máquinas y dispositivos innovadores. El trabajo de Taccola fue ampliamente estudiado por otros ingenieros y artistas renacentistas, entre ellos Francesco di Giorgio, y quizás incluso Leonardo da Vinci.

Marco Vitrubio Pilión (c. 80 a.C-15 a.C.). Fue arquitecto de Julio César durante su juventud, y al retirarse del servicio entró en la arquitectura civil, siendo de este periodo su única obra conocida, la basílica de Fanum (en Italia). Es el autor del tratado más antiguo sobre arquitectura que se conserva y el único de la Antigüedad clásica, De Architectura, en 10 libros (probablemente escrito entre los años 27 a. C. y 23 a. C.). Inspirada en teóricos helenísticos

Abu l-Qāsim Abbās ibn Firnās (Ronda, Málaga, 810-Córdoba, 877). Fue un precursor de la aeronáutica y un proto-humanista, científico y químico andalusí nacido en una familia de origen bereber cuyos ancestros participaron probablemente en la conquista de la Península.​ Vivió en la época del Emirato Omeya en al-Ándalus. Los biógrafos lo presentan como un brillante filósofo; debió recibir una formación sólida, lo que significa que realizó estudios científicos. Estudió química, física y astronomía, principalmente. Sus aptitudes en el campo de la poesía y su habilidad en astrología le permitieron introducirse en la corte de Abderramán II (822-852), donde enseñó poesía. Diseñó un reloj de agua, la clepsidra. También fue el primero en desarrollar la técnica de talla del cristal de roca; hasta entonces, sólo los egipcios sabían facetar el cristal. Creó una esfera armilar para representar el movimiento de los astros y un planetario que construyó en su casa, siendo el primero en utilizar en toda la península ibérica las tablas astronómicas de Sinhind, originarias de la India, básicas para el desarrollo de la ciencia europea posterior. Precursor de la aeronáutica, en el siglo IX inventó lo que algunos investigadores retrasan a la época del Egipto antiguo. Abbas se lanzó desde la torre de la Arruzafa con un ingenio alado para planear sobre Córdoba. En Ronda, su ciudad natal, se ha inaugurado un centro astronómico que lleva su nombre. Con 65 años diseñó las alas (de seda y adornadas de plumas). Se rompió las piernas.

Guido da Vigevano (c. 1280-c. 1349). Era el físico personal de la Reina Juana de Borgoña. Para una cruzada prevista dibujó bocetos de carros blindados, carruajes a propulsión de viento y máquinas de asedio. También fue uno de los primeros en agregar órganos a sus descripciones anatómicas. Sus bocetos eran por lo general medievales en su falta de perspectiva. Guido creó un vehículo que se movía utilizando un molino de viento que transmitía fuerza a la marcha y luego a las ruedas. Algunos consideran esta máquina el primer automóvil de la historia, o al menos un precursor del mismo

León Battista Alberti (1404-1472). Fue un arquitecto, secretario personal (abreviador apostólico) de tres papas —Eugenio IV, Nicolás V y Pío II—, humanista, tratadista, matemático y poeta italiano. Además de estas actividades principales, también fue criptógrafo, lingüista, filósofo, músico y arqueólogo.

Francesco di Giorgio (c. 1439-1502). Arquitecto, escultor y pintor italiano. Como ingeniero militar ejecutó diseños arquitectónicos, proyectos escultóricos y construyó casi 70 fortificaciones para el Federico da Montefeltro.

7.      Retomando a Leonardo

Para el futuro sabio, Leonardo, en principio, su primera obsesión fue volar. Se quedaba ensimismado estudiando el vuelo de las aves, aunque el resultado de estos estudios se ignora si se pudieron probar al no haberse encontrado restos materiales de sus inventos, como es el caso del paracaídas. Se sabe que estudió los manuscritos de la tradición ingeniera de Sienna y que su primer inspirador fue Taccola, quien introdujo la técnica del diseño previo para llevarlo a sus inventos.

 

7.1.El pintor

Su asociación histórica más famosa es la pintura. Dos de sus obras más conocidas, La Gioconda (1503-1519 últimos retoques) y La Última Cena, copiadas y parodiadas en varias ocasiones, al igual que su dibujo del Hombre de Vitruvio, que llegaría a ser retomado en numerosos trabajos derivados. No obstante, únicamente se conocen alrededor de 20 obras suyas, debido principalmente a sus constantes (y a veces desastrosos) experimentos con nuevas técnicas y a su inconstancia crónica. Fue el inventor del Sfumatto, un efecto vaporoso que se obtiene por la superposición de varias capas de pintura extremadamente delicadas, proporcionando a la composición unos contornos imprecisos, así como un aspecto de vaguedad y lejanía. Existen cientos de copias contrastadas. De los dos cuadros que se dicen originales se duda su autenticidad a tenor de la descripción que hace Vasari. No se aprecian dejas, pestañas y labios carnosos. Inacabado. Tampoco se han hallado evidencias de contrato para su realización. En el cuadro podemos apreciar sus Estudios de la naturaleza: las plantas (los anillos de los árboles), las piedras, la tierra estableciendo la interrelación de todos estos elementos, lo que lo convierte en un ecologista avant la lettre poniendo de manifiesto lo que se denomina «pensamiento sistémico»: no se pueden estudiar los fenómenos de la naturaleza de forma aislada, ya que están interrelacionadas. Al final no queda en el cuadro el mínimo trazo de pincel, haciendo muy difícil saber a simple vista cuál ha sido la técnica pictórica empleada.

 

7.2. Inventor y anatomista

Entre sus investigaciones: el paracaídas, el chaleco salvavidas, la bomba de agua, las aletas de natación, la perforadora de pozos, el barco impulsado por paletas, un carro si caballos (automóvil), la cadena de rodillos, la pistola de vapor, la turbina de agua, la máquina para pulir lentes, las granadas de fragmentación, la ametralladora, el aeroplano, el helicóptero, la bomba de tornillo (un artilugio que ya anticipó Arquímedes en el siglo III a.C.), o el prototipo de submarino. Se dice también que invento el primer despertador del que se tenga noticia. El paracaídas, que ya estudió Taccola en el s. XV, es un ensayo que ya había antes efectuado el cordobés Abbas Ibn Firnas. No obstante, Leonardo fue el primero en detallar las dimensiones y el material: tela de lino encerado que se comporta como las plumas de los pájaros.

Otros inventos en los que se inspira en anteriores trabajos de Taccola son el salvavidas, para permitir a los caballeros con armaduras atravesar ríos. Entramos con esto en el mito y en el mar, el lugar más misterioso e inexplorado de nuestro planeta: la profundidad de los océanos. A través de la historia, el ser humano ha sentido el impulso de conocer lo que contienen esas aguas con hábitats y vidas fascinantes, tan diferentes a las que existen en la superficie terrestre. La dificultad de poder sobrevivir dentro del agua sin algún artefacto de apoyo sólo incrementó el misterio y, por ende, la curiosidad. Sin embargo, eso no frenó la imaginación, los diseños y la eventual audacia para poner a prueba los primeros mecanismos sumergibles que terminaron evolucionando en los sofisticados submarinos que conocemos hoy en día.

La primera mención de un aparato sumergible la hizo el filósofo Aristóteles en el siglo IV a. de C. al aludir a un supuesto evento en el que participó su más destacado pupilo, Alejandro Magno. La historia de la aventura submarina de Alejandro fue elaborada en gran medida durante el curso de la Edad Media, especialmente en la literatura vernácula alemana.

Una versión relataba que Alejandro tenía curiosidad por explorar el océano. Se sumergió en el agua en una campana de vidrio y se llevó consigo tres criaturas: un perro, un gato y un gallo. El que fue rey de Macedonia, Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto y rey de Media y Persia confió a su amante más leal el cuidado de la cadena con la que se sacaba la campana a la superficie. Pero su amante tenía a su vez un amante que la persuadió de que se fugase con él y arrojó la cadena al mar. Con la cadena inútilmente enroscada en el fondo del océano, Alejandro tuvo que idear su propio escape.

El mismo Leonardo Da Vinci, precursor de los aparatos voladores y tanques de guerra, dibujó a principios del siglo XVI una embarcación de doble casco semi-sumergible. Aunque algunos se han referido a este como el «submarino de Leonardo», se trataba de un armazón con espacio suficiente para acomodar una persona sentada en su interior. En la parte superior tenía una torre de mando sellada con una tapa, que se anticipó al diseño de los submarinos modernos.

Fuera del mito, se tiene constancia de que el primer intento de navegación submarina tuvo lugar en España en el siglo XVI. Según un informe en Opusculum Taisnieri, publicado en 1562: «dos griegos entraron y salieron varias veces del fondo del Tajo ante la presencia del emperador Carlos V, sin mojarse y sin extinguirse el fuego que llevaban en sus manos». Este hecho supuestamente tuvo lugar en el río Tajo, cerca de Toledo; según parece, los submarinistas utilizaron una especie de campana protectora.

Algunas de las anotaciones que Leonardo Da Vinci escribió en aquel volumen de 72 páginas (Codigo Leicester) y que anticiparon tantos descubrimientos siglos después, podrían haberle costado la vida. No era buena idea, por ejemplo, andar por ahí en 1506 con la ocurrencia de que el mundo existía desde mucho antes que el hombre o que los castigos del cielo, en realidad, no iban a llegar en forma de diluvio, sino a causa de todo lo contrario. Buena parte de su vida sigue siendo un misterio. ¿Por un deseo general de que no se resuelva el misterio y mantener así el placer del mito?

 

Nota: Este es el resumen de uno de los temas dedicados a modo de reconocimiento y en conmemoración de los 500 años de su fallecimiento que teníamos preparados cuando nos sorprendió la pandemia. La presentación iba acompañada de fotografías de sus inventos y sus pinturas que hubieran sido fundamentales para complementar el texto.



[1] Este punto de vista no es nuevo y baste con recordar las representaciones conservadas del faraón Akenaton (Amenophis IV) del siglo XIV a.C. con estilo realista, no idealizado.

domingo, 8 de noviembre de 2020

EL INFINITO EN UN JUNCO

                                                   EL INFINITO EN UN JUNCO

                                     (La invención de los libros en el mundo antiguo)


Es el título del libro publicado por la Editorial Siruela en septiembre de 2019 por vez primera y que alcanza su edición número 14 en junio de 2020, escrito por Irene Vallejo Moreu (Zaragoza 1979), doctorada en Filología Clásica por las Universidades de Zaragoza y Florencia.

Posiblemente tras la gran revolución biológica que supuso el inicio de la inteligencia humana con el desarrollo de la memoria, se sitúa la gran revolución tecnológica que supuso la invención del libro como soporte necesario a los relatos y conocimientos que empiezan a elaborarse. Para ello fue necesario aprender a señalar dibujando, a precisar escribiendo y a diseñar ese soporte que los retuviera más allá de la capacidad de la memoria.  El libro se desarrolló evolutivamente en un lento recorrido que nos lleva desde las orillas del Nilo hasta los tiempos actuales porque su actualidad no ha decaído. Es la cadena imprescindible para la preservación de las soluciones que la mujer y el hombre han conseguido inventar literaria o científicamente formando  un tesoro de experiencias de incalculable valor.

Las peripecias infinitas vividas por esta historia cultural inabarcable nos son desveladas en este libro de ensayo, de historia, de viajes, una novela, un cúmulo de anécdotas que engarzan forzosamente lo mejor de la historia antigua arrancando de Alejandro Magno y la espléndida Biblioteca de Alejandría. Los libros son el nexo de unión de la historia de nuestra cultura. Unas vicisitudes a las que contribuyeron los fabricantes de papiros y de pergaminos, los escritores, los copistas, los amanuenses, muchos de ellos servidores o esclavos, los monjes, los sacerdotes, las abadías, los monasterios, las mezquitas, y entre todos, y sobre todos, las bibliotecas como grandes centros  guardadores de libros y, cómo no, los bibliotecarios y bibliotecarias.

Todo ello se nos desgrana y se nos manifiesta en este libro a través de capítulos cortos y cómodos, con un lenguaje amigable, simple, ameno, instructivo, esclarecedor, a la altura de cualquier lector. Se trata de un conjunto de historias y anécdotas entrelazadas que además de mostrarnos la historia en su tiempo, simultáneamente se conectan con el presente, transportándonos sin abandonar nuestra época, demostrándonos con un fuerte contenido didáctico la importancia de la escritura y del libro como base de nuestras culturas.

Pero la sencillez engaña porque en las notas finales del libro aparecen reseñadas todas las referencias de las citas a  que alude a lo largo de los cuarenta y ocho capítulos de la obra, lo que le dan la consistencia de una tesis doctoral, además de una extensísima y enriquecedora bibliografía que nos permite comprender que solo una joven con esta extraordinaria madurez de conocimientos puede ser la autora de este libro maravilloso y recomendable.


Jesús Lobillo Ríos

Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

 

PD: En 4/11/2020, este libro recibió el  Premio Nacional de Ensayo


domingo, 1 de noviembre de 2020

Historias no contadas: Carne de fieras&La puerta del cielo

Historias poco contadas: Carne de fieras & La puerta del cielo

 

Rosa M. Ballesteros García: Historiadora

 

 

1. RODAJES, DOS PAÍSES… ¿DOS GUERRAS?

 

 Cine, Historia y Guerra, constituye una tríada

de particular  interés en el saber contemporáneo[1]

(Luis R. Rojas)

 

A través del presente artículo, y como se apunta en el título, vamos a intentar recuperar dos películas que han pasado sin pena ni gloria a la historiografía del género. No son grandes producciones, ni sus protagonistas son estrellas de relumbrón, ni sus argumentos han merecido engrosar la lista de ninguna candidatura y, sin embargo, tienen como atractivo el contexto en que se desarrollan sus historias. Podríamos decir que son intrahistorias dentro de la historia misma; historias que, eclipsadas por esa Historia, con mayúsculas, que tiende a desdeñar o minimizar, en el mejor de los casos lo cotidiano, nos muestran esas otras miradas que han pasado desapercibidas y que, por ese mismo desconocimiento, merecen ser recordadas porque ellas también son parte de esa Historia.

Muchas son las coincidencias, pero también variadas las peculiaridades que confluyen en estas dos producciones que por sí solas merecen nuestra especial atención. Partiendo del primer aspecto, las dos películas realizaron sus rodajes durante sendos conflictos bélicos, bajo el fragor de los disparos y la explosión de las bombas como fondo de sus escenarios. En el caso de la película española, Carne de fieras, comenzó a rodarse un 16 de julio de 1936; es decir, dos días antes de producirse el Golpe de Estado militar que desencadenó la Guerra (in)Civil española (1936-1939), con todas sus terribles secuelas, y con el ítem añadido de ser antesala de un conflicto, aún más amplio, en el que se vería envuelto el rodaje de la segunda, la película italiana La puerta del cielo, iniciado en el verano de 1943, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial. Se finalizó el verano en 1944 tras la entrada de las primeras tropas aliadas en Roma (4 de junio). Fue un largo lapsus voluntario que tenía como objetivo el salvar la vida a unos cientos de extras, judíos en su mayoría, carne irremediable de crematorio.

Esta es una de las peculiaridades, como ya comentamos. Otra coincidencia, si se quiere, es que ambas se rodaron en contextos de terribles tiempos revueltos. La película italiana se rodó durante la última etapa de la S.G.M, bajo el control de los nazis, si bien entre 1943 y 1945 hubo tropas italianas en ambos bandos del conflicto. En otras palabras, nos encontramos pues con otra guerra civil dentro de una guerra mundial. En ambos casos, y en esto coinciden ambas películas, el fascismo y el nazismo actuaron como telón de fondo en ambos escenarios y también en que no llegaran a disfrutarse en su momento. Mejor dicho, y para mayor exactitud, la producción española Carne de fieras durmió un largo sueño de más de medio siglo hasta ver la luz. La puerta del cielo apenas se mantuvo unos días[2], por causas varias que su patrocinador Orbis Film (Centro Cattolico Cinematografico) esgrimió: tales como su mediocre calidad o su poca ortodoxia religiosa (parte de su argumento), aunque también se debió calibrar la relación extramatrimonial que mantenían el director De Sica (1901-1974) y la protagonista femenina, la española María Mercader (1918-2011). Otra de las razones que arguyen algunas fuentes es que lo importante de la película fueron los pormenores de su rodaje y no la exhibición de la misma. Sobre este asunto el mismo De Sica, su director, escribe: «Una vez liberada Roma, la película La puerta del cielo estaba a punto de proyectarse; sin embargo, no fue del agrado del Centro Católico Cinematográfico, porque no respondía a la ortodoxia puramente católica».

Por otro lado, también en ambos rodajes se combinaron profesionales con actores que no lo eran. En el caso español, actuaron artistas de variedades «en una guerra que no era la suya» como son los casos de Marlène Grey, Georges Marck o Jack Sidney, franceses, junto a actores y actrices del país como Alfredo Corcuera, Tina de Jarque o Mercedes Sirvent, entre otros. En el caso italiano, actrices y actores consagrados como María Mercader, Marina Verti, Elli Parvo, Massimo Girotti, Roldano Luppi o Carlo Ninchi colaboraron para que el proyecto se convirtiera en un refugio para muchos extras de nombre desconocido, actores a la fuerza, para salvar la vida en una guerra que sí era la suya. Finalmente, se puede concluir en que ambas guerras terminaron por ser las de todos, y si bien la crítica cinematográfica concluyó en su momento que no fueron unas buenas películas ―en el caso de la película de De Sica ha sido más taxativa al calificarla sin paliativos como «una mala película»― tiene ésta, sin embargo, en su haber el gran mérito de haber salvado la vida a varios cientos de personas, como hemos apuntado, y ello es, en nuestra opinión, una excelente excusa para que su memoria no quede sepultada en los archivos de la desmemoria del tiempo.

Por otro lado, de la importancia y el poder del cine existe una amplia bibliografía que acredita hasta qué punto los dirigentes políticos, al margen de cualquier nacionalidad o ideología, hicieron de este medio su «arma» más efectiva. En el Documental Five came back, presentado en 2017 y basado en el libro de Mark Harris: Five Came Back: A Story of Hollywood and the Second World War (2004), el famoso y oscarizado director ítalo-americano Frank Capra, que interviene en el documental, y que había realizado en su momento varios documentales durante la Segunda Guerra Mundial afirmaba: «Tenemos un problema. No sabemos llegar a los soldados. Se aburren con nuestros discursos. Pero sabemos que les gusta el cine».

Hecha esta introducción, mínima, porque pretendemos que «los árboles no impidan ver el bosque», nos concentraremos en los siguientes epígrafes para dar protagonismo a la historia de estas dos olvidadas películas del cine internacional.

 

 

2. EL CONTEXTO HISTÓRICO: ESPAÑA, 1936 (Bajo las bombas)

 

Durante la tarde del sábado, se había rumoreado mucho sobre una sublevación

fascista inminente. Pero, a decir verdad, nadie daba crédito a la cosa…[3]

(Armand Guerra)

 

Con la llegada de la República el 14 de abril de 1931 las nuevas fuerzas políticas tomaron conciencia de la importancia y la necesidad de elaborar nuevas medidas para apoyar el cine nacional, intuyendo el potencial mercado, y valorando al mismo tiempo el inmenso poder de esa «linterna mágica» para llegar a todas las capas sociales. Se ha escrito que el cine es el arte de los políticos y de ello tenemos innumerables ejemplos. En opinión de William Hays[4], de su control, de su poder «no se puede escapar por su facilidad para llegar a las masas». El cine, pues, se convertiría, prácticamente desde sus comienzos, en uno de los negocios «más colosales de nuestro tiempo». En este contexto se comienzan a dar los primeros pasos para convertir la mediocre industria nacional en un proyecto de futuro, en cuanto al mercado internacional ―especialmente el hispanohablante― y a la producción. Por otro lado, como no podía ser de otra forma, los partidos políticos, los sindicatos y hasta los grupos religiosos se pusieron en marcha para crear sus propias redes de salas de cine, cada uno arrimando su ascua a su sardina particular. Los Ateneos libertarios, las Casas del Pueblo, los centros religiosos… Todos ellos procuraron expandir su ideario a través de lo filmado. Sin embargo, este tímido, pero esperanzador despegue iba a sufrir un notable estancamiento debido a los acontecimientos que eclosionaron el 18 de julio de 1936. Este es el escenario donde se desarrollan nuestras dos historias; nos referimos, como es lógico, al escenario bélico que enmarca una década ominosa, del 18 de julio de 1936, que estalla nuestra Guerra Civil, hasta un mes de mayo de 1945 que las tropas Aliadas conquistan Berlín.

            En España, los acontecimientos que se desarrollaron en los días siguientes a la rebelión militar iban a determinar no sólo el número de producciones, sino la temática de sus argumentos. No cabe duda que la huida de empresarios y capitales abocó al desmoronamiento de la economía. Por otro lado, la industria cinematográfica, ubicada principalmente en Madrid y Barcelona quedó en manos de los republicanos; por el contrario, el bando golpista, apenas sin infraestructuras, tuvo que recurrir a realizar sus películas en los Estudios de Berlín, Roma o Portugal, el país vecino que venía manteniendo durante los años de la República un no disimulado antagonismo. El estallido de la guerra cambiará esta tensa relación por una alianza estratégica que se manifestaría en muy diversos planos, en este caso en concreto en una breve, pero intensa colaboración cinematográfica dada la identificación ideológica con los golpistas. La colaboración se materializó en la utilización de los laboratorios lisboetas y la obtención de película virgen para montar con mayor prontitud sus documentales. 

Por otro lado, la producción republicana fue generalmente propagandística, especialmente con la realización de documentales como España 1936 de Le Chanois y guion de Buñuel; En pie la juventud. Por la independencia de España o España republicana, todos ellos filmados en 1937. También se llegarían a estrenar películas de ficción como Luis Candelas, de Fernando Roldán, Centinela alerta, de Jean Grémillon y Luis Buñuel, ambas de 1937, o El rayo (1939), de José Buchs. De entre los pocos títulos de ficción realizados destacamos Nosotros somos así (1936) y La silla vacía de Valentín R. González; La Millona de Antonio Momplet; Rinconcito madrileño de León Artola o Nuestro culpable de Fernando Mignone (1937). En la zona republicana, el sector cinematográfico quedaría a las órdenes de los sindicatos de la CNT (SIE Films) y del Partido Comunista (Popular Films) con la productora del Gobierno, Laia Films. Recuperamos así nombres de intérpretes olvidados, entre otros, como Francisco Baena, Polita Bedrós, Laly Cadierno, Ana Mª Custodio, el famoso cantante «Angelillo», Josep Balaguer, Lolita Baldo, José Pal, Dolores Arguimbau, Ana de Leiva, María Cañete o Charito Leonís.

En la llamada «zona nacional», prácticamente vacía de infraestructuras, como ya adelantamos, se produjeron documentales como Alma y nervio de España (1937) de Martínez Arboleya y alguna película de ficción como El genio alegre de Fernando Delgado, realizada en ciudades conquistadas por los sublevados (Córdoba/Sevilla) en los Estudios CEA y CIFESA. Las pocas películas de ficción nacionalistas se produjeron en Alemania con la creación de la productora Hispano Film Produkcion, por directores como Benito Perojo o Florián Rey con títulos como Carmen, la de Triana, El barbero de Sevilla o Suspiros de España, con estrellas del momento como Imperio Argentina y Estrellita Castro, además de profesionales, hoy prácticamente olvidados, como Leocadia Alba, Concha Catalá, Lolita Astolfi o Antonio Vico.

Por otro lado, el eco de la contienda se plasmaría en producciones internacionales, largometrajes de ficción o documentales. Entre los primeros, destacamos tres producciones made in Hollywood: The last train from Madrid (El último tren de Madrid) de James P. Hogan, una historia coral no partidista, con Dorothy Lamour y Gilbert Roland; Love under fire (Bajo el fuego) de Gorge Marshall, un melodrama detectivesco, con Loretta Young y Don Ameche, ambos estrenados en 1937; Blockade (Bloqueo) de William Dieterle, un melodrama romántico con la Guerra Civil de fondo, con Madeleine Carroll y Henry Fonda (1938), o L´espoir (Sierra de Teruel), un drama romántico en coproducción con Francia, dirigido por André Malraux, guion del escritor español Max Aub y actores, entre otros, como Andrés Mejuto, Julio Peña, José Sempere o Pedro Codina. Se rodó en Cataluña y fue estrenado en febrero de 1940 por la Cinematheque Française. Finalizada la Segunda Guerra Mundial fue vista en otros países europeos como Bélgica (1945), Holanda y Dinamarca (1946) y USA (1947).

 

3. CARNE DE FIERAS (dos “Venus” en una misma historia)

 

Así relata Guerra los prolegómenos del rodaje: «Desde las siete de la mañana hasta la caída de la tarde, había estado rodando exteriores de una película titulada Carne de fieras, en los jardines del Retiro. La película la habíamos empezado el jueves, 16 de julio. Yo era el autor, realizador e intérprete de un papel especial…»

La película que dirigió Armand Guerra es un melodrama dramático, con un toque romántico, donde se entremezclan historias de amor, circo, celos… e intriga en torno a dos parejas; la primera formada por Pablo Álvarez Rubio («Pablo), un boxeador casado con una antigua corista: Tina de Jarque («Aurora), conocida como «La Venus Morena». La segunda pareja la forman un maduro domador de leones Georges Marck («Monsieur Marck») y su compañera, una espectacular artista de circo: Marlène Grey («Marlène»), de quien está enamorado su compañero. La pareja trabaja en un número de circo con cuatro leones ante los que baila, desnuda, la Venus Rubia Marlène. Junto a los presentados, el ayudante de Pablo, Alfredo Corcuera («Picatoste»); un extraño personaje Armand Guerra («Lucas»), ayudante a su vez del domador y enamorado a su vez de la rubia; un niño, personaje clave de la historia, adoptado por Pablo, y un ama de llaves de Pablo que encarna la actriz Mercedes Sirvent. Y aquí comienzan los celos: Pablo descubre que Aurora le es infiel, pero su reacción, aunque muy tocado, no se traduce en violencia contra la ingrata. Poco después conoce a Marlène (flechazo mutuo) en el Parque del Retiro el mismo día que salva de morir ahogado a un pilluelo que después adopta. Pablo vuelve a encontrarse con Marlène y Marck en un cabaret donde, para su sorpresa, también actúa como bailarina su ex mujer ―no se comprende como también le acompaña el pequeño, sentado, muy digno, frente a un vaso que intuimos (visionada la cinta) por el color, de agua o gaseosa―. Allí se inicia la trifulca cuando Marck, celoso porque se ha percatado del enamoramiento de la rubia y el boxeador, le increpa a éste y le amenaza de muerte. En la escena siguiente, con fondo trágicamente negro, Pablo es golpeado de gravedad ―sólo se aprecia el brazo y el instrumento del anónimo agresor― por lo que es ingresado en el hospital. Las sospechas recaen en el amenazador Marck, pero gracias a la astucia del chiquillo adoptado, que ha encontrado una pista, se apresa al verdadero autor que resulta ser el inquietante Lucas, enamorado también de Marlène. En la escena final, un comprensivo Marck da sus bendiciones a la joven pareja (Pablo y Marlène) que forma un trío con el pilluelo, acurrucado entre los dos en la cama del hospital donde Pablo se recupera de la agresión. El amor ha triunfado. El agresor ha sido atrapado. El niño indigente ha encontrado un hogar. El maduro enamorado ha entendido que el amor es para los jóvenes. Final feliz como corresponde a un perfecto melodrama romántico… pero incomprensible dado el contexto social del momento.

La película descrita no llegó a estrenarse. Sus más de 40 rollos resultantes del rodaje desaparecieron durante 56 años hasta que, en 1992, se recuperaron fortuitamente. Tras un trabajo de reconstrucción a cargo de Ferrán Alberich y Ana Marquesán, expertos de la filmoteca de Zaragoza, vio de nuevo la luz esta sorprendente película. Su rodaje, como puede deducirse por el contexto, estuvo plagado de interferencias de principio a fin del rodaje; entre otras, los componentes del equipo de rodaje, casi todos afiliados al sindicato anarquista, iban y venían del rodaje al frente. Los leones, famélicos, a punto estuvieron de comerse a la protagonista, hasta que el sindicato de alimentación de la CNT tuvo que socorrer con sus escasos medios a los animales… Fue la última película de ficción de Armand Guerra, que tampoco pudo realizar su deseo de rodar una producción sobre el dirigente anarquista Buenaventura Durruti, muerto en noviembre de ese mismo año[5]. Pero aquí no terminan las peripecias. Las protagonistas femeninas: Marlène y Tina (las dos Venus) fueron víctimas de finales trágicos. Marlène, según algunas fuentes, murió como consecuencia de un ataque de sus animales. Su pista se pierde en 1939. Por su parte Tina tampoco tuvo un final feliz, fusilada, según la mayoría de las investigaciones, mientras huía con un alijo acompañada de un amante anarquista. Por último, su director, Armand Guerra, murió de forma súbita al finalizar la Guerra Civil: recién salido de un campo de concentración y perseguido por la Gestapo fue víctima de un aneurisma, en plena calle en París, ciudad donde se había exiliado.

Algunas fuentes apuntan, y esto se ajusta al fondo de este artículo, que la película Carne de fieras más bien explora el nuevo ritmo y similar lenguaje que anuncia el neorrealismo italiano, como las escenas a tiempo real, la naturalidad de los diálogos, los personajes reales, el costumbrismo, sus personajes marginales, etc. Las censuras y los silencios, las dictaduras, en suma, forjaron esta forma de hacer cine. Como se ha escrito «se rodó excesivamente cerca de las balas y los obuses». En memoria de aquellos terribles años, y de aquellos intrépidos cineastas, en 2010 los Premios Goya llegaron a nominar al mejor cortometraje documental El Cine libertario: cuando las películas hacen historia, de José Mª Almela y Verónica Vigil.

 

3.1. El director: Armand Guerra

 

Destrozado, desesperado, agotado como muchos de tus compañeros, eras un vencido, y tú el valiente, el rebelde, no soportaste la derrota. Y «tu nena», como me llamabas, no volvió a oír hablar más de ti…[6].

 

Iniciamos el epígrafe con las palabras de Vicenta Estivalis, hija de nuestro director, un valenciano de nombre José Estivalis Cabo, personaje en verdad polifacético como escritor, tipógrafo, cineasta, periodista, actor y también como un ser humano sensible como padre, esposo y comprometido con unas ideas que lo acompañaron hasta el final, cuando la muerte le sorprendió en su exilio parisino, en plena calle. También políglota, fue corresponsal en Francia de la revista de cine Popular Film y traductor de la obra Sobre la tierra del fuego (1929) del capitán expedicionario alemán Gunter Pluschow. Publicó artículos con los pseudónimos de «Cantaclaro», «Armand Guerra» o «Silavitse».

José Estivalis nació en la valenciana Liria en 1886. Sus padres eran campesinos y tuvieron otros hijos. De chiquillo, como otros muchos chavales despiertos, fue monaguillo y llegó a ingresar en un seminario, aunque lo abandonó, como tantos otros «apóstoles» laicos, para transformarse en un convencido anticlerical. Sus primeros trabajos fueron como tipógrafo en Valencia, entrando a formar parte de la «aristocracia obrera»[7]. Participó, como era natural, de las huelgas comandadas por la CNT, sindicato del que entró a formar parte, así como de protestas y manifestaciones, como las surgidas por el caso de la prisión y posterior ejecución del maestro librepensador Francisco Ferrer y Guardia en 1909. Él mismo sufrió prisión y se exilió en Suiza y Francia, contactando con círculos anarquistas. Pero su periplo no finalizó en estos países, también viajó, amparado por sus compañeros, por Italia, Egipto, Atenas, Constantinopla, Constanza, Belgrado o Salónica.

Sus escritos comienzan a publicarse en diferentes medios ácratas, como la barcelonesa Tierra y Libertad, así como en otras publicaciones en francés e italiano, como Le Reveil o Il Risveglio o en traducciones anarquistas del alemán y del francés. Su aproximación al mundo del cine fue en París, en productoras como Lux Film Paris. Actuó, dirigió y colaboró en la creación de la Cooperativa Le Cinéma du Peuple en películas como Les misères de l´aigille, Le vieux docker o La commune, todas de 1914 o Un grito en la selva (1913). En Berlín trabajó para la UFA en películas como Ein Sommernachtstraum (1925), junto a su buen, y también ácrata amigo, Alexander Granach o en El amor solfeado (1930), una coproducción Francia-España-Alemania, con Imperio Argentina, Julia Lajos y la cantante y actriz francesa Odette Florelle. Todo ello combinándolo con  mítines políticos, como los efectuados en la fiesta del 1º de Mayo de 1914 en París. Dirigió, entre otras, actrices como Josefina Francés, Imperio Argentina, Julia Lajos, Florencia Bécquer, María Corda, Lina Clamour, Charlotte Ander, Valeska Gert, Tamara Geva o Musidora,

En su faceta como cineasta trabajó en nuestro país en varias películas durante la época del cine mudo como El crimen del bosque azul, La zarpa del paralítico o La maldición de la gitana (todas de 1918); Luis Candelas o El bandido de Madrid (1926); Batalla de damas (1927), coproducción España-Alemania, con Georg Alexander y María Corda y en películas habladas como La alegría que pasa (1934). En 1917 llegó a crear su propia productora, Cervantes Film, colaborando con su amigo Fernand Desprès, antiguo redactor de La Bataille Syndicaliste.

Su pacifismo y antimilitarismo fueron causa de su expulsión de Francia en 1915 si bien era desde años atrás vigilado por sus actividades contestatarias, tanto a nivel como activista como por sus artículos en la prensa libertaria, como en la francesa Tierra y Libertad, así como de otros países. En nuestro país, tras la Semana Trágica de 1909 en Barcelona los periódicos anarquistas fueron prohibidos.

Cuando estalla la Guerra Civil, participaría fundamentalmente en reportajes en el Frente. A partir del final de 1936 la CNT «necesitó de su talento de orador» y el disciplinado cineasta abandonó las filmaciones para dedicarse a otro arte, al arte de la oratoria. Conferenciante brillante, Armand Guerra ya había demostrado su habilidad dando mítines en París, como apuntamos, la ciudad donde se exiliaría al acabar la guerra tras pasar por un campo de concentración. Falleció en París a causa de un aneurisma, en 1939, cuando se dirigía a la embajada para obtener documentación que lo acreditara, pues por no tener, no tenía ni siquiera documentos de identidad encima. Cuando los nazis invadieron el sur de Francia, su compañera, que vivía en Perpignán, hizo desaparecer los últimos escritos que le quedaban. Aún muerto, temía que su pasado anarquista (había vivido durante más de diez años en Alemania) pudiera ser causa de represión para la familia.

3.2. Los intérpretes

 

Entre los actores que intervinieron en el film destacamos a Pablo Álvarez Rubio (1900-1983), un actor madrileño que se inició en el teatro como galán de comedia en varias Compañías como las de María Guerrero, Josefina Díaz y Santiago Artigas o María Gámez y Juan Bonafé, entre otras. Pero como él mismo confesaba, su mayor ilusión era hacer cine y gracias a un familiar establecido en EE.UU. pudo al fin trabajar en Hollywood en películas como Monsieur Le Fox (1930) dirigida por Roberto E. Guzmán, Hal Roach o Drácula (1931) de George Melford, si bien ya había intervenido en España en películas mudas, entre otras, El puñao de rosas (1923) o Rejas y votos (1925), ambas de Rafael Salvador. A su vuelta a nuestro país intervino en el cine durante los años de la República en El cura de aldea de Francisco Camacho o Una mujer en peligro de José Santugini, ambas en 1936. Tras finalizar la Guerra Civil siguió actuando en películas como la controvertida  Raza (1941)[8]; El verdugo (1948) de Enrique Gómez, basada en una obra de Balzac, o la patriótica Alba de América (1951) de Juan de Orduña, con Amparo Rivelles y Antonio Vilar.

Marlène Grey (-1939). Fue una actriz francesa de la que apenas tenemos datos. La prensa la anunciaba como «La Venus rubia» y trabajaba como actriz circense. Sabemos a través del libro autobiográfico de Guerra que tras finalizar el rodaje en Madrid salió para Francia, donde al parecer siguió haciendo campaña a favor de la causa republicana. Citando las palabras del director, se despidió de él diciendo: «Salud, y pronto triunfo os deseamos de todo corazón!»[9]. Las diversas fuentes no se ponen de acuerdo sobre la fecha y las circunstancias de su muerte (se dice que atacada por sus leones), aunque se suele citar Marsella como la ciudad donde se produjo el óbito. Sobre ella escribe el periodista de Crónica: «los espectadores, aun los más escépticos, no tienen más remedio que contener la respiración. En realidad, ella atraería igualmente al público con sólo exponer sin velos el prodigio de su cuerpo»[10]. Marlène estaba casada con Jack Sidney, un actor circense que daba vida al «Hombre autómata» y que intervenía con un pequeño papel en el film.

Tina de Jarque (1906-1937). Constantina de Jarque Santiago, conocida como «La Venus Morena» fue una cantante y actriz internacional española, muy popular como vedette en las primeras décadas del siglo XX. Trabajó en el cine alemán (Bigamia, 1927 de Jaap Speyer) y también en Brasil y Cuba, países de donde se trajo los nuevos ritmos; en el cine español en películas como La medalla del torero (1922) de José Buch. Como sus anteriores compañeros, perteneció a una familia circense. Tuvo problemas con la censura porque fue una de las pioneras del destape. Hablaba cuatro idiomas, cantaba varios géneros y practicó el naturismo. Entre sus amantes se cuentan el famoso boxeador Paulino Uzkudun y el millonario Juan March. Los biógrafos no se ponen de acuerdo en cómo murió. Se dice que fue fusilada por espía o porque intentaba fugarse de España, junto a un joven anarquista y un botín de joyas. Al parecer, el hecho tuvo lugar en Valencia, y hay quien afirma que logró llegar a Francia. Pero de ella no quedó rastro.

Alfredo Corcuera. Fue un actor español que intervino en películas mudas como La Verbena de la Paloma (1921) de José Buchs o Estudiantes y modistillas (1927) de Juan A. Cabero. Durante los años de la República intervino en películas como La musa y el fénix de Constantin J. David o Rosario La Cortijera de León Artola, ambas de 1935. Posteriormente, cuando finalizó la Guerra Civil se trasladó a México, trabajando en filmes como La niña de mis ojos (1947) de Raphael J. Sevilla, Aventuras de Cucuruchito y Pinocho (1943) de Carlos Véjar Jr. o El hijo de Cruz Diablo (1941) de Vicente Oroná. Coincidió con otros actores exiliados, entre otros, Antonio Bravo, Enrique García Álvarez, Luis Mussot, Paco Martínez, Maruja Grifell, José Pidal o la malagueña Alicia Rodríguez; directores como Carlos Véjar o Francisco Jambrina y guionistas como Salvador Bartolozzi o Magda Donato.

Georges Marck trabajó en el circo como domador de leones. Fue también un actor francés de cine mudo y hablado. Intervino en películas francesas como el drama Le coeur d'un gosse (1913) de Emile Chautard o La venenosa (1928) de Roger Lion, basada en la novela Homónima de José Mª Carretero, protagonizada por Raquel Meller. En 1936 intervino en Carne de Fieras, en su papel de domador circense. Existe alguna información que lo asocia con George J. Marcksu (se cree que fue su padre) también actor del cine mudo. Primero en el Circo Price y también en el Teatro Maravillas presentaron el número circense que representaba junto a Marlene. En el reportaje citado de Crónica, firmado por Rafael Martínez Gandía, titulado «Una mujer desnuda entre cuatro leones», el articulista realiza un sustancioso artículo de la troupe, donde cita al domador como «protector» de Marlene en los siguientes términos:

 

Georges Marck es el domador. Puede mostrarles cicatrices en el lugar del cuerpo que ustedes prefieran. Marck, mientras Marlene baila, vigila los menores movimientos de las fieras. Pero si algún día una de éstas se enfada, no sé hasta qué punto será eficaz la ayuda del veterano domador[11].

 

 

4. EL CONTEXTO HISTÓRICO: ITALIA, 1943-1944 (Bajo la bota nazi-fascista)

Combatientes de Tierra, del Mar y del Aire, Camisas Negras de la Revolución y de las Legiones, hombres y mujeres de Italia, del Imperio y del Reino de Albania, ¡escuchen! Una hora señalada del destino se bate sobre el cielo de nuestra patria. Es la hora de las decisiones irrevocables. La declaración de guerra ya ha sido consignada a los embajadores de Gran Bretaña y Francia. (Benito Mussolini: 10-6-1940).

 

Cuando se inicia el rodaje de la película La puerta del cielo Italia se encontraba inmersa en los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Durante el transcurso del conflicto los vaivenes políticos tuvieron dos fases bien diferenciadas. A partir de junio de 1940 el dictador, Benito Mussolini, se posicionó al lado de la Alemania nazi de Hitler contra los países aliados tras firmar el «Pacto Tripartita», mejor conocido como el «Pacto Eje Berlín, Roma, Tokio». A partir del derrocamiento de Mussolini en el verano de 1943 el rey Víctor Emmanuel III, y su nuevo gobierno, firmaron un armisticio y se alinearon con los aliados, si bien los alemanes seguían controlando gran parte del país con una república títere (República Social Italiana) presidida por Mussolini, un personaje ciertamente controvertido que, desde posiciones socialistas, llegó a liderar el movimiento fascista italiano, a pesar de tener una amante y mecenas judía, Margherita Sarfatti.  Líder carismático y ejemplo de la «absoluta virilidad», ejerció un extraordinario magnetismo sobre las masas, especialmente entre las mujeres, y no sólo de las clases populares. Clementine Churchill, esposa de Winston Churchill, cuando le fue presentado en 1926 lo consideró «uno de los hombres más maravillosos de nuestro tiempo»; Lady Ivy Chamberlain o Lady Sybil Graham fueron también admiradoras incondicionales de Il Duce, si bien hay que decir que también las tuvo incondicionalmente enemigas, como es el caso de Violet Gibson, una excéntrica aristócrata irlandesa que intentó asesinarlo, sin éxito, durante uno de sus incendiarios discursos en abril de 1926. Fue éste uno de la serie de atentados contra el dictador. Como se sabe, fue ajusticiado por los partisanos el 28 de abril de 1945 junto a su amante, Clara Petacci.

Ya avanzada la guerra, la situación política entre 1943 y 1945 evidenciaba que hubo tropas italianas en ambos bandos del conflicto, lo que vendría a desembocar en una guerra civil dentro del conflicto mundial. Finalmente, el ejército alemán en Italia se rindió el 2 de mayo de 1945 y algunos cineastas, como reacción en aquellos momentos de posguerra, y también como rechazo al cine histórico y musical impuesto por el fascismo, se embarcan en un nuevo modo de hacer cine, un género al que se conoció como Neorrealismo, un término acuñado por el crítico Umberto Barbaro y que tiene a Roberto Rossellini como director de la primera película de este género: Roma, città aperta (Roma ciudad abierta) realizada en 1945, con argumento basado en la historia real de un sacerdote, Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la resistencia. La acción se desarrolla en Roma, en los últimos años de la ocupación nazi: 1943 y 1944.

El neorrealismo italiano se planteó como objetivo mostrar al gran público las condiciones sociales más auténticas, el lado más humano de la sociedad italiana, como adelantamos, muy alejado del estilo histórico y musical que había impuesto el fascismo. Algunas de sus señas de identidad serían la utilización de actores no profesionales y los escenarios abiertos y urbanos. En esa línea, las producciones ácratas del cine español de los años 30 toman también como modelo ese cine social, descartando el modelo soviético, muy criticado por la mitificación de las masas por su reiterado culto al liderazgo y, muy especialmente, por el sometimiento a la dura censura. Por otro lado, y desde un punto de vista cronológico, este nuevo arte de hacer cine (neorrealista) apenas se mantuvo una docena de años despegando, como apuntamos, con Roma città aperta de Rossellini, y culminando su ciclo con Le notti bianche de Visconti en 1957. De la etapa neorrealista queremos destacar al escritor y guionista Cesare Zavattini (1902-1989), uno de sus principales teóricos, y su Roma, ore uncici (Roma a las 11, 1952) película sobre el drama del desempleo femenino, con argumento basado en hechos reales: doscientas mujeres se habían amontonado en una escalera mientas esperaban una oferta de trabajo. La escalera se hundió causando varias víctimas.

En los años 50 Italia resurgía de sus cenizas. La Democracia Cristiana había llegado al poder en 1948 dando por finiquitada, como se ha escrito: «la era posbélica del romanticismo antifascista militante». El recelo por «airear» las denuncias sociales abocó a reforzar la censura con todo un programa de protección económica a la producción con el fin de producir un viraje de aquel cine pesimista posbélico. Comenzaron a aparecer grandes productoras y el cine volvió a hacerse más comercial, un cine post-neorrealista con directores como Federico Fellini, Luchino Visconti o Michelangelo Antonioni, por citar los más populares.

 

4.1. (Verano: 1943-Verano: 1944)

 

De Sica, el director de la película, siempre fue un verso libre que huía del comunismo tanto como de los dogmas políticos del fascismo. La verdad es que la película fue un abrigo protector ante nazis y fascistas. En el verano de 1943 De Sica recibió dos ofertas a priori irrechazables: una, a reclamo del todopoderoso Josep Goebbels, Ministro de Propaganda de Hitler, quien pretendía rodar una película en Praga. La segunda oferta, otro caramelo envenenado para el independiente Vittorio, se lo ofrecía el gobierno títere de los nazis en el norte de Italia, también conocido como Reppublica di Salò (localidad de la provincia de Brescia) donde residían todos los líderes nazi-fascistas. Realmente no era un amable ofrecimiento, sino una orden imperiosa: tenía que hacerse cargo de los nuevos estudios de cine fascistas ubicados en Venecia, así se lo hacía saber el entonces ministro de Cultura Popular Ferdinando Mezzasoma (1907-1945). La solución, ante ambos dilemas, fue una carambola propiciada por El Vaticano. El propio De Sica, confesaba años después, que estaba aterrado ante tan delicada (y dual) situación y entonces recordó que su compañera sentimental, la actriz española María Mercader, iba a protagonizar una película, a encargo del Vaticano, y supervisada por el delegado de la producción, Giovanni Battista Montini (el futuro Pablo VI) que entonces trabajaba en la Secretaría de Estado. La película se iba a llamar La puerta del cielo. Vio con ello de Sica el cielo abierto (valga la redundancia) y no tuvo otra ocurrencia que anunciar a sus posibles «clientes» que ya estaba comprometido en la dirección de la película citada y que tenía que terminarla, no era causa de enemistarse con el Santo Padre. No era cierto, pero la Mercader, fingiendo caprichos de diva, exigía que De Sica la dirigiera ―si bien en principio se había pensado en el pintor y director Esodo Pratelli―, cosa que ocurrió, y que salvó a nuestro director del gran «marrón» que suponía cualquiera de las dos anteriores propuestas.

La acción de la película La puerta del cielo[12], la sexta película que dirigía De Sica, se desarrollaba en un tren hospital que se dirigía a Loreto, buscando un milagro. Entre los lisiados que aspiraban al milagro: un pianista manco, un huérfano paralítico y un obrero ciego por un accidente. La película pasó sin pena ni gloria y apenas unos días en cartelera. Las críticas poco halagüeñas aceleraron su retirada de las salas. Por otro lado, la visión irónica y poco ortodoxa del gran milagro final que organizaron, mano a mano, el director De Sica y su guionista Zavattini, tan genial como ateo, espantaron al Vaticano, todo ello con el agravante de la relación adúltera que mantenían director y protagonista. Como consecuencia, al igual que había ocurrido con la producción española Carne de fieras, se hicieron desaparecer todas las copias (menos unas latas olvidadas en los archivos vaticanos). La película fue producida por Orbis, la productora del Centro Católico Cinematográfico, que también produjo algunos documentales en los que se mostraba la labor asistencial, secreta pero eficaz, apadrinada por el Papa Pio XII. Su rodaje se dilató hasta que los aliados entraron en Roma en junio de 1944. La Puerta del Cielo pudo verse en los cines españoles en 1953. Se estrenó en Madrid, en el cine Rialto, y la prensa nacional presentaba a la Mercader como la legal de Vittorio sin concretar, por cierto, que se habían casado en México, un año antes, por lo civil. Una unión ilegal a los ojos de la entonces puritana y clerical España[13].

 

4.2. El director: Vittorio de Sica («El Schindler italiano»)

 

El director de películas tan memorables como Sciuscià (El limpiabotas, 1946), Ladri di biciclette (Ladrón de bicicletas, 1948) o La ciociara (Dos mujeres, 1960), Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica (1901-1074), hijo de calabrés y napolitana, fue un actor y director de cine italiano ganador de cuatro Premios Óscar[14].

Como tantos otros, se inició como actor en el teatro: «entró en el arte», como él mismo apunta en sus memorias, bajo la dirección de la rusa Tatiana Pavlova, como meritorio. Con su compañía viajó por primera vez fuera de Italia rumbo a Buenos Aires. De aquella época, de escasez y bohemia, De Sica nos ilustra cumplidamente con sabrosas anécdotas; anécdotas de la vida cotidiana de él y de sus compañeros de oficio, así como de otros pormenores relacionados con el contexto político del momento, como cuando se refiere a la obligatoriedad de afiliarse al «Partido» para poder actuar en el teatro Argentina (Roma), a cuyas representaciones acudían, a menudo, Mussolini y Galeazzo Ciano, el yernísimo del Duce o, como anécdota asociada a la pacata censura, la doble versión de las escenas sexuales, como aquella en la que tenía que besar a una bellísima actriz siciliana, Elena Lunda (1901-1947). En las pantallas italianas la besaba en la boca, pero en las versiones extranjeras lo que besaba eran sus pechos. Un ejemplo paralelo, esta vez del cine español, lo tenemos en El último cuplé (1957), y la escena censurada, en su momento, donde un aristócrata ruso (ebrio) trata de besar los pechos de la cantante, papel que interpreta Sara Montiel, a quien también se le censuró alguna estrofa del famoso cuplé «Fumando espero».

Retomando a Vittorio, este viajaría de nuevo a Buenos Aires, esta vez con la compañía de la gran actriz Italia Almirante, ya con papeles más relevantes. En 1927 conocería a la que fue su primera mujer, la actriz Giuditta Rissone, de la que se separaría años después cuando conoció a María Mercader y con la que tuvo una hija, Emi, nacida en 1938. En 1930 De Sica deja de actuar en el Argentina, no renueva la tarjeta del Partido y forma nueva compañía con la Rissone y el actor Umberto Melnati. Aquel año, recuerda, le toca la lotería y, loco de contento, lo celebra con toda su familia, a la que estaba muy unido, especialmente a su padre, al que adoraba. Despega también como actor de cine hablado en la película La vecchia signora (1932) de Amleto Palermi, si bien antes había aparecido en algunas producciones del cine mudo como La compagnia dei matti (1928) y La bellezza del mondo (1927), ambas de Mario Almirante, o El proceso Clémenceau (1917) de Alfredo de Antoni. Durante su vida profesional como actor intervino en unas 160 películas, decenas como director, autor o productor, además de cantante, otra de las facetas en su actividad en el mundo de las artes escénicas. Citando el título de una obra de Pirandello, publicada en 1927: «De Sica fue uno, ninguno y cien mil».

En 1942 trabajó bajo la dirección de Carlo Bragalia en la comedia Se oi fosse onesto (Equivoco Feliz), con su futura mujer, María Mercader y ese mismo año, como director, vuelve a trabajar con ella en Un garibaldino al convento (Recuerdo de amor); al año siguiente, la pareja coincide en las películas Non sono superstizioso... ma! de Bragaglia, y I nostri sogni de Cottafavi. No serán las últimas en las que seguirán coincidiendo, y con María como actriz dirige la llamada trilogía de las denominadas «muchachas en flor», que Vittorio convierte en heroínas: la citada Recuerdo de amor, Madalena... zero in condotta y Nacida en viernes (las dos últimas de 1940 y 1941).

Finalizada la guerra Vittorio y María, a propuesta de Giuseppe Amato, que había sido su productor en La rosa escarlata (1940) y financiado Humberto D. (1952) les invita a viajar a España para rodar una película que el actor «no recuerda muy bien». Al parecer no interesó el proyecto y se volvieron como llegaron: con los bolsillos vacíos. Así lo recuerda De Sica:

 

Por la noche llegamos a Barcelona, y antes de entrar en la ciudad, Amato quiso ponerse al volante para hacer su entrada triunfal en esa ciudad. Llegamos cerca de las diez de la noche al Gran Hotel de Barcelona. No había ni un alma. Tuvimos que llamar al botones del hotel y esperar un buen cuarto de hora ante de que viniese[15].

 

De todo el extensísimo currículo fílmico de Vittorio destacaríamos, especialmente, dos títulos: Umberto D. (1952), como director, y El general de la Rovere (1959) realizada en por Roberto Rossellini, La primera, rabiosamente neorrealista, basa el argumento en un jubilado que intenta sobrevivir con su miserable pensión. Sólo tiene dos amigos: la criada de la pensión y su perro Flike, con el que quiso honrar la memoria de su padre y de su perro. En la segunda, como actor protagonista, dio vida a un estafador de poca monta que acepta hacerse pasar por un general badogliano[16]. De Sica realiza un extraordinario trabajo haciendo creíble que un individuo amoral, sin principios, se convierta en un héroe antinazi. Actor internacional sus personajes han pasado desde el héroe al villano; de Príncipe de la Iglesia a aristócrata. En España protagonizó el cuarto de los títulos de la serie: Pan, amor y… Junto a Carmen Sevilla, como el director músico de una banda dio vida al profesor Carotenuto en Pan, amor y Andalucía (1958)[17].

Comprometido con su tiempo, libre, no dudó en acoger en su casa a refugiados judíos que se escondían de los nazis, detalle revelado por su hijo Christian. Tampoco dudó en renunciar a su nacionalidad para poderse casar con María Mercader, la rubia catalana que había renunciado a su carrera por él y le había dado dos hijos. Su última aparición pública fue en Madrid, a últimos de octubre, donde había viajado con María para inaugurar un cine en el que se proyectó Umberto D., la película que Vittorio quiso dedicar a su padre, como afirma en sus memorias. Murió unos días después, en París, el 13 de noviembre de 1974. Tenía 73 años.

 

4.3. La protagonista: María Mercader (1918-2011)

 

La catalana María de la Asunción Mercader Fardada (María Mercader para el cine) ya había hecho sus primeros pinitos en el cine español cuando, huyendo de los horrores de la Guerra Civil, abandonó su Barcelona natal, cruelmente bombardeada, en 1938. Había debutado en la película musical Molinos de viento, rodada en 1937 bajo la dirección de Rosario Pi, una de las primeras guionistas y directoras de cine en España. Se estrenó en 1938. Las fuentes suelen afirmar que María se fue a Francia en compañía de Rosario Pi, sin embargo, siguiendo sus memorias, ella afirma que no recordar nada de la película dirigida por Pi «aparte del título». Es más, una vez instalada en París, donde había llegado a instancias de su madre, y con la ayuda de un coronel republicano «de buen corazón» que, por lo que deducimos del texto, se había convertido en amante de su madre, ella habría rechazado la propuesta de dar el salto para trabajar para la Fox en Hollywood, como le aconsejaba su antigua directora, convertida ahora en agente cinematográfico. Según María, fue ella la que convenció a Pi para ir a Italia, cosa que hizo «un mes después de encontrarme yo en Roma»[18]. En plena Guerra Mundial, con Italia bajo la bota nazi, María viajó a la España franquista para protagonizar la comedia Madrid de mis sueños (1942), una coproducción hispano-italiana dirigida por Max Neufeld y Gian Maria Cominetti y guion compartido con la también actriz Anita Farra. Ya había conocido a Vittorio de Sica y, según confesaba muchos años después en una entrevista en TVE, el que llegaría a ser su marido: mujeriego, jugador, machista y celoso (como ella reconoce en sus memorias). Este no dejaba de enviarle cartas durante el rodaje en las que le declaraba no poder vivir sin ella hasta el punto de llegar al suicidio si ella no regresaba. Había conocido al actor durante el rodaje en 1940 de Rose scarlatte (La rosa escarlata). Volverían a coincidir en 1942 en la película dirigida por Vittorio Un garibaldino al convento (Recuerdo de amor). De Sica era un hombre casado desde 1937 con la actriz Guiditta Rissone, con la que tenía una hija, Emi, y otra hija (no reconocida) habida con la actriz española Mimí Muñoz en 1938 cuando ésta trabajaba en Italia. Mimí fue madre a su vez de las actrices Mara, María Jesús y Conchita Goyanes. La hija de ambos es Amelia Victoria (Vicky Lagos para el cine)[19]. Cuando Vittorio y la Mercader se conocieron había una diferencia de 17 años entre ellos.

Lo cierto es que, para María, una joven de la burguesía catalana que se había educado en un colegio interno, la guerra española, con todo su horror, le había supuesto, como ella misma confiesa, una etapa de libertad al verse fuera de la férrea disciplina de las monjas. La muerte del padre y la situación familiar adversa le habrían propiciado su iniciación como actriz. Luego, ya en Italia, aquella chica pacata, sin mundo, y con poca cultura, se habría iniciado en las lecturas de los autores que no había podido acceder por culpa de la nula educación durante sus años de estudiante:

 

En las largas horas de espera que comporta el trabajo en el cine (…) no tenía más recurso que la lectura contra el aburrimiento (…) Leí a Víctor Hugo, Dickens, Dostoievski, a Jane Austen y a García Lorca (…) compraba los libros al azar (…) siguiendo el recuerdo de las insuficientes informaciones que me habían dado en el colegio[20].

 

            Tampoco podía presumir María en materia amorosa. Según confiesa, a su llegada a Italia seguía siendo virgen: «desde que se enteraron de lo mío [los compañeros] me trataban como a una educanda y como a una cretina» (p. 28). Su primer, y breve romance, sería un actor italiano Osvaldo Valenti. A Vittorio lo conoció a los pocos meses de llegar. Fue una escena «incendiaria»: «Vi por primera vez a Vittorio de Sica (…) en medio de un incendio (…) trabajaba en una película en Cinecittà, cuando se incendió el plató (…) también él estaba rodando, Rose Scarlate, su primera película como director» (p. 9).

            Ese fue el comienzo de una relación, nada fácil, que duraría treinta años. A pesar de la diferencia de edad de la pareja, del estado civil de él (estaba casado con la actriz Giuditta Rissone, como ya adelantamos), de las aficiones de Vittorio (sus variadas relaciones amorosas y con el juego), de los celos y el machismo del divo, que ella misma confiesa (por él dejó su profesión), sus destinos continuaron unidos hasta la muerte del director. Sobre este particular, María escribe: «Vittorio era incapaz de admitir en las mujeres exigencias y derechos que en los hombres se le aparecían naturales» (p. 197).

La pareja tuvo dos hijos: Manuel y Christian, que siguieron la saga familiar. Por amor, Vittorio se hizo ciudadano francés para poder divorciarse de su primera mujer, con la que se había casado en 1933. Después de una boda en 1959, en México, unión no reconocida en la católica Italia y tras su naturalización francesa, María y Vittorio se unieron legalmente en París en 1968. En México la pareja conoció a Luis Buñuel, de quien escribe: «si no hubiese sabido quien era, habría tomado a Luis Buñuel por un tranquilo señor Burgués» (p. 193) y también al director Emilio «Indio» Fernández, y a la famosa actriz Dolores del Río.

Tras la muerte de Vittorio retomó su profesión interviniendo en varias películas como Juan, dirigida por Paolo Nuzzi (1976); Clarence, dirigida por Pasquale Squittieri (1984); La casa del sorriso, dirigida por Marco Ferreri (1988); Luces y sombras, dirigida por Jaime Camino (1988); La cuenta Max, dirigida por su hijo Christian De Sica (1991) o El lobo, dirigida por Carlo Verdone (1992).

PALABRAS FINALES

 

Carne de Fieras, la película española, podría muy bien, como se ha escrito, proporcionar una buena historia para un nuevo guion. También adelanta o, así nos parece, esa visión íntima, popular, que desarrollará el cine italiano posbélico. También Guerra, como los neorrealistas, y en cierta forma, pone el foco en temas sociales, si bien, en este caso, los personajes no los busca en la marginalidad, sino en el mundo de las variedades artísticas. A diferencia del neorrealismo sus actores son profesionales y algunas de sus escenas presentan ciertos rasgos surrealistas.

También los cineastas españoles, en aquellos oscuros y autárquicos años ―nos habíamos quedado fuera del Plan Marshall― intentaron desarrollar en los años 50 un cine similar, pese a la hostilidad y el peso de la censura franquista. El título pionero: Surcos (1951), película dirigida por José A. Nieves Conde, con argumento de Eugenio Montes y adaptación de Gonzalo Torrente Ballester y Natividad Zaro[21], con pareja protagonista compuesta por los actores Luis Peña y María Asquerino, que bordan sus respectivos papeles como campesinos desesperados que emigran a la gran ciudad[22]. No fue el único caso, pues años antes, durante los años de la Segunda República se rodaría alguna película que cumple a la perfección las características que Zavatini, Rosellini, Vittorio y compañía desarrollarían algunos años después, como es el caso del documental, financiado por el anarquista Ramón Acín, Las Hurdes, tierra sin pan, dirigido en 1932 por Luís Buñuel[23].

Por otro lado, no podíamos dejar de citar, dado el contexto, a los cineastas españoles del llamado «cine de la disidencia» Juan Antonio Bardem (Muerte de un ciclista, 1955; Calle Mayor, 1956) y Luis García Berlanga (Bienvenido Mister Marshall, 1952; Plácido, 1961; El verdugo, 1963) y, cómo no, al italiano Marco Ferreri, que dirigió tres esenciales filmes del neorrealismo español: El pisito (1958), con Mary Carrillo y José L. López Vázquez; El cochecito (1960), de nuevo con López Vázquez y José Isbert y Los chicos (1959), con José Luis García y Joaquín Cascales Zarzo (las dos primeras con guion del inolvidable Rafael Azcona).

Por su parte, la historia de la película La Puerta del cielo, condenada al olvido durante tantas décadas, fue revivida cuando el director, el siempre comprometido greco-francés Costa Gravas removió conciencias con su película Amén (2002), en la que acusaba al Papa de un silencio cómplice con la Alemania nazi y el Holocausto. Como respuesta, cierta prensa internacional (El Corriere de la Sera, Clarín o La Nación) sacaron a la luz la película de De Sica como prueba de que, con su realización, la Iglesia y su director habían salvado un buen número de judíos. Poco después, a reclamo del tema, el director italiano Maurizio Ponzi, que ya había trabajado como asistente de Passolini, dirigía A luci spente (Las luces apagadas), estrenada en 2004. La acción se situaba también en 1943 y contaba la historia del rodaje la película Redención, que había sido dirigida por Marcello Albani, rodada en los estudios Cinecittà y costeada por el Vaticano. Según la familia De Sica, tenía evidentes similitudes con La Puerta del Cielo, a pesar de que su director, Ponzi, negó el hecho. Pero esta ya es otra historia.

 

Nota: se trata de un resumen del artículo más extenso del que se han suprimido, para hacerlo más ligero de leer, casi todas las notas de pie de página y la bibliografía. Si hay alguien interesado en alguna cuestión no tengo inconveniente en aportarle la información pertinente.



[1] ROJAS, Luis R.: “La triada cine, historia y guerra” en http://revistes.ub.edu/index.php/filmhistoria/article/viewFile/12183/14939  (consultado el 14 de enero de 2018).

[2] La película estaba financiada por El Vaticano, que vetó la distribución de la cinta. Sólo se conservan tres copias, dos guardadas en los archivos vaticanos y una tercera en poder de Christian De Sica, hijo del director.

[3] GUERRA, Armand (2005), A través de la metralla. Escenas vividas en los frentes y en la retaguardia, 1937 (Segunda edición), La Malatesta Editorial, Madrid, p. 28.

[4] Presidente del Comité Nacional Republicano y Director General de Correos de Estados Unidos desde 1921 a 1922, famoso por su célebre Código moral.

[5] El propio Guerra, cuando estalla la rebelión militar, quiso abandonar el rodaje para ir a rodar al frente, pero no se lo permitieron argumentando que había varias familias que dependían de ese trabajo.

[6] GUERRA, Armand (op. cit., p. 7).

[7] Muchos de los fundadores de los primeros núcleos internacionalistas en España pertenecían al gremio de los tipógrafos que serán conocidos como la “aristocracia obrera” por su cercanía al mundo de la cultura y de las noticias de actualidad.

[8] Con guion del propio Francisco Franco (como Jaime de Andrade) con Sáenz de Heredia y Antonio Román., y protagonizada por Ana Mariscal y Alfredo Mayo. En 1950 se estrenó una nueva versión titulada El espíritu de una raza.

[9] GUERRA, Armand (op. cit., p. 40).

[10] Crónica, 28-6-1936, p. 9.

[11] Crónica, 28-6-1936, p. 9.

[12] Se estrenó en Italia en febrero de 1945.

[13] La pareja tuvo que repetir en 1968 la ceremonia; esta vez en San Marino, y tras renunciar de Sica a la ciudadanía italiana y así poder divorciarse de su primera mujer y evitar así una posible denuncia por bigamia en Italia.

[14] A saber: El limpiabotas (1946); Ladrón de bicicletas (1948); Ayer, hoy y mañana (1964) y El jardín de los Finzi-Contini (1971).

[15] V. De Sica: La puerta del cielo (2015), p. 109.

[16] Pietro Badoglio (1871-1956). Político y militar italiano. Mariscal del ejército, sustituyó a Benito Mussolini como Presidente del Consejo de Ministros de Italia tras el golpe de estado del 25 de julio de 1943 y condujo a Italia a la salida de la Segunda Guerra Mundial.

[17] Tras Pan, amor y fantasía (1953) llegarían Pan, amor y celos (1954), ambas junto a Gina Lollobrigida, y Pan, amor y... (1955), con Sophia Loren.

[18] María Mercader:  Mi vida con Vittorio de Sica, Plaza y Janés, 1980, p. 24.

[19]Estos detalles se han conocido gracias a las memorias de la actriz María Luisa Merlo, hijastra de Vicky ésta con su padre, el actor Ismael Merlo:  María Luisa Merlo, más allá del teatro, Temas de hoy, 2003.

[20] Mercader, M., op. cit., p. 34.

[21]Una de las escasas guionistas de nuestro cine en aquella época. Cfr. BALLESTEROS, Rosa Mª (2011), Escritoras de cine (1934-2000): Galería de autoras.

[22] En 1957 Nieves Conde vuelve a la carga con El inquilino. La pareja protagonista: Mª Rosa Salgado y Fernando F. Gómez.

[23] Se financió con un premio de la lotería. Acín comprometió a su amigo Buñuel para que realizara algo social.