jueves, 16 de diciembre de 2021
EL DERECHO A LA VIVIENDA. ALQUILERES
domingo, 12 de diciembre de 2021
Ateneistas ilustres (II)
El
Ateneo Científico y Literario de Madrid
Las
mujeres que quisieron «adelantar el reloj de España» (II)
Rosa M. Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
En
nuestro anterior artículo hemos adelantado la historia y antecedentes de
algunas de las instituciones inspiradas por ilustrados y liberales,
antecedentes del Ateneo madrileño. También hicimos una reflexión de lo que
supuso esta clase de instituciones para la formación de las mujeres de cierta
clase social[1]
y de qué forma fueron proliferando las agrupaciones feministas, especialmente, a
partir del último tercio del siglo XIX, los años 20 y la época republicana
donde agrupaciones como el Consejo Supremo Feminista de España[2],
cuya primera presidenta fue la malagueña María Espinosa de los Monteros, la Unión
Republicana Femenina, fundada por la ateneísta Clara Campoamor, la Unión de
Mujeres Españolas (UME) o la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), entre
otras, tuvieron su otra cara de la moneda con las secciones femeninas falangistas
y otras ultraconservadoras como la Junta de Damas de la Unión Iberoamericana,
con Pilar Contreras, las «Margaritas» —mujeres carlistas de Navarra—[3], la
Asociación Femenina de Acción Nacional[4], vinculada
al partido de Acción Nacional, con publicaciones propias, como Ellas, donde se incluían artículos en
los que se criticaba el baile, el jazz, así como un consultorio sentimental y otras, como la
Asociación Femenina de Renovación Española o la Asociación Femenina
Tradicionalista.
El Ateneo madrileño y
sus socias. Las
mujeres que lucharon por dejar de ser «marimachos, cerebritos y pedantuelas»
El
Ateneo Científico y Literario madrileño que se había fundado en 1835, aprovechado
los aires de libertad tras la muerte del nefasto Fernando VII tuvo a bien,
varias décadas después, y a pesar del rechazo de algunos de los socios más
antiguos, en admitir excepcionalmente «de vez en cuando la lectura de alguna
mujer notable por sus trabajos en literatura». Tendrían que pasar varias
décadas para que la magna institución pusiera su tribuna a disposición de una
mujer, la escritora y dramaturga Rosario de Acuña (1850-1923). La noticia
sorprendió a la sociedad, si bien no era la primera vez que esta mujer había
dejado atónito al público madrileño con ocasión del estreno su obra Rienzi el tribuno en 1876[5].
Pero, ¿quién era esta valiente mujer? Rosario
de Acuña y Villlanueva fue una escritora, pensadora y periodista y una de las
más avanzadas vanguardistas y feministas. Librepensadora y republicana, entre
sus obras destacamos El padre Juan,
estrenada en 1891 con gran éxito de público y gran escándalo entre la reacción
por su contenido anticlerical y como ninguna compañía estable se atrevió a
ponerla en escena, Rosario tuvo que crear la propia. Su respuesta a un artículo
sobre su actuación en el Ateneo afirmaba: «¡Justicia es lo que necesitamos, no
galantería!». Firmó bajo el seudónimo de «Remigio Andrés Delafón». Tras
Rosario, otras mujeres de mérito, ya citadas en el artículo anterior, fueron la
pintora Alejandrina Gessler y la pianista María Luisa Guerra.
Al margen de estas pocas mujeres citadas,
es la famosa escritora gallega Emilia Pardo Bazán (1851-1921) quien tiene el
honor de haber sido la primera socia de número. A principios del siglo XX,
concretamente en febrero de 1905, más de cincuenta socios progresistas
presentaron a la Junta de Gobierno un escrito en el que se planteaba que las
mujeres pudieran ser admitidas en la Docta Casa. Era por entonces su presidente
el gaditano Segismundo Moret (1833-1913), quien fuera varias veces Ministro.
Tras ella, ingresaron como socias de número tres andaluzas: la periodista,
profesora y escritora almeriense Carmen de Burgos, la escritora y crítica
literaria sevillana Blanca de los Ríos y la pintora cordobesa Rafaela Sánchez
Aroca.
De la relación de socias extraordinarias
del Ateneo madrileño hemos seleccionado escritoras como Magda Donato, Emilia Pardo
Bazán, Blanca de los Ríos, Carlota O´Neill, Rosa Chacel, Acacia Uceta,
Encarnación Aragoneses, más conocida por el seudónimo «Elena Fortún» y autora
del personaje Antoñia la Fantástica;
políticas como Margarita Nelken, María de la O Lejárraga, Clara Campoamor,
Isabel Oyarzábal o Victoria Kent, que también ejercieron otras profesiones como
escritoras o abogadas; filósofas como María Zambrano, hija de un veterano
ateneísta; periodistas como Josefina Carabias; pintoras, como Rafaela Sánchez
Aroca o médicas, como Elisa Soriano.
Varias de ellas tuvieron que exiliarse
con la Guerra Civil (1936-1939) y algunas murieron sin poder regresar, como es
el caso de María de la O Lejárraga, Isabel Oyarzábal, Clara Campoamor, Victoria
Kent, Margarita Nelken o Carlota O´Neill. Tres de ellas regresaron después de
largos años de ausencia: Rosa Chacel, María Zambrano o Josefina Carabias (Algunas
fueron iniciadas en la Masonería). Entre las socias encontramos varias
aristócratas, como las Marquesa de Mont Roig, la Condesa de Gomar (Ángela
Villalobos), la Condesa de Requena (Gloria Collado), la Marquesa de Ayerbe
(María Vinyals), conocida como la «Marquesa Roja» por su activismo social y
especialmente la defensa de los derechos de las mujeres (militó en el PSOE) o
la ya citada Rosario de Acuña, emparentada con la nobleza.
Entre las socias que se afiliaron
durante los años de la República queremos destacar a la jovencísima Hildegart
Rodríguez Carballeira, nacida en 1914 fue una niña prodigio que ya leía con dos
años. A los dieciocho ya se había licenciado en Derecho, convirtiéndose en la
abogada más joven de España y estudiaba dos nuevas carreras: Filosofía y
Letras, y Medicina. Militó varios años en las Juventudes del PSOE y más tarde
en el Partido Republicano Democrático Federal. Como educadora sexual realizó
trabajos para la Liga Mundial para la Reforma Sexual. A los dieciocho años fue
asesinada por su propia madre (una especie de Dr. Frankenstein que había
querido crear un mito). Durante estos años se sumarían a la nómina del Ateneo
una pléyade de mujeres, mayoritariamente, jóvenes y universitarias. De los
nombres relacionados en la nómina del Ateneo encontramos a la hija de Carmen de
Burgos (Colombine), María Álvarez, actriz y aspirante a escritora; Carmen Ruiz
Moragas, hija de madre malagueña y padre manchego, actriz reconocida y más
conocida por haber sido amante de Alfonso XIII y madre de dos de sus hijos.
Había estado casada con el torero Rodolfo Gaona y fue compañera sentimental
hasta su muerte del escritor republicano Juan Chabás. Por último, citar a Pilar
Bahamonde, madre Francisco Franco, cuyo nombre aparece recogida en el libro de
Ángeles Ezama: Las musas suben a la
tribuna (2008).
Sobre la vida de alguna de estas mujeres
ateneístas se han publicado varios libros: ensayos, memorias o biografías. De
la malagueña Isabel Oyarzábal, por ejemplo, se han ocupado Antonina Rodrigo y
quien esto escribe. También en otros formatos, como la televisión, con series
como María querida, 2004 (sobre
Zambrano), Clara Campoamor La mujer
olvidada, emitida en 2011; Emilia
Pardo Bazán. La condesa rebelde, 2011; Concepción
Arenal, la visitadora de cárceles, 2012 o Las Sinsombrero, de 2015; o el capítulo dedicado a Colombine en
RTVE: Mujeres en la historia. Incluso a la gran pantalla Fernando Fernán Gómez
llevó la vida de Hildegart en el film titulado Mi hija Hildegart, estrenada en 1977, con Amparo Soler Leal (la
madre) y Carmen Roldán (Hildegart).
EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA
“benaltertulias.blogspot.com”
“ateneolibredebenalmadena.com”
[1]
En esta ocasión no hemos incluido los ateneos obreros o populares que surgen,
como contrapunto, para la formación de las clases obreras de la mano y de la
tradición del movimiento republicano en las últimas décadas del siglo XIX.
[2]
Que incluía a cinco grandes asociaciones como La Mujer del Porvenir, La
Progresiva Femenina de Barcelona, la Liga para el Progreso de la Mujer y la
Liga Concepción Arenal de Valencia y la ANME.
[3] Con
el lema «Dios, Patria y Rey», con asociadas como: Anita Soloaga, Agustina Simón,
Inés Egoscozabal, María Isabel Baleztena, son algunos de sus nombres.
[4]
Cuyo lema era: «Religión, Familia, Libertad, Propiedad, Trabajo, Justicia y
Orden».
[5]
Se trata de un drama, un alegato contra la tiranía.
domingo, 5 de diciembre de 2021
Ateneistas ilustres (I)
Ateneo Científico y Literario de Madrid
Las
mujeres que quisieron «adelantar el reloj de España» (I)
Rosa M. Ballesteros García
rosaballesterosgarcia@gmail.com
Actualmente,
nuestro Ateneo Libre de Benalmádena, como todos los ateneos de nuestro país son
difusores de cultura y centros que acogen a un número indeterminado de socios y
«socias». Enfatizo el femenino porque no siempre ha sido así, como intentaremos
resumir en los siguientes párrafos.
El decano de la institución es el Ateneo
de Madrid, fundado en 1835 como Ateneo Científico y Literario[1] y
por sus salones pasaron seis presidentes de Gobierno y casi todos los Premios
Nobel españoles, políticos de la Segunda República e intelectuales de las
generaciones del 98, del 14 y del 27; es decir, recordando la letra de un
castizo chotis: «la crema de la intelectualidad». Sin embargo, como ya
apuntamos, tuvieron que pasar 70 años para que las mujeres pudieran ser
admitidas como socias, ya que no se les permitió acceder al derecho de la
educación, de forma general e institucional, hasta principios del siglo XX.
Hasta entonces, sólo unas pocas intelectuales tuvieron el privilegio de
contarse entre esa «crema» pero… pasando por una especie de antesala como
«socias de mérito», distinción que se otorgaba a quienes hubieran prestado
«servicios eminentes» a la Institución. La primera mujer distinguida fue la pintora
gaditana Alejandrina Gessler y Lacroix (1831-1907), conocida artísticamente
como «Anselma». Era hija de ruso y malagueña, y también la primera artista
femenina en ser admitida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de
Madrid. Como escritora, firmaba con el pseudónimo de «Fulana De Tal». A ella la
siguió como «meritoria» la pianista de fama internacional María Luisa Guerra
(1869-1949), argentina de ascendencia española. Otro de los nombres de los que
se hizo eco la prensa fue la de la pianista y compositora, María Luisa
Chevalier (1869-1891), invitada para actuar ante los socios. Pero tuvieron que
pasar algunas décadas para aceptar, no sin polémica, a la primera socia de
pleno derecho: Emilia Pardo-Bazán en 1905. De ella y de otras socias ilustres
trataremos más adelante.
Los antecedentes: Junta
de Damas de Honor y Mérito, Ateneo Artístico y Literario de Señoras.
Los
primeros pasos que se habían dado para incorporar a las mujeres (mujeres de la
aristocracia y de las clases medias ilustradas) a estos centros del saber se
remontan al siglo XVIII y al círculo ilustrado de la Real Sociedad Económica
Matritense de Amigos del País, que creó una sección separada en la que se
admitieron varias socias «de mérito» como María Isidra Quintina de Guzmán y de
la Cerda (1767-1803) o María Josefa Alfonso Pimentel y Téllez Girón (1752-1804).
Se denominó Junta de Damas de Honor y Mérito y fue autorizada por Real Orden en
1787. Sus principales defensores fueron Melchor Gaspar de Jovellanos
(1744-1811), Francisco de Cabarrús (1752-1810) o la pedagoga zaragozana Josefa
Amar y Borbón (1749-1833), entre otros. Su principal acción sería «establecer y
radicar la buena educación, mejorar las costumbres con su ejemplo y con sus
luces, introducir el amor al trabajo y fomentar la industria». Siguiendo esta
premisa, en 1799 las mujeres lograron que Carlos IV les autorizara a dirigir la
Real Inclusa de Madrid y el Colegio de Niñas de la Paz en 1807. En 1819 la Junta de Damas abrió la Escuela
de Enseñanza Mutua para niñas y en 1838, la supervisión del Colegio de
Huérfanas de la Unión. En 1860 se inauguró la Casa de Maternidad y en 1871, el
Asilo de los Hijas de las Cigarreras. Finalmente, en 1920, La Junta de Damas
obtuvo la personalidad jurídica propia para conseguir sus fines. En resumen,
todos ellos los podríamos enclavar en lo que se suelen denominar «trabajos
caritativos», desempeñados con frecuencia por las mujeres durante siglo XIX,
antes de su verdadera incorporación al mercado laboral.
Al margen, o más bien paralelamente,
sería durante lo que se conoce como «Sexenio Revolucionario» (1868 y 1873)
cuando este tipo de actuaciones da un paso más allá de las actuaciones
filantrópicas y de beneficencia que caracterizaba a la Junta de Damas. Con una
visión más universalista y pedagógica, en 1869 se crea el Ateneo Artístico y
Literario de Señoras, asociación de enseñanza universal, científica, religiosa
y recreativa, promovida por Fernando de Castro, con la escritora madrileña Faustina
Sáez de Melgar (1834-1895) y Concepción Arenal (1820-1893)[2].
Fue este un momento histórico en el que la educación empieza a estar influida
por las ideas de krausismo que predicaba la coeducación. Como objetivo
fundamental: la instrucción y formación que permitieran un medio de vida a la
mujer, a quien empieza a verse individuo con derecho a una educación como
ciudadana, unas ideas que beben del Krausismo y que serán el germen de la
futura Institución Libre de enseñanza.
En esta misma línea de pensamiento
surgen iniciativas como las Conferencias Dominicales para la Educación de la
Mujer y la Escuela de Institutrices, ambas en 1869, que sería el punto de partida
para la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (AEM)
constituida en 1870 y en años siguientes las Escuelas de Comercio para Señoras
(1878-1879), la Escuela de Correos y Telégrafos (1883) y las escuelas de
Primera Enseñanza y Preparatoria, además de ofrecer clases de Idiomas, Música,
Artes Aplicadas, Corte y Confección. Ya en el siglo XX se incorporará una
Escuela de Mecanógrafas y otra de Delineantes. En este Ateneo participaron y
colaboraron mujeres como Concepción Arenal, duquesa de la Torre (1831-1917),
las escritoras Joaquina García Balmaseda (1837-1911) Emilia Álvarez Mijares de
Real (1834-1909), Micaela Silva (1809-1889) o Dolores Cabrera Heredia
(1828-1889), entre otras. Ya en 1906 aparece el Centro Iberoamericano de
Cultura Popular Femenina.
El Lyceum Club y el
Ateneo Femenino Margerit
Ya
bien entrado el siglo XX las mujeres no se conformaban con lo conseguido,
querían tener una «habitación propia», como decía Virginia Wolff, así que
decidieron crear en Madrid en 1926, a imitación de los ya existentes en el
extranjero, el Lyceum Club Femenino[3].
En 1932, durante los años de la Segunda República, nacieron otras
organizaciones feministas, como el Ateneo Femenino Magerit, que fue el primer
ateneo exclusivamente para mujeres, y que a las pocas semanas de abrir sus
puertas ya contaba con cuatrocientas afiliadas que eran, sistemáticamente
atacadas por la prensa conservadora y grupos ultras, como lo eran también las
socias del Lyceum. Ambos tuvieron que hacer frente al acoso de los sectores
sociales más conservadores. 1939 constituyó el final de la mayoría de estas
asociaciones. El Lyceum, por ejemplo, fue confiscado por la Sección Femenina,
que lo convirtió en el Club Medina. Muchas de las socias marcharon al exilio,
como la escritora y dramaturga María Teresa León (compañera de Alberti), quien
escribiría en su libro Memorias de la
melancolía que se habían logrado cuotas, pero eran muchas las metas por
alcanzar. Lo que no cabe duda es de que aquellas mujeres se habían propuesto
«adelantar el reloj de España», un reloj que, a pesar de todo, no se ha
conseguido poner aún en hora a la hora para las mujeres en nuestro país.
En
el próximo artículo trataremos de algunas de las socias más relevantes de los
Ateneos de Madrid y Barcelona, figuras imprescindibles para comprender la
historia de unas mujeres extraordinarias, apenas conocidas.
EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA
“benaltertulias.blogspot.com”
“ateneolibredebenalmadena.com”
[1] En
1860 se fundaría el Ateneo catalán, cuyo manifiesto fundacional lo firman una
serie de socias, entre ellas la escritora Aurora Bertrana, la periodista María
Luz Morales o la escritora y atleta Anna M. Martínez-Sagi.
[2] Tuvo
que ocultar su condición femenina vistiendo ropa masculina para poder asistir a
las clases en la Universidad Central en 1841, matriculándose como oyente en la
carrera de Derecho.
[3] En Barcelona se creó en junio de 1931, ya
proclamada la 2ª República.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
TERTULIA DEL 1 DE DICIEMBRE DE 2021
lunes, 29 de noviembre de 2021
domingo, 28 de noviembre de 2021
Alejandro Magno
ELOGIO DE
ALEJANDRO MAGNO
Muchos de los grandes personajes
que se han hecho notar por sus logros, juzgados a veces como imperecederos,
encierran en su devenir acontecimientos muchos menos honrosos que solo son
visibles en las observaciones pormenorizadas, o no, que tratan de poner de
manifiesto los orígenes o las consecuencias de sus actos. Es el caso de
Alejandro Magno, posiblemente uno de los personajes más fascinantes de la
historia, un auténtico ídolo que suscita una admiración acrecentada por verdaderas hagiografías que han ido
rebajando paulatinamente los aspectos humanos de las flaquezas habidas en su
privilegiada capacidad para hacer historia.
Alejandro nace en Macedonia, en
el año 356 antes de nuestra era, hijo de Filipo II rey de Macedonia, un reino que
no tenía nada de bárbaro según el concepto en que lo tenían los griegos.
Recibió una educación exquisita en lo militar y en lo político de la mano de su
padre, y en lo intelectual del sabio griego Aristóteles. Desarrolló aficiones a
la música y a la caza. Físicamente era de tez y ojos claros, llevaba la cara
rasurada y una melena abundante y suelta con una raya en el centro, es decir un
joven atractivo al que solo le faltaba una adecuada estatura puesto que Alejandro
III de Macedonia, el deshacedor del nudo gordiano medía tres codos, es decir, no
alcanzaba el metro y medio de altura.
Obtiene una rápida maduración a
partir de sus veinte años en la lucha
terrible por el control del poder a la muerte violenta de su progenitor. Alejandro
elimina sin dudarlo a varios de los descendientes de los siete matrimonios
habidos por su padre, incluido su propio y recién nacido hermanastro y algunos
personajes influyentes y militares para aliarse con el resto del ejército al
que asegura y mejora sus condiciones económicas y se obliga a mantener las
promesas de expansión previstas.
Su demostrada capacidad militar y
estratega son heredadas, así mismo, de su progenitor y fue condición necesaria
para ser aceptado como jefe por las tropas ya acampadas previamente en espera
de la liberación de las ciudades griegas de Asia. Las batallas del río Gránico,
Isos y la toma de Tiro son tres hitos de
esta primera fase de su campaña liberadora que empezó con 22 años, después de
haber dejado sometidas a las ciudades griegas, algo que ya había llevado a cabo
ayudando a su predecesor.
La superioridad militar y técnica
de su ejército, basada en las unidades básicas de caballería y de infantería
dotadas de las famosas “sarisas” (lanzas de hasta 5 metros de largas),
extraordinarias en el ataque pero inútiles en el cuerpo a cuerpo, también
habían sido organizadas previamente.
Los éxitos obtenidos (y quizás el
mensaje que recibiera en el templo de Amón en el oasis egipcio de Siwa) liberan
en él unos deseos irrefrenables de poder que lo impulsan a una guerra de venganza contra los persas en
los que alternan los triunfos militares como el de la batalla de Gaugamela con
actos censurables como el saqueo del Palacio Real de Persépolis. Pero su afán
de poder no conoce límites y una vez eliminado Darío decide conquistar todo el
imperio persa lo que empieza a despertar recelos y oposición entre sus generales
que se conforman con el cuantioso botín ya obtenido y no desean una campaña tan
larga. Las rebeliones internas son
neutralizadas con dureza y se cobraron la cabeza de Filotas uno de sus más
próximos colaboradores y comandante de su caballería y lo que es peor la de su
padre el general Parmenion cuyo prestigio venía de sus servicios al rey Filipo.
Alejandro Magno se fue
orientalizando conforme avanzaba en su campaña y sus conquistas. Comenzó a vestir ropajes
persas, a adoptar sus costumbres y a admitir en la organización del ejército y
en el gobierno de las satrapías a los súbditos de este imperio conquistado, en
desdoro de sus compañeros macedonios. La gota que colmó el vaso ocurrió en una
cena en Samarcanda, uno de los últimos puntos de conquista, en la que se
suscitó una fuerte discusión entre los merecimientos de unos y otros con tanta tenacidad
que en un momento determinado con los ardores del vino Alejandro mató a Clito, “el
negro”, de una lanzada, uno de sus
principales amigos que, incluso, le había salvado la vida en la batalla de
Gránico.
Los complots contra su vida
aumentan pero mantiene la campaña alcanzando una gran victoria en la batalla
del rio Hidaspes, en la que murió como un presagio su caballo Bucéfalo, pero al
llegar al rio Beas la tropa macedonia con el veterano Ceno de portavoz, se
niega a seguir y le conminan a que continúe sin ellos. Alejandro pese a su
enfurecimiento se da por vencido. Dejaba atrás dieciocho mil kilómetros
recorridos en los últimos ocho años y unos setecientos cincuenta mil asiáticos
eliminados según las cifras oficiales, y la fundación de 70 nuevas ciudades,
cincuenta de ellas con su nombre.
Alejandro Magno ejercía una
atracción y un liderazgo indiscutible sobre sus soldados, a los que exigió
obediencia ciega y sometimiento absolutos, que imitaban su forma de cabalgar,
sus maneras de expresión y sus gestos. Todo en sus formas de administración fue
grande, grandes sus empresas, sus fiestas y su generosidad con una tropa a la
que enriqueció y permitió toda clase de desenfrenos, haciéndose famosos sus
excesos con la bebida.
La vuelta forzada por sus
generales marca uno de los mayores fracasos militares como lo fue la travesía
del desierto de Makran en la que perecieron las tres cuartas partes de la tropa
y que todavía hoy dudan sus estudiosos
si fue un error o un castigo por su comportamiento. Pero al llegar a
Susa Alejandro organizó una orgía monstruosa con juegos, música y un concurso
de beber vino puro que acabó con la vida de treinta y cinco de sus participantes,
fiesta que fue superada poco después con la organización de las bodas estivales, el festival más excepcional de
todos los que organizaría, en la que cerca de un centenar de sus oficiales
desposarían a otras tantas iranias de alta alcurnia en un intento notable por
darle cohesión y consistencia a su magna empresa.
El propio Alejandro tomó en esta
boda dos nuevas esposas, las persas Estatira y Parisátide por conveniencia
política para asegurar su reinado sobre los aqueménidas, al margen de la bactriana
Roxana considerada su verdadera esposa pero que carecía de estirpe real. Pese a
la existencia de amantes como Barsine, la reina amazona Talestris o la soberana
india Cleofis, su amor fue homosexual y perteneció a Hefestion, un
lugarteniente de su guardia que le acompañó durante toda su campaña hasta su
muerte en el motín de Opis, otra rebelión de sus tropas, ocurrida después de
las bodas, que Alejandro acalló con promesas y fiestas.
A partir de este momento
Alejandro ya totalmente orientalizado, se divinizó, un dios indiscutible e
inapelable que pasó rápidamente a la inmortalidad tras ser envenenado a sus 32
años de vida en el 323. Los cuatro
millones de kilómetros cuadrados conquistados fueron imposibles de mantener
unidos. Una vez eliminada su propia descendencia se declara la guerra de los
diácodos (generales) que se reparten sus conquistas destacando como
triunfadores, “los antigónidas” que fundaron esta dinastía y reinaron en
Macedonia, los “lágidas” que fundaron la dinastía ptolemaica gobernando Egipto
y los “seléucidas” que fundaron este imperio. Dos siglos más tarde todos ellos
serán provincias romanas.
Alejandro III de Macedonia,
Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto, Gran Rey de Media y Persia, más conocido
como Alejandro Magno ha pasado a la historia como un gran civilizador que
extendió la cultura griega, además de la destrucción y la muerte, por todo el mundo conocido en su época, pero
sus acciones no pueden considerarse ejemplares ni lo hacen un digno
representante de ningún tipo de edificación moral. De sus seguidores e
imitadores solo puede decirse que son pobres copias de un original plagado de
fantasías en cuyas supuestas virtudes no conviene recrearse.
Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena
“benaltertulias.blogspot.com”
Bibliografía: Robin Lane Fox:“Alejandro
Magno Conquistador del mundo”.
Acantilado 2008.





