jueves, 16 de diciembre de 2021

EL DERECHO A LA VIVIENDA. ALQUILERES

                                          TERTULIA DEL 15 DICIEMBRE DE 2021

                           "LA PROBLEMÁTICA DELOS ALQUILERES URBANOS"


Lola Lobillo desarrolló su tema ante una decena de amigos que participaron activamente en el debate posterior.  

domingo, 12 de diciembre de 2021

Ateneistas ilustres (II)

El Ateneo Científico y Literario de Madrid

Las mujeres que quisieron «adelantar el reloj de España» (II)

 

Rosa M. Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@gmail.com

 

En nuestro anterior artículo hemos adelantado la historia y antecedentes de algunas de las instituciones inspiradas por ilustrados y liberales, antecedentes del Ateneo madrileño. También hicimos una reflexión de lo que supuso esta clase de instituciones para la formación de las mujeres de cierta clase social[1] y de qué forma fueron proliferando las agrupaciones feministas, especialmente, a partir del último tercio del siglo XIX, los años 20 y la época republicana donde agrupaciones como el Consejo Supremo Feminista de España[2], cuya primera presidenta fue la malagueña María Espinosa de los Monteros, la Unión Republicana Femenina, fundada por la ateneísta Clara Campoamor, la Unión de Mujeres Españolas (UME) o la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), entre otras, tuvieron su otra cara de la moneda con las secciones femeninas falangistas y otras ultraconservadoras como la Junta de Damas de la Unión Iberoamericana, con Pilar Contreras, las «Margaritas» —mujeres carlistas de Navarra—[3], la Asociación Femenina de Acción Nacional[4], vinculada al partido de Acción Nacional, con publicaciones propias, como Ellas, donde se incluían artículos en los que se criticaba el baile, el jazz, así como un  consultorio sentimental y otras, como la Asociación Femenina de Renovación Española o la Asociación Femenina Tradicionalista.

 

El Ateneo madrileño y sus socias. Las mujeres que lucharon por dejar de ser «marimachos, cerebritos y pedantuelas»

 

El Ateneo Científico y Literario madrileño que se había fundado en 1835, aprovechado los aires de libertad tras la muerte del nefasto Fernando VII tuvo a bien, varias décadas después, y a pesar del rechazo de algunos de los socios más antiguos, en admitir excepcionalmente «de vez en cuando la lectura de alguna mujer notable por sus trabajos en literatura». Tendrían que pasar varias décadas para que la magna institución pusiera su tribuna a disposición de una mujer, la escritora y dramaturga Rosario de Acuña (1850-1923). La noticia sorprendió a la sociedad, si bien no era la primera vez que esta mujer había dejado atónito al público madrileño con ocasión del estreno su obra Rienzi el tribuno en 1876[5].

Pero, ¿quién era esta valiente mujer? Rosario de Acuña y Villlanueva fue una escritora, pensadora y periodista y una de las más avanzadas vanguardistas y feministas. Librepensadora y republicana, entre sus obras destacamos El padre Juan, estrenada en 1891 con gran éxito de público y gran escándalo entre la reacción por su contenido anticlerical y como ninguna compañía estable se atrevió a ponerla en escena, Rosario tuvo que crear la propia. Su respuesta a un artículo sobre su actuación en el Ateneo afirmaba: «¡Justicia es lo que necesitamos, no galantería!». Firmó bajo el seudónimo de «Remigio Andrés Delafón». Tras Rosario, otras mujeres de mérito, ya citadas en el artículo anterior, fueron la pintora Alejandrina Gessler y la pianista María Luisa Guerra.

Al margen de estas pocas mujeres citadas, es la famosa escritora gallega Emilia Pardo Bazán (1851-1921) quien tiene el honor de haber sido la primera socia de número. A principios del siglo XX, concretamente en febrero de 1905, más de cincuenta socios progresistas presentaron a la Junta de Gobierno un escrito en el que se planteaba que las mujeres pudieran ser admitidas en la Docta Casa. Era por entonces su presidente el gaditano Segismundo Moret (1833-1913), quien fuera varias veces Ministro. Tras ella, ingresaron como socias de número tres andaluzas: la periodista, profesora y escritora almeriense Carmen de Burgos, la escritora y crítica literaria sevillana Blanca de los Ríos y la pintora cordobesa Rafaela Sánchez Aroca.

De la relación de socias extraordinarias del Ateneo madrileño hemos seleccionado escritoras como Magda Donato, Emilia Pardo Bazán, Blanca de los Ríos, Carlota O´Neill, Rosa Chacel, Acacia Uceta, Encarnación Aragoneses, más conocida por el seudónimo «Elena Fortún» y autora del personaje Antoñia la Fantástica; políticas como Margarita Nelken, María de la O Lejárraga, Clara Campoamor, Isabel Oyarzábal o Victoria Kent, que también ejercieron otras profesiones como escritoras o abogadas; filósofas como María Zambrano, hija de un veterano ateneísta; periodistas como Josefina Carabias; pintoras, como Rafaela Sánchez Aroca o médicas, como Elisa Soriano.

Varias de ellas tuvieron que exiliarse con la Guerra Civil (1936-1939) y algunas murieron sin poder regresar, como es el caso de María de la O Lejárraga, Isabel Oyarzábal, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken o Carlota O´Neill. Tres de ellas regresaron después de largos años de ausencia: Rosa Chacel, María Zambrano o Josefina Carabias (Algunas fueron iniciadas en la Masonería). Entre las socias encontramos varias aristócratas, como las Marquesa de Mont Roig, la Condesa de Gomar (Ángela Villalobos), la Condesa de Requena (Gloria Collado), la Marquesa de Ayerbe (María Vinyals), conocida como la «Marquesa Roja» por su activismo social y especialmente la defensa de los derechos de las mujeres (militó en el PSOE) o la ya citada Rosario de Acuña, emparentada con la nobleza.

Entre las socias que se afiliaron durante los años de la República queremos destacar a la jovencísima Hildegart Rodríguez Carballeira, nacida en 1914 fue una niña prodigio que ya leía con dos años. A los dieciocho ya se había licenciado en Derecho, convirtiéndose en la abogada más joven de España y estudiaba dos nuevas carreras: Filosofía y Letras, y Medicina. Militó varios años en las Juventudes del PSOE y más tarde en el Partido Republicano Democrático Federal. Como educadora sexual realizó trabajos para la Liga Mundial para la Reforma Sexual. A los dieciocho años fue asesinada por su propia madre (una especie de Dr. Frankenstein que había querido crear un mito). Durante estos años se sumarían a la nómina del Ateneo una pléyade de mujeres, mayoritariamente, jóvenes y universitarias. De los nombres relacionados en la nómina del Ateneo encontramos a la hija de Carmen de Burgos (Colombine), María Álvarez, actriz y aspirante a escritora; Carmen Ruiz Moragas, hija de madre malagueña y padre manchego, actriz reconocida y más conocida por haber sido amante de Alfonso XIII y madre de dos de sus hijos. Había estado casada con el torero Rodolfo Gaona y fue compañera sentimental hasta su muerte del escritor republicano Juan Chabás. Por último, citar a Pilar Bahamonde, madre Francisco Franco, cuyo nombre aparece recogida en el libro de Ángeles Ezama: Las musas suben a la tribuna (2008).

Sobre la vida de alguna de estas mujeres ateneístas se han publicado varios libros: ensayos, memorias o biografías. De la malagueña Isabel Oyarzábal, por ejemplo, se han ocupado Antonina Rodrigo y quien esto escribe. También en otros formatos, como la televisión, con series como María querida, 2004 (sobre Zambrano), Clara Campoamor La mujer olvidada, emitida en 2011; Emilia Pardo Bazán. La condesa rebelde, 2011; Concepción Arenal, la visitadora de cárceles, 2012 o Las Sinsombrero, de 2015; o el capítulo dedicado a Colombine en RTVE: Mujeres en la historia. Incluso a la gran pantalla Fernando Fernán Gómez llevó la vida de Hildegart en el film titulado Mi hija Hildegart, estrenada en 1977, con Amparo Soler Leal (la madre) y Carmen Roldán (Hildegart).

 

            EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA

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[1] En esta ocasión no hemos incluido los ateneos obreros o populares que surgen, como contrapunto, para la formación de las clases obreras de la mano y de la tradición del movimiento republicano en las últimas décadas del siglo XIX.

[2] Que incluía a cinco grandes asociaciones como La Mujer del Porvenir, La Progresiva Femenina de Barcelona, la Liga para el Progreso de la Mujer y la Liga Concepción Arenal de Valencia y la ANME.

[3] Con el lema «Dios, Patria y Rey», con asociadas como: Anita Soloaga, Agustina Simón, Inés Egoscozabal, María Isabel Baleztena, son algunos de sus nombres.

[4] Cuyo lema era: «Religión, Familia, Libertad, Propiedad, Trabajo, Justicia y Orden».

[5] Se trata de un drama, un alegato contra la tiranía.

domingo, 5 de diciembre de 2021

Ateneistas ilustres (I)

Ateneo Científico y Literario de Madrid

Las mujeres que quisieron «adelantar el reloj de España» (I)

 

Rosa M. Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@gmail.com

 

Actualmente, nuestro Ateneo Libre de Benalmádena, como todos los ateneos de nuestro país son difusores de cultura y centros que acogen a un número indeterminado de socios y «socias». Enfatizo el femenino porque no siempre ha sido así, como intentaremos resumir en los siguientes párrafos.

El decano de la institución es el Ateneo de Madrid, fundado en 1835 como Ateneo Científico y Literario[1] y por sus salones pasaron seis presidentes de Gobierno y casi todos los Premios Nobel españoles, políticos de la Segunda República e intelectuales de las generaciones del 98, del 14 y del 27; es decir, recordando la letra de un castizo chotis: «la crema de la intelectualidad». Sin embargo, como ya apuntamos, tuvieron que pasar 70 años para que las mujeres pudieran ser admitidas como socias, ya que no se les permitió acceder al derecho de la educación, de forma general e institucional, hasta principios del siglo XX. Hasta entonces, sólo unas pocas intelectuales tuvieron el privilegio de contarse entre esa «crema» pero… pasando por una especie de antesala como «socias de mérito», distinción que se otorgaba a quienes hubieran prestado «servicios eminentes» a la Institución. La primera mujer distinguida fue la pintora gaditana Alejandrina Gessler y Lacroix (1831-1907), conocida artísticamente como «Anselma». Era hija de ruso y malagueña, y también la primera artista femenina en ser admitida en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Como escritora, firmaba con el pseudónimo de «Fulana De Tal». A ella la siguió como «meritoria» la pianista de fama internacional María Luisa Guerra (1869-1949), argentina de ascendencia española. Otro de los nombres de los que se hizo eco la prensa fue la de la pianista y compositora, María Luisa Chevalier (1869-1891), invitada para actuar ante los socios. Pero tuvieron que pasar algunas décadas para aceptar, no sin polémica, a la primera socia de pleno derecho: Emilia Pardo-Bazán en 1905. De ella y de otras socias ilustres trataremos más adelante.

 

Los antecedentes: Junta de Damas de Honor y Mérito, Ateneo Artístico y Literario de Señoras.

 

Los primeros pasos que se habían dado para incorporar a las mujeres (mujeres de la aristocracia y de las clases medias ilustradas) a estos centros del saber se remontan al siglo XVIII y al círculo ilustrado de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, que creó una sección separada en la que se admitieron varias socias «de mérito» como María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda (1767-1803) o María Josefa Alfonso Pimentel y Téllez Girón (1752-1804). Se denominó Junta de Damas de Honor y Mérito y fue autorizada por Real Orden en 1787. Sus principales defensores fueron Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811), Francisco de Cabarrús (1752-1810) o la pedagoga zaragozana Josefa Amar y Borbón (1749-1833), entre otros. Su principal acción sería «establecer y radicar la buena educación, mejorar las costumbres con su ejemplo y con sus luces, introducir el amor al trabajo y fomentar la industria». Siguiendo esta premisa, en 1799 las mujeres lograron que Carlos IV les autorizara a dirigir la Real Inclusa de Madrid y el Colegio de Niñas de la Paz en 1807. En 1819 la Junta de Damas abrió la Escuela de Enseñanza Mutua para niñas y en 1838, la supervisión del Colegio de Huérfanas de la Unión. En 1860 se inauguró la Casa de Maternidad y en 1871, el Asilo de los Hijas de las Cigarreras. Finalmente, en 1920, La Junta de Damas obtuvo la personalidad jurídica propia para conseguir sus fines. En resumen, todos ellos los podríamos enclavar en lo que se suelen denominar «trabajos caritativos», desempeñados con frecuencia por las mujeres durante siglo XIX, antes de su verdadera incorporación al mercado laboral.

Al margen, o más bien paralelamente, sería durante lo que se conoce como «Sexenio Revolucionario» (1868 y 1873) cuando este tipo de actuaciones da un paso más allá de las actuaciones filantrópicas y de beneficencia que caracterizaba a la Junta de Damas. Con una visión más universalista y pedagógica, en 1869 se crea el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, asociación de enseñanza universal, científica, religiosa y recreativa, promovida por Fernando de Castro, con la escritora madrileña Faustina Sáez de Melgar (1834-1895) y Concepción Arenal (1820-1893)[2]. Fue este un momento histórico en el que la educación empieza a estar influida por las ideas de krausismo que predicaba la coeducación. Como objetivo fundamental: la instrucción y formación que permitieran un medio de vida a la mujer, a quien empieza a verse individuo con derecho a una educación como ciudadana, unas ideas que beben del Krausismo​ y que serán el germen de la futura Institución Libre de enseñanza.

En esta misma línea de pensamiento surgen iniciativas como las Conferencias Dominicales para la Educación de la Mujer y la Escuela de Institutrices, ambas en 1869, que sería el punto de partida para la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (AEM) constituida en 1870 y en años siguientes las Escuelas de Comercio para Señoras (1878-1879), la Escuela de Correos y Telégrafos (1883) y las escuelas de Primera Enseñanza y Preparatoria, además de ofrecer clases de Idiomas, Música, Artes Aplicadas, Corte y Confección. Ya en el siglo XX se incorporará una Escuela de Mecanógrafas y otra de Delineantes. En este Ateneo participaron y colaboraron mujeres como Concepción Arenal, duquesa de la Torre (1831-1917), las escritoras Joaquina García Balmaseda (1837-1911) Emilia Álvarez Mijares de Real (1834-1909), Micaela Silva (1809-1889) o Dolores Cabrera Heredia (1828-1889), entre otras. Ya en 1906 aparece el Centro Iberoamericano de Cultura Popular Femenina.

 

El Lyceum Club y el Ateneo Femenino Margerit

 

Ya bien entrado el siglo XX las mujeres no se conformaban con lo conseguido, querían tener una «habitación propia», como decía Virginia Wolff, así que decidieron crear en Madrid en 1926, a imitación de los ya existentes en el extranjero, el Lyceum Club Femenino[3]. En 1932, durante los años de la Segunda República, nacieron otras organizaciones feministas, como el Ateneo Femenino Magerit, que fue el primer ateneo exclusivamente para mujeres, y que a las pocas semanas de abrir sus puertas ya contaba con cuatrocientas afiliadas que eran, sistemáticamente atacadas por la prensa conservadora y grupos ultras, como lo eran también las socias del Lyceum. Ambos tuvieron que hacer frente al acoso de los sectores sociales más conservadores. 1939 constituyó el final de la mayoría de estas asociaciones. El Lyceum, por ejemplo, fue confiscado por la Sección Femenina, que lo convirtió en el Club Medina. Muchas de las socias marcharon al exilio, como la escritora y dramaturga María Teresa León (compañera de Alberti), quien escribiría en su libro Memorias de la melancolía que se habían logrado cuotas, pero eran muchas las metas por alcanzar. Lo que no cabe duda es de que aquellas mujeres se habían propuesto «adelantar el reloj de España», un reloj que, a pesar de todo, no se ha conseguido poner aún en hora a la hora para las mujeres en nuestro país.

En el próximo artículo trataremos de algunas de las socias más relevantes de los Ateneos de Madrid y Barcelona, figuras imprescindibles para comprender la historia de unas mujeres extraordinarias, apenas conocidas.

     EL ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA

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[1] En 1860 se fundaría el Ateneo catalán, cuyo manifiesto fundacional lo firman una serie de socias, entre ellas la escritora Aurora Bertrana, la periodista María Luz Morales o la escritora y atleta Anna M. Martínez-Sagi.

[2] Tuvo que ocultar su condición femenina vistiendo ropa masculina para poder asistir a las clases en la Universidad Central en 1841, matriculándose como oyente en la carrera de Derecho.

[3] En Barcelona se creó en junio de 1931, ya proclamada la 2ª República.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

TERTULIA DEL 1 DE DICIEMBRE DE 2021

                                                        EMILIA PARDO BAZAN



El Profesor GARCIA VELASCO expuso su conferencia ante una veintena de asistentes que participaron en un interesante debate al final de la misma.


lunes, 29 de noviembre de 2021

NOTICIAS DEL ATENEO

                                             Actividades de la vicepresidenta del Ateneo Dra. Ballesteros



domingo, 28 de noviembre de 2021

Alejandro Magno

                              ELOGIO DE  ALEJANDRO MAGNO

 

Muchos de los grandes personajes que se han hecho notar por sus logros, juzgados a veces como imperecederos, encierran en su devenir acontecimientos muchos menos honrosos que solo son visibles en las observaciones pormenorizadas, o no, que tratan de poner de manifiesto los orígenes o las consecuencias de sus actos. Es el caso de Alejandro Magno, posiblemente uno de los personajes más fascinantes de la historia, un auténtico ídolo que suscita una admiración  acrecentada  por verdaderas hagiografías que han ido rebajando paulatinamente los aspectos humanos de las flaquezas habidas en su privilegiada capacidad para hacer historia.

Alejandro nace en Macedonia, en el año 356 antes de nuestra era, hijo de Filipo II rey de Macedonia, un reino que no tenía nada de bárbaro según el concepto en que lo tenían los griegos. Recibió una educación exquisita en lo militar y en lo político de la mano de su padre, y en lo intelectual del sabio griego Aristóteles. Desarrolló aficiones a la música y a la caza. Físicamente era de tez y ojos claros, llevaba la cara rasurada y una melena abundante y suelta con una raya en el centro, es decir un joven atractivo al que solo le faltaba una adecuada estatura puesto que Alejandro III de Macedonia, el deshacedor del nudo gordiano medía tres codos, es decir, no alcanzaba el metro y medio de altura.

Obtiene una rápida maduración a partir  de sus veinte años en la lucha terrible por el control del poder a la muerte violenta de su progenitor. Alejandro elimina sin dudarlo a varios de los descendientes de los siete matrimonios habidos por su padre, incluido su propio y recién nacido hermanastro y algunos personajes influyentes y militares para aliarse con el resto del ejército al que asegura y mejora sus condiciones económicas y se obliga a mantener las promesas de expansión previstas.

Su demostrada capacidad militar y estratega son heredadas, así mismo, de su progenitor y fue condición necesaria para ser aceptado como jefe por las tropas ya acampadas previamente en espera de la liberación de las ciudades griegas de Asia. Las batallas del río Gránico, Isos y  la toma de Tiro son tres hitos de esta primera fase de su campaña liberadora que empezó con 22 años, después de haber dejado sometidas a las ciudades griegas, algo que ya había llevado a cabo ayudando a su predecesor.

La superioridad militar y técnica de su ejército, basada en las unidades básicas de caballería y de infantería dotadas de las famosas “sarisas” (lanzas de hasta 5 metros de largas), extraordinarias en el ataque pero inútiles en el cuerpo a cuerpo, también habían sido organizadas previamente.

Los éxitos obtenidos (y quizás el mensaje que recibiera en el templo de Amón en el oasis egipcio de Siwa) liberan en él unos deseos irrefrenables de poder que lo impulsan a  una guerra de venganza contra los persas en los que alternan los triunfos militares como el de la batalla de Gaugamela con actos censurables como el saqueo del Palacio Real de Persépolis. Pero su afán de poder no conoce límites y una vez eliminado Darío decide conquistar todo el imperio persa lo que empieza a despertar recelos y oposición entre sus generales que se conforman con el cuantioso botín ya obtenido y no desean una campaña tan larga.  Las rebeliones internas son neutralizadas con dureza y se cobraron la cabeza de Filotas uno de sus más próximos colaboradores y comandante de su caballería y lo que es peor la de su padre el general Parmenion cuyo prestigio venía de sus servicios al rey Filipo.

Alejandro Magno se fue orientalizando conforme avanzaba en su campaña y  sus conquistas. Comenzó a vestir ropajes persas, a adoptar sus costumbres y a admitir en la organización del ejército y en el gobierno de las satrapías a los súbditos de este imperio conquistado, en desdoro de sus compañeros macedonios. La gota que colmó el vaso ocurrió en una cena en Samarcanda, uno de los últimos puntos de conquista, en la que se suscitó una fuerte discusión entre los merecimientos de unos y otros con tanta tenacidad que en un momento determinado con los ardores del vino Alejandro mató a Clito, “el negro”, de una lanzada,  uno de sus principales amigos que, incluso, le había salvado la vida en la batalla de Gránico.

Los complots contra su vida aumentan pero mantiene la campaña alcanzando una gran victoria en la batalla del rio Hidaspes, en la que murió como un presagio su caballo Bucéfalo, pero al llegar al rio Beas la tropa macedonia con el veterano Ceno de portavoz, se niega a seguir y le conminan a que continúe sin ellos. Alejandro pese a su enfurecimiento se da por vencido. Dejaba atrás dieciocho mil kilómetros recorridos en los últimos ocho años y unos setecientos cincuenta mil asiáticos eliminados según las cifras oficiales, y la fundación de 70 nuevas ciudades, cincuenta de ellas con su nombre.

Alejandro Magno ejercía una atracción y un liderazgo indiscutible sobre sus soldados, a los que exigió obediencia ciega y sometimiento absolutos, que imitaban su forma de cabalgar, sus maneras de expresión y sus gestos. Todo en sus formas de administración fue grande, grandes sus empresas, sus fiestas y su generosidad con una tropa a la que enriqueció y permitió toda clase de desenfrenos, haciéndose famosos sus excesos con la bebida.

La vuelta forzada por sus generales marca uno de los mayores fracasos militares como lo fue la travesía del desierto de Makran en la que perecieron las tres cuartas partes de la tropa y que todavía hoy dudan sus estudiosos  si fue un error o un castigo por su comportamiento. Pero al llegar a Susa Alejandro organizó una orgía monstruosa con juegos, música y un concurso de beber vino puro que acabó con la vida de treinta y cinco de sus participantes, fiesta que fue superada poco después con la organización de las bodas  estivales, el festival más excepcional de todos los que organizaría, en la que cerca de un centenar de sus oficiales desposarían a otras tantas iranias de alta alcurnia en un intento notable por darle cohesión y consistencia a su magna empresa.

El propio Alejandro tomó en esta boda dos nuevas esposas, las persas Estatira y Parisátide por conveniencia política para asegurar su reinado sobre los aqueménidas, al margen de la bactriana Roxana considerada su verdadera esposa pero que carecía de estirpe real. Pese a la existencia de amantes como Barsine, la reina amazona Talestris o la soberana india Cleofis, su amor fue homosexual y perteneció a Hefestion, un lugarteniente de su guardia que le acompañó durante toda su campaña hasta su muerte en el motín de Opis, otra rebelión de sus tropas, ocurrida después de las bodas, que Alejandro acalló con promesas y fiestas.

A partir de este momento Alejandro ya totalmente orientalizado, se divinizó, un dios indiscutible e inapelable que pasó rápidamente a la inmortalidad tras ser envenenado a sus 32 años de vida en el  323. Los cuatro millones de kilómetros cuadrados conquistados fueron imposibles de mantener unidos. Una vez eliminada su propia descendencia se declara la guerra de los diácodos (generales) que se reparten sus conquistas destacando como triunfadores, “los antigónidas” que fundaron esta dinastía y reinaron en Macedonia, los “lágidas” que fundaron la dinastía ptolemaica gobernando Egipto y los “seléucidas” que fundaron este imperio. Dos siglos más tarde todos ellos serán provincias romanas.

Alejandro III de Macedonia, Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto, Gran Rey de Media y Persia, más conocido como Alejandro Magno ha pasado a la historia como un gran civilizador que extendió la cultura griega, además de la destrucción y la muerte,  por todo el mundo conocido en su época, pero sus acciones no pueden considerarse ejemplares ni lo hacen un digno representante de ningún tipo de edificación moral. De sus seguidores e imitadores solo puede decirse que son pobres copias de un original plagado de fantasías en cuyas supuestas virtudes no conviene recrearse.

 

                                                               Jesús Lobillo Ríos

                                      Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                    “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía: Robin Lane Fox:“Alejandro Magno Conquistador del  mundo”. Acantilado 2008.

jueves, 25 de noviembre de 2021

TERTULIA DEL 24 DE NOVIEMBRE DE 2021

                                                                     -CINE FORUM-

                                                                    "EL FIN DE ETA"


JESUS EGUIGUREN


LUIS AIZPEOLEA



Aproximadamente en centenar de asistentes asistió a la exhibición del documental y al interesante debate que le siguió.