domingo, 7 de julio de 2024

Fintas democráticas

                                                   FINTAS  DEMOCRÁTICAS

 

Desde los años de las democracias de Grecia y de Roma, nos estamos preguntando si tan difícil es que la democracia pueda llegar a su mayoría de edad, con todo lo que conlleva de responsabilidades y atenciones tanto políticas como sociales y de comportamientos tanto personales como colectivos.

La mayoría de edad de un pueblo (el demos)  tiene que aclararnos algunos extremos que están pendientes de esclarecerse. El pueblo, niño que se quedó sin crecer por mor de la dictadura española y españolista, al parecer, se ha quedado anclado en un pasado que no se merece y sin visos de futuro, que todavía está sin pasar la adolescencia de los tiempos de una transición que tan larga se nos está haciendo todavía. Esa adolescencia, como bien es sabido, que se caracteriza por su rebeldía y sus provocaciones y su falta de respeto y su repertorio ofensivo de gratuitas, eso sí, descalificaciones parece que no es capaz de entrar en su madurez democrática.

Podemos pensar, hoy día, y estamos nada menos que casi en la cuarta parte del siglo XXI, que todavía se nos sigue mintiendo con la apropiación de la palabra `popular`. Basta con oír la radio de las ondas populares, que dedican poco tiempo a la cortesía y a la educación, porque se le suben a las barbas los nervios afectados de una religiosidad más que constantiniana, de una religión de estado, y no del de buena esperanza, porque ya poco nos puede alumbrar. Nadie se ha marchado de sus incómodas estancias y ha buscado reposo en África, cuando Podemos pudo levantar cabeza. Parece que solo hay democracia, cuando levanta su voz y, sobre todo, lo hace lanzando improperios sobre los que no pueden ni podrán pensar como ellos, que forman esa minoría que se definió con la filípica del fusilamiento de veintiséis millones de españoles, que eran reconocidos como mayoría. No recordamos si la autoridad competente, militar y civil, dijo algo, o siguió las  orientaciones de  un devocionario de fintas democráticas, pues “la mayor miseria es la ignorancia” (Cicerón).

Se nos sigue mintiendo con la palabra ´popular´ con que se nombra un partido a sí mismo y que no tiene la más mínima intención de no sólo no favorecer siquiera al pueblo, sino de hacerle el favor a sus amigos del alma y que es seguidista de un dominio imperial gringo que tantas tristezas nos está concediendo, si no provocando, en este mundo que consideramos de todos.

Encomiable la actitud del gobierno actual, aunque nos sepa a poco, con su reconocimiento del Estado Palestino, pero que, en su momento no podía dormir, en compañía, hasta que se encontró con los señores diputados de la ultraderecha, más que sionista, cainista, como se ve claro en estos días, ocupando escaños en el Congreso. Hoy podemos constatar que el filetón al punto se le ha indigestado y que los dribles políticos que nos daba a la ciudadanía en su momento le han traicionado y le han hecho caer, al menos,  en la cuenta de que nos necesitamos unos a otros.

Si Europa ha sido raptada ahora por el Tío Sam, podemos verlo más claro ahora que nunca, con el repliegue antidemocrático que los ´populares´ europeos están dando en estos días, poniéndose de perfil ante la cuestión Palestina, que lleva años enconando su herida, por falta de las debidas y obligadas atenciones políticas prometidas, pero nunca satisfechas por los traidores de la paz.

En este panorama tan amplio, pero, a veces con los que se colocan de perfil y con la lucidez de un encefalograma plano, nos podemos encontrar vetos obstinados que no suman por más de un lugar y con votos tan necesarios, que pueden quedar perdidos, porque la democracia, tan ficticia  como conservadora, nos hace fintas con unas leyes electorales, que les resultan provechosas a algunas alternativas, sostenidas y aupadas por una publicidad que dribla con las promesas que no cumple y con las denostaciones que nos ensucian y dañan hasta las inocentes y confiadas miradas del pueblo.

Podemos ver claro que quienes no van con vestidos deslumbrantes, sino con sencillos atuendos de calle, pero conservando la mente clara, manteniendo el tipo con seguridad, a pesar de sufrir fintas y dribles totalmente antideportivos y antidemocráticos, nos hablan claro ahora y desde siempre, que los electores tienen el derecho de ser bien informados para elegir y no para someterse.

Podemos decir con claridad, que la mayor finta democrática sigue siendo la concesión de espacios informativos según las representaciones anteriores y no en una total igualdad para `renovar` los parlamentos, exponiendo claramente las propuestas y programas en favor de todas y todos y, no sólo, de los intereses de personas y corporaciones que no se presentan ni nos representarían nunca.

                                                                                                           

                                                    José María Barrionuevo Gil

                                                  El Ateneo libre de Benalmádena

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domingo, 30 de junio de 2024

Electra

Los mitos en el cine: Electra

Nací hija de Agamenón, mi madre fue Clitemnestra,

esa infeliz hija de Tíndaro.

Mi triste nombre es Electra, así la ciudad me llama.

 

(Eurípides: Electra).

 

Escribe el profesor y experto en mitos Antonio Portela que «El mito toma formas inesperadas. Se resiste a desaparecer››. Esto es bien cierto, porque los mitos permanecen vivos y siguen siendo un filón inagotable para los cineastas, y por ello nos vamos a ocupar de un personaje, un mito muy atractivo: Electra, considerada como una de las muchas «chicas malas›› por romper los esquemas establecidos por razón de género.

Algunos estudiosos consideran esta popularización del mito de las «chicas malas» como una reacción a los movimientos feministas que se gestaban en este primer cuarto del siglo XX y al cambio de roles de la mujer. De este modo, el cine no podía ser ajeno al fenómeno, y desde las primeras décadas de este siglo proliferarían las películas donde fueron protagonistas, ya sea como figura histórica o personaje literario. A partir de los años sesenta, con el resurgir de los movimientos de mujeres, el tema, como otros tantos que se refieren a la situación del colectivo, adquirirá un renovado interés al estar ligado a la búsqueda de sus orígenes y a la historia de las mujeres que busca sus referentes.

Para quienes no conozcan la historia, en la mitología griega Electra era hija de Agamenón, rey de Micenas, y de su esposa Clitemnestra. El mito que envuelve a Electra gira en torno al plan que urdió junto a su hermano Orestes para vengar el asesinato de su padre. Los asesinos habían sido su propia madre, Clitemnestra, y el amante de ésta, Egisto. Ella, Antígona, fue la mano ejecutora de ambos, según algunas versiones, con la complicidad de su hermano Orestes. Autores clásicos como Sófocles, Eurípides o Esquilo la llevan a sus tragedias y el mito ha continuado, desde Robert Garnier (Antígona o la piedad, 1580) a la malagueña María Zambrano (La tumba de Antígona, 1967) o el catalán Salvador Espriu (Antígona, 1939), no publicada por razones de censura hasta 1952, en la que el mito clásico se relaciona con la Guerra Civil española, en tanto Antígona se niega a admitir que haya vencedores y vencidos después de una guerra fratricida entre sus hermanos.

Su mito, especialmente a partir del renacimiento, como ya indicamos en el caso del francés Garnier, será protagonista de tragedias, novelas y óperas, así como del término propuesto por el psicólogo Jung para ciertas patologías. Actualmente, se están haciendo versiones sobre su personaje destacando aspectos (positivos) que caracterizan al mito, como los de mujer fuerte y «justiciera». Las recreaciones del mito han llegado hasta nuestros días con títulos como el del maestro Pérez Galdós, llevado al teatro en 1901 con su obra Electra, con la actriz Matilde Moreno en el personaje mítico. Por cierto, que el duro alegato contra el clericalismo que destila el texto fue, según varios estudiosos de su obra, causante de que se le denegara el Premio Nobel (la sombra del Vaticano es alargada).  Otros autores hicieron lo propio como O´Neill (A Electra le sienta bien el luto, 1931); Giraudoux (Electra, 1937); Virgilio Piñera (Electra Garrigó, 1941) o Margarita Yourcenar (Electra, 1954), o más recientemente el dramaturgo chileno Benjamín Galemiri con su obra Infamante Electra (2005), por citar sólo unos nombres.

No podíamos dejar de citar al siempre profundo Jean Paul Sartre, despertador de conciencias, con su obra Las moscas, quizás una de las menos conocidas de este autor, en la que hace una revisión del mito poniendo de manifiesto su rechazo a los totalitarismos (políticos o religiosos). En un momento del texto el autor pone en boca de Electra sus pensamientos más íntimos cuando ésta, que se acerca a la estatua del imponente Júpiter, le increpa (ignorando que no está a solas con el dios): « ¡Basura! Puedes mirarme, sí, con esos ojos redondos en la cara embadurnada de jugo de frambuesa; no me asustas. Dime, vinieron esta mañana las santas mujeres, los cascajos de vestido negro. Hicieron crujir los zapatones a tu alrededor. Estabas contento, ¿eh, cuco? Te gustan las viejas; cuanto más se parecen a los muertos más te gustan››.

Federico Engels se refiere a este mito en su obra El origen de la familia, la propiedad y el Estado, publicado en 1884. En opinión de Engels, supuso el paso de una sociedad matriarcal ―donde el único parentesco cierto es el materno―, que el linaje viene dado, según su opinión, a través de la mujer y convertirse en una sociedad en la que se imponen los derechos patriarcales. Siguiendo el mito griego, las vengadoras erinias o Euménides, defensoras del derecho matrilineal, que persiguen a Orestes por asesinar a su madre, justifican no haber perseguido a Clitemnestra cuando asesinó a Agamenón porque ella no había asesinado a un pariente de sangre. El tribunal de dioses, en cambio, decide perdonarlos. A estas deidades se les representa como genios femeninos con serpientes enroscadas en sus cabellos.

Electra ha sido reproducida por artistas como Frederic Leigthon, Pierre Narcisse Guérin, Bourgerau, Jean Baptiste J. Wicar, Charles Auguste Berghe, De Chirico, William Blake, Tischbein o Johann Heinrich, entre otros. Otras tantas actrices le han dado vida en el cine: Rosalind Russell; Irene Papas; Claudia Cardinale; Leonie Rysanek; Robin O’Dell Sofia Kokkali; Caitlin Deerin, Jennifer Garner. Para el teatro, rescatamos a la griega Eleni Papadaki, que tiene una biografía tan interesante que merece un artículo.  Pero esta sería otra historia.

 

                                  Rosa M Ballesteros García

                  Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                              “benaltertulias.blogspot.com”

domingo, 23 de junio de 2024

La rebelión de las clarisas

                                                        LA REBELION DE LAS CLARISAS

Por sorprendente que pueda resultarnos, las clarisas, que son monjas ejemplares de clausura, famosas por sus dulces y chocolates, se han declarado en rebeldía abjurando de la potestad que la Iglesia Vaticana ejerce sobre ellas. El motivo profundo de esta disidencia parece encontrarse en un desacuerdo inmobiliario, pues nuestras monjas no parecen diferir en su afán de bienes terrenales de la desmedida querencia mostrada por sus superiores los obispos en el manejo de las inmatriculaciones.

La Orden de Santa Clara (o de “las hermanas pobres de Santa Clara”) fue fundada en 1212 por Clara de Asís (Chiara d´Assisi)(1194-1253), hija mayor del conde de Sasso-Rosso en cuyo palacio con todo el confort posible de la época, vivió hasta los dieciocho años en que huyó para seguir las directrices devotas de Giovanni di Pietro de Bernardone (San Francisco de Asís)(1181-1226) un joven pudiente y disipado que con 28 años atendió la llamada de Dios y se puso a predicar pese a su carencia de formación adecuada.

Santa Clara redactó su propia regla y obtuvo “el privilegio de la pobreza”, (vida de oración, silencio y clausura) que le permitió que sus monasterios vivieran siempre sin rentas ni propiedades, pese a ello en el mundo hay unos 850 monasterios y unas 8.000 monjas clarisas. En España existen unos doscientos conventos, entre ellos Belorado (Burgos) y Orduña (Vizcaya) que sobreviven de la práctica del hospedaje, fabricación de productos artesanales (bordados, velas y objetos religiosos) y repostería (pastas de té, yemas de Santa Clara, trufas, magdalenas, roscos de anís, confituras y mermeladas).

No obstante, el coste de la vida y la escasez de vocaciones han llevado a las monjas de Belorado a planear la compra del monasterio de Orduña por 1,3 millones de €, para lo que adelantaron en el contrato 100.000 €. Al parecer esta operación estaba sujeta a la venta del Monasterio de Artebakarra en Derio, un alojamiento rural denegado como tal por el municipio, por cuya causa posiblemente no han podido seguir pagando las cantidades estipuladas, lo que ha llevado a las monjas de Orduña a pedir la rescisión del contrato.

Cualquier operación pecuniaria que supere los 1,5 millones de € precisa de una aval de la Santa Sede, que no parece ser este el caso, pero la oposición de los obispos involucrados ha debido de ser tan fuerte que las monjas han renunciado a la tutela vaticana para acogerse a la protección del Obispo sedevacantista de Bilbao Pablo de Rojas Sánchez-Franco.    

Los obispos sedevacantistas constituyen un grupo religioso que considera que la sede de Pedro quedó vacía a la muerte del papa Pio XII, porque sus sucesores son heréticos y traidores, corrompidos por las normas nuevas del concilio Vaticano II (Juan XIII) que no admiten. Argumentan que la falta de gracia santificante los separaría del Alma de la Iglesia, y la falta de fe del Cuerpo, pero la jurisdicción administrativa le permite seguir gobernando a la Iglesia como Institución.

Una de las figuras más importantes en la extensión del sedevacantismo es curiosamente un obispo vietnamita, Ngo Dinh Thuc, (1897-1984)hermano del dictador Ngo Dinh Diem que fue asesinado en 1963 por un golpe militar, mientras él se encontraba en Roma en el Concilio Vaticano II donde había sido nombrado arzobispo por Juan XIII. Le convencieron en este tiempo de la importancia de los extraordinarios sucesos que estaban ocurriendo en el Palmar de Troya (Sevilla), a donde acudió en 1976 personalmente, terminando por ordenar obispos a Clemente Domínguez que sería Papa como Gregorio XVII (1978-2005) y a Manuel Alonso, el “Papa Manolo” (2005-2011) y a otros muchos obispos cismáticos, entre ellos a Monseñor Subirón Ferrándiz (Valencia 1953) que a su vez ordenaría a nuestro protagonista Pablo de Rojas en 2010.

El Ilmo. y Rvdmo. Sr. Dr. D. Pablo de Rojas y Sánchez-Franco nació en Sierra de Cazorla, (Jaén), en 1981, y se vanagloria de que su abuelo (Ingeniero de Minas), ultraconservador, fuera Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento de 1948 a 1955 y Presidente de la Cámara de Comercio de 1950 a 1965. Así mismo manifiesta haber sido ordenado presbítero y obispo por el ex-jesuita Derek Schell en la Iglesia Palmariana. Afirma ser Duque Imperial, príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico y cinco veces Grande de España. Aunque no lo dice fue excomulgado por la Iglesia Católica en 2019

En 2005, Pablo de Rojas funda la Pía Unión Santi Pauli Apostoli, que no es propiamente una orden religiosa, es una fundación sin ánimo de lucro, una suerte de milicia predestinada a sobresalir sobre todo lo existente.  En 2021, la Pía Unión de San Pablo Apóstol se inscribió en el Ministerio del Interior en el Registro de Asociaciones constando su sede central en Bilbao donde reside.

                                                              Jesús Lobillo Ríos

                                         Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                     “benaltertulias.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Wikipedia.org/orden_de_santa_clara

Piaunionsantipauliapostoli.com

Biografías y vidas.- Santa Clara de Asís

Enciclopedia humanidades.com. Francisco de Asís

Ignacio Sánchez Cuenca.-“Los sedevacantistas”. CTXT 18/5/2024.

Adelante la fe. Información y noticias católicas.-“El problema de la Misa <Una Cum>” 12/1/17.

domingo, 16 de junio de 2024

Reporteras de guerra

Reporteras extranjeras en la Guerra Civil (1936-1939)

 

Se han escrito muchos libros sobre la Guerra Civil Española, varios sobre los voluntarios internacionalistas que apoyaron a la República frente al fascismo. Entre ellos, ya un clásico, Idealistas bajo las balas, del hispanista británico Paul Preston (autor de títulos como La Guerra Civil española, El holocausto español, Franco: Caudillo de España o Un pueblo traicionado), una gran obra, según opinión general de los expertos, sobre los corresponsales extranjeros que llegaron a nuestro país. Un buen trabajo de investigación, indudablemente, que, sin embargo, apenas presta atención a las casi doscientas mujeres periodistas y foto-reporteras que, como sus compañeros, dejaron testimonio de su experiencia entre 1936 y 1939.

            Para llenar este vacío y, de alguna forma, subsanar esta anomalía, el profesor de la Universidad de Málaga, Bernardo Díaz Nosty, sigue la pista de casi un centenar de profesionales, como adelantamos, que llegaron de 29 países distintos. La obra, rigurosa y con un gran trabajo de investigación a sus espaldas le honra, por ello, y por reconocer y homenajear a estas profesionales. El libro se titula Periodistas extranjeras en la Guerra Civil. Entre las distintas opiniones de profesionales críticos, destacamos las de Almudena Ariza (reportera) que escribe: «Sus relatos aportan matices necesarios para entender la catástrofe humanitaria iniciada en 1936, más allá del discurso dominante, más bien limitado a la dimensión militar del conflicto. Cuánto coraje y cuánta empatía muestran en sus crónicas››.

Como historiadora, opino que la Historia, tosas las historias, tienen muchos matices, distintas visiones y muchos claroscuros. En este caso, Díaz Nosty viene a completar esa otra visión complementaria y necesaria para poner al descubierto esa «empatía››, esa otra cara del conflicto que, generalmente, está focalizado en los frentes de batalla. Entre estas reporteras, hemos seleccionado cinco profesionales de distintas nacionalidades, todas ellas bajo el denominador común del antifascismo.

Gerda GREPP (1907-1940). Periodista y traductora nacida en Oslo (Noruega) considerada, junto con Lise Lindbæk, como las primeras mujeres noruegas corresponsales de guerra. Su padre fue presidente del Partido Laborista Noruego y su madre, periodista. Viajó en 1936 a España como corresponsal y fotógrafa del periódico del Partido Laborista noruego Arbeiderbladet. En Madrid participó en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Estuvo presente, entre otros, en los frentes de Toledo y Málaga, coincidiendo con la «Desbandá› hacia Almería. Escribió cinco reportajes sobre este suceso, el primero de ellos publicado en el periódico para el que trabajaba, el Arbeiderbladet, los cuatro restantes los escribiría en Valencia. Enferma de tuberculosis, tuvo que abandonar la zona de guerra y regresar a su país de origen. Murió en Oslo, a los 33 años de edad, en la Noruega ocupada por los nazis.

Lise LINDBAEK (1905-1961). Periodista y escritora nacida en Copenhague (Dinamarca) considerada como la primera corresponsal de su país. Su padre era sacerdote y periodista y la madre, maestra. En 1933 se divorció de su marido, pronazi. Cubrió procesos políticos como el ascenso de Mussolini al poder, o conflictos como la Guerra Civil española. Perdida la República, pasó a Francia colaborando en mejorar las condiciones de los niños refugiados españoles en ese país. De 1934 a 1939 vivió con el médico berlinés Max Hodann, que había emigrado a Italia debido al hostigamiento del régimen nazi y también había trabajado como médico militar en España durante la Guerra Civil de 1937 a 1938. Finalizada, la Guerra Mundial, Lise trabajó para las Naciones Unidas. En 1961 se suicidó. Está enterrada en Dinamarca.

María OSTEN (1908-1942). Nació en Alemania en una familia de terratenientes ricos. Escritora y periodista, participó en la Guerra Civil como corresponsal del Deutsche Zentral-Zeitung en Moscú. Miembro del PCA, era compañera de Mijaíl Koltsov, (escritor ruso y editor de Pravda). Entre sus reportajes: «Niños españoles››, publicado en octubre de 1936, en el que describe la penosa situación de la infancia madrileña o «Primavera en Madrid››, publicado en la revista El Mono Azul, son un par de ejemplos de esa mirada diversa a la que nos hemos referido. Asistió en Madrid al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. fue ejecutada a los 34 años de edad, víctima de la represión política en la Unión Soviética, acusada de ser la esposa de un «enemigo del Pueblo›› (Koltsov). Daños colaterales.

Simone TÉRY (1897-1967). Periodista y novelista francesa hija de dos intelectuales izquierdistas. Fue corresponsal de los diarios izquierdistas L'Humanité, Vendredi y Regards. Con este último cubrió el frente republicano durante la Guerra Civil. Muy joven viajó a Irlanda y de su experiencia escribió dos libros relacionados con la guerra de independencia de aquel país (1916-1922). Durante su estancia como corresponsal en España conoció y se casó con el intelectual y activista Juan Chabás. La pareja se exilió en 1939 en la República Dominicana y Cuba. Separada de Chabàs, volvió a Francia, donde continuó trabajando como periodista tras la Segunda Guerra Mundial. En 1948 publicó una novela titulada La porte du soleil, ambientada a la Guerra Civil.

Milly BENNETT (1897-1960). Fue una periodista y escritora estadounidense. Trabajó como periodista y escritora (bajo varios seudónimos). Fue reportera del The Daily News de San Francisco, cubriendo el juicio del famoso líder sindical Thomas Mooney (1882-1942) y del The Honolulu Star Bulletin. Vinculada a la izquierda comunista, fue editora de la agencia de noticias Chung-Mei en Beijing y reportera del Peoples Tribune de Hankou (ambas en China). En 1931 vivió unos años en la URSS, donde fue reportea del Moscú News y, por un tiempo, directora de la oficina en Moscú del Servicio Internacional de Noticias. Regresó a los EE.UU y entre 1935 y 1936 fue reportera de varios medios de prensa: Newspaper Enterprise Association, The New York Times y el International News Service. Estuvo en España entre 1936 y 1937, informando para Associated Press, United Press y London Times. Durante su estancia en España fue miembro del Servicio de Prensa y Propaganda del Gobierno español, que dirigía Constancia de la Mora (con Milly trabajó otra brigadista británica, Kate Mangan).  

Milly tuvo una vida sentimental agitada. Dos matrimonios y otras muchas aventuras, descritas en su libro de memorias, On Her Own, donde también narra su vida en la Unión Soviética, China y la Guerra Civil Española. Durante su estancia en España, solicitó varias veces afiliarse al Partido Comunista de los Estados Unidos (que le fue denegada, incluso cuando regresó a su país). Nunca fue admitida como miembro del partido. Siempre estuvo vigilada por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) ya que se sospechaba que era un espía de la República Española.

Bien mirado, puede que su vida amorosa, libre y sin perjuicios, pesara demasiado en esa decisión.

 

                                             Rosa M. Ballesteros García.

                             Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                             “benaltertulias.blogspot.com”

 

Recomendado: Bernardo Díaz Nosty: Periodistas extranjeras en la Guerra Civil, Renacimiento, 2022

domingo, 9 de junio de 2024

La "Nabka"

                                                                 LA “NABKA”                                      

                                     HISTORIA INACABADA DE UNA CATÁSTROFE

La situación de los judíos en Europa al terminar la II Guerra Mundial (1939-45) y el holocausto nazi, pasó a engrosar la enorme masa de desplazados y refugiados que protagonizaron ingentes desplazamientos para volver a sus hogares o para conseguir nuevos reasentamientos. En 1947, la UNRRA (Administración de Socorro y Rehabilitación de las Naciones Unidas), y la IRO (Organización internacional para los Refugiados) tenían en funcionamiento en Alemania más de 700 campos y centros de atención a refugiados, entre los que se encontraban, a veces mezclados, los judíos con sus propios perseguidores, hasta que en 1945 el presidente norteamericano Harry S. Truman (1884-1972) dispuso que fueran tratados de forma aislada porque “ello suponía no reconocer la atroz represión de que habían sido objeto”.

Casi un millón de ellos se trasladaron a EEUU, Canadá y Australia, pero muchos otros, la mayoría, se trasladaron a Palestina, en donde el sionismo venía fraguando desde finales del siglo XIX la instauración de una nueva patria en la que tuvieran su asiento los judíos desperdigados por la diáspora durante los dos últimos siglos.

Palestina era la antigua Canaán, tierra prometida por Dios a los judíos, según la Biblia, libro conductor de su ideología, y de donde la hambruna les había obligado a huir para caer en la dominación de los faraones egipcios y a la que volvieron, tras errar durante 40 años por el desierto del Sinaí, y a la que arribaron y en la que se asentaron después de eliminar y expulsar a todos sus ocupantes. Todo ello está muy bien salvo porque la arqueología moderna no ha podido constatar la existencia de ningún tipo de invasión, más bien una convivencia entre cananeos e israelitas. Más adelante con la colonización romana y la destrucción del templo en el año 70 d. C., la diáspora judía fue un hecho, pero la añoranza de la tierra prometida y la promesa de su vuelta se mantuvieron por encima de todas las contingencias.

El problema es que la ansiada Canaán, es decir, Palestina, pertenecía en estos momentos al Imperio Otomano estando poblada por árabes, musulmanes, cristianos y judíos en una convivencia aceptada. La ola de antisemitismo despertada en Europa, sobre todo en Rusia, y la abundancia de pogromos aumentan paulatinamente las oleadas de emigraciones judías al nuevo Israel, hasta que en 1917 en plena guerra mundial se produce la llamada “declaración Balfour” en la que el ministro de Exteriores Británico, Arthur James Balfour, comunica al barón Rothschild, un líder judío inglés, su aceptación de la idea acerca del futuro estado de Israel en Palestina, que reconoce como un derecho de los judíos, añadiendo que esperaba que ello no menoscabaría los derechos de los naturales de la zona.

Terminada la guerra mundial, y vencidos los turcos por los ingleses, la Sociedad de Naciones otorgó un mandato a los británicos sobre la zona que les permitía controlar sus intereses locales, y a una población en su mayoría musulmanes (casi novecientos mil censados en 1922) frente a unos noventa mil judíos. El aumento de los emigrantes judíos, bajo protectorado inglés y con la colaboración de la monarquía jordana, fue paralelo a la oposición musulmana a su presencia, creando un estado de violencia crónica de baja intensidad, mediante sabotajes y diversos actos violentos que dieron lugar a la decisión por parte de las Naciones Unidas de dividir la zona en dos estados, uno para Israel (55% del territorio) y otro para los palestinos, y unos lugares comunes, como Jerusalém,  que tendrían una administración especial. Los árabes no aceptaron esta resolución pero los judíos sí, porque ya tenían avanzada la organización de su futuro estado y sobre todo la de su ejército (la Haganá).

El 14 de mayo de 1948, terminada la administración británica, se declara la independencia del Estado de Israel, que pasa rápidamente a materializar sus contenidos proyectos, llamando a filas a todos los varones reservistas, para una guerra total contra los árabes, de los que cerca de un millón (setecientos mil según las cifras oficiales) que se unieron a los casi trescientos mil que ya habían sido desalojados antes de la declaración, es decir, unos dos tercios de la población total, fueron obligados a desplazarse de sus domicilios para dejar sitio a los nuevos habitantes que terminaron añadiendo a su dominio un 50% más de territorio del adjudicado. Más de quinientas poblaciones árabes fueron destruidas y borradas de la tierra palestina con la aniquilación de sus mezquitas y sustitución de sus nombres con nuevas denominaciones hebreas por la fuerza de las armas del ejército israelita. Esta limpieza étnica se completó con las leyes promulgadas posteriormente, por el nuevo estado de Israel, que impiden el retorno de los árabes a sus domicilios y permiten la reinscripción de los nuevos títulos de propiedad de las tierras “abandonadas” por sus legítimos dueños.

Ben Gurión, jefe del nuevo estado israelí había manifestado previamente estos propósitos. Deir Yassin, al-Damaymah son los nombres de un par de lugares constatados donde se llevaron a cabo masacres importantes por parte del ejército judío contra los civiles palestinos, que tardaron muchos años en conocerse, pero que son prueba de la violencia desarrollada que desdice la propaganda judía de una guerra de liberación. La destrucción de la sociedad y la patria palestina fue total y la guerra se caracterizó y justificó como de exterminio por los mismos historiadores judíos como los profesores Benny Morris (Universidad Ben Gurion), Llan Papé (Universidad de Exeter) y Salman Abu Sitta, investigador palestino.

Los palestinos denominaron a esta guerra y sus consecuencias como “nabka”, día de luto, un término que traducido significa catástrofe o desastre y la celebran anualmente el día 15 de mayo como un recordatorio de unos tristes y onerosos sucesos que,  en aquellos momentos desconocían que no habían llegado a su fin.

                                                      Jesús Lobillo Ríos

                                      Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

                                                 “benaltertulia.blogspot.com”

 

Bibliografía.-

Tony Judt.-“Postguerra. Una historia de Europa desde 1945”.Taurus 2010 (5ª Edición).

Karen Armstrong.-“Campos de sangre”. Paidós 2015.

La Base.-“La limpieza étnica de Israel contra Palestina”. Podcast, mayo 2024.

E. Nácar, A Colunga.-“Sagrada Biblia”. Editorial Católica 1969.

domingo, 2 de junio de 2024

Polipatias

“Polipatías”

 

Ahora que estamos en un receso electoral, aunque por poco tiempo, podemos considerar cómo la política nos tiene a veces en sus manos, que no son tan cuidadosas como desearíamos. No estamos en jornada de reflexión ni sitiados por promesas nada gratuitas ni  imparciales ni diáfanas.

Cuando, hace más de treinta años, nos enteramos de la existencia de las geopatías, no podíamos salir de nuestro asombro, porque habíamos sido testigos y afectados de los efectos que pueden tener sobre nuestra salud las geopatías.

Podemos ver que hasta los árboles parecen tener una conciencia añadida y se defienden como pueden y casi huyen del lugar en donde tienen que vivir, porque no han sido plantados teniendo en cuenta los efectos de las corrientes subterráneas sobre la salud, tanto la nuestra como la de ellos.

Por entonces ya nos ilustraron que los nómadas establecían sus asentamientos en lugares favorables para la salud de la comunidad. Así, no montaban sus tiendas hasta que veían un lugar propicio para establecerse. La señal primordial era ni más ni menos que el comportamiento de sus perros.  Antes de tomarse la trabajera de ponerse a actuar, esperaban a ver en qué lugar se echaban sus perros a descansar y a renglón seguido ya estaban seguros de que aquel sitio estaba libre de geopatías.

Hoy día hay especialistas en este tema, que son los descendientes de los zahoríes que, con sus varillas hábilmente preparadas, de siempre, nos señalaban el lugar más propicio para hacer un pozo y asegurarnos la provisión del líquido elemento, que ya hace tiempo dejó de serlo, pero que sigue siendo elemental para nuestra alimentación y salud, sin dejar de contar con él para nuestros cultivos.

Este conocimiento nos puede servir de modelo para saber a qué atenernos a la hora de barajar criterios para discriminar qué corrientes políticas, que parecen bastante líquidas, nos son menos  saludables para nuestra comunidad.  No nos podemos dejar llevar de las palabras, incluidas las insustanciales, las engañosas y las insultantes que cada día nos enferman más. Eso sí, con los poquitos conocimientos que vamos adquiriendo y la tromba de mentiras que nos hacen enfermar, tenemos que ir discriminando qué programas y qué hechos nos resultan adecuados para curarnos en salud, antes de que nos caiga la de pulpo, que también es un ser vivo.

La vida en general se nos reparte con diversidad de bienes y con ellos tenemos que tirar para adelante, pero lo que no podemos es meternos en los charcos en que solo hay fango y las aguas están ya más que podridas. Tenemos que evitar aquellos polvos para librarnos de estos lodos.

Las “polipatías” a las que nos estamos exponiendo no parecen tener remedio, porque no nos atrevemos a movernos del sofá, inconscientes de que debajo de nosotros hay correntías patológicas que pueden acabar con la salud, incluida la mental, de la ciudadanía.

Jugando con la palabra polis, abuela de la nuestra política, hija de politeía y la palabra polýs, que nos hace referencia a muchos, tenemos que tener todo el cuidado posible de no enfermarnos de estas corrientes malsanas que sólo van a favorecer a unos pocos, aunque hablen de mayorías, de muchos, y que a la hora de la verdad, la de coger el poder, dejan desasistidos a muchísimos más.

La piel del cordero de que se visten tantas corrientes políticas ya les está viniendo pequeña y no les importa abandonarla, porque la ciudadanía, cada vez, está más ausente y es más incapaz de abrir los ojos, porque queda deslumbrada ante el sol de injusticia que cada día se levanta y no con “rosados dedos” homéricos, sino que nos da zarpazos allí donde puede meter mano.

Con la experiencia que tenemos, ya algunos podemos ver claro que la falta de criterios de los partidos políticos no puede ser, por más tiempo, el lugar propicio donde establecernos, sobre todo con tanta maraña de bulos, y con tanta falta de memoria de tantas fechorías a las que nos han sometido y a la que nos quieren seguir sometiendo.

Ahora se dan cuenta de que hay que decir las cosas por su nombre, pero esa afirmación no deja de ser un postureo hartamente publicitario. Los blanqueos no cesan por todos sitios.

Mientras nos invitan a las próximas elecciones, podemos ir aclarándonos en qué podemos hacer para no dejarnos engañar y enfermar, por desconocer la naturaleza del terreno que pisamos.

Ahora ha surgido una engañosa concordia, demasiado cordial, que nos quiere seguir echando tierra sobre nuestra memoria democrática, porque le escuece tener que condenar el franquismo, porque de corazón no tiene nada y si mucho de hipócritas corazonadas.

 

                                                           José María Barrionuevo Gil

                                                        Ateneo Libre de Benalmádena

                                                       “benltertulias.blogspot.com”

domingo, 26 de mayo de 2024

El mito de Fedra

EL MITO DE FEDRA.

 

¡Oh desgraciado e infortunado destino de las mujeres! […]

¿Por dónde podré escapar a mi destino?

¿Cómo ocultaré mi desgracia, amigas? […]

Soy la más desgraciada de las mujeres.

(Eurípides: Tragedias)

 

En la mitología griega Fedra era una princesa cretense hija de Minos y de Pasífae y hermana de Ariadna. Teseo, que era amante de Ariadna, abandonó a ésta para casarse con Fedra, de cuya unión nacieron Acamante y Demofonte. Hasta ahí, más o menos una historia de lo más cotidiana, pero la cuestión se complica cuando Fedra se enamora de Hipólito, su hijastro (hijo de Hipólita, reina de las amazonas):

Profunda, intensa inclinación lasciva,

para el adolescente nimio juego;

cómo abrasa a mis años este fuego,

nunca como hoy tan lúbrica y tan viva.

(Francisco Álvarez Hidalgo: «Fedra»).

 

Hipólito no estaba enamorado de ella y la rechazó, por lo cual Fedra, despechada, lo acusó ante su padre de haber intentado violarla, aunque después, arrepentida, acabaría por suicidarse.  En la mitología clásica se ahorca; en la adaptación cinematográfica española, dirigida por Manuel Mur Oti en 1956 la protagonista (Emma Penella) se ahoga en el mar. No acaba aquí la tragedia porque Teseo condena a su hijo y lo entrega al furioso Poseidón, dios de los mares, para que perezca. Sin embargo, la diosa Artemisa reveló entonces que Afrodita les había tendido una trampa, justo a tiempo de que padre e hijo se reconciliasen antes de que Hipólito muriera arrastrado por sus caballos. Entonces Fedra, abrumada por la culpa decide suicidarse y se ahorca.

La historia de Fedra ha sido inmortalizada en la literatura por clásicos como Eurípides (Hipólito), Ovidio (Heroidas), Higino (Fábulas) o Séneca (Phedra); dramaturgos contemporáneos internacionales como Racine (Fedra, 1767); Miguel de Unamuno (Fedra, 1910); Sarah Kane (El amor de Fedra, 1996); Raúl Hernández Garrido (Los restos de Fedra, 1997) o Salvador Espríu, obra estrenada en 1979 por Nuria Espert.

En 1932 el escritor mallorquín Llorenc de Villalonga publicaría una novela, Fedra (con ediciones posteriores de 1954 y 1966). El personaje clásico ha servido como inspiración de óperas como Fedra de Hans Werner Henze (2007), protagonizada por la mezzosoprano María Riccarda Wesseling y en innumerables representaciones teatrales.

Remedios Sánchez publicó también un suculento artículo en el que expone los paralelismos existentes entre el Hipólito de Eurípides y la obra básica de Juan Valera, Pepita Jiménez, a partir del reconocimiento de los personajes y de los tópoi comunes, las relaciones y la pulsión amorosa de Fedra e Hipólito y la de Pepita con el hijastro aspirante a misionero. Basada en esta obra, el director mexicano Emilio Fernández («Indio Fernández››) la llevó a la gran pantalla en 1946 con Rosita Díaz Gimeno, una actriz española exiliada de la Guerra Civil y un elenco de actrices y actores españoles como Consuelo Guerrero, Fortunio Bonanova, Antonio Bravo o Manuel Noriega. El mito también ha servido de inspiración para escultores o pintores como Alexandre Cabanel o Pierre-Narcisse Guérin.

Hasta qué punto tiene fuerza y vigencia este mito que «se suele juzgar a las actrices francesas según la calidad de sus Fedras», tal es la dificultad e importancia de meterse en su piel. Poliédrico y cambiante, el papel desafía a cualquier actriz a multiplicar sus habilidades y le lanza un reto para que dé rienda suelta a su versatilidad y arte escénico para que muestre un tan amplio y cambiante estado de ánimo, pues su compleja personalidad pasa por diversos estados que pasan por el intento de ahogar su pasión por Hipólito, su hijastro, su intenso debate moral y el horrible fin que los arrastra. En consecuencia, la ineludible fatalidad de quien rompe las reglas de juego.

El mito de Fedra lo han llevado a sus lienzos artistas como Narcise Guèrin o Alexandre Cabanel y especialmente presente en los frescos que adornan las villas pompeyanas. De igual forma, el cine también ha recuperado el mito dando vida a Fedra tanto a nivel nacional como internacional con actrices como la griega Melina Mercouri, la brasileña Freida Pinto, la francesa Marcelle Chantal o la norteamericana Michelle Feiffer, por citar sólo unos nombres.

En el caso de nuestro cine, ya hemos adelantado que se estrenó en 1956 con dirección de Mur Oti y protagonismo de Emma Penella en el papel de Fedra. La década de los años 50, desde el punto de vista cinematográfico fue, como era lógico durante la dictadura, una década de censura en todos los ámbitos. Casos como Surcos o El inquilino, ambas de José Antonio Nieves Conde, o Viridiana de Luis Buñuel, sufrieron los rigores del censor. El caso de Fedra, una demostración “descarnada y violenta en la demostración de las pasiones humanas” donde se toca el adulterio, el incesto y donde se muestra un erotismo y una sensualidad inusual, es un caso inaudito en la historia del cine español. Naturalmente se suprimieron algunos planos del busto exuberante de la protagonista, la tórrida escena de la playa y, especialmente, el final: con una Fedra/Penella nadando desesperada hacia el cuerpo del amante para, abrazada a él, hundirse irremediablemente en el mar. Sin embargo, no existe ninguna mención a la brutal escena de los azotes a Fedra.

Quizás pueda explicarse este caso insólito de “buenismo” censor al contexto social de unos momentos de particular coyuntura que vivía España: el fin de la autarquía, el reconocimiento del régimen por las instituciones internacionales y las crecientes presiones a favor de una mayor libertad de expresión, tuvieron que ver en ello, aunque no fueron las únicas, y el avispado Manuel Mur Oti (quien, por cierto, recibió un Goya de Honor en 1983) tuvo mucho que ver en este asunto.

 

                                       Rosa M. Ballesteros García

                       Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmádena

                                     “benaltertulias.blogspot.com”