domingo, 9 de junio de 2024

La "Nabka"

                                                                 LA “NABKA”                                      

                                     HISTORIA INACABADA DE UNA CATÁSTROFE

La situación de los judíos en Europa al terminar la II Guerra Mundial (1939-45) y el holocausto nazi, pasó a engrosar la enorme masa de desplazados y refugiados que protagonizaron ingentes desplazamientos para volver a sus hogares o para conseguir nuevos reasentamientos. En 1947, la UNRRA (Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas), y la IRO (Organización internacional para los Refugiados) tenían en funcionamiento en Alemania más de 700 campos y centros de atención a refugiados, entre los que se encontraban, a veces mezclados, los judíos con sus propios perseguidores, hasta que en 1945 el presidente norteamericano Harry S. Truman (1884-1972) dispuso que fueran tratados de forma aislada porque “ello suponía no reconocer la atroz represión de que habían sido objeto”.

Casi un millón de ellos se trasladaron a EEUU, Canadá y Australia, pero muchos otros, la mayoría, se trasladaron a Palestina, en donde el sionismo venía fraguando desde finales del siglo XIX la instauración de una nueva patria en la que tuvieran su asiento los judíos desperdigados por la diáspora durante los dos últimos siglos.

Palestina era la antigua Canaán, tierra prometida por Dios a los judíos, según la Biblia, libro conductor de su ideología, y de donde la hambruna les había obligado a huir para caer en la dominación de los faraones egipcios y a la que volvieron, tras errar durante 40 años por el desierto del Sinaí, y a la que arribaron y en la que se asentaron después de eliminar y expulsar a todos sus ocupantes. Todo ello está muy bien salvo porque la arqueología moderna no ha podido constatar la existencia de ningún tipo de invasión, más bien una convivencia entre cananeos e israelitas. Más adelante con la colonización romana y la destrucción del templo en el año 70 d. C., la diáspora judía fue un hecho, pero la añoranza de la tierra prometida y la promesa de su vuelta se mantuvieron por encima de todas las contingencias.

El problema es que la ansiada Canaán, es decir, Palestina, pertenecía en estos momentos al Imperio Otomano estando poblada por árabes, musulmanes, cristianos y judíos en una convivencia aceptada. La ola de antisemitismo despertada en Europa, sobre todo en Rusia, y la abundancia de pogromos aumentan paulatinamente las oleadas de emigraciones judías al nuevo Israel, hasta que en 1917 en plena guerra mundial se produce la llamada “declaración Balfour” en la que el ministro de Exteriores Británico, Arthur James Balfour, comunica al barón Rothschild, un líder judío inglés, su aceptación de la idea acerca del futuro estado de Israel en Palestina, que reconoce como un derecho de los judíos, añadiendo que esperaba que ello no menoscabaría los derechos de los naturales de la zona.

Terminada la guerra mundial, y vencidos los turcos por los ingleses, la Sociedad de Naciones otorgó un mandato a los británicos sobre la zona que les permitía controlar sus intereses locales, y a una población en su mayoría musulmanes (casi novecientos mil censados en 1922) frente a unos noventa mil judíos. El aumento de los emigrantes judíos, bajo protectorado inglés y con la colaboración de la monarquía jordana, fue paralelo a la oposición musulmana a su presencia, creando un estado de violencia crónica de baja intensidad, mediante sabotajes y diversos actos violentos que dieron lugar a la decisión por parte de las Naciones Unidas de dividir la zona en dos estados, uno para Israel (55% del territorio) y otro para los palestinos, y unos lugares comunes, como Jerusalém,  que tendrían una administración especial. Los árabes no aceptaron esta resolución pero los judíos sí, porque ya tenían avanzada la organización de su futuro estado y sobre todo la de su ejército (la Haganá).

El 14 de mayo de 1948, terminada la administración británica, se declara la independencia del Estado de Israel, que pasa rápidamente a materializar sus contenidos proyectos, llamando a filas a todos los varones reservistas, para una guerra total contra los árabes, de los que cerca de un millón (setecientos mil según las cifras oficiales) que se unieron a los casi trescientos mil que ya habían sido desalojados antes de la declaración, es decir, unos dos tercios de la población total, fueron obligados a desplazarse de sus domicilios para dejar sitio a los nuevos habitantes que terminaron añadiendo a su dominio un 50% más de territorio del adjudicado. Más de quinientas poblaciones árabes fueron destruidas y borradas de la tierra palestina con la aniquilación de sus mezquitas y sustitución de sus nombres con nuevas denominaciones hebreas por la fuerza de las armas del ejército israelita. Esta limpieza étnica se completó con las leyes promulgadas posteriormente, por el nuevo estado de Israel, que impiden el retorno de los árabes a sus domicilios y permiten la reinscripción de los nuevos títulos de propiedad de las tierras “abandonadas” por sus legítimos dueños.

Ben Gurión, jefe del nuevo estado israelí había manifestado previamente estos propósitos. Deir Yassin, al-Damaymah son los nombres de un par de lugares constatados donde se llevaron a cabo masacres importantes por parte del ejército judío contra los civiles palestinos, que tardaron muchos años en conocerse, pero que son prueba de la violencia desarrollada que desdice la propaganda judía de una guerra de liberación. La destrucción de la sociedad y la patria palestina fue total y la guerra se caracterizó y justificó como de exterminio por los mismos historiadores judíos como los profesores Benny Morris (Universidad Ben Gurion), Llan Papé (Universidad de Exeter) y Salman Abu Sitta, investigador palestino.

Los palestinos denominaron a esta guerra y sus consecuencias como “nabka”, día de luto, un término que traducido significa catástrofe o desastre y la celebran anualmente el día 15 de mayo como un recordatorio de unos tristes y onerosos sucesos que,  en aquellos momentos desconocían que no habían llegado a su fin.

                                                      Jesús Lobillo Ríos

                                      Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                 “benaltertulia.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Tony Judt.-“Postguerra. Una historia de Europa desde 1945”.Taurus 2010 (5ª Edición).

Karen Armstrong.-“Campos de sangre”. Paidós 2015.

La Base.-“La limpieza étnica de Israel contra Palestina”. Podcast, mayo 2024.

E. Nácar, A Colunga.-“Sagrada Biblia”. Editorial Católica 1969.

domingo, 2 de junio de 2024

Polipatias

“Polipatías”

 

Ahora que estamos en un receso electoral, aunque por poco tiempo, podemos considerar cómo la política nos tiene a veces en sus manos, que no son tan cuidadosas como desearíamos. No estamos en jornada de reflexión ni sitiados por promesas nada gratuitas ni  imparciales ni diáfanas.

Cuando, hace más de treinta años, nos enteramos de la existencia de las geopatías, no podíamos salir de nuestro asombro, porque habíamos sido testigos y afectados de los efectos que pueden tener sobre nuestra salud las geopatías.

Podemos ver que hasta los árboles parecen tener una conciencia añadida y se defienden como pueden y casi huyen del lugar en donde tienen que vivir, porque no han sido plantados teniendo en cuenta los efectos de las corrientes subterráneas sobre la salud, tanto la nuestra como la de ellos.

Por entonces ya nos ilustraron que los nómadas establecían sus asentamientos en lugares favorables para la salud de la comunidad. Así, no montaban sus tiendas hasta que veían un lugar propicio para establecerse. La señal primordial era ni más ni menos que el comportamiento de sus perros.  Antes de tomarse la trabajera de ponerse a actuar, esperaban a ver en qué lugar se echaban sus perros a descansar y a renglón seguido ya estaban seguros de que aquel sitio estaba libre de geopatías.

Hoy día hay especialistas en este tema, que son los descendientes de los zahoríes que, con sus varillas hábilmente preparadas, de siempre, nos señalaban el lugar más propicio para hacer un pozo y asegurarnos la provisión del líquido elemento, que ya hace tiempo dejó de serlo, pero que sigue siendo elemental para nuestra alimentación y salud, sin dejar de contar con él para nuestros cultivos.

Este conocimiento nos puede servir de modelo para saber a qué atenernos a la hora de barajar criterios para discriminar qué corrientes políticas, que parecen bastante líquidas, nos son menos  saludables para nuestra comunidad.  No nos podemos dejar llevar de las palabras, incluidas las insustanciales, las engañosas y las insultantes que cada día nos enferman más. Eso sí, con los poquitos conocimientos que vamos adquiriendo y la tromba de mentiras que nos hacen enfermar, tenemos que ir discriminando qué programas y qué hechos nos resultan adecuados para curarnos en salud, antes de que nos caiga la de pulpo, que también es un ser vivo.

La vida en general se nos reparte con diversidad de bienes y con ellos tenemos que tirar para adelante, pero lo que no podemos es meternos en los charcos en que solo hay fango y las aguas están ya más que podridas. Tenemos que evitar aquellos polvos para librarnos de estos lodos.

Las “polipatías” a las que nos estamos exponiendo no parecen tener remedio, porque no nos atrevemos a movernos del sofá, inconscientes de que debajo de nosotros hay correntías patológicas que pueden acabar con la salud, incluida la mental, de la ciudadanía.

Jugando con la palabra polis, abuela de la nuestra política, hija de politeía y la palabra polýs, que nos hace referencia a muchos, tenemos que tener todo el cuidado posible de no enfermarnos de estas corrientes malsanas que sólo van a favorecer a unos pocos, aunque hablen de mayorías, de muchos, y que a la hora de la verdad, la de coger el poder, dejan desasistidos a muchísimos más.

La piel del cordero de que se visten tantas corrientes políticas ya les está viniendo pequeña y no les importa abandonarla, porque la ciudadanía, cada vez, está más ausente y es más incapaz de abrir los ojos, porque queda deslumbrada ante el sol de injusticia que cada día se levanta y no con “rosados dedos” homéricos, sino que nos da zarpazos allí donde puede meter mano.

Con la experiencia que tenemos, ya algunos podemos ver claro que la falta de criterios de los partidos políticos no puede ser, por más tiempo, el lugar propicio donde establecernos, sobre todo con tanta maraña de bulos, y con tanta falta de memoria de tantas fechorías a las que nos han sometido y a la que nos quieren seguir sometiendo.

Ahora se dan cuenta de que hay que decir las cosas por su nombre, pero esa afirmación no deja de ser un postureo hartamente publicitario. Los blanqueos no cesan por todos sitios.

Mientras nos invitan a las próximas elecciones, podemos ir aclarándonos en qué podemos hacer para no dejarnos engañar y enfermar, por desconocer la naturaleza del terreno que pisamos.

Ahora ha surgido una engañosa concordia, demasiado cordial, que nos quiere seguir echando tierra sobre nuestra memoria democrática, porque le escuece tener que condenar el franquismo, porque de corazón no tiene nada y si mucho de hipócritas corazonadas.

 

                                                           José María Barrionuevo Gil

                                                        Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benltertulias.blogspot.com”

domingo, 26 de mayo de 2024

El mito de Fedra

EL MITO DE FEDRA.

 

¡Oh desgraciado e infortunado destino de las mujeres! […]

¿Por dónde podré escapar a mi destino?

¿Cómo ocultaré mi desgracia, amigas? […]

Soy la más desgraciada de las mujeres.

(Eurípides: Tragedias)

 

En la mitología griega Fedra era una princesa cretense hija de Minos y de Pasífae y hermana de Ariadna. Teseo, que era amante de Ariadna, abandonó a ésta para casarse con Fedra, de cuya unión nacieron Acamante y Demofonte. Hasta ahí, más o menos una historia de lo más cotidiana, pero la cuestión se complica cuando Fedra se enamora de Hipólito, su hijastro (hijo de Hipólita, reina de las amazonas):

Profunda, intensa inclinación lasciva,

para el adolescente nimio juego;

cómo abrasa a mis años este fuego,

nunca como hoy tan lúbrica y tan viva.

(Francisco Álvarez Hidalgo: «Fedra»).

 

Hipólito no estaba enamorado de ella y la rechazó, por lo cual Fedra, despechada, lo acusó ante su padre de haber intentado violarla, aunque después, arrepentida, acabaría por suicidarse.  En la mitología clásica se ahorca; en la adaptación cinematográfica española, dirigida por Manuel Mur Oti en 1956 la protagonista (Emma Penella) se ahoga en el mar. No acaba aquí la tragedia porque Teseo condena a su hijo y lo entrega al furioso Poseidón, dios de los mares, para que perezca. Sin embargo, la diosa Artemisa reveló entonces que Afrodita les había tendido una trampa, justo a tiempo de que padre e hijo se reconciliasen antes de que Hipólito muriera arrastrado por sus caballos. Entonces Fedra, abrumada por la culpa decide suicidarse y se ahorca.

La historia de Fedra ha sido inmortalizada en la literatura por clásicos como Eurípides (Hipólito), Ovidio (Heroidas), Higino (Fábulas) o Séneca (Phedra); dramaturgos contemporáneos internacionales como Racine (Fedra, 1767); Miguel de Unamuno (Fedra, 1910); Sarah Kane (El amor de Fedra, 1996); Raúl Hernández Garrido (Los restos de Fedra, 1997) o Salvador Espríu, obra estrenada en 1979 por Nuria Espert.

En 1932 el escritor mallorquín Llorenc de Villalonga publicaría una novela, Fedra (con ediciones posteriores de 1954 y 1966). El personaje clásico ha servido como inspiración de óperas como Fedra de Hans Werner Henze (2007), protagonizada por la mezzosoprano María Riccarda Wesseling y en innumerables representaciones teatrales.

Remedios Sánchez publicó también un suculento artículo en el que expone los paralelismos existentes entre el Hipólito de Eurípides y la obra básica de Juan Valera, Pepita Jiménez, a partir del reconocimiento de los personajes y de los tópoi comunes, las relaciones y la pulsión amorosa de Fedra e Hipólito y la de Pepita con el hijastro aspirante a misionero. Basada en esta obra, el director mexicano Emilio Fernández («Indio Fernández››) la llevó a la gran pantalla en 1946 con Rosita Díaz Gimeno, una actriz española exiliada de la Guerra Civil y un elenco de actrices y actores españoles como Consuelo Guerrero, Fortunio Bonanova, Antonio Bravo o Manuel Noriega. El mito también ha servido de inspiración para escultores o pintores como Alexandre Cabanel o Pierre-Narcisse Guérin.

Hasta qué punto tiene fuerza y vigencia este mito que «se suele juzgar a las actrices francesas según la calidad de sus Fedras», tal es la dificultad e importancia de meterse en su piel. Poliédrico y cambiante, el papel desafía a cualquier actriz a multiplicar sus habilidades y le lanza un reto para que dé rienda suelta a su versatilidad y arte escénico para que muestre un tan amplio y cambiante estado de ánimo, pues su compleja personalidad pasa por diversos estados que pasan por el intento de ahogar su pasión por Hipólito, su hijastro, su intenso debate moral y el horrible fin que los arrastra. En consecuencia, la ineludible fatalidad de quien rompe las reglas de juego.

El mito de Fedra lo han llevado a sus lienzos artistas como Narcise Guèrin o Alexandre Cabanel y especialmente presente en los frescos que adornan las villas pompeyanas. De igual forma, el cine también ha recuperado el mito dando vida a Fedra tanto a nivel nacional como internacional con actrices como la griega Melina Mercouri, la brasileña Freida Pinto, la francesa Marcelle Chantal o la norteamericana Michelle Feiffer, por citar sólo unos nombres.

En el caso de nuestro cine, ya hemos adelantado que se estrenó en 1956 con dirección de Mur Oti y protagonismo de Emma Penella en el papel de Fedra. La década de los años 50, desde el punto de vista cinematográfico fue, como era lógico durante la dictadura, una década de censura en todos los ámbitos. Casos como Surcos o El inquilino, ambas de José Antonio Nieves Conde, o Viridiana de Luis Buñuel, sufrieron los rigores del censor. El caso de Fedra, una demostración “descarnada y violenta en la demostración de las pasiones humanas” donde se toca el adulterio, el incesto y donde se muestra un erotismo y una sensualidad inusual, es un caso inaudito en la historia del cine español. Naturalmente se suprimieron algunos planos del busto exuberante de la protagonista, la tórrida escena de la playa y, especialmente, el final: con una Fedra/Penella nadando desesperada hacia el cuerpo del amante para, abrazada a él, hundirse irremediablemente en el mar. Sin embargo, no existe ninguna mención a la brutal escena de los azotes a Fedra.

Quizás pueda explicarse este caso insólito de “buenismo” censor al contexto social de unos momentos de particular coyuntura que vivía España: el fin de la autarquía, el reconocimiento del régimen por las instituciones internacionales y las crecientes presiones a favor de una mayor libertad de expresión, tuvieron que ver en ello, aunque no fueron las únicas, y el avispado Manuel Mur Oti (quien, por cierto, recibió un Goya de Honor en 1983) tuvo mucho que ver en este asunto.

 

                                       Rosa M. Ballesteros García

                       Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                     “benaltertulias.blogspot.com”

domingo, 19 de mayo de 2024

Joaquín D`Harcourt Gott

                                                 JOAQUIN  D` HARCOURT  GOT

               MÉDICO,  MILITAR, CIRUJANO ORTOPÉDICO, PROFESOR Y EXILIADO

 

Fue el Jefe de los Servicios Quirúrgicos de Sanidad del Ejército Republicano con el grado de Teniente Coronel Médico, gran cirujano ortopédico, gran científico y un auténtico fuera de serie en la capacidad de organización de los Servicios Quirúrgicos de Campaña. Junto con el Dr. Bastos Ansart y el Dr. Trueta y Raspall compone el trio de ases de la sanidad  republicana, creadores del “Spanish Method”, tratamiento de las heridas abiertas, mediante la cura oclusiva que tantas gangrenas evitaron y tantas vidas salvaron.

Nació en Cuba en 1896, donde su padre, coronel de caballería estaba destinado y  que dos años después trasladaría su destino y su familia a Zaragoza en donde Joaquín estudiaría el bachillerato y los tres primeros años de la carrera de Medicina, que terminó en Madrid licenciándose en 1918, siendo pensionado, nada más terminar, por la JAE (Junta de Ampliación de Estudios)para trabajar ese verano en EEUU, ingresando al año siguiente en la Sanidad Militar con destino en Melilla en donde permaneció hasta 1926 participando en diversas acciones militares, entre ellas en el desastre de Annual, siendo uno de los oficiales que lograron volver a Melilla a través de las líneas enemigas, que le valieron el ascenso a capitán (1925).

Posteriormente fue destinado a Aranjuez (Madrid), Tablada (Sevilla) y Cuatro Vientos (Madrid) y Getafe (de nuevo Madrid). Presenta una ponencia en el  IV Congreso Internacional de Navegación Aérea (“El estudio de la etiología y patogenia del mal de los aviadores”). Se incorpora al Colegio Oficial de Médicos de Madrid, y se afilia primero en el partido comunista y luego en el PSOE. Contrae matrimonio con Ascensión Rodríguez García, con la que tuvo tres hijos madrileños: Rafael, María Coral y Joaquín.

En 1932 obtiene el diploma de Cirujano Militar. Al año siguiente recibe el Premio Anual  de Efectividad y es nombrado profesor clínico de patología quirúrgica en la cátedra del Dr. Bastos Ansart, y admitido como socio de la Sociedad de Cirugía de Madrid. En 1935 colaboró en la fundación de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT), y a primeros de 1936 fue nombrado profesor de número encargado de la Cirugía Infantil de la Beneficencia General de Madrid y a primeros de Julio cirujano de superior categoría en el Hospital Militar de Carabanchel, en el que ya, dos años antes, con motivo de la revolución de Asturias, había tenido oportunidad de conocer de primera mano la técnica de tratamiento de las heridas abiertas mediante la colocación de los yesos del Dr. Bastos.

Iniciada la guerra civil pasa a prestar sus servicios en el Hospital de Sangre instalado en el Hotel Palace de Madrid y ascendido a comandante médico y en 1937 se hace cargo de todos los servicios quirúrgicos del ejército republicano con el grado de teniente coronel médico, publica un trabajo sobre “Contribución al estudio de las lesiones tróficas de las extremidades producidas por el frio” que recibió un premio de la Academia de Ciencias Catalana. Todavía antes de abandonar España con el fin de la guerra, estuvo trabajando en el Hospital de Vallcarca en Barcelona.

 Pasada la frontera fue acogido en Toulouse por los doctores Soula y Doucing y junto con su compañero y amigo, el también médico militar, Doctor Folch, establecieron un centro de divulgación de estudios en la Societé de Medecin y en el Centro Regional Anti Cancerus (CRAC) de esta ciudad. Participa en un informe del general médico francés Peloquin sobre los estragos que generaban diversas enfermedades entre los refugiados españoles. Con la ocupación alemana, la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles) organiza el traslado de unos 400 refugiados a México en el buque portugués “Quanza”, a donde llegan en noviembre de 1941 y donde sigue trabajando como médico para los refugiados españoles.

En 1942 promueve la creación de la Sociedad Benéfica Hispana, y es nombrado profesor invitado de la Escuela Médico Militar. Dos años después recibe el premio anual de la Academia de Medicina de México por su trabajo “Aportaciones a la terapéutica con sulfamidas” que le vale ser nombrado profesor invitado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y sigue participando en Congresos profesionales con trabajos cualificados.

En 1949 tras deliberar sobre la forma de perpetuar la cultura española en México funda con otros amigos exiliados “El Ateneo Español de México” en el que figura como su primer presidente y que mantuvo durante 18 años. En 1952 publican un volumen “Recordando a Cajal” en el centenario de su nacimiento, y en 1969 un opúsculo recordando en esta ocasión a su maestro “Relación biográfica de la vida amorosa, fructífera y creadora de una pareja feliz: Consuelo Bastos y Dr. Manuel Bastos”.

Falleció en la capital mexicana el 5 de mayo de 1972, a los 76 años de edad, siendo inhumando en el cementerio de la capital azteca.

 

                                                                Jesús Lobillo Ríos

                                          Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                      “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía

Beláustegui.-“Joaquin d`Harcourt Got”.Real Academia de la Historia.

Fundación Pablo Iglesias.-“Joaquin d`Harcourt Got”

I.Loyola.-“Joaquín d´Harcourt Got”.-Crónicas y cultura. Studylib.es

domingo, 12 de mayo de 2024

Miguel Morayta

Miguel Morayta: Un manchego en el cine mexicano

 

Afirmaba el historiador mexicano Jorge Chaumel que «no se podría entender el cine mexicano sin Buñuel, Alcoriza o Velo››. Los tres directores españoles llegaron a México, como tantos otros españoles exiliados, huyendo de la barbarie de nuestra Guerra Civil. Buñuel llegó a México en 1946, tras haber huido de España y de Estados Unidos, donde fue acusado de comunista en pleno macartismo. En México desarrolló una de las etapas más reconocidas de su carrera como director; Luis Alcoriza, colaborador con Buñuel en muchas de sus películas, fue también actor de teatro y cine; posteriormente pasó a guionista cinematográfico. Colaborador también de Buñuel fue Carlos Velo, como documentalista y guionista. Llegó a ser director del Noticiero Mexicano EMA. En 1944 ganó, como coguionista, un Premio Ariel por Entre hermanos, película donde intervienen dos exiliadas españolas, la valenciana Anita Blanch y una niña malagueña que se convertiría en una estrella nacional: Alicia Rodríguez. Fueron miles los profesionales y artistas españoles, quienes a bordo de buques de nombres tan exóticos como «Sinaia››, «Ipanema›› o «Mexique›› arribaron a México, principal país de acogida, presidido en aquellos años por el socialista Lázaro Cárdenas.

Nuestro biografiado, Miguel Morayta Martínez, llegó finalmente en 1941 al puerto mexicano de Veracruz en un barco portugués, como afirma su biógrafo Domingo Ruiz, aunque sobre esta cuestión existen discrepancias. Según unas fuentes, Morayta estaba de vacaciones en Tánger cuando estalló la rebelión militar, por lo que decidió emigrar a América. Otras, por el contrario, afirman (basándose en entrevistas realizadas por Ruiz en México) que estuvo luchando con el ejército republicano hasta octubre de 1939, fecha en la que salió acompañando a los exiliados que huían a Francia, y que él mismo fue a parar a un campo de concentración donde tuvo la suerte de encontrarse con un fotógrafo alemán, viejo amigo, y aficionado al cine como él, que lo salvó de ser fusilado. Este amigo era entonces comandante de la Gestapo. Morayta, de profesión militar, ejerció también como jefe de publicidad de la distribuidora «Renacimiento Films››.

Miguel Morayta Martínez, hijo y nieto de una ilustre saga de políticos republicanos y masones, nació en 1907 en el pueblo manchego de Villahermosa (Ciudad Real). Por parte de madre era sobrino segundo del general Franco. Su familia paterna, su padre Francisco Morayta, era médico, diputado y presidente de la Diputación de Ciudad Real; su abuelo Miguel Morayta Sagrario, también diputado por Valencia y Madrid, catedrático, masón y anticlerical (fue excomulgado por 43 obispos). Nuestro biografiado cursó estudios en Toledo y en la academia militar de Segovia, donde se preparó en ingeniería y artillería. Durante la dictadura de Primo de Rivera, en Ciudad Real, participó en 1929 en el levantamiento contra la dictadura. Cuando estalla la Guerra Civil era agregado militar en Tánger. Sirvió a la República ocupando puestos relevantes durante toda la contienda. También colaboró en el Frente de Cataluña y tras la derrota del bando republicano se vio obligado a refugiarse en Francia, como ya adelantamos, donde estuvo a punto de morir a manos de los nazis en un campo de concentración.

En México desarrolló una importantísima carrera en la industria cinematográfica, interviniendo en cerca de un centenar de películas como director o guionista. Debutó en 1943 con la película Caminito alegre en la que intervinieron los exiliados Ángel Garasa e Isabelita Blanch. Entre sus películas más conocidas destacan: El mártir del calvario, Joselito vagabundo, Detectives o ladrones, Cara de ángel, Amor perdido, ¡Ay pena, penita, pena!, ¡Ay, Jalisco, ¡no te rajes! Su último largometraje fue El Sonámbulo y su última participación cinematográfica fue a la edad de 70 años con Los Amantes Fríos en 1977. Participó en diferentes coproducciones, con artistas españoles como Lola Flores (Pena. Penita, pena, 1953), Carmen Sevilla (La guerrillera de Pancho Villa, 1969), Pili y Mili (Princesa o vagabunda, 1969) o su paisana Sara Montiel. (Ella, Lucifer y yo, 1953).

En la década de los ochenta Morayta jugó un papel relevante en el cine mexicano con su participación en los Estudios Churubusco, y en el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). En 1988, la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales, le otorgó la Medalla de Oro al Mérito como Director por sus 50 años de carrera.

El cineasta manchego, al que le gustaba hacer películas divertidas, es considerado como uno de los máximos exponentes de la Época de Oro del cine mexicano. Murió en México a la edad de 105 años, lejos de su tierra, pero siempre recordándola. Un detalle: a su perro le llamaba «Mancha››.

Fueron muchos, y muy importante su participación en la industria del dine de aquel país, especialmente en la conocida como «Época de Oro›› (1936-1956), exiliados como los músicos Antonio Díaz Conde, colaborador en varias películas de Emilio («Indio››) Fernández (Maclovia, La perla, Pueblerina) o Roberto Gavaldón (Las tres perfectas casadas), Rodolfo Halffter (Los olvidados, La guerra de los pasteles) o Gustavo Pittaluga (Subida al cielo, Los olvidados); escenógrafos como Manuel Fontanals o Vicente Petit; guionistas como Manuel Altolaguirre, Max Aub, Álvaro Custodio, Paulino Masip o Jaime Salvador en varias películas de «Cantinflas››, quien dijo en alguna ocasión que «en 1944, los refugiados conformaban equipos profesionales de cine que colaboraban en multitud de películas››, si bien, por otra parte, estos profesionales españoles no lo tuvieron nada fácil al tener que enfrentarse a la  política proteccionista de los sindicatos y el control oficialista las estructuras administrativas del país, pues el gobierno de acogida ofreció su asilo a condición de que no hicieran política activa.

Los exiliados que llegaron tuvieron la fortuna de hacerlo en un momento en que la industria del cine mexicano vivía lo que ya comentamos como una edad de oro, favorecida, entre otros factores, por la Segunda Guerra Mundial que, al entrar EU, líder indiscutible de la producción cinematográfica mundial, tuvo que reducir el gasto al tener que invertir su principal presupuesto en materia armamentística. México, al mantenerse neutral pudo invertir en su propia industria y su posterior exportación.

Desde aquí nuestro reconocimiento a tantas actrices y actores que tuvieron que dejar su país y a sus familias, en muchos casos, como Isabel Blanch, Manuel Noriega, Amparo Morillo, Ángel Garasa, Germán Robles («el Drácula mexicano››), Conchita y María Gentil Arcos, Prudencia Grifell, Consuelo Guerrero, Emilia Guiú, María Conesa, Manola Saavedra, Alicia Rodríguez o Pituca de Foronda

 

                                         Rosa M. Ballesteros García

                        Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                    “benaltertulias.blogspot.com”

 

 

Recomendado:

Jorge Chaumel (1015): «El exilio cinematográfico republicano en México››, Laberintos: revista de estudios sobre los exilios culturales españoles, Nº. 17, pp. 125-149.

domingo, 5 de mayo de 2024

Manuel Bastos Ansart

                                                   MANUEL BASTOS ANSART

MEDICO, CIRUJANO, TRAUMATÓLOGO, MILITAR, DOCTOR, PROFESOR Y DEPURADO

Es considerado como el padre de la traumatología moderna en España. Fue maestro de los traumatólogos que hicieron de esta especialidad su  área de dedicación profesional, a los que trató siempre con deferencia, así como a sus pacientes que siempre fueron enfermos antes que clientes. Con una enorme suficiencia intelectual y gran capacidad de trabajo, estudió y publicó mucho. Su tratado de “Patología Quirúrgica General” fue imprescindible en una gran mayoría de las Facultades de Medicina españolas.

Nació en Zaragoza en 1887, donde su padre era un militar profesor de matemáticas en la Academia Militar. En esta ciudad estudió el bachillerato y la carrera de Medicina como alumno interno en la cátedra de Patología Quirúrgica. Se incorporó una vez licenciado a la Sanidad Militar, siendo destinado al Hospital Militar de Madrid y movilizado (1909) participando voluntariamente en la sublevación de Melilla, en la que fue herido obteniendo diversas condecoraciones militares. Al volver a la península trabajó en el Instituto Rubio a las órdenes del profesor López Duran.

En 1912 obtuvo el grado de doctor con una tesis sobre “Anatomía y mecánica de la bóveda plantar y sus deformaciones”. En 1913 obtiene por oposición la plaza de profesor auxiliar de la cátedra de Patología Quirúrgica de la Universidad de Madrid en donde trabajó durante 15 años. Y en 1915, también por oposición, el título de Médico de la Casa Real y del Patrimonio, y en 1921, de nuevo por oposición, la plaza de médico numerario de la Beneficencia General con destino en el Hospital de la Princesa de Madrid en donde se hizo cargo de la cátedra del fallecido profesor Mollá, hasta 1932, año en que fue nombrado presidente del comité ejecutivo del Instituto Nacional de Reeducación de Inválidos, y después director del mismo hasta 1936.

En 1934, durante la revolución de Asturias comenzó a elaborar su experiencia en el tratamiento de las fracturas abiertas utilizando el método de aplicación de los yesos de Tobrück en lo que terminaría siendo conocido como el método Orr-Bastos-Trueta, tras la difusión que este último le daría en todo el mundo.

En 1936, al estallar la guerra civil, fue destinado a S. Sebastián, trabajando en un Hospital de sangre instalado en el Hotel Londres. Se vió obligado a huir a  Francia regresando a España por Barcelona para terminar trabajando en otro Hospital de sangre instalado en esta ocasión en el Hotel Palace de Madrid, pasando posteriormente a dirigir los quirófanos del Hospital sueco-noruego de Alcoy.

A estas alturas Manuel Bastos era una autoridad internacional en el tratamiento de las heridas de guerra. Había sido el fundador del Instituto Nacional de Reeducación de Inválidos y vicepresidente de la Asociación Médico-Quirúrgica Española y fundador de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Sus publicaciones “Tratado de Patología Quirúrgica General” (1932), “La osteosíntesis: estudios experimentales sobre su biología y práctica” (1932) “Algunos aspectos clínicos de las heridas por arma de fuego” (1936) eran obras de referencia para médicos y estudiantes.

Terminada la guerra y convertido el Hospital en prisión, el Dr. Bastos, fue detenido y acusado de “ayuda a la rebelión armada”. Estuvo un año esperando la reposición de sus cargos que nunca llegaron al ser condenado a 12 años de  prisión y la pérdida de sus derechos, siendo indultado poco después. Pasó un par de años trabajando en el Hospital de antituberculosos de Castellón y en 1943 marchó a Barcelona ejerciendo privadamente hasta su jubilación.

No obstante siguió publicando: “Elogio y diatriba de la cirugía” (1945), “Tratado de Cirugía Ortopédica” (1950)”Pseudiartrosis” (1951), “Tratado de operatoria ortopédica y traumatológica” (1957), “Nuevo tratado de Patología Quirúrgica General” (1962) y  “De las guerras coloniales a la guerra civil: memorias de un cirujano” (1969). En total más de doscientas cincuenta publicaciones entre artículos y libros.

Fue socio corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, y miembro de la de Barcelona, Presidente del Comité Español de Lucha contra el Reumatismo, Socio de Honor de la Sociedad Alemana de Cirugía y de la de Cirugía Ortopédica, Socio Corresponsal del Royal College of Surgeons de Inglaterra, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Chicago y de todas las Universidades Argentinas, de Lyon y de Lisboa. Estaba en posesión del Premio Virgili que se otorga a los cirujanos más eminentes.

Falleció en Barcelona en Enero de 1973, a los 86 años de edad.

 

                                                                     Jesús Lobillo Ríos

                                               Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                           “benaltertulias.blogspot.com”

Bibliografía

M Diaz-Rubio Garcia.-“Manuel Bastos Ansart”.Real Academia de la Historia.

L. Mazo Burón.-“M. Bstos Ansard”. Homenaje al médico español. Monografía Beechan.

domingo, 28 de abril de 2024

Los mitos y el cine

                                 LOS MITOS Y EL CINE

 

A propósito de la vigencia de los mitos, los estudios antropológicos suelen coincidir en que el mito se originaría allá por el Neolítico, en aquellas sociedades de cazadores y recolectores que necesitaron crearlos para “saberse y no olvidarse”, atribuyendo su origen a unos poderes sagrados. Poderes que se ponen en mano de las Vestales, guardianas del fuego eterno, que la antropología remonta a los tiempos en que al elemento sagrado había que mantenerlo siempre encendido (probablemente, en sus inicios, por el desconocimiento de como prenderlo). Estas jóvenes, las más bellas y vírgenes, cuidaban de que no se extinguiera y eran castigadas severamente si ello ocurría. Como se ha escrito, “la mitología es más antigua que el espíritu científico”.

Y los mitos siguen vigentes en la actualidad. En el caso que nos ocupa, a través del cine, como proponemos en el título, esa “fábrica de sueños” (que decía el escritor judío ucraniano Ilya Eremburg), una magnífica fuente para el estudio de la sociedad, pero, sobre todo, es el instrumento más efectivo para llegar a millones de espectadores, en un principio, a las masas proletarias (Jaurès lo definía como “teatro del proletariado”). Es, además, un arma formidable: “a veces noble, a veces insidiosa y traicionera, filtro envenenado”, leemos en una revista de la época, rotundas palabras que ponen en evidencia su tremendo poder de control de las masas. Ya lo dijo en su momento Lenin “De todas las artes, el cine para nosotros es la más importante”. También el cineasta francés Jean Louis Godard dijo que “el cine es un instrumento de pensamiento”, y el profesor Román Gubern va más allá al plantear que algunas proyecciones “muestran el miedo a lo ajeno, a lo que está lejos”. Como ejemplo de estas palabras su monumental Historia del Cine comienza, como corresponde, por “El nacimiento del Cine”, siendo el primer subtítulo: “El mito”.

Para Platón, los mitos son una estrategia narrativa y una vía de acceso al conocimiento que el cine se ha encargado de atrapar, como medio de comunicación de masas, porque el cine, del poder del cine, de su seducción, tenemos infinidad de ejemplos, hasta el punto de que ninguno de los líderes de todo el arco político, ninguno, ha escatimado medios para utilizarlo como el medio de propaganda más eficaz. En la España de posguerra, por ejemplo, la inversión que en los primeros años cuarenta se hizo en el cine procedía más del apoyo del Estado que de las productoras con licencias de importación; créditos y premios sindicales tuvieron el banco más asequible para sus negocios. Paralelamente a este tipo de disposiciones se reguló en 1942 la creación de Noticiarios y Documentales Cinematográficos (NO-DO), para poner “el mundo al alcance de todos los españoles”, como en su caso hiciera el Noticiario LUCE de la Italia fascista entre 1924 y 1945. En 1947 nacería el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (I.I.E.C.), en el que impartieron su docencia algunos de los directores más representativos de la década como Luis G. Berlanga, Juan A. Bardem o Carlos Saura, del que salieron las primeras promociones de jóvenes que intentaron dar un giro a la creatividad cinematográfica en los años cincuenta.

Como apuntábamos, el cine ha captado y atrapado para la gran pantalla, desde sus inicios en las décadas finales del siglo XIX, relatos y arquetipos que tienen su origen en nuestra memoria colectiva y que han llegado hasta nuestros días a través de las sagas y de los relatos de la antigüedad clásica, especialmente de las culturas griega y romana, aunque no exclusivamente pues, parafraseando al profesor Campbell, la mitología es extensible a todas las civilizaciones, forma parte de todas las culturas y llega a todas las clases sociales, desde el más prosaico ciudadano hasta las cabezas coronadas. ¿Cómo no recordar que el rey Luis II de Baviera “El rey loco” tenía en sus habitaciones una escultura que representaba a la poeta Safo de Lesbos?

En resumen, las relaciones familiares, la construcción de comunidades políticas, las complicadas relaciones de género… Todas ellas, sin excepción, han mantenido su vigencia, la vigencia de los mitos, de forma que estos siguen cumpliendo su función en el seno de las sociedades contemporáneas, y también su influencia, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, si bien la mitología subyace en la estructura material, artística y social y entra a formar parte de las relaciones sociales y del imaginario colectivo. 

 

                               Rosa María Ballesteros García

                     Vicepresidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                              “benaltertulias.blogspot.com”