sábado, 11 de julio de 2020

PALAS ATENENEA, DIOSA DE LA SINRAZON

Ayudas a una desescalada. "Palas Atenea, Diosa de la Sinrazon"  11/07/2020




                                       "PALAS  ATENEA DIOSA DE LA SINRAZÓN"

Esquilo, el primer representante de la tragedia griega, nos relata en su obra la “Orestiada”, representada por primera vez en al año 458 a.d.n.e., el juicio al que es sometido Orestes declarado culpable de haber asesinado a su madre Clitemnestra. Semejante atrocidad es justificada por nuestro actor en el hecho de que él ha vengado la muerte de su padre en la figura de sus asesinos, su propia madre y su amante Egisto, inducido por su hermana Electra.
El padre de Orestes era el gran Agamenón, rey de reyes, que habiendo llevado a cabo todos los excesos imaginables (incluido el sacrificio de su propia hija Ifigenia exigido por el sacerdote Calcas) para conquistar y destruir Troya, vuelve victorioso a su casa tras diez años de guerra para encontrar la muerte. La acción se sitúa pues casi siete siglos antes de la escritura de la obra.
El juicio de Orestes representa el cambio histórico definitivo de la sociedad matrilineal a la patrilineal una vez conocida la relación entre eyaculación y embarazo que permite reinterpretar, en esta ocasión a favor del hombre, el papel primordial de la concepción en aras a una correlación familiar, evidentemente más limitada que la tribal.
Orestes fue enjuiciado en el Aerópago bajo la presidencia de la diosa Atenea conocida por nosotros como diosa de la sabiduría, del conocimiento, de las artes y de la agricultura (pues nos proporcionó el olivo base de nuestra alimentación), virgen perpetua y extraña guerrera que no combate, solo protege a los héroes.
Su abogado defensor fue  Apolo dios de las artes y de la medicina, la poesía, la música y la belleza masculina, hijo de Zeus y Latona e inductor del cambio de costumbres que revolucionó las creencias ancestrales mitológicas.
Para situarnos en este transitar ideológico debemos recordar que la muerte del rey sagrado es una constante antiquísima en la mitología  que se renueva anualmente en un mito en el que el jefe de la tribu (rey sagrado) es sacrificado mediante normas ancestrales, y tras una cruxificción es devorado en un banquete teosofágico para aprovechar todas sus virtudes y renovar así los ciclos anuales de siembra, recolección, lluvias, sol, día y noche. Existe necesariamente un sacrificio humano que no compromete a la familia puesto que los hijos son de la madre exclusivamente.
Al constatarse la relación entre còpula y concepción aparece la figura del padre que medra en su beneficio evitando el sacrificio sagrado. Por esta razón  Zeus, dios del olimpo, padre de Atenea, concibe a nuestra diosa sin concurso de mujer para lo que según una absurda explicación mitológica devoró a su mujer Metis impidiendo que diera a luz a un vástago que, según el oráculo, le derrocaría pero alumbrándolo él mismo por su propia  cabeza. Este anormal nacimiento explica que nuestra diosa Palas Atenea no naciera de mujer y que tampoco fuera madre lo que corrobora su epíteto Partenon (=virgen). Más creíble es la versión que nos dice que Palas Atenea es africana, nacida en Libia al borde del lago Tritón, o sea, que  antes de ser Atenea fue Palas, la tritónida supuesta amiga de la infancia y su instructora que murió en un nebuloso accidente provocado por ella misma.
Atenea por tanto renuncia a sus orígenes africanos para hacerse diosa de la ciudad de Atenas, puesto que disputa a Posidón (el dios de los mares), y dedicarse a las labores femeninas propias de la mujer domesticada, sobre todo el tejido en el que desarrolló celos de la maestría de Aracné a la que convirtió en araña, en un mito magistralmente representado por el pintor Velázquez en su obra “Las hilanderas”. También tuvo conflictos adolescentes con su padre Zeus antes de convertirse en su mano derecha y ser la única capacitada para manejar su rayo. Esta fiel partidaria de su padre, que renunció a sus orígenes, a la maternidad e incluso a su sexo, fue  la que presidió el tribunal que juzgó a Orestes.
El abogado defensor fue el dios Apolo, nacido en Delfos, celoso en temas de amores, no tolera que se metan con su madre, sedujo y amó de forma fallida a muchas mujeres porque su verdadero amor fueron los hombres declarándose abiertamente misógino en una Grecia donde la homosexualidad es ensalzada y elevada a virtud militar antes que sagrada.
El juicio de Orestes se declara visto para una sentencia absolutoria que resulta evidente a la luz de los mimbres que acabamos de considerar, pues la desnaturalización de la madre hace posible la absolución del matricida: “la madre no concibe al hijo, tan solo alimenta el germen, es el hombre quien lo engendra. Se puede ser padre sin necesidad de madre, ahí tienes a Palas Atenea, que no fue nutrida en las tinieblas de un vientre”.
El matrimonio fue la antesala del patrimonio patriarcal, pero cuidando de que los hijos sean del padre por lo que hay que encerrar a las mujeres en sus casas, atadas a la cocina o a la pata de la cama y con la pierna quebrada. La masacre de la mujer y su vejación son la excusa para crear un nuevo hombre liberado de los miedos ancestrales de la muerte y de la superstición. Ahora es la mujer la que tiene que ser fiel y monógama. La imagen de la alegre mujer-ninfa contrasta con las representaciones de mujeres vencidas por los hombres.
La absolución jurídico-mitológica pergeñada por Atenea ha resultado cara a la humanidad, dos mil quinientos años más tarde seguimos tratando de reponer un orden descompensado que margina a las mujeres cuando no las ignora, y oculta sus capacidades cuando no las anula, y cuyas contravenciones aún paga con la muerte.


Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena

viernes, 3 de julio de 2020

UNO, DOS, TRES, CUATRO

Ayudas a una desescalada: 3/07/2020




                                                           UNO, DOS, TRES, Y CUATRO.



Uno (Silencio)
Instalarse en el silencio con un acúfeno en el oído izquierdo no es fácil.
El sonido aterciopelado ocupa toda la cabeza; envuelve y decora cualquier pensamiento. Ni que decir tiene que impide el total entendimiento de los que otras voces nos quieren decir.
De la misma forma que la vida se adapta al acúfeno, también lo hace el silencio.

El silencio es un privilegio cada vez más escaso. Parece que hubiese una conjura para eliminar o minimizar el acceso a un bien tan necesario.
Favorece el pensamiento, la reflexión, la imaginación, el ensueño; es el soporte de nuestra identidad más pura, de nuestra autenticidad. Dentro de su cápsula, toda nuestra construcción como personajes expuestos a la desolación del bullicio como aglomeración sincopada se desmorona, muestra su fragilidad y su impostura. Acomodados en él, sentimos la incomodidad de nuestras contradicciones, visualizamos como en un espejo, los encuentros y desencuentros entre lo que somos y lo que ofrecemos. En él nadie nos puede manejar o intoxicar con otros afanes distintos a los nuestros; tal vez por eso, sin que exista conjura alguna, reduciéndonos lentamente los espacios de soledad y silencio, caminamos lentamente hacia  la atracción construida desde otros intereses.
Probablemente el exceso de identificación del silencio con  los negocios del espíritu y una vez subidos al tobogán de lo material, hayan favorecido el retraimiento de su valor.
Reivindicar el silencio como alimento tan necesario como el agua y los panes de cada cual, debiera ser un objetivo colectivo.


Dos  (Caos)

Clarice Lispector recoge en “Lazos de familia” una serie de relatos que en general tienen en común la ruptura entre el comportamiento cotidiano y la realidad que se esconde dentro de nosotros, tapada, adormecida por el ruido exterior, la precipitación de las consecuencias de nuestros actos, los compromisos adquiridos en base a las reglas, generalmente tácitas, socialmente admitidas, incluyendo su propia evolución, siempre y cuando sigan siendo de general y sumisa aceptación.
La sumisión no es necesariamente enfermiza, sino que forma parte de la armadura en la que nos encerramos para protegernos de las agresiones, incluyendo las propias.
El silenció, por tanto, puede ser una situación indeseable, porque actúa como llave maestra en nuestro interior, comunicándonos  nuestras contradicciones  y juzgándonos de una forma irrefutable porque en nuestro interior, se encuentran las pruebas de nuestra realidad, siempre caótica, en palabras de Witold Gombrowicz. Para el escritor, el hombre en su interior es caótico y precisa de la forma para equilibrar su propio desorden, cada paso que en la incorporación de la forma  se avanza, lo separa más y más de su realidad primera, de la consciencia  inmaculada, espontánea, instintiva, casi animal; cada etapa de su vida lo desvía de ella y finalmente en su madurez, la destruye. Es entonces cuando el silencio ejerce su función más demoledora, una vez que ya estamos formados para gestionar nuestro exterior con el espejismo del éxito, en demasiadas ocasiones conviviendo con el más absoluto fracaso de nuestra caótica realidad.
El silencio propicia el dialogo entre nuestras diferentes construcciones y la fuerza  de los materiales intactos, reprimidos, matizados o simplemente dados por muertos, estalla y nos interroga.

Tres (Sinceridad)

Actuar conforme a esa realidad inicial, desarrollarse en ella, actuar conforme su dictamen, suele crear no pocos problemas. La exposición de la visión particular de cada asunto, el comportamiento desordenado que acarrearía esa fidelidad a uno mismo extendida a toda la sociedad, transmitiría al conjunto el caos particular de cada individuo. No obstante y sin llegar a esos extremos a veces encontramos personas que en alguna medida se ajustan a la pulsión más pura - entendamos el término- de él mismo, calificando este comportamiento como sinceridad.
La sinceridad nos dice la Real academia es “…modo de expresarse o comportarse libre de fingimiento”; esa expresión libre, ese respeto por la verdad que asume el que tiene un comportamiento total con ella, es decir el que no se traiciona en lo más mínimo con aquella pureza de su realidad, es prácticamente inasumible por la generalidad del entorno social en el que se desempeña. La sinceridad total es suicida. No estamos diseñados para asumirla como forma de entendimiento, de ahí que se recurra a esas formas a las que Gombrowicz alude.
No es una locura decir que la sinceridad tiene un  componente de brutalidad dentro del contexto  de cualquier cultura y la brutalidad es patrimonio de los comportamientos sutiles.


Cuatro ( Forma)

Si pudiéramos mirar desde uno  de esos satélites no ya la tierra y sus accidentes geográficos, luces, humos, sonidos y temperaturas, sino las bases del comportamiento social, la imagen, sería como si cientos de amebas diferentes  fuesen penetrándose  unas a otra pero sin llegar a mezclarse para ir formando unidades de aspecto uniforme.
Las formas son esas amebas que cada individuo traga primero con la convicción de sus mayores
 y posteriormente de manera consciente como droga para la transformación y adecuación al medio donde se supone va a desarrollar su vida. Es un molde que se va adaptando a cada circunstancia, pero un molde reconocible, perfectamente identificado en sus variantes y del que se sabe cómo actuar con él y frente a él, ya sea de forma empática o como reacción. Las formas regulan la circulación de los individuos, les asignan la condición de pertenencia, los identifican en la comunidad y les ofrece en catálogo de contraste para su comportamiento. La forma es la regla, lo común, la cultura, el estilo del grupo; abarca absolutamente todo, incluyendo la gestión del subconsciente. Es el comportamiento adecuado e incluso el inadecuado que a su vez viene a regularse de manera represiva aunque  también conocida. Contiene los materiales que construyen la personalidad; mientras más ajustada es la construcción, más garantías de éxito en lo común tiene el individuo aunque quede absolutamente destruido en el ser unívoco que habitó el algún momento.
Solo el equilibrio, es decir la amputación parcial de aquél ser exclusivo y que a pesar de esa mutilación  , aún pervive, confiere aspectos formidables a quién se encuentra en dicha situación. Alcanza ciertos grados de serenidad que le permiten conciliar su existencia de modo más cómodo con el grupo y consigo mismo.

Alhaurin de la Torre , confinamiento Mayo 2020

Manuel del Castillo
Asesor Literario de Ediciones El Genal

lunes, 29 de junio de 2020

ESTRÉS Y CORONAVIRUS

Ayudas a una desescalada: 29/06/2020



                                                       ESTRÉS Y CORONAVIRUS

Las posibilidades de resistencia del organismo humano ante la agresión pandémica están en relación directa con la capacidad de defensa de su mecanismo inmunológico en el arte de hacer frente a todas las agresiones, o estrés, que sufre de forma habitual, y que seguirá sufriendo, como viene ocurriendo desde que hace alrededor de cuatro mil millones de años,  se inició la vida al formarse nuestros genes.
La lenta progresión en este desarrollo ha debido sacrificar millones de posibilidades de vida que no dispusieron en su momento de los mecanismos adecuados para lograr sobrevivir, mecanismo que se basa en la reacción exitosa defensivo-constructiva frente a la acción depredadora, que es capaz de modificar nuestro genotipo, adaptando a las nuevas circunstancias a nuestro  fenotipo.
La organización evolucionada de este mecanismo defensivo y progresivo lo conocemos desde que en el siglo I nos lo explicara el romano Aulo Cornelio Celso con el nombre de reacción inflamatoria que consta además de las cuatro fases ponderadas por él (calor, rubor, tumor y dolor) una quinta y posiblemente la más importante que es la cicatrización, o reparación, o sea, la reposición de los elementos dañados que nunca serán idénticos a los perdidos, sencillamente serán otros nuevos, renovados, teniendo en cuenta que si ello no fuera posible, la alternativa es el deterioro y la muerte.
La reacción inflamatoria alcanza en su labor reparadora a todos los confines del organismo gracias a su distribución a través del ubicuo tejido conjuntivo, siempre alerta a las llamadas de cualquier agresión de origen externo o interno que produzca un deterioro o destrucción que requiera reparación puntual o crónica, que lleva a cabo a través de la movilización de las células defensivas, o constructivas, destinadas a este  menester. Toda agresión, o estrés, requiere por lo tanto una reacción reparadora, y si consideramos que el simple envejecimiento de las estructuras constituye un estrés que pide inflamación para repararse, o rejuvenecerse en este caso, y poder seguir funcionando, comprenderemos que el mecanismo inflamatorio precisa de una gran reserva estructural y de esa movilidad extraordinaria para acudir a todos los lugares que exigen su presencia.
Los factores de estrés más importantes demandantes de inflamación, es decir, de reparación  se generan en las estructuras orgánicas agredidas, en las células destruidas en primer lugar, pero en segundo lugar las propias estructuras nerviosas o cerebrales participan en esta demanda transmitiendo preocupación, temor y miedo, como una depresión igual que la causada por los grandes trastornos vitales como pueden ser la pérdida de un ser querido, una separación traumática o un insuperable trastorno económico, que de hecho se han convertido hoy en día en la mayor causa de demanda inflamatoria.
El estrés que supone la covid-19 presenta dos frentes difíciles de combatir. El primero consiste en la agresión a las células alveolares de nuestro pulmón y al transporte de oxígeno para lo que no tenemos soluciones. El segundo  en la transmisión de terror y preocupación, depresión interna, sobre todo en los pacientes mayores que se sienten inermes, y que se suma al anterior.
Las medidas terapéuticas de que disponemos son muy simples pues solo tratan de evitar el contagio mediante las más elementales reglas de higiene y urbanidad. El resto, una vez consumada la infección es medicina sintomática que está generando  un gran conocimiento práctico que permite salvar la vida de muchos de los pacientes afectados en primera instancia pese a la depresión añadida.
 Pero la depresión interna consecuencia de la gran distorsión producida por la crisis económica se constituye como una auténtica enfermedad secuela de la pandemia, con consecuencias incluso más graves porque puede provocar gran número de deterioros orgánicos y muertes prematuras en todas aquellas personas abocadas a la ruina laboral y económica, y su solución no alcanza a verse más que a través de una improbable solidaridad de las clases capacitadas hacia las clases más vulnerables, en un esfuerzo terapéutico mucho más moral y político que médico.

Jesús Lobillo Ríos
Presidente del Ateneo Libre de Benalmádena.        

lunes, 22 de junio de 2020

EN RECUERDO DE UN ALCORNOQUE

Ayudas a una desescalaladad: 22/06/2020

                                   

                              "EN RECUERDO DE UN ALCORNOQUE"


La primera vez que te vi me pareció que no había otro  árbol tan hermoso ni más lleno de vida. Formabas una escultura de corcho y ramas en medio de un paraje único. Tus brazos  se alargaban reptando en el espacio acaparando una amplia zona y creando un techo artesonado de impulso natural y vivo.
Eras, el más visitado por los niños que colgaban en sus juegos de tus ramas entre risas y gritos emulando a los pájaros o como auténticos  simios. También fuistes el árbol elegido para las fiestas lugareñas en las que te engalanaban como “Rey por un día” todo giraba a tu alrededor,  formabas  parte de las músicas, de las gentes unidas en momentos de júbilo como en una gran familia.
Este aspecto tuyo amable y servicial que recibíamos como un don natural ¡como un regalo!  Por derecho propio y por  haberte visto tantos años haciendo el mismo papel,  como si hubieras nacido para ese cometido anual  que tú esperabas con amor ofreciéndonos cada año tu esplendor.
Tú  guardabas en tu interior un misterio sutil, un sentimiento.  Eras algo más que un árbol, un ser que trasmitía sentimientos  como serenidad, paz.   Te sentía vivo, alguien anidaba en tu interior , quizás tu alma o tu ninfa como  en la antigua mitología que habla de una ninfa en cada árbol como en los cuentos clásicos
Tu misterio me quedó desvelado un atardecer, en esa hora bruja que precede a la noche y en la que los campos quedan inmersos en un silencio sobrecogedor y confortable a la vez.  Fue un susurro suave que venía del sitio donde tú estabas. Sentí que me atraías  como un imán. Según me acercaba,  tus crujidos se hacían más evidentes, eras tú, no me cabía duda. Te miré hipnotizada, las sombras iban cayendo y yo me sentía atrapada en un momento único  mientras veía como   te humanizabas.  Tu tronco cobraba  figura femenina . Tus brazos suplicantes  hacia lo alto se balanceaban suavemente y del centro de tu tronco salían  gemidos que murmuraban al ritmo de la brisa  ¡hablabas! Y podía comunicarme contigo  ¡Mírame soy yo quién te habla! Me sentí parte de ti, como la unión de un todo, mis pies echaban raíces y se unían a las tuyas.  Me sentí en ese momento como parte de esa naturaleza  que me esponjaba y respiraba junto a todos esos seres que cobraban vida a mi alrededor.
Pasados unos años volví a verte. Un virus te había enfermado. Contemplé  con  tristeza cómo tu vigor iba desapareciendo, aun así, lucias hermoso y digno en tu vejez.
Habían pasado muchos años cuando volví a verte. Estabas en el centro de una valla redonda como una jaula, ¡solo quedaba de ti un tronco, triste mutilado, sin vida! Ya no susurrabas ni te quedaban ramas que cimbrear con la brisa.
Sentí nuestro olvido ¡el de todos! en tu silencio, en tu muerte melancólica,  aunque quizás tu espíritu ya se haya unido a un brote tierno lleno de ilusión y esperanza hacia una nueva vida.
Un nuevo árbol que crecerá con ramas susurrantes contando vidas pasadas a quién sepa escuchar.  Historias en las que volveremos a vivir todos de nuevo en ese mundo mágico,  igual que el invierno propicia la  entrada a la primavera como explosión de esperanza.

Lola Recio Barba
Diplomada en Artes. Pintora    

martes, 16 de junio de 2020

APUNTES CINE-LITERARIOS DE MALAGA

Ayudas a una desescalada: 16/06/2020




Apuntes cine-literarios sobre Málaga

Rosa Mª Ballesteros García (SEIM/UMA)
rosaballesterosgarcia@gmail.com


Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que todo en la vida es cine
y los sueños,
cine son.

Luis E. Aute.


El poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre escribió hace ya muchos años: “Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos. Colgada del imponente monte, apenas detenida en tu vertical caída a las ondas azules, intermedia en los aires, como si una mano dichosa te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes…” La destinataria de los versos era, como ya habrán adivinado su ciudad amada: Málaga, “Ciudad del Paraíso”.
            No cabe duda que una ciudad tan antigua, fundada por los fenicios hace dos mil setecientos años: cartaginesa; ciudad confederada durante el Imperio Romano; ciudad goda; capital del reino andalusí malagueño; aglutinadora de mozárabes, mudéjares, judíos y cristianos; foco industrial de primer orden en el siglo XIX; social y políticamente revolucionaria − lo que valió el título de “La primera en el peligro de la libertad”−, tiene el atractivo suficiente como para dedicarle muchísimos estudios[1].
            Pero si los datos que hemos señalado no fueran suficientes, la historia de la Málaga del siglo XX nos presenta episodios tan apasionantes como los que se desarrollaron durante la Guerra Civil. Gracias a los trabajos de investigación, artículos, tesis y obras al respecto, conocemos episodios tan sangrientos como la masacre llevada a cabo por la aviación nazi sobre una población civil e indefensa que huía de Málaga y del horror de la guerra por la carretera de Almería. En contrapartida, sabemos también de nombres asociados a ella que dignifican a la raza humana. Sirvan ejemplos como los del doctor Norman Bethune (1890-1939) un cirujano canadiense, ángel protector de la caravana malagueña de la muerte (muerto él mismo mientras prestaba sus servicios durante la guerra Chino-Japonesa)[2]  o el de Porfirio Smerdou (1905-2002), cónsul honorario de México en Málaga al estallar la Guerra Civil, que tantas vidas salvó (sin pararse en colores) y a quien Diego Carcedo, en su biografía, le llamó “el Schindler de la Guerra Civil Española”[3].
            Pero la marcha del tiempo es inexorable y sigue imperturbable pese a los acontecimientos. De este modo, años más tarde, Málaga fue protagonista de otras historias menos luctuosas al abrigo del boom turístico de los años 60 y 70. Unas veces la capital y otras su provincia Málaga se convirtió en reiterado escenario para películas, como la titulada Días de viejo color, (2) película de 1967 dirigida por Pedro Olea, en la que se aborda (con rara dignidad) el fenómeno turístico de la Costa del Sol en los años sesenta. En la cinta se narran las vacaciones “torremolinenses” de un grupo de jóvenes madrileños, sus aventuras, y la inevitable historia de amor con el fin convencional que requería la época y que, sin embargo, no deja de hacernos su particular guiño sobre el ambiente de tolerancia de que disfrutaba la Costa del Sol en aquellos años de tímida apertura social y cultural. Como fondo musical, las canciones de Luís Eduardo Aute. Y de otro Pedro (Lazaga) es la comedia Dos chicas locas, locas, locas, estrenada en 1964 y protagonizada por las gemelas Pili y Mili. Como contrapunto, se rodarían numerosos filmes, de diferente factura, que se alargan hasta los años 80, como es el caso de Manolo la nuit (1973) o Los liantes (1981), uno de los muchos que dirigió Mariano Ozores, que se rodó en Torremolinos y fue protagonizado, entre otros, por Andrés Pajares, Fernando Esteso y Antonio Ozores.
            Sin embargo, Málaga ya se había estrenado delante de las cámaras cuando finalizaba el siglo XIX gracias, entre otras cualidades, a su extraordinario clima y a su incomparable luminosidad porque, parafraseando a Antonio Banderas: “Si el cine es luz, Málaga es puro cine”. La primera proyección de cine en Málaga, según los datos que nos proporcionan autores como Francisco Griñán o Mª Pepa Lara, se celebró en un mes de septiembre de 1896: De Málaga a Vélez-Málaga, un documental dirigido por el legendario Ricardo de Baños (1884-1939)[4]. Dos años más tarde Málaga aparece en el título (que no en sus escenarios) de la película La malagueña y el torero (en 1905 la francesa Alice Guy hizo una segunda versión, coloreada a mano)[5]. Hacia 1900 otra película alude a nuestra ciudad: Una buena copa de Málaga. En la década siguiente se han contabilizado 37 películas rodadas o relacionadas con Málaga y otras tantas en los años 20: Pícaros y aventureros (1920), Diego Corrientes (1924) de José Buchs; Carmen, de Jacques Feyder; Amapola, de José Martín; El niño de oro, Helena Cortesina y José Mª Granada o Manon Lescaut, de Arthur Robinson (todas de 1925), entre otras.[6] En los años treinta se rodó Sierra de Ronda (1933) y en 1945 los jardines de La Concepción sirvieron como escenario para algunas escenas de Los últimos de Filipinas, un film dirigido por Antonio Román que convirtió a Málaga en el escenario bélico de la gesta de un puñado de soldados españoles al mando del capitán Las Morenas (Alfredo Mayo).
En Duende y misterio del flamenco, dirigido por Edgar Neville en 1952, Málaga fue nuevamente escenario para esta aproximación al arte flamenco (por cierto, bastante alejada de los tópicos habituales) a través de una antología de cantes y bailes. En 1951 Ladislao Vagda dirigió Ronda española, rodada en gran parte a bordo del buque Monte Albertia que, de acuerdo con el guion, recorría varios puertos de América del Sur llevando a bordo a los Coros y Danzas de la Sección Femenina que difundían la imagen de la nueva España por los países de habla española.  En esta ocasión, el puerto de Málaga simulaba un puerto de Perú; en 1956 se estrenó El Piyayo, una película basada en la vida del popular cantante malagueño Rafael Flores Nieto (1864-1941) un gitano, descrito por José C. de Luna en sus versos como: “un viejecillo renegro, reseco y chicuelo; la mirada de gallo pendenciero y hocico de raposo tifioso”. Fue dirigida por Luis Lucia, e interpretada en sus papeles principales por el popular actor Valeriano León (marido de la extraordinaria actriz Aurora Redondo) y un joven Antonio Molina. En 1963 Saura dirige Llanto por un bandido, una coproducción hispano-franco-italiana que recrea la figura histórica de José Mª “El Tempranillo”.  En esa misma década se ruedan también Secuestro bajo el sol (1964), sobre un grupo de delincuentes quienes raptan a una joven española cuya familia es millonaria; algunas escenas del famosísimo Doctor Zhivago (1965), El Coronel Von Ryan (1965) o Mando Perdido (1966), un melodrama bélico protagonizado por Anthony Quinn.
En 1954 el Parque malagueño, el Camino de Colmenar y los Montes sirvieron como telón de fondo a Perfume de misterio, una película norteamericana, dirigida por Michael Todd Jr. a partir de un argumento que gira alrededor de un fotógrafo (Denholm Elliott), de vacaciones en España, que descubre una trama para asesinar a una bella heredera americana (papel que interpretó Elizabeth Taylor, madrastra del director de la cinta en la vida real, en una sorpresiva y breve aparición). La película se estrenó en 1960. En 1954 se rodó también Fuego sobre África con la actriz irlandesa, recientemente fallecida, Maureen O´Hara.
            En 1957 se estrenará otra película: Amanecer en Puerta oscura, dirigida por José Mª Forqué (el padre de la actriz Verónica Forqué), quien también elaboró el guion, junto con Alfonso Sastre y Natividad Zaro. De hondo contenido social, se cuenta la historia de Juan Cuenca (Paco Rabal), un rebelde, perseguido por la justicia, que vive refugiado en los montes andaluces. A Juan se le unen un minero que ha dado muerte a su capataz (Luis Peña) y un ingeniero amigo (Alberto Farnesse) que, por defenderlo, ha matado al dueño de la mina. Cercados por la guardia civil llegan a Málaga para dar el salto a América, pero son detenidos y encarcelados. Jesús el Rico librará a uno de ellos de la muerte. Su trabajo se vio recompensado con un Oso de Plata en la Berlinale y en 1960 un título muy malagueño: Café de Chinitas, dirigido por Gonzalo Delgrás y Antonio Molina como actor protagonista.
            Con el film Carmen, la de Ronda, estrenada en 1959, damos un salto atrás cronológico para situarnos en los días de la Guerra de la Independencia. Con el escenario de la ciudad del Tajo una Sara Montiel, travestida de una folclórica Carmen, da la réplica (y algunas otras cosas más) a dos paisanos (Jorge Mistral y Germán Cobos) y a un oficial francés (Maurice Ronet). La década de los sesenta la inaugura la ya mítica Un rayo de Luz, dirigida por Luis Lucia, que inicia la carrera de éxitos de Marisol y que se inscribe en la llamada década de los niños prodigio del cine español.
            De nuevo, retomando la época del boom turístico, se ruedan en escenarios malagueños (verdiales incluidos) películas de producción extranjera como El precio de la muerte (1963), dirigida por Carol Reed y protagonizada por Laurence Harvey y Lee Remick en una trama de estafas, amor e intento de asesinato; ese mismo año es la película española Chantaje a un torero, dirigida por Rafael Gil y protagonizada por Manuel Benítez “El Cordobés” que, como no podía ser de otra forma, nos narra las aventuras (y desventuras) de dos maletillas aspirantes a torero. Como telón de fondo, La Malagueta; de 1965 es Tabú, dirigida por Javier Setó y rodada en La Concepción; de 1965 es El coronel Von Ryan, antes citado, encarnado por Frank Sinatra -en el papel del coronel Joseph Ryan-, en una película épica (y de fugas) ambientada durante la II Guerra mundial. Los extras, supuestos soldados alemanes y británicos, eran malagueños y los picachos del Chorro escenario de unos hipotéticos Alpes. Siguiendo la línea épica aquí se rodaron escenas de Soldado de Dios, un film americano de aventuras medievales y templarias, dirigido por W.D. Hogan y protagonizado por Tim Abell. Se estrenó en 2006.
En la línea histórico-mítica se estrenaría en 1979 La Sabina, un relato basado en la mitología popular. Una estupenda Ángela Molina (“La Sabina”) da vida a una atractiva y salvaje andaluza de la serranía rondeña que, en realidad, es una dragona que habita en el fondo de una sima. Esta “Sabina” atrae a sus víctimas (hombres) por medio de un sortilegio; las posee, y luego las devora. La dirigió José L. Borau. De épocas pasadas, e inspiración histórica es también la coproducción franco-británica-española, dirigida por Mary McGuckian, El puente de San Luis Rey, un relato ambientado en el Perú del siglo XVIII -en plena Inquisición española-, donde se entrelazan una diversidad de mundos tan opuestos como los conventos y los burdeles; los muelles limeños y los teatros; las instituciones científicas y la corte madrileña. Entre los actores: Robert de Niro, F. Murray Abraham, Kathy Bates, Geraldine Chaplin, Harvey Keitel o Pilar López de Ayala. Se estrenó en 2004.
En 1971, en el film titulado El Bulevar del ron, una exuberante y rubísima Brigitte Bardot pasea por las calles de Cuba… Una Cuba situada en Málaga recreando uno de sus hoteles que no es otro que ¡el edificio barroco del Ayuntamiento! Inspirada también en esos “felices” años es la película Torremolinos 73 -inspirada en un hecho real-, que cuenta la historia de Alfredo López (Javier Cámara), un frustrado vendedor de enciclopedias a domicilio y de Carmen (Candela Peña), fiel esposa y peluquera de profesión; una pareja que cambiará radicalmente su existencia al recibir una extravagante proposición: protagonizar películas porno, estrenada en 2003. En 1995 Icíar Bollaín dirige Hola, ¿estás sola?, una historia natural y divertida que narra las vicisitudes de dos amigas encarnadas por las actrices Silke y Candela Peña. En la historia interviene también el actor malagueño Antonio de la Torre. Al año siguiente se estrena Killer Barbys, dirigida por el maestro del cine negro español Jesús Franco, una historia de siniestras aventuras protagonizadas por los miembros de una banda punky en gira, en la que también tienen cabida una malvada bruja, un asesino psicópata y otros peculiares personajes. En esa línea dislocada se estrenó en 2001 Torrente 2: Misión en Marbella, la segunda comedia dirigida por Santiago Segura, que sigue a la primera entrega de la serie de Torrente.  En este caso, el casposo detective se encuentra, sin comerlo ni beberlo, complicado en una guerra mafiosa que amenaza con destruir Marbella. Su misión será salvar a la ciudad. Fue todo un éxito.
De nuevo la Costa del Sol tiene como escenario la comedia Agítese antes de usarla, dirigida por Mariano Ozores en 1983 y protagonizada por la pareja de cómicos Pajares-Esteso y la coproducción hispano-argentina Amor a la española, dirigida por Fernando Merino, y de Ozores es también la comedia de 1967 protagonizada por Manolo Escobar, Donde hay patrón no manda marinero.
            En 2002 se estrenaron dos películas que tienen como fondo nuestra costa. Con argumentos basados en el drama y la intriga, Patricia Ferreira dirigió El alquimista impaciente, película basada la novela homónima del madrileño Lorenzo Silva (1966). La pareja de investigadores de la Guardia Civil: el sargento Rubén Belvilacqua (Roberto Enríquez) y su ayudante Virginia Chamorro (Ingrid Rubio) intentará desentrañar el caso de un extraño asesinato. Como fondo, una trama de intereses económicos y medioambientales. Entre otros participantes destacamos el papel de dos extraordinarios actores: Adriana Ozores y Miguel A. Solá. En La caja 507, dirigida por Enrique Urbizu, nos adentramos directamente en el submundo de los intereses inmobiliarios llevados hasta las últimas consecuencias. Un director de banco (Antonio Resines) y un ex policía corrupto (José Coronado) son los principales protagonistas, junto al extraordinario trabajo llevado a cabo por una convincente Goya Toledo, en el papel de amante de Coronado. En 2009 el thryller de factura USA Traidor, dirigido por Jeffrey Nachmanoff, sitúa parte de la acción en Marbella siguiendo una trama en la que se mezclan el FBI, la CIA, un esquivo ex-soldado y el terrorismo islámico.
            Pero, como ya adelantamos, tanto la capital como la provincia fueron escenario transitado para el rodaje de películas. La población costera de Nerja, por ejemplo, se ha visto a menudo invadida por equipos de rodaje. Por citar algunos ejemplos, en 1967 se rodaron filmes como Guapa, Intrépida y Espía, dirigido por Leslie H. Martins y protagonizada por Tony Franciosa y Raquel Welch en el papel de una paracaidista que intenta desmantelar un detonador atómico; en Operación Kid Brother Alberto de Martino dirige una intriga en la que un criminal intenta chantajear a los gobiernos y hacerse con las reservas de oro mundiales. Los actores Neil Connery y Daniella Blanchi encabezan el reparto. En 1971 el norteamericano Richard Fleischer dirige una trama de acción: Terror ciego, protagonizada por George C. Scott, un antiguo gangster que vive retirado hasta que le proponen un trabajo especial…
            De 1978 es la película española Los días del pasado, una historia de amor marcada por los silencios obligados del franquismo. Gran interpretación de la entonces pareja formada por Pepa Flores (Marisol) y Antonio Gades. La dirigió Mario Camus. En 1999 el británico Colin Nutley dirigió Under The Sun (Bajo el sol), un film sueco interpretado por Rolf Lassgard y Helena Bergström (que fue nominado al Oscar, además de obtener una mención especial del Jurado en el Festival de Cine de San Sebastián). Es una historia de amor entre un granjero soltero y solitario que busca esposa a través de un anuncio en la prensa y una hermosa mujer que responde a la llamada. En 2004 otro director extranjero, el escocés Ken Loach dirigió Solo un beso, una coproducción Reino Unido-Italia-Alemania. Director comprometido socialmente, nos narra una historia de amor entre un musulmán y una escocesa y las negativas consecuencias que surgen alrededor de esta relación. Junto a los títulos citados, también se han rodado series para televisión como la popularísima “Verano Azul” (1981) o “Sangre Azul” (1989).
            Finalmente, apenas desbrozado el filón fílmico (se han contabilizado más de doscientas películas con escenario local o provincial), no podíamos dejar encerrada en el armario el trabajo de tres Antonios locales: la rabiosamente malagueña, dirigida por Banderas, El Camino de los Ingleses. Se estrenó en 2006 a partir de la novela de Antonio Soler del mismo título y se acompañó con música de Antonio Meliveo. Un trabajo coral de jóvenes actores -muchos de ellos andaluces- como Fran Perea, Félix Gómez o Cuca Escribano, junto a otros veteranos como el también andaluz Juan Diego o Victoria Abril (una madrileña criada en Málaga), que dan vida a “gente corriente” y recrean historias cotidianas, amores, deseos, sueños… teniendo como escenario un verano malagueño de principios de los setenta; de ese mismo año es Marina: la última bala, un drama de Richard Jodan. En 2008 Pablo cantos dirigió el drama-comedia Imaginario, protagonizada por Rosana Pastor. Ya en 2015 Kike Maíllo dirige el thriller Toro, protagonizada por Luis Tosar y Mario Casas.
            Por otro lado, como ya sugiere el título con el que encabezamos el artículo, no sólo se va a ver reflejada Málaga en la gran pantalla. La literatura, fuente recreativa de primer orden, nos ha venido proporcionando, desde hace largo tiempo, una serie de títulos sugerentes y atractivos relacionados con Málaga, su historia y sus habitantes, algunos de los cuales vamos relacionar en las páginas que siguen. Entre tantos títulos, nos hemos visto en la obligación de elegir sólo unos cuantos ejemplos, de modo que pasando de puntillas por el siglo XIX y su abundante producción literaria (mil perdones a Martínez Barrionuevo, Jerez Perchet, Díaz de Escovar y compañía), hemos centrado nuestra búsqueda en títulos que plasman algunos de los hitos de su historia más próxima. Junto con títulos recientísimos de autoría local como Amnesia urbana (Carlos Hernández Pezzi), Saque de esquina (Salvador Moreno Peralta), Muerte en la rotativa (Ángel Escalera y otros) o Un regalo de Reyes (José Mª Alday y otros), Málaga aparece en obras que recrean momentos particularmente interesantes como son los años que giran alrededor de la época republicana, la Guerra Civil, la posguerra, los años del boom turístico o el salvaje desarrollismo y sus secuelas.
            De 1950 es la novela Monte Sancha, de Mercedes Fórmica (1916-2002). Falangista desde 1933, amiga de José Antonio Primo de Rivera y colaboradora habitual de su hermana Pilar, tras la Guerra Civil se convierte en una de las tres mujeres que ejercían la abogacía en Madrid, dedicándose a la defensa de los derechos de las mujeres maltratadas y separadas (ella podía) durante los años más duros de la dictadura. Por este motivo, la fotógrafa austriaca Inge Morath (futura esposa del dramaturgo Arthur Miller) recibió el encargo de Robert Capa, para la Agencia Magnum, de fotografiar a esta “rara avis”. La novela está ambientada en la Málaga republicana y recrea los amores de una joven de la burguesía mestiza malagueña (es medio inglesa) y un joven obrero de La Trinidad. La novela fue finalista del premio Ciudad de Barcelona. Su autora utilizó el pseudónimo de “Elena Puerto” para firmarla.
            La siguiente obra es de otra escritora, Isabel Oyarzábal Smith (1878-1974). Malagueña y miembro de la burguesía comercial, fue también actriz dramática y articulista. Feminista, luchó también por los derechos de la infancia. Vinculada políticamente al PSOE fue la primera mujer española que ejerció como embajadora. Murió en el exilio mexicano. En 1956, en México, publicó su novela En mi hambre mando yo. En ella nos muestra la dramática lucha de intereses económicos e ideológicos de aquellos turbulentos años republicanos que desembocaron en el enfrentamiento fratricida. Como fondo, los amores entre una joven viuda de la clase acomodada y su antiguo novio, un líder defensor de los campesinos. Publicó bajo los seudónimos de “Beatriz Galindo” e “Isabel O. de Palencia”.
            El otro reino de la muerte es un libro de memorias de la escritora americana Gamel Woolsey (1895-1968), esposa del hispanista Gerald Brenan (1894-1987). La escritora relata los primeros días de la Guerra Civil desde su perspectiva de extranjera, pero buena conocedora de la sociedad malagueña (residía de forma permanente en Churriana desde 1935). En su obra la autora capta el ambiente general de nerviosismo e incertidumbre de aquellos momentos trágicos. En una de sus cartas escribirá que su relato “No es sólo una historia de la Guerra Civil sino también de mi corazón, y es la única cosa mía que realmente he querido publicar”. El libro se publicó en 1939 en Inglaterra.
La terna de escritoras la completamos con la inglesa Marjorie Grice-Hutchinson (1909-2003), quien nos ha dejado su particular visión de Málaga en su obra Un cortijo de Málaga, publicado en inglés en Londres, bajo el título de Málaga Farm (1956)  y traducido casi medio siglo después al castellano, un compendio de análisis económico, social y antropológico de nuestra ciudad en los años 50; y dando un paso atrás en el tiempo no queremos olvidar a Alicia Rodríguez Fernández (195-2011): actriz de cine, teatro y televisión, escritora y activista nacida en Málaga y exiliada en México a causa de la Guerra Civil. Quizás muchos de sus paisanos ignoran que en 1997 fue nominada al Premio Nobel de la Paz. Escribió dos libros publicados en México: Una niña hacia el destierro y Encuentra tu misión.
Salvador González Anaya (1879-1955)[7], escritor y político malagueño, escribirá su novela Las vestiduras recamadas ambientándola en la Málaga republicana. Editada en Barcelona en 1932, tiene como protagonista a una pareja: una joven malcasada malagueña (que cree ser viuda) y un joven emprendedor madrileño, pero con raíces malagueñas y una amante que le pisa los talones y que le chantajea. A los conflictos que se generan entre la pareja (sospecha, celos, diferencias políticas y religiosas) el autor va entreverando los conflictos sociales, políticos y religiosos que definen aquellos tumultuosos años; especial mención para su completísimo relato de la Semana Santa y otro no menos detallado de la quema de conventos. Para no dejar un mal sabor de boca, plantea para la pareja un final feliz.
José Luís Conde aporta su particular versión sobre los años de la Guerra Civil en su novela Crónicas del Julio colérico (2009), un libro de historias particulares (y olvidadas) “porque nadie quedó para contarlas”. Luis Melero (1942), malagueño de nacimiento y nómada por vocación, en su novela La desbandá, publicada en 2005, nos asoma a la Málaga de los años treinta y a una familia proletaria con diversidad ideológica. El relato culmina con el horrible episodio sufrido por miles de malagueños, en su intento de escapar de las tropas fascistas marroquíes a través de la carretera de Almería en los primeros días de febrero de 1937. Como se sabe, la Luftwaffe alemana segó la vida de muchos miles, especialmente mujeres, ancianos y niños. El escritor malagueño Leonardo Cervera incide también en los hechos citados en su novela La primera en el peligro de la libertad, calificada por el periodista y escritor Diego Carcedo como “la primera versión en profundidad de los terribles hechos de la guerra civil en Málaga”. 
            En la misma época está ambientada la novela del malagueño Miguel Torres López de Uralde (1966) Pantalones cortos (2007). Un chaval, hijo de un padre barbero y republicano va a ser testigo de unas experiencias que marcaron a varias generaciones. Como elemento protagonista un gran espejo que, un buen día, dos obreros (uno gordo y otro flaco) llevan a la barbería, de nombre “La Española”. Todo un acontecimiento: “Detrás de nosotros había un montón de gente apelotonada, pues en la barbería se habían congregado todos los amigos de mi padre para celebrar la llegada del espejo nuevo”.
            Juan Goytisolo (1931) centra en su novela La isla (1961) en los duros años de la posguerra. En ella nos describe a unos personajes cosmopolitas: “Había varias cartas reexpedidas desde París […] las arrojé a la papelera sin leerlas. Solamente retuve un sobre blanco, escrito directamente a Torremolinos”. La novela, una crítica social y moral, quiere ser testimonio de una época concreta en un lugar concreto -esa “isla” a la que alude el título-, pone en contraposición una realidad social y una elite de “peluquero y gimnasio”, bastante alejada de la miseria general. Por su parte, el malagueño Rafael Pérez Estrada (1934-2000) publica en 1999 La extranjera, una historia que tiene a Málaga como escenario, y como protagonistas a una serie de personajes que aquí viven y aman mientras Europa se desangra en la cruel Segunda Guerra Mundial.
            De Fernando Sánchez Dragó (1936) es la novela Eldorado. Un canto al Torremolinos de principios de los sesenta (con doble guiño incluido en su título: la antigua sala de fiestas, ya desaparecida, y aquel soñado Eldorado de nuestros conquistadores); una historia inspirada, en palabras de su autor “en cuanto había sucedido en aquel pueblo, Torremolinos, asiento a la sazón del paraíso”. Un paraíso que retoma la novela –en su momento bestseller- del toledano Ángel Palomino (1919-2004) titulada Torremolinos Gran Hotel y publicada en 1971). La novela está inspirada en los hechos y anécdotas que el autor recopiló durante los años en que ejerció su profesión como director del Hotel Riviera de Benalmádena. Entre sus actividades relacionadas con las letras firmó artículos para La Codorniz con el pseudónimo de “Ulises”.
            Las truculentas historias de vividores, narcotraficantes, contrabandistas y demás fauna ad hoc han quedado reflejadas en novelas como La reina del sur, del académico y antiguo reportero Arturo Pérez Reverte (1951), muy documentado en las luchas contrabandistas que se libran en el estrecho. Se ha estrenado un telefilm, con reparto internacional, basado en ella. La siguiente novela de Félix Bayón (1952-2006) De un mal golpe, publicada en 2005, contiene todos los ingredientes que identifican al llamado “género negro”. Su protagonista, el detective privado Luís León, se enfrenta a un mundo de drogas, mafias, sobornos y corrupción. Como fondo Marbella, y como embrión de la historia el desliz amoroso de un político que es utilizado para extorsionarle. En ésta línea detectivesca profundiza la obra del malagueño Juan Madrid (1947) titulada Cuartos oscuros, cuya trama tiene como protagonista a Tomás, un joven estudiante, hijo de divorciados. Un día recibe una carta con matasellos de la prisión provincial de Málaga por la cual se entera de que el padre, preso en ella, había decidido fugarse y quiere reunirse con él. Entonces comienza una historia de pesadilla que, finalmente, tendrá su lado positivo porque habrá contribuido a su madurez.  
            Como decíamos al principio, todas las películas y obras citadas son sólo una pequeña muestra y un anticipo para seguir profundizando en la filmo-literatura que ha tenido, tiene y de seguro seguirá teniendo Málaga. Títulos recientes como Una sombra en el paraíso del director, guionista y productor malagueño Alberto Jiménez; Men who hate women, Millenium, Al otro lado o Clandestinos, todas ellas estrenadas en 2009, son un ejemplo de lo expuesto.

BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

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Ciudad del Paraíso (Vicente Aleixandre, 1939)

A mi ciudad de Málaga

Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama, por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví, y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
merecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores en brillos.

Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida del tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la lucha eterna que instantánea transcurre.

Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.

Jardines, flores. Mar alentado como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!

Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles ingrávidas. Pie desnudo en el día.
Pie desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas.



Artículo publicado en la revista Jábega nº 107, 2016, pp. 61-71.     


[1] “La Primera en el Peligro de la Libertad”, además de la divisa de la ciudad de Málaga es el título de la novela histórica de Leonardo Cervera, editada por Arguval en 2007, sobre la guerra civil en Málaga. Otros títulos otorgados a la ciudad son: “la muy Noble, muy Leal, muy Hospitalaria, muy Benéfica y siempre Denodada Ciudad de Málaga”. El primero de ellos concedido por los Reyes Católicos en 1492. En 1640 Felipe IV le concedió el título de “muy Leal”. Felipe V, en 1710, le concedió el título de “muy Ilustre” como premio a los servicios prestados a la Corona por la ciudad durante la Guerra de Sucesión. En 1843, a través de un Real Decreto, le fue concedida otro título: “Siempre Denodada” y la divisa “La primera en el peligro de la libertad”, con motivo de las luchas que provocaron la caída del General Espartero. Otro Real Decreto de 1901 le concedió el título de “Muy Hospitalaria” como premio a la conducta del pueblo malagueño con motivo del naufragio de la fragata de guerra alemana Gneisenau. Finalmente, en 1922, y como premio a la ciudad por su ayuda a los soldados que luchaban en la guerra africana, se concedió a Málaga el título de “muy Benéfica”.


[2] Norman Bethune (18890-1939). Eminente cirujano, director del Hospital Sacré-Coeur de Montreal. Con cuarenta y cinco años, y en la cima de la fama, del éxito y del dinero, abandonó todo para enrolarse como voluntario en ayuda de los republicanos durante nuestra Guerra Civil. Llegó a España en noviembre de 1936. Para más información cf. Girón, Enrique y Arenas, Andrés (2000): “Dr. Norman Bethune: la forja de un héroe”, en Isla de Arriarán: revista cultural y científica, Nº 15, pp. 65-76.
[3] Sobre el particular cf. CARCEDO, Diego, Neruda y el barco de la esperanza. Madrid, Temas de hoy, 2006; El Schlinder de la Guerra Civil. Barcelona, Ediciones B, 2003. NADAL, Antonio, Mi diario en villa Maya: los refugiados nacionalistas en el consulado mejicano de Málaga, julio 1936-febrero 1937. Málaga, Junta de Andalucía, 1989.
[4] Cf. GRIÑAN, Francisco, Las estaciones perdidas del cine mudo en Málaga. Málaga Cinema 2009; GRIÑÁN, Francisco, VIGAR, J.A., Málaga Cinema. Rodajes desde el nacimiento del cine hasta 1960. Málaga, Ayuntamiento de Málaga, Fundación Unicaja, Festival de Málaga, 2004; LARA, Mª Pepa, Historia del cine en Málaga. Málaga, Sarriá, 1999. Remitimos de nuevo a Francisco Griñán y su “Ciclo Málaga. 100 años de cine”, celebrado durante el Festival de Cine de Málaga, 20015.
[5] Guy (1873-1968) fue la primera persona en llevar un film narrativo a la pantalla. Es considerada la primera directora de cine. Dirigió, produjo y/o supervisó más de 300 películas. Sus producciones tocaban todos los géneros, desde cuentos de hadas y cuentos fantásticos a parábolas religiosas, pasando por comedias románticas o películas policíacas. Para más información remitimos a MANZANO, Mª Victoria Manzano, “Directoras de cine en España: Misión de audaces”, en Nerea (2008), pp. 12-16.
[6] Especialmente documentales con una intencionalidad de promoción turística.

[7] Fue historiador oficial de Málaga, y su alcalde, en 1916, 1918 y 1935.