jueves, 25 de noviembre de 2021
TERTULIA DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 2021
domingo, 21 de noviembre de 2021
LUISA CASATI
Luisa Casati:
la mayor
futurista del mundo
Rosa Mª Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
Del mismo modo que otras musas, como
Simonetta Vespucci, inspiró a Boticelli, o la cordobesa María Teresa López, la
musa más retratada por Julio Romero de Torres, la milanesa Luisa Casati,
marquesa por matrimonio, nacida en 1888, fue también musa e inspiración para
escritores como Colette, poetas como D´Annunzio, su amante, que la llamaba
«Coré» (como la diosa del inframundo griego) y «Divine Marquise» (en alusión al
Marqués de Sade); fotógrafos como Adolf de Meyer, Cecil Beaton o Man Ray, así
como diseñadores varios (posó con uno de los famosos vestidos Delphos de
Fortuny) como Elsa Schiaparelli o Coco Chanel, quienes diseñaron también para
su admirada Luisa. Ella misma afirmó: «Quiero ser una obra de arte viviente».
No era una belleza al
uso; era exageradamente alta, muy delgada y tenía unos ojos enormes, verdes,
pero saltones. En definitiva, nada hacía predecir que sería el modelo que
epataría a todos los que la frecuentaban. Ella misma se reinventó
convirtiéndose en la diva que llegó a fascinar a personalidades (nada
sospechosas de sorprenderse) como Pablo Picasso, y para ello creó su propio
look: se tiñó el pelo de un rojo rabioso, inmortalizado en las pinturas,
blanqueó su piel con polvos (recordemos el retrato de Isabel I de Inglaterra).
Sus ojos siempre aparecían sombreados de kohl negro, con pestañas postizas, e
incluso se colocaba sobre sus cejas otras de terciopelo negro. Para rematar el
maquillaje acostumbraba a utilizar belladona para mantener sus pupilas oscuras.
Además, acostumbraba a vestir con atuendos ad hoc: turbantes, plumas,
serpientes vivas a modo de collares (que inspirarán a Cartier) o trajes futuristas
(visualizar a Victoria Abril o Rosy de Palma desfilando con Gaultier).
Finalmente, acostumbraba a pasear por la calle, desnuda, bajo un abrigo de piel
y acompañada de dos guepardos amarrados con sendas correas enjoyadas. Arruinada
por sus excesos: sus caprichos pasaban por ser atendida por sirvientes desnudos
y sentaba a su mesa a maniquíes de cera como convidados de piedra. Algunas
fuentes apuntan que algunas de esas figuras servían de columbarios para las
cenizas de antiguos amantes.
Ella misma, como ya
adelantamos, fue «una obra de arte viviente». Murió en Londres pobre y con
pocos amigos en 1957, ciudad donde se había refugiado en los años 30 huyendo de
sus acreedores. Tampoco fue bien acogida en su Italia, la Italia fascista a la
que escandalizó. Desapareció, pues, «la mayor futurista del mundo», como la
definió Filippo Tommaso Marinetti, fundador del movimiento futurista. Murió
arruinada, como se ha dicho, pero, «antes muerta que sencilla», fue enterrada,
por voluntad propia, con sus pestañas postizas y, además, en compañía de su
perro pekinés disecado.
Su personalidad y sus
extrañas estéticas siguen inspirando a firmas como Dior, Chanel, Yves Saint
Laurent, Norman Norell, Alexander McQueen o Galliano y a diseñadoras como
Georgina Chapman o Carolina Herrera. Incluso la actriz, productora directora y
escritora británica Tilda Swinton, fotografiada por Paolo Roversi, se metió en
la piel de Luisa Casati para la revista Acne
Paper Sweden (2009). También encantó a pintores como Giovanni Boldini, Zuloaga,
Kees van Dondgen, Depero, Poiret o Fortuny.
Basadas en su figura,
actrices tan famosas como Vivien Leigth (la Escarlata O´Hara de Lo que el viento se llevó) en La Contessa (1965) y la no menos famosa
Ingrid Bergman (Casablanca, 1945),
protagonizaron películas inspiradas en la vida de la condesa. También ha
inspirado a cineastas como John Hanrahan, director del corto London and the Musse, estrenada en 2015,
protagonizado por la Keniana Victoria Savage.
En esta primera «Lady
Gaga» se dice que Gabriel d'Annunzio se inspiró para el personaje de Isabella
Inghirami[1] en
su obra Forse che si novelas de Michel Georges-Michel: Dans la fete de Venise (1922) y Nouvelle Riviera (1924).
En 2013, la editorial
italiana Rizzoli Libri publicó la novela La
Casati: La musa egoísta; y en 2020 se estrenó la ópera de Willwm Jeths
“Ritratto” sobre la vida de Luisa. La leyenda, pues, sigue
viva. El dandismo (en femenino) surgió con Casati con toda la capacidad de
estupor, excentricidad y el rechazo de toda forma de vulgaridad. Como diría un
francés: «Épatant».
EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA
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jueves, 18 de noviembre de 2021
TERTULIA DEL 17 DE NVIEMBRE DE 2021
SANDRA MARTINEZ CESPEDES expuso su obra y explicó sus modalidades de trabajo ante un aforo de 22 asistentes.
domingo, 14 de noviembre de 2021
LA "PAPISA" JUANA
LA “PAPISA” JUANA
Las acendradas costumbres y los
prejuicios arraigados en nuestra cultura popular hace que nos suene a oxímoron
el encabezamiento de este artículo porque no es posible de ninguna de las
maneras imaginables que una mujer pueda desempeñar las funciones de jefa
suprema de la Iglesia Católica, de la misma manera que sería difícil, aunque no
imposible, que lo fuera algún cardenal que no reuniera las más elementales
condiciones a que nos tienen acostumbrados a respetar.
Sin embargo, allá por el año
1255, en pleno siglo XIII, el dominico Jean de Mailly, compilador, hagiógrafo y
cronista católico, refiere el hecho de una mujer que había llegado a ejercer el
papado, en su “Crónica Universalis Mettensis”, e incluso previamente es posible
que otro dominico e inquisidor, Esteban de Borbón, lo mencionara entre los
muchos relatos de su obra “Tractatus de diversis materiis predicabilibus”
redactado hacia 1250. Sin embargo la narración que trascendió y que le dió
popularidad es la que publicó Martin de Opava (Martin el Polaco), otro
dominico, que en 1580 dio a conocer su “Crhonicon Pontificum et Imperatorum”.
Según refieren estas crónicas, la
que llegaría a “papisa”, fue una joven que se llamaba Juana, que había nacido
en 822 cerca de Maguncia, hija de un monje en cuyo hogar pleno de religiosidad
se formó estudiando a escondidas porque ello estaba prohibido a las mujeres,
siendo capaz de aprender griego para poder leer la biblia apenas traducida. Con
objeto de mejorar sus estudios ingresó como monje copista, ocultando su sexo,
con el nombre de Johannes Anglicus (Juan el inglés), bajo cuya condición viajó
por numerosos monasterios acrecentando su formación, hasta que recaló en Roma
donde su fama de erudito la llevó a convertirse en la secretaria particular del
papa León IV, a cuya muerte en 855 le sucedió a título de papa con el nombre de
Benedicto III o Juan VIII.
Dos años después en medio de una
procesión desde la Basílica de San Pedro a San Juan de Letrán, a la altura del
Coloseo, la “papisa” se puso de parto como consecuencia de sus secretas
relaciones carnales con el embajador Lamberto de Sajonia. Descubierto el engaño
de su sexo, el público enfurecido y poseído de una misoginia notable, la lapidó
en la calle, o bien, en otras versiones, se concede que murió a consecuencia
del parto.
Tras este escándalo manifiesto,
el Vaticano se obligó a tomar precauciones para que semejante hecho no volviera
a ocurrir a fin de evitar por todos los medios que una mujer pudiese controlar
la marcha de la Iglesia, aún sin especificar por qué motivo, dado que la
competencia demostrada por Juana superaba sus peculiaridades sexuales, y para
ello, y con el riesgo de anteponer las cualidades sexuales a las intelectuales,
puso en marcha una grosera y humillante verificación ritual de la virilidad de
los papas electos, consistente en sentar al futuro papa en una silla con el
asiento perforado (sedia gestatoria o stercoraria) por debajo de la cual el eclesiástico
más joven metía una mano para examinar manualmente los genitales del aspirante,
y asegurarse así de que era varón, y una vez comprobado que eran correctos,
exclamaba “duos habet et bene pendentes” (“tiene dos y cuelgan bien”).
Parece que este increíble control
detestable se mantuvo por varios cientos de años hasta cesar en el siglo XVI en
el que al parecer dejó de considerarse necesario, pese a que no se ha abjurado
de su más que cuestionable fundamento. Algunas guías turísticas afirman que la
silla, en mármol rojo, existe en los museos vaticanos aun cuando no recuerdo a nadie que afirme
haberla visto. De cualquier forma sería curioso que tras negar y borrar
concienzudamente todo rastro de la evidencia de la “papisa”, la silla
permanezca aún en nuestros días.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo libre de Benalmádena
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jueves, 11 de noviembre de 2021
TERTULIA DEL 10 DE NOVIEMBRE DE 2021
domingo, 7 de noviembre de 2021
NOSOTRAS QUE DAMOS LA VIDA
Nosotras, que damos la vida, queremos la paz
Rosa M. Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
Hace tres años, en 2018, una periodista
filipina de nombre María Ressa recibía emocionada el XI Premio internacional
Libertad de Prensa de la UMA de la mano del profesor Díaz Nosty, director de la
Cátedra Unesco de Comunicación, en un acto presidido por la profesora Isabel
Jiménez Lucena, delegada del Rector para la Igualdad y Acción Social y
compañera de quien esto escribe en los estudios de género. Otra de las
compañeras feministas, Isabel Moyano Ramos, en calidad de traductora, nos
trasladaba al auditorio las palabras de la homenajeada. Este año, apenas hace
unos días, en octubre, la Academia sueca le otorgaba a María Ressa* el galardón
de más prestigio: el Nobel de la Paz[1].
Hoy, recordando el evento, Isabel nos comentaba a las compañeras «el dinamismo,
pasión por su trabajo y una voluntad inquebrantable de no ceder a las amenazas
y dificultades dobles de ejercer su trabajo por ser mujer y por no estar
alineada con el régimen dictatorial de su país». El olfato no había fallado,
como tampoco falló con la activista, periodista y abogada congoleña Caddy
Azduba, premiada en 2009 con el Premio internacional de periodismo Julio
Anguita Parrado; en 2010 con el de Libertad de Prensa de la UMA (como Ressa) y
en 2014 con Premio Príncipe de Asturias que le reconocía su lucha por la
libertad de prensa, la reconstrucción de la paz y los derechos humanos,
especialmente los de la infancia y las mujeres en zonas de conflicto. En
2015 recibió el premio Optimista Comprometida con la Libertad de Prensa que
otorga la revista Anoche Tuve un Sueño.
Esperemos que el olfato siga funcionando.
María Ressa, como
tantas otras que la preceden en este premio, es una mujer comprometida en la
construcción de la paz y la defensa de los valores democráticos, ya que este
premio es un reconocimiento social y político. Desde la primera ganadora, la
baronesa checa Berta Von Suttner, Presidenta honoraria de la Oficina
Internacional por la Paz, pacifista y escritora, allá por 1905, hasta Ressa,
han sido distinguidas con el prestigioso galardón de la Paz un total de 17
mujeres[2],
todas ellas comprometidas con la paz, la libertad, el anti-belicismo y los
derechos de las mujeres y la infancia. Tuvieron que pasar casi tres décadas
para que otra mujer, la socióloga estadounidense Jane Adams, quien presidía la
Liga Internacional de Mujeres Pro Paz y Libertad, se viera reconocida en 1931.
En 1946, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, el mismo premio le fue
otorgado a la historiadora y socióloga estadounidense Emily Greene Balch*[3],
presidenta honoraria internacional de la misma Liga. Treinta años pasaron
(1971) para que se premiaran a dos activistas, Betty Williams* y Mairead
Corrigan*, fundadoras del Movimiento de Paz de Irlanda del Norte (luego
renombrado Comunidad de Gente de Paz).
En 1979 el premio
recayó en la religiosa Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la
Caridad en Calcuta, y canonizada por la Iglesia Católica. Tres años después, en
1982, la diplomática y feminista sueca Alva Myrdal* se le concedió el galardón
«Por su magnífico trabajo en las negociaciones de desarme de las Naciones
Unidas». En 1991 el premio recayó en la política birmana Aung San Suu Kyi,
líder de la Liga Nacional para la Democracia (LND) por su lucha no violenta por
la democracia y los derechos humanos. Al año siguiente (1992) fue la activista
social guatemalteca Rigoberta Menchú, desde muy joven involucrada en las luchas
reivindicativas de los pueblos indígenas y campesinos, lo que le valió
persecución política y el exilio.
En 1997 la profesora y
activista de derechos humanos estadounidense Jody Williams fue reconocida con
el premio por su empeño en eliminar minas antipersonas y de racimo por sus
devastadores consecuencias sobre las poblaciones. En 2003, ya iniciado el nuevo
milenio, la abogada iraní Shirin Ebadi fue premiada por sus esfuerzos por la
democracia y los derechos humanos, especialmente en la lucha por los derechos
de las mujeres y los niños. En esta misma línea, en 2011, tres mujeres: la
política Ellen Johnson-Sirleaf*, la activista social y feminista Leymah
Gbowee*, ambas libanesas, y la periodista y política yemení Tawakkul Karman*
logran el premio por su lucha no violenta por la seguridad de las mujeres y los
derechos de las mujeres a la plena participación en la obra de construcción de
la paz.
Las dos últimas
candidatas (antecesoras a María Ressa) son la activista pakistaní Malala
Yousafzai*, premiada en 2014 por su lucha contra la represión de los niños y
jóvenes, y por el derecho de todos los niños a la educación y la iraquí Nadia
Murad* en 2018 por sus esfuerzos para acabar con el uso de la violencia sexual
como arma en guerras y conflictos armados, una práctica que, desgraciadamente,
no ha perdido vigencia, pues el cuerpo de las mujeres se considera un objetivo
para humillar al enemigo.
Por otro lado, el papel
de las mujeres en la construcción de la paz va más allá de la lucha contra la
guerra: incorpora la deconstrucción de formas estructurales de violencia que
existen en la sociedad actual. La Paz es fertilidad y abundancia, del mismo
modo que el papel que se ha destacado de las mujeres se ha centrado en su
fertilidad y en ser generadoras de vida. Ejemplo de todo lo dicho es el
movimiento socio-político «Mujeres de negro», movimiento que promueve los
principios del antimilitarismo, el feminismo y la no violencia. Iniciado en
1988 con grupos en los que se integraban feministas israelíes, palestinas y
norteamericanas para movilizarse contra la ocupación de Palestina. No se quedó
ahí, porque pronto se extendió a Italia, contra la Guerra del Golfo, y, sobre
todo, a la antigua Yugoslavia. En la actualidad, hay grupos en numerosos
países, que se han unido en la Red Internacional de Mujeres de Negro, promoviendo
la solidaridad entre mujeres por encima de las divisiones mediante la creación
de coaliciones multiculturales de mujeres por la paz.
Todas las mujeres
mencionadas tienen en común, como ya apuntamos, el compromiso con la libertad
de la humanidad toda. Ressa, por ejemplo, ha sido condenada por su gobierno y
está en espera de juicio. Su defensora, por cierto, es la prestigiosa abogada
Amal Clooney, esposa del famoso actor, que ha visto reconocido su ingente
trabajo integrándola en la lista de Personas del Año de la revista Time en 2018 y a la Comisión por la
Democracia de Reporteros Sin Fronteras. Toda ellas conforman una genealogía de
feministas pacifistas que, muy merecidamente, han visto reconocida su lucha por
mejorar a la humanidad. Porque, en contra de algunas opiniones torticeras, el
feminismo es, fundamentalmente, el humanismo integral que entiende la sociedad
en clave de cooperación y no de enfrentamiento.
EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA
“benaltertulias.blogspot.com”
“ateneolibredebenalmadena.com”
[1]
Premio compartido con el periodista ruso Dmitri Muràtov.
[2]
La baronesa de Suttner había publicado en 1889 ¡Abajo las armas!, un alegato antibelicista que se anticipó apenas
unos años al desastre de la Primera Guerra Mundial (1914-1919). En Literatura se ha premiado a 16 escritoras y 2 a
economistas. El grupo más numeroso es el de las científicas en las distintas
ramas: Física, Química y Medicina con 22 premios.
[3] Todos los nombres señalados con asterisco son
premios exaequo.







