jueves, 14 de octubre de 2021

                                           TERTULIA DEL 13 DE OCTUBRE DE 2021


             "UNA VISION DEL FEMINISMO DESDE UN PUNTO DE VISTA CULTURAL"


ELENA GALAN JURADO, exconcejala de Cultura de nuestro Ayuntamiento disertó sobre el tema ante una animada concurrencia que participó en un animado debate. El aforo registro 40 asistentes.


domingo, 10 de octubre de 2021

EL MILAGRO DEL AGUA OXIGENADA

EL MILAGRO DEL AGUA OXIGENADA

 

Rosa Mª Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@gmail.com

 

 

Corría el año 1936 y un actor llamado Kaspar Brandhofer (1891-1946) se había convertido en la estrella de la escena alemana. Sin embargo, la tal estrella, tan ensalzada por los nazis, ni era ario, ni había nacido en el Tirol austriaco como quería aparentar: su verdadero nombre era Leon Moriz Reiss y había nacido en 1891 en una ciudad llamada Dolyma, en el suroeste de Ucrania. Cambiaría de nuevo otras dos veces de nombre, como más adelante veremos, en un camaleónico esfuerzo de adaptarse a las circunstancias y acuciado por los avatares que le deparó la vida. Esta es una de tantas historias en las que el ser humano elabora estrategias de supervivencia, y también un canto al ingenio, además de una profunda reflexión sobre la angustia en la que cualquiera puede verse inmerso ante el peligro de la falta de libertad y la inquietud por conservar la propia vida, tan presente en estos críticos momentos.

El joven judío Leon Moriz era un aspirante a actor cuando se alistó en el ejército austriaco[1] como soldado al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914. Cuando finalizó, había ascendido a teniente tras haber sido herido varias veces y condecorado por su valor. En 1916 se casó con Stephanie Wagner, con la que tuvo dos hijos. Acabado en conflicto retomó de nuevo su gran vocación: el teatro, donde se había iniciado en 1913 en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Viena. Debutó en 1919 con la obra El rey Lear dirigida por un pionero del cine alemán: Rudolph Schildkraut (1862-1930)[2], también judío como él. Siguiendo su carrera ―con un nuevo nombre, esta vez germanizado: Leo Reuss― trabajó en Munich en una compañía fundada por Erich Ziegel (1876-1950), casado con la actriz judía Mirjam Horwitz (1882-1967). Ya actor consagrado, colaboró con personalidades como Berthold Brecht (1898-1956) o Erwin Piscator (1893-1966). Sin embargo, a su éxito profesional no le acompañó el de su vida privada: se divorció y volvió a casarse con una actriz alemana del cine mudo: Agnes Straub (1890-1941)[3]. El nuevo matrimonio fundaría su propia compañía en los años 30, una década ominosa en la que un austriaco de nombre Adolf Hitler (1889-1945), al frente del Partido Nazi, se había hecho dueño del país[4]. Acuciado por las leyes racistas y antisemitas ―entre sus prohibiciones estaban los matrimonios interraciales y las restricciones en el desempeño de ciertas profesiones― la pareja huyó a Austria, pero la larga mano del nazismo había llegado hasta allí, así que Leo, el actor, regresó y se dispuso a elaborar la única estrategia que le permitiría vivir en aquel caos: se recluyó en una cabaña del Tirol para estudiar concienzudamente el modus vivendi de sus habitantes hasta hacerse pasar por uno de ellos. En resumen, la estrategia del camaleón. Su nueva identidad la inició con un cambio de nombre: Kaspar Brandhofer, se vistió como los campesinos tiroleses y se dejó crecer la barba[5], que tiñó con peróxido de hidrógeno (vulgarmente conocido como agua oxigenada). De este modo un nuevo León, travestido como un verdadero ario, logró un papel en una obra basada en la novela Fräulein Else, cuyo argumento tenía como protagonista a una joven judía de clase alta. Pudo comprobar que su nueva personalidad era todo un éxito cuando el director de la obra, Max Reinhardt (1873-1943), también judío[6], y antiguo conocido, no le había identificado, como tampoco le habían identificado varios de los actores, también viejos conocidos, que intervenían en la obra.

Lo que resulta “paradójico” fue que este triunfo no lo pudo digerir. Los irritantes y continuos sacrificios “capilares”, la impostura por su falsa personalidad y, lo que es más significativo, el hecho de que la situación para los judíos empeoraba día a día, junto con tener que soportar la presión de vivir en el constante engaño ante los nazis acabo con esta situación, de forma que se armó de valor y desveló toda la verdad. Tuvo suerte, a pesar del escándalo. Quizás: “El mejor actor de su generación” o “La sensación de la noche”, como así afirmaba la crítica, o que los nazis lo consideraran como un ejemplo de la superioridad de la raza aria debió pesar en esa suerte. Lo cierto es que nuestro astuto Leo no se durmió en los laureles y, aprovechando que el magnate de la Metro-Goldwin-Mayer, Luis B. Mayer (1884-1957), de nuevo otro judío, le había visto actuar en Viena y le ofreció un contrato que Leo no dudó en aceptar: hizo sus maletas y emigró en 1937 a EE. UU.

De nuevo lo “paradójico”. Mejor dicho “asombroso”. Ya actor en Hollywood, y de nuevo rebautizado con el nombre anglosajón de Lionel Royce, los jerifaltes nazis, a través de su embajada, le hicieron llegar una oferta para dirigir la UFA (los estudios cinematográficos más importantes de Alemania). ¿Se trataba de un caramelo envenenado? Nunca se sabrá. Lo cierto es que la UFA perdió un buen número de sus estrellas por aquellos años: Fritz Lang y F.W. Murnau, Marlene Dietrich o Max Ophüls, pasarían a formar parte de la luminaria hollywoodiense y Leon, como muchos, no hizo caso de las promesas del Reich que le garantizaban ser declarado “ario honorario”.

Hasta 1946, año de su muerte en Manila, donde se había desplazado en gira para entretener a las tropas norteamericanas destinadas en el Pacífico, intervino en decenas de películas, entre ellas Confesiones de un espía nazi, dirigida por el también judío Anatole Litvak en el papel de militar nazi. De nuevo en películas como Nurse Edith Cavell y Pack Up Your Troubles (ambas de 1939), Undergrund (1941), Useen Enemy (1942), entre otras, volvió a dar vida a militares nazis. En 1946 intervino en la famosa Gilda, en un papel secundario y personaje alemán. Combinando cine, en 1939 se había incorporado a una compañía teatral llamada Continental Players, formada por actores huidos del nazismo, como él. Ente otros: William Dieterle, el ya citado Max Reinhardt, Charlotte Hagenbruch, Henry Blake o Edward G. Robinson. Muchos años antes, en 1923, dirigido por Robert Wiene, otro antinazi, había dado vida a Bartolomé, el apóstol, en la película muda alemana I.N.R.I.

Creo que fue Stephen Hawking quien dijo algo así como que la inteligencia es la habilidad para adaptarse a los cambios. Si esto es así, nuestro amigo León fue muy, pero que muy inteligente. Lástima que la suerte le durase tan pocos años. Es muy probable que sus peripecias le pasasen factura, y que estas fueran la causa de que estallara su corazón con un infarto mientras cumplía con la misión que había sido el motor de su vida: el viejo arte de los cómicos.

                     EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA

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[1] Su ciudad, Dolyma, formaba parte entonces de la Galizia Austro-Húngara.

[2] En 1920 se instaló definitivamente en Estados Unidos y en 1925 fundó su propio teatro judío en el Bronx.

[3] Como dato curioso, la primera película en que Agnes intervino como actriz fue una adaptación de 1920 de El alcalde de Zalamea, de nuestro Calderón de la Barca, dando vida al personaje de “la Chispa”.

[4]Líder del Partido desde 1921, Hitler fue nombrado canciller en 1933, instalando a partir de aquí un sistema totalitario que liquidó las instituciones democráticas de la República de Weimar. Quedaba instalado, pues, el Tercer Reich.

[5] En alguna de sus biografías extienden el tinte a todo el cuerpo.

[6] Reinhardt, huyendo del nazismo, se exilió en Estados Unidos, donde siguió trabajando en cine y teatro hasta su muerte en 1943.

jueves, 7 de octubre de 2021

                                    INAUGURACION DE LA NUEVA TEMPORADA 2021-22




EL MIERCOLES 6 DE OCTUBRE DE 2021 "EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA" 

INAUGURÓ SU NUEVA TEMPORADA DE TERTULIAS CON LA PRESENCIA DEL 

ALCALDE, VICTOR NAVAS QUE DESARROLLÓ EL TEMA 

"SOCIEDAD, CULTURA Y POLITICA"

El acto tuvo lugar en la sala de reuniones de la Casa de la Cultura a las 19 horas y contó con un aforo de 30 asistentes.

domingo, 3 de octubre de 2021

LA MEZQUITA DE CORDOBA

                                                 LA MEZQUITA DE CÓRDOBA

      Es muy posible que la Mezquita de Córdoba ni siquiera fuera construida por los árabes que presuntamente nos invadieron en el año 711. La historia nos dice que Abderraman I inició su edificación en el año 785 y la terminó en el 786 incluyendo en este espacio de tiempo el derribo de la basílica visigótica de San Vicente (hecho más que dudoso ya que no se ha encontrado en su subsuelo restos de ninguna iglesia preexistente) (I. Olagüe: “La Revolución Islámica en Occidente”, Plurabelle 2004). Es inconcebible que en apenas un año pudiera levantarse un templo de la monumentalidad y perfección del que nos ocupa y en el que sus principales características no fueron importadas por los árabes, puesto que la doble arquería existía ya en el acueducto romano de Mérida y los bellísimos arcos de herradura son típicos de las construcciones visigodas (J. Pijoan: “Historia del Arte”, Salvat 1970).

      Es más que probable, por lo tanto, que Abderraman I, “el inmigrado”, no llegara a derribar ni a construir nada y que lo que tenemos ante nuestros ojos es la mismísima basílica de San Vicente a la que pertenecería el magnífico columnario y cuya construcción se suele datar entre los siglos IV y VI, aunque su origen tampoco está claramente determinado y no esté demostrado un posible inicio romano.

      No obstante la existencia de un asentamiento de utilización religiosa en este mismo lugar parece ser muy anterior. En el denominado Manuscrito de Tamagrup editado del texto árabe por Hussein Monés en la Revista del Instituto de Estudios Islámicos de Madrid (1965-66) y citado en los  “Anales de Córdoba Musulmana” por Antonio Arjona Castro (1982), se encuentra un texto de Al Razi, historiador cordobés cuestionable pero imprescindible, que atribuye la construcción en este lugar de un primer templo a las indicaciones de Salomón hijo del Rey David para las necesidades de los judíos. Hablamos por tanto de mil años antes de Cristo.

      No tenemos ninguna descripción de este primer templo ni de su evolución posterior, pero, siguiendo a Al Razi, rezaron en él generaciones de judíos que poco a poco se fueron cristianizando de tal forma que tras la predicación de Jesús de Nazaret el templo pasó a ser de uso cristiano unitario (monoteísta) heterodoxo porque en la España visigoda y particularmente   en Andalucía se practicaba la herejía arriana de cuyo mejor conocimiento litúrgico podrían extraerse algunas conclusiones relativas a la disposición y funcionalidad del edificio actual, ya que éste de ninguna manera parece estar concebido para las necesidades del culto islámico ni del cristiano que precisan de espacios abiertos para seguir al oficiante.

      El paso del arrianismo al islamismo debió ser así mismo muy gradual ya que parece suficientemente atestiguado que antes de ser mezquita ya se celebraba allí la oración de los viernes, es decir, que musulmanes y cristianos arrianos compartieron el templo (C. Sánchez Albornoz: “La España Musulmana”, Espasa Calpe 1974), lo que se puede explicar por la existencia de una fuerte sintonía religiosa entre ambos, hecho constatable porque los arrianos, como el resto de los católicos unitarios, presentaban importantes similitudes con el islam, doctrina de origen romano-bizantina en la que confluyeron negando la divinidad de Jesucristo y oponiéndose a la concepción trinitaria cristiano-romana, lo que a su vez contribuiría a explicar mejor la relativa facilidad de la islamización española (E. González Ferrín: “Historia General de Al Andalus”, Almuzara 2007).

      Las sucesivas ampliaciones llevadas a cabo por los musulmanes cordobeses, Abderraman II (840-48), Al Haquen II (962-65) y Almanzor (988), (siguiendo a Pérez Higueras en “El esplendor de los Omeyas cordobeses”, Junta de Andalucía 2001) embellecieron y engrandecieron, enriqueciéndolo hasta las máximas cotas artísticas de su tiempo el ya magnífico recinto sin desvirtuar ni dañar el aspecto original, respetando su orientación (falsamente supuesta como errónea) y su estructura, que han hecho a este monumento universalmente admirado.

      No ocurrió lo propio con las modificaciones cristiano-trinitarias impuestas y llevadas a cabo a partir de la toma de la ciudad por Fernando III en 1236. En este mismo siglo el obispo Mesa inició la cadena de actuaciones aberrantes que culminarían en la gran profanación llevada a cabo a propuesta del obispo Alonso Manrique en 1523 al iniciar las obras de construcción de una enorme nave gótico-plateresca dentro del columnario primitivo arrancando para esta ocasión cuanta columna fuera necesaria hasta la terminación de la obra en el año 1600. Por increíble que pueda parecer, semejante atrocidad no consiguió acabar con la Mezquita como sucedió en tantos otros lugares de nuestro país.

      No puede calificarse de error excusable tamaña agresión al patrimonio cultural cordobés dada la tenaz oposición que el Concejo y el Corregidor, y el pueblo todo, opuso a la ejecución de las obras (“acordando que ninguna persona sea osada de tocar en la dicha obra, en deshacer ni labrar cosa alguna de ella porque no se podrá volver a hacer con la perfección que está hecha”) (“Historia de Córdoba”, Antonio Jaén Morente, 4º edición,1971) hasta el punto de obligar a tomar la última decisión al mismísimo emperador Carlos V, cuyo supuesto arrepentimiento posterior casa mal con las similares y gratuitas actuaciones que aún podemos contemplar en el Alcázar sevillano y en la Alhambra granadina.

      Inerme a merced de sus depredadores el monumental recinto histórico  viene sufriendo todo tipo de agresiones que intentan menoscabar su valor como emblema de integración cultural antes que de exclusivismo creyente, testigo mudo de nuestra tolerancia religiosa, símbolo universal del sincretismo cordobés y patrimonio de la humanidad.

 

                                                            Jesús Lobillo Ríos

                                      Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

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jueves, 30 de septiembre de 2021


EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA
inaugurará el miércoles día 6 de octubre de 2021 su nueva temporada de sesiones a las 19 horas en la Casa de la Cultura


 





Victor Navas Perez es alcalde de Benalmádena

ISNATIN



EL PASADO 29 DE SEPTIEMBRE A LAS 19 HORAS EN EL SALON DE ACTOS DE LA CASA DE LA CULTURA DEL AYUNTAMIENTO DE BENALMADENA TUVO LUGAR LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “ISNATIN” DEL QUE ES AUTOR EL EXPRESIDENTE DEL ATENEO DE MÁLAGA DIEGO RODRIGUEZ VARGAS.

EL ACTO ESTUVO PRESIDIDO POR EL PRESIDENTE DEL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA JESÚS LOBILLO RÍOS Y EN ÉL INTEVIENIERON EL VICEPRESIDENTE DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS GIENNENSES JOSE MARIA CAPITAN Y EL AUTOR DEL LIBRO QUE GLOSÓ SU OBRA.

A LA FINALIZACIÓN DEL MISMO SE OBSEQUIÓ A TODOS LOS PRESENTES CON UN EJEMPLAR DE LA OBRA. EL AFORO FUE DE 45 ASISTENTES. 






domingo, 26 de septiembre de 2021

LA BELLA OTERO.

                 LA BELLA OTERO: RETRATO DE UN MITO

 

 

Rosa Mª Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@gmail.com

 

 

Según sus propias palabras: «He sido esclava de mis pasiones, no de los hombres». Quien esto dijo se llamaba Agustina del Carmen Otero Iglesias, aunque es más conocida como Carolina Otero o La Bella Otero. Murió en Niza en 1965.

Sus biografías la describen como una bailarina, cantante y actriz, aunque se pone el acento en otro «arte» suyo muy particular: su éxito como cortesana ―algunas fuentes aluden directamente a la prostitución, básica, en sus primeros momentos, para ascender progresivamente hasta alcanzar la categoría de lujo―. No es una opinión gratuita. Se dice que Carolina llegó a seducir a personajes de la realeza como Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, el británico Eduardo VII o políticos como el Primer Ministro francés y Nobel de la Paz Aristide Briand, con quien por cierto tuvo una relación entrañable hasta la muerte de éste.

Para una parvenue extranjera, su triunfo fue espectacular al tener que competir con una pléyade de bellas libertinas como Liane de Pougy (1869-1950)[1], de raíces españolas por parte de madre; Emilienne d’Alençon (1869-1946), bailarina de cabaret y gran cortesana  (una de las «Tres Gracias» de la Belle Époque, junto a la Otero y Liane de Pougy); la también estrella de Folies Bergère Cléo de Mérode[2] o divas como Lina Cavalieri (1874-1944), frecuentemente citada como «la mujer más bella del mundo»[3] o Virginia Oldoini (1837-1899), conocida como «La perla de Italia» y Condesa de Castiglione. Aristócrata y agente encubierta italiana, fue celestinescamente utilizada para enamorar al emperador Napoleón III de Francia. Algunas fuentes apuntan su influencia sobre éste para la unificación italiana. Rivalizando con todas ellas, como adelantamos, con mucho mérito, porque solo le acompañaba su gran belleza, Otero llegó a reunir una fabulosa fortuna que, debido a la ludopatía que padecía, fue dilapidando en los casinos de Niza o Montecarlo hasta reducir su existencia a la casi indigencia, paliada gracias a una generosa pensión de este último casino en el que había enterrado, año tras año, su fabulosa fortuna.

Sin embargo, el origen social de esta campesina gallega, con una educación muy elemental, casi iletrada, no aventuraba la fastuosa vida que llevó durante tantos años. Fue hija de madre soltera y de un marino griego. Tuvo varios hermanos y una hermana gemela y, para mayor desgracia, su infancia se vio truncada tras ser violada con apenas once años, cuestión esta que fue determinante para su vida porque le impidió ser madre. Tras el asalto sexual Carolina huyó de su pueblo, se cambió de nombre y se embarcó en una compañía portuguesa de cómicos ambulantes, una ocupación que, según alguna fuente, no duró mucho tiempo, por lo que tuvo que ejercer diferentes oficios que, dada su escasa preparación fueron forzosamente humildes. Fue en ocasiones bailarina en locales de baja estofa y prostituta ocasional. No tenía especial talento, pero sí desparpajo y belleza, así que tuvo que echar mano de estos dones naturales para sobrevivir sola en aquella temible jungla. Muy pronto le salieron propuestas: un banquero la promocionó como bailarina y la llevó a Francia, país en el que llegaría a triunfar, como ya adelantamos, gracias a su belleza. Muy pronto comenzó a forjar su propio mito, travistiéndose como una andaluza de origen gitano, muy al gusto exótico de la época. Muchos de esos mitos han perdurado hasta nuestros días.

Carolina, ya bien asentada, amplió su campo de acción actuando fuera de Europa en giras como bailarina exótica consiguiendo fama internacional. Trabajó también como actriz de cine mudo en la producción italiana: L'autunno dell'amore, 1918, de Gennaro Righelli, estrenada en España al año siguiente. Llegó a representar Carmen de Bizet o piezas teatrales como Nuit de Nöel. Países americanos como Argentina o Cuba, ciudades como Nueva York o destinos exóticos como Rusia, país donde actuó en varias ocasiones, la convirtieron en un personaje extraordinario. Las mujeres la envidiaron y varios de sus amantes llegaron a arruinarse por ella, incluso hasta llegar al suicidio, de ahí que también se conozca como «La Sirena de los Suicidios», asociándola al milenario mito de aquellas bellas y acuáticas mujeres.

Retirada de los escenarios se estableció en Niza, donde vivió hasta su muerte, en 1965, totalmente arruinada y sola. Nunca se casó. De su vida se han escrito varias biografías y se han hecho películas y series para la televisión. Debido a que Otero inventó parte de su pasado para ocultar hechos como su violación, o sus orígenes extremadamente humildes, muchas de las biografías, películas u otros trabajos que se han hecho, carecen de veracidad. En 1926 publicó una de sus autobiografías: Les Souvenirs et la Vie Intime de la Belle Otero. Entre los documentales, el dirigido por las cubanas Lídice Pérez y Natasha Vázquez en 2002; series televisivas como las emitidas en 1984, o más actuales, como la protagonizada por Natalia Verbeke (Otero joven) y Asunción Balaguer (Otero en sus últimos años) en 2008, nos dan una idea de la vigencia del mito. En 1996 la cantante Ana Kiro, le dedica una canción, incluida en su LP Coa miña xente y existe una escena grabada de Carolina bailando producida en 1898. Pintores y poetas como Julio Romero de Torres en 1914, Toulouse Lautrec, Gabrielle D´Annunzio o José Martí la inmortalizaron en sus obras. De este último son los versos: «El cuerpo cede y ondea; La boca abierta provoca; Es una rosa la boca; Lentamente taconea». Su vida ha sido también llevada a la gran pantalla en películas como La Bella Otero (1954), una producción francesa basada en sus memorias, dirigida por Richard Pottier, con María Félix dando vida a Carolina, en verdad uno de los personajes más destacados de la Belle Époque francesa, de sus círculos artísticos y de la vida galante parisina de aquellos años.

                                   

                                        EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA

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[1] Bailarina, cortesana, escritora, además de princesa y hermana religiosa. Ingresó, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, en la Orden Terciaria de las Dominicas.  Falleció en Lausana, Suiza, bajo el nombre religioso de Ana María de la Penitencia.

[2] Sobre su vida Pierre Horay publicaría su libro Cléo de Mérode, Le ballet de ma vie (1955). Sobre la relación de algunas de estas mujeres se publicará en 1900 L´Idylle saphique (traducido al español por Luis Antonio de Villena).

[3] Natalina «Lina» Cavalieri fue una soprano italiana, también conocida por sus facetas como actriz y monologuista. Trabajó también en el cine mudo italiano y francés. En 1955, Gina Lollobrigida dio vida a la Cavalieri en la película Beautiful But Dangerous (Bonita pero Peligrosa). En 2004, Paul Fryer y Olga Usova publicaron Lina Cavalieri: The Life of Opera’s Greatest Beauty, 1874-1944.