domingo, 13 de junio de 2021

Los desechables

                             LOS DESECHABLES

La palabra desechable es ambigua, se puede referir a cualquier  cosa, algo que ya no te gusta y lo sustituyes por otra que te agrada más. Esto en cuanto a cosas de usar y tirar, pero el arco de ésta palabra es muy extensa.

Siempre que pensamos en algo desechable lo visualizamos como algo físico , objetos de usar y tirar pero también se desechan sentimientos que nos incomodan, noticias que nos alteran, personas que con su sola presencia nos suponen un estrés añadido al que nos brinda la sociedad a diario .

Tirar algo del hogar o hacer una limpieza de armario supone algo más que lo meramente físico. Con ese acto pretendemos liberarnos sin darnos cuenta de algo más que solo está presente en nuestro yo interior.

El tema es muy complejo. Se desecha en las empresas cuando los empleados ya no gustan, por edad, intereses económicos o simplemente por el físico y en incontables ocasiones por motivos de género.

En los hogares actuales generalmente tan poco espaciosos, todo está medido para familias reducidas, ahí no caben cosas superfluas, ni siquiera los abuelos están libres de ese “ya son mayores, ya no se enteran de nada”. Pero se equivocan, los mayores tienen acumulada una sabiduría que les ha sido dada por la experiencia de los años vividos y que podrían trasmitir a los nietos, como el encarar la vida sin la violencia que observamos en la sociedad. ¿Se pueden considerar a los abuelos como “algo” que ya no te sirve?

 De hecho, así ocurre. Pero acaso, en ese mismo espacio reducido  ¿han sobrado los niños? No, pero los abuelos sí. Que si tienen mal genio, que dan mucho trabajo, un sinfín de pretextos para deshacerse de ellos y  rápidamente les buscamos una residencia donde los aparcamos como los coches viejos en el desguace.

Es triste contemplar esos auténticos morideros, con residencias pésimas donde a éstas personas se les ha quitado toda su autonomía. Sí que habrá de todo, los que han ingresado por propia voluntad y disfrutan de una residencia tipo hotel donde sus vidas transcurren plácidamente y pueden reunirse con amigos en la calle, con lo cual no pierden el contacto social.¿ Pero cómo hacer en ésta sociedad donde a la mayoría apenas les llega la pensión para costearse una residencia medio decente donde escasean los cuidados  sanitarios como hemos podido comprobar en ésta pandemia que estamos padeciendo?.

La sociedad burocrática ha sido muy dura e insensible con estos mayores que estuvieron a por todas en la lucha social  para que sus hijos y su patria tuvieran un futuro mejor. No se merecen que este problema que es de todos se vea de perfil como que no nos atañe porque aún no estamos en esa tesitura, pero queridos lectores, el tiempo pasa muy rápido, entre criar a los hijos el trabajo y el estrés no te das cuenta que tú eres el próximo residente.

Ya sabéis:¡ cuando las barbas de tu vecino veas cortar por las tuyas a remojar!

 

        Lola Recio Barba. Diplomada en Artes. Pintora

                  El Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 6 de junio de 2021

ELEANOR ROOSEVELT

             Eleanor Roosevelt: Algo más que «Primera dama»1962

 

Rosa M. Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@gmail.com

 

En 2014 se publicó un libro extraordinario de la profesora de la Universidad de Valencia, Aurora Bosch, titulado Miedo a la democracia[1],  un título que bien se puede asociar a los tiempos que vivimos. Pero no voy a tratar del libro (en particular), sino de uno de los personajes que aparecen y que tienen mucho que ver con España. Como indicamos en el título, el personaje es Eleanor Roosevelt, esposa del que fue presidente de los EE. UU. Franklin D. Roosevelt. Fue mucho más que una «primera dama», apenas ejerció ese papel de «mujer-florero» (con perdón de la expresión) con el que, sobre todo en estos últimos años de política en aquel país, nos viene a la memoria, por citar sólo un ejemplo bastante significativo. Harry S. Truman, vicepresidente con su marido, y posterior presidente tras la muerte de éste, la llamó «Primera Dama del Mundo» por sus avances en materia de derechos humanos.

La dama en cuestión se llamaba Anna Eleanor Roosevelt Hall y había nacido en Nueva York en 1884 en el seno de una de las familias más prestigiosas del país ―los Roosevelt, originarios de los Paises Bajos, se instalaron en el siglo XVII―[2]. Su infancia, a pesar de la posición más que holgada, no fue nada feliz. Se quedó huérfana a los 10 años tras la muerte de sus padres (habían muerto muy jóvenes, con 34 y 29 años) y también uno de sus hermanos. En resumen, una pobre niña rica. A los quince años la familia la envió a Londres, donde asistió a la Academia Allenwood, dirigida por la educadora feminista francesa Marie Souvestre (1830-1905)[3], quien ejerció una gran influencia en su formación personal e intelectual posterior. Su relación y amistad duró hasta la muerte de su maestra en 1905, el mismo año en el que, tras regresar a los Estados Unidos, se casó con un pariente lejano: Franklin D. Roosevelt. Tampoco la vida de casada parece que fue un jardín de rosas y sus biógrafos coinciden en que no conectaba con una suegra autoritaria, a lo que se sumaría los adulterios del marido. Todo ello la sumió en una profunda depresión si bien, como un Ave Fénix, renaciendo de sus propias cenizas, inició una verdadera vida, con «habitación propia» incluida.

Por otro lado, si bien el matrimonio, como tal, estaba roto[4], la pareja no rompió la relación, y cuando el marido sufrió una enfermedad en 1921 que lo condenó a una silla de ruedas, ella convenció al entonces senador que siguiera con su carrera política, por cierto, en contra de lo que opinaba su suegra. Comenzó entonces para ella el activismo político, en vivo y en directo, dando discursos durante la campaña que condujo al marido al despacho de gobernador de Nueva York en 1928. Durante los terribles años posteriores a la gran crisis de 1929 (conocida como el crack o la Gran Depresión), imparable, viajó por todo el país promoviendo la reforma económica, el «New Deal»[5], que había puesto en marcha el que sería presidente en 1932 tras derrotar a su oponente republicano Herbert C. Hoover. Durante el largo mandato de su marido (1932-1945) esta intrépida dama no dudó en visitar los barrios más miserables, convirtiéndose en una especie de defensora del pueblo, incluso bajó a las minas. También inició actividades con la «Women's Trade Union League», recaudando fondos en apoyo de los objetivos del sindicato: una semana laboral de cuarenta y ocho horas, salario mínimo y la abolición del trabajo infantil.

Al comienzo de la Segunda Guerra mundial se le disuadió cuando intentó unirse a Cruz Roja para visitar los frentes de guerra, así que se volcó para conseguir la inmigración de niños europeos, víctimas del conflicto. Como activista política viajaría a Inglaterra y al Pacífico Sur para alentar a los soldados combatientes, dando al papel de primera dama otros contenidos significativamente distintos al rol protocolario que las distintas primeras damas que le habían precedido. No defendió esta ruptura de roles sólo en su nombre, sino que apoyó vivamente el que mujeres (blancas y negras) salieran del ámbito privado para coopera en el esfuerzo de guerra, abogando para que las mujeres pudieran trabajar en las fábricas, convirtiéndose esto en una práctica generalizada. Su postura antirracista la manifestó en un sinfín de ocasiones, como el recital que organizó en 1939 para la cantante negra Marian Anderson (rechazada por el Constitution Hall de Washington), al que asistieron 70.000 espectadores y transmitido por radio a todo el país[6].

Durante la Guerra Civil española (1936-1939), durante el segundo mandato de su marido, apoyó abiertamente al Gobierno republicano. La escritora y corresponsal de guerra Martha Hellhorm[7], amiga suya, la mantenía muy informada de la realidad que estaba viviendo en España. En una de sus cartas, fechada en Barcelona en 1938, le escribe: «Este país es demasiado bello como para que los fascistas lo hagan suyo… ¡hay que salvar España para la gente decente, es demasiado hermosa como para desperdiciarla!». También la malagueña Isabel Oyarzábal, en calidad de embajadora, se entrevistó con Eleanor. En sus memorias, Oyarzábal recuerda su gira por varios países americanos: de cómo en Canadá le boicotearon los católicos canadienses varios actos y también como el Madison Square Garden de Nueva York se llenó con varias decenas de miles de ciudadanos que apoyaban a la República.

La antipatía de Eleanor por las dictaduras se prolongó tras la victoria franquista, y hasta el fin de la Segunda Guerra mundial, oponiéndose a la normalización de relaciones con Franco. Por cierto, el presidente Roosevelt, finalizada la guerra de España, ya a toro pasado, afirmó que su política de no intervención había sido «un error». Su embajador en nuestro país, el también demócrata Claude Bowers (1878-1978)[8], admirador de Azaña, desde 1935 avisaba sobre la actitud golpista del ejército. Dimitió en marzo de 1939 por no estar de acuerdo con la política de su país respecto a España.

Durante los 12 años que duró la presidencia del marido, hay una coincidencia generalizada de que fue sus ojos y sus oídos y, tras su muerte, se opuso a la «caza de brujas» del macarthysmo, abogó por la integración racial, lo que la convirtió en objetivo del director del FBI, J. Edgar Hoover que la consideraba un «peón» de los comunistas, por lo que mantuvo un gran archivo sobre ella, uno de los más extensos de la historia del FBI sobre una persona.

En su faceta como escritora publicó 17 libros, entre ensayos y memorias, además de un centenar de libros infantiles, libros de cocina, de etiqueta y costumbres. También intervino en programas de radio y durante 30 años escribió en prensa una columna diaria titulada «My day». Otra de sus muchas actividades la desempeñó en las Naciones Unidas (1945-1952), como delegada de EE.UU. siendo la principal impulsora de la Declaración Universal de Derechos Humanos hace 60 años. Eleanor Roosevelt ha sido el modelo de la demócrata Hillary Clinton, quien ha confesado mantener con ella «conversaciones imaginarias». Hasta la elección de su marido como presidente, en los años de gobernador, estuvo dando clases en Todhunter School for Girls, una escuela de señoritas que también ofrecía cursos de preparación universitaria en Nueva York.

Esta controvertida «primera dama», que también fue madre de 6 hijos, se mantuvo políticamente activa durante 17 años tras quedar viuda. Presidió la Comisión Presidencial sobre el Estatus de la Mujer de la administración de John F. Kennedy. En el momento de su muerte, era considerada como «una de las mujeres más estimadas del mundo», según el obituario de The New York Times. En 1961 la editorial Harper and Brothers publicó su autobiografía: The autobiography of Eleanor Roosevelt, y en 1968 la Organización de las Naciones Unidas le otorgó póstumamente uno de sus primeros Premios de Derechos Humanos en reconocimiento a su labor.

                            EL ATENEO LIBRE DE BENALMADENA

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[1] Por este trabajo, la Organización de Historiadores Americanos fue premiada por ser la autora del mejor libro de historia estadounidense publicado en lengua extranjera. El libro trata sobre la relación de Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española (editorial Crítica).

[2] Los Roosevelt dieron a los Estados Unidos dos presidentes, Theodore Roosevelt (1901-1909), y su primo quinto Franklin D. Roosevelt (1933-1945). Eleanor Roosevelt fue mujer de Franklin y nieta de Theodore.

[3] Además de Allenwood había fundado el internado para niñas: Les Ruches en Fontainebleau, Francia.

[4] Sus biógrafos suelen coincidir que a partir de entonces su matrimonio se convertiría en una «asociación política».

[5] Nombre dado por Roosevelt a su política intervencionista puesta en marcha para luchar contra los efectos de la Gran Depresión en Estados Unidos.

[6] La cantante dio un concierto en Madrid, en abril de 1936, al que asistió Federico García Lorca, que quedó «embelesado con su arte».

[7] Escritora y reportera, considerada como un de las mejores reporteras de guerra. Estuvo casada con Ernest Hemingway, también testigo de nuestra G.C., quien le dedicó su novela Por quien doblas las campanas.

[8] También escritor, publicó en 195 un libro titulado Mi misión en España.

domingo, 30 de mayo de 2021

MARIA MOLINER

                             MARIA MOLINER, UNA MUJER DEL SIGLO XX

 

Cualquiera que oiga el nombre de María Moliner, lo asocia de inmediato a su” Diccionario de uso del español “que fue sin embargo el último producto de la capacidad incontenible de una mujer ejemplar en todos los aspectos de su vida. El diccionario vería la luz en los tiempos perdidos que todo funcionario público malgasta y que María Moliner aprovechó en sus horas de dedicación a la biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid. El diccionario era ella, pero ella era mucho más que el diccionario.

María Moliner, terminada su licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, opositó al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1922, a la edad de 22 años, obteniendo su primer destino en Simancas, para pasar casi enseguida al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia, apenas un año después, siendo ascendida a oficial de segundo grado en 1927, y en donde comenzaría a trabajar como ayudante en la Facultad de Filosofía y Letras. Aquí conoció al Catedrático de Física Fernando Ramón y Ferrando con el que se casó y tuvo cuatro hijos.

En 1930 consigue su traslado al Archivo de la Delegación Provincial de Hacienda de Valencia, donde su marido ha obtenido su Cátedra de Física General, entrando a formar parte de un grupo de docentes con fuertes afinidades culturales que conforman el núcleo inicial de lo que denominaron “Escuela Cossío” de Valencia. En 1931 el Gobierno crea el Patronato de las Misiones Pedagógicas, cuyas raíces se encuentran en una vieja idea de Francisco Giner de los Ríos (Málaga 1839-Madrid 1915), el fundador de la Institución Libre de Enseñanza, de “llevar los mejores maestros a las peores escuelas”, difundiendo la cultura por todos los rincones del país, ideas y formas  en las que María Moliner se mueve como pez en el agua, pues es como volver a sus orígenes.

María Moliner había nacido en Paniza en 1900 hija de un médico rural que en busca de mejor fortuna emigró a Madrid donde ingresó en el cuerpo de médicos de la armada. Aquí los hijos del matrimonio se educan, estudiando el bachillerato en la Institución Libre de Enseñanza con cuyos profesores María Moliner nunca perdió el contacto. En su segundo viaje como médico naval el padre de María se afinca en Argentina abandonando a su familia que se ve obligada a volver a Zaragoza en donde María estudia su carrera universitaria, comenzando enseguida a dar clases para ayudar con sus ingresos a su familia.

También en 1931, el gobierno pone en marcha La Junta de Intercambio y Adquisición de Libros para las Bibliotecas Públicas que tiene cierto paralelismo con las Misiones Pedagógicas, labor a la que María se entrega de forma resuelta. Asiste en 1934, en Madrid, al encuentro organizado por el “Comité International des Biblioteques” en donde expone sus logros: Misiones había creado 3.151 bibliotecas rurales por las que habían pasado 158.450 adultos y 269.325 niños. Un año más tarde en el “II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía” vuelve a  hablar del plan que ha llevado a cabo prácticamente ella sola bajo el paraguas de Misiones y que alcanza ya a la creación de unas 5.000 pequeñas bibliotecas en España.

A finales de 1936, con la guerra civil ya iniciada, es nombrada jefe de la Biblioteca Universitaria de Valencia en comisión de servicio. El Gobierno se traslada a Valencia y responsables de la Instrucción Pública son los comunistas Jesús Hernández y Tomás Navarro Tomás que ofrecen a María la Dirección de la Oficina de Adquisición de Libros y Cambio Internacional entre cuyas funciones estaba la modernización de los fondos de las bibliotecas. En esta oficina María Moliner coordina toda la cultura coetánea hasta  que el avance de la guerra empuja al gobierno a instalarse en Barcelona a donde María no quiere trasladar su residencia. Agotada pero feliz comienza a despojarse de todos los cargos que ha ido asumiendo y terminada la guerra vuelve al Archivo de la Delegación de Hacienda de Valencia.

El franquismo considera a las misiones pedagógicas como un apostolado del diablo y los rigores de su depuración docente,  alcanzaron de lleno al matrimonio. María pierde 18 puestos en el escalafón del cuerpo al que pertenece y Fernando es separado de su cátedra de Física y enviado a la Universidad de Murcia. Ambos pues inhabilitados para cargos públicos y de confianza. Condenados al ostracismo.

Hasta que en 1946 su marido Fernando consigue recuperar la cátedra de Física pero en Salamanca, y María pide entonces el traslado a Madrid a la biblioteca de la Escuela Superior de Ingenieros Industriales a donde llega como directora y única bibliotecaria, lo que significaba para ella la nada. Por las tardes en su casa, sin hijos que ya se han emancipado, se encontraba vacía, le faltaba algo y decide comenzar la elaboración del Diccionario, un pasatiempo para realizar en un par de años, que al crecer desmesuradamente se convirtió en una labor que consumió 15 años de trabajo.

El Diccionario será publicado por la editorial Gredos en 1966 en dos volúmenes que necesitaron 20 reimpresiones y en él no solo se relacionan correlativamente las palabras como en todos los diccionarios, sino que además se relacionan con su uso y significado. Una segunda edición se imprimió en 1998 y una tercera en 2007.

En 1972 María Moliner fue propuesta para la Real Academia pero su ingreso fue obstaculizado porque al parecer de los académicos no era filóloga, en realidad porque era una intrusa en un mundo reservado. Al año siguiente la propia academia le otorgó por unanimidad el premio “Lorenzo Nieto López” por sus trabajos en pro de la lengua que la autora del Diccionario rechazó.

Los últimos años de su vida estuvieron marcados por una enfermedad cerebral que le fue apartando de toda actividad intelectual hasta que falleció en 1981, tras consumir una vida plena de dificultades y exitosa aunque no suficientemente reconocida, como una mujer capaz y símbolo de su tiempo.

                                 

                                                                      Jesús Lobillo Ríos

                                             Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 23 de mayo de 2021

EL AGUA ES VIDA

EL AGUA ES VIDA (tan fuerte, tan frágil)

 

 

El agua es el componente más abundante  de nuestro planeta, del que  constituye el 70%, y gracias al cual se mantiene la  vida (en la composición de todos los seres vivos se encuentra también en  aproximadamente este porcentaje). Contribuye así al funcionamiento y funcionalidad de los ecosistemas naturales, permitiendo  su subsistencia y, aunque su presencia en el tiempo permanece relativamente constante, su vulnerabilidad constituye una amenaza para la salud y la calidad de vida,  al ser su demanda cada vez mayor y su contaminación  preocupante.

 Se trata de un recurso importante ya que nos resulta estrictamente necesaria, afectando por igual tanto al hombre como a los animales y plantas. Contribuye a la producción de alimentos y al mantenimiento de las condiciones de higiene; su falta o mala calidad provocan  la aparición de enfermedades así como su propagación y el origen de muchos conflictos al tratarse de un bien  imprescindible para poder vivir. Se trata también de  un recurso particular, ya que  del mismo modo a como ocurre con el oxígeno, o la luz, tenemos especial dependencia de ella  y está estrechamente vinculada al desarrollo, al ser un recurso vital, socio-económico, agrónomo e industrial.

Es un medio robusto, dado que tiene la capacidad de no perder su composición básica a pesar de las interacciones a las que puede ser sometida. Tiene propiedades que le permiten preservar su estado original ya que posee la capacidad de autodepuración o limpieza, es por tanto renovable. Todas las sustancias eliminadas por los seres vivos después de ser utilizadas en sus funciones vitales vuelven al medio natural donde se transforman de nuevo en componentes útiles para la vida, mecanismo de reutilización en el que el agua es el hilo conductor. El agua está constantemente circulando por nuestro planeta en el llamado ciclo hídrico (“el vaso que tomamos hoy, puede ser la misma que bebió un dinosaurio”).

Al mismo tiempo, supone  un  recurso limitado, pues de toda la existente en nuestro planeta, algo más del 97% corresponde a agua salada y aproximadamente el 2,5% de toda el agua de la tierra es dulce, siendo de ella, entre la que se encuentra congelada y la almacenada a nivel subterráneo, solamente el 0,3% agua dulce disponible; en  el momento actual no nos es de utilidad  nada más que ese pequeño porcentaje. Y del mismo modo que permanece relativamente constante en el tiempo y en ese porcentaje, su disponibilidad resulta vulnerable a diferentes factores, encontrándose sumamente amenazada por el crecimiento demográfico (consumo, contaminación, etc.), y los efectos cada vez más graves del cambio climático. Se trata pues de un bien escaso que, por diferentes razones (escasez, políticas, contaminación...), muchas personas en el mundo no tienen acceso y muchos países o diferentes lugares tienen dificultades para que sus habitantes tengan un abastecimiento suficiente y de mínima calidad; ya que como hemos dicho, resulta imprescindible para reducir enfermedades, mejorar la salud, el bienestar y la productividad de las poblaciones teniendo especial incidencia en la producción de alimentos.

Teniendo en cuenta todo esto y por todo ello,  resulta fundamental tomar conciencia de este  valioso recurso  que mantiene todas las actividades de nuestra vida y las del medio en el que vivimos. Debemos tomar conciencia de la importancia de su preservación, lo imprescindible de no desperdiciarla, asegurar su distribución, tratamiento y reutilización; su requerimiento, con un uso excesivo y distribución desigual, ya la convierten en el “nuevo petróleo”.

Utilizamos el agua como si fuera interminable, con una sobre-explotación y contaminación de los recursos hídricos de mil formas y con millones de productos, sin tener casi nunca en cuenta su regeneración. Hay en general un aumento de su consumo, aunque a diferentes ritmos y en sus distintas formas:

  • Consumo, higiene y salud. Además de la necesidad de beber, es necesaria para absorber alimentos y eliminar los desechos. El valor de los servicios relacionados con estas necesidades se han puesto de manifiesto en esta pandemia de la  Covid-19.

  • Uso doméstico, que depende tanto del acceso por las redes de distribución así como de unabuena red de saneamiento y alcantarillado. Podíamos compararlo con los sistemas arterial y venoso de una persona: primero distribuyendo sangre limpia y oxigenada para el normal funcionamiento de todo el cuerpo, mientras que el segundo recoge la ya utilizada y para que pueda ser utilizada de nuevo necesita una depuración por los riñones, que en el medio hídrico serían las depuradoras y los procesos de depuración natural.
  • Utilización en agricultura y ganadería, los mayores consumidores de agua del planeta, considerando no solo la utilizada para la hidratación y para beber, sino también las necesidades alimentarias de una población cada vez mayor.
  • Uso industrial, necesitándola para la transformación de materiales y la producción de energía, actividades que requieren caudales de agua  asegurados cuya cuantía es muy variable según los procesos desarrollados, y que originan vertidos o aguas residuales que pueden afectar al medio ambiente.
  • Ocio y turismo

 La forma en que valoremos el agua, en todas sus dimensiones,  determinará la forma en que la preservemos, se gestione y reparta. Es primordial lo que  supone para  el desarrollo económico de un estado contar con agua garantizada, así como una red adecuada de depuración, distribución y recogida:

      Tratamiento de agua potable para eliminar bacterias (desinfección) y suciedad (retirando partículas).

  • Tratamiento de aguas residuales eliminando sustancias perjudiciales para la salud  y el medio ambiente.

 Es el llamado milagro del grifo

 “En los países con un suministro garantizado se asume que abrir un grifo equivale a disponer de agua, y el buen funcionamiento habitual del servicio obvia el proceso que hace posible ese milagro, un largo proceso que va  desde la captación, potabilización, saneamiento y depuración.” (Juan Carlos de la Iglesia, El País del 22 de marzo de 2021).

No podemos obviar que el agua es uno de los recursos que más sufre por acción del ser humano, pero también está en nuestra mano revertir el proceso, preservándola y devolviéndola a la naturaleza de la mejor forma posible. Teniendo esto en cuenta en el año 2015 los estados miembros de la ONU aprobaron la agenda 2030. Su plan de acción incluye 17 objetivos de desarrollo sostenible. En el número seis se encuentra Agua limpia y Saneamiento, recogiéndose el principio: “La garantía de suministro de agua, en cantidad y calidad suficiente, es fundamental para el desarrollo de la sociedad y para la lucha contra la pobreza y las enfermedades en cualquier parte del mundo”.

 

El agua es un elemento vital, que constituye un tesoro desde que el ser humano abre los ojos.  Hemos visto cómo nos faltan adjetivos a la hora de poderla definir y elogiar sus virtudes. Dos de ellos, que es finita y susceptible de contaminar,  nos muestran que es algo frágil que debemos cuidar y que puede ser irrecuperable. VALORÉMOSLA y CUIDÉMOSLA.

 

                               M Piedad Sánchez Casado. Licenciada en Medicina

                                               El Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 16 de mayo de 2021

ARIADNA SIN OVILLO

                                                  ARIADNA SIN OVILLO

 

Ariadna está en la playa.

Sentada en la arena, descalza. Cubierta por un vestido blanco, ligero, leve como la brisa. La luz, intensa y mediterránea, no impide mirar al horizonte. Los ojos, perdidos en la distancia, otean el pasado: Creta, los palacios, los jardines laberínticos, el circo; los danzarines y los toros; finalmente Minos, su padre reinante. Todo queda en la distancia del tiempo, destruido por una doble fatalidad, ambas inexorables: la tierra que tiembla sin decir cuándo y el amor que ciega y arrastra.

 “Teseo, ¿dónde estás?”

         Mira hacia atrás sintiendo el susurro de su nombre: “Ariadna”. Y tras ella solo hay colinas suaves, viñedos protegidos por olivos de origen milenario.

 Ariadna”. Nuevamente el susurro, el susurro de un dios inaccesible. Un dios menor que la atrapa en el deseo, que ha ocupado su cuerpo una, mil, mil un millón, infinitas veces.

            Percibe su destino como la invasión constante, violenta, arrebatadora.  Dionisio, el amor-horror, su inevitable raptor. Atrapada en su encarnación, en su embriaguez; Dionisio-hombre, trasgresor, carcelero.

            Recupera el foco de la mirada y fija, ahora sí, el horizonte, buscando velas blancas, las velas de la nave de Teseo. Teseo, amor-amor.

            Teseo roto, de rostro firme. Teseo, también inaccesible

Dios y hombre en su mirada. El dios que roba y rasga su cuerpo. El hombre que rompe su alma. El uno cerca, el otro lejos.

            Levanta su cuerpo y camina dejando que el rastro de su pisada se borre por las olas. Sus pisadas, como su pasado: le vio bailar ante el minotauro. Bailaba como nunca otro lo hizo. Saltaba ante el monstruo y el monstruo gritaba su impotencia y arremetía contra las paredes del circo.  Teseo bailaba, el toro rompía en furias desatadas y ella, en su trono de princesa, notaba como el corazón volaba hacía el valiente danzarín. No sabía que era, como ella, hijo de rey. Burlaba al minotauro, símbolo y marca de un reino en pleno esplendor, dueño de un Mediterráneo de perfecta épica, su reino; y sin embargo aplaudía la burla del extranjero sintiendo la fuerza que la arrastraba de la tribuna a las mazmorras donde encerraban a los bailarines de la muerte.

            Y su amor le dio la llave que abriría la destrucción del monstruo sin saber que la tierra, en perfecta comunión con Teseo, arrasaría con un solo temblor, toda aquella cultura minoica que dio esplendor a ambas orillas del legendario mar.

            Minotauro y Minos, quedaron sepultados bajo los escombros de una civilización que jamás volvería a conjugarse como presente. Pero ella amaba al destructor: Teseo gobernaba su corazón y su nave con la misma habilidad con que sorteaba al toro.

            Como humano, aunque héroe, precisaba del descanso, también sus hombres.

Su pensamiento voló hacía aquella mañana en que avistaron la ensenada de Naxos.

Ahora sabía interpretar aquellas sensaciones que la avisaban de algún tipo de peligro. Recordaba la extraña mirada de Teseo cuando le expresó sus dudas ante la oportunidad de la recalada.

         Vuelve a escuchar el susurro: “Ariadna”.  La voz melosa de quién abrasa su cuerpo. De nuevo las lágrimas, el hervir de la sangre, el rugir doloroso del deseo, de la búsqueda de la satisfacción constante. “Ariadna

            Ahora cierra los ojos, aprieta los puños y siente los brazos fuertes y aterradores.

Dionisio la arrastra al carro que la lanzará a las nubes y al vértigo; la dejará caer, una vez más, desde las alturas a una tierra que la ahoga.

             “Teseo, ¿dónde estás? Ya no recuerdo tu voz”. ¿Cómo son tus ojos?”.

¿Aún vives? ¿Dónde tus naves?, ¡Ven y baila ante el dios!, ¡Fascínale con tu danza!, rompe el embrujo, apaga mi ansiedad, devuélveme a tu barco, a tus velas blancas, a tu navegar sereno. Llévame a tu reino, ocúltame tras las murallas de Atenas.”

              “Si vives, dame la vida”.

 La noche acecha la playa. En el horizonte no hay velas, ni blancas, ni negras.

La noche enciende el espacio de música y olores. Baña de vino la tierra.

Retorna la danza que camina ritualmente hacía el éxtasis.

               Ariadna”.  La voz, ahora pastosa, insiste: “Ariadna”, “Ariadna ….

 

                                   Manuel del Castillo

                       Miembro del Ateneo Libre de Benalmádena

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domingo, 9 de mayo de 2021

Betsy Blair

Betsy Blair: La dama roja que encadiló a Bardem

Rosa M Ballesteros García

rosaballesterosgarcia@mail.com

Betsy Blair (Elizabeth Winifred Boger) fue una actriz estadounidense nacida en Nueva Jersey en 1923. En 1941 se casó con 17 años con el también actor y bailarín Gene Kelly, un astro de 29. En 1947 Blair grabó su primera película de cine, The Guilt of Janet Ames (La culpa de Janet Ames). En 1955 obtuvo el papel de Clara Snyder en la película Marty (1955) ganando el BAFTA como mejor actriz extranjera y una nominación al Oscar. Este fue el detonante para que el director español Juan Antonio Bardem[1] se fijase en ella para ser la actriz protagonista de su película Calle Mayor[2].

Debido a su activismo de izquierdas Betsy fue incluida en una de las infames listas negras del macartismo, lo que supondría su traslado a Europa, primero a Francia, luego a Italia y finalmente al Reino Unido, donde murió. Víctimas de esta «caza de brujas» fueron escritores, directores y actores como Bertolt Brecht, Alvah Bessie, Dalton Trumbo, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Gregory Peck, Katharine Hepburn, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Gene Kelly, John Huston, Orson Welles, Thomas Mann o Frank Sinatra o Charles Chaplin, entre otros, y se censuraron más de 30 000 libros, entre ellos novelas como Robin Hood o Espartaco. Durante la entrevista concedida a la escritora Irene León la actriz afirmaba [que] «Los actores no fuimos quienes más pagamos en ese periodo. Muchos nos marchamos a Francia o México y reanudamos nuestra carrera. Hubo guionistas que siguieron trabajando para Hollywood con pseudónimos desde otros países. Los más castigados fueron la gente normal, que perdieron su trabajo y que no pudieron irse a ningún lado».

Siguiendo las palabras de Irene León[3] Bardem la había conocido personalmente en el Festival de Cannes, donde ella había acudido como una de las protagonistas de la película Marty, dirigida por Elbert Mann, con la que consiguió su única nominación al Oscar. Sin embargo, la fijación de nuestro director por la norteamericana venía de años atrás, desde que la actriz, con un papel secundario en el film de George Cukor Una doble vida (1947), le había deslumbrado.

Ya decíamos que la actriz estaba por aquel entonces, cuando coincide con Bardem, en la «lista negra» del senador Joseph McCarthy y sólo la mediación del marido de la actriz, el famoso actor y bailarín de Hollywood Gene Kelly, habían permitido que figurase en el reparto de Marty. Al parecer, siempre en palabras de Irene León, la actriz no quería rodar en la España de Franco (recordamos que eran los años 50) pero Bardem, reconocido antifascista, insistió e insistió hasta que logró convencerla para que protagonizara su película Calle Mayor que, según recuerda la actriz, comenzó a rodarse en la primavera de 1956 con muchos sobresaltos, porque al poco de iniciarse el mismo en la ciudad de Palencia, donde Bardem había situado la historia, el director fue detenido, junto a otros destacados opositores antifranquistas, tras una revuelta estudiantil en Madrid. Y a la cárcel fue a visitarle Betsy para decirle que no rodaría ni una escena hasta que no lo dejaran libre. Al parecer, la firme oposición de la actriz, así como la presión internacional, incluida la de Charles Chaplin, permitieron la puesta en libertad de Bardem, quien optó entonces por trasladar el rodaje a Logroño. A pesar de los recelos del régimen franquista, la cinta acudió al Festival de Venecia de 1956, donde ganó el Premio de la Crítica y una nominación al León de Oro. Blair, por su parte, en 1957 se divorció de Gene Kelly y se fue a vivir a Gran Bretaña para huir del macarthismo. En 1963 volvió a casarse con el escritor y director judío de origen checo Karel Reisz. La actriz Murió en Londres en 2009.

No podíamos finalizar este artículo sin resumir brevemente el argumento de la película en la que se involucró la actriz, una verdadera joya del cine español, una obra maestra indiscutible para cineastas y crítica. Como ya adelantamos, se trata de una versión de una obra de teatro escrita por el dramaturgo Carlos Arniches, hasta entonces más conocido por sus sainetes. En 1916 la pusieron en escena Leocadia Alba, el malagueño Emilio Thuillier y José Isbert[4]. 

La historia transcurre en una pequeña ciudad castellana de provincias donde vive Isabel, una treintañera a la que el pueblo considera una «solterona» y a la que un grupo de jóvenes bromistas decide hacer creer que uno de ellos, Juan, interpretado por uno de los galanes de la época, José Suárez, se ha enamorado y quiere casarse con ella. Sin embargo, la broma se les va de las manos y; el tal pretendiente se encuentra abocado a un callejón sin salida. La obra, junto con otra de sus obras cumbre: Muerte de un ciclista", es un fiel retrato de la España de los años 50 y también una sobrecogedora mirada sobre el papel de la mujer. No le pasó por alto a la censura franquista aquel retrato, de forma que la censura se ensañó con ella. Por su parte Blair siguió emocionalmente vinculada a nuestro país. En la misma línea que Franca Rame, la mujer del Nobel Darío Fo, vinculó su profesión para difundir los discursos en los que creía. Dejó escrito un libro de memorias: The memory of all that: love and politics in New York, Hollywood and Paris (2003).

                      ATENEO LIBRE DE BENALMÁDENA

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[1] Tío de los actores Javier y Carlos Bardem y hermano de Pilar Bardem.

[2] Se trata de una adaptación de la obra de Carlos Arniches La señorita de Trevélez, estrenada en 1916.

[3] El libro se titula Una americana en la Calle Mayor: conversaciones con Betsy Blair, 2008.

[4] De las varias reposiciones y versiones que se han hecho de la obra: teatro, cine y televisión, destacamos la versión teatral de 1979 protagonizada por Irene Gutiérrez Caba, sobrina-nieta de Leocadia.

domingo, 2 de mayo de 2021

EL MILAGRO DE CALANDA

                                              EL “MILAGRO” DE CALANDA

 

Lo inexplicado y lo inexplicable han constituido siempre un atractivo para el hombre, que ha confeccionado relatos para justificar lo injustificable, relatos que  formaron, en muchos casos, la médula de los núcleos religiosos, y que obligaron a reglar la creencia en los mismos, en franca competitividad entre ellos y los descubrimientos científicos. Se rechazaron así los elementos paganos y luego los hechiceros, quedando como difíciles de refutar los milagros para los que la Iglesia estableció protocolos muy estrictos a fin de que su falta de demostración natural dejara patente la existencia de ese algo sobrenatural y necesario, que la fe circunscribe a los dogmas revelados e incuestionables.

Uno de esos hechos inexplicables, sancionado como milagroso, a que voy a referirme, ocurrió en Calanda (Provincia de Teruel), la noche del día 29 de marzo de 1640 reinando en España Felipe IV. Siguiendo el relato del canónigo archivero-bibliotecario del Cabildo Metropolitano de Zaragoza D. Tomás Domingo Pérez (Teruel 1928-Zaragoza 2012),  hecho público en 1987, esa noche, entre las diez y media y las once horas, a Miguel Juan Pellicer Blasco, varón de 23 años de edad, le reapareció de nuevo su pierna derecha que le había sido amputada dos años antes en el Hospital de Gracia de Zaragoza “aserrándola cuatro dedos por debajo de la rodilla”, lo que le había asegurado el estatus de gran inválido manifiesto que evidenció durante los quince o veinte días que llevaba de regreso en su pueblo (Calanda), y anteriormente durante los dos años que pasó pidiendo según esta condición en las puertas de la Basílica del Pilar.

Ante el asombro y la admiración que despierta el hecho en los vecinos acuden el cura de Mazaleón, distante unos 50 kilómetros, acompañado del notario Miguel Andreu que levanta acta notarial del portentoso suceso el lunes santo, 2 de abril, a cinco días del “milagro” ocurrido el precedente jueves de la semana de pasión.

Para entender correctamente los hechos debemos de saber que Miguel Juan era el segundo de ocho hermanos (de los que solo sobrevivieron dos) de una modesta familia de labradores que no recibió más instrucción que la catequesis habida del párroco. A los dieciséis años se marcha a Castellón de la Plana en donde a finales de julio de 1637 sufre un accidente laboral en el que la rueda de un carro “cargado con cuatro cahíces de trigo” (unos dos mil quinientos kilos), le pasa por encima de la pierna derecha fracturándole la estructura ósea por lo que fue trasladado al Hospital Real de Valencia en donde ingresó el 3 de agosto. Pese a esta demora (hay 60 kilómetros entre Castellón y Valencia) la pierna no requeriría medidas urgentes porque solo estuvo ingresado cinco días y obtuvo permiso para marcharse al Hospital General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, embarcándose en un viaje de más de trescientos kilómetros y casi dos meses de duración, a donde llegó a primeros de Octubre de 1637, dos meses después del accidente.    

Según consta en la sentencia del Arzobispo de Zaragoza, D. Pedro Apaolaza Ramírez (Zaragoza 1567-1643), de 27 de abril de 1641 en la que se declara milagrosa la restitución súbita a Miguel Juan Pellicer de su pierna derecha amputada, la operación quirúrgica de aserramiento de la pierna fue llevada a cabo nada más llegar al hospital zaragozano por el Licenciado cirujano y catedrático Juan Estanga, auxiliado por los cirujanos Diego Millaruelo y Miguel Beltrán  y ayudado por el joven practicante Juan Lorenzo García que se encargó de enterrar la pierna en el cementerio del hospital haciendo un hoyo “como un palmo de hondo” (21 centímetros).

Este proceso sentenciador había durado casi un año y precisó de las declaraciones de 24 testigos distribuidos en los siguientes grupos: facultativos y sanitarios (incluye al cirujano y sus ayudantes), familiar y vecinal ( los padres, amigos y servicio), autoridades locales ( justicia jurados y notario de Calanda), eclesiástico (el vicario o párroco de Calanda mosén Jusepe Herrero, dos beneficiarios de la parroquia y un capellán del Hospital) y el mixto (otras seis personas), todos los cuales dieron fe de la veracidad de los hechos.

El “milagro” trascendió de inmediato a toda España y a toda la Europa cristiana inmersa en la guerra religiosa de los treinta años que esquilmaron los recursos económicos de los Austrias españoles, particularmente en Aragón en donde además, había que sumar las secuelas de la expulsión de los moriscos que supuso la pérdida del 16% del censo, el hundimiento de la agricultura y el aumento de la pobreza. Si bien el país gozó a pesar de todo de una edad de oro cultural (Velázquez, Quevedo, Góngora, etc.) no fue así en el terreno científico donde la medicina seguía la teoría de los cuatro humores y sus tratamientos apenas superaban la purga, la lavativa y la sangría. La influencia de la Iglesia de la mano de la superstición era inmensa y la hechicería y los falsos milagros constituían una auténtica epidemia donde la inquisición no daba abasto.

En este contexto el portentoso hecho de Calanda viene a ser un refuerzo del catolicismo contra los protestantes y una ayuda en la lucha competencial de la seo cesaraugustana con los fieles de la Virgen del Pilar a cuya mediación se atribuye el milagro y que en breve verá levantado su nuevo templo barroco que todavía contemplamos. El milagro fue bienvenido, aceptado y difundido por la iglesia y el estado, hasta el punto de comprometer al rey Felipe IV a besar la pierna recuperada.    

El milagro de Calanda contradice de tal manera las leyes naturales que nos obliga a revisar las premisas  básicas de la ciencia o a contemplar que los hechos no pudieron ocurrir de la forma que se relatan. En este orden de ideas el acta del notario Miguel Andreu manifiesta que la pierna restituida tenía las mismas señales y cicatrices que la pierna original, a saber las secuelas de la herida del accidente, la de un mal grano que padeció y las señales de la mordedura de un perro,  lo que supone una confesión palmaria de que la pierna era la original, que no había sido amputada, y que en principio se veía más atrófica que la izquierda y con los dedos como en garra, signos evidentes de su falta de utilización temporal, que se recuperó rápidamente de forma que al mes ya era normal.

Un análisis más detallado nos descubre que en ningún lugar de la farragosa sentencia se afirma que el cirujano amputara la pierna, lo hizo a través de sus ayudantes porque él no estaba presente, y por supuesto en ningún lugar se manifiesta que se buscara la pierna enterrada posiblemente por el convencimiento de que no podía encontrarse.

La historia de Miguel Juan Pellicer termina de manera desilusionante pues ni siquiera fue enterrado en la capilla a la Virgen del Pilar que se erigió sobre el solar de su casa, sino que murió al parecer en Velilla de Ebro en cuya parroquia consta con el calificativo de “pobre de Calanda” sin que pueda asegurarse  que se trate de la misma persona a la que muchos entusiastas han denominado como “el cojo de Calanda” pero que en justicia debiéramos identificar como “el pícaro de Calanda”.

 

                                                             Jesús Lobillo Ríos

                                       Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

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