jueves, 27 de abril de 2023
Tertulia del 26 de abril de 2023
domingo, 23 de abril de 2023
El infante D. Luis de Borbón.
EL INFANTE D. LUIS DE BORBÓN
Felipe de Borbón y Baviera, duque
de Anjou, nació en Francia, en 1683, segundo hijo del Gran Delfín de Francia,
con escasas posibilidades de heredar el trono francés, pero era sobrino nieto
del Carlos II, último rey de la Casa de Austria en España, que le designó como
heredero a su muerte sin descendencia en 1700. Felipe fue proclamado rey de
España en el Palacio de Versalles, en Paris, título que ratificó ante las
Cortes Castellanas en 1701 como Felipe V.
De su primer matrimonio con María
Luisa de Saboya tuvo 4 hijos de los que solo viviría el cuarto que reinaría
como Fernando VI. De su segundo matrimonio con Isabel de Farnesio hubo siete
hijos. Carlos III que reinaría hasta 1788, Francisco que murió al mes de nacer,
María Ana futura reina de Portugal, Felipe futuro rey de Nápoles, María Teresa
futura esposa del Delfín de Francia, nuestro protagonista Luis Antonio Jaime
para el que no hubo posibilidades ni reino que adjudicarle, y María Antonia
futura reina consorte de Cerdeña.
Luis Antonio Jaime de Borbón y
Farnesio nació en 1727, último hijo varón de Felipe V y hermano menor de Carlos
III, sin posibilidades de acceso al poder, es calificado como hombre de escaso
carácter que estuvo dominado por su madre y por sus hermanos reyes, aunque se
concede que era campechano, afable y algo extravagante. Su formación fue
descuidada y laxa, notable su afición a la caza, y múltiples sus aventuras
amorosas, de forma que algunos historiadores no dudan en clasificarlo como un
“bon vivant”.
La falta de medios, y quizás de capacidad,
para nombrarlo rey de alguna posesión descuidada, indujeron a sus padres a
dedicarlo a las labores eclesiásticas a fin de que pudiera mediar y mejorar en
las relaciones con el Estado Vaticano. La labor diplomática de los prelados
españoles fue rápida y fructífera. En 1741, con solo 14 años, el infante, sin
necesidad de ser sacerdote, había obtenido varias encomiendas de órdenes
militares, el hábito de Santiago, el arzobispado de Sevilla, el cardenalato y
el arzobispado de Toledo, que le reportaban una renta anual de 160.635.454
maravedíes equivalentes a 160 millones de euros.
Sin embargo su escasa atracción
por la vida religiosa y su agitada vida amorosa con las secuelas consecuentes
de comentarios y escándalos, le indujeron a renunciar a sus dignidades
eclesiásticas, con los beneficios que incluían, al cumplir los 27 años en 1754,
para comprarle poco después en 1761 a su hermano Felipe el Condado de Chinchón
por casi 14 millones de reales, es decir, algo más de 36 millones de euros,
convirtiéndose en el XIII Conde de Chinchón.
A estas alturas su vida se había
disipado por completo, era un empedernido cazador, no tenía ningún tipo de
cometido en la corte, pero cultivaba las artes, las ciencias y todo tipo de
relaciones, especialmente señaladas con varias mujeres del pueblo llano y no
tan llano, de las que se sabe que hubo al menos tres hijos conocidos, y del
destierro de alguna amante y sobre todo de un pintor amigo, acusado de
alcahuete, que debió continuar su vida en América. Lo peor es que adquirió una
enfermedad venérea, posiblemente sífilis, que le obligó a suspender sus
actividades palaciegas lo que despertó las sospechas de su hermano el rey dando
lugar a una investigación que llevaron adelante los confesores reales.
La solución a este desorden
notorio devino en conseguir para él un matrimonio que amoldara sus andanzas a
un ámbito familiar, hecho no deseado por su hermano el rey que temía que su descendencia pudiera
competir con la suya propia en la pugna por la corona ya que sus hijos eran nacidos y criados en Italia.
Para ello Carlos III dilató el permiso real para la boda todo lo que pudo y
posiblemente manipuló para impedir que se casara con alguien de la nobleza real,
y no satisfecho aplica aún a su hermano la Pragmática de 1776 mediante la que
le prohíbe vivir a menos de 50 leguas de la corte y el uso del apellido Borbón
y de sus armas, que tampoco podrán usar sus herederos, es decir, lo destierra y
lo expulsa de la corte.
El infante D. Luis contrae, al
fin, matrimonio morganático en 1776 a la edad de 49 años con María Teresa
Vallabriga y Rozas, una jovencita de 17, perteneciente a la nobleza aragonesa,
de segunda fila, en Olías del Rey, en la capilla del castillo de la Duquesa de
Fernandina y Marquesa de Villafranca, con la mayor discreción, escaso cortejo y
la presencia del arzobispo de Toledo. Imposibilitados para vivir en su Palacio
de Boadilla, la pareja deambula por Velada (Toledo), Cadalso de los Vidrios
(Madrid) para asentarse definitivamente en Arenas de San Pedro (Ávila) donde se
hicieron construir un Palacio en 1780 que quedó inconcluso por falta de
liquidez.
Tuvieron 4 hijos, el mayor, Luis María,
nació en Cadalso en 1777 y llegaría a ser Cardenal Arzobispo de Toledo, el
segundo (1779) murió sin cumplir el primer año de edad, la tercera (1780) fue
una hija María Teresa, futura Condesa de Chinchón y esposa del favorito Godoy,
a la que Goya inmortalizaría con un extraordinario retrato, y la cuarta (1783) también
fue hija María Luisa nombrada Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina
María Luisa.
Además de la caza y de las
escasas visitas que podían tener en Arenas de San Pedro, el infante D. Luis
creó una pequeña corte a su alrededor favoreciendo artes como la música
acogiendo a Bocherini y de la pintura en donde destaca su relación con Goya,
que le pintó un total de 14 cuadros, entre los que destacan el ya mencionado de
su hija María Teresa y “La familia del Infante D. Luis”, otro gran retrato que
representa la presencia de 14 figuras, ampliamente discutidas por los expertos,
y que en la actualidad se muestra en la Fondazione Magnani-Roca de Parma.
El infante falleció en 1785
siendo enterrado en el Convento de San Pedro de Arenas. En 1788 al morir Carlos
III, su hijo Carlos IV levantó las sanciones que pesaban sobre su descendencia.
En 1800 sus restos se trasladaron al Panteón
de Infantes del Monasterio de San Lorenzo de el Escorial, por orden del Rey.
Jesús
Lobillo Ríos
Presidente
del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
Bibliografía.-
Juan Manuel López Marina.
Investigador “.El Infante D. Luis de Borbón”
Francisco Vázquez García. U. C. “Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio”
viernes, 21 de abril de 2023
Ateneos siglo XXI
Sinopsis
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El Ateneísmo es el movimiento cultural privado más importante de
España. En estos momentos está viviendo una etapa muy importante, con el
nacimiento de nuevos ateneos en muchos lugares, especialmente en Andalucía,
donde en poco tiempo han surgido varios proyectos muy interesantes.
El conferenciante hará un recorrido por la historia del ateneísmo español
desde el pionero Ateneo de Madrid, que acaba de cumplir 200 años, hasta
nuestros días, y tratará de analizar los problemas actuales a los que se
enfrenta este movimiento cultural, así como sus perspectivas de futuro,
sostenimiento y crecimiento.
Juan Gaitán, nació en Málaga. Es periodista, poeta, narrador, crítico
literario y profesor de Escritura Creativa.
Como periodista ha trabajado en distintos medios locales y nacionales, y ha
sido galardonado con los premios José María Pemán de Periodismo y el
Ateneo–Universidad de Málaga de Periodismo, así como con la Medalla de Honor
del Periodista, concedida por la Asociación de la Prensa de Málaga. Actualmente
es columnista del grupo Prensa Ibérica y la Cadena Ser y jefe de Prensa y
Protocolo de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Occidental.
Como narrador ha publicado cinco novelas: “Hombres de Luz”, que obtuvo el
Premio Internacional de Novela de la Comunidad Israelita de Serbia; “El
Columbario”; “Donde las nubes dan sombra”, “Wolframio” y “Aware”. También es
autor de la guía turística “Vive y descubre Málaga” y el libro de turismo
“Reencontrar la Costa del Sol”; así como de los libros de relatos “Angélicas y
diabólicas”, “Memorias de un equilibrista” y “Ciudad violeta”. Ganó la XXX
edición del Premio de Narración Breve de la UNED en 2019.
Como poeta ha publicado la plaquette “Juglaría” y los poemarios “Caligrafía
del lunes”, “El orden de los días” y “Animal azul”. Poemas suyos se han
recogido en diferentes antologías poéticas nacionales e internacionales junto a
los de autores de la talla de los premios Nobel de Literatura Seamus Heaney y
José Saramago. También obtuvo el Premio Internacional de Poesía “Cortijo la
Duquesa” de 2016.
Es presidente de la Federación Ateneos de Andalucía desde abril de 2020.
domingo, 16 de abril de 2023
Los mitos 3
Reflexiones sobre los mitos
femeninos (III)
Ariadna en el laberinto: «Chicas
buenas» Versus «Chicasmalas»
Mitos reales, en este caso de «chicas
buenas», aunque rompedoras del estatus, fueron las reinas Isabel de Inglaterra:
buena (ma non troppo), debido a su
ruptura con el catolicismo, haber tenido varios amantes, y permanecer terca,
voluntariamente soltera, rompiendo por ello el esencialismo de su género.
Isabel de Castilla, otro ejemplo, esta sí de «buena-buena» aunque, como la
inglesa Isabel, tuvo que superar grandes pruebas y demostrar su capacidad de
estadista y su fuerte voluntad. Este apartado de mujeres de la realeza lo
clausura Cristina de Suecia, culta y amante, como Catalina, de las artes y
mecenas de artistas. «chica mala» que rompió todos los moldes establecidos,
incluidos tabúes sexuales, se mantuvo soltera y abdicó del trono marchando a su
exilio italiano, donde finalmente murió. También ha sido incluidas mujeres
reales como Safo de Lesbos, poeta clásica, que la historia ha recordado no tanto
por su obra, de la que apenas quedan rastros, como por el morbo de ser
paradigma del lesbianismo, una de tantas «chicas malas» tan denostadas por el
androcentrismo. Finalmente, cerramos el apartado con la Doncella de Orleans,
Juana de Arco, «chica buena», no cabe duda, a quien la Iglesia incluso ha
santificado pero, que, no obstante, rompió en su momento muchas de las reglas
establecidas por el hecho de ser una mujer. Como alguna de las compañeras de
epígrafe, fue condenada a morir en la hoguera. Todas las citadas, como las que
siguen, han sido llevadas al cine.
No se libran tampoco de
ser «chicas malas» ciertos personajes bíblicos, rescatados para nuestro
estudio, como Dalila, la embaucadora que le costó la muerte a Sansón; la joven
Salomé quien, a instancias de Herodías, su madre, fue la causante del asesinato
del profeta Juan el Bautista o una María Magdalena, «chica mala», a medias,
porque aparece como prostituta y acaba como una de las redimidas seguidoras
preferidas de Cristo. Para equilibrar la balanza se incluye a la judía Esther:
valiente, sabia y heroica que salva a su pueblo y que acaba casándose con el
rey Asuero y a Judith, una viuda ejemplar, también «chica buena», a pesar de
ser la asesina del caudillo Holofernes, salvando también a su pueblo, la ciudad
israelita de Betulia. Su fe, y la obediencia a la voz divina que la designa
para tal hazaña, dejan en un plano inexistente la ruptura del rol de género. Y,
como broche final, Lilith/Eva, una chica «mala-malísima», causante de todos los
males de la humanidad, y en la que se concentran todos los defectos y vicios de
las mujeres que han roto todos los patrones impuestos a su género.
En última instancia
rescatamos una serie de personajes femeninos literarios que vienen a reforzar
la pervivencia de los antiguos mitos. Entre las «chicas malas», las rebeldes y
adúlteras Anna Karenina y Emma Bovary, ambas castigadas a pagar con la vida sus
desvíos. Ambas acabarían suicidándose. En el mismo apartado se encuentran
Margarita Gautier, la tierna y enfermiza prostituta, tan generosa que renuncia
al amor para que su amante no caiga en el ostracismo social; o Naná, la actriz
que, con apenas 14 años se enrola en una tribu de gitanos, como la Otero real
(la realidad siempre supera la ficción). Tras una serie de correrías que la
llevaron por medio mundo, murió lenta y dolorosamente, sin dinero y abandonada
por todos sus amigos. Junto a ellas, otra suicida, reconcomida por el
remordimiento, la terrible y ambiciosa Lady Macbeth, infinitamente representada
en todos los formatos, y la tremenda Celestina, tan célebre que ha dado nombre
a toda una estirpe de mujeres, con una punta de bruja, al margen de la
sociedad, como también, aunque con ciertas diferencias, la famosísima Carmen,
quizás el personaje femenino literario más representado en cine, teatro,
televisión y óperas: mitad gitana, mitad bruja: como Celestina, siempre
envuelta en el misterio de «lo femenino», un misterio que nos llevaría a temas
tan «feminizados» como las prácticas relacionadas con lo mágico, y todo lo que
entendemos como «magia negra» en toda su extensión, tan antiguas como la propia
existencia humana. En la cultura romana, por ejemplo, se tiene conocimiento de
estas temibles prácticas, como las tablillas de maldiciones (tabullae defixionum) – una de las más
populares – utilizadas por brujas o nigromantes, o los muñecos de Vudú
(kolossoi, en griego) a imagen y semejanza de los utilizados aún en ciertos
países, prácticas prohibidas por la ley, pero que siguen perviviendo.
Por otro lado, no
podemos tachar de «chica mala», en el más estricto sentido, a la lorquiana
Bernarda, si bien el autor ha concentrado en su personaje toda una serie de
características que castran y empujan al abismo a quienes la rodean. «Chicas
buenas» fueron la dulce Julieta quien, tras entregarse al fogoso Romeo, en
contra de la voluntad familiar, acaba suicidándose, como su amante y como única
salida a su amor imposible, si bien el sacrificio no es baldío porque sirve
para que sus familias se reconcilien. Sobre este argumento, el director Vicente
Escribá realizo una adaptación: Montoyas
y Tarantos (1989) con Esperanza Campuzano (Ana Montoya/Julieta) y Juan
Paredes (Manuel Taranto/Romeo). Finalmente, cerramos el apartado con dos
personajes: Esmeralda, la atractiva y generosa gitana a la que aman varios los
hombres, aunque, por encima de todos, es amada por el deforme Quasimodo, en un
guiño incontestable al clásico mito de la Bella
y la Bestia y la lorquiana Yerma, personaje paradigmático, que encierra
toda la carga esencialista hasta el punto de arrastrarla a matar a un marido
que le niega la maternidad, convirtiéndose así en una mujer castrada y
condenada de por vida. Todas ellas, sea cual sea su origen, y su grado de
«ruptura», las hemos incluido bajo el hipotético paraguas de «Las Descentradas».
Rosa
María Ballesteros García
Vicepresidenta del
Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
miércoles, 12 de abril de 2023
Tertulia del 12 de Abril de 2023
Sobre la inteligencia
RESUMEN
Partiendo
de la base de una conceptualización de la inteligencia del ser humano, mi
trabajo ha consistido en buscar las diferencias entre grupos étnicos, en
especial el pueblo judío y el resto de sociedades occidentales. La inteligencia
superior del pueblo judío puede dejar de ser un mito, gracias a alguna
literatura y unos pocos estudios realizados por investigadores sociólogos,
psicólogos y antropólogos como Murray, Johnson o Harpending y que por razones
obviamente éticas no han podido profundizar en sus investigaciones. Estos
autores intentan buscar los factores causales para admitir la superioridad en
inteligencia de un pueblo como el judío y encuentran un interesante proceso
multicausal que va desde la propia fisiología humana, pasando por la biología genética,
hasta llegar a una interacción socio cultural y socio ambiental, cumpliéndose
así algunas teorías Vygotskianas. Quiero resaltar para el propio desarrollo de
nuestra inteligencia la importancia que tienen los programas de mejora de la
misma que se han desarrollado hasta ahora, haciendo especial hincapié en los
programas en analogías de la actividad mental, como es
JUAN GIL BAUTISTA es Ldo. Psicología por la UMA
domingo, 9 de abril de 2023
Los orígenes del humanismo médico
LOS
ORÍGENES DEL HUMANISMO MÉDICO
La práctica de la medicina comienza
en el inicio mismo de la existencia de los homínidos en la tierra, puesto que
las enfermedades ya existían antes de su aparición, y su primer médico fue el
hombre mismo que atendió a su
supervivencia tratando sus heridas instintivamente, lamiendo, chupando,
apretando, frotando y soplando. La ritualización de estas medidas quedaron en
manos de los shamanes y de los magos, que se arrogaron poderes sobrenaturales para
justificar sus habilidades, asimilándose con los sacerdotes, cuando la medicina
se refugió en los templos.
Un primer reflejo escrito de
estas prácticas lo encontramos en el Código de Hammurabi (1750 a. c.), pero las
primeras recopilaciones de recomendaciones médicas aparecen en los papiros
egipcios, entre los que destaca el de Ebers (1500 a. c.). No obstante fueron
los hebreos los que más contribuyeron al conocimiento médico a través de sus
aportaciones a la Biblia y al Talmud, hasta la llegada de los filósofos griegos
con los que comienza a reconocerse al enfermo antes que a la enfermedad y a
desarrollar un camino racional para su estudio que hizo su asiento en las
bibliotecas.
Hipócrates (460 a 370 a. c.) escribió
72 textos y 42 historias clínicas. Claudio Galeno (129 a 201 a. c.), griego
también, fue una figura de la medicina romana, en donde, tras reconocer como un
arte el curar, abre camino a la salud pública desde la creación de los
hospitales militares, embrión de los civiles. Roma legó sus conocimientos a
Bizancio que los vertió al árabe.
El iraní Rhases o Al Rasis
(864-925) fue un gran conocedor de la medicina griega, gran observador y
racionalista. Inventó el alambique y descubrió el ácido sulfúrico, el etanol y
obtuvo el queroseno. Escribió 184 libros y opúsculos científicos.
Ibn Sina, latinizado como
Avicena, nació en Bujara y falleció en Hamadan (980-1037). De los trescientos
libros que escribió uno de los más destacados es el “Kitab Al Quanun fi Al
Tibb” o “Libro de las leyes médicas”, que son cinco libros, más conocido, como el “Canon de Avicena”, una compilación sistematizada de los
conocimientos griegos y romanos, fundamentalmente de Hipócrates y de Galeno,
que influyeron fuertemente en la cultura occidental.
Los musulmanes cordobeses reunieron
y transmitieron los conocimientos médicos y su aplicación. Entre sus figuras
más importantes destacan Albucasis el cirujano (936 a 1009), nacido y fallecido
en Córdoba, dedicó toda su vida a la medicina escribiendo entre otras obras
“Kitab Al Tasrif”, una enciclopedia médica en 30 volúmenes siendo considerado
el fundador de la cirugía moderna, Avenzoar, nombre latinizado de Abu Marwan Ibn
Zhur, el clínico (1094 a 1162), sevillano que redactó un excelente manual para
la utilización del médico práctico, Averroes el filósofo, nacido en Córdoba y
muerto en Marraquech (1126 a 1198), procedente una familia de jurisconsultos,
es famoso como el comentador de las obras de Aristóteles, fue así mismo un
excelente médico, y Maimónides el humanista hebreo, nacido en Córdoba y
fallecido en El Cairo (1138 a 1204), asentó la teología judaica sobre los
principios de la razón y escribió diez obras sobre medicina.
El quehacer médico pasa ahora a ser el
objetivo de las órdenes mendicantes y militares y a refugiarse en las iglesias, siendo concebido
como una obra de caridad que trata a pobres y enfermos. La enseñanza de la
medicina se realiza de maestro a discípulo ajeno a la existencia de centros
docentes capacitados o reconocidos.
El primer intento de
fiscalización y control de la práctica médica se encuentra en la creación del
Real Tribunal del Proto Medicato, en 1477 por los Reyes Católicos, un cuerpo
técnico encargado de vigilar el ejercicio de las profesiones de los médicos,
cirujanos y boticarios, con capacidad para sancionar su calidad y prohibir su
ejercicio a los que no pasaran el examen exigido.
La obra del valenciano Juan Luis Vives
(1492-1540), “De subvencione pauperum” (Brujas 1526), introduce un cambio
radical en la concepción de los servicios sociales y sanitarios. Incluye la
necesidad de formación, mediante la cual el fraile pasa a ser enfermero, el
físico a ser médico, el barbero a cirujano y el boticario a ser controlado. La
enfermedad deja de ser un castigo divino o demoniaco para convertirse en algo
inherente a la persona. Los enfermos ingresan en el hospital para ser curados y
devueltos a la sociedad pero no para concluir allí sus días de existencia.
El estudio, la formación y la
adquisición de la técnica fueron los elementos fundamentales que en el siglo
XVI asentaron el humanismo en la práctica médica y cuya base llegó implícita de
la mano de las Universidades. En 1499 el Cardenal Jiménez de Cisneros funda la
Universidad de Alcalá de Henares base del humanismo científico. En su programa
docente para ser médico había que ser primero Bachiller en Artes, lo que
obligaba a saber latín y griego y cuya formación podía durar entre dos y cuatro
años, y a continuación otros tantos años para ser Bachiller Médico que ya
permitía ejercer, teniendo en cuenta que dos de ellos eran de práctica médica
con doctores, y los que pretendían ser doctores debían seguir estudiando otros
cuatro años más.
La Universidad de Alcalá se formó
por la adhesión de sucesivos Colegios al primitivo que fundara Cisneros como
Colegio Mayor de San Ildefonso, al que todos acataban disciplinariamente. Los más
conocidos fueron, aparte del mencionado, el de San Pedro y San Pablo (Teología
y Artes), el de San Eugenio o de los gramáticos, San Isidoro (Gramática y
Retórica donde Nebrija enseñó) etc., formando una auténtica ciudad
universitaria.
Los estudiantes de Medicina se
alojaban en el Colegio Madre de Dios o de los Teólogos. En las cátedras de
Prima y Medicina se leían y estudiaban a los grandes médicos clásicos y a los
grandes médicos medievales, y se traducían sus obras al latín. Las clases de
práctica médica de las cátedras de
Anatomía y Cirugía, se llevaban a cabo en el Hospital de San Lucas y San
Nicolás, que fundara el propio Cisneros para estudiantes pobres
Las cátedras en Alcalá se
renovaban cada cuatro años. Entre las figuras médicas que alumbraron este
arranque humanístico debemos recordar a Andrés Laguna (1510-1559), segoviano, que
estudió Artes en Salamanca y Medicina en París, volviendo a dar clases en
Alcalá y siendo médico de Carlos V. Se dedicó a la Farmacología y a la Botánica
siguiendo las enseñanzas de Dioscórides.
Cristóbal de Vega (1510-1573),
nacido en Alcalá pero también estudió Artes en Salamanca y luego Medicina en
Alcalá, donde desempeñó la Cátedra de Prima.
Fernando de Mena (1520-1585),
estudió en Alcalá consiguiendo los títulos de bachiller, licenciado y doctor en
Medicina, para pasar a ser Catedrático de Prima, traduciendo obras de Galeno.
Fundó un Colegio Mayor (de San Cosme y San Damián) para sus familiares y
vecinos.
Francisco Díaz (1527-1590),
alcalaíno, famoso cirujano que escribió el primer tratado de urología que lo ha
reconocido como el padre de la urología universal.
Francisco Vallés (1524-1592) el
“Divino Vallés”, estudió en Alcalá iniciándose en el Colegio Trilingue (griego,
latín y hebreo), para continuar estudiando medicina, llegando a ser catedrático
de Cirugía, considerándosele como el precursor de la anatomía patológica.
Juan Huarte de San Juan
(1529-1588), estudió arte en la Universidad de Baeza y Medicina en Alcalá.
Famoso en toda Europa por su obra “Examen de ingenio para las ciencias” en
donde afirmó que las capacidades del alma tenían una base en la morfología y
fisiología cerebral y que también podían enfermar, por lo que es considerado el
iniciador de la psicología moderna.
Las bases del humanismo médico se
extendieron al resto de las universidades, haciendo inferir que el médico no
solo era un conocedor experto de esa máquina maravillosa que es el cuerpo
humano, también entendía la enfermedad y al enfermo sin cuya comprensión no es
posible conseguir una curación, ni un alivio o un consuelo.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot,com”
Bibliografía.-
Félix Martí Ibáñez. (1911-1972). “La
epopeya de la medicina”.
Gonzalo Gómez García. “Sanar
cuerpos y guardar almas”. Fund. Banco de Santander, 2022.
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