domingo, 4 de febrero de 2024

El emirato cordobés de Creta del siglo X

                               EL EMIRATO  CORDOBÉS  DE CRETA  DEL  SIGLO  X

El famoso historiador británico Edward Gibbon (1737-1794) refiere en su monumental “Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano”, que, en el siglo IX, “una banda de andaluces voluntarios, descontentos con el clima o el gobierno de España se aventuraron al mar en una guerra que, dado que no superaban las veinte galeras,  solo cabe calificarla de piratería”. Sin embargo, dicha banda, con esta exigua hueste contribuyó a la fundación de la ciudad africana de Fez, señorearon el Mediterráneo, dominaron Alejandría y crearon un emirato en la isla de Creta que subsistió durante ciento treinta y ocho años. Este evidente contraste entre capacidad y resultados, incitan fuertemente nuestra curiosidad por conocer más sobre los orígenes, formación y objetivos de esa “banda de piratas andaluces”, cuya fascinante historia ha sido calificada como una auténtica odisea protagonizada por los “rabadíes” o habitantes del rabal, cuya aventura, iniciada durante el emirato andalusí de al-Hakam I (770-822), vamos a recordar aquí de la mano de su máximo estudioso el periodista cordobés Manuel Harazem  (Manuel León Figueroa 1956-2020).

Nada más iniciado el Emirato Omeya de Occidente en 756, con la entronización de Abd al-Rahman I, (el príncipe omeya superviviente fugado de la matanza de los abasíes de Damasco), comenzó el desarrollo de su capital, Córdoba, que, superando las estrechas limitaciones de sus murallas romanas, dio en la construcción de arrabales  (la axerquía=al este de la Medina) que contuvieran la numerosa población que hicieron de ella la mayor ciudad de su tiempo. Uno de estos arrabales, quizás el más importante y populoso, fue el Arrabal de “Sacunda” situado al otro lado del rio Guadalquivir, frente a la Mezquita y al Palacio del Emir, con una extensión calculada de más cien mil metros cuadrados, cuidadosamente planificados, y que debe su nombre a una posible deformación arabizante de su primitiva raíz latina de “segunda” por estar en la segunda milla de la Vía Augusta, unida a la Medina por el Puente que construyeran originariamente los romanos. Su población debió exceder en mucho  a los 30 ó 40 mil habitantes y debió estar compuesta por muladíes, clases populares, artesanos, comerciantes y agricultores e incluso hombres de leyes como los alfaquíes. Su principal comercio era atender las demandas de los habitantes del alcázar.

En 796 hereda el trono el tercer emir omeya, al-Hakam I, que desde el primer momento hubo de sortear problemas para conseguir su estabilidad dando muestras sobradas de sus métodos brutales para controlar a la población. Al año de su nombramiento se encontró con la disidencia de la clase aristocrática toledana que solucionó mediante la llamada “Jornada del Foso” en la que los nobles disidentes fueron invitados a una fiesta en el palacio del gobernador y decapitados y arrojados a un foso según llegaban. Poco después, año 806, tuvo conocimiento de un complot para derrocarlo en la misma Córdoba, y haciéndose con la lista de sus componentes mandó ejecutar a sus 72 integrantes. Encrespada la población cordobesa se levantó contra su tiránico emir en el año 818, hundida bajo los exagerados impuestos que requerían los costes defensivos palatinos, e inermes ante la hambruna desarrollada por aquellas fechas. La “revuelta del arrabal”, aunque fuera protagonizada por Sacunda, arrastró a todos los arrabales de la ciudad y estuvo a punto de derribar al emir que gracias a la utilización de su guardia (los famosos mercenarios reclutados en la frontera norte apodados “los mudos” porque no sabían hablar árabe), que vadeando el rio más arriba sorprendieron por la retaguardia a los asaltantes, dominando la situación.

La venganza del emir fue terrible. Durante tres días “Sacunda” estuvo sometida al pillaje de los soldados que asesinaron y robaron a placer. Trescientos notables fueron crucificados y expuestos en el puente, pero no satisfecho aún, mandó arrasar por completo el arrabal y  prohibió cualquier tipo de construcción en adelante en el lugar, y a los que quedaron vivos los desterró lejos de Córdoba con duras condiciones como ir en pequeños grupos, limitar la cantidad de enseres y pertenencias, etc. lo que los expuso al bandolerismo reinante y a todo tipo de penalidades. Tras estos hechos al-Hakam I se ganó para siempre el apodo de “el del arrabal” (al-Rabadi).

El exilio, vendido como un perdón por parte del emir, fue llevado  a cabo con premura y desorganización, constituyendo una auténtica dispersión de la que no se han conservado datos fiables, pero sí numerosas noticias contrastables entre sí. Una parte de ellos marchó a Toledo, protagonizando el exilio más corto, menos numeroso y  del que tenemos menos noticias, integrándose una minoría en la sociedad toledana, entre la que se cuenta al alfaquí de origen bereber Yahya ibn Yahya (769-848), difusor en Al-Andalus de las enseñanzas maliquies, que fue posteriormente perdonado, y otra continuando su lucha permanente contra el emir llegando a organizarse y llamando a un jefe rebelde Muhair al-Qatil para que los capitanease, al menos hasta que fue apresado y probablemente ejecutado.

El segundo grupo de exiliados compuesto por varios miles de familias se dirigieron a África a unos 500 km de Córdoba a la zona central del actual Marruecos en donde se estaba desarrollando en aquel momento  la ciudad de Fez, producto de la fundación de la primera dinastía islámica del Magreb a cargo de Idris un personaje islámico huido de Bagdad que conforma un relato parecido al del omeya cordobés, y cuyo sucesor Idris II ofrece a los exiliados asentamiento,  que estos aprovechan para desarrollar allí su cultura, de forma que la ciudad dividida por un río presenta una planicie oriental que se denomina aún, Ribera de los Andaluces, en la que se reproduce un urbanismo y costumbres cordobesas, y otra planicie occidental que ocuparían los aglabies representantes africanos de los abbasies de Damasco que tenían su capital en Cairuan y cuya zona se denominó de los Qarawanis.

Pero sin duda el tercer grupo de exiliados es el más numeroso e importante. Se calcula que entre quince y treinta mil familias formaron este núcleo que alcanzó las costas levantinas embarcando posiblemente en Pechina (Almería) y haciéndose a las aguas del mar Mediterráneo que al sur presentaba en Africa (Ifriquiya) el dominio de los idrisies y más hacia oriente el de los abasíes, enfrentados a los omeyas. Y al norte los bizantinos herederos de los romanos. Las diversas fases de relación hegemónicas entre estos poderes hacen del antiguo “Mare Nostrum” un mar descuidado, falto de control y vigilancia y por tanto asiento ideal para piratas, corsarios y bucaneros que se mantienen robando y traficando con esclavos que obtienen en unas costas y  venden en otras.

Es más que posible que nuestros exiliados se sumen de alguna manera a estas partidas de facinerosos pese a que su perfil es puramente urbano y civilizado y en absoluto se les puede calificar de “gentes de mar”, que se vieron involucrados en esta aventura. El puerto principal de tráfico parece ser que fue el de Alejandría en donde debieron aposentarse en gran número y por mucho tiempo, antes incluso de la llegada de nuestros exiliados. La muerte del califa abbasí de Bagdad, Harún al Rashid (766-809) sumió al estado en una guerra civil que solo se solucionó con la victoria de su hijo al-Mamum (786-833) que no comenzó a reinar hasta el 813 y bajo su mandato envía al general Ibn Tahir a liberar Alejandría que llevaba muchos años en poder de “los andaluces” lo que consigue, en 827,  negociando con ellos su marcha a tierras que no fueran abasíes, es decir a la isla de Creta mediante un estipendio económico. Creta estaba igualmente poco vigilada dado el conflicto bizantino que existía entre Miguel II (770-829) y el general Tomás El Eslavo, al que derrotó y ejecutó en 823.

El punto de unión e identificación de todos estos datos se encuentra en la figura del caudillo que dirigía al grupo de andaluces, que todos los cronistas, sin excepción,  identifican con Abu Hafs, que era natural de Fahs al Ballut (el llano de las bellotas, actual Valle de los Pedroches ) y que pertenecía a “qul al rabadhin” muy posiblemente “al arrabal=arrabalero”, y al que califican también como “al galiz” que suele traducirse como “el gordo”, pero que también alude al carácter rugoso o escabroso que se aplica a las gentes agrestes y que hoy día es gentilicio de los habitantes de Pozoblanco  (capital actual del Valle): tarugo. Es decir, que Abu Hafs, el arrabalero, tarugo del Valle de los Pedroches fue el líder que acaudilló a las gentes del arrabal en su desembarco en la isla de Creta en 827.

Esta isla representaría la tierra deseada en la que, por fin, nuestros errabundos exiliados encontraron acomodo fundando en su costa norte, en la actual Heraklion, una ciudad que denominaron “Rabdh al-Jandaq”, un nombre que nos recuerda a sus fundadores y a su origen, pero que no significa nada para quien no conozca su historia, pues puede traducirse literalmente como “Arrabal del Foso”, que fue destruida y arrasada posteriormente por el general bizantino Nicéforo Focas, pero cuyo estudio arqueológico permite aún hoy día descubrir las cicatrices de sus primitivas murallas y su mezquita. Fundaron un estado árabe con la forma de emirato tras alcanzar un equilibrio de poder entre los piratas habituales, los exiliados andaluces y la población autóctona, independiente del califato abbasí y del omeya mediante la práctica de una tolerancia como la que fue proverbial en la península ibérica.

Estabilizado el emirato practicaron relaciones comerciales con todos los países vecinos, incluido el califato de Damasco donde al parecer el hijo y sucesor de Abu Hafs, Suayb, estudió adquiriendo la condición de intelectual que le faltaba a su padre y predecesor, convirtiendo a su vez al nuevo emirato en un foro cultural en el que se sabe que enseñó el jurista cordobés Abu Abd al Malik Marwan. Se labraron pues un espacio cultural, comercial y militar, sobre todo naval como lo demuestra el rechazo hasta en tres ocasiones de los ataques de la flota imperial bizantina, pero por fin en 960 Rabdh al-Jandaq fue sitiada por las tropas de Nicéforo Focas que la rindieron por hambre durante ocho meses. Los habitantes que no murieron en la defensa fueron obligados a convertirse al cistianismo o expulsados de nuevo.

La numismática nos ha demostrado la correlativa sucesión sin sobresaltos de diez emires desde su fundador el pedrocheño Abu Hafs en 827, todos ellos orgullosos de su procedencia como lo patentizaron en su nombre y calificativos hasta el último derrocado en 961: Abd al-Aziz ibn Suaib al-Qurtubi, es decir, el cordobés.

                                                                 Jesús Lobillo Ríos

                                         Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                   “benaltertulias.blogspot.com”

     

 Bibliografía.-

Edward Gibbon.-“Decadencia y caída del Imperio Romano”. Atalanta 2012

Manuel Harazem.-“La odisea de los rabadies”.Editado por el autor. Córdoba 2017

Eduardo Manzano Moreno.-“Conquistadores, emires y califas”. Critica 2011

Vassilios Cristides.-“Relaciones entre Creta bizantina y los omeyas de Siria y al-Andalus” en “El 

                                     Esplendor de los Omeyas cordobeses”. Exposición en M. al-Zahra 2001

Claudio Sanchez-Albornoz.-“La España Musulmana”. Espasa-Calpe 1974

Antonio Jaen-Morente.-“Historia de Córdoba”. Librería Luque. Córdoba 1971

domingo, 28 de enero de 2024

La red Comète

Andrée De Jongh y la Red “COMÈTE”

 

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Bélgica, a pesar de ser neutral en principio, tuvo que tomar partido ante la invasión del país por el ejército nazi. Era el mes de mayo de 1940 y los belgas se habían resistido poco más de dos semanas. En la misma situación se encontraban nuestros vecinos franceses, ocupados por el ejército nazi desde junio del mismo año. Las costas septentrional y occidental, así como el interior de las mismas, y una pequeña zona de ocupación en el sureste, quedaron en manos del bloque nazi-fascista. La Francia “Libre”, con capital en Vichy, retuvo el sur del país hasta 1942, que también fue ocupado por alemanes e italianos hasta la entrada de los aliados en 1944.

Esta era la situación general en Europa desde que en septiembre de 1939[1] los alemanes invadieran Polonia. En este contexto la extenuada España, recién salida de una guerra civil, se había declarado neutral, si bien sus intereses estaban ligados a las potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón). Esta situación, que podríamos definir como “singular”, junto a su ubicación estratégica, a caballo entre la Europa ocupada por los nazis y un país formalmente no beligerante, situó al País Vasco como protagonista involuntario y coyuntural de una de las redes más importantes de paso para las víctimas que huían del nazismo: la red Comète, organizada por la resistencia belga en 1940.

A través de la muga (frontera vasco-francesa en euskera) muchos hombres y mujeres, por encima de ideologías, se jugaron la vida sirviendo de guías (“mugalaris”) o enlaces para quienes buscaban la libertad. Esta red “ilegal” tenía como misión la evacuación hacia Gibraltar tras atravesar la frontera vasco-navarra, y estuvo apoyada por los servicios de la embajada británica en Madrid. Desde su recogida en Bélgica, Holanda o el norte de Francia, se iniciaba un largo y peligroso viaje que finalizaba en San Juan de Luz, última etapa hacia la libertad que tampoco estaba exenta de peligros porque no olvidemos que había que atravesar la España franquista hasta llegar, como ya adelantamos, a Gibraltar.

Fueron varios cientos los voluntarios que se incorporaron a esta red: unas 1.700 personas, perdiendo la vida en este intento 290, varias en campos de concentración, como la navarra Frantxia Usandizaga. A esta muerte se suman las de Juan Larburu, Alejandro Elizalde, Jean Dassié, Jean François Nothomb (alias “Fanco”) o Antoine D´Urgell, por citar sólo unos pocos nombres. Gracias a su sacrificio, y al de otros voluntarios, 800 aviadores y fugitivos de diverso origen lograron escapar de la persecución nazi. La red fue organizada por la resistencia belga, como ya adelantamos, con el objeto de poner a salvo a los aviadores aliados que habían caído o hechos prisioneros por los nazis.

Entre los nombres de los resistentes destacamos al ingeniero belga Arnold Deppé, o la familia De Greef. Entre algunos de estos valientes vasco-navarros destacamos a Florentino Goikoetxea, un refugiado de Hernani en el País Vasco-Francés, captado por una de sus dirigentes, la joven belga Andrée de Jongh, de quien trataremos más adelante, o Bernardo Aracama, otro vecino de San Sebastián y dueño de un garaje. Florentino llegó a trasladar a 200 pilotos caídos a través de la frontera. Vecinos también del País Vasco-Francés fueron Kattalin y su hija Josephine Aguirre (con nombre de guerra “Fifí”) o la familia belga De Greef, ya citada: la madre Elvire (“Tante Go”), encarcelada en varias ocasiones, y los hijos Freddi y Janine (esta última, eslabón crucial de la red).  

Por otro lado, cabe destacar de todo este entramado una joven belga: Andrée de Jongh (1916-2007). Conocida como “Dedé”, ejercía como enfermera cuando entró a formar parte de la red. Su padre, Frederick, fue asesinado por los nazis en 1943. Junto con Arnol Deppé, organizan los primeros contactos, ayudados también por una familia que vivía en la ciudad francesa de Anglet (los De Greef) y otros ciudadanos antifascistas, como el ya citado Bernardo Aracama, o familias como las Iriarte Berasategui, Garayar o Armendáriz. La red sufrió varios intentos para hacerla desaparecer, tanto por los nazis como por los franquistas y sus delatores. En una de estas razzias, en enero de 1944, cayó la propia “Dedé” cuando estaba refugiada con varios pilotos en el caserío Bidegain Berri. Desde allí pasó a la cárcel de Bayona y posteriormente a la de Fresnes, en Francia, hasta que la enviaron a Ravensbrück, un campo de concentración exclusivo para mujeres situado en Alemania. Fue liberada por las tropas soviéticas el 30 de abril de 1945. Después de la guerra trabajó como enfermera en el Congo Belga y luego en Etiopía, en el hospital para enfermos de lepra de Adís Abeba. Jubilada, vivió sus últimos años en Bruselas.

Finalizada la guerra, recibió diversas condecoraciones: Medal of Freedom de Estados Unidos, y la George Medal en el Reino Unido; además en Bélgica recibió el título de condesa y el grado de teniente coronel del ejército. Varios periódicos como The Guardian, The Washington Post o The Times ofrecieron extensas reseñas a su fallecimiento,

 Se calcula que, con apenas 19 años de edad, Janine de Greefr realizó una treintena de viajes para escoltar a los pilotos desde París a Baiona. Esta es, en nuestra opinión, una de estas personas que nos reconcilian con el ser humano. Cada año, las autoridades del norte de Euskal Herria y la Asociación de Amigos de la Red Comète realizan actos de homenaje a los vascos que colaboraron con ese grupo de la resistencia contra los nazis

 

                                 Rosa M Ballesteros García

                   Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                               “benaltertulias.blogspot.com”

 

P.D.- Para más información sobre el tema recomendamos el libro Camino a la libertad. La red de evasión Comète y la frontera vasca durante la II Guerra Mundial, de Juan Carlos Jiménez de Aberasturi.



[1] En abril había finalizado la guerra española.

domingo, 21 de enero de 2024

Rafael Calbo Cuadrado

                                       RAFAEL  CALBO  CUADRADO 

       MÉDICO, PROFESOR, SOCIALISTA, DIPUTADO, MASÓN, CATÓLICO Y REPUBLICANO

 

Un ilustre gaditano que pese a su brillantez tanto académica como política y a la entrega total a su profesión y a su tierra, no ha recibido hasta la fecha ningún tipo de reconocimiento oficial ni extraoficial pese a su asesinato en los Muros de Puerta Tierra en agosto de 1936. El olvido al que ha sido relegado, de forma inmerecida, pretendemos removerlo en el presente trabajo, para añadirlo al grupo de científicos andaluces desaparecidos, exiliados o represaliados durante el franquismo, para su reconocimiento público y rehabilitación moral.

Nació en Cádiz en 1906, hijo de un médico de profesión, ciudad en la que realizó sus estudios de Bachillerato y en cuya Facultad de Medicina se licenció en 1927 con sobresaliente a los 21 años de edad, para doctorarse poco después en la Universidad Central de Madrid, especializándose en Obstetricia. En 1931 obtuvo por oposición la plaza de médico tocólogo de  la Beneficencia Municipal y del Ayuntamiento de Cádiz. También obtuvo plaza de profesor ayudante de Histología y Anatomía Patológica en la Facultad de Medicina de Cádiz  que en 1933 pasó a desempeñar como profesor encargado.

Sus inquietudes sociales le llevaron a ingresar en la Masonería y en el PSOE figurando como Presidente de la Federación Provincial en 1936 con cuya candidatura obtiene una plaza de Diputado a Cortes, siendo titular de la Comisión de Marina, desde la que solicitó soluciones para el estado angustioso de la Factoría Naval de los Astilleros de Cádiz, así como el remozamiento de las flotas mercante y pesquera, y como suplente de la Comisión de Presupuestos, anunció una proposición de ley para resolver la dramática situación de más de dos mil familias de pensionistas y jubilados de la Compañía Transatlántica inmersa en un pleito crónico con el Estado.

Casado y con dos hijas de corta edad, el joven profesor y diputado se encontraba en Cádiz en el momento de la rebelión militar, siendo detenido el 10 de agosto y tras un remedo de consejo de guerra sumarísimo, condenado a muerte y asesinado el día 16, en uno de los fosos exteriores de Puerta Tierra, junto con otros cuatro detenidos en similares circunstancias. Su cadáver fue trasladado al cementerio municipal de Cádiz. La Universidad de Sevilla se limitó a cesarle en sus funciones por su reciente fallecimiento. Solo su familia tuvo la valentía de publicar una esquela en el “Diario de Cádiz”, posiblemente la única esquela de un “rojo” entre los miles de fusilados habidos en la provincia.

Su hermana Margarita Calbo Cuadrado, maestra de profesión, fue declarada “persona ligera de conducta a la que conviene vigilar”, iniciándose contra ella un expediente de depuración que no obstante le permitió seguir sus funciones en la Escuela de Párvulos número 3 de Cádiz dos años después en 1938, el mismo año en que la Comisión Provincial de Incautaciones ordenó la confiscación las propiedades del Diputado Socialista hundiendo a su familia en la miseria.

Diez años después, en 9 de mayo de 1945, Rafael Calbo Cuadrado fue procesado por el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, el cual tras una ardua investigación, en 18 de febrero de 1946, dió por extinguidas sus responsabilidades penales debido a su acreditado fallecimiento. Había sido fusilado a los 31 años de edad.     

 

                                                                            Jesús Lobillo Ríos

                                                 Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                               “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Álvarez Rey, L.- Todos los nombres.org

Martin Nájera A- Fundación Pablo Iglesias

domingo, 14 de enero de 2024

Quema de libros

QUEMA DE LIBROS

Juana Capdevielle San Martín (1905-1936)

 

El presente artículo recupera a una de tantas mujeres pioneras e interesantes de nuestro país, olvidadas y normalmente ninguneadas por la historiografía, como es el caso de nuestra protagonista: Juana María Capdevielle San Martín (Madrid, 1905-Rábade, Lugo, 1936). Junto con ella, al mismo tiempo, queremos rendir un homenaje al libro, a los libros que tantas veces han sufrido «bibliocausto››, una definición poco conocida, y que no es otra cosa que la quema de miles de libros. En este caso, considerados peligrosos para la salud y pervivencia del Nacional-Catolicismo, si bien esta «higiénica›› costumbre se hace extensiva a otros regímenes como el nazismo, el fascismo, el comunismo o cualquiera de las dictaduras que existen o han existido a todo lo largo de la Historia. Nos podemos remontar, apurando el tiempo, a la quema de documentos en la antigua Mesopotamia o a la destrucción de la biblioteca de Alejandría, por poner un par de ejemplos.

Centrándonos en los años de nuestra propia dictadura basta recordar que, «al paso alegre de la paz››, hubo quema de miles de libros en las ciudades que iban cayendo bajo la bota golpista. El historiador Francesc Tur escribe que esta primera quema pública tuvo lugar en La Coruña, pocos días después de la rebelión militar, en agosto de 1936. No debe extrañarnos, pues la Guerra Civil duró apenas un par de días en Galicia (a partir del 20/21de julio de 1936 la legitimidad republicana fue sustituida por la dictadura franquista). Entre las víctimas condenadas se encontraba la famosa biblioteca del entonces presidente del Consejo de ministros Santiago Casares Quiroga: De los 20.000 libros incautados sólo se recuperaron unos 800, según el estudio realizado por el bibliotecario de la Universidad de Santiago de Compostela, Francisco Xavier Redondo Aval. Otra de las bibliotecas incautadas fue la del centro de estudios sociales Germinal, una institución fundada en 1902 por varios grupos de orientación libertaria y federalista de La Coruña. Como le había ocurrido, siglos atrás, a la biblioteca de nuestro Caballero de la Triste Figura (Don Quijote), la Historia se repetía, pues el martillo ejecutor y seleccionador de la masacre «librística›› fue un cura apellidado Maseda. Siguiendo al autor arriba citado, el diario El Ideal Gallego publicaba al respecto: «A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica››.

Punto y seguimos. Juana Capdevielle, a quien dedicamos el artículo, era bibliotecaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, desde 1933, compatibilizando esa función como jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de Madrid. Había ingresado el 9 de julio de 1930 en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, primero adscrita a la Biblioteca Nacional y, desde julio de 1931, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, donde había realizado su carrera, convirtiéndose por ello en la primera mujer jefa de una biblioteca en la universidad española. Una de las primeras acciones fue la de coordinar el traslado de importantes fondos dispersos en otras dependencias de la universidad a las nuevas instalaciones en la Ciudad Universitaria. Juana había tenido como profesor a José Ortega y Gasset y a María Zambrano como compañera durante sus años de estudiante. Al finalizarlos fue pensionada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para ampliar estudios en Alemania, Bélgica, Francia y Suiza.

Eran los años treinta y la Universidad española y el propio Ateneo se llenaban de jóvenes de ambos sexos con hambre de conocimiento. La famosa periodista Josefina Carabias   ̶ una de las primeras periodistas y madre de la escritora Carmen Rico Godoy y de la diplomática Mercedes Rico Carabias ̶ [1] describía en la revista Crónica de 1934 el ambiente femenino en estos términos: «Hoy en día en el ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo››. También el escritor y ateneísta José Pérez Bojart, por estas mismas fechas y en el diario Ahora, publicaba un artículo dedicado a Juana, describiéndola como una bibliotecaria «asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza››. Lo cierto es que esta joven bibliotecaria desplegaba una intensa actividad cultural de amplio espectro. Un ejemplo: por petición expresa, el grupo ambulante La Barraca representó en los salones del Ateneo en la primavera de 1936 El Caballero de Olmedo, obra de Calderón de la Barca (fue su última actuación).

En este ambiente de pujanza cultural Juana conoció a su futuro marido, el abogado Francisco Pérez Carballo (1911-1936), militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño, con quien se casó en marzo de 1936. Ese mismo año al marido lo nombraron gobernador civil de La Coruña, y ella se trasladó con él tras solicitar un permiso de tres meses sin sueldo. Apenas unos pocos meses pudieron disfrutar de su vida de casados porque ambos fueron asesinados el mes de agosto de 1936. Francisco, a primeros de ese mes y Juana el día 18, a los treinta años de edad y embarazada de su primer hijo. Ese mismo día moriría asesinado en Granada su amigo Federico García Lorca, con quien compartió espacio en el Ateneo; al día siguiente, en un pueblecito gallego, el alcalde de Santiago y director de la editorial gallega Nos, Anxel Casal Gosenje, perdía la vida a manos de los mismos verdugos.

 

                                Rosa M. Ballesteros Garcia

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                           “benaltertulias,blogspot,com”

 

Lecturas recomendadas:

Manuel Rivas: Los libros arden mal, 2006.

Clara Herrera: Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1931-1936).

Francesc Tur: «El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)››. En RED.

Julio Prada: No sólo represión. La construcción del franquismo en Galicia (Biblioteca Nueva).



[1] María de las Mercedes Rico Carabias (1945-2022)1 fue una diplomática española, la tercera tras la prohibición de Franco de acceso de las mujeres a las embajadas, levantada en 1964.

domingo, 7 de enero de 2024

Teófilo Hernando Ortega

                                                     TEOFILO HERNANDO ORTEGA       

             MÉDICO, FARMACÓLOGO, MODERNIZADOR DE LA ENSEÑANZA EN ESPAÑA

 

Fue un adelantado de la Farmacología española y el creador de la Farmacología Clínica, formó parte de la generación médica que trató de poner a España en el nivel intelectual, político y estético de su tiempo, un decidido modernizador de la enseñanza en España en el primer tercio del siglo XX, anulado por la dictadura que no le permitió desarrollar la última parte de su fértil capacidad.

Nació en Torreadrada (Segovia) en 1881, hijo de un médico rural que, abandonando el ejercicio profesional, se trasladó a Madrid para facilitar sus estudios. Hizo el bachillerato en  Burgos y Madrid, y estudió medicina en la Universidad Central donde se licenció en 1903 con la calificación de sobresaliente, obteniendo por oposición puestos de médico interno en el Hospital General de Madrid y en el Hospital Clínico, ingresó en el cuerpo de beneficencia en 1904, médico de baños en 1905 y médico forense (1909). En 1907 presentó su tesis doctoral sobre “Estudio crítico del tratamiento de la luxación congénita de cadera” que fue calificada de sobresaliente y obtuvo el nombramiento de Profesor Auxiliar Interino de Terapéutica y Medicina Legal de la Facultad de Medicina.

En 1911 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) para estudiar farmacología en el Instituto de Estrasburgo con el Profesor Oswald Schmiedeberg, en el preciso momento en que esta rama de la medicina está transformándose y modernizándose. Ya no se trata solo de  utilizar las sustancias naturales existentes en el reino animal o vegetal, porque gracias al desarrollo de la química y la biología, se comienzan a localizar y determinar los principios activos para comprobar experimentalmente su acción y su efecto sobre el organismo y sobre las enfermedades, para a continuación iniciar su fabricación. Se desarrolla así una rama nueva de la medicina que es la Farmacología y Fisiopatología experimental. Continuó su periplo en Alemania estudiando patología digestiva con los profesores Kraus, Albu y en Dresde con Kelling, un pionero en la utilización de las endoscopias.

Al año siguiente 1912 gana la cátedra de “Terapéutica, Materia Médica y Arte de Recetar”, desde donde fue pionero en el desarrollo de una disciplina básica para el ejercicio médico como lo es la Terapéutica Clínica, es decir, el desarrollo de la Farmacología con su proyección clínica. Durante la década de 1920-30 hubo en Madrid un ambiente propicio para el cultivo de la investigación experimental gracias a la creación de la Residencia de Estudiantes. Ortega publicó muchos trabajos en revistas nacionales y extranjeras a través de los cuales puso de manifiesto la profunda vinculación existente entre la patología, la fisiología y la farmacología.

En 1919 fue elegido miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid con un discurso de ingreso que tituló “”Patogenia de la úlcera gástrica y duodenal”, pasando luego a dirigir el “Instituto de Farmacobiología” integrado en la Dirección General de Sanidad. En 1933 fue nombrado presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva.

Hernando pertenecía a la generación médica que se sentía europeísta y ajena a los nacionalismos, que quería sacar a España del atraso en que se encontraba, y junto con muchos otros compañeros firmaron un manifiesto contra la guerra y a favor de la República, que le costó el ser desposeído de su cátedra por los militares golpistas. Se exilió en Francia y volvió en 1940 a su cátedra en la que fue repuesto por el régimen franquista el día antes de su jubilación en 1951. De cualquier forma terminada la guerra habían desaparecido por completo la Medicina Experimental y todos los hábitos científicos de trabajo pero que no lograron apagar la luz y la influencia benéfica del profesor Hernando.

Ya en los años veinte había publicado con Marañón su famoso “Manual de Medicina Interna” que fue guía durante muchos años para los médicos ejercientes. En 1945 publica un trabajo sobre los tumores benignos de estómago, en 1952 “El problema de las dosificaciones de los remedios”, “Psicofarmacología y remedios atarácticos” en 1958, en 1973 “Cómo empiezan y cómo se anuncian algunas enfermedades”. Divulgó antes y después de la guerra las normas para la utilización de los digitálicos y puso especial cuidado en la prevención de la iatrogenia. Y  también realizó incursiones en la Historia de la Medicina como “El legado de Marañón a la Medicina y a los médicos españoles” que publicó en 1960, y sobre todo las anotaciones a la versión de Andrés Laguna de la obra de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, “Acerca de la materia medicinal y los venenos mortíferos” de 1555, que incluía un estudio de la vida y obra de Andrés Laguna que sigue vigente en el momento actual.

Disfrutó del reconocimiento general de sus coetáneos, era miembro de cinco academias americanas y miembro de honor y medalla de oro de otras tantas academias españolas. Nunca aceptó ningún cargo público, y llegó a ser nombrado Patriarca de la Medicina Española.

Falleció en Madrid en 1975 a los 95 años de edad, dejando una disposición testamentaria, que en su esquela solo figurara una palabra: Médico.

 

                                                             Jesús Lobillo Ríos

                                     Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”  

 

Bibliografía

Fresquet Febrer J.L.- Real Academia de la Historia

Lain Entrakgo P.- Homenaje al médico español. Madrid 1981

Conde López M. Médicos exiliados. Monografías Beecham. Madrid 1986

Hernando Avendaño L. Instituto Teófilo Hernando. Madrid.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El Putero Real

Alonso Yáñez Fajardo: ‹‹El putero real››

Los estudios de las mancebías, casas de putas, burdeles, lupanares o cualquier otro nombre (¡qué rica es nuestra lengua!) con que son conocidos estos lugares es, donde, a cambio de un pago, se obtiene gratificación sexual (entonces y ahora). Gracias a estos estudios se ha demostrado que son tan antiguos como la humanidad desde Sumer, pasando por Babilonia, Israel antiguo, la antigua Grecia o el Egipto faraónico. Sin embargo, en el caso que nos ocupa vamos a dar un salto en el tiempo para situarnos en la Andalucía medieval, de la que se tienen numerosos estudios al respecto.

            Se sabe que desde mediados del siglo XIV hasta los primeros años del siglo XVI se inició el proceso de su creación y organización. Según un estudio publicado en 2007 por Andrés Moreno Mengíbar y Francisco Vázquez García en la revista Norma. Revista de Historia, era la Comunidad andaluza quien presentaba la red más densa de mancebías (unas cuarenta y cuatro) donde se ejercía la prostitución: ‹‹desde pequeños mesones hasta las más afamadas puterías del país››. Las mancebías las dirigía un ‹‹Padre››, quien vigilaba horarios, comidas, limpieza y todo lo relacionado con el buen funcionamiento de la casa, incluida la revisión médica periódica, efectuada por un físico del Cabildo. En el siglo XIX estos ‹‹Padres›› perdieron su función y las mujeres se organizaron bajo el mando de una prostituta madura y en ocasiones con un protector varón. En general, la sociedad medieval y renacentista clasificaba a las mujeres, atendiendo a su comportamiento moral, en tres bloques: las buenas, las putas y ‹‹las otras mulleres››, es decir, las concubinas, amigadas, etc.

La siguiente cuestión es situarnos en el contexto social que, según los estudiosos, era bastante violento por varios motivos, destacando al grupo de los señores feudales que andaban a la greña por hacerse con el control de las mejores tierras y también por controlar los cargos más lucrativos de las ciudades (eran tiempos de reconquista). Según algunos autores, se vivía en un clima que podíamos describir de ‹‹guerra civil›› ya que los bandos de los grandes prohombres como los Ponce de León, los Guzmán o Carvajal, con sus propios ejércitos, hacían la guerra entre ellos para hacerse con el control de villas y ciudades. En estos ejércitos se encontraba enrolada ‹‹la flor y nata›› del hampa: ‹‹la canalla andaluza››, la definen los historiadores ya citados y, entre esa canalla, destacaban los rufianes que controlaban a las prostitutas. En definitiva, y como se deduce por los testimonios de la época recogidos en los documentos conservados, el triunvirato entre prostitutas callejeras, rufianes y bandas señoriales era el enemigo al que se enfrentaban las autoridades, y al que había que vencer para acabar con este terrible estado de cosas.

            Y llegaron entonces los católicos reyes, los pacificadores del reino. Fueron ellos Isabel y Fernando los que implantaron, como instrumento de control social, la creación de mancebías. En ciertas ciudades como Écija, Carmona o Cádiz, fueron los propios monarcas los que instaron a las autoridades de estas plazas para que crearan las suyas. En general el monopolio y el control lo ejercían los concejos (ayuntamientos), si bien en los casos de Málaga y Granada este monopolio, que daba grandes beneficios, fue concedido al murciano Alfonso Yáñez Fajardo[1], quien había prestado grandes servicios a los reyes poniendo a su disposición sus propias tropas, reclutadas en sus tierras, con las que jugó un importante papel en las tomas de Málaga, Loja o Ronda (de las que fue alcalde), además de tomar parte en la toma de otras ciudades del entonces Reino de Granada (que comprendía las actuales provincias de Granada, Málaga, Almería y parte de Jaén, Murcia y Cádiz). Tuvo una intervención protagonista en la toma de Ronda, acción inmortalizada en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Entre otros títulos, fue Señor de la localidad malagueña de Cuevas del Becerro.

Sin embargo, Alfonso no se conformó con estas regalías y pidió algo especial a los monarcas: las rentas señoriales de todas las mancebías del reino nazarí de Granada, las de las ciudades conquistadas y las se pudieran conquistar en el futuro. Esa concesión le fue extendida en el año 1486. A partir de aquel momento, Yáñez Fajardo fue conocido por toda la soldadesca como ‹‹Fajardo putero››. Había nacido en la ciudad murciana de Lorca y era hijo natural del alcaide de esta ciudad, quien le inició en las artes de la guerra al servicio de los Reyes Católicos. Al finalizar la Guerra de Granada le nombraron corregidor de Loja y Alhama. Muere hacia 1497.

            Finalizada la conquista en 1492 su principal negocio y fuente de ingresos fue el gobierno de todas las mancebías, negocio que se mantuvo hasta 1539, con un interregno de 1495 a 1514 que pasó a las manos de Francisco Núñez de Toledo, otro fiel servidor de la Corona. Tras un largo pleito, la familia Fajardo recuperó la explotación pasando a las manos de Gómez Fajardo, su hermanastro y, posteriormente, hasta 1539 al nieto de este último. Finalmente, Felipe IV a través de una pragmática de 1623 intentó abolir la prostitución en un intento de ‹‹reformación de las costumbres››, vano intento porque este mercado se ha mantenido en el tiempo. Un ejemplo: la Casa de la Mancebía en Granada, situada hacia las calles Cobas y Moras, permaneció como tal desde 1492 hasta 1939 y se especula que allí debió estar ya en época musulmana.

En el caso de Málaga, cuando ésta fue rescatada en agosto de 1487, las mancebías fueron adjudicadas al ya citado Alonso Yáñez, como ya anticipamos, siendo ubicadas en la calle Muro de las Catalinas, una estrecha calle que sigue el perímetro de la antigua muralla nazarí que rodeaba la ciudad por el norte, paralela a calle Carretería y que enlaza con la calle Muro de San Julián. Es una zona habitada ya desde el siglo V (con restos de la época romana). Según recientes excavaciones, las casas habían mantenido durante siglos su estructura, edificándose sobre los mismos muros árabes. Lo que si cambió fue el uso, que de ser viviendas familiares pasaron a ser la mancebía de la ciudad. Otras casas de su propiedad estaban en la actual calle Calderería (por entonces calle Salada).

Las mancebías eran un conjunto de calles y casas, donde estaban las habitaciones que se alquilaban a las mujeres, llamadas boticas, rodeadas por un muro con una puerta como control de acceso (en definitiva, un gueto), si bien se conoce que esos muros tenían huecos por los que entraban los delincuentes y por donde se escapaban las mujeres para ejercer ocasionalmente la prostitución en el exterior (la eterna picaresca). Por otro lado, y aunque en principio la prostitución se ejercía en los arrabales heredados de la época andalusí o cerca de las puertas de entrada a la ciudad, en abril de 1490 se trasladó a una zona cercana a la Plaza de la Constitución, cuyas callejuelas recibían el nombre de las Doce Revueltas porque en total eran doce esquinas que comunicaban por un callejón con esta plaza. Más tarde pasó a llamarse calle de las Siete Revueltas, reduciendo el número de callejuelas y abriéndose hacia calle Larios.

La zona de calle Camas también era un lugar de referencia de la época, y hasta hace pocos años, donde las casas de putas se mezclaban con posadas y tabernas. El mismo nombre de la calle proviene, de hecho, de estos negocios. Una de las casas de prostitución más famosas, el Mesón La Victoria (por cierto, propiedad de los frailes Mínimos), se encontraba en lo que hoy es el Museo de Artes Populares. Para las prostitutas arrepentidas, se creó la primera Casa de Arrepentidas en la calle de las Cinco Bolas, junto a la Iglesia de San Juan, bajo protección y mecenazgo de una de las nueras de Alonso Yáñez Fajardo. En Andalucía durante la Edad Moderna llegó a haber 43 mancebías, tanto en las ciudades y puertos como en las villas de cierto tamaño, siendo las más importantes las de Sevilla, Granada y Málaga.

Finalmente, es necesario remarcarlo, la infidelidad y maltrato masculino sobre las mujeres eran tolerados y muy vagamente censurados, mientras la infidelidad femenina era reprobada y duramente denostada. Si una mujer cometía adulterio, la ley castellana le daba la facultad al marido para asesinarla a ella y a su amante. En España, el Código Penal de 1977 aún contemplaba la infidelidad femenina como delito, penándola hasta con seis meses de cárcel. Se despenalizó en mayo de 1978.

 

                                       Rosa M. Ballesteros García

                        Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] El nombramiento oficial se guarda en el Archivo Municipal malagueño.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Cuento de Navidad

                                         CUENTO DE NAVIDAD

               Como tantas hipótesis científicas que parecen imposibles y luego se resuelven con facilidad al comprender los fundamentos, los agujeros de gusano acabaron siendo un juego de niños cuando se dio con la tecla. Para atravesar el puente de Einstein-Rosen no se necesitaron aceleradores de partículas ni telescopios espaciales. Galimatías, investigador independiente, lo consiguió resolviendo ecuaciones matemáticas en el modesto laboratorio que le cedía el Centro de Altas Tecnologías en Churriana Valley ubicado cerca de su casa. Hechas las pruebas pertinentes que demostraban su viabilidad decidió ponerlas en práctica trasladándose a la época de las cavernas. De acuerdo con su condición de desapriscado, que es como llamaban en las primeras universidades españolas a los aspirantes a cátedra que se atrevían a presentarse sin el amparo de una escuela, se embarcó en el proyecto sin encomendarse a nadie y no tan ligero de equipaje como debía, ya que se llevó la cama articulada recién adquirida para mitigar dolores de espalda en la que se sentía muy cómodo. Temiendo que la vuelta se demorara más de lo previsto le adosó una placa fotovoltaica con la que pensaba alimentar también una pequeña nevera y el ordenador que generaba el holograma humano que se llevó de ayudante. El tránsito fue más brusco de lo esperado ya que el salto al pretérito tuvo que salvar energías del orden de las que marcan el horizonte de sucesos de un agujero negro, pero una vez sobre el terreno que resultó ser el mismo que ocupaba en la actualidad, pero de hace 60.000 años, la normalidad se apoderó de la escena. Lo primero que comprobó es que el clima se mostraba benigno y como conocía unas cuevas cercanas al barranco del Lobo se dirigió a ellas acompañado del holograma al que cargó con el equipo.

            No le extrañó la soledad de los campos a pesar de reconocer deshechos metabólicos porque pensó que la vida tanto animal como humana huiría de su presencia y supuso que miles de ojos lo observaban desde el espesor de la selva. Este supuesto se veía reforzado por la existencia de claros y caminos que conducían a las cuevas. Llegados a las cuales encontró un paisaje muy distinto al que tenía en sus días. El agua corría en abundancia por arroyos que ahora están secos. En una hondonada pedregosa llena de basura en la actualidad, había una laguna de varios centenares de metros de diámetro donde se notaba abundante vida. Animales menos temerosos como mamuts e hipopótamos descansaban a la sombra mostrando total indiferencia hacia el futuro. Cerca del hábitat de sus ancestros encontró jauría de perros a los que sometió con golosinas inesperadas, lo que le permitió acercarse a unos corrales donde había cabras, gallinas, conejos y vacas, separadas de otros donde gruñían jabalíes tan peludos como los de ahora. En cuanto fue aceptado por los animales aparecieron trogloditas asustados y asombrados que guardaban las distancias con más signos de miedo que de agresividad. En menos de media hora la IA que llevaba instalada en un anillo desentrañó el lenguaje de los pobladores de su pueblo con los que se comunicó tranquilizándolos como mejor pudo. Como era gente sencilla pronto lo invitaron a pasar a las cuevas que tenían una profundidad de la que carecen ahora mostrando una distribución que le recordó un hotel con habitaciones distribuidas en pisos y apartamentos de temperatura confortable. A pesar de la mansedumbre de la tropa que lo seguía eligió instalarse en la boca de la Cueva Grande cerca del rio para evitar humos y no dar pie a una encerrona como la que Polifemo le preparó a Ulises y aunque él no pensaba provocar como el de Ítaca se sintió más tranquilo en el atrio que en el templo.

            Galimatías ganó con facilidad la confianza del grupo. Aquella gente no tenía historia de la que ufanarse, patria por la que verter su sangre, valores que defender ni identidad territorial por la que pelear. Había venido a parar al sueño de Don Quijote cuando añoraba “la dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”. Ocupaban un espacio que consideraban suficiente porque se extendía desde el mar a la montaña pasando por valles pantanosos donde pescaban con facilidad y huertas naturales con árboles frutales a cuya sombra dormías siestas largas y tranquilas. Antes de salir a dar un paseo por los alrededores instaló la cama rodeado de general admiración. Sobre una bazareta colocó la nevera con píldoras y jugos que asustaban a los antiguos. Cuando decidió acostarse ya entrada la noche fue acompañado en silencio por un grupo de curiosos. Era bastante más alto que los más altos de la tribu, aunque estos mostraban una fuerza de la que carecía el visitante. Para no entrar en comparaciones se metió vestido en la cama tras quitarse los zapatos ante el espanto del auditorio que pensó que se arrancaba los pies. Una vez acomodado accionó el mando que eleva el tronco lo que provocó una estampida acompañada de ladridos de perros. Serenada la comunidad acudieron de nuevo a rodear el lecho desde el que les explicó que el artilugio estaba gobernado por el alma de los rayos que enciende la tormenta lo que hizo que adoptaran una postura de adoración al considerarlo un ser superior sin sospechar que compartían el mismo genoma. Durante la noche notó un trasiego de gente entrando y saliendo de la cueva. Al parecer se había extendido la noticia por todo el asentamiento y nadie se quería perder el fenómeno al que en su lengua empezaron a llamar Fisitrasto que quiere decir portador del rayo. Entraban en actitud reverente, mostraban su respeto y salían iluminados.

Al día siguiente acompañó a un grupo de cazadores a recorrer las trampas y a recolectar frutos silvestres por bosques espesos que hoy son canteras y escombreras. Al volver a la cueva notó que la cama había sido utilizada porque aparte de hundida estaba llena de pelos. Al preguntar se enteró que había habido peleas entre las mujeres por utilizarla para amamantar a sus hijos sobre el rayo con el que crecerían fuertes. Para evitar incidentes rectificó el propósito que tenía de dejar la cama de recuerdo antes de volver al presente. Al verificar el programa comprobó que le quedaban poco menos de ocho horas para la activación automática del viaje de vuelta, así que decidió pasar la noche conversando con sus antepasados. Como era verano y lucía una espléndida luna llena convocó a los oyentes en la ladera a la que daba la cueva grande en la que se colocó la muchedumbre para oírlo como sucedió en el Sermón de la Montaña. Pero en lugar de cantarles las cuarenta aprovechó la ocasión para transmitirles algunas nociones elementales de higiene y alimentación. Al llegar la hora, desapareció de pronto sin poder apreciar el efecto que causaba su ausencia ni las muestras de dolor si es que las hubo. Por su parte apareció en su cuarto acostado en la cama articulada, algo cansado y con la sensación de vestir ropa de calle. Como ese pensamiento le provocó angustia se quedó inmóvil sin atreverse a comprobar si llevaba puesto el pijama.

 

                                            

                                                              Salvador Peran Mesa

                                                    El Ateneo Libre de Benalmádena

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