domingo, 21 de enero de 2024

Rafael Calbo Cuadrado

                                       RAFAEL  CALBO  CUADRADO 

       MÉDICO, PROFESOR, SOCIALISTA, DIPUTADO, MASÓN, CATÓLICO Y REPUBLICANO

 

Un ilustre gaditano que pese a su brillantez tanto académica como política y a la entrega total a su profesión y a su tierra, no ha recibido hasta la fecha ningún tipo de reconocimiento oficial ni extraoficial pese a su asesinato en los Muros de Puerta Tierra en agosto de 1936. El olvido al que ha sido relegado, de forma inmerecida, pretendemos removerlo en el presente trabajo, para añadirlo al grupo de científicos andaluces desaparecidos, exiliados o represaliados durante el franquismo, para su reconocimiento público y rehabilitación moral.

Nació en Cádiz en 1906, hijo de un médico de profesión, ciudad en la que realizó sus estudios de Bachillerato y en cuya Facultad de Medicina se licenció en 1927 con sobresaliente a los 21 años de edad, para doctorarse poco después en la Universidad Central de Madrid, especializándose en Obstetricia. En 1931 obtuvo por oposición la plaza de médico tocólogo de  la Beneficencia Municipal y del Ayuntamiento de Cádiz. También obtuvo plaza de profesor ayudante de Histología y Anatomía Patológica en la Facultad de Medicina de Cádiz  que en 1933 pasó a desempeñar como profesor encargado.

Sus inquietudes sociales le llevaron a ingresar en la Masonería y en el PSOE figurando como Presidente de la Federación Provincial en 1936 con cuya candidatura obtiene una plaza de Diputado a Cortes, siendo titular de la Comisión de Marina, desde la que solicitó soluciones para el estado angustioso de la Factoría Naval de los Astilleros de Cádiz, así como el remozamiento de las flotas mercante y pesquera, y como suplente de la Comisión de Presupuestos, anunció una proposición de ley para resolver la dramática situación de más de dos mil familias de pensionistas y jubilados de la Compañía Transatlántica inmersa en un pleito crónico con el Estado.

Casado y con dos hijas de corta edad, el joven profesor y diputado se encontraba en Cádiz en el momento de la rebelión militar, siendo detenido el 10 de agosto y tras un remedo de consejo de guerra sumarísimo, condenado a muerte y asesinado el día 16, en uno de los fosos exteriores de Puerta Tierra, junto con otros cuatro detenidos en similares circunstancias. Su cadáver fue trasladado al cementerio municipal de Cádiz. La Universidad de Sevilla se limitó a cesarle en sus funciones por su reciente fallecimiento. Solo su familia tuvo la valentía de publicar una esquela en el “Diario de Cádiz”, posiblemente la única esquela de un “rojo” entre los miles de fusilados habidos en la provincia.

Su hermana Margarita Calbo Cuadrado, maestra de profesión, fue declarada “persona ligera de conducta a la que conviene vigilar”, iniciándose contra ella un expediente de depuración que no obstante le permitió seguir sus funciones en la Escuela de Párvulos número 3 de Cádiz dos años después en 1938, el mismo año en que la Comisión Provincial de Incautaciones ordenó la confiscación las propiedades del Diputado Socialista hundiendo a su familia en la miseria.

Diez años después, en 9 de mayo de 1945, Rafael Calbo Cuadrado fue procesado por el Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo, el cual tras una ardua investigación, en 18 de febrero de 1946, dió por extinguidas sus responsabilidades penales debido a su acreditado fallecimiento. Había sido fusilado a los 31 años de edad.     

 

                                                                            Jesús Lobillo Ríos

                                                 Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                               “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Álvarez Rey, L.- Todos los nombres.org

Martin Nájera A- Fundación Pablo Iglesias

domingo, 14 de enero de 2024

Quema de libros

QUEMA DE LIBROS

Juana Capdevielle San Martín (1905-1936)

 

El presente artículo recupera a una de tantas mujeres pioneras e interesantes de nuestro país, olvidadas y normalmente ninguneadas por la historiografía, como es el caso de nuestra protagonista: Juana María Capdevielle San Martín (Madrid, 1905-Rábade, Lugo, 1936). Junto con ella, al mismo tiempo, queremos rendir un homenaje al libro, a los libros que tantas veces han sufrido «bibliocausto››, una definición poco conocida, y que no es otra cosa que la quema de miles de libros. En este caso, considerados peligrosos para la salud y pervivencia del Nacional-Catolicismo, si bien esta «higiénica›› costumbre se hace extensiva a otros regímenes como el nazismo, el fascismo, el comunismo o cualquiera de las dictaduras que existen o han existido a todo lo largo de la Historia. Nos podemos remontar, apurando el tiempo, a la quema de documentos en la antigua Mesopotamia o a la destrucción de la biblioteca de Alejandría, por poner un par de ejemplos.

Centrándonos en los años de nuestra propia dictadura basta recordar que, «al paso alegre de la paz››, hubo quema de miles de libros en las ciudades que iban cayendo bajo la bota golpista. El historiador Francesc Tur escribe que esta primera quema pública tuvo lugar en La Coruña, pocos días después de la rebelión militar, en agosto de 1936. No debe extrañarnos, pues la Guerra Civil duró apenas un par de días en Galicia (a partir del 20/21de julio de 1936 la legitimidad republicana fue sustituida por la dictadura franquista). Entre las víctimas condenadas se encontraba la famosa biblioteca del entonces presidente del Consejo de ministros Santiago Casares Quiroga: De los 20.000 libros incautados sólo se recuperaron unos 800, según el estudio realizado por el bibliotecario de la Universidad de Santiago de Compostela, Francisco Xavier Redondo Aval. Otra de las bibliotecas incautadas fue la del centro de estudios sociales Germinal, una institución fundada en 1902 por varios grupos de orientación libertaria y federalista de La Coruña. Como le había ocurrido, siglos atrás, a la biblioteca de nuestro Caballero de la Triste Figura (Don Quijote), la Historia se repetía, pues el martillo ejecutor y seleccionador de la masacre «librística›› fue un cura apellidado Maseda. Siguiendo al autor arriba citado, el diario El Ideal Gallego publicaba al respecto: «A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica››.

Punto y seguimos. Juana Capdevielle, a quien dedicamos el artículo, era bibliotecaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, desde 1933, compatibilizando esa función como jefa técnica de la biblioteca del Ateneo de Madrid. Había ingresado el 9 de julio de 1930 en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, primero adscrita a la Biblioteca Nacional y, desde julio de 1931, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, donde había realizado su carrera, convirtiéndose por ello en la primera mujer jefa de una biblioteca en la universidad española. Una de las primeras acciones fue la de coordinar el traslado de importantes fondos dispersos en otras dependencias de la universidad a las nuevas instalaciones en la Ciudad Universitaria. Juana había tenido como profesor a José Ortega y Gasset y a María Zambrano como compañera durante sus años de estudiante. Al finalizarlos fue pensionada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para ampliar estudios en Alemania, Bélgica, Francia y Suiza.

Eran los años treinta y la Universidad española y el propio Ateneo se llenaban de jóvenes de ambos sexos con hambre de conocimiento. La famosa periodista Josefina Carabias   ̶ una de las primeras periodistas y madre de la escritora Carmen Rico Godoy y de la diplomática Mercedes Rico Carabias ̶ [1] describía en la revista Crónica de 1934 el ambiente femenino en estos términos: «Hoy en día en el ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo››. También el escritor y ateneísta José Pérez Bojart, por estas mismas fechas y en el diario Ahora, publicaba un artículo dedicado a Juana, describiéndola como una bibliotecaria «asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza››. Lo cierto es que esta joven bibliotecaria desplegaba una intensa actividad cultural de amplio espectro. Un ejemplo: por petición expresa, el grupo ambulante La Barraca representó en los salones del Ateneo en la primavera de 1936 El Caballero de Olmedo, obra de Calderón de la Barca (fue su última actuación).

En este ambiente de pujanza cultural Juana conoció a su futuro marido, el abogado Francisco Pérez Carballo (1911-1936), militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño, con quien se casó en marzo de 1936. Ese mismo año al marido lo nombraron gobernador civil de La Coruña, y ella se trasladó con él tras solicitar un permiso de tres meses sin sueldo. Apenas unos pocos meses pudieron disfrutar de su vida de casados porque ambos fueron asesinados el mes de agosto de 1936. Francisco, a primeros de ese mes y Juana el día 18, a los treinta años de edad y embarazada de su primer hijo. Ese mismo día moriría asesinado en Granada su amigo Federico García Lorca, con quien compartió espacio en el Ateneo; al día siguiente, en un pueblecito gallego, el alcalde de Santiago y director de la editorial gallega Nos, Anxel Casal Gosenje, perdía la vida a manos de los mismos verdugos.

 

                                Rosa M. Ballesteros Garcia

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                           “benaltertulias,blogspot,com”

 

Lecturas recomendadas:

Manuel Rivas: Los libros arden mal, 2006.

Clara Herrera: Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1931-1936).

Francesc Tur: «El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)››. En RED.

Julio Prada: No sólo represión. La construcción del franquismo en Galicia (Biblioteca Nueva).



[1] María de las Mercedes Rico Carabias (1945-2022)1 fue una diplomática española, la tercera tras la prohibición de Franco de acceso de las mujeres a las embajadas, levantada en 1964.

domingo, 7 de enero de 2024

Teófilo Hernando Ortega

                                                     TEOFILO HERNANDO ORTEGA       

             MÉDICO, FARMACÓLOGO, MODERNIZADOR DE LA ENSEÑANZA EN ESPAÑA

 

Fue un adelantado de la Farmacología española y el creador de la Farmacología Clínica, formó parte de la generación médica que trató de poner a España en el nivel intelectual, político y estético de su tiempo, un decidido modernizador de la enseñanza en España en el primer tercio del siglo XX, anulado por la dictadura que no le permitió desarrollar la última parte de su fértil capacidad.

Nació en Torreadrada (Segovia) en 1881, hijo de un médico rural que, abandonando el ejercicio profesional, se trasladó a Madrid para facilitar sus estudios. Hizo el bachillerato en  Burgos y Madrid, y estudió medicina en la Universidad Central donde se licenció en 1903 con la calificación de sobresaliente, obteniendo por oposición puestos de médico interno en el Hospital General de Madrid y en el Hospital Clínico, ingresó en el cuerpo de beneficencia en 1904, médico de baños en 1905 y médico forense (1909). En 1907 presentó su tesis doctoral sobre “Estudio crítico del tratamiento de la luxación congénita de cadera” que fue calificada de sobresaliente y obtuvo el nombramiento de Profesor Auxiliar Interino de Terapéutica y Medicina Legal de la Facultad de Medicina.

En 1911 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) para estudiar farmacología en el Instituto de Estrasburgo con el Profesor Oswald Schmiedeberg, en el preciso momento en que esta rama de la medicina está transformándose y modernizándose. Ya no se trata solo de  utilizar las sustancias naturales existentes en el reino animal o vegetal, porque gracias al desarrollo de la química y la biología, se comienzan a localizar y determinar los principios activos para comprobar experimentalmente su acción y su efecto sobre el organismo y sobre las enfermedades, para a continuación iniciar su fabricación. Se desarrolla así una rama nueva de la medicina que es la Farmacología y Fisiopatología experimental. Continuó su periplo en Alemania estudiando patología digestiva con los profesores Kraus, Albu y en Dresde con Kelling, un pionero en la utilización de las endoscopias.

Al año siguiente 1912 gana la cátedra de “Terapéutica, Materia Médica y Arte de Recetar”, desde donde fue pionero en el desarrollo de una disciplina básica para el ejercicio médico como lo es la Terapéutica Clínica, es decir, el desarrollo de la Farmacología con su proyección clínica. Durante la década de 1920-30 hubo en Madrid un ambiente propicio para el cultivo de la investigación experimental gracias a la creación de la Residencia de Estudiantes. Ortega publicó muchos trabajos en revistas nacionales y extranjeras a través de los cuales puso de manifiesto la profunda vinculación existente entre la patología, la fisiología y la farmacología.

En 1919 fue elegido miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid con un discurso de ingreso que tituló “”Patogenia de la úlcera gástrica y duodenal”, pasando luego a dirigir el “Instituto de Farmacobiología” integrado en la Dirección General de Sanidad. En 1933 fue nombrado presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva.

Hernando pertenecía a la generación médica que se sentía europeísta y ajena a los nacionalismos, que quería sacar a España del atraso en que se encontraba, y junto con muchos otros compañeros firmaron un manifiesto contra la guerra y a favor de la República, que le costó el ser desposeído de su cátedra por los militares golpistas. Se exilió en Francia y volvió en 1940 a su cátedra en la que fue repuesto por el régimen franquista el día antes de su jubilación en 1951. De cualquier forma terminada la guerra habían desaparecido por completo la Medicina Experimental y todos los hábitos científicos de trabajo pero que no lograron apagar la luz y la influencia benéfica del profesor Hernando.

Ya en los años veinte había publicado con Marañón su famoso “Manual de Medicina Interna” que fue guía durante muchos años para los médicos ejercientes. En 1945 publica un trabajo sobre los tumores benignos de estómago, en 1952 “El problema de las dosificaciones de los remedios”, “Psicofarmacología y remedios atarácticos” en 1958, en 1973 “Cómo empiezan y cómo se anuncian algunas enfermedades”. Divulgó antes y después de la guerra las normas para la utilización de los digitálicos y puso especial cuidado en la prevención de la iatrogenia. Y  también realizó incursiones en la Historia de la Medicina como “El legado de Marañón a la Medicina y a los médicos españoles” que publicó en 1960, y sobre todo las anotaciones a la versión de Andrés Laguna de la obra de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, “Acerca de la materia medicinal y los venenos mortíferos” de 1555, que incluía un estudio de la vida y obra de Andrés Laguna que sigue vigente en el momento actual.

Disfrutó del reconocimiento general de sus coetáneos, era miembro de cinco academias americanas y miembro de honor y medalla de oro de otras tantas academias españolas. Nunca aceptó ningún cargo público, y llegó a ser nombrado Patriarca de la Medicina Española.

Falleció en Madrid en 1975 a los 95 años de edad, dejando una disposición testamentaria, que en su esquela solo figurara una palabra: Médico.

 

                                                             Jesús Lobillo Ríos

                                     Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                  “benaltertulias.blogspot.com”  

 

Bibliografía

Fresquet Febrer J.L.- Real Academia de la Historia

Lain Entrakgo P.- Homenaje al médico español. Madrid 1981

Conde López M. Médicos exiliados. Monografías Beecham. Madrid 1986

Hernando Avendaño L. Instituto Teófilo Hernando. Madrid.

viernes, 29 de diciembre de 2023

El Putero Real

Alonso Yáñez Fajardo: ‹‹El putero real››

Los estudios de las mancebías, casas de putas, burdeles, lupanares o cualquier otro nombre (¡qué rica es nuestra lengua!) con que son conocidos estos lugares es, donde, a cambio de un pago, se obtiene gratificación sexual (entonces y ahora). Gracias a estos estudios se ha demostrado que son tan antiguos como la humanidad desde Sumer, pasando por Babilonia, Israel antiguo, la antigua Grecia o el Egipto faraónico. Sin embargo, en el caso que nos ocupa vamos a dar un salto en el tiempo para situarnos en la Andalucía medieval, de la que se tienen numerosos estudios al respecto.

            Se sabe que desde mediados del siglo XIV hasta los primeros años del siglo XVI se inició el proceso de su creación y organización. Según un estudio publicado en 2007 por Andrés Moreno Mengíbar y Francisco Vázquez García en la revista Norma. Revista de Historia, era la Comunidad andaluza quien presentaba la red más densa de mancebías (unas cuarenta y cuatro) donde se ejercía la prostitución: ‹‹desde pequeños mesones hasta las más afamadas puterías del país››. Las mancebías las dirigía un ‹‹Padre››, quien vigilaba horarios, comidas, limpieza y todo lo relacionado con el buen funcionamiento de la casa, incluida la revisión médica periódica, efectuada por un físico del Cabildo. En el siglo XIX estos ‹‹Padres›› perdieron su función y las mujeres se organizaron bajo el mando de una prostituta madura y en ocasiones con un protector varón. En general, la sociedad medieval y renacentista clasificaba a las mujeres, atendiendo a su comportamiento moral, en tres bloques: las buenas, las putas y ‹‹las otras mulleres››, es decir, las concubinas, amigadas, etc.

La siguiente cuestión es situarnos en el contexto social que, según los estudiosos, era bastante violento por varios motivos, destacando al grupo de los señores feudales que andaban a la greña por hacerse con el control de las mejores tierras y también por controlar los cargos más lucrativos de las ciudades (eran tiempos de reconquista). Según algunos autores, se vivía en un clima que podíamos describir de ‹‹guerra civil›› ya que los bandos de los grandes prohombres como los Ponce de León, los Guzmán o Carvajal, con sus propios ejércitos, hacían la guerra entre ellos para hacerse con el control de villas y ciudades. En estos ejércitos se encontraba enrolada ‹‹la flor y nata›› del hampa: ‹‹la canalla andaluza››, la definen los historiadores ya citados y, entre esa canalla, destacaban los rufianes que controlaban a las prostitutas. En definitiva, y como se deduce por los testimonios de la época recogidos en los documentos conservados, el triunvirato entre prostitutas callejeras, rufianes y bandas señoriales era el enemigo al que se enfrentaban las autoridades, y al que había que vencer para acabar con este terrible estado de cosas.

            Y llegaron entonces los católicos reyes, los pacificadores del reino. Fueron ellos Isabel y Fernando los que implantaron, como instrumento de control social, la creación de mancebías. En ciertas ciudades como Écija, Carmona o Cádiz, fueron los propios monarcas los que instaron a las autoridades de estas plazas para que crearan las suyas. En general el monopolio y el control lo ejercían los concejos (ayuntamientos), si bien en los casos de Málaga y Granada este monopolio, que daba grandes beneficios, fue concedido al murciano Alfonso Yáñez Fajardo[1], quien había prestado grandes servicios a los reyes poniendo a su disposición sus propias tropas, reclutadas en sus tierras, con las que jugó un importante papel en las tomas de Málaga, Loja o Ronda (de las que fue alcalde), además de tomar parte en la toma de otras ciudades del entonces Reino de Granada (que comprendía las actuales provincias de Granada, Málaga, Almería y parte de Jaén, Murcia y Cádiz). Tuvo una intervención protagonista en la toma de Ronda, acción inmortalizada en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Entre otros títulos, fue Señor de la localidad malagueña de Cuevas del Becerro.

Sin embargo, Alfonso no se conformó con estas regalías y pidió algo especial a los monarcas: las rentas señoriales de todas las mancebías del reino nazarí de Granada, las de las ciudades conquistadas y las se pudieran conquistar en el futuro. Esa concesión le fue extendida en el año 1486. A partir de aquel momento, Yáñez Fajardo fue conocido por toda la soldadesca como ‹‹Fajardo putero››. Había nacido en la ciudad murciana de Lorca y era hijo natural del alcaide de esta ciudad, quien le inició en las artes de la guerra al servicio de los Reyes Católicos. Al finalizar la Guerra de Granada le nombraron corregidor de Loja y Alhama. Muere hacia 1497.

            Finalizada la conquista en 1492 su principal negocio y fuente de ingresos fue el gobierno de todas las mancebías, negocio que se mantuvo hasta 1539, con un interregno de 1495 a 1514 que pasó a las manos de Francisco Núñez de Toledo, otro fiel servidor de la Corona. Tras un largo pleito, la familia Fajardo recuperó la explotación pasando a las manos de Gómez Fajardo, su hermanastro y, posteriormente, hasta 1539 al nieto de este último. Finalmente, Felipe IV a través de una pragmática de 1623 intentó abolir la prostitución en un intento de ‹‹reformación de las costumbres››, vano intento porque este mercado se ha mantenido en el tiempo. Un ejemplo: la Casa de la Mancebía en Granada, situada hacia las calles Cobas y Moras, permaneció como tal desde 1492 hasta 1939 y se especula que allí debió estar ya en época musulmana.

En el caso de Málaga, cuando ésta fue rescatada en agosto de 1487, las mancebías fueron adjudicadas al ya citado Alonso Yáñez, como ya anticipamos, siendo ubicadas en la calle Muro de las Catalinas, una estrecha calle que sigue el perímetro de la antigua muralla nazarí que rodeaba la ciudad por el norte, paralela a calle Carretería y que enlaza con la calle Muro de San Julián. Es una zona habitada ya desde el siglo V (con restos de la época romana). Según recientes excavaciones, las casas habían mantenido durante siglos su estructura, edificándose sobre los mismos muros árabes. Lo que si cambió fue el uso, que de ser viviendas familiares pasaron a ser la mancebía de la ciudad. Otras casas de su propiedad estaban en la actual calle Calderería (por entonces calle Salada).

Las mancebías eran un conjunto de calles y casas, donde estaban las habitaciones que se alquilaban a las mujeres, llamadas boticas, rodeadas por un muro con una puerta como control de acceso (en definitiva, un gueto), si bien se conoce que esos muros tenían huecos por los que entraban los delincuentes y por donde se escapaban las mujeres para ejercer ocasionalmente la prostitución en el exterior (la eterna picaresca). Por otro lado, y aunque en principio la prostitución se ejercía en los arrabales heredados de la época andalusí o cerca de las puertas de entrada a la ciudad, en abril de 1490 se trasladó a una zona cercana a la Plaza de la Constitución, cuyas callejuelas recibían el nombre de las Doce Revueltas porque en total eran doce esquinas que comunicaban por un callejón con esta plaza. Más tarde pasó a llamarse calle de las Siete Revueltas, reduciendo el número de callejuelas y abriéndose hacia calle Larios.

La zona de calle Camas también era un lugar de referencia de la época, y hasta hace pocos años, donde las casas de putas se mezclaban con posadas y tabernas. El mismo nombre de la calle proviene, de hecho, de estos negocios. Una de las casas de prostitución más famosas, el Mesón La Victoria (por cierto, propiedad de los frailes Mínimos), se encontraba en lo que hoy es el Museo de Artes Populares. Para las prostitutas arrepentidas, se creó la primera Casa de Arrepentidas en la calle de las Cinco Bolas, junto a la Iglesia de San Juan, bajo protección y mecenazgo de una de las nueras de Alonso Yáñez Fajardo. En Andalucía durante la Edad Moderna llegó a haber 43 mancebías, tanto en las ciudades y puertos como en las villas de cierto tamaño, siendo las más importantes las de Sevilla, Granada y Málaga.

Finalmente, es necesario remarcarlo, la infidelidad y maltrato masculino sobre las mujeres eran tolerados y muy vagamente censurados, mientras la infidelidad femenina era reprobada y duramente denostada. Si una mujer cometía adulterio, la ley castellana le daba la facultad al marido para asesinarla a ella y a su amante. En España, el Código Penal de 1977 aún contemplaba la infidelidad femenina como delito, penándola hasta con seis meses de cárcel. Se despenalizó en mayo de 1978.

 

                                       Rosa M. Ballesteros García

                        Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                       “benaltertulias.blogspot.com”



[1] El nombramiento oficial se guarda en el Archivo Municipal malagueño.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Cuento de Navidad

                                         CUENTO DE NAVIDAD

               Como tantas hipótesis científicas que parecen imposibles y luego se resuelven con facilidad al comprender los fundamentos, los agujeros de gusano acabaron siendo un juego de niños cuando se dio con la tecla. Para atravesar el puente de Einstein-Rosen no se necesitaron aceleradores de partículas ni telescopios espaciales. Galimatías, investigador independiente, lo consiguió resolviendo ecuaciones matemáticas en el modesto laboratorio que le cedía el Centro de Altas Tecnologías en Churriana Valley ubicado cerca de su casa. Hechas las pruebas pertinentes que demostraban su viabilidad decidió ponerlas en práctica trasladándose a la época de las cavernas. De acuerdo con su condición de desapriscado, que es como llamaban en las primeras universidades españolas a los aspirantes a cátedra que se atrevían a presentarse sin el amparo de una escuela, se embarcó en el proyecto sin encomendarse a nadie y no tan ligero de equipaje como debía, ya que se llevó la cama articulada recién adquirida para mitigar dolores de espalda en la que se sentía muy cómodo. Temiendo que la vuelta se demorara más de lo previsto le adosó una placa fotovoltaica con la que pensaba alimentar también una pequeña nevera y el ordenador que generaba el holograma humano que se llevó de ayudante. El tránsito fue más brusco de lo esperado ya que el salto al pretérito tuvo que salvar energías del orden de las que marcan el horizonte de sucesos de un agujero negro, pero una vez sobre el terreno que resultó ser el mismo que ocupaba en la actualidad, pero de hace 60.000 años, la normalidad se apoderó de la escena. Lo primero que comprobó es que el clima se mostraba benigno y como conocía unas cuevas cercanas al barranco del Lobo se dirigió a ellas acompañado del holograma al que cargó con el equipo.

            No le extrañó la soledad de los campos a pesar de reconocer deshechos metabólicos porque pensó que la vida tanto animal como humana huiría de su presencia y supuso que miles de ojos lo observaban desde el espesor de la selva. Este supuesto se veía reforzado por la existencia de claros y caminos que conducían a las cuevas. Llegados a las cuales encontró un paisaje muy distinto al que tenía en sus días. El agua corría en abundancia por arroyos que ahora están secos. En una hondonada pedregosa llena de basura en la actualidad, había una laguna de varios centenares de metros de diámetro donde se notaba abundante vida. Animales menos temerosos como mamuts e hipopótamos descansaban a la sombra mostrando total indiferencia hacia el futuro. Cerca del hábitat de sus ancestros encontró jauría de perros a los que sometió con golosinas inesperadas, lo que le permitió acercarse a unos corrales donde había cabras, gallinas, conejos y vacas, separadas de otros donde gruñían jabalíes tan peludos como los de ahora. En cuanto fue aceptado por los animales aparecieron trogloditas asustados y asombrados que guardaban las distancias con más signos de miedo que de agresividad. En menos de media hora la IA que llevaba instalada en un anillo desentrañó el lenguaje de los pobladores de su pueblo con los que se comunicó tranquilizándolos como mejor pudo. Como era gente sencilla pronto lo invitaron a pasar a las cuevas que tenían una profundidad de la que carecen ahora mostrando una distribución que le recordó un hotel con habitaciones distribuidas en pisos y apartamentos de temperatura confortable. A pesar de la mansedumbre de la tropa que lo seguía eligió instalarse en la boca de la Cueva Grande cerca del rio para evitar humos y no dar pie a una encerrona como la que Polifemo le preparó a Ulises y aunque él no pensaba provocar como el de Ítaca se sintió más tranquilo en el atrio que en el templo.

            Galimatías ganó con facilidad la confianza del grupo. Aquella gente no tenía historia de la que ufanarse, patria por la que verter su sangre, valores que defender ni identidad territorial por la que pelear. Había venido a parar al sueño de Don Quijote cuando añoraba “la dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”. Ocupaban un espacio que consideraban suficiente porque se extendía desde el mar a la montaña pasando por valles pantanosos donde pescaban con facilidad y huertas naturales con árboles frutales a cuya sombra dormías siestas largas y tranquilas. Antes de salir a dar un paseo por los alrededores instaló la cama rodeado de general admiración. Sobre una bazareta colocó la nevera con píldoras y jugos que asustaban a los antiguos. Cuando decidió acostarse ya entrada la noche fue acompañado en silencio por un grupo de curiosos. Era bastante más alto que los más altos de la tribu, aunque estos mostraban una fuerza de la que carecía el visitante. Para no entrar en comparaciones se metió vestido en la cama tras quitarse los zapatos ante el espanto del auditorio que pensó que se arrancaba los pies. Una vez acomodado accionó el mando que eleva el tronco lo que provocó una estampida acompañada de ladridos de perros. Serenada la comunidad acudieron de nuevo a rodear el lecho desde el que les explicó que el artilugio estaba gobernado por el alma de los rayos que enciende la tormenta lo que hizo que adoptaran una postura de adoración al considerarlo un ser superior sin sospechar que compartían el mismo genoma. Durante la noche notó un trasiego de gente entrando y saliendo de la cueva. Al parecer se había extendido la noticia por todo el asentamiento y nadie se quería perder el fenómeno al que en su lengua empezaron a llamar Fisitrasto que quiere decir portador del rayo. Entraban en actitud reverente, mostraban su respeto y salían iluminados.

Al día siguiente acompañó a un grupo de cazadores a recorrer las trampas y a recolectar frutos silvestres por bosques espesos que hoy son canteras y escombreras. Al volver a la cueva notó que la cama había sido utilizada porque aparte de hundida estaba llena de pelos. Al preguntar se enteró que había habido peleas entre las mujeres por utilizarla para amamantar a sus hijos sobre el rayo con el que crecerían fuertes. Para evitar incidentes rectificó el propósito que tenía de dejar la cama de recuerdo antes de volver al presente. Al verificar el programa comprobó que le quedaban poco menos de ocho horas para la activación automática del viaje de vuelta, así que decidió pasar la noche conversando con sus antepasados. Como era verano y lucía una espléndida luna llena convocó a los oyentes en la ladera a la que daba la cueva grande en la que se colocó la muchedumbre para oírlo como sucedió en el Sermón de la Montaña. Pero en lugar de cantarles las cuarenta aprovechó la ocasión para transmitirles algunas nociones elementales de higiene y alimentación. Al llegar la hora, desapareció de pronto sin poder apreciar el efecto que causaba su ausencia ni las muestras de dolor si es que las hubo. Por su parte apareció en su cuarto acostado en la cama articulada, algo cansado y con la sensación de vestir ropa de calle. Como ese pensamiento le provocó angustia se quedó inmóvil sin atreverse a comprobar si llevaba puesto el pijama.

 

                                            

                                                              Salvador Peran Mesa

                                                    El Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benaltertulias.blogspot.com”

domingo, 17 de diciembre de 2023

Kenzaburo Oé

                                            KENZABURO OÉ

                   UN  NOBEL ESCONDIDO EN EL SILENCIO

 

El término “englobamiento”, no forma parte del léxico español; lo utiliza Antonella Romano como subtitulo de un ensayo sobre la empresa historiográfica que investiga la llegada a China de los misionarios europeos en la segunda mitad del siglo XVI[1],pero también podría aplicarse a la obra de Kenzaburo Oé, como englobamiento o abrazo total de cuantos aspectos abarca el hecho cultural, sus manifestaciones y los instrumentos con los que se visibiliza. Oé desarrolla de forma extraordinaria, las conexiones entre aquellas manifestaciones ya sean occidentales o netamente japonesas, construyendo textos de alta intensidad intelectual cuyo soporte  es la sensibilidad no exenta de erotismo, delicadeza y en ocasiones   crudeza; aspectos que encajan en la tradición narrativa japonesa  y que son, a la vez , comprensibles en la occidental sin mayor dificultad ; hay en ellos  algo más que una cuestión de equilibrios, se trata de la  interiorización de la pertenencia al conjunto sin dejar en absoluto la parte.

El Japón contemporáneo se encuentra de forma clara reflejado en su obra, leerle es mirar al país en el último viaje ya   incorporado  en lo occidental a expensas de su localización geográfica en el noreste asiático , aunque diferenciado  con claridad debido a la insularidad que le ha venido protegiendo , si no de las influencias, China 1.500 años, occidente más de 200, si de las ocupaciones  por terceros  hasta agosto de 1945  que lo hizo EEUU  y que duró hasta 1951 cuando se firmó el Tratado de San Francisco . Los tratados con EE. UU., fuente de permanente controversias siempre  han formado parte de las preocupaciones de Kenzaburo, manifestándolas en público  y en paralelo con el resto del país.

La aplicación del término englobamiento a la vida y obra de Kenzaburo nos puede servir para interpretar un mapa de instrumentos culturales, cada conjunto de ellos localizado en su propia  capa  de identidades socio-geográficas, incluyendo en ellas el vector del tiempo. Incorporar la relación entre instrumentos y estructuras diferenciadas de pertenencia con resultados coherentes es, sin lugar a duda, algo que aparentemente ocurre en el Japón contemporáneo, pero que puede interpretarse como impostación cuando se escarba un poco. Sin embargo, en Oé es una realidad sólida, algo que se percibe como natural, porque él abraza el mundo en todas sus geografías y manifestaciones. Hablar de influencias, en su caso, es minimizar el impacto; hay algo más profundo que la mera influencia, hay aprendizaje, orientación, entrañamiento

La visión ideal del Japón actual asociada a un  intelectual , podríamos , entre otros, vincularla con Kenzaburo Oé. Su pensamiento representa ese frágil puente de la ambivalencia actual. Su obra, repleta de influencias occidentales, refleja por un lado el compromiso con un espacio global y la certeza de la pertenencia a otro más limitado que en  general circunscribe a los bosques de la isla de Shisoku , lugar donde nació y que viene a representar el vínculo de pertenencia a una comunidad y cultura originaria; todo lo anterior anclado a la férrea compañía de su propio hijo Hikari ,  discapacitado, pero Hikari no solo forma parte de su obra fundacional (“Una cuestión personal” / 1964 ) sino que nos lo vamos a encontrar a lo largo de su obra como recordatorio de su vínculo con la más elemental de las realidades. Hikari sobrevuela la cosmovisión de Oé, marcando el camino de  retorno a lo primordial ( “Un amor especial, vivir en familia con un hijo disminuido” /1998).

                Ferviente admirador de Proust (realizó su tesis sobre su obra), de los poetas Yeat y William Blake; la lista de narradores occidentales que influyeron en su pensamiento es larga : Faulkner, Cervantes, Dostoievski…., entre los que habría  que destacar a Malcom Lowry por el impacto que tuvo en él la lectura de “Bajo el volcán”,  junto con su etapa en México.  En sus novelas realiza con notable éxito el enlace entre esa realidad occidental japonesa que él vive en primera persona con sus colaboraciones en universidades en el extranjero y sus orígenes que refleja en los bosques , su familia, amigos de infancia, adolescencia y formación académica. Sus textos responden a lo que el mismo opina  con respecto al papel de la narrativa;  por citar un ejemplo, en “Cartas a los años de la nostalgia” nos dice a través de su interlocutor:

                Hasta ahora, cuando escribías en primera persona, para evocar tus recuerdos de infancia                durante la guerra, o para reflejar la angustia de un joven que vive en una gran ciudad                 inhospitalaria (Tokio), veía en ello una fuerza persuasiva. Ese “yo”, era ciertamente , en muchos    aspectos el propio escritor , pero este era a la vez un narrador que reflejaba la realidad social de    su época. Una obra literaria es un fenómeno social.

Oé, responde de alguna manera, a la observación de Ruth Benedict ( “El crisantemo y la espada” ) [2]sobre los japoneses y su afición a hablar de si mismos;  utiliza de forma casi constante su propia vida como hilo conductor de su narrativa. La vida como objeto de reflexión, como representación de un Japón transformado, incluido en el mundo occidental o como receptor de un legado de características universales. Su pensamiento, transmitido a través de su obra, parece circular en paralelo con el resto del país, pero siempre encontrando  el entronque con el pasado contándonos  sus vivencias, a veces, las más, con nostalgia, otras como sucesos irremediables formadores de  su personalidad.

No cabe duda de que cuando le otorgaron el premio Nobel en 1994, se tuvo en cuenta, no solo su compromiso con los valores que se iban consolidando en occidente, tales como la ecología o las cuestiones relacionadas con la energía nuclear, sino con su posicionamiento inequívoco con el resto del mundo, la pertenencia a esa globalidad que se iba conformando y la renuncia al aislamiento y a la concepción de imperio en la que se educó.  La interiorización de los valores democráticos le llegó de golpe, inmediatamente después de escuchar la voz del emperador y su renuncia a la divinidad en enero de 1946 ( nos dice). Oé , profundo defensor del artículo 9 de su Constitución en el que se renuncia a la guerra[3]  , opositor militante del tratado de seguridad  con los EE. UU., no escatimó su presencia en las manifestaciones. De la misma forma denunció la corrupción política de su país e incluso se llegó a preguntar , cómo las fuerzas de autodefensa no han intentado un golpe de estado (“Adiós Libros míos”).

Leer a Oé requiere un esfuerzo de reflexión, acercamiento a los contextos por  los que se mueve y, desde luego, reconocer a los autores que cita y transcribe en múltiples ocasiones. No caba duda que ese mosaico de influencias occidentales, representen mejor que otros autores, la universalidad que ha deseado alcanzar su país. Fue  un intelectual comprometido con su tiempo y su espacio , pero demasiado olvidado de los lectores y las bibliotecas.

 

                                                           Manuel del Castillo Molina

                                           Secretario del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                        “benaltertulias.blogspot.com”



[1] Antonella Romano- “Impresiones de China, Europa y el englobamiento del mundo (siglos XV-XVII)”: Editorial Ambos Mundos ,2018

[2] Ruth Benedict; “El crisantemo y la espada”; Alianza editorial, El libro de bolsillo; 1974

[3] Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales.

domingo, 10 de diciembre de 2023

Los años de Barbate

                                 “LOS AÑOS DE BARBATE”

                El cambio climático que precipitó la caída del reino visigodo.

 

 

Un reciente estudio publicado en la revista Nature Communications, liderado por la Universidad de Granada y el CSIC, revela que la Hispania visigoda sufría periodos de aridez extrema y hambrunas cuando los musulmanes del califato Omeya la conquistaron.

Hasta hace relativamente pocos años, la historiografía se mostraba escéptica con las noticias recogidas en textos de finales del siglo VII y del VIII. Un ejemplo de ello lo describe el Liber Iudiciorum (segunda mitad del siglo VII) en una ley promulgada por el rey visigodo Recesvinto titulada: “De los que roben las aguas de los riegos” en la que se dice: “Muchas tierras que por su situación se ven faltas de lluvias hay que estudiar que sean favorecidas por aguas de riego. La experiencia de estas tierras demuestra que, si falta el uso acostumbrado de las aguas, desaparece el esperado fruto de la cosecha”. Finaliza el texto con penas durísimas, tanto físicas como económicas a sus infractores. En el estudio ya citado, aparecen los datos aportados por más de cien registros polínicos (que incluyen toda la Península Ibérica y Marruecos) en los que se constata que el pico máximo de la señal polínica de plantas adaptadas a la escasez de agua se dio precisamente en los años que giran en torno al desembarco de Tàriq.

También los historiadores tildaban de exageradas las palabras del rey Ervigio en el XII Concilio de 681 que definía el panorama general como “Un mundo que se derrumba”. Y tenía razón porque en un país, fundamentalmente agrario, las terribles sequías y el intenso frío fueron caldo de cultivo para las hambrunas, las epidemias de peste y, como consecuencia, los generalizados conflictos sociales. Abundando en lo que venimos diciendo, la Crónica mozárabe de 754 abunda en noticias de este tipo. En una de estas crónicas, relacionada con el reinado de Ervigio (680-687) se dice: “Fue consagrado Ervigio en el Reino de los godos. Gobierna siete años, asolando a Hispania un hambre terrible”. Otra, sacada del mismo texto, afirma que: “Unos ángeles, enviados por Dios, causaron estragos entre todos los habitantes de Hispania con un hambre insoportable.” Algo más reciente, aunque abundando en lo mismo, es la Crónica de Alfonso III (s. IX) que afirma: “Los godos perecieron parte por hambre, parte por la espada”.

Este era, a grandes rasgos, el panorama al que se enfrentaban los hispano-visigodos cuando, en el año 711, un ejército de bereberes africanos, comandados por el general Táriq ibn Ziyad, entonces gobernador de Tánger, se dispuso a la conquista de la península. En aquellos momentos, sumándose a todo este conglomerado de desastres climáticos, la monarquía visigoda se encontraba dividida en una guerra civil fratricida entre los partidarios de Rodrigo y los de Agila II (hijo de Witiza). Todo este conjunto de factores haría posible el éxito de la empresa, comandada por Táriq, que partía desde Gibraltar, facilitándole la empresa el conde Olbán (conocido también como don Julián), gobernador de Ceuta y partidario de Agila. Las fuentes no se ponen de acuerdo sobre si su origen era godo, bizantino o bereber y tradiciones posteriores, según fuentes musulmanas y cristianas, señalan que era el padre de Florinda la Cava, ultrajada por el rey visigodo Don Rodrigo que, como venganza, facilitaría el paso a las huestes musulmanas. Si bien esto se considera como una leyenda para justificar la derrota cristiana en Guadalete. “De la pérdida de España //fue aquí funesto principio”, reza la leyenda.

Como ya anticipamos, todos estos desastres que se alargan hasta mediados del siglo VIII estuvieron, además, detrás de la rebelión bereber del año 740 y la caída del emirato dependiente de Damasco. Como alusión al título del artículo, el Ajbar Machmua (Colección de tradiciones andalusí), datada de mediados del siglo XI y conservada en la biblioteca de París, recoge los años acontecidos: ”Los años de Barbate” a partir de 747, relatando como las gentes del recién estrenado al-Andalus lo abandonaban, desesperados, buscando alimento en las costas de Tánger y el Rif: “Siguió apretando el hambre y la gente de Hispania salió en busca de víveres para Tánger, Arcila y el Rif, partiendo desde un río que hay en el distrito de Sidonia, llamado río Barbate, por lo cual los años referidos son llamados “Años de Barbate”. Los habitantes de al-Andalus disminuyeron de tal suerte, que hubieran sido vencidos por los cristianos de no haber estado estos preocupados también por el hambre.” (pp. 66-67).

Como último dato científico que apoya este cambio climático, el análisis de los datos polínicos evidencia varios picos de aridez entre los años 450 y 950, alcanzándose el peor de esos momentos, entre los años 695-725. Esto es, en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la conquista de la Hispania visigoda, sus habitantes se morían de hambre cuando Tariq tomó tierra en Gibraltar a pesar de que, como ya hemos apuntado, los visigodos trataron de reaccionar adoptando soluciones como construir acequias de careo para rellenar los acuíferos o ensayos de nuevos sistemas de explotación agraria que trataban de sortear la falta de lluvia, cambios en los cultivos y muchos asentamientos se mudaron a las sierras en busca de agua.

 

                        Rosa Maria Ballesteros García

              Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                           “benaltertulias.blogspot.com”

 

Textos recomendados:

Los visigodos. Hijos de un dios furioso, Desperta Ferro Ediciones, 2020.

“La sequía como posible factor que contribuyó a la crisis del reino visigodo y la expansión islámica en la Península Ibérica””, Nature Comunications, 15 sep, 2023.